REPLICA CONTRA LA DIVISIÓN DE CIRUGÍA y medicina, Y LA CUESTIÓN SUBALTERNA SOBRE SI 'LOS «4RÜJTANOS COMO SON, PUEDEN CONSIDERARSE COMO VERDADEROS MÉDICOS. LEÍDA T PASADA A SU CENSURA POS LUIS GUERRERO A LA ACADEMIA MEDICO-QUIRURGICA DE PUEBLA, EL 13 DE ABRIL DE 1833, B C9 n V c: lía Sapiens se \sua viftm invohit. El hombre nada inventa, todo lo encuentra en la natu- raleza, y tal vez en sus discursos, no hace otra cosa que reproducir lo que otros han dicho con términos mas o menos cultos. De cualquier modo que lo haga, no hace mas que manifestar la verdad ó falsedad de lo que ecsiste en ella: con esto á nadie ofende, á nadie injuria. Ita si fractus ilhbatur orbis, impavidum ferknt rui- na, lia, Sapiens se suco virt'iti invohit. Orat,...<. Hainíe Elem. Philosoph, Mor. Parr-. 215. ¿J4a división de cirugía y medicina ha sido un fenómeno que con razón siempre ha llama- do la atención de todos los hombres que merecen con verdad el epíteto de sensatos. ¿Como el timón de la ciencia de curar puedo dividirse de tal suerte que dos hombres con desigual capacidad tomando para si cada uno de ellos la mitad de aquel conservasen su equilibrio con tul estado de imperfección? Si el cirujano y el medico han de ser insepara- bles, ¿como cualquiera de ellos ya sea el me- dico ó el cirujauo podrían ejercer su ciencia en los casos en que se separan? En este sen- tido es cierto que tal división es tan antigua como el tiempo que hace que la ciencia de curar retardara sus progresos. Sujeta esta por algún tiempo al impulso de aquella;, ¿como jamas podia ecsistir sino es en la mente de los los legisladores? Rompiendo los diques que le impusieran: la cirugía y la medicina siguie- ron su marcha de un mudo contrario á la di- visión; por que ni es posible que una cosa que no es divisible por su naturaleza, se convierta en partes de un todo de las cuales cada una de ellas se distinga eu su esencia y tenga di- versas afecciones que las demás: aunque por otra parte se conciban en elia diversidad de co- 4 sas, pero que en sa objeto no pueden separar- se: por que es innegable que las enfermedades esternas, ya sean sintomáticas ó esenciales, del mismo modo que las internas, el objeto de la medicina no es ni puede ser otro que el de restablecer las fuerzas que se lian perdido ó aumentado en las diversas funciones que ejer- sen los órganos del cuerpo humano. ?Y como podria conseguirse este objeto por un hombre que solo poseyera á medias la ciencia de cu- rar? ¿No es cierto que no podrían restablecer- se ó aumentarse las fuerzas en los órganos es- temos sin el conocimiento de los internos? ¿No es cierto que las enfermedades sintomáticas ester- nas, no podrian distinguirse de las esenciales por semejante clase de hombres? ¿Y como, en tin, puede levantarse un edificio contra los si- mientos que le sirven de base? Tal es aquel figura- do en le medicina procediendo por las cosa9 no conocidas y despreciando las que son los si- nceraos sobre que debe estribarse. Son por lo mismo las leyes que se versan acerca de la materia los apodos ó mas bien diré, los signos natuturales con que han de distinguirse las épocas que han estado sumergidas en la igno- rancia. Dentro de los mismos limites de este tiem- po salieron á luz las obras que han enrique- cido la medicina con los trabajos üe los ciru- janos, por que parece que este era el anico medio de hacer negativa la prohibision que no obstantante de ser ellos los veidadedos médicos, suDjara sus derechos y los llenara de oprobio. 6 Esto hizo que el número de los cirujanos se aumentase hasta confundir á los médicos que insensiblemente han hido desapareciendo, de tal snerte que en el dia se han quedado reduci- dos a. un numero tan corto que apenas puede decirse de su escistmcia [1]. ¿.Como, pues, no se habrá estrañado en el público la falta de ellos? ¿T se dudara qi;e los cirujanos que los han sustituido en el orden natural, e;to es, thinrlo un paso muv corto de las enfermedades esternas esenciales, á las esenciales internas, su- puesto que cuando unas y otras sean sintomá- ticas debe distinguirlas igualmente el médico y el cirujano, si se quiere que este no haya tra- tado las que no son de su objeto esclusivo, y aquel solo haya tratado las que son del suyo supuesta la división, no hayan sido los verda- deros médicos? ¿Y seria prudente razonamien- to suponer que la división haya consistido en la diversidad que haya querido imaginarse res- [1] Ecsisten algunos médicos hábiles que cono* .tiendo el ceso de la piencia han regenerado sus prin* cipios, si asi puede decirse, y como ayudados de su talento hayan tenido ideus muy estensas de la ciencia no hay duda, que son verdaderos médicos, los que por lo mismo no se comprenden en esta parte que hace el ecsórdio de mi discurso. El respeto pue se les debe es igualmente otra cosa de que no me he olvi- dado, y por otra parte, el mismo respeto que se me- recen como sabios, no me deja motivo para creer que en estarán distantes a\ aprobar cuanto he de decir en pro de mi intento. * 29 pecte de los ramos de la Jcirujia y la medici- na, siendo asi que estos no pueden ser diver- sos? ¿Y como puede ser diversa una co*a en el modo1 de tal suerte que varié su objeto, cuando este objeto es el mismo en sustancia* Mas claro: la esterioridad de un relox que se descompone en su* movimientos csteriores, ¿co- mo puede ser diversa en el acto de conside- rarse, si se atienda á la relación que hay cn- tre el minutero y la maquina toda? ¿Como el artífice sin tocar las partes internas del relox, podría corregir sus vicios esteri*. cuando ri- tos dependen siempre de aquellas? Y lien, aun cuando asi no fuera; ¿podría distinguir- los por el conocimiento de sus causas, si igno- rase uno ú otro? La cuestión principal á cerca de fsto, en cuanto á la imposibilidad de que un solo hom- bre pueda cgercer ambas fucnltades ya no ec- siste supuesto que los últimos reglamentos pa- ra el ejercicio y estudio de la medicina la des- truyen líe un modo evidente, pues tanto el .mé- dico como el cirujano han de ser formados por unos miraos principios que seguirán la üiisnia fórmula, pero por otra parte no se como ha podido entenderse que fa cirujia y la medi- cina havan estado separadas en su objeto, sub- ditidiendo este de tal. modo, que sus partes cons- tituyesen una división real como la que se da entre dos sustancias absolutamente diversas, y como si esta no fuese otra cosa que uña ver- dadera subdistincion como la que se versa res- peto de una calentura aguda y otra lenta Eu 7 . é<-te caso la unión de dos cosas distintas, que pudieron antes estar separadas, y que \ cada una de ellas en esta pocision podia dar- seles una e tensión considerable, debió dárseles porque t-ntonces esto es inconcuso que ofrecería mas utilidad que la unión do ellas. Si la se- paración de la cirujia de la medicina no hu- biera sido lo üiis'.iio que dividir la estén*, ion de la cvía sujetán-iola ha?ta ciertos limites para que no pasara adelante en la practica de ella, des- de luego, semejante división habria sido nia^ pru- dente. De otro modo la educación presente de - h,s alumnos de la ciencia, no podrían prometer- se ningunas ventajas porque habia de levantar dos editicios que reconociesen unos mismos si- mientos, siendo absolutamente diversos y separa- bles. Esto nace de la necesidad que hoy se considera á cerca de que el cirujano es indis- pensable que sea medico y el médico cirujano, para que ambos puedan poner en practica su facultad y no sean igualmente impotentes á ía cabecera de los enfermos con lo que se.habria concedido un aburso intolerable; y lo que in- dica que aquella cuestión no ha sido conside- rada en si misma sino solamente en cuanto á la imposibilidad de que un solo hombre pue- da ejercer ambas facultades á un mismo tiem- po. Es incuestionable que 'la división ha sido absurda, bárbara é imposible sino es en la mente de los legisladores que la inventaron, desconociendo sin duda los principios de 1% ciencia y arte de curar. 8 Si la necesidad de qne el cirujano sea medico, no se ha temado de que uno y otro Layan sido formados por unos mismos princi- pios, sino solamente de la utilidad que en tal caso debia resultar, desde luego no han ccsis- tido médicos ni cirujanos. Si la educación de médicos y cirujanos, según los establecimientos de la época anterior, ha consistido en el diver- so modo de transmiíír los mismos principios respectivamente: las enfermedades esternas esen- ciales y sintomáticas internas que son el objeto de la cirujia, pueden muy bien estar separadas, en Ja consideración del profesor, de las inter- nas esenciales y sintomáticas e^tetna-í; por que si bien los principios de la ciencia de curar, lian podido alterar su naturaleza en el modo los ub,eíos diversos que resultan de la subdivi- sión, y no de la subdist insten del objeto prin- cipal de toda la medicina, qne es el estado del hombre enfermo, han podido y deben conside- rarse absolutamente diversos, aun por la natura- leza de aquel objeto mismo que llamamos prin- cipal. Si la división de médicos y cirujanos, siendo diversos sus objetos y diverso el modo de adquirir unos mismos principios, y por otra parte, es imppyible considerar las enfermedades internas esenciales, de ningún modo sin consi- derar absolutamente las esternas, que como di- remos adelante,! son la única base que te- nemos para juzgar de aquellas, va entonces el ,m-dico se habrá separado indudablemente de la cieno!;! de curar, separando£e del objeto de la cirujia, es decir, de las enfermedades esternas 9 esenciales y sintomáticas internas, y los ciruja- nos no habrán hecho otra cosa que conocerlas, pero no curarlas, porque en las unas no po- dia hacerlo sin mezclarse en las otras que les son prohibidas, porque en unas~ y en otras los métodos curativos participan tanto de las me- dicinas internas como de las esternas, no ha- biendo una s>l i enfermedad que no traiga con- sigo esta afección: y siendo esto asi, determinen los médicos una sola enfermedad, interna ó es- terna, que no sea susceptible de disputarse por una y oirá parte, con igual preferencia, aun cuan Jo so tome por razón de su principio, por que este no puede ser otro que aquel mismo á que están sujetos todos los órganos del cuer- po humano, en el acto de enfermarse, dismi- nuyendo ó aumentando sus fuerzas. Ya se vS que por esta parte la diversidad de los princi- pios seria qna cosa tanto mas estraña que la que acaba de referirse. Por otra: si la educación de los médicos consiste en otros ramos ademas de los mismos principios que de diverso modo se han trans- mitido respectivamente; siendo la anotomia ge- neral v descriptiva, la íisiologia y la clínica, las partes esenciales y mas principalísimas de todo el objeto de la medicina sumamente es- tensa?, los médicos habrán dejado lo principal por !o> accesorio. ¿Y serán los verdaderos mé- dicos? Pero desentendiéndose de esta cuestión, ¿cuales, pues, pueden ser estos ramos, y por qué razón los nuevos reglamentos no hacen mension de ellos? For ventura, se les habr^ 10 considerado como inútiles ó no habrán cscisli- do, ó esos mismos ramos están comprendidos en la Anatomia General y Descrepiiva, Fisiología, Higiene, Patología interna v esterna, M:;te:ia Médica, Terapéutica, Medicina Legal y algunas nociones de la Botánica. Esto último es lo cierto y entonces tendre- mos que la diferencia consiste en < I modo v variación acerca de las denominaciones tie bes cátedras, á sab^r: de la de Priiea de Mnciiei»- tía. Vísperas de Medicina, Anatomia y Ceojia, y Método, voz genend, en ía ooe según ¡a prac- tica se comprende la Clínica. Según la constitu- ción 111 la primera que menciono está dotad.! con 500 ps. anuales, con 300 la segunda se- gún la constitución 112 según la ll-i la tercera con 100 y la cuarta y última según la 114 con 100 Véase tit. 10. Consti. de la Universíd. de ¿léxico. Los cirujanos cursan prácticamente la ana- tomia y fisiología en la inspección del cadáver. Acerca" de este Método Mr. Selle Médico del Hospital de Caridad, miembro de la Real Acade- mia de las ciencias de Berlín, en su introduc- ción al estadio de la naturaleza y de la medi- cina pág. 233, de la fi-io'ogia, dice „cuando se enseña la Fisiología suele acompañarse con ella el estudio de la anotomia. Este método es muy recomendable, por cuanto las funciones de^ penden de la estructura de las partes, aunque. convendría que en tal caso se tomase solamen- te de la anatomía lo necesario para hacer mas sensibles, y mas fáciles de retener las funcio- nes que hayan de describirse." Todas las fun- 11 cione?, generalmente hablando, dependen de la estructura de las partes ó sean órganos del cuerpo humano, tocias igualmente pueden des- cribirse, y el hacerlo asi, ofrece al profesor to- da la seguridad posible, en que ha de fundar la úñca ciencia que es capaz de poseer; y por lo mismo yo entiendo que no debe presinditse un solo momento de semejante método tan úlil y ventar>so. paes si se tratara una ú otra fun- cio;i fisiológica que no pudiera describirse ana- tóai¡camente, aun é>ta conoceria el profesor hábil qne supiera distinguir su verdadera analogía; pero esto no quiere decir que la fisiología de- be separarse de la anatomia; pues esto seria muy perjudicial. Por lo demás atendiendo á la limitación de las palabra,») del Sr. Selle, cuan- do dice que suele acompañarse el estudio de la fisiología con-el de anatomía, parece que de- be entenderse con respecto al médico, pero nunca con respecto á los cirujanos que reco- noced la anatomía discriptiva como uno de sus mas principales objetos. En general por lo que mira á la utilidad que resulta de la fisiología fundada en la anotomia propiamente hablando, conviene con el Sr. Selle una infinidad de pro- fesores de la ciencia de curar verdaderamente sabios, y por último, todos los últimos regla- mentos adoptados respecto de la educación me- dica ó sea de los alumnos de dicha ciencia. Igualmente cursan los cirujanos la clínica, es decir, la materia médica, patología y tera- péutica. Estoy distante de creer que alguno tu- piese el arrojo de negar esto. En primer lagar 12 este es el objeto de la práctica hospitalaria. En se- gundo lugar; ¿como las enferme la les estern iá esenciales y sintomáticas internas, so lia venido en conceder sean e! objeto de la cirujia? Por otra parte estas han si Jo mas que atendid.ts. E:i tercer lugar, sujetándonos puramente á la ciru- jia llamada medicina operante -,y?oav). poes no nos hubiera conducido á las mayores aberracio- nes? Seamos consecuentes y no quiera supo- nérseles todo lo malo á los antiguos -sm con- cederles nado bueno. Es verdad que la huma- nidad, médicamente hablando., hu sido asistid* por los cirujanos casi por un* sin número de años, que la fuente de ¡os médicos ha tenido que agotarse por una oonsecaeuci i necesaria. Tién- dasela vita por todo el espacio y se veerá con particularidad que en vez de las consecuencias funestas todos los dias se resuelven casos muy difíciles por todas jiartcs á ciencia puramente de los cirujanos, cuya esperiencia choca abíol :- tamente con todo aquello que la maledicencia tomada rigorosamente pusda sugerir contra el!os. Ecsisten y han eosistido profesores muy sabios de la ciencia de curar que no han tenido otro sobre nombre que el que supuesta la división se les ha dado con el título de cirujanos. Si hubiera de decirse que- los cirujanos, algunos de ellos ó todos, no han cursado la anatomia prácticamente, aun en este caso, la di- ficultad no quedaría resuelta. Separándonos de su objeto escluiivo, es decir, dz las e'iíermoda- des esternas esenciales por las que deben juz- garse las internas; ¿como aquellas han podido 13 ser asistidas? ¿Como la medicina operante se ha ejercido con ventajas incuestionables? Y aun es- to, ¿no prueba que ellos sean médicos?- ¿NTo prueba igualmente que la cirujia y la medici- na no pueden constituir ea :>;i objeto principal una división real? La practica de esta parte de la cirujia indica que no carecen de anatomía practica y por consiguiente de conocimientos mélicos. De lo contrario, en tan crecido número de años, ¿no ha habido estadísticas medicas qua lla- men la atención de los gobiernos? Sin duda que no. Juzguemos ahora del aríícuio 65 del regla- mento dado por el tercer congreso d¿ Puebla en 28 de mayo de 832, cuyo tenor es el si- guiente. „Lo3 que después de la publicación de esta ley se recibieren de profesores de medici- na, dentro ó fuera del estado, para ejercerla en él refrendarán cada tres años sus títulos, suje- tándose á nuevos ecsaaienas, conforme á lo pre- venido en este regla.nento." Este artículo rno parece como la fuente do infinitos males y no resuelve tampoco la dificultad que al parecer se propusieron sus legisladores. Este artículo pa- rece indigno do las naciones cultas, y para de- cirlo de una vez, es impolítico. [1] (1) Se ha sujetado este artículo á, dos interpreta- ciones ya con respecto á todos los profesores ecsisten- ies actualmente, ya sean originarios del mismo estado, ú- otro cualquiera, ó individuos de otra nación por lo que toca á su, educación medid; y ya con respecto d los profesores que hayan de serlo en las épocas ve- nideras sequri los establecimientos dú estado. Ds cual- quier modo quesea, siendo sus_palabras muy genera- 14 Supóngase que no escisten actualmente mé- dicos ni cirujanos, si los que ecsisten no so quiere que sean como deben ser. ¿sena conve- niente suprimirlos hasta que los nuevos regla- mentos- ,pos habilitasen? En la mayor parte ó casi en todos los pueblos no ecsisten s¡oó aque- llos que llaman curandero-, y no ha faltado k1- guno que haya intentado poner fin á su ecsis- tencia: ¿<éria" este el colmo de la felicidad de esos pueblos sino se sustituvese i con faculta- tivos hábiles aquellos? ¿Cuantos no han hechn- dó sobre sí la indignación de esos mismoí pue- blos con semejante ciase de persecuciones? Lo que si bien no quiere decir que los pueblos han de calificar á los profesores, indica cier- tamente que en alguna parte, los curanderos, alivian sus dolencias; lo que es bastante para que no se me de la respuesta de que el argu- mento qué prueba mucho no prueba nada: por que esta observación solamente se reduce a manifestar, que seria mas nociva la falta que la ecsistencia de ellos, y he aquí el fundamento del art. 7 de la lev e'pedida por el mismo con- greso que he citado de 16 de mayo de 831, en el que se previene que „en las poblaciones en Ze.í, dá lugar á estas y otras interpretaciones; y el objeto que se propusieron sus legisladores, siempre que se entienda con respecto d los segundos solamente pa- rece como ilusorio. La ciencia medica no puede com- pararse con la teología ni la moral que no son unas ciencias practicas sino de pura intelección. Consid'ese la opinión de hombres verdaderamente sensatos y que. tengan inteligencia en la ciencia y arte de curar. 15 qne hubiere medico ó cirujano autorizado por el gobierno y en el uso de su profesión, la. autoridad superior política local prohibiera res- pectivamente el ejercicio de esos ramos á los curanderos, pero no a* i en las poblaciones don • de no hubiere ni uno ni otro." El art. 6 del reglamento precitado deter- mina el ecsamen de l'-s profesores va autoriza- dos, haciéndolo consistir en un rigoroso catequis- mo acerca de la teórica de todos los ramos de la ciencia v arte de cura". La palabra catequis- mo es muy grosera y muv despreciable* aun en- tre los escolásticos £2] podría interpretarse se ha- bía querido reducir la ciencia á un cierto uú- rnero dé hombres, y que salieran otros del gre- mio de su profesión, y por último hacer el mo- nopolio de ella, y convertirla en el patrimonio de unos cuantos. No se entiende tampoco si cumplidos 15 años de repetir esa clase de sinodos de que habla el articulo, esos profesores se han de com- prender en el art. 5 de la ley de 115 de ma- yo del mismo congreso, por la cual los que tie* nen ese número de años de ejercer un ramo de la facultad, en que no estén aprobados, quedan aprobados en el al tiempo mismo de publicarse esa ley; lo que ciertamente no es concebible, por que el sentido de una ley no puede com- (2) El articulo 53 de este mismo reglamento ¡ta- bla con separcton del cahquismo riguroso con res- pecto á los alumnos. Considero d estos en el mismo caso que d los profesores. prenderse en otra, que estaba en el caso de es- presarlo. Esto parece conforme con la razón, y de consiguiente con los principios del derecho, ¿Quien dirá que el medico que solamen- te ha estado facultado para ejercer la el i nica interna, puede tenerse por cirujano- á los 15 años de ejercerla, siendo asi que la obra de ¡a ma- no es cosa muy diversa de las del entendi- miento? ¿Quiendirá que los cirujanos que tie- nen sobre el tiempo de su pvactica dos, tres, cuatro ó mas años de ejercer su facultad no se hallen ta el mismo carso qne los (pie tienen lóanos? ¿Quien dirá que los cirujanos no son médicos cuando el que tiene 5 años de pro- fesor en uno ú otro ramo de la facultad pue- de sinodar y franquear el título de medico al que tiene ocho, diez, doce ó catorce año-? Y por ú'timo sino lo son, cualquier literato pue- de hacerse medico leyendo los libros de me- dicina aunque no la practique, y los curande- ros que tienen veinte, veinte y cinco ó treinta años de leer algunos libros de medicina y prac- ticarla, son con tanta mas razón- médicos según este modo de raciocinar: por que no hay duda, que entre estos últimos habrá muchos, que mo- difiquen su practica medico-empinca. Haciendo uso de este supuesto y separándose de él al mis- mo tiempo; ¿quien dirá que los cirujanos, (que son á los que parece se á dirigido todo el ti- ro) dejarían de ser profesores si no contestasen á ese rigoroso catequismo? Este seria otro error tanto mas intolerable qne los que ya se han advertido. La memoria pocas veces está sepa» 17 •rada del talento* pero es evidente que profeso- res sagaces, ingeniosos y sabios por fin, á la cabecera de los enfermos no cumplirán con tan rigoroso precepto, si se atiende á que cada uno de los ramos que componen la ciencia, ofrece demasiada estencion en la teórica. Por otra parte: yo estoy muy distante de entender, que la mente del legislador se dirige á buscar con las palabras catequismo riguroso la sublimidad en el talento y disposición de los profesores si- nodandos; y sea esta la razón que debe escn> sarme en este higar de hablar ele los talentos propios para el ejercicio de la ciencia y de cualquiera otra facultad semejante. Los abogados en esto, como también por lo que toca a los derechos de sus sínodos se les permite usar de mas delicadeza y dignidad en sus actos: ni ellos pasarian por ninguno de los artículos que llevo citados, ni tampoco se ecsi- gen en-ellos mas derechos que los qne los si- nodandos emplean en el correspondiente papel en que han de estenderse sus diplomas ó li- cencias. Lo que hasta qui tengo dicho y por lo que respecta á los artículos legislativos y reglamen- tario?, sugiere todavía otras ideas. Repito, si hubiera de decirse que los cirujanos todos care- cen de anatomia practica, y que esta no pue- de adquirirse si no es en el anfiteatro mismo, los médicos careciendo aun de la medicina ope- ratoria que tantas ventajas ofrece al profesor: ¿•como, pues pueden considerarse médicos á la Vuelta de quince años de una practica ca>i del 18 todo empírica* No dudará de esto cualquiera que se encargue de considerar en su verdade- ro punto de vista, el caso que he dicho res- pecto de un literato, que registra con minucio- sidad y cuidado las obras de medi ina; V con res- pecto á los curanderos que á mas de este tra- bajo, en el que acuso algunos ó muchos de tilos comparan mejor etdas ideas ol añadir la experiencia de íu jiruc'ica, que antes he llama- do medico-cmpiric;», 'hablando de ellos y de los cirujanos y médicos híchos por la ley ci- tada, en cuyo caso no puede negarse. Del mis- mo modo no lo dudará cualqueira que tenga conocimientos de la ciencia, y por último, aun cualquier filosofo á quien la naturaleza misterio- síi é incomprensible le haya prodigado sos favo- res, Este, si apura todos los recursos de la ma- teria medica: ¿quien duda que logrará buenos efectos? ¿Y estos conoemúentes arguyen los prin- cipales cañones de la medicina? Este no puede llamarse médico, y sin embargo ¿cuantas veces se vé coronado con los laureles de la victoria? Estamos muy distantes de sorprendernos de es- to como de una novedad: desgraciadamente el vulgo desconoce .siempre los medios de sepa- rar los verdaderos médicos de los que solamen- te se han abrogado su título. Si bien los cirujanos, considerada la natu- raleza de las cosas, pueden tenerse como tales, no á los 15 años contados desde la fecha de su autorización, hasta la en que se acaba de publicar la ley de que hablo, si no en el ac- to de autorizarse, no asi todos los médicos que 19 en toda la estencion de la palabra, parece im- posible que hayan podido reducir la teórica anotomica, fisiológica y patológica interna, á la practica de todas las enfermedades, si bien se lian dedicado solamante á la patólogia interna y este solo ha sido su objeto esclusivo. ¿Quien ignora que la patólogia interna por sisóla, so- lo ofrece al entendimiento oscuridad ~y confu- cion? Conózcanse las enfermedades" esternas esenciales y sintomáticas internas, que son el objeto de ía cirujia, y las internas ecenciales y sintomáticas esternas serán tratadas por el me- dico con mas tino y circunspección; aun cuan- do se les negase esa teórica (tan decantada co- mo incierta) de la patólogia interna. Los cirujanos acostumbrados á tratar las en- fermedades esternas, esenciales y sintomáticas infernas, y en los departamentos y salas de ci- rujia al manejo de innumerables instrumentos de la cirujia ó medicina operatoria, no hay du- da que han logrado incalculables ventajas, que facilitan el tratamiento que ecsigen las enfer- medades que se establecen en los órganos in- ternos. No se diga que no ecsisten médicos. Ecsis- teti aiguoos que conocen el influjo de la supe- rioridad, y tienen la debilidad de suponer que la medicina y la cirujia constituyen una divi- cion real, y aun las mismas leyes cuyos artícu- los he citado las suponen del mismo modo. Ec- sisten también algunos cirujanos que asi han querido entenderlo, desde luego, ó porque des- conocen sus atribuciones, ó por que han que- 20 rido que resulte en su favor esta consecnencía: la cirujia y la medicina son absolutamente di- versas ó no lo son: Inego el cirujano que lo co- noce y lo confiesa es un verdadero medico ó por lo menos un quirurgico-medico prudente y hábil. Ya se vé que la división resiste no obs- tante y que el defender lo contrario manifestan- do la mentira, es del caso, y la cuestión susci- tándose de nuevo no es nada extemporánea. Por lo que respecta á la Medicina Legal, Botánica é Higiene, es verdad que ofrecen á la sociedad grandes utilidades, pero no de tal snerte que deban llamarse partes esenciales de la medicina, de las que deben ocuparse única- mente ios alumnos de ella en los cursos de sus cátedras. Estos ramos no entran en comparación con la naturaliza de los mrdiecs y cirujanos comoison. La preferencia puede disputarse igual- mente en cuanto á la teórica de ellos. La me- dicina legal y las nociones de la botánica, se- gún las constituciones hasta entonces estableci- das, pueden considerarse del mismo modo que la Higiene. Estos ramos hoy se adoptan como otras tantas partes ecenciales qne han de formar el edificio del cuerpo médico-social en la épo- ca venidera. La medicina legal como se ha definido Ins- ta aqui, no es otra cosa que los conocimientos médicos aplicados á la jurisprudencia. Si se quipre llevar al cabo esta definición, v-ereene.s que seria un error si se quisiera qne los abo- gados no descansasen puramente en la buena 21 fe de los peritos. De la misma manera Gofl* servando esta definición, me parecería cosa es¿ traña no hacef de la cosa deünida tin objeto esclusivo de los establecimientos académicos, á quienes debiera'consultar el gobierno político lo de su conveniencia Inmediata. La medicina legal . entiendo qne no ha podido sujetarse á otros artículos que los siguientes. 1. Reglamentos generales dirigidos á des- truir ó debilitar las causas de las enferme* ' dad es. 2. inspección de buenas leyes relativas á me* dicos, boiicarios &c. 3. Aumento de la población* 4. Castigo de los crímenes. Para todo lo que no es indispensable fi necesaria una cátedra, qne antes de haber cur-i sado perfectamente todos los principales ramos de la medicina, los alumnos hayan de fatigar su imaginación con semejante clase de ideas éstemporaneas, que tal vez no pueden compren- der, y las que después se deducen necesaria- mente sin violencia alguna. La Higiene es el arte de conservar la sa- lud, y sns principios se deducen del mismo mo- do de los conocimientos que ya se tienen del arte de curar. Es indispensable hacer uso de mejor lógica, v no despreciar absolutamente á los autigúos, ni «sentir con demasiada preci- pitación á los modernos. Ciertamente si se ec* samína lo que se acaba de decir merecen aque- llos el epíteto de sensatos. Esto mismo juzgo 30 22 debe decirse acerca de la botánica (1). Esta tiene por objeto tratar de los cuerpos orgáni- cos destituidos de la facultad de-pensar y del movimiento voluntario, asi como la zoologia nos ensaña la estructura de los diversos animales que también suele comprender la doctrina so- bre sus facultades y funciones. De esta mane- ra podrian citarse mil títulos y voces que se comprenden en la diversidad de ramos que na- cen de la historia natural, v respecto de la ca- pacidad del entendimiento humano es tan in- mensa como el Criador. Al médico le toca esclasi va mente conocer al hombre en el estado de salud y en el de enfermedad según sus respectivas causas. Los grandes conocimientos que ha adquirido acer* de estas dos funciones que ejerce el hombre y la .influencia de las cosas que le rodean, le su- Í rieren los medios de c; nervarlo y restablecer- o. La ciencia de curar se compone también de la esperieneia que todos los diüs vamos adqui- riendo, ya por la práctica de ella á la cabece- ra de los enfermos, ó por las deducciones que en estos actos se hacen del orden establecido en el'a. Conténtese el hombre con lo necesario, y no arguya de otro modo contra la Providencia divina, no olvidándose de las palabras de la sa- grada Escritura que dice: „Et intelecsit, quod _ (1) El reglamento de Puebla no dice nociones dda cuestión que se fanda en cosas im- posibhs, como es la de que raras veces se en- cuentrin reunidas en un solo hombre las cua- lidades sujetas á los sentidos estemos y á las facúltales intelectuales, e>tá impugnada por su misma imposibilidad; y cualquier cosa que s# 28 dijera seria tocar el estremo opuesto tal vez con otra imposibilidad. Es evideme que no pueden tenerse en igualdad de circunstancias en todos los alumnos esas cualidades. Todo el mundo sa- be por las reglas de un criterio regular, que- las facultades intelectuales están en razón di- recta de la mas ó menos perspicacia d--* los men- tidos. El alma forma las ideas delermioada por ellos, y las separa 6 ¡as une por medio de las reglas dei arte,, con arreglo á sus sei.saeiüties, las que en sa modificación no alteran b¿ n¿tu<. ralezi de' las ideas simples, sino en tuunto á que se separan ó unen en e¡ eii-ividiuiienío eu el acto de raciociar. Si en eíe caso se pre* eenía algún ..obHáculo será debido á la mala educación, al modo imperfecto con qiií se ha hecho uso de los sentidos, ó á la naturaleza que pe habrá mostrado con tal esquivez, en cuyo caso no puede remediarse. El Sr, Ur. Sidle ha tratado la cuestión en pro de la división con mas ingenio, y iodos ¡os autores que han sostenido la misma eaus; se han f?njetado á las mismas bases. Entre los que la '¡.ai impugnado se encuentran aun mayares er- rores. Querer probar que la cirujia es la misma medicina por la historia, aun cuando e tome desde el principio del mundo hasta e! presen- te siglo, y proponer por otra parte ¿a iniou de estos dos ramos, porque esta sea útil y su se- paración nociva á la sociedad, son sin cbda co- jeas del todo opuestas. La medicina y la cirujia tienen un mismo 29 objeto, y esta no hace otra cosa que aumentar el nú:nero de los recursos contra las enfermeda- des, de tal suerte que no puede proponerse ni aun la unión de sus ramos. Cuando la medí* ciña se halla en el ca^o de apurar sus recursos. disecando, cauterizando ó cortando, usa indispen- sablemente de los recursos interiores ana mismo tiempo, y entonces por razón de ¡os instrumen- tos toma el nombre de cirujia: cuando las en- fermedades no son rebeldes y puede hacerse uso de los instrumentos, pero que su necesidad no es absoluta, la ciencia da curar se vale da los otros medios que, ea cierto modo, pueden llamarse mas inferiores, ínterin que ellos son, mas fáciles de, practicarse. ¿Por ventura, los re- cursos que ofrece !a ciencia para curar las en- fermedades esternas esenciales y sintomáticas in- ternas, son diversos de los qiie combaten las in- ternas esenciales y sintomática^ esternas? ¿Eí mer- curio que se introduce por medio del sistema absorvente usando de las fricciones, no es el mismo que se intruduce 4 los órganos inter- nos, por medio del uso de las pildoras ó da cualquier licor en que se disuelva'? Cualquie- ra que sea medico no objetará que un euíer- á quien, por un descuido, so le diesen friccio- nes con la bebida que se ha destinado para que se torne interiormente, y que substituyendo á esta aquella destinada para frotar las partes es- ternas del cuerpo se mandase al sepulcro; por que es verdad que en esto no hay otra cosa que la falta del indicante y la anión de medicinas con- traindicadas con los contraindicantes. 3» La cirujia qle se compone de los cono- cimientos de toda la medicina, es la misma cien- cia de curar; pero nunca i mucho menos al considerarse la cuestión, puede presindirse del aso de esos términos de la cirujia, cuando se vale de los instrumentos ó de cualquiera otros medios, en cuya practica se llama ar o, es ne- cesario admitir la diferencia en la voz cirujia considerada con respectó a la ciencia y con res- pecto igualmente á su origen, de donde resul- ta la definición: á la manera que admito la di- ferencia de la clínica llamada arte en el acto de practicarse, y cuando la considero como cien- cia con respecto al todo. En el primer caso de aquella es la misma ciencia decorar, sea el que fuere el método curativo que adoptare, ya sea interno ó esterno puramente cuando las enfer- medades son muy simples, que entonces pudie- ra decirse que ni aun cosiste ese método, ó \a sea cuando añade á este el uso de los instru- mentos; y entonces como son mas sensibles á los espectadores las operaciones que ejerce, sorpren- de, y con razón, queriendo muy basto el cam- po de la medicina, el profesor de cirujia no be haya de ocupar de ejercitar solamente la obra de la mano, en vez que debiera sorprender tan- to mas que la falta de conocimientos médicos pudiera suplirse por la destreza en la acción física de los instrumentos. La cirujia no entra en la terapéutica, co- mo tiene dicho un profesor parisién ce que me- rece respeto, Mr. Richcand, en sn discurso pre- liminar á su Nosografía filosófica; ni las ope- 31 raciones son medios terapéuticos deque se vale la ciencia médica para curar los males quena* cen de «>n vicio interno, y que sin ellos la me- dicina en la acepción que la toman venga á ser insuficiente, según ha querido inferir otro autor. La terapéutica no es otra cosa que la consecuencia que deducimos de la patología, es decir, de las enfermedades, y de la materia me- dica que se ocupa del conocimiento do las vir- tude-i de los remedios. En sustancia, es un ter- cer juicio. Si no hay indicantes, no puede ha- ber indicados: si no hay indicantes ni indicados, no hay juicio; y si no hay juicio, no hay tera- péutica. Las operaciones son indicadas por las en- fermedades, sea cual fuere su principio, interno ó estenio, v las.medicinas ó los instrumentos mismos, son los medios de que se vale la cien- cia medica. Conózcase la diferencia que hay en- tre la operación del emético, que obra interior- mente v el emético mismo; entre la operación que resulta del instrumento dirigido por la ma- no del profesor que opera y el instrumento mis- mo. De esta suerte se evitará la confusión que mana de semejantes raciocinios entre las ideas paramente relativas y las ideas de relación. Aque- llas representan los objetos que tienen alguna re- lación con los demás, y e4as representan las re- laciones mismas. Todavía mas: las ideas relati* vas, tomadas generalmente, no son indiferentes respecto a la medicina, como pueden serlo las ideas relativas de padre á hijo, de hijo á pa- dre. En estas es indiferente que el hijo 6 *l padre se representen indeterminadamente en lo* nombres de Juan, Pedro ó Fracei^o; :> vo e:i las ideas relativas con respecto a la m. .liorna, no es indiferente la disímcioü que hace el pro- fesor de las operaciones mas ó menos indica- das, de aquí nace la distinción que se hav ■ en cuanto 4 las virtudes de los remedios de un mismo orden. Muchas veees la faiti de expe- riencia suele hacer incurable una ení^rmedal si no se hace esta distinción, cuando es rápida su marcha y sus caracteres confusos, porque el profesor tímido ó ignorante no aprovecha la ocasión, y he aquí también ii necesidad de te- ner presente la distinción que se hace de las ideas singulares, particulares y universales. Suele hacerse también uña mezela de ¡os conocimientos de la medicina, considerando al hombre en las poblaciones que lo sujetan í diferen- tes influencias, á las revoluciones que las edade- le inducen, á las emanaciones pútridas, y en íin á la de mil cosas que muchas veces están al alcanee del hombre mas estúpido; haciendo mension de la hi- giene pública y privada, .le la geografía, de la topografía, estadísticas medicas, h¡ iro^níia &.-. ¿Qué concesión tendrán todas estas co-as par* probar qae la medicina y ía cirujia deben unir- se con provecho de la humanidad? ¿Pende a<-.i- so su suerte de que un solo hombre ej-vei-ra- la cirujia y la medicina si ellas hubieran podi- do constituir una díyision real? ¿No parece mas bien que se ha querido pintar á la medicina como una cosa interminable? ¿Y no e- estomas bien confundirla cuestión y oscurecerla hacien» 33 tío ininlelígíble hasta la misma naturaleza del sugeto? ¿No en vez de q«e se probase el in- tento parece que se ha qnerido huir de él? Ec- saminar la cuestión sobre si la medicina v la cirujia son partes de un todo que pueden se- pararse absolutamente sin considerar la naturale- za de los sugetos principales, y en su vez con- siderar los que son independientes me parece cosa imposible y agena de la cuestión, conclu- yendo con que la división de medicina y ciru- jia es semejante á la que se baria de an cuer- po indivisib.'e y que por consiguiente solo se halla sostenido por un principio falso é ima- ginario. La mayor parte de tedas estas cosas de que se hace mension son i-nconecsas. La hidrogra- fía tiene por objeto estudiar la influencia del mar y de la navegación, la geografía la des- cripción del globo, las estadísticas médicas no son otra cosa que las noticias que el gobierno debe adquirir por las parroquias, hospitales &c. Nada de esto altera la cuestión, ella ecsiste to- davía capaz de recibir las impulsiones fuertes que pneden causársele. La ortopedia que trata de las deformida- des del cuerpo, la antropogenia ó antropología sobre la generación del hombre, la adinarnia sobre el abatimiento de sus fuerzas, la condro- logia sobre sus cartílagos, la siíihdes sobre las alteraciones de su piel por el venéreo, la so- riasis sobre la lepra, la estiemioa sobre el pul- se. ¿Puede trataise de todas estas cosas sin tu- carse las descripciones ó nosografías de las en- 34 ffrrmedades y de sus órganos? ¿Quien dudará que todas estas cosas no son mas que las de- ducciones que trae consigo la ciencia y arte de curar; ya sea bajo la denominación de la orto- pedia, de la de antropología ó antropogenia, de la de admamia, condroíogia, siriiides, csfíc- mica, y por último bajo la denominación de ci- rujia? En cualquiera ciencia se usa de aquellas denominaciones que conformándose tanto mas 'etc-~> como el mayor nú- mero de ellas supone siempre vicios anteriores, ó trae consigo alteracioues internas, en cuyo ca- so no puede conocerse el modo de obrar de los remedios sino con las realas medicas, debiendo casi siempre auxiliarse con los remedios h'mter- nos, se sigue de todo esto que la cirujia no puede repararse de la medicina ni subsistir sin ella" En el trimestre de enfermedades constitu- sionales presentado 4 la Academia Medico qui- rurjica de Puebla por sus socios I). Manuel Méndez, Mariano Escalante y Ju n Nepomuee- no Uaudon. [Año de 825] L> nota primera, dide „La medicina en su sentido prciso es ía ^ciencia medical que nos subministra los reme- dios para las enfermedades ¿uo luce otro tanto 49 la cirujia? y asi diremos con un autor tnoder- no, Pinel, que esta es la parte mecánica de la' medicina, y el separar estas dos partes como ramos diferentes no puede menos que haber sido efecto de la arbitrariedad porque son una misma ciencia, que mira á un mismo objeto: á mas la medicina deja de ser conjetural y pre- senta un aspecto verdadero con la anatomía que es una parte esencial de ella. Dic. de Cieñe. Medie. Si conformo al sentido del Sr. Pinel y de los Sres. que trancriben la nota, decimos qué la cirujia es la parte mecánica de la medici- na será necescrio decir también que la medicina es una parte meemiea de ella misma: ó qae la medicina pnede subdistinguirse en partes mecánicas y otras no mecánicas; y de esta suer- te, pueden hacerse un sin número de subdistin- eiones, que necesariamente hayan de constituir- se los sujetos de cada una de ellas, de tal mo- do, que la definición de la medicina 4 la vuel- ta de muchas snbdistinciones viene 4 recultar que es del todo ininteligible. Y la cirujia del mismo modo, por que si la medicina en su sentido preciso es la ciencia medical que nos subministra los remedios para las enfermedades, la medicina con el nombre tic cirujia nos sub- ministra también remedios para curar las en- fermedades. De esta manera semejante especie de difinicones, nos confunden y nada puede sa- berse de cirto. Convéngase en que la v, fuerzas v funciones que c.erc» n los órganos del cuerpo humano en el estado de fa- llid, es decir, en el estado normal Cuando una ó muchas de estas funciones salen-de e:de or- den, la fisiología toeuu el norubre de patología y esta no es otra cosa que el conocimiento do la vida, fuerzas y funciones que ejerce el hom- bre en el estado preternatural ó anonnd. Qae"'cosa -ea terapéutica ya lo lie dicho en otro lugar y lo mismo la materia medica. La palaba clínica comprende la patólogia, materia medica y terapéutica. „La c'iuica, dice el mis- mo Selle, considerada coaio ciencia, no es, ha- blando con rigor, mas qne an compuesto de estas tres cosas, el conocimiento, el juicio y la curación de las enfemedades especificas, por sus remedios correspondientes." Habla dicho autor „segun el orden natu- ral, la medicina clínica es !a primera; y la ma- teria medica, la patología y la terapéutica, no son mas que unos resultados de ella, separados por abstracción. Solo con el ejer- cisio de la medicina practica, y el uso cientí- fico de las observaciones y esperiencias, pode- mos llegar a separar la idea de las enferme- dades y de sus causas, de la del oso y virtu- des de los remedios, y formar de ellas otras tantas ciencias particulares. En los tiempos en que un se habia determinado todavía la pafolo- 57 gia, la materia medica y la terapéutica, no se dejaba de hacer uso de ellas en el arte de cu- rar, por mas imperfecto que fuese entonces, has- ta que perfecsionado y estendido después fué preciso dividirlo en estas tres ciencias. Por lo cual se vé que en la practica deben ser inse- parables todas estas citocias particulares, y quo la división de la medicina eu muchas de ellas, solo se ha hecho para facilitar ui enseñanza, y de consiguiente para solo la comodidad de ios principiantes." Suele dividirse la clínica en interna y es- terna, según (¡ue las enfermedades, ya se repu- ten por esternas esenciales y sintomáticas inter- nas ó por internas e enciales y sintomáticas es- ternas. Propiamei.ie hablando, esta división pue- de tomarse sin escrúpulo alguno, por lo que tu- ca a la clasificación de las vittudes de los re- n edios, según que su composición ó t! modo o n que se usa, \aya '«¡¡rígido 4 h'S partes es- trilas ó interiormente. Eí efecto de las canta- tü'íes pM.eiie proponerse en el primer caso y en- Iío'ís se ;;pi;;:;i c;i forma de cataplasma; pero si se propone en tu segundo podría rsarse de ■<-• íInv. si su di.-iducion es cierta, en cualquiera bío1: ó d" cualcuúera oíros remedios que ten- >'?m ei misino. i.b¡eio en la medicina: lo cual puede decirse de cualquier »'fros Míerpos me- iúni ai"s. de suerte, (¡ue la división es rigorosa en cueieto 4 que un cuerpo no es ot ro, y lo inis-mo ios compuestos. Si se quiere aplicar esta división 4 la pa- tología, es decir 4 las enfermedades, no t.u> un* 58 verdadera división, sino una distinción entre las enfermedades esternas esenciales y sintomáticas internas y las internas esenciales y sintomáticas esternas: asi como las enfermedades, hablando generalmente, se disíme por el de las enfermedades sino por el de ios órganos que queden e-tar atacados en todas las eludes de la vida. Te dos le* días pueden de-cubrirse t:u"ve.s especies de ernermc dudes (pie no habían estado sug<í;>s 4 la e>aein- cacion, y en vedad, esto es lo que pro- phmei-.íe le tocia la ciencia sep uad i dei ar- K E^íe trut \ siempre de objetos individuales y, d-'ermina los, y aun la determinación de las enfermedades individuales, por su número que es cu-i infinito v por su variedad y oscun-iad, que no pueden dejar de- ser imperfectas y suma- lueuíe'diiicile.s, sin poder gcneralisarseles ni cla- sifiearse. Véase a Selle pág. 341. conforme con e4 i opinión. Las ideas de las enfermedades todas con* sisten precisamente en las deducciones qne se hacen de un principio establecido en la natu- raleza como el aumento ó diminución de la vida, fuer/as y funciones partícula:es de cala or^-no ó de su* relaciones, ó como la irrita- bilidad ó langui L-z de estos mi.un es, cuyas de- du¡;e!ones tienden á un mi-mu fiu.Lna pul- món;.i producida por una herida contusa no es .diiema, h solando con rigor, de la que se ori- gina por la supresión reo-entina de la materia pieirable; difieren sus causas, sus sintonías squ los mi-ovos, su método curativo descansa sobre las mi-mas bases, y solo no es absolutamente semejante, por pao en el primer ciso atenuemos al local de la herida, v en el segundo eonva- timos la causa natural. Ningún órgano aumenta 60 su vida, sino es 4 costa de los domas con quie- nes esta relacionado, ni se disminuye la vicia di un órgano sin que se aumente la do los otros. El aparato digestivo se compone de órganos destinados 4 ejercer una función determinada; si cualquiera de ellos disminuye sus fuerzas, la- boran los demás difícilmente y pueden aumen- tar l»s suyas. Si se dislocan las partes de una articulación, se aumenta la vida de todos ios te- jidos adyacentes, se interrumpen las funciones de cada uno de estos órganos, y aquellos con quienes están relacionados sienten, por decirlo asi, la alteración de estos y sus funciones par- ticulares en este instante se disminuye. El nombre de patología quiere decir el es- tado del cuerpo enfermo, de él debe tomarsa la definición de la palabra enfermedad; aquella tiene por objeto la vida, fuerzas y funciones que ejercen los órganos del cuerpo humano en tal estado: así la enfermedad no es otra cosa, que el modo imperfecto con que se ejercen algunas funciones, sea por aumento de vida ó fdta de ell;i. En las enfermedades particulares debe to- marse su esplicacion del órgano ú aparato prin- cipal en donde residen. El principio de las en- fermedades no puede tomarse por razón de su localidad: el principio activo de la ecsistencia de otra cosa, es lo que conocemos con el nom- bre de causa; toda causa es principio de aque- lla, pero no todo principio es causa: todo prin- cipio precede k aquello de quien es principio. Estos elementos no pueden ser solo de los roe- tafiíicos, el uso de ellos debe facilitarnos la m claridad que se necesita, para distinguirlas Can-- sas que son ios principios de las enfermedades.. El aumento ó diminución d^ la vida de cual- quier órgano, ín tuce la dífi ultnd ó el eseeso de la función que ejerce; luego se infiere la defi- nición de la enfermedad, en cualquier aparato. El lugar ó fea el órgano en que se es- tablece no iaauce mincipio alburio. Las ca1- -is qne los autores distinguen en remotas, ocvisio- Pídrs y predispon'.-;itei p-¡-e.-e que no ofocen ninguna utilidad. Las enfermedades ó recono-' cen po- principio una causa e-terna, ó la alte- ración de o'ros ó"gmos en cuvo caso padecen sinpatieaaier.te, ó la degeneración de otra en- fermedad qne conocemos con el nombre de Deuteropatía. (I) La supresión de la transpira-' ííioíi que induce una pulmonía, reconoce por nansa esterna cualuqiera viciciíud. de la atmós- fera, v no hay razón para que conocida la en-, fermeuvd y el principio de ella, que es la cau- sa tsí' rúa, hayamos de interponer otro princi- pio tic'ieío en la piel; ó una pulmonía aun mismo tiempo puede reconocer muchos princi- pios, con lo que no se haría otra cosa que con- fundir los verdaderos, supuesto que no hay di- ficultad para que ec^ista aquella, sin necesidad de que haya tal supresión en la piel. No por esto es mi animo decir, que no sea justa la distinción de causas mediatas é in* mediatas, p>"o ¿i que se haga uso de ella con i- (1) D-'.uteronatia: efecto secundario, ¿ que sign¿ 4?$pues de l± enfermedad principal. D,ic. Cieñe. Medie.- mas oportunidad y cuando sea indispensable, por lo que toca á la mayor claridad y desem- barazamíento de cosas, qne por si ecsigen im- periosameme la atención y dedicación esclusiva del profesor. La unión de las enfermedades esternas esen- ciales y sintomáticas internas, y las internas esen- ciales y sintomáticas esternas, es tanta en la con- sideraron del profesor que para distinguirían unas de otras, la considera como la que estre- cha á todas las partes internas y esternas del cueroo: sin esta consideración ni unas ni otras pueden tratarse cientiíicamente. Esta es la ra- zón -porque» entre los que han querido combatir hi división absurda, han mencionado todas las no- se-rraíias, que no son otra cosa que las des- rripeione-' de las enfermedades en general, y de las monografías, que son* las mismas descrip- ciones de las enfermedades en particular: y ía razón por que se han contentado esos autores con solo mencionarlas, pues es imposible tratar de las enfermeda les internas, sin considerar los ór- ganos estemos y sus padecimientos esenciales; basta la simple lectura de aquellas y la raz.m natural solamente para convencerse de esta ver- dad. Por eso, sin duda, ü. Pedro Calderón (au- tor de la precitada memoria) recuerda á Jons- tano, que en su obra titulada, Idea Universal de la Medicina, describe en su 2 y 3 clase, las enfermedades orgánicas, úlceras y fracturas; á Puissier Sawanges profesor de JMopeller (y Qefe de los Nosologista?) que en su tratado de Nosología Metódica detalla en su primera cía- se las afecciones cutáneas: á Macbridét M¿ii- co Ingles, que en sa introducción Metódica 4 la Teórica y Practica de la ."^odiein?, e--pn:;e en su segunda 2lase las eufermedade» !oeuees; 4 Sosgar que en sus escritos no cu!U nada, con- cerniente á cirujia, á Vilter profesor da León qne en su Medicina Especiante en sa segunda clase trata las inflamaciones, á Darviem, al Dr. Pinel medico da Visetre, Baamer, Tourte- lle, Alibert &c. Si los médicos han querido considerar las enfermedades internas esenciales y sintomáticas esternas, independientes y separadas de las es- tornas esenciales y sintomáticas internas, hacien- do de aquellas un objeto esclusivo puramente suyo, no habrán hecho otra cosa que huir de su intento que es el do curarlas. ¿Cuantas veces para ellos, los efectos serán las causas y las cau- sas los efectos? Ya se ve que si los médicos se han encargado únicamente de la patología in- terna, han procedido de las cosas mas dilieiles V confusas-, y despreciado las cosas mas f.-íeí- les*. sus principios han sido los fines y su cien- cia siendo fuisi, sus recursos á la cabecera del enfermo, deben ser del todo impotentes,y los resul- tados no pueden ser mas que los que proporciona la casualidad y el empirismo. * % Cuando consideramos las enfermedades in- ternas esenciales y sintomáticas esternas, no co- nocemos otros medios para forutar idea de 1 ¡los, que los síntomas y signos que nos presentan acompañados de las relaciones de los pacientes. 64 que las mas veces suelen ser inexactas (1). Lo5 síntomas son también muchas veces complica- dos y por otra parte los signos suelen no dis- tinguirse anos de otros, si no es por circunstan- cias casi del todo imperceptibles. Esta es la ra- zón que no carece de principios para imponer 4; los catedráticos el art. 4S del Precitado re- g'amento la quinta obligación que comprende 4 todos, que es la de „reurur¿e en el hospital cuando lo ecsijan casos árdaos de difícil diag- nóstico y curación, ó sean dignos do observar- se en ambas clinicas v formar de ellos una re- seña en que se manifieste su naturaleza con las observaciones de los catedráticos de esos ramos' reunidas al dictamen de la junta y el resulta- do de la enfermedad, con los datos que mi- nistre la inspección del cadáver en casó de muer- to." Y el objeto primario de las repetidas con- sultas que se suscitan en el ejercicio do la cien- cia y arte de curar; eu las que no obstante de reunirse en ellas profesores sabios y de par- ticular opinión y fama, disienten en la resolu- ción de aquellas y muchas veces quedan inde- terminadas. Sí: se dan ciertas cosas que son indepen- dientes do otras, pero de tal suerte que no cons- tituyendo su esencia, están tan intimamente uni- das que si se separasen lo mas mínimo en la (\) Diba tenerse presente que los signos pueden tomarse de la reunión de muchos síntomas ó de uno solo; por lo que todo signo es sintonía pero no ai contrario, . , es» . teórica ó en la práctica de ellas, seria lo mis- mo que separar el único atributo d*d •mg'-to*' que es la diferencia que lo separa de ot> >s se- mejantes y por lo mismo .con-nt<»-ie su esMniu, y por último se de-truiria la misma esencia ue \ la cosa; tal es la tenpeutic t q e n » cmi-d'u- ye la esencia ó el todo de la ne.t tía me tica y de la patología, pero que w> , biute si -e separa de la natur i'e.io, del co.-n.iue-to da estas» dos parles de la clínica, sí tendrían ñor i-m e- Mstentes y por consiguiente por inecsisíent.* uoi- bien el objeto principal de i>da la meuieun, por el que se une la enfermedad con laviu.id del remedio. Esta comparación del todo n<> puede lla- marse esucta: primeramente es indispensable fil- mar idea de la enfermedad, en sv^-und.» lugar de la virtud del remedio; y. estas dos cesas pue- den estar separadas, tanto ¡¡u-e la una ecsiste en el cuerpo enfermo, v la otra en el compues- to que se prepara contra la enfermedad. L;»s en- fermedades esternas esenciales y sintomática* in- ternas, no pueden distinguir e absolutamente ue las internas esenciales y sintomáticas (■■•terna-,'-i no se conocen perfectamente i:pe v otras; son inseparables en el sujeto, v í; ou> ( e siendo esternas por su localidad, no p» n'e «rprn ¡rsp. les por tales. 4 la manera <\w vo hay juicio sin enfermedad, ni consecuencia cieiu si no hay virtud en el remedio. Las úlceras no suponen otra cosa casi >iem— pre que vicios interiores, que reconocen su asien- to principal en el occeano de los líquidos, s>u lo- 66 calidad es esterna. Los tumores no son otra co- sa, que la reconcentración de los ffiiJos en un lugar determinado, que ocupando la superficie cutánea pudieran reputarse por enfermedades esternas esenciales. Ambas afecciones morvífieas no ceden puramente 4 las medicinas esternas, como ninguna enfermedad 4 no ser que sea muv simple, es de necesidad absoluta el uso de las internas, tina y otra clase es susceptible de re- putarse va como efecto, ya como causa. Una úlcera fijüda en las partes esternas del cuer- po, induce una alteración en el aparato diges- tivo: ¿á cual de estas afecciones absolutamente diversas entre sí, deberá dirigirse indudable- mente la intención del facultativo? El cirujano desconoce la patología interna, ó si se quiere serán muy superficiales sus ideas acerca de ella; el médico está dedicado puramente á la pato- logía interna, desprecia absolutamente la ester- na y se denigra, por decirlo asi, de ejercerla. ¿Quienes son los verdaderos médicos? ¿No han ecsistido médicos ni cirujano? Puede preguntarse ¿qué son las enferme- dades internas esenciales y sintomáticas esternas? Las esternas sintomáticas. ¿Que son las enfer- medades esternas esenciales y sintomáticas inter- nas? Las sintomáticas internas. Esta distinción que he ampfeado se enienderá con mas clari- dad adelante, en donde se verá que la tomo de aquel principio, por el que unas son las en- fermedae.es principales y otras accidentales. Las primeras son propiamente las esenciales. ¿Cual de estas dos clases de enfermedades, internas 67 y esternas, que padece el hombro deberá cons- tituir la base única de la ciencia de curar pof lo que respecta 4 su conocimiento y 4 la cla- sificación del citado patológico de su cuerpo? Aquellas consideradas aisladamente, solo ofre- cen al entendimiento oscuridad y confusión; en Ja inspecsion cadavérica no se encuentra otra cosa que la lesión ó destrucción total de los ór- ganos; los síntomas todos se presentan en los órgaDos estemos. Ena sensación nacida de un principio ó síntoma interno señala otro síntoma esterno diverso ' de aquel; este en por el cual se hace concebible á nuestro entendimiento la ecsisíencia de ana enfermedad real, cuando se acompaña con otros, y muchas veces por sí so- lo la induce: los síntomas que son puramente infernos son confusos, son. del todo falsos, no in- ducen la ecsisíencia de una enfermedad real. ¿Se advierte cuanta es la relación de los padecimientos esenciales y sintomáticos de los órganos estemos? ¿Se advierte la diferencia qWe hay entre las enfermedades principales y acci- dentales? ¿Se advierte igualmente cuanta es la unión que estrecha a los 'órganos internos con los estemos, y sus padecimientos sintomáticos y esenciales? ¿Se advierte finalmente qne siendo los órganos interno? y estemos una misma sus- tancia, y que sus afecciones, no pudiendo na- cer mas que de un solo principia, es grare la necesidad de que se conozcan las enfermeda- des esenciales internas y sintomáticas esternas, y las esternas esenciales é internas sintomáticas én los órganos estemos? Si uo se tratan estos 68 «1 sus afecciones directas ó indirectas, nunca pueden tratarse aquellos en las que les corres- ponden del mismo modo. Los médicos dedicados 4 la patología in- terna, haciendo de ella un objeto esclusivo de su ciencia, no han hecho otra cosa que tras- ladarse a las épocas en que casi la medicina propiamente dicha, solamente ha sido conocida de un modo empírico, como entre los griegos y los egipcios en el tiempo en que usaban de las insignias ó tablas votivas. Estos á la ni ma- rá de esos médicos estudiaban los síntomas de las enfermedades en los órganos esteruo-; pero de tal suerte que en mi concepto unos y otros ocupaban el mismo lugar. De esta uvui^ra sin neceada l de ningún sírtoma estenio podía deci- dirse de la existencia de una enfermedad real y plantear un método curativo que las mas ve« ees conduciría 4 los pacientes hasta el sepul- cro, siendo tal vez las medicinas que se destina- ban para su curación, las que presagiaban en su vez los úl'imos intervalos de su ecsistencia, sin. haber tenido ni aun el carácter de enfermos. Bim pronto fué conocida la necesidad de distino-uir las enfermedades esternas esenciales y sintomáticas internas, de las internas esenciales y sintomáticas esternas por los órganos esterio- res; los síntomas puramente internos de los que 6e presentan en los órganos estemos, las. enfer- medades que solamente deben reputarse como efectos de las que deben tenerse como causas; además que las enfermedades sintomáticas deben constituirse y tenerse como efectos de las e¿en- es oíales, para lo que es indispensable distinguid unas y otras con tal esactitud, como que en esto consiste el verdadero resaltado de ana cien- cia cierta y esacta. Para que todo esto se ha va esplicado con tada la claridad posible, diremos: ¿padecen los órganos estemos esencialmente? Luego las afec- ciones interiores deben tenerse cerno sintomáti- cas, porque tu los los signos que indican los sín- tomas de una enfermedad, no pueden tenerse á un mismo tiempo por esenciales respecto de "la enfermedad que determinan en los órganos internos y estemos. Lo contrario de lo que he dicho debe considerarse, cuando los órganos es- temos padecen simpáticamente, porque enton- ces las afecciones interiores son indudablemen- te esenciales. Adviértase qne las afecciones di- rectas, en cualquier tejido ú órgano compues- to, no obstante, no se consideran como enfer- medades esenciales, por sok> la razón de ser directas. Estas afecciones pueden considerarse ■como enfermedades esenciales solamente cuan- do ecsisten por sí solas, pero no cuando hayH aparecido otra enfermedad por la que se modi- fican, se hacen absolutamente simples y machas veces por esa causa desaparecen de la misma manera que los síntomas. En sustancia, e?te es- te es su verdadero carácter; luego deben con- siderarse como síntomas de las esenciales, cuyas leyes siguen constantemente. De esto tenemos un ejemplo qae se repi- te todos los dias en las enfermedades malignas en que hacemos uso de los vegigatjnos, sinat- 10 jDismos fuertes y todas esas especies de estimu- lantes y de llagas que se causan por la vir- tud de esos remedios. Todas esas cosas no son mas que afecciones directas á los órganos cite- riores que se relacionan con los interiores, y en las (pie no veemos otra cosa que los sínto- mas y los signos de la enfermedad principal que llamamos esencial. De esto se sigue que las en- fermedades esenciales esternas y sintomáticas in- ternas, y las internas esenciales y sintomáticas esternas'solo pueden determinarse por razón de los síntomas y de los signos, mas bien que por los órganos a quienes se dirigen las afreciones. Estos signos y síntomas inducen la ecsistencia de una enfermedad real cuando se presentan en los órganos estemos. Me he valido de nn ejemplo en que se consideran puramente las afecciones artificíales porque las causa el profesor por medio de la medicina, para corregir la enfermedad y en- contrar nuevos síntomas que resultan de la indica- ción, y en cuyas afecciones se consideran nada iqas que las relaciones de los órganos estemos con los internos sin vicio alguno conocido, en lo que podia inducirse una alteración s¡ no se comprendiese como se comparan en el ejemplo con las que no son de esta naturaleza. Las afec- ciones dirigidas 4 los órganos estemos por la naturaleza misma tienen mas relación, y por lo tanto con mas razón deben considerarse bajo el aspecto que llevo dicho. r Los síntomas que se presentan en los or- 33 71 ganos estemos, cuando estos padecen esencial- mente, no tienen el mismo carácter qne cuan- do padecen por simpatía; pero como ya he di- cho que aunque las enfermedades sean internas esenciales, todos los síntomas deben presentarse en los ó'ganos estemos, si ecsiste la enferme- dad, es indispensable qne se distingan unas y otras por los órganos estemos, de que nace que las enfermedades esternas esenciales, sean las que compongan la única base para juzgar de las internas esenciales v sintomáticas ester- nas, tanto para su clasificación y modo de tra- tarlas, como para distinguir su invasión, aumento y declinación. Si en el cadáver no se diese mutación al- guna en los órganos ó sus aparatos, luego que han concluido su ecsistencia de vida absoluta- mente, debiera confirmarse la sospecha que te- nemos de que la aspereza de la lengua crez- ca, del mismo modo, á proporción que la en- fermedad hace sus progresos, en todos aque- llos órganos internos que han padecido esencial- mente. Del mismo modo puede suceder respec- to de cualquiera otro síntoma, según los datos qae tenemos, por las sensaciones que causan las enfermedades esternas esenciales en los órganos estemos, por su invasión, aumento y declinación. Asi una inflamación en que se interesan los prin- cipales tejidos celulares, cutáneo, subcutáneo &c. i presenta 4 la vista en su invasión, aumento y ¡ declinación, un color diverso en cada uno de esos estados respectivamente. ¿Quien dirá qu« ■ 72 esa misma inflamación no tendrá los mismos ¿a* racteres en los órganos internos? Si los síntomas nos ministran los datos des las enfermedades, y estos inducen la ecsístencfa de ellos, cuando se presentan en los órganos estemos; en ellos igualmente deben distinguirse las enfermedades que deben tenerse como efec- tos y las quejdeben tenerse como causas. Ya ?e en- tiende con bastante claridad, que si las enfer- medades esenciales deben determinarse solamen- te por esos síntomas que sé presentan en los órganos esteriores, estas deben tenerse como cau- sas, y las sintomáticas como efectos; ce?an las enfermedades esenciales y deben cesar las sin- tomáticas igualmente que son sus señales indi- viduales. Los síntomas no son otra cosa qae la mis- ma enfermedad, y cuando los fenómenos de fas enfermedades, dice el inmortal Bichaf, no son mas que puramente simpáticos, signen las mis- mas leyes que cuando provienen de una afec- ción directa. Esto confirma la opinión que de- jo dicha. Debe advertirse también que cualquie- ra distinción que se quiera imaginar, entre el carácter que se presenta en la lengua y la en- fermedad que ecsiste en el estómago, no pue- de hacer nunca que aquel sea diverso de esta: asi el color rojo elevado 4 cierto ponto en la superficie cutánea, no puede consistir en la abun- dancia del licor linfático. Por lo mismo que acabo de decir deben discin<*uirse también los fenómenos de las enfer- ttiedades, qne no son otra cosa que el cambié de ellas de un estado á otro, se muda la en- fermedad y deben mudarse sus signos. Lo mis- mo debe decirse de todas las enfermedades, sea cual fuere su principio, todas son susceptibles de mutación; y todas teciben y sienten, por de- cirlo asi, el influjo del arte aun cuando su re- sistencia sea invencible. Los síntomas son la base de los signos 6 señales de las enfermedades individuales, asi co- mo en los signos están los elementos de las cau- sas. ¿Pueden considerarse aisladamente, ni sepa» rarse un solo momento, las ideas de las enferme- dades esternas esenciales y sintomáticas Ínter» ñas, en la consideración del profesor, de las ideas de las enfermedades esenciales internas y sinto- máticas estemas? ¿Puede determinarse alguna cosa por pequeña que sea aceica de estas sin tener idea de aquellas? ¿O si se tienen algunas siendo ellas muy superficiales, la medicina y todo el método curativo que se adopte, podrá llamarse y tenerse por seguro, cuando el agua simple muchas veces puede ocupar el lugar de la medicina? [1 j ¿No habrán eesistido médicos ni cirujanos? Todos los órganos 6 partes del cuerpo que llamamos esternas tienen una relación mny estrecha con los órganos que componen todos (\) Éonum enim aliquando medicamentum est mullum adhibere medicamentum. Véase el prólogo del traductor de Selle en su citada obra que hace mejor uso de este principio. 74 los aparatos interiores de la maquina del hom- bre.. Ln ellos se manifiestan indudablemente to- das las enfermedades qae lo afligen: ellos son • los conductores de las ideas que forma la imaginación de los padecimientos que sufre, interior y esteriormente, y esas ideas son tanto mas cierias, cuanto mas estamos acostumbrados á tratarlos. Procediendo por un argumento de minori ad majus, las enfermedades esternas esen- ciales y sintomáticas internas, que son el espe- jo de las internas esenciales y sintomáticas es- ternas, por medio de los órganos estemos, nos subministan la espresion mas viva, por la que el entendimiento dispone de las reglas del ar- te y se proporciona resultados felices en la practica de él, por cnanto 4 que sus ideas res- pecto de los padecimientos interiores son tanto mas claras y esactas. El entendimiento encuentra dificultad en la espresion de aquellas ¡deas y en cualesquie- ra otras cuando no compara con ellas las sen- saciones que rec'.be 4 cada momento por me- dio de la vista, del tacto, del oido, del sabor y del olfato. Todo entra en la medicina, todo contribuye a la mayor ó menor consideración de las enfermedades, Cuando el entendimiento por medio de la comparación de las ideas y de sus sensaciones, se ha acostumbrado ya 4 la espresion de ellas, la practica con tanta mas fa- cilidad cuantas son las remociones que ha he- cho de ellas en diversas circunstancias. Si la naturaleza de los órganos estemos, tn su sustancia y modo de alterar sus funcio* 75 nes aumentándose ó disminuyéndole, no es di- versa de la de los que componen los aparato* internos; si sus padecimientos se determinan por los mismos principios, 4 saber, por irritaciones, inflamaciones, ecsalaciones, secreciones &c. y to- dos se sujetan 4 una misma fórmula, según los métodos curativos que tanto en unos como en otros tienden 4 un mismo fin, y las enfermeda- des esternas ó internas ecsigen imperiosamente al profesor aumentar el número de sus recur- sos, haciendo nso de la crueldad de las opera- ciones de los instrumentos quirurgico-médicos; y estas enfermedades entran en el número de las esternas esenciales y sintomáticas internas, y to- das registran por decirlo a^i, todos los apara- tos y tmlos los órganos y tejidos1 del estado patológico del caerpo: los cirujanos son los ver- daderos médicos. En cnanto á las enfermedades qqe se han distinguido con el nombre de mistas, si han ecsis- tido, serán aquellas en que al mismo tiempo en qué ecsiste una alteración en los órganos de los apara- tos internos, se presenta otra que por su localidad se llama esterna. Esas enfermedades merecen mas bien el nombre de complicadas, ó llámense mis- tas en hora bueni, pero no de tal suerte que se entienda que aun mismo tiempo pueden ec- sistir las enfermedades iuternas esenciales y sintomáticas esternas, y las esternas esenciales y sintomáticas internas. Téngase presente lo qae ya he dicho cuando las afecciones directas pue- den considerarse como enfermad i les esenciales. Me esplicaré eon mas ejemplos. La hipertrofia. 76 del coraron ó sea aneurisma, consiste en la d\~, latacíon por incremento de los tejidos del caya- do de la aorta, sea cual fuere el término de la cuestión (pie ocupa á los partidarios del humo- rismo y solídismo, la detención de cierta clase de fluidos que no circulan con toda libertad, es sin duda una cosa que no puede dudarse, V aun cuando estos hayan de evacuarse, el es- travío que padece induce una alteración en les demás tejidos. Si á esto se agreda la dcscom- ■•11 -i i posición de los tejióos cutáneos, ya sea por la ecsistencia de úlceras ó cualquiera otra especie de enfermedad de la piel, el método curativo debe instalarse siempre considerando solamente la enfermedad esencial con arreglo á sus circuns- tancias. ¿Cuantas veces aun las enfermedades crónicas cesan, según la esperiencia, en el acto en que se presenta otra enfermedad aguda? El término de esta muchas veces suele ser la pre- sencia de aquellas, y otras en que las enferme- dades agudas vienen á ser como la medicina de la enfermedad crónica. Una enfermedad aguda en que se disminuyese violentamente una gran parte de la nutrición, y que al mismo tiempo se hubiese hecho uso de grandes cshe.eciones de sangre, por medio de ias sanguijuelas ó del instrumento, no hay duda que corregiría en gran paite la dilatación escesiva del cayado de la aorta. Cualquiera inflamación que se acompaña- se con la alteración de los órganos de la vida nutrititiva se destruiría atendiendo 4 estos sis- temas en su curación. De e¿tá suerte unas son 77 las enfermedades principales, qne son las que distinguiré con el nombre de esenciales y hw otras accidentales ó secundarias, es decir, efec- tos de aquellas ó sean muy bien sintomáticas: luego puede coicl oírse que no ec-sisten mas que las enfer.ned ules internas esenciales y sin- tomáticas esternas y las esternas esenciales y sin- tomáticas internas, incluyendo en esta distinción toda enfermedad, sea cual fuere su especie, ya simple, ya complicada. Estas enfermedades que se han llamado mistas y que según entiendo les convendría me- jor la denominación le complicadas por su gra- vedad, se h-i hecho de ellas un. objeto que yo llamaré también misto. ¿'¿I cirujano y el mé- dico uiidos ambos para combatir e ti especie de enfermedades que para mi no ecsisten, sino con la denominación de esenciales ó sintomáti- cas, no se disputaran igualmente la preferen- cia? Yo entiendo que si no han ecistido méli- cos ni cirujanos, todo enfermo de esta clase ha- brá sanado por la casualidad de una enferme- la d aguda, que en su término haya hecho des- parecer la anterior, cediendo ella á instaneiaa del empirismo. Los médicos encargados de la patología interna solamente, se hicieron impo- tentes para e' tratamiento y curación científica de ¡as enfermedades internas esenciales v sintomáti- cas esternas; ciando estas son couiplicadas, es de- cir, grabes por las circunstancias (pie les acompa- ñan; ¿cual será el laberinto en que hayan de entrar los médicos de esta clase? Siempre es cierto que la atención del profesor en primer 78 lugar debe dirigirse 4 la enfermedad principal, es decir, 4 la idiopatica ó esencial, teniendo pre- sente en su método curativo el estado de com- plicación. Esta clase de enfermedades que solo pue- de haber sido combatida 4 ciencia de los ciru- janos, y que regularmente para ellos los sín- tomas que presentan son tanto mas claros y afec- tan sus sentidos con evidencia, ocupan el lugar de todas las demás que son sa objeto esolu-uvo. La ciencia del medico (Selle pag. 391) con- siste principalmente en la aptitud para descu- brir las varias complicaciones, y saber distin- guir 4 qué objeto se debe atender con preferen- cia. Esta distinción ecsige conocimientos prác- ticos muy vastos, y es mucho mas dificil de lo que parece a prinicra vista. Podrá creerse tal vez que en la curación de cada enfermedad es necesario empezar cortando la causa fundamen- tal que ha producido todas las demá-; y con todo eso seria perjudicial muchas veces e-ta con- ducta (1). Las relaciones naturales y el influ- jo reciproco de los cuerpos, prescriben reglas del todo diversas, que solo puede enseñar la esperiencia. La medicina práctica supone, una esperieneia larga y repetida; y esta e> la razón de no estar tan adelantada como los demás co- nocimientos, aunque se ha cultivado desde tiem- pos tan remotos. Pero no* se trata aquí de la (\) Esta opinión del Sr. Selle es conforme á la inteligencia que debe tenerse de un acsioma principal de física. 79 esperiencia de un solo hombre, porque deberia esta mirarse como una gota en el occeano de los conocimientos individuales que constituyen la medicina practica; y es una de las preocupa- ciones mas fatales el medir la ciencia y habili- dad de un práctico por el número de sus año3. Solo el conjunto ó la reunión de muchos siglos y de muchos millares de hombres, pueden pro- porcionar un resultado feliz para la medicina. Si el principiante que s>e siente con todos los talentos que ecsige la medicina práctica, bebe en la fuente pura de esta esperiencia, la única ventaja qne podrán tener sobre él muchos mé- dicos viejos, será la de ejercer su arte con mas facilidad y prontitud. Sin embargo, sea esto di- cho solamente para animar al que principia un arte tan difícil; porque es indudable que la es- periencia propia ó personal enseña muchas co- sas que no pueden comunicarse, y que por lo mismo no se aprenden en los libros. Es verdad que no basta la esperiencia sola para instruir- nos en ella; pero también es cierto que no pue- den perfeccionarse sin su ausilio." Si las enfermedades en que la ciencia de corar aumenta el número do sus recursos, hasta hacer uso de los instrumentos que son la me- dicina operante, eo cayo caso siempre son com- plicadas, ya he dicho graves, los médicos hu- yen de los mejores casos prácticos y de la es- periencia misma. Si no han podido curarse cien- tíficamente las enfermedades esternas esenciales y sintomáticas internas, sin conocerlas y distin- guirlas esactamente de las internas eseuciales f w sintomáticas esternas en los órgano? estemos, y ellas han sido curadas de! mismo modo que es- tas, no puede dudarse que los cirujanos sean los verdaderos médicos. La casualidad y el empirismo no puede es- tarse repitiendo de un modo favorable, á no ser que los milagros continuamente se hubiesen estado repitiendo, lo que si fuese cierto nos de- bería ahorrar el dispendioso trabajo que deman- da la ciencia para conseguir científicamente un solo resultado. De aquí podía inferirse un argu- mento considerando la naturaleza de los médi- cos como son: pero en primer lugar respondo, que es imposible considerar la patalogia inter- na si no es considerando ios órganos estemos, que son en los que deben distinguirse las en- fermedades esenciales internas y sintomáticas es- ternas y las esternas esenciales y sintomáticas in- ternas, porque toda enfermedad que ecsista real- mente debe dar sus señales en los órganos es- temos. Si los médicos han podido encargarso de ella de otro modo, sin duda ha sido consi- derando paramente los síntomas internos que son absolutamente falsos por si solo5. No ecsiste en- fermedad alguna sin síntoma esterno, en los ór- ganos externos, en los que importa que se dis- tingan las enfermedades esenciales. En secundo lug-ar: s¡ los médicos no se han introducido en aquello que no es de su obje- to peculiar, como son las enfermedades [ester- nas esenciales y sintomáticas internas, no han curado si no es por la casualidad y el empi- rismo separándose de una base esenculisima, cu- si ya esperiencia proporciona todo resultado felia en la clasificación y tratamiento de las enfer- medades, internas esenciales y esternas esencia- les. Si las enfermedades gr.-iví.sirnis in'enias y es- ternas que son el verdadero objeto de la cirujia ó sea medicina operando, no han sido objeto de los médicos fanáticos é ignoramos que han estado por la división, han despreciado los ca- os arduos y difíciles luyendo la fuente de las sesperiencias en que no se obra de ua mo- do empírico, Las enfermedades esternas esenciales y sin- tomáticas internas no son objato de la ciru|ia por esa razan. Se ha hecho en este concedi- míento tan antiguo, un concedimíento falso y absurdo. Tal concesión solo es hija de la mal- dad ó de la ignorancia. En tercer lugar: si los médicos como son resultan á virtud del raciocinio casuales y em- píricos por razón de su objeto esclusivo, no puede fundarse ninguna critica contra lo que de- fiendo haciendo uso de la imposibilidad que hay, para que por la casualidad y el empirismo se hayan sucedido los milagros unos á oíros sin que se corte el hilo, hasta que los nuevos re- glamentos produzcan verdaderos médicos y ci- rujanos indivisibles por su ciencia. Los médicos han desaparecido, los que ec- sisten están reducidos á uu número tan corto, qce, como dejo dicho, apenas puede creerse de su ecsistencia; el minero de los que se han dedicado ó la ciencia y arte de curar bajo el titulo de-cirujanos es casi infinito, y algunos pro» 82 fesores que solo hablan estudiado, como dicen 'medicina, usando de discreción han empleado grandes trabajos para proceder con mas esacti». tud en la practica médica, confesando su ma- la educación por razón del modo de considerar las enfermedades. La esperiencia para que sea tal debe acom- pañarse con la ciencia, los cirujanos la poseen Íiorque esta ha sido su dedicación eselusiva; y os médicos despreciando la patología esterna, abandonaron contra su intento la interna, y con ella dejaron 4 un lado la esperiencia, si bien los movimientos interiores de los aparatos de lns órganos internos, en el estado patológico, son muy varios y solamente pueden determi- narse con tanta mayor sertidumbre, cuanta es la analogía que tienen con los tejidos y apa- ratos de los órganos estemos. Si 4 todo lo que dice el Sr. Selle se agre- ga esta esperiencia practica y que se hace por continuas sensaciones de los sentidos, los ciru- janos apreciando hasta las cosas mas pequeñas que parecen indiferentes no puede dudarse que sean verdaderos médicos. La inspección cada» veríca demuestra ciertamente, que es igual en todas sus partes el modo de padecer de todos los órganos en su invasión, marcha y termina- ciones; conforme 4 las ideas que tenemos de lo que llamamos enfermedad, conforme al objeto de la patólogia que es de donde deben tomar- se por cuanto 4 qne todos los órganos se dice que padecen, cuando no ejercen su función na- tural; y porque el modo solamente es suscep- 93 tibie de la distinción qne se hace de aquello*, según que sus padecimientos sean esenciales 9 sintomáticos. Los cirujanos son verdaderos médicos' como son que según las fuerzas naturales pueden ape- tecerse entre la especie humana. Los ramos que los bar. formado, son los mismos, absolutamen- te hablando, que los que han constituido 4 los médicos. La diferencia, si acaso, consiste sola- mente en que estos cursan sus cátedras-con im- perfección, reduciendo después la teórica 4 la practica del mismo modo, haciendo de la pa- talogia interna un objeto esclusivo de su cien- cia. Según las constituciones de la Universidad no se incluyen las doctrinas quirargico-medicas, y si asi no fuera de no ejercerla se infiere que Jas hechan en olvido como una cosa inúiil y despreciable, acaso por un espíritu gótico ó de nobleza [1J. ¿Se darían nociones únicamente pa- ra dirigir á los cirujanos? ¿Se les permite á es- tos ejercer la facultad de corar en unos caso* independientes de los médicos y en otros no? ¿Cuando y como se hace esto? La respuesta es bastante difícil, y los médicos fanáticos y preo- f\) En el lugdr en que escribo no ka faltado medico que diga, en una casa particular, que él no entiende de cirujia; y algunos que se hayan ec- simido impolíticamente de las consultas á que han tenido que asisitir los cirujanos: si esto es asi, mas ■ bien se puede interpretar como un medio de que se ha hecho uso para cubrir su ignorancia. 84 aupados no la han de digerir por mas qtie dis- curran. Con tales fundamentos, las autoridades han encomendado siempre la salad de los ejércitos 4 los cirujanos solamente, pero no á los mé- dicos. Los pueblos han manifestado su grati- titud ocupándolos con preferencia, como á los verdaderos medíco3, y sobre todo la razón lo persuade, la esperiencia lo confirma: aquella y esta repiten todos los días ejemplos que oscu- recen el sofisma, y hacen resplandecer la ver- dad sí se entra en la discusión de ella. La división de cirujia y medicina es fal- sa, es imposible en la practica y en la teórica. La distinción que se convierte en aquella por la violencia y el capricho no destruye su esen- eia. Aristóteles y otros muchos tuvieron por una verdadera división, la distinción que se hace del bien aparente y verdadero, porque le miraban con la congruencia de algún apetito; pero nun- ca dejará de ser el bien verdadero el mal aparente, y el mal verdadero el bien aparente. La división que se hace de medicina y cirujia constituye solamente una subdistincion. El obje- to formal de la medicina, sean cuales fueren los medios de que usare,'ha de ser siempre el estado anormal ó patológico de los órganos del cuerpo. Lo mismo sucede si se habla puramen- te de la medicina cuando toma el nombre de operante porque se halla en el mismo caso. Una es la medicina operando físicamente, otra es la operación física de los instrumentos, lo qne no 4nduce ninguna división que pueda tener lugar 85 en el ejercicio de la ciencia. Aquella por la que se tratan las enfermedades en que no se haoe uso de ellos es la misma con mas esten- sion, en virtud de la cual, en las enfermedades graves que indican las operaciones se u/i de los instrumentos al mismo tiempo que de tas demás medicinas indicadas. Las leyes qne prohiben á los cirujanos cu- rar de medicina son injustas y barbaras, se opo- nen á la ilustración en que se halla el presen- te siglo; deben quitarse de en medio, debe» des- trnhse en su totalidad. Acerca de estas leyes, un diputado del actual congreso de Puebla, ha hablado usando de ellas de un modo contrario 4 su ilustración. Con bastante elocuencia, dicho Señor, en ejercisio de su facultad, espresó los pensamientos siguientes. „En efecto, dice, Sr. Escmo., á V. E, es dado hacer no solo qne se me restituya mi opi- nión y con ella mi perdida subsistencia, sacán- dome de la proscripción en que se,me ha pues- to en medio de mis semejantes, sino que la in- famia con que se me hostiliza recaiga sobre mi ofensor como sucederá necesariamente, si él re- sultare como vá 4 resultar calumniador porque si entre los Persas, según Herodoto, se notaba de infamia a los embusteros: si las leyes de los indios, según el testimonio de Filostrato, orde- naban que todo hombre convencido de menti- ra fuese declarado incapaz de obtener ninguna magistratura: si Pepeneto, según Plutarco, de- cía, que los embusteros son la cansa de todos los .delitos que se cometen en el mundo: s\ en 8<5 .Atenas se estableció ana acusación propia pá« ra la calumnia: si en Roma, desde el tiempo de las tablas desenvírales, se impuso una pena dolorosa é infamatoria: si los edicto%del Pre- tor y los Senados-Consultos ía aplicaron y esten- dieron: si el código Teodosiano en el titulo de famosis líbellís impuso la pena capital ¿no de- berá entre nosotros castigarse tan grave cri- men, aunque ya no Con aquellas penas dispen- diosas al menos con otras iguales al grado de ofensa y perjuicios que se causaron con ella, principalmente en una república donde es de- licado el honor al tanto de la estimación que merece, y de lo que coadyuva á ía conserva- ción de ese sistema de virtudes?" Hablaba el autor de unos delitos bastante odiosos y criminales ante los ojos de Dios y de los hombres, y cuando dice que deberían castigarse aunque ya no con aquellas penas tan dispendiosa0, al menos con otras iguales al gra- do de ofensa y perjuicios que se causaron con ella; prueba que aquellas penas eran escesivas, y que ya no ecsisten en este siglo de ilustra* cíon en qne las penas deben conformarse en sa magnitud con los delitos. La costumbre inveterada no debe antori- 2ir lo que la razón condena. D. Tomás de Triar- te bajo este rubro ingeniosamente ridiculizó esa clase de procedimientos, con la fábula del Ban- dolero y el Juez. Si estamos convencidos, como alguna vez se ha dicho, de que la división de medicina y cirujia es absurda 6 impracticable, 87 - toó deben citarse leyes tan odiosas, si no es pá» ra destruirlas, si ofenden la ilustración de los le- gisladores y la de todos los actuales profesores de la ciencia y arte de curar. Si esas leyes anticuadas han merecido lla- mar la atención de los legisladores, 4 propor- ción qiie la ilustración ha hecho £Us progresos, no obstante que han tenido "por objeto la des- trucción de crímenes tan horrendos, y ?e han de- rogado unas modificándose otras en su sanción: ¿por qué razón las leyes injustas y bárbaras que mencino no han de ser susceptibles de destruir- se absolutamente? La crueldad en los hombres delincuentes y criminales, ha tocado muy de cerca la sensibilidad de los legisladores; ¿por qué no la ha de tocar del mismo modo la humani- dad? Esta, propiamente hablando, no carecerá como hasta aquí no ha carecido, de los ausilios medicinales con que los cirujanos, como verda- deros médicos, alivian sus padecimientos; ¿pero no es verdad que la ecsisíencia de esas leyes es ignominiosa para ello?? Su derogación la re- clama el honor, y con ella sus autores se ha- rán dignos dé los premios, que siempre fueron consecuenpia de las almas justas, asi como el oprobio y las penas son y serán siempre, la re- prensión y el castigo de los malvados. asmara Délo contenido en esta obra: PA«. Consideraciones del $rK Bichat.......... 1 Tratado general de dieta. .. w.......... 5 Id. á las enfermedades agudas......... 7 De la bebida...........,............ 19 Dieta en las enfermedades crónicas..... 22 Tratado de calenturas nomenclatura.. . .. 24 Cap. 1.° De la calentura en general. ... 26 Cap. 2. ° División general de las culentu^ ras.............................. 37 Art. 1.c Calenturas continuas continen- tes.............................. 42 Genero \. ° Efémera................. 43 Genero 2. ° Sinocal.................. 49 Genero 3. ° Calentura pútrida ó sino- co, .... .................,........ 56 Genero 4. ° Id. maligna ó tifo. ........ 66 Genero 5. ° Id. hética................ 82 »Qrt. 2, ° Calenturas continuas remitentes, 89 Genero l.° Id. cuotidiana remitente. ... 91 I>1. 2. ° Id catarral.................. 96 Id, 3. * Id puerperal................. 99 Id 4. ° id. biliosa^................... 103 Id. 5. * Hemítritea.................... 110 vf rt. 3. ° Calenturas intermitentes en ge» neral............................ 113 Genero 1. ° id. cuotidiana............. 126 Id 2. ° id* terciana........,,..»..... 128 Id 3. ° id. cuartana................. 181 Id. 4, ? Hética,,...................., laU Cap, 3. ° Tratado de inflamaciones...... -\]:j2 -árí, J.55 De lasinjlamaciones en particular .'- Genero 1. ® /renitis.....,.,,,,., ,140 / 1G3 Id. 4. ® Para/renitis................. 170 Id. 5. • Gastritis.................... 171 Id. 6. ° Enteritis..................... 175 Id. 7. © Hepatitis.................... Vid Id. 8. ® Esplenitis................... 179 Id. 9. ® Nefritis..................... < 18Ó Id. 10. ® Cistitis. ................... lb¿ Id. 11. « Epiploitís.................. 183 JU 12, ® Metritis.................... lfcá /