LECCIONES ELEMENTALES DE FISIOLOGIA CELULAR ANTONIO DE CORDON Y DE AGOSTA W\ HARANA LIBRERIA, PAPELERIA Y EFECTOS DE ESCRITORIO “LA POESIA.’' OBISPO 135 Casi esquina á Eeraaza 1892 Q depera ble rr)c iT)ona de los sabios rpo.es= Iros S). José de Jo Caballero j Q. Bclipc í°cj j ¿N®jr- ile Olnnlcm. PROLOGO Al imprimir este trabajo tan solo nos guía el móvil de ser útil á los que por algún concepto, se dedican á los estudios fisiológicos, pues en él encontrarán, formando cuerpo de doctrina, los materiales que andan dispersos en distintas obras, periódicos científicos, memorias, fo- lletos, ó comunicaciones académicas. Los clásicos de que nos liemos valido, indicados es- tán en el texto, y como no nos anima pretensión alguna, agradeceremos muy mucho cuantas indicaciones se nos hagan con respecto á la forma y fondo de la publicación, que si sirve de algo á nuestros comprofesores y sí sobre todo, á los alumnos simplifica el estudio, ahorrándoles tareas enojosas, será, á no dudarlo, la mayor satisfac- ción que pueda recibir el autor. LECCIONES ELEMENTALES Fisiología Celular LECCION 1. Al frente del vertiginoso movimiento de progreso de que se encuentran animados los conocimientos humanos en la época en que vivimos, se halla, á no dudarlo, la ciencia que Bacón llamó oportunamente de nosotros mis- mos, la que por tal concepto extiende hoy sus investi- gaciones á los actos funcionales de los organismos ele- mentales de Brücke á las unidades vivientes de Darwin, á los focos de vida de Yirchow, constituyéndola fisiolo- gía celular. Es en la célula en donde debe investigarse la expli- cación de los fenómenos biológicos, porque en ella resi- de el quid propurim de la vida. El nudo del problema está, pues, en tan diminuto ser, ó de un modo más general, en los elementos anató- micos que de ella derivan. Para descifrar las funciones de cualquier organismo más ó menos complejo, es necesario comprender las de la célula, porque todo cuanto se evidencia en aquellos, tiene su punto de partida en una manifestación más sim- ple de la actividad celular. La razón de los fenómenos 8 biológicos se encuentra, pues, en esta función elemental, el medio de dominarlos, de modificarlos, de obrar sobre ellos como dijo el gran maestro Cláudio Bernard, consiste en hacerlo sobre la actividad celular; así como el único medio de producir ó de modificar una harmonía, es obrar sobre cada uno de los instrumentos concertantes. La célula es la unida, el elemento fundamental de los organismos animales y vegetales; pues gracias á los trabajos modernos se sabe, que'cada uno de aquellos es- tá constituido por un conjunto de células más ó menos fáciles de reconocer, modificadas en diversos grados, asociadas y coordinadas de diferente manera, y gracias también á los mismos trabajos, se ha llegado á compro- bar que todo vegetal ó animal complejo no solo es una sociedad celular, sino que tiene por origen un glóbulo, pues los seres vivos proceden de un huevo ú óvulo, que después de todo, no es más que una célula más ó menos voluminosa y más ó menos completa. La conclusión de todos estos descubrimientos, cuya sucesión no hacemos más que indicar ahora á grandes rasgos, para después tratarlo con más extensión, es que los fenómenos biológicos que observamos en los más de los individuos zoológicos ó botánicos, no son otra cosa que manifestaciones de la colectividad social, precisan- do por tanto, para inquirirlos, el conocimiento de la vi- da individual, por ello, á medida que la ciencia nos per- mita penetrar más y más en la investigación de las acti - vidades celulares, comprenderemos mejor los fenómenos que resultan de la agrupación y el concierto de esas ac- ciones en donde la autonomía de los organismos elemen- tóles es siempre respetada. Conservada la individualidad de las unidades vivien- tes en las confederaciones orgánicas, en la forma que acabamos de indicar no pueden presentar otros caracte- res en el estado de parte de un ser complicado, que los que poseen aislados y en libertad, su autonomía solo es- tá limitada por las condiciones particulares que crea la asociación misma, así mientras más complicada es esta, 9 más se modifica el organismo elemental y más variadas y nuevas son las expresiones del conjunto, órgano, apa- rato ó, individuo. Casos hay en que la asociación que nos ocupa es po- co estrecha ó en que falta, por completo, entonces es cuando se evidencian mejor las propiedades celulares, corno acontece, sobre todo, en las circunstancias en que las células aisladas forman un ser entero, un individuo mono-celular. Los seres mono-celulares se encuentran en número infinitó en el reino animal y más particularmente en la frontera de los dos reinos, constituyendo ese grupo in- termediario entre las plantas y los animales que Bory de Saint-Ymcent llamó reino psichodiario y que más re- cientemente ha denominado el sabio profesor de Jena con el nombre de Reino de los protistas; pero también en los organismos complejos hay elementos u ni-celula- res que conservan su libertad y una especie de vida in- dependiente, como pasa con los óvulos machos y hem- bras y con los hematíes y leucocitos. Expuestas las ideas enunciadas, cumple á nuestro deber examinar la teoría celular en esclarecimiento de hechos que nos importa conocer más en detalles. Iniciada por Turpin, admitida por Mirbel y Entro- chet establecida para el reino vegetal en 1838 en Jena por el gran filólogo Schleiden y generalizada en el ani- mal por Schwann, constituye desde entonces el más só- lido fundamento y seguro punto departida de cualquier análisis elemental, ya sea botánico ó zoológico, morfo- lógico o fisiológico. Verdad es que desde su concepción á nuestros días ha sufrido notables transformaciones, pero cierto es también, que en el fondo no ha variado su naturaleza y adquiere de día en día mayor impor- tancia. El fundamento de la teoría es, que las células mi- croscópicas como expone el ilustre Haeckel, son seres independientes, organismos fisiológicos y morfológica- mente autónomos, por cuya razón Brücke los ha llama- -2 10 do organismos elementales, Yirchow focos de vida y el eminente Darwin unidades vivientes. Ellos son individuos de primer orden los qne reuni- dos forman tegidos, órganos, aparatos y sistemas, cc ns- tituyendo múltiples organizaciones, encontrándose des- de el ser celular hasta el hombre, en esas agrupaciones, todos los grados de complicaciones. La ley de esta com- plicación creciente ha sido por mucho tiempo descono- cida; pero hoy gracias á los adelantos fisiológicos de la época en que vivimos, no sucede así; el problema es más accequible, ysu resolución más satisfactoria. He aquí la idea que debemos formarnos de él. El organismo más complejo es un vasto mecanismo que resulta de la coordinación de mecanismos secunda- rios. El animal más perfecto posee un sistema circula - rio, otro respiratorio y otro nervioso; pero estos meca- nismos agregados no existen por sí propios, como se había pensado equivocadamente. No es en esos siste- mas donde debe localizarse la vida, porque no existen por sí mismos, sino por las células, por las unidades com- ponentes, por los innumerables elementos anatómicos que forman el edificio orgánico. Su papel, su única ra- zón de ser, es crear las condiciones favorables ó necesa- rias á la vida de cada unidad viviente, constituir para cada una el medio apropiado en donde pueda desenvol- verse y funcionar. Así van apareciendo nervios, vasos y órganos respiratorios, á medida que la construcción or- gánica se complica con el objeto de formar en torno de cada foco de vida las condiciones que le son necesarias para sus manifestaciones activas. Hay animales inferiores, sin nervios distintos, sin va- sos, sin pulmones, luego estos aparatos no son precisos á la vida del animal, sino que valen por lo que ejecutan, porque prestan el elemento en la medida conveniente, los materiales que requiere, es decir, agua, aire, calor. Lo indispensable es el resultado de su trabajo, no los medios de ejecutar dicho trabajo. Son pues, en el cuer- po vivo, lo que en una sociedad avanzada las manufac- 11 turas y los establecimientos industriales que suminis- tran á los distintos ciudadanos los medios de alimentar- se, de vestirse y alumbrarse. Esos aparatos no son, pues, esenciales, no hacen más que preparar los mate- riales precisos para la vida. La perfección orgánica no consiste solamente en la división del trabajo fisiológico, la ley de esta perfección se confunde íntimamente con la ley de la vida celular. Para hacer posible y regular la vida celular, es para lo que los órganos se agregan á los órganos y los aparatos á los sistemas. La tarea que les corresponde es la de proporcionar cualitativa y cuantitativamente las condi- ciones déla vida celular; esta tarea es absoluta. Para realizarla se coordinan de diferente modo, siendo tanto mas los que toman parte en la labor cuanto más com- plicado es el organismo y menos numerosos, cuanto más simples; pero siempre con el mismo objeto é igual fin. Como consecuencia directa de las ideas que hemos manifestado se deduce que la vida reside en las c¿lulas, no encontrándose localizada en los órganos, aparatos, ni parte alguna del cuerpo. Todos los aparatos están cons- tituidos por la vida celular. Cuando se arranca el co- razón, el pulmón ó el cerebro á un animal, ese trípode vital como le llamó Bichat, no se arranca un principio vi- tal que radique en uno ú otro de estos aparatos, lo que se hace es imposibilitar la vida celular por las alteracio- nes producidas en el medio interno. La Gallois y Flou- rens colocaban en la médula oblongada el asiento de la vida, porque la herida de esta región provoca en los ani- males superiores la muerte instantánea; pero la explica- ción es otra: la herida de la referida porción, prodúcela muerte instantánea en los mamíferos y en las aves, porque destruye el centro respiratorio, y el oxígeno del aire deja de ser conducido á las células que componen el organismo; y esto se prueba, porque la herida del mismo nudo vital no produce la muerte instantánea en los animales de sangre fría que pueden permanecer lar- go tiempo sin respirar. La misma explicación puede 12 hacerse en los casos de extirpación del corazón ó del ce- rebro, pues esas mutilaciones destruyen las condiciones de la vida celular, pero no arrebata principio vital al- guno. La vida general, es decir, la vida celular total no ce- sa solamente cuando se rompe ó desaparece uno de los aparatos que destruyen el líquido nutritivo (medio in temo) á los elementos anatómicos, sino que se extingue igualmente cuando el medio interior se altera ó vicia, co- mo acontece cuando se introducen sustancias tóxicas en la circulación. El veneno en tal circunstancia no va á obrar sobre un principio vital sino sobre uno ó muchos elementos celulares. Acontece igualmente con relación á las alteraciones morbosas del medio interior. Las uni- dades vivientes concurren á la elaboración del medio en que viven, ellas preparan los principios inmediatos que han de ser sus productos nutritivos, de aquí resulta que al enfermar una célula el medio se altera y las otras cé- lulas enferman también. Lo narrado nos autoriza, pues, para pensar que en el estado patológico como en el nor- mal, los hechos se explican por el consensúe de todas las vidas celulares harmonizadas. Todo está dispuesto en los organismos complejos pa- ra la vida celular. El aparato respiratorio suministra oxígeno; el digestivo, los alimentos, los aparatos circu- latorios y secretorios, aseguran la renovación nutritiva y el nervioso obra estableciendo la harmonía de la vida celular. Ya veremos que en el fondo estos aparatos or- gánicos, indispensable á los seres superiores, tienen por fin el procurar á la vida celular las condiciones fisico- químicas que le son necesarias para sus acciones bioló- gicas y puedan manifestar en la forma y modo que á ca- da una corresponda, las actividades con que se distin- guen y diferencian. Del principio de autonomía celular dedúcese lógica- mente que la coordinación de los elementos autonómicos en tejidos, en órganos, en aparatos ó en sistemas, no puede compararse, en manera alguna, á una combina- ción de elementos químicos, en donde por la poderosa influencia de Ja afinidad, pierden los componentes sus propiedades para adquirir otras nuevas y distintas el producto creado. El agua, resultado de la combinación del oxígeno con el hidrógeno, tiene cualidades, caracteres distintos de sus componentes, porque éstos no conservan su autonomía; pero el tejido muscular, agregación de diferentes ele- mentos, no posee otras propiedades que las que residen en cada uno de ellos, aunque puede dar lugar á fenó- menos propios de su coordinación. Esta coordinación de elementos, como sucede en una mezcla de sustancias, no posee virtud, cualidad esen- cial, fuerza, ni más potencia ó principios que los de las partes aisladas. La referida coordinación puede dar lu- gar á fenómenos muy complejos, muy especiales; pero no debemos fijarnos en estos fenómenos, puesto que tie- nen su razón en las propiedades mismas de los elemen- tos anatómicos. Todo lo que el ser vivo evidencia, procede pues, del elemento anatómico y de la coordinación: así, la propie- dad general reside en el elemento, el fenómeno especial en la coordinación. No hay, pues, mas que un dilema, al que está subordinado todo hecho, toda manifestación biológica, el cual podemos enunciar con la muy expre- siva fórmula, actividad celular ó coordinación de acti- vidades celulares. En una palabra, localizamos las pro- piedades esenciales irreductibles en las actividades sim- ples de la célula y los efectos complejos en la sinergia de las mismas. La teoría celular como cuerpo de doctrina, como con- junto harmónico, como ciencia, ha establecido en los co- nocimientos biológicos la unidad anatómica, la unidad fisiológica y la unidad genética, preciadas conquistas á las que solo se ha llegado después de pacientes esfuer- zos, pues no sin alguna labor se ha logrado adquirir ta- les verdades fundamentales: en efecto, la reducción al tipo celular es fácil empresa con los elementos epitelia- les, cartilaginosos, conjuntivos, leucocitos, focos de vicia poco diferenciados y distantes de su conformación ori- ginaria; pero no sucede así con los otros, pues se han hecho indispensables los hábiles y concienzudos trabajos de Kolliker para subordinar á ella las libras lisas con- tráctiles, las afortunadas investigaciones de Sohültze para reducir los núcleos musculares, y las ingeniosas experiencias de Ranvier para hacer entraren el plan ge- neral al tubo nervioso, porción que hasta hace poco es- pacio de tiempo, se oponía á toda tentativa de reduc- ción. Gracias sobre todo al insigne Claudio Bernard se sa- be que la célula es la única depositarla dé la vida dentro del organismo, y que todo lo no globular, corno la ma- teria fundamental de los huesos, dientes y cartílagos, la fibra elástica y conjuntiva carece de propiedades bioló- gicas, puesto que su funcionamiento es puramente pa- sivo, solo mecánico, así la fibra elástica es el muelle que hace volver á su sitio las partes dislocadas por la acti- vidad celular, el plasma sanguíneo, el vehículo de las materias nutritivas, la fibra del tendón de correa tras- misora de la energía de los elementos musculares, ofi- cios mecánicos, repetimos, independientes de toda acti- vidad vital, comparable tan solo á los que obtiene el hombre de los artefactos que construye. El parecido morfológico y fisiológico anunciaba ya un parentesco real entre los elementos orgánicos, sin em- bargo, fué preciso el concurso de Eemack y Yirchow pa- ra demostrar la realidad de dicho parentesco, enseñan- do que los elementos hijos proceden de otros que son sus padres, lo cual sucede cuando el crecimiento del elemento progenitor traspasa sus límites, por lo que ha podido decirse aforísticamente que “la generación es un simple exceso de crecimiento.” Ahora bien, siendo para el insigne maestro Cláudio Bernard la “Fisiología General el estudio de las propie- dades de los elementos anatómicos en sus manifestacio- nes aisladas y de las complejas que resultan de su dis- 15 posición en organismos más ó menos complicados, se deduce que si los elementos anatómicos proceden, ó son células más ó menos cambiadas en virtud de circunstan- cias determinadas, el examen de la fisiología celular for- ma la base segura, precisa é indispensable de la ciencia que concebía el profesor del colegio de Francia en la for- ma indicada, el estudio que nos proponemos, es pues la clave para designar y precisar los fenómenos biológicos, sin ella no es dable llegar al conocimiento de ninguna manifestación activa, de acción alguna esencial que nos sirva de punto de partida para adquirir el dominio de las leyes de la vida, las cuales no son otras más que las que rigen en la materia en general, sublime verdad que lejos de disminuir, la nobleza de los fenómenos vitales, los enaltece más, los eleva á mayor altura, por que sa- tisface cumplidamente y hay más grandeza para la cien- cia en la unidad que en la diversidad. El estudio que hemos emprendido á medida que le profundicemos, nos hará pensar mejor con el ilustre sá- bio, con el filósofo del siglo XVII, con el inmortal Des- cartes: “Que la vida es tan solo un resultado más com- plejo de las leyes de la física y la mecánica.” Expresados los conceptos precedentes, cumple á nues- tro deber, el definir lo que nos proponemos estudiar. ¿Quées, pues, la Fisiología Celular? La ciencia que tiene por objeto determinar las condiciones elemen- tales de los fenómenos de la vida, y por fin, el conoci- miento de las leyes, bajo los cuales se cumplen. La definición enunciada satisface, porque consta de las dos partes indispensables que en su estructura ó cons- trucción, debe tener una definición, cualquiera que sea la ciencia á que corresponda, estas dos partes son la in- dicación del objeto del estudio y la determinación del fin que nos proponemos inquirir. Por ello decía con ra- zón el nunca bien sentido Robin, en sus “Lecciones so- bre la sustancia organizada,” que debe estarse preveni- do contra toda definición en que falte una ú otra de esas partes fundamentales. Toda definición científica debe, pues, llenar dos in- dicaciones, es la una exponer el objeto del estudio, es la otra expresar su fin. Decimos que la definición aceptada satisface y es lo que probaremos analizándola convenientemente. ¿ Cuál es el objeto de la Fisiología Celular ? El deter- minar las condiciones elementales de los fenómenos de la vida. ¿ Cuál es sn fin ? El conocimiento de las leyes bajo los cuales se cumplen aquellos. Expresando el objeto y el fin del estudio, cual aca- bamos de ver, y siendo aquellas partes la manifestación fiel del conjunto que intentamos conocer, la definición formulada llena las exijencias á que nos liemos referido. Definida la ciencia, ó en otros términos, dados á co- nocer su objeto y fin, veamos de qué manera se ha cons- truido el edificio, cómo se ha formado la Fisiología ce- lular en el transcurso del tiempo: principia ésta á fines del último siglo, con los trascendentales trabajos físico- químicos de Lavoisier y Laplace por una parte, y por otra, con los anatómicos de Bichat. Las primeras ten- tativas de esos grandes hombres hánse desenvuelto des- pués, gracias á los esfuerzos de la fisiología experimen- tal contemporánea, y hoy por ello la ciencia tiene dos mices que llevan su savia á un tronco único. La explicación de ios fenómenos vitales hemos pro- bado que deben buscarse en la célula. Las opiniones modernas sobre tales fenómenos, están fundadas en la histología, y como éstos tienen su origen en el célebre médico de Touret; su tentativa sóbrela descentralización de la vida, es la primera que se realiza en esa fecunda senda que conduce á nuestra concepción contemporá- nea, á la fisiología de los elementos anatómicos. Bichat, el fundador de la Anatomía General, el creador de la ciencia de los tejidos, debía ser conducido fatalmente á considerar los fenómenos vitales como resultantes de propiedades, de actividades de los tejidos. Atendiéndose á este enunciado Bichat aparece como el fundador de la ciencia que nos ocupa; pero en reali- lidad no es asi: en efecto, si ála concepción metafísica de los antiguos sustituye Bichad una concepción fisiológica que trata de explicar las manifestaciones vitales, por las mismas propiedades de los tejidos, cae en una hi- pótesis vitalista, cuando procura definir las propieda- des de esos tejidos, pues lejos de establecer semejan- za, identidad, entre los fenómenos de los cuerpos vivien- tes y de los inorgánicos, sienta el principio, de que las propiedades de íos tejidos son absolutamente opues- tas á las propiedades físicas; la vida era la constante lu- cha entre dos acciones siempre encontradas, las fisico- químicas y las vitales, porque admite que aquellas tien- den á destruir á éstas. Bichad resume completamente sus ideas en la definición que dio de la vida: la vida es el conjunto de funciones que resisten á la muerte, lo que significaba para él: la vida, es la reunión de cualidades vitales que resisten á las propiedades físicas. Pues bien; las propiedades vitales de los elementos anatómicos, la fuerza vital en una palabra, admitiendo que represente una fuerza distinta de las fuerzas físicas y químicas, no puede considerarse sino como superponiéndose á estas fuerzas, combinándose sus efectos, recibiendo su influen- cia, pero no destruyéndolas y oponiéndose á sus mani- festaciones. La fisiología no debía ser para Bichat, sino el estu- dio de las propiedades vitales, como la Física es el es- tudio de las propiedades físicas de la materia inanimada. Siendo en esta doctrina, la propiedad vital, resultado de la vida, no había para qué buscar su explicación: el problema fisiológico radicaba en la localización de la pro- piedad, pero no en su explicación por interpretaciones fi- sicoquímicas, que es por el contrario el objeto que se propone la ciencia actual. Tal fue la primera fase de la fecunda evolución que ha conducido al conjunto harmónico que estudiamos por la fructífera vía del progreso. Pero esta no era más que el principio inicial. La segunda etapa se hizo posible 18 mediante la construcción del microscopio compuesto en los años de 1807 á 1811, gracias á van Dely y á Frauen- liofer, por él, la vida se descentraliza aun más allá del término fijado por Bichat. Las propiedades vitales, en lugar de ser de los tejidos, se hicieron de las células y encuentran su explicación por las causas físico-quí- químicas. Magendie aparece entonces, y su obra fué una viva reacción contraías doctrinas de Bichat: porque él se de- dicó al estudio de los fenómenos físico-químicos de los séres vivientes, y fué su labor siempre, referir en lo po- sible, los actos llamados vitales á los físico-químicos, siendo por ello el continuador de las investigaciones de Lavoissier y de La place. En aquellos instantes, la lucha de las dos escuelas existentes, colocada la una frente á frente de la otra, hubiera hecho tal vez infructuoso los trabajos enuncia- dos, á no haber aparecido Claudio Bernard, estrella de primera magnitud, del que con razón, ha dicho P, Bert, que no solo era gran descubridor, sino además fundador y legislador. En efecto, Cláudio Bernard, discípulo de Magendie, elevó la ciencia que estudiamos, á la mayor altura á que la permitían llegar los progresos realizados en la Anatomía y las ciencias físico-químicas, robustas raíces como dejamos expuesto antes, doble fundamento en que la fisiología se apoya, y por cuyo intermedio ad- quiere los elementos de su desarrollo y autonomía en- tre las ciencias. A Cláudio Bernard debe principalmen- te la ciencia de la vida, la demostración de la naturaleza físico-química de los actos elementales del organismo, es decir, de los fenómenos íntimos de que son asiento los elementos anatómicos. Contemplemos bajo este aspecto, el conjunto de los trabajos del sábio maestro, y los veremos concurrir ad- mirablemente á formar la ciencia. El hecho capital es la independencia de la vida de cada elemento anatómico. Los venenos, el curare, el óxido de carbono, la estricnina, el upas, que atacan ex- 19 elusivamente, á cada uno de ellos, á un solo elemento; su- ministran una prueba admirable de lo que sostenemos; por otro lado él demostró también, que las partes cons- titutivas del animal ó del vegetal, viven de igual modo por procedimientos químicos del mismo orden, unifican- do así los dos reinos. En efecto, entre la célula sensi- ble de nuestro cerebro y la humilde levadura de cerveza , la diferencia parece y es realmente inmensa; y sin em- bargo, un poco de vapor de éter que aletarga el cerebro, adormece también á la levadura, que cesa de producir alcohol, para volver al trabajo como hace la otra, cuan- do la evaporación le restituye la libertad. La unidad fundamental existiendo en el seno de tan- tas variedades como la disimulan; tal es la concepción sintética que Claudio Bernard ha deducido progresiva- mente de sus estudios analíticos, y la que en la segun- da mitad de su vida científica, acabó por servirle de guía aun en el mismo análisis. Ella es la que permite pro- clamarlo como el verdadero fundador de la Fisiología que estudiamos, y el haberla craado, será siempre entre otros muchos, su titulo más glorioso. Después de los trabajos del genio que nos ha ocupa- do, principia la época actual de la ciencia en donde ca- da clásico contribuye con sus investigaciones para el engrandecimiento del edificio. Sentados los datos históricos á que hemos hecho re- ferencia y vista la importancia de los organismos ele- mentales de Brücke, ha llegado el momento de saber qué es la unidad viviente; la célula se ha definido de dis- tinta manera, según los resultados de la observación y los estudios dominantes en Histología, así si nos atenemos extricta mente ála doctrina de Schwann; la célula es un cuerpecillo compuesto de una membrana de cubierta, de un contenido más órnenos líquido, de un núcleo, y de uno óde muchos nucléolos encerrados en el interior del nú- cleo, opinión que han aceptado, aunque modificando completamente las ideas de su autor sobre la formación celular, los Remak, Eeichert, Yirchow, Koelliker y Don- 20 ders; más en estos últimos años, los célebres histólogos Max-Schultze,RecMmghausen, Kühne, L. Beale, etcéte- ra, han modificado profundamente la definición de la cé- lula, fijándose en investigaciones en extremo curiosas. Ciertamente, Dujardin había visto hacía ya algún tiem- po, que los seres inferiores unicelulares no se encuentran todos cubiertos por una membrana, sino que están cons- tituidos por una masa susceptible de cambiar deforma, hasta el punto de brotar de la misma extensas prolon- gaciones, masas á la que dió el nombre de sarcodes, y á sus movimientos el de sarcódícos; y Max. Schultze, estu- diando con más exactitud estos mismos fenómenos, los asigna no solo á los animales unicelulares llamados ami- bos, sino á los elementos celulares de los animales más compuestos, y compara las masas animales susceptibles de movimiento á las celulares de vegetales conocidas desde época anteriores, bajo el nombre de protoplasma, llamando así á esta materia fundamental de las células animales, y con el de amiboidea á los movimientos de que la misma goza. Histólogos de notable reputación observaron también gran número de células de los animales superiores y del hombre, por ejemplo, los leucositos y las embrionarias, compuestas de protoplasma, sin membrana de cubierta, dotadas de movimiento amibóides, capaces de presentar prolongaciones ramificadas del protoplasma suscepti- bles de fusionarse, como también la fácil penetración en las células de partículas coloreadas, lo que probaba lo contrario de lo sostenido por Schwann y sus partida- rios relativamente ála constitución celular. No se crea, á pesar de lo dicho, que toda célula se encuen- tra desprovista de membrana, sino que cuando ella exis- te, solo constituye una parte accesoria, como se ve en las embrionarias en un período avanzado de su evo- lución, en las adiposas y en las cartilaginosas; por con- siguiente, basándonos en los estudios más modernos, deberemos definir la célula diciendo; que es un cuerpo viviente, de dimensiones por lo general microscópicas, de 21 forma variable primitivamente esférica, compuesta mu- chas veces por una masa de protoplasma, estructurado solo ó con un núcleo y en otras, ofreciendo además una capa cortical, llamada membrana celular. Entre estas partes integrantes de la célula existe una, el protoplasma, que es constante, y que por su manera de ser ha llamado vivamente la atención délos autores; los trabajos de Colín sobre los zooporos de las algas, y los de Hoeckel sobre los monerianos, han planteado la base de la verdadera teoría protoplasmática, según la cual, el solo elemento esencial del reino orgánico, es el protoplasma, el que basta para la reproducción de las células, cuyas diferentes porciones son formadas por él, según se demuestra de muy distintos modos. El proto- plasma es la sustancia primordial, la materia viviente por excelencia, la base física de la vida, según la expre- sión del insigne profesor Huxley. En él no está aun la vida definida, él es como oportunamente ha expuesto Claudio Bernard un caos vital, en donde nada ha sido to- davía modelado, en dando todo se encuentra confundi- do. Por tal importancia, es por lo que, según dice Küss, algunos autores hacen en la actualidad del protoplasma la base de la Fisiología celular, y por lo mismo es que hemos querido insistir un tanto sobre este particular. Localizándose los actos biológicos en los elementos anatómicos, bien se comprende por tanto, la importan- cia del estudio que hacemos. El glóbulo, como le lla- ma Küss, ó célula, término conque también se distingue, y que á pesar de las serias objeciones que contra su em- pleo se han hecho, se ha generalizado tanto, que se hace como imposible el poderlo sustituir por otro más apro- piado. La célula, el elemento anatómico típico, es pa- ra el fisiólogo, lo que el átomo para el químico, loque el punto para el geómetra; privar á la química del átomo y desaparecerá la única ciencia creadora como la llama Rabanillo; quitarle al geómetra el punto, y desde luego dejará de existir ese ramos de las ciencias exactas, que tanto admira por la precisión de sus cálculos, como por 22 sus múltiples aplicaciones; pues bien, lo mismo aconte- ce con la Fisiología, suprimir la célula y no nos podre- mos dar explicación cumplida de las múltiples manifes- taciones de la vida, la que en su expresión más sencilla se representa en el elemento anatómico, así se explica el por qué no se había podido conocer lo que podemos llamar la esencia de los fenómenos vitales, hasta el día en que potentes microscopios han permitido percibir lo infinitamente paqueño, en que se asientan esos actos ín- timos. La Fisiología tiene, por consiguiente ya, su punto de partida como las ciencias enunciadas, y por consiguien- te debe preceder al estudio de toda Fisiología especial, el de la Fisiología celular. Hoy el estudio de la Fisiología debe hacerse en sen- tido inverso á su modo de evolución en las series de las edades. Se necesita considerarla de lo simple álo com- puesto, ó lo que es lo mismo, partiendo délas funciones de las células, al examen de organismos complicados constituidos por verdaderas confederaciones celulares, y sobre todo debe anteceder al déla humana,ácuyo es- tudio nos tenemos que dedicar, la que por ocuparse del más complejo y elevado organismo, hallará en ella con- tenido, cuanto de común se descubre en todos los otros, y además, porque así el conocimiento que proporciona de los diferentes órganos y aparatos orgánicos, no será pintoresca descripción de fenómenos, sino científico y cabal conocimiento, que solo adpuiere tal carácter y puede darse con él al entendimiento, cuando se apoya en el estudio de aquella. Réstanos ahora, para terminar, ocuparnos del méto- do que hemos de seguir en la exposición de las diferen- tes materias que constituyen á nuestro juicio, á la Fi- siología celular. Método que es el hilo de Adriana que nos ha de guiar en el intrincado laberinto de una cien- cia reciente, que por lo mismo lo exije mucho más, y no podrá ser nunca tan completo como quisiéramos. Siendo hoy las tendencias de la Fisiología, el expli- 23 ■car los fenómenos biológicos, por las leyes generales de la materia como afirma Blainville; nuestro primer obje- to será el examen de las propiedades de orden físico y químico da las células, estudio indispensable, pues solo así, es como podremos después interpretar los múltiples fenómenos de afinidad que determinan la vida en los or- ganismos más sencillos. Como no hay vida sin medio según Comte, porque la vida se sostiene por cambios continuos de materiales, los que consume en su existencia, por que ella reclama una usura constante, después de examinar los caracteres de orden físico químicos, nos ocuparemos del estudio de las condiciones exteriores ó extrínsecas de la vida celular. Preparados ya con tales conocimientos, pasaremos al análisis de las condiciones intrínsecas, ó séase al ele- mento mismo con sus cualidades como dice Cláudio Ber- nard, las que son para Robin las prapiedades de orden orgánico, biológico ó vital, y como dichas actividades son las mismas que existen en los organismos más com- plicados, las dividiremos en funciones de reproducción, de nutrición yde relaciones. La primera constituye la Natilidad de Robin, la segunda abraza la Nutrilidad y Evolubilidad y la tercera la Motilidad y Neurilidad. La célula como ser que vive, muere, toda vez que es un organismo análogo á Otro cualquiera, sujeto á tan fa- tal ley, y siendo nuestro propósito investigar todas sus particularidades, debemos ver también cómo desapare' ce, estudio capital para el ideal que nos proponemos. Con tal método, parécenos posible examinar todas y cada una de las partes de la ciencia que por su impor- tancia, es sin ella la Patología un caos; la Terapéutica, un absurdo; la Clínica, un azar y la Anatomía, un con- junto de observaciones sin razón, ni por qué. LECCION «. Como las ciencias biológicas, según dice el sapiente Berthelot, aspiran á un vasto sistema, cuyas leyes se funden en la unidad de la mecánica universal, se hace indispensable que nos ocupemos con la debida extensión, del estudio de los caracteres físico-matemáticos de las unidades vivientes del inmortal Darwin, para correspon- der á tales tendencias, y poder así justipreciar más ade- lante de un modo cierto, los capitales actos de sus ma- nifestaciones dinámicas, hechos que nos serían difíciles de conocer y más aún, de explicar, sin el concurso de tan interesantes datos. El glóbulo se caracteriza primeramente por sus di- mensiones; el volumen de los elementos anatómicos osci- la en límites muy extensos. Los hay que son visibles á simple vista, pero la mayor parte son microscópicos, motivo por el cual, han tenido necesidad los hombres de ciencia, de adoptar una unida (de extensión que pudie- ra convenir á todas las células, o á su inmensa mayoría: esta unidad es la milésima de milímetro. Pero como la medición de filamentos tan delgados como los del reti- culum, las hebras del tejido conectivo, las granulaciones, los microbios más diminutos, etc., no puede hacerse por la milésima de milímetro, han admitido también las diez milésima, por lo que, ciertos autores emplean siempre esta unidad para todos los elementos. Con el muy distinguido Dr. Cajal vamos á dividir á los corpúsculos orgánicos, según sus tallas, en tres ra- zas distintas que son: células gigantes, medianas y ena- 26 nas. 'Para las primeras, la anidad de medida será la centésima de milímetro y la milésima para las dos úl- timas. Las razas jigantes la forman las mayores de la eco- nomía, figurando como la de más dimensiones, las mus- culares que por los cálculos, es decir, por las medicio- nes de Krausse, llegan á tener de 2 á o, 5 centímetros de extensión, vienen después los tubos nerviosos con un tamaño de 1 á 1, 5 de milímetro, el óvulo con dos décimas, las Abro-células cuya longitud pasa muchas veces de un décimo de milímetro, la célula nerviosa mnltipolar de la médula, cuyo diámetro llega y aun excede de 100 milésimas, y por último, la célula adiposa adulta que puede alcanzar mas de 50 milésimas de milímetro. Las razas medias están constituidas por todos aque- llos glóbulos, cuyas tallas no se hacen notables ni por su gran volumen, ni por sus exiguas dimensiones, per- tenecen á ella, los elementos nerviosos ganglionares y cerebrales, cuyo diámetro oscila entre 20 y 50 milésimas, las mieloplaxias con un volumen variable entre 20 y fío milésimas de milímetro, las células endoteliales del mesenterio y demas serosas que al anzan mas de 30 mi- lésimas en uno de sus diámetros, las pavimentos-as del epitelio bucal con 30 á 40 milésimas, etc. Las razas enanas son las mas pequeñas, fluctuando sus dimensiones entre 4¿ y 20 milésimas; entre ellas figuran el corpúsculo linfático de los folículos, notables por su pequeñez, pues solo alcanza á 5 milésimas, el hematíe con 7 áB, el corpúsculo oseo con 7 á 10, el leu- cocito con 10 á 12, la célula conectiva con 14 á 20, la cartilaginosa y epitelial cilindrica con 20 á 24 ó mas, etc. Las dimensiones que acabamos de esponer y que por tanto hemos asignado á las células, no deben tomar- se mas que como términos medios bastante aproxima- dos ála verdad, pero nunca como exactos, pues es im- posible establecer rigurosamente el tamaño de los elementos anatómicos, porque varían de volumen no so- lo de un individuo á otro, sino que también es distinta dentro de un mismo tejido y en un mismo sujeto; para (pie fueran precisas las tallas, seria necesario medir to- das las células de un tejido y obtener luego el promedio, lo cual es imposible por impracticable. Determinados corpúsculos que en los mamíferos en general y por tanto también en el hombre adquieren escaso desarrollo, presentan en cambio en los animales inferiores de la escala zoológica notables tamaños. La célula glandular por ejemplo que en el hombre no suele pasar de 20 milésimas á lo sumo, llega en los tubos malpigianos de las larvas de los insectos á 150 milési- mas y mas todavía. Tais del intestino de los vertebra- dos que no pasan de 25 á 30 milésimas, llega á tener en el deporto, una longitud de 1.00 á 120 milésimas. Son mucho mayores las células epiteliales, cartilagino- sas etc. de los bactracios que las análogas de los mamí- feros, Entre los vertebrados, estos animales, entre los articulados, los insectos, y las liliáceas entre las plan- tas, poseen las mas grandes células y los núcleos de ina y ores dimensiones. Examinado ya el volumen de los organismos elemen- tales, debe ocuparnos ahora la forma, que en sentido estricto, es la hechura estertor de los mismos, y la cual puede ser originaria ó definitiva. La originaria es la que presentan los glóbulos aca- bados de nacer, la cual es por lo general esférica, siendo prueba de ello, la de los corpúsculos embrionarios, como así mismo la de casi todas las células recién engendra- das en los tejidos adultos, no obstante, no es raro ver, que ofrezcan algunas desde el principio, la forma apla- nada, oval, semilunar, poliédrica etc., lo cual acontece con las células originadas de la proliferación de un ele- mento ya diferenciado; por lo que, los corpúsculos pavi- mentases simples, dan lugar por exición á dos nuevas cé- lulas también pavimentosas, lo que asi mismo acontece con las cartiloginosas y otras. En tales casos la forma- originaria se confunde con la de adaptación. La forma definitiva es la que corresponde á las célu- 2 8 las que han llegado á su completo desarrollo, á la edad adulta y las que pueden ser esférica, como la del óvulo, los leucocitos y las adiposas que son perfectamente re- dondeadas, poliédricas, cuya representación se observa en las células de la capa media de los epitelios extrati- ficados y las epiteliales de las glándulas arracimadas, las que vistas en el porta objeto del microscopio, con un aumento conveniente presentan la referida forma bas- tantes regulares: las laminares ó aplanadas que se ven en la capa superficial del epitelium bucal, del exófago, vajina, las capas superficiales y sólidas de las uñas, de las serosas, etc; las lenticulares ó discoides como los hematíes ó glóbulos rojos do la sangre humana; las ci- lindricas ó cónicas que existen en el epitelio de la mu- cosa intestinal y de casi todas las glándulas en tubo; las vibrátiles en que la parte libre de las células cilin- dricas y epiteliales se encuentra revestida de un rodete delgado y anhisto, el cual sostiene cierto número de apéndices filiformes, que se hallan dotados de un movi- miento propio y en un sentido determinado cuyas célu- las se las observa en la mucosa pituitaria, senos maxi- lar, frontal, laringe traqueá y árbol bronquial etc.; las fusiformes que se ven en el epitelio de los vasos, de las masas embrionarias que están en vía de transformación fibrosa, en los músculos de la vida vegetativa y asi mis- mo se las encuentra en los tumores casi exclusivamente formados por dicho elemento y que han sido designados con el nombre de fibro-plásticos; las estrelladas en cuyo tipo se presentan las que ofrecen prolongaciones tubu- losas, ó filifomes, como las de la cara externa de la co- roides, las oseas, la mayoría de la de los ganglios y centros nerviosos y las plasmáticas ó del tejido conjun- tivo. Por último, se ha estudiado también una forma es- pecial de limitación, propias á las jóvenes células de los epitelios paviménteos estratiformes, en que la su- perficie de estos elementos desprovistos de membrana ofrecen dentellones ó puntas que penetran en hendidu- 29 i-,13 correspondientes de las células vecinas yes á las que se les denomina células engranadas. Las principales formas que acabamos de exponer, reconocen por causa, dos órdenes de condiciones; exter- nas las unas, internas las otras. Las externas deter- minan la variación de contornos, por adaptación al me- dio, las internas por evolución y diferenciación celular. Como los elementos anatómicos poséen determinada plasticidad es en virtud de ella sin menoscabo de su ex- tractara y actividades, que pueden adaptarse al medio orgánico siempre que en este concurran condiciones nu- tritivas, medio que puede cambiar la manera de ser de las células por causas mecánicas y químicas. Las pre- siones, los frontamientos, los estiramientos, la presión convergente determinada por crecimiento de organismos vecinos, corresponden á los primeros, ó séase á las cau- sas mecánicas. La acción del aire, la desecación, la iiidratación, la influencia de los álcalis, y ácidos, de los alimentos y bebidas corresponden á las segundas, ó séa- se á las de afinidad ó químicas. El erudito profesor de Zuricli Dr. Frey, y con él al- gunas autoridades opinan, que las formas celulares se deben exclusivamente á la presión, y manifiesta que los glóbulos esféricos comprimidos en diferentes senti- dos con igual potencia por distintas partes, toman la forma poliédrica, y cuando la acción mecánica es mayor, se Lacen discos mas ó menos redondeados, y que si to- davía aumenta aquella, se transforman entonces en pe- queñas escamas ó placas. Cuando sufren poco la compresión lateral, se prolongan, estrechan y se hacen mas ó menos cilindricas, cónicas ó prismásticas; toman- do otras ocasiones la fusifome, comprobándose en mu- chasjma simple prolongación en sus extremos, al paso que en otras son numerosas y ramificadas. Mas no es la presión, la sola causa mecánica deter- minante de los contornos celulares, otras existen tam- bién que hemos enumerado tan importante como aquella, así las glóticas, sometidas á violentas corrientes de aire, y por tanto á pronta evaporación, se aplanan apesar de residir en medio de un epitelio cilindrico vibrátil. Los elementos endoteliales de las serosas y de los vasos de- ben muy probablemente también su aspecto laminar á los frotamientos. Las células de los vasos toman la forma romboidal alargada en el sentido de la corriente, por el choque de la ola sanguínea. Todos los corpús- culos que se hacen ostensibles por la forma pavim.en.tosa T la deben á residir en lugares en donde, los conflictos con los agentes exteriores son tan frecuentes corno vio- lentos, y el glóbulo rojo tiene la configuración que le es propia, (pie recuerda perfectamente á la de los cantos rodados, por el desgaste y frotamiento continuo sóbre- las paredes vasculares, por tanto no es solo la presión la única causa mecánica de las formas celulares, sino también todas las demás que llevamos espuestas. Sería de desear que todas las formas de las células pudieran explicarse por procesos mecánicos, semejantes á los descritos, ó por otra cualquiera causa externa, mas no siempre sucede asi, porque son producidas muchas por evolución y diferenciación, es decir, por causas in ternas. El célebre Dr. Ranvier que ha estudiado detenida- mente las circunstancias que motivan las formas celu- lares, defiende con calor lo que acabamos de exponer y manifiesta que si bien los focos de vida pueden experimen- tar grandes cambios, bajo la acción de influencias exterio- res, presentando contornos muy distintos, estos pueden deberse también á causas internas. ¿Por qué la célula nerviosa se presenta asteriforme, y crece de manera tan notable que sus espansiones protoplasmáticas alcanzan los confines del mundo exterior? Ni las presiones, ni las desigualdades nutritivas pueden esplicar tan particular fenómeno morfológico. Las fibras cristalinas, las de es- malte y las musculares etc,, se desarrollan y toman una forma alargada, que no obtienen elementos de igual pro- cedencia bajo la acción de las mismas condiciones ex- ternas. Comparten su existencia viviendo juntas, en 31 fu milla, en la médula de los huesos, sometidas á las mismas circunstancias mecánico nutritivas, los mielo- ]>laxias, y ios medúloceles, las primeras aplanadas y ji- jantes, las segundas enanas y redondas, Ante los he- chos enunciados y muchos otros que pudiéramos aducir, en comprobación de lo que espoliemos, preciso es reco- nocer algo más que las causas externas en la conforma- ción'de los elementos anatómicos, algo que determina la evolución y diferenciación, que marca de antemano, 3a forma, el tamaño y la extractara que deberán adqui- rir las células con el tiempo. En suma, las unidades vivientes deben sus contornos á veces á las variaciones que sufren por adaptación al medio, en otras á cansas de evolución y en las más, se la puede considerar como una resultante entre la acción de cansas mecánicas exteriores y condiciones interiores, á una especie de equilibrio, ó transación entre la forma arquitípica, y la acción alterante de las fuerzas ex- teriores. Inquiridos el volumen y la forma de las células, de- be ocuparnos ahora el color, que es otro de los caracte- res perteneciente á la clase que venimos estudiando, ó Qué es el color y cuál ese! de las células? Es el color, la impresión producida, en nuestro aparato visual por los rayos de luz reflejados por los organismos elementa - tales. Generalmente son los glóbulos incoloros y trans- parentes, no advirtiéndose en ellos tinte alguno, cuan- do debidamente practicada la preparación, se observa también convenientemente en el microscopio. Algunas veces, no obstante, las células presentan no- table opacidad debida á las sustancias extrañas que con- tienen, las cuales son por lo regular granulaciones protei- cas melanicas, fermentos, grasas, etc., cuyos cuerpos destruidos por los reactivos proporciona al protoplasma gran diafanidad. La transparencia del glóbulo nos demuestra, su ju- ventud, su perfecto estado fisiológico, mientras que su opacidad signo es de vetutez ó de muerte próxima como 32 dice Küss. El cambio de aspecto es por consiguiente un dato precioso para determinar las condiciones de exis- tencia de la célula, comprobándonos este hecho, el in- terés capital del conocimiento de las propiedades que estudiamos, para interpretar luego les biológicas. Entre los elementos coloreados, llaman la atención por su tinte amarillento los hematíes y algunos medn- loceles, teñidos por la hemoglobina; y las células mus- culares y grasicntas coloreadas probablemente por un principio análogo. Hay otras notables por su color negro, pardo, ó mo- reno-amarillento, como las células nerviosas y las pig- mentarias, cuyo protoplasma contiene granulaciones de melanina. En las aves los conos de la retina presentan cor- púsculos de un rojo intenso ó anaranjados, de igual ma- nera muéstrase también coloreada la retina de los ma - míferos y batráceos por un tinte rojo difuso, sustancia que ha recibido el nombre de fotoestésina, por ser im- presionable á la luz á la manera de las placas fotográ- ficas y la que fué descubierta por Boíl. Son notables en los vegetales, las magníficas y va- riadas coloraciones de los elementos de las hojas y so- bre todo de las flores, debidas á la presencia de mate- rias colorantes acumuladas bajo la forma de gránulos. Entre ellas, la más importante, es la clorofila que se pa- tentiza por su color verde, la xantofila por su tinte ama- rillo y como principios colorantes de las flores la entro- fila, y la autocianina. Entre las propiedades que analizamos, figura tam- bién la consistencia, carácter de tanto valor en las células, como hemos visto ser importantes los ya cono- cidos, pues nos sirve para hacernos comprender las con- diciones de la vida y el estado más ó menos fisiológico de los organismos elementales. Es semi-sólida la consistencia normal de las células jovenes y vivas; pero dicha consistencia cambia con la edad y lo que es más, aumenta notablemente después 33 de la muerte del individuo celular, en virtud de la coa- gulación del protoplasma. Adquieren á veces una du- reza considerable, los elementos transformados y dege- nerados, como acontece con las cébalas de las uñas é igualmente con las de Jos pelos y las del esmalte, y la degeneración del protoplasma determina no pocas oca- siones un gran rebajamiento de la consistencia normal; como tiene lugar en las unidades vivientes invadidas por la mncina y la sustancia coloide. Puede asegurarse por tanto que, el cambio de consis- tencia de los elementos anatómicos, ya siendo superior ó inferior de la normal, acusa una alteración anatómica y fisiológica del sujeto, la que constituye un verdadero estado patológico más ó menos temible para su exis- tencia. ) Es la elasticidad otra de las propiedades de las que venimos examinando que como general de la materia, se baila también en los organismos elementales por lo que, todos los elementos anatómicos son elásticos, exis- tiendo entre ellos algunos en que se encuentra en alto grado, como sucede con las células musculares y con los hemáties. Para proceder con cierto método, en este estudio, creemos deber examinar, primero la elasticidad de la membrana de envoltura de los corpúsculos completos, y luego, la que corresponde á toda la célula en general. El ectoblasto de L. Agassiz, dice el profesor Beaunis, que presenta amenudo tal elasticidad, que por ella se aplica perfectamente sobre el contenido celular, cam- biando de forma cuando la cambia este; pero en otros casos es por el contrario rígida, resistente y esta es la que determina entonces la forma constante que presen- tan los glóbulos. Siendo en unos la membrana celu- lar elástica y en otros nó, la propiedad que nos ocu- pa, debe jugar de un modo más ó menos importante en el modo de funcionar de los elementos anatómicos que la poseen, de lo cual nos ocuparemos después. No es solo la membrana la que se distingue á veces por su elasticidad, el glóbulo todo, goza también de ella, lo que se demuestra satisfactoriamente, sometiendo una célula esférica á la influencia de una presión sufi- ciente hasta que perdiendo la forma redondeada, tome la de un disco, así las cosas, si entonces se la deja li- bre, suspendiendo la fuerza que la solicitaba, vuelve a tomar su figura primitiva; pues bien, este hecho que comprueba en las células una elasticidad completa, se demuestra fácilmente en les glóbulos de malpigio, en la circulación capilar, en efecto; los hematíes se alargan para franquear los vasos más estrechos, y una vez li- brado el desfiladero, vuelven á tomar su forma habitual, más aún, gracias á su elasticidad, afilándose escapan de los vasos por imperceptibles aberturas de la pared en- dotelial, recobrando inmediatamente su forma discoidea tan luego como salen de ellos. A la cualidad que nos ocupa es debido también por poseerla en alto grado, el que, las fibras musculares vuelvan inmediatamente á su posición primitiva una vez terminada la contracción, lo que comprueba satisfactoriamente, que algunos actos biológicos celulares, se deben en todo ó en gran parte, á la elasticidad que en los organismos elementales existe. Las células, como hemos de ver muy pronto, presen- tan una composición química variada y bastante compli- cada, y como los fenómenos internos que en las mismas tienen lugar, se deben á la acción de la afinidad que de- termina los múltiples cambios precisos para su existen- cia; en esas reacciones indispensables para su conserva- ción hay como en cualquiera otra en que intervienen las leyes de la fecunda ciencia de Lavoissier, el des- prendimiento de electricidad y por ello los glóbulos tie- nen el poder electro motor, propiedad de orden físico, que por lo expuesto depende de la constitución química de las células y de su nutrición, causa por lo cual he- mos de ocuparnos de ella después, limitándonos ahora casi á no hacer más que esponerla por desconocer los términos referidos. 35 El poder de desprender electricidad por las células puede comprobarse debidamente en algunas y en’de- terminados organismos; así sucede en los elementos de los órganos eléctricos/en el hombre el poder electro- motor de los glóbulos se advierte sobre todo en los ner- vios ó tubos nerviosos que si bien no son glóbulos deri- van directamente de ellos y están en íntima conección con los mismos y de igual manera sucede en los ele- mentos musculares que producen también corrientes aunque más débiles.' A la vez que las reacciones á que nos referimos son causa del poder electro motor; en los elementos anató- micos, producen también calor y más rara vez luz. Todo acto biológico ha dicho con verdad el profesor Hermann, de Zurich, es la causa de una oxidación por tanto, de una combustión, donde necesariamente hay el desprendimiento de calor; cuando estos fenóme- mos debidos á las fuerzas moleculares son intensos en- tonces, no solo constituyen fuentes de calor, si que tam- bi/n de luz; algunos insectos los lampiris, son prueba de ello, pues tienen una grasa fosforada que oxidándo- se dá lugar á fenómenos luminosos, y confirmado igualmente los animáculos marinos inferiores, que pro- ducen luz por igual causa y dan lugar á los fenómenos de la mar fosforeeente. Réstanos ahora estudiar el carácter físico que según el catedrático de Nancy es el más importante de los de las células. Este carácter es la permeabilidad; las células solo s'on permeables á los líquidos que se prestan á su imbibición así se dejan penetrar por el agua y las so- luciones acuosas ya acidas ó básicas, ó de sales ácidas ó básicas, pero no por el aceite y demás grasas líqui- das. Compruébase fácilmente la permeabilidad celular poniendo en contacto con los elementos anatómicos agua destilada, ó una solución saturada de una sal indiferen- te: en el primer caso ocurre el hecho de aumentar la célula de volumen, por el agua que penetra en su inte- rior, en el segundo por el contrario, la célula disminu- 36 ye en espesor, se la ve hacerse más pequeña, en virtud del água que cede á la solución saturada que la envuel- ve y dentro de la cual por lo tanto se encuentra sumer- gida. Las células, son pues, asiento continuo de fenó- menos de cambio, de verdadera endósmosis y exós- mosis. La imbibición de la célula por el agua, produce un estado de tensión en la misma, una especie de turgencia debida á la presión liidrostática del agua sobre las pa- redes interiores de la membrana de envoltura. Esta ten- sión que juega gran papel en la mayor parte de los fe- nómenos de la vida vegetal ha sido menos estudiada en los de la animal, en donde sin embargo tiene también capital valimiento, La tensión celular liidrostática á que nos referimos no debe confundirse con la que resul- ta del crecimiento que es más considerable en las pa- redes. Expuesto lo que precede solo agregaremos para terminar que admitiéndose en el día como axioma, que las leyes que rigen á la vida, son las mismas que go- biernan la materia en general, el estudio de las propie- dades físico matemáticas que liemos hecho, es de tras- cendental importancia para el conocimiento del meca- nismo funcional de los organismos elementales. LECCION m Creía Bufíbn que debía existir en los seres vivientes mi elemento orgánico particular, del cual se encontra- ban privados todos los demás cuerpos; pero los progre- sos de la ciencia de Lavoissier lian destruido esta hi- pótesis, demostrando que los individuos vivos están ex- clusivamente constituidos por materiales simples, toma- dos del mundo mineral. Todas las células tienen de común el presentar una composición química bastante complicada, la cual es análoga para los vegetales y animales al comenzar su desarrollo lo que está en harmonía con la semejanza de funciones que entonces desempeñan. Más tarde se particularizan la de uno y otro reino, pero no obstante, tanto en las unas como en las otras, tenemos que exa- minar sustancias inorgánicas y orgánicas, fijándonos so- bre todo en la significación fisiológica de cada una de O O ellas para que nuestro estudio corresponda al fin que nos proponemos. La cuestión de saber los elementos simples de las células, es fácil de resolver si se trata solo de indicar cuales son los que las constituyen, pues basta tener pre- sente los que son indispensables para el sostenimiento de la vida de los seres organizados y por otra parte, cuá- les son los que se hallan en sus cenizas. Encuéntrense en los organismos elementales señala- dos hasta hoy, el oxigeno, hidrógeno, ázoe, carbono, fósforo, iodo, azufre, potasio, sodio, calcio, hierro, magnesio, bromo, flúor, cloro, manganeso, cobre, plo- mo litro, aluminio, zinc, cobalto, bario, estroncio y boro. Ahora bien, proponiéndonos estudiar el estado en que se hallan los elementos inorgánicas en los focos de vida y la significación fisiológica que tengan en los mismos, no nos basta señalar cuerpos simples, sino que nos es indispensable ver cómo existen esas sustancias. En las células búllanse siendo cuerpos simples unas veces, y las más, formando combinaciones, cuya esta- bilidad varía, Así se les encuentra como ácidos libres, como ácidos inorgánicos unidos á bases inorgánicas tam- bién y otras combinados con bases orgánicas como ba - ses inorgánicas, que nunca funcionan, como asimismo unidas estas áácidos orgánicos, formando sales mixtas, y por último, á veces combinándose para constituir di- versos gases en cierto modo neutros. De todo lo cual podemo deducir que los cuerpos minerales de los focos de vida se presentan constantemente mezclados con sustancias orgánicas ó bien combinados con ellas. ¿En qué estado funcionan los gases á que acabamos de referirnos? El oxígeno, el ácido carbónico, el amo- niaco yel hidrógeno se hallan á veces en libertad. El cuerpo descubierto por Priestley en Io de Agosto de 1774 encuéntrase disuelto en la sangre de muchos animales, lo mismo que el gas silvestre de Yan-Helrnont; el primero para fijarse en determinados órganos, y el otro para ser eliminado; ambos se hallan también disueltos en el in- terior de las células jóvenes, predominando el oxígeno en los animales y el ácido carbónico en los vegetales, mientras que las viejas contengan ó no protoplasma, suelen carecer de gases en libertad. El agua tiene una significación fisiológica notable en los glóbulos, ella abunda en todos los organismos, á los que sirve, ya para mantener el estado de semi-fluidez y blandura de los cuerpos celulares, ya para darle lacón- veniente fluidificación á los líquidos que circulan; ade- más empapa los albuminoideos intracelulares y la mem- brana celular misma en los animales, lo que difícilmente ejecutan con la celulosa del reino vejeta!; así misino di- suelve las sustancias inorgánicas, gracias á lo cual pue- den ser estas absorvidas y asimiladas. El agua es el cuerpo dominante en la composición de las células, entra formando los cuatro quinto de las mis- mas, y como sirve de menstruo á las demás sustancias, forma una de las condiciones de vitalidad del glóbulo. Las bases que se encuentran en la constitución quí- mica de las células, son la sosa, potasa, cal y magnesia, las que se presentan siempre en proporciones determi- nadas como lo ha demostrado satisfactoriamente el pro- fesor Mollescliott, pero podiendo oscilar entre ciertos límites la cantidad de aquellas y su calidad. Entre las sales minerales figura una, el fosfato de cal que debe llamar también nuestra atención, para el Dr. Delatare este producto es el cimiento que debe dar á la proteina en la célula animal su forma definitiva, porque el fosfato de cal, es la única sal calcarea, sus- ceptible de resistir á las continuas influencias del medio interno. En efecto, el sulfato, el carbonato, y los demás cuerpos análogos, serían disueltos y destruidos bajo la influencia del líquido ambiente, mientras que el fosfato por el contrario resiste á las sales alcalinas; aún más, solo es estable en el seno de los líquidos de esa "reac- ción, como acontece con la sangre. El fosfato de cal se impone, pues á los glóbulos por sus propiedades quími- cas tan bien definidas. Las sustancias llamadas hidrocarbonadas enciérran- se también en los organismos elementales, formando los cuerpos anillo azucarados estos productos aunque con caracteres distintos, están relacionados por su composi- ción química, lo cual hace suponer que todos están cons- tituidos por un principio organizado y único, pertene- ciente por su composición á los hidratos de carbono, y en el que por lo tanto, el hidrógeno y el oxígeno están en proporción adecuada para fornar agua. Las materias amiláceas hidrocarbonadas tienen una significación fisiológica notable en la vida de los glóbu- 40 los porque pueden metamorfosearse las unas en las otras por la adicción de aliamos átomos de agua, con- tribuyendo de ese modo á suministrar á las células los materiales que le son indispensables para cumplir las diferentes funciones que tienen que desempeñar. Las grasas que se distinguen porque en ellas el oxi- geno no se halla en proporción bastante respecto del hidrógeno para formar agua; ya por ser menor su canti- dad, ya por faltar en absoluto en algunas, constituyen elementos componentes de las células, formando ácidos grasos en estado libre, unas veces; otras, unido a las ba- ses, formando jabones, y otras, en fin, á la glicerina, dando origen á las grasas neutras; de todas estas las más comunes son la oleiiha, la margarina, la estearina y la palmitina; frecuentemente se encuentran las grasas en el interior délas células del tejido conjuntivo "y del nervioso, acompañando á muchas otras producciones histogenóticas y en estado líquido más ó menos acen- tuado, según la temperatura ele los órganos que forman. ; Después de examinar los cuerpos temarios que en- tran en la composición dé las células, fijando su signifi- cación para la vida de las mismas, réstanos estudiar ahora los productos cuaternarios; entre los cuales, por el orden de importancia, la albuminCCes una de las que mayor la tienen, pues este principio es casi característi- co del glóbulo; jamás se encuentra en él sustancia colá- gena ó gelatina, que parece, por el contrario, ser propia de los elementos no fijados. Las sustancias albuminoi- des predominan al principio del desarrollo celular, hasta que el progreso de este determina la formación de los derivados de aquella. No hemos de recordar aquí to- das las propiedades químicas de los albUminoideos de que se hace cargo la Histoquimia; señalaremos tan solo las que tienen relación más directa con la funcionalidad, siquiera dichas propiedades y esta funcionalidad sean incomprensibles sin el conocimiento de todas aquellas. Las sustancias albuminoideas son coloideas, carácter que les permite conservar la forma específica délos ele- 41 mentos anatómicos. Se dejan empapar por el agua; cuando esta se halla ligeramente acidulada, lo cual les ° .... * hace mantener en un estado de similiquidez en la ma- yor parte de los tejidos. Pasan fácil y rápidamente de un estado á otro, liquidándose ó coagulándose sucesiva- mente en el seno de los organismos. Su difusión se detiene por las sustancias cristaloides. Tienen gran ten- dencia á unirse con otros cuerpos, como las grasas y fos- fatos de cal que retienen y sujetan con enerjía. Son fácilmente asimilables, descomponibles y eliminables por los organismos, lo cual hace que la parte que to- man en la constitución de los tejidos sea- inconstante, y variable; pero en cambio tienen derivados que luego es- tudiaremos y que son más permanentes. Dice el profesor Küss, que la combinación íntima de la albúmina, de la grasa y del agua, parece ser uno de los fenómenos esenciales de la vitalidad del glóbulo; cuando este llega á su madurez, los cuerpos grasos se acumulan y se les ve entonces, únicamente, aparecer en estado libre bajo la forma de perlas esféricas, dando á la célula un aspecto opaco. Esta aparición debe mirar- se casi siempre como un signo de muerte próxima, ó que va bien pronto á caer el glóbulo en descomposición, ó á dar nacimiento á toda una generación de elementos jó- venes en los que la grasa estará disimulada. Así la- abundancia de albúmina y agua en los glóbulos, carac- terizada por una gran transparencia es un signo de vi- da, mientras que el esceso de grasa con opacidad es un atributo de muerte. Excéptúanse de lo expuesto pol- lina parte las células adiposas, que tienen un papel par- ticular que llenar, y notablemente el de almacenar ma- teriales combustibles, y por otra el óvulo, que en deter- minados animales contiene una provisión nutritiva bajo forma de grasa; pero aparte de estos casos, se puede de- cir que todo elemento normal ó patológico que se infil- tra de grasa está destinado á perecer y aun á estinguir- se por reabsorción. Siendo nuestro deseo completar lo más posible el 42 estudio que estamos haciendo, vamos ahora de acuerdo con el Dr. Wundt á formular un paralelo entre la com- posición química de las células vejetales y animales. Io Las sustancias albuminoideas que aparecen des- de el origen de las células, son idénticas, ó casi idénti- cas en ambos reinos. 2? En las células animales se encuentran, como parte integrante de los tejidos, sustancias que derivan de las albuminoideas las que nunca se ven en las veje- tai, mientras que las sustancias mucilaginosas y los fermentos, se encuentran en los elementos anatómicos de uno y otro reino. 3? Unas y otras tienen bases azoadas, más enérgi- cas en las animales que en las vejetales, variando mu- cho en estos y presentándose las mismas en todo el reino animal. 4? Unas y otras forman ácidos que nunca son azoados en los vejetales y que en los animales pueden serlo ó no. 5? Las células de uno y otro reino elaboran sustan- cias neutras, siendo comunes á unas y otras, las que se producen en las animales, ofreciendo por el contra- rio las vejetales algunas que le son propias. 6? La animal confecciona ciertos cuerpos nitrogea- dos y aceites etereos que no se hallan en las vejetales. 7? El agua como componente de las células se en- cuentra en las de ambos reinos pero es más abundante en las vejetales. 8? De los gases oxígeno, ácido carbónico y amo- niaco que se hallan en las células, es por lo común más abundante el oxígeno en los animales y el ácido carbó- nico en las vejetales, notándose además que el predo- minio de tal ó cual gas, está más sujeto á alternati vas regulares en las vejetales que en las animales. Hasta aquí hemos examinado la composición quími- ca de toda la unidad viviente en conjunto, pero hoy la ciencia ha progresado algo más, y gracias á ello, se es- tudian por separado la constitución de cada una de las 43 diversas porciones que constituyen á la célula llamada completa por Koelliker, análisis de la mayor importan- cia y para nosotros de interés capital, por cuanto que nos facilita estudiar la vida en los organismos elemen- tales. La cubierta ó ectoblasto de L. Agassiz, consiste en una sustancia nitrogenada, que en las células jó venes es indudablemente una combinación proteica, como lo de- muestra su solubilidad en el ácido acético, en parte aun en frío; y en los álcalis cáusticos diluidos, pero des- pués la membrana de gran número de células se hace insoluble, aproximándose más ó menos á la sustancia del tejido elástico, sin transformarse en esta última, co- mo afirma el célebre Dr. Donders, pues ni posee en tan alto grado la propiedad elástica , ni tiene las afinidades de la elastina por el ácido picrico, cosina, etc. Goza la cubierta aistable de las células, de gran re- sistencia á la digestión artificial, por todo lo cual puede pensarse, que la membrana globular es constituida por plastina en otra sustancia análoga. El protoplasma está formado por una materia; mez- cla de multitud de principios albuminoideos, solubles los unos; insolubles los otros y asociados á gran canti- dad de sales y principios ternarios, materia que tiene por caractéres distintivos el coagularse por el calor á mo- deradas temperaturas á unos 50?, el hacerlo después de la muerte y verificarlo también por medio del ácido ósmico, crómico, picrico, bicromatos alcalinos y el alco- hol, productos que tienen á su vez la propiedad de en- durecerla. Posee además el protoplasma la cualidad de des- prender vapores amoniacalas cuando se le quema y el de teñirse de amarillo por el iodo, en rosa por el ácido sulfúrico y azúcar, y en rojo por el nitrato ácido de mer- curio. Disuélvase en la potasa diluida y en el amoniaco, dándole el ácido acético estrema transparencia semidi- solvi 'ndolo. Según Reinke, el protoplasmr del Taligo séptica en 100 partes de materia seca, contiene 30 de sustancias azoadas, 41 de principios ternarios y 29 de cenizas. En el protoplasma debemos examinar primero la composición de su porción más ó menos fluida y luego la de la parle sólida ó granulaciones que contiene. El líquido viscoso que le constituye está compuesto por una materia albuminosa particular, que se coagula después de la muerte, y á una baja temperatura, sien- do esta para el Dr, Frey la miosina; además encuéntra- se en el protoplasma, otras sustancias albuminoides, que se coagulan á una temperatura poco elevada, va- riando entre 35 á 5O3 centígrados; aumentando de vo- lumen en el agua pero que no se disuelven, y con estas probablemente también se halla la lecitina: de igual modo la vitilina, peptonas, guanina, sarcina, xantina, etc. Contiene así mismo muchas veces fermentos co- mo se ve en el protoplama de las células pepto-gástri- cas que encierran pepsina en tanto que otras poseen diastasa, emulsina, fermento inversivo, fermentos coa- gulantes. Algunas contienen productos hidrocarbonados como acontece con la sustancia glicogénica para las hepáticas y otras materias grasas, las que unas veces penetran del exterior y otras se forman en el protoplasma á expen- sas de un cuerpo albominoide celular. Los componentes minerales se hallan representados por el cloruro de sodio, el fosfato de magnesia y de po- tasa, la cal en combinación con los ácidos láctico, acé- tico, fórmico, oxálico, fosfórico sulfúrico y carbónico y el agua ya de imbibición, ya de constitución, asociada á las referidas materias. Ahora bien, la topografía de los principios indica- dos, no puede precisarse dentro del protoplasma, solo se sabe que la plastina abunda en el retículo y que los al- buminoides se hallan en gran parte disueltos en el en- quilema. Las granulaciones que se presentan aprisionadas en 45 el protoplasma, en mayor ó menor número, están cons- tituidas, ora por.sustancia albominoides coaguladas, ora por granulaciones grasicntas, ora por materias coloran- tes, como por ejemplo, la melanina, ya por sustancias minerales, de las que debemos exponer, que á excepción de las sales calcáreas, no se haya nunca materia inor- gánica sólida en el cuerpo de las unidades vivientes. En los glóbulos experimenta el protoplasma trans- formaciones, cambios químicos notables, á expensa de su evolución, así los hematíes embrionarios se modifi- ca n en su modo de ser hasta que se encuentran consti- tuidos por la globulina unida á la hematina; otros per- diendo el agua que contienen, se transforma la materia celular en un producto sólido, pero siempre del grupo de los aibuminoides, advirtiendo, según Frey, que los derivados de los aibuminoides, conocidos con la de- nominación de sustancias colágenas, no entran ja- más en la composición del cuerpo de las células anima- les. El protoplasma endurecido que se observa en las partes circundantes, para formar la capa cortical , debe- mos decir que resiste poco á los ácidos y á los álcalis. La composición del núcleo es tan interesante como la del protoplasma, aunque menos conocida. El jugo nuclear, materia-semi-líquida que los forma, transparen- te en los núcleos vivos, algo granulosa en los conserva- dos en alcohol ó en el ácido crómico, la que ocupa todo el espacio limitado por la membrana nuclear se tiñe mo- deradamente por el violeta de dalia, zafranina, carmín y hematoxilina, sustancias que apenas coloran el enqui- lema del protoplasma, posée además las reacciones de los productos aibuminoides y es probable también que participe de la composición del protoplasma, pues los ácidos la palidecen, el reactivo de Millón la, colorea en rojo y producen en ella precipitados, el alcohol, el ácido crómico, los bicromatos, etc. Los reactivos acusan igualmente en el núcleo, además de las materias comunes al protoplasma, un producto especial que le da expresión propia; este producto es un 46 compuesto proteico fosforado, caracterizado por su inso- lubilidad en el agua, su resistencia al jugo gástrico y ácidos diluidos, su solubilidad en el ácido nítrico y clor- hídrico y su afinidad por el verde de metilo: producto nuevo llamado por Miescher, nucleína y por Flemming, cromatica. Encierra, además, el núcleo, cierta cantidad de plás- tica localizada en la red acromática y en la membrana, siendo esta última insoluble en el agua, en el éter, en el alcohol, en el ácido clorhídico diluido al 3 por 100, como asimismo en el cloruro sódico, en las bases y áci- dos enérgicos y en el licor artificial digestivo. Caracterizasen los nucléolos verdaderos, por que la materia de que están compuestos no es la nucleína, pues- to que carece de las propiedades distintivas de esta, to- da vez que el agua, no la hincha, ni los álcalis la disuel- ven, ni los ácidos le dan mayor resalte, ni el cloruro só- dico la destruye. A la inversa del glomérulo, que casi siempre exijo la aplicación de agentes tintóreos que lo releven, el nucléo- lo puede examinarse muy bien en estado fresco, siendo la acción de los reactivos perjudicial para su estudio, puesto que casi todos los alteran y palidecen á excep- ción del agua que conserva perfectamente su disposi- ción, prestándole un contorno vigoroso y evidenciando su extractara íntima. Para los Síes. Frey y Koélliker la materia propia del nucléolo es una sustancia constituida por la grasa, más las observaciones de Ranvier se oponen á ello, por cuanto su fácil coloración por el carmín y su solubilidad en la po- tasa, demuestran que no se trata de aquel producto, pues la grasa no presenta esas reacciones distintivas. Tales son los datos que la ciencia nos presenta hoy relativos al análisis de cada una de las distintas partes de la célula, debiéndose las grandes lagunas que hay que llenar, por una parte, á las dificultades que se en- cuentran para aislar las unidades vivientes y por la otra, á las no menos que existen para someter separadamen- te á la investigación química, la. cubierta, el protoplas- ]na, el núcleo y el nucléolo. De todas las propiedades relativas á su composición, la más importante y á la vez la más esencial que pre- sentan los focos de vida, es la tenacidad en mantener su constitución, á pesar de los medios ambientes; su .fuerza para rechazar ciertas sustancias y para asimilar- se otras, por una verdadera selección, esta es la causa, por la cual, colocando en una atmósfera seca un glóbu- lo vivo, no pierde su agua de constitución, de ese modo las cédulas del tegimento, tanto en los animales, como en las plantas, mantienen en el interior del organismo la humedad precisa para la vida. Por igual motivo el glóbulo sanguíneo, rico en potasa y en fosfatos, se halla en un líquido casi del todo privado de las sales, expues- tas aunque abundantes en sosa, y sin embargo, él retie- ne su potasa y rechaza la sosa, por un verdadero fenó- meno de repulsión; por ello también el hematíe á que nos referimos se carga de oxígeno en el pulmón y es luego su vehículo á través de la economía. Citemos, además, el epitelio de la vijiga urinaria, que se opone por completo al paso de la orina á través de las paredes, hecho que se efectúa seis ó siete horas después de la muerte del sujeto, tan luego como el epitelio ha cesado ile vivir. Al lado de estos importantes fenómenos que pudié- ramos llamar de rechazo, hay otros no menos interesan- tes en los que el glóbulo, por el contrario, favorece el paso; así el epitelio intestinal, en un momento dado, y bajo la excitación del jugo gástrico, deja pasar los ali- mentos elaborados con tal rapidez, que hace casi impo- sible el estudio de este fenómeno. En todos ios casos enunciados, los fenómenos pasan sin embargo, en virtud de las acciones de afinidad que se cumplen gracias á las leyes formuladas por Wencel y Ricter en 1777 y 1792 óla de Daltón en 1877. por lo que con razón ha dicho Cláudio Bernard, que en reali- dad solo hay una física y una química, en los que se 48 comprenden todas las manifestaciones fenomenales de la naturaleza, así de los cuerpos vivientes, corno de los muertos, sublime verdad con que terminamos y que lie- mos de ver demostrada constantemente, á medida que progresemos en el estudio que hemos emprendido. LECCION IV La vida en las unidades vivientes como en los organismos complejos, vastos mecanismos que resultan de la coordinación de otros secundarios, exije para existir, conforme ha dicho Conde, dos circunstancias in- dispensables, el ser que vive y un medio en qué hacerlo, debiendo encontrarse precisamente entre uno y otro fac- tor, determinada compatibilidad, cierta correspondencia. La vida celular resulta, pues, de dos series de con- diciones, las intrínsecas del foco de vida y las extrínse- cas ó del medio. Estas últimas son numerosísimas, de- licadas y variables, si se las quiere precisar con todos sus detalles. En verdad que sería necesario hacer la historia de cada organismo de primer orden, para llegar á su completo conocimiento; planteado el problema en es- ta forma, sería ingrato, ímprobo, casi irrealizable. Pero no es así como debemos considerarlo. Las con- diciones extrínsecas esenciales, lejos de ser infinitamen- te variadas, son poco numerosas y las mismas para todas las células animales y vegetales. Este es un hecho ca- pital sobre el que nunca se insistirá bastante. Nada demuestra mejor la unidad, es decir, la identidad de la vida desde un extremo á otro de la escala de los seres, como la uniformidad de las condiciones necesarias á sus manifestaciones biológicas. Estas son: la,Ia, humedad; 2a, aire; 3a, calor y 4a, cierta constitución química in- variable del medio nutritivo. Si la célula es libre, si se trata de un ser mono-ce- 50 hilar, deberá encontrar para vivir, las circunstancias enumeradas en el medio exterior en que está sumergida. Si no es libre, si forma con otras, confederaciones celu- lares, en una palabra, organismos complejos, los hallará en el medio interno; siendo así el resultado el mismo, pues en este, se encuentran reunidas las condiciones co- munes de que acabamos de ocuparnos. Expuesto lo que precede, examinemos sucesivamente cada una de las condiciones extrínsecas, ó físico-quími- cas necesarias á las manifestaciones de la vida celular, ó lo que es igual, de la vida total del organismo. El agua, que no es para nosotros lo que fue para Tales de Mileto, constituye no obstante, como ha dicho Grirardin, una sustancia sin la cual la vida se extinguiría en la superficie del globo, volviendo todo á ese caos mis- terioso que ha marcado la infancia de los mundos. Ella es, por tanto, un elemento indispensable de los cuerpos vivos, así vegetales como animales, porque las células de todos los séres son acuáticas, puesto que viven en un medio que tiene al agua por componente esencial. Sea cualquiera el organismo que se considere, el lí- quido que nos ocupa constituye un elemento principal de su actividad. Sí el vegetal ó el animal se deseca, siendo la misma todas las demás circunstancias, se sus- penden sus funciones y entonces pueden presentarse dos casos; ó el animal muere definitivamente, ó su vida se paraliza solo de un modo momentáneo, en cuya condi- ción al restituirle el agua, despierta, en una palabra re- sucita. Los animales de organización superior, en vir- tud de la delicadeza de sus elementos histológicos, no pueden volver á la vida después de su desecación, pero no sucede asi con los comprendidos en los grupos infe- riores. Este hecho de suyo capital, ha sido observado por los fisiólogos desde época remota, llamándose á los séres que la presentan, con el nombre de reviviscentes, ó resucitantes. Los vegetales nos ofrecen ejemplo de la necesidad del agua para el cumplimiento de sus funciones, así duran- 51 te una* sequía considerable y por algún tiempo prolon- gada, las plantas se marchitan apareciendo todo como muerto en las praderas; pero viene la lluvia y la vege- tación se repone en breves días. Las semillas están sometidas también á estas con- diciones. Desecadas ánn grado determinado, la vida se apaga en ellas y pueden permanecer por mucho tiempo en ese estado de inercia. Se ha utilizado la desecación para conservar el trigo en estado de inactividad absolu- ta, sin hacerle perder, no obstante, la facultad de ger- minar, por ello, los granos de esa planta encontrados en las Pirámides de Egipto han permanecido considerable nú- mero de años sin dar señales de vida, y puesto luego en condiciones de humedad bastante, han germinado pro- duciendo frondosas plantas. El fenómeno á que nos re- ferimos de conservación secular, no pertenece exclusi- vamente á las gramíneas, pues Girardin, extrajo del hervario de Tonrnefort, semillas de judías que se desa- rrollaron en nuevos séres, tan luego como fueron colo- cadas en circunstancias de medio. Lindley ha presenta- do á la Sociedad de Horticultura de Londres frambuesas, procedentes de semillas depositadas diez y ocho siglos antes en una tumba céltica, y en 1824 se cultivaron en el Jardín de Plantas de París, simientes de mimosa pú- dica recolectadas en 1738 en Santo Domingo. Estos hechos de resistencia más ó menos considerables, des- pués de todo,, no indican ninguna virtud misteriosa en los vegetales que la poseen; pues tienen su explicación en las modificaciones y alteraciones físico-químicas, más ó menos fáciles de las sustancias de la planta. Los estados sucesivos de vida latente y de revivi- sencia pueden observarse en el curso de una misma ger- minación, lo cual probó Saussure del modo siguiente, tomaba cebada en plena germinación; desecaba las semi- llas y la germinación se suspendía, las humedecía des- pués y la germinación continuaba su curso. Los mismos fenómenos se observan en los organis- mos vegetales, microscópicos agentes de las fermenta- 52 ciones, dejando confirmado satisfactoriamente el hecho Cláudio Bernard después de múltiples y variados es- tudios. En Jos animales resucitantes es, sobre todo, en don- de la influencia del agua sobre los fenómenos biológi- CV o eos es más evidente; aquellos son bastantes numero- sos y por la humedad manifiestan todos los atributos de la vida, después de haber estado privados de ella por la desecación durante más ó ménos tiempo. Tal sucede con muchos infusorios; pero los más notables animales reviviscentes son los rotíferos, los tardígra- dos y las anguilillas del trigo atizonado. En 1701 fué Leenwenhock el primero que habló de los rotíferos y expuso la notable propiedad á que nos referimos, los mencionados animales se encuentran en diversas condiciones en la tierra húmeda y en los mus- gos, observándose mejor la reviviscencia en los rotíferos de los tejados. Expuestos á variaciones higrométricas, viven ya en el agua que baña la arena de las canales, como verdaderos seres acuáticos ya como lombrices. Cuando les falta el agua se desecan de tal modo que se confunden con el polvo vecino y de esa manera pueden ser arrastrados por los vientos, permaneciendo momifi- cados por espacio de muchos meses, ó de muchos años, no perdiendo sin embargo su derecho á la vida, y por eso, cuando se vierte agua, sobre tales seres por tanto tiempo ya inertes, se les ve resucitar apareciendo de nuevo todas las manifestaciones activas. En 1743 Needham descubrió otros animales revivis- centes, las anguilillas del trigo atizonado y Spallanzani encontró esta misma propiedad en los seres que llamo tardígrados, los que corresponden á los géneros actua- les macrobios y emydios. El despertar de la actividad vital en individuos que parecían reducidos á momias, que habían perdido por la desecación, la forma, la disposición, el volumen de sus órganos, produjo como no podía menos de suceder 53 en su tiempo, profundas discusiones, en lasque no nos detendremos porque no es ese el objeto que nos propo- nemos. La cuestión para nosotros es otra. Los hechos re- feridos antes y estudiados sobre todo por Davaine en el nematodo llamado anguillula tritici (anguililla del tri- go atizonado), prueban bien el capital papel del agua en la vida de los organismos elementales; papel que se ex- plica perfectamente, si se recuerdan las condiciones de los fenómenos y la movilidad, ó mutabilidad de mate- idas que exigen. El agua es el vehículo- de estas sustan- cias disueltas, yla disolución, ó á lo menos, el estado líquido, es la condición de la producción de los fenóme- nos físico-químicos que se realizan necesariamente en todo cuerpo vivo. No solo requieren los organismos el agua, con po- seerla, no lo tienen todo, es indispensable ademas que esta se encuentre en cantidades convenientes. En efec- to; es preciso que el cuerpo á que nos -referimos, en que moran los organismos elementales, se halle en pro- porciones definidas; si así no sucede, las células pierden todas sus propiedades, de igual modo acontece si exis- ten ciertas sustancias en la constitución del medio in- terno. Se sabe que las ranas no se conservan indefini- damente en la misma agua; sus carnes enflaquecen, se ablandan y su piel se convierte en habitación de ciertos parásitos. Si se disuelve en el agua una pequeña can- tidad de cloruro de sodio, los dichos Lastrados se conservan por más tiempo, sin duda porque la sal ma- rina modifica la propiedad osmósica del líquido y su acción sobre los tejidos. Del mismo modo si en los in- testinos de las ranas también se inyectan grandes can- tidades de azúcar, el animal experimenta accidentes muy notables, la córnea se pone opaca, el cristalino también sufre igual transformación y el individuo que- da ciego. Obedece el fenómeno indicado á que por las leyes de la osmosis, la solución de azúcar priva al or- ganismo de gran cantidad del agua que necesitan los tejidos para mantener en estado de integridad sus pro- piedades físicas. El cuerpo que para Anaximenes era el principio fun- damental de lo creado, no es menos necesario á la vida que el agua. El medio debe ser aereo; es decir, que debe contener la parte activa del aire atmosférico, el oxígeno, en el estado conveniente para que los organis- mos elementales puedan apoderarse de él. Los seres reviviscentes desecados, recobran la vida en presencia del agua si esta tiene aire disuelto, pero si carece de él, no es ella bastante por si sola, para de- volverle sus propiedades biológicas, se puede fácilmen- te demostrar lo que decimos, colocando las anguilillas del trigo atizonado, ó cualquiera otro de los animales aludidos, no en el agua ordinaria, sino en el agua her- vida,, es decir, exenta de gases y se verá que el animal no recobra su movilidad, sino que permanece inerte. Si se depositan semillas de gramíneas ú otras plan- ) tas en una esponja mojada, y esta se coloca debajo de una campana de vidrio, sobre mercurio, á temperatura conveniente se efectúa la germinación en tanto que el vegetal puede absorver oxígeno; pero cuando la cam- pana no contiene, sino ázoe y ácido carbónico, porque1 se lia consumido el cuerpo comburente la germinación se detiene; si se renueva el aire, la vegetación principia otra vez. El aire es indispensable á todos los organismos ais- lados ó elementales. La excepción á esta ley no es más que aparente, La necesidad del aire, es decir, del oxi- geno es capital para la vida. Todo lo que vive, res- pira. En efecto, así deben ser considerados los infu- sorios citados por Moreau de Marsella que vivían sin aire, y los hechos de la fermentación desarrollada por la levadura de cerveza introducida en un líquido priva- do de aquel cuerpo, como así mismo, lo que se asegura en igual sentido de determinados elementos anatómicos; á estos seres son á los que Mr. Pasteur conoce con el nombre de fermentos anerobios; pero ¿es cierto que 55 «existen tales organismos? No, tomemos la levadura de cerveza como ejemplo y con ella quedará probado nues- tro acertó: si la ponemos en una disolución azucarada ■extendida superficialmente, respira como todos los se- res vivos, tomando el oxígeno y restituyendo el ácido carbónico á la atmósfera, sin atacar como dice Mr. Pas- tear la disolución azucarada en que se encuentra; pero si la situamos en la profundidad de un líquido, de modo que no pueda esparcirse en la superficie yen cuyo lí- quido el aire no puede penetrar, entonces respirará to- davía, pero lo liará de otra manera; en tal circunstancia no toma oxígeno libre, puesto que no lo hay, entonces se apodera del oxígeno de la materia circundante, es de- cir del líquido azucarado, en que está sumergida y de- termina la fermentación. De igual manera se conducen los vibriones que presiden á la transformación del áci- do láctico en ácido butírico, y á la descomposición del tartrato de cal; como estos casos pudiéramos citar otros muchos, por lo que Mr. Pastear dice; que la fer- mentación no es más que la consecuencia de la impasi- bilidad en que se encuentran los elementos anatómicos de vivir sin oxigeno. El oxígeno como el agua, debe encontrarse pea* otra parte en proposiciones definidas y variable solo entre límites muy estrechos. Tan nocivo podría ser su exce- so, como su falta. Este hecho ha sido puesto fuera de toda duda por Mr. Bert, quien ha demostrado que el oxígeno puro es tóxico en ciertas condiciones; basta aumentar ó disminuir hasta más allá de ciertos lími- tes la proporción de oxígeno, lo cual puede hacerse con solo aumentar ó disminuir la presión de este gas, para provocar accidentes más ó menos terribles. EÍ oxígeno no desempeña, pues, cumplidamente su papel, sino á condición de encontrarse en proporciones convenientes; el cambio de estas relaciones es incompatible con la vida. El calor es otro de los factores indispensables para la existencia, pues tanto en los vegetales como en los 56 animales se sabe que cada función se ejerce solamente en limites de temperatura extrictamente determinada. Los especiales estudios de Saeli hechos en las plan- tas en 1864, le permitieron asegurar que ninguna fun- ción principia á realizarse en los vegetales hasta que la temperatura no llega á un grado determinado sobre el punto de congelación de los jugos celulares, y que las funciones cesan desde que el calor excede de otro grado prefijo que parece que no puede elevarse de un modo duradero más allá de 50. La solidificación del agua tiene lugar á o°, pero las soluciones salinas pueden so- lidificar á una temperatura notablemente inferior á la del agua pura, lo que debe suceder en los líquidos vege- tales intracelulares’é intercelulares, como lo comprue- ban ios hechos siguientes: En 1871 üloth vio germinar semillas de Acer pletanoides y de Triticum que habían caído en una nevera, echando raíces entre los fragmen- tos del hielo, y se sabe además que el Protococcus ni- valis se desarrolla en terrenos helados. Esto respecto á las bajas temperaturas. Por lo que toca a las altas, su influencia depende de las condiciones en que interviene, y en particular, de la cantidad de agua contenida en los tejidos. Si éstos han sido previamente desecados con precaución y lenti- tud, pueden soportar, sin ser destruidos en definitiva, una elevación de temperatura bastante considerable, por ello es que se han hecho germinar granos de trigo seco que habían sido sometidos durante una hora á una tem- peratura de 70°, los que si hubieran estado húmedos no habrían resistido á una de 55°. Hay, pues, para cada organismo vegetal, elemental ó complejo, límites de temperatura entre los cuales son únicamente posibles sus funciones. Debiendo agregar que aun dentro de estos límites, hay una temperatura fija en que sus actividades son mayores, y que por en- cima ó debajo de ella, se aminora progresivamente has- ta extinguirse. No es menos importante la influencia de la tempera- 57 tura sobre la vida animal. Se sabe que hay para cada ser de esta clase, un punto medio que corresponde al máximo de energía vital, y esto es exacto no solo en los individuos adultos, si que también, en el huevo y en el embrión. El huevo aunque exije un calor dado para su desarrollo, sin embargo, soporta oxilaciones bastantes extensas, no modificando el grado término dentro de los límites fisiológicos, mas que la duración de la evo- lución. Para los animales superiores, los mamíferos, la tem- peratura compatible con la vida, está comprendida entre límites muy estrechos, no queriendo esto decir que el me- dio exterior esté libre de cambios mas ó menos notables, sino que el medio interno en donde realmente viven los elementos anatómicos, la sangre, presenta un grado de calor determinado y muy poco variable. Observando ciertas precauciones operatorias, pueden modificarse experimentalmente las circunstancias de la vida, y hacer que un ser contenido entre ciertas barre- ras técnicas, las traspase, sin dejar por eso de vivir; es- tas condiciones indispensables son; el que las adapta- ciones se hagan de una manera lenta y gradual. Balbiani ha dado de ello un curioso ejemplo. Se sabe que existen anguilillas acuáticas que no son reviviscentes; pues bien, deséqueselas, y no se las ve ya reanimarse cuando se las humedece: pero si en lugar de obrar brus- camente, se procede con mucha lentitud, y de primera vez no se eleva rápidamente la desecación á un alto grado, entonces las anguilillas resisten y pueden adqui- rir la facultad de revivir. Se puede, pues, conferir, por medio de pruebas lentas y graduadas, un hábito fisioló- gico que expontáneamente no existía. Róstanos, para terminar, examinar la cuarta y últi- ma condición extrínseca de la vida de los glóbulos. Este factor tan capital como los otros, es; la reunión de ciertos principios químicos en el medio; en efecto: ade- más del agua, del aire y del calor, la célula, el ser vivo, exije para poder realizar sus funciones la existencia en 58 el medio de los productos á que nos referimos, pues sin ellos, los organismos elementales, libres ó asociados no podrían nutrirse y vivir. Estas sustancias son las mismas que se encuentran en la constitución de todos los seres vivos, á saber: 1? Cuerpos azoados cuaternarios. 2? Cuerpos ternarios (azúcares, grasas, etc., etc.) y 3? Cuerpos salinos (fos- fato de cal, etc.) Para que la vida se realice, es necesario que cada uno de estos tres grupos se encuentre representado en el medio intercelular ó en el medio interior, que es tanto mas complejo y delicado, cuanto mas elevado es el ser. En cuanto á los cuerpos de cada grupo que son precisos y á las proporciones en que deben entrar en la composición del medio, varían según el grado de elevación del organismo, Matica3s son estos delicados y por lo tanto difíciles de aquilatar. El hecho general, en el que debemos insistir, es; la necesidad imperiosa de esas tres clases de sustancias, abstracción hecha de las cantidades y las formas en que deban aparecer. Por el conocimiento profundo de esta necesidad, es por lo que se han llegado á constituir artificialmente medios propios a la vida de ciertos organismos elemen- tales, Mr. Pasteur ha preparado uno de esa clase, per- fectamente adecuado al funcionamiento de la levadu- ra de cerveza, disolviendo en agua carbonato de amo- niaco, fosfato de cal y azúcar; y uno de sus mas aventajados discípulos Mr. liaulín, ha obtenido igual- mente medios cenvenientes al desarrollo de ciertos hon- gos, estudiando en éstos los efectos de las modificaciones originadas por la agregación de diferentes sustancias. Hemos concluido el estudio que nos proponíamos relativos á las condiciones extrínsecas de la vida celu- lar, pero antes de finiquistar, creemos un deber exponer, que dado el modo de obrar del agua, del aire, del calor, y la constitución nutritiva del medio en la determina- ción de las manifestaciones de la vida en los elementos anatómicos, puede asegurarse con el célebre profesor 59 Kuss; que las acciones que producen en los seres vivos, son físico-químicas y exactamente las mismas que pro- vocan en los cuerpos inorgánicos, demostrando todo ello la tendencia asignada por de Blainville á la fisiología contemporánea, de referir los fenómenos biológicos, á las leves generales de la materia. LECCION V El sabio maestro, el inolvidable Cláudio Bernard ha dicho con razón, que el nudo gordiano en el conocimiento de la Fisiología celular, lo constituye el análisis délas con- diciones intrínsecas de la vida de los elementos anató- micos, y en verdad que es ese examen tan importante como escabroso, tan capital como erizado de múltiples dificultades tanto más hoy, que el estudio de los micro- bios es un capítulo de la Fisiología General, como sos- tiene el erudito actual profesor del curso de Fisiología en la Facultad de Medicina de París, en la página se- gunda de su programa sumario del año próximo pasa- do, y por tanto con más razón parte integrante de la ciencia que nos proponemos conocer, toda vez que entre la célula y los referidos microbios, existen propiedades comunes, como entre otros, lo sostiene así; Mr. Charrán en un interesante trabajo original publicado hace pocos días. Numerosos son los puntos de contacto entre las bac- terias y los elementos anatómicos, al extremo que solo podrán extrañarse de ello, los que no tomándose el tra- bajo de reflexionar, no han visto las afinidades que la his- toria natural impone, aparte de la experimentación y de los hechos clínicos. Desde luego no considerando más que la forma vemos como esos séres son, los unos y los otros, mono-celula- res, poseen un protoplasma granuloso con reactivos que son á todos comunes, mientras que otros permiten la distinción de ambas células. 62 La existencia del núcleo en las bacteriaceas, es aun discutible por lo que la opinión de Butschli no puede admitirse en absoluto. La limitación del núcleo es de- masiado vaga, toda vez que no ha sido descubierto en vía de segmentación por un processus de Kariokirnesis, y la falta de crolófila en los elementos que la constitu- ye, las aproxima más á los glóbulos que á las células vegetales. o # Las semejanzas aumentan considerablemente, si se aborda el mecanismo de las acciones vitales, los señores Arnaud y Charrin, lo han demostrado así, de modo sa- tisfactorio con el bacilo piocianico y como dichas pro- piedades son análogas á los unos y á las otras, entremos de lleno en su examen ; Las condiciones á que nos referimos, la forman las cualidades biológicas y como en casos intrincados el método es lo único que nos facilita la resolución de determinados problemas, es por lo que nos permitimos principiar este estudio, exponiendo cuáles son las pro- piedades de orden orgánico que debemos examinar en las unidades vivientes. Según el insigne catedrático de Histología que fue hasta hace poco en la Facultad de Medicina de París, el eminente Carlos Robín, las propiedades biológicas de los organismos elementales, son cinco: la natilídad, la nu- trilidad, la ovoliitilidad y la neurilidad y como estos ac- tos los ejecuta todo ser vivo, podemos dividirlos en fun- ciones de reproducción, natilidad, funciones de nutrición, nutrilidad y evolutilidad y funciones de relación, nioti- lidad y neurilidad. Con tal base, entremos de lleno en el estudio que pre- tendemos hacer, con tanto más motivo, cuanto que la vida debe ser para nosotros el carácter esencial del gló- bulo. La célula nace, evoluciona, y después de un tiem- po variable desaparece por transformaciones distintas, pero los fenómenos que constituyen las metamorfosis y el funcionamiento del elemento anatómico solo se veri- fican bajo la influencia de determinados exitantes por 63 que la materia viviente como cualquiera otra, es por sí inerte conforme expuso el eminente discípulo del gran Magendie, debiendo entenderse dicha propiedad en el sentido de considerarla como desprovista de toda espon- taneidad; en efecto aun el mismo glóbulo nervioso, que á primera vista parece gozar de completa espontanei- dad, solo trasmite, refleja las excitaciones, (ó irritacio- nes) que ha recibido de diversas -fuentes. Los hechos que á un examen superficial parecen el resultado de la espontaneidad nerviosa, solo son, en suma, acciones reflejas; pero la materia viviente, sino es espontánea en sus acciones, es irritable, y puede de esta manera en- trar en actividad para manifestar sus propiedades par- ticulares. La célula vejeta!, entra en acción por el calor, la luz, la electricidad, que constituyen algunos de los exi- tantes mas indispensables. No son menos complexas las condiciones para el glóbulo animal, en el que, dichas causas excitantes pueden ser físicas, químicas y aun nacer en el interior mismo del organismo; así muchas veces el calor; una quemadura de cierto grado produce rápidos cambios en las células de nuestra corteza, de nuestra epidermis. La principal entre las causas inte- riores, es ciertamente la inervación, ó influencia del sistema nervioso, sobre los elementos vivientes. La circunstancia de ser inerte la materia viviente, aunque si irritable y necesitar por ello de excitantes para sus manifestaciones; es por lo que insistimos en nuestra pasada lección, en el estudio de las condiciones estrinsecas de la vida celular, corroborando esto mucho más, la necesidad del medio para la existencia. Ahora bien; las acciones de los diversos exitantes pueden sucederse y formar un circuito de influencias de naturaleza alterante; así los elementos de las super- ficies, (epitelium epidermis), exilados por causas exter- nas, excitan á su vez por el concurso de los nervios sensitivos, las células nerviosas que por el intermedio de los nervios motores llevan la excitación hacia los 64 músculos ó á otros elementos de las superficies, hácia los epilelios glandulares, por ejemplo, y de esta mane- ra excitaciones llamadas vitales, proceden de excitacio- nes primitivamente mecánicas. Algunos glóbulos poséen excitantes especiales así el óvulo tiene al espermatozoides, único excitante que despierta en él, eficazmente su actividad funcional. Los excitantes pueden obrar con distintas intensida- des; en su grado máximo son capaces de producir inme- diatamente la destrucción del glóbulo; de esta manera actúan los venenos más especialmente sobre tal ó cual grupo de células hasta el punto de destruirlas. La significación y valimento que á la irritabilidad se ha dado en el orden de los tiempos, ha sufrido notables cambios; se la entiende en la actualidad de diferente manera que antes, y está llamada en lo venidero á ex- perimentar no menos importantes modificaciones. Por ello, después de habernos ocupado de dicha cuestión en la forma que lo hemos hecho, debemos examinar aho- ra sus antecedentes históricos y el estado actual de la misma. La palabra irritabilidad apareció por primera vez en el siglo XVII, siendo Glisson que enseñaba en la Univer- sidad de Cambridje de 1634 á 1677, el que la introdujo entonces en la ciencia. Este profesor la consideró como propiedad universal de la materia viviente y la dividió en tres clases fundadas en la clasificación de los fenó- menos á que en su concepto daba lugar y estas eran la irritabilidad natural, la irritabilidad sensitiva y la de- pendiente de la voluntad emanando del cerebro que con- sideraba como un irritante directo de los nervios. Al principio del siglo pasado, Sthal sustituía la idea de la irritabilidad por la de una actividad inherente á la materia viva que espontáneamente se pone en movimien- to. Modo de pensar que no puede resistir á estas dos objeciones: primera, que en los vegetales se notan movimientos provocados por agentes exteriores ines- plicable por la acción de un alma animal, á menos de 65 admitir con Darwin un alma para los vegetales, lo cual era hacer de la teoría de Sthal, ya de suyo bas- tante rara, un conjunto parecido al monstruo pinta- do por Horacio en su arte poética; segunda, ciertas par- tes de los animales separadas del cuerpo de que forman conjunto, reaccionan por algún tiempo contra los agentes exteriores, y como no era posible admitir que el princi- pio anímico de vida fuese divisible, se veían obligados á entender que los tejidos poseen una propiedad común que los acompaña en sus diferentes elementos hasta su destrucción. Sups,. á mediados del siglo pasado admitió que la irritabilidad pertenece también á los vegetales, expli- cándose por ello los movimientos de las anteras y los pistilos. Más adelante estudió Haller la irritabilidad ex- perimentalmente, sometiendo diferentes tejidos á la ac- ción de variados agentes, deduciendo desús observacio- nes dos clases de propiedades vitales, la sensibilidad y la irritabilidad. Ofrecía la doctrina de Haller notables faltas y éstas fueron suplidas con la teoría de la fuerza vital, olvidán- dose por completo la irritabilidad, hasta que Brown, vol- viendo á las antiguas ideas de Gfisson, rompe con la fuerza vital y resucita la irritabilidad con el nombre de incitabilidad y estudia la cualidad y cantidad del inci- tante que vale tanto como irritante. En época posterior, Tiedmaun modificó los términos, creando las palabras excitabilidad y excitantes, que re- presentan respectivamente á la irritabilidad é irritantes, ala incitabilidad é incitante, distinguiendo los excitan- tes entre sí, según que produzcan movimientos enmasa, ó movimientos moleculares. Estudia también la cuestión Borden que distingue muchas formas en la sensibilidad que él llamó sensibili- dades propias de los órganos, dominadas por una común á todas, la sensibilidad general. El sabio fundador de la Anatomía General, Javier Bichat, que en cierto modo se acercaba á Tiedmanu en 66 su modo de opinar, reconocía veinte y un tejidos dotados de propiedades vitales, reduciéndose todas, sin embar- go, á dos modalidades diferentes, la sensibilidad y la contra stilidad. Broussais, sólo aceptaba una propiedad esencial en la materia organizada, la irritabilidad que entrañaba co- mo consecuencia, la sensibilidad, la contractilidad y to- das las demás facultades secundarias. El célebre profesor de Anatomía Patológica de la Fa- cultad de Berlin, Rodolfo Yirchow, profesa opinión aná- loga á la que acabamos de exponer; en efecto, él piensa que los fenómenos vitales, tienen por condición íntima la irritabilidad, término general que comprende la irri- tabilidad nutritiva, la formativa y la funcional. Carlos Robín del que al principiar nos ocupamos, se- ñala en la sustancia organizada, cinco propiedades que él llamó de orden vital, orgánico ó biológico, y las cua- les son solo manifestaciones distintas de la irritabilidad que venimos estudiando. Estas cinco propiedades ya las conocemos, y por lo tanto no debemos insistir en ellas. Resulta de lo expuesto, que á la irritabilidad se la ha considerado como el carácter especial de la materia vi- viente, perteneciendo, por consiguiente, sólo á los séres vivos, y distinguiéndose por ella de los inanimados, pe- ro en la actualidad no pueden diferenciarse precisa y ri- gurosamente las propiedades vitales de la física ó quí- micas de los cuerpos. Hoy no es dable considerarla irritabilidad como una propiedad fundamental y característica de la sustan- cia organizada, la sensibilidad, uno de los más comple- jos fenómenos vitales, no puede oponerse, como vere- mos bien pronto, ¡í las propiedades físico-químicas que supone y que le son necesarias: otro tanto decimos de la contractilidad, que también es un fenómeno íntima- mente unido á condiciones de igual orden. Cuando se trabaja sobre* un nervio, ó sobre un músculo, y se provoca la actividad fenomenal que le es propia, no se obra sobre la irritabilidad de estas partes, 67 sino que se pone la condición físico-química necesaria para la aparición de los fenómenos de sensibilidad ó contractilidad. Así también, cuando el experimentador enfría un cuerpo líquido para que cristalizo, no se dirá que obra sobre una propiedad de cristalización, sino que determina la condición físico-química en que aquella se verifica. Cuando se somete ála acción de un mortero el cloruro de ázoe, y se produce una explosión que es á la vez poderoso manantial de calor y movimiento, no se obra sobre una propiedad explosiva, sino que se produ- ce la condición físico-química que determina la explo- sión. Tampoco como dice Claudio Bernard, pueden sepa- rarse de una manera absoluta los cuerpos vivos de los brutos, por la facultad de reproducirse, que es uno de los caracteres en que más se ha hecho jugar á la irrita- bilidad. En el fondo, la proliferación celular no consis- te en otra cosa más que en que una célula viva tiene la facultad de hacer aparecer otra en el medio en que ella misma ha surgido. Pues bien, eso asi mismo pasa en los minerales. Las interesantes experiencias de Ger- nez, nos enseñan que un cristal colocado en una disolu- ción sobre-saturada de la misma sal, provoca la crista- lización de toda la masa. Cláudio Bernard ha compro- bado el hecho del modo siguiente: torna dos tubos, el uno lleno de una disolución sobre-saturada de sulfa- to de sosa, el otro ocupado por una solución sobre-satu- rada de cromato de potasa. Vierte sobre cada solución aceite, que forma en la superficie una ligera capa que im- pide el contacto del aire y del polvo; introduce después, debajo de esta capa de aceite, con una barilla muy fina, algunos cristales pequeños de sulfato de sosa en la diso- lución sobre-saturada de esta sal y al momento toda la solución cristaliza en masa. Si por el contrario se in- troducen los cristales de sulfato de sosa en la solución de cromato de potasa, no se verifica la cristaliza- ción, como tampoco tiene lugar si se colocasen cris- tales de cromato de potasa en la solución de sulfato de 68 sosa. Podemos decir, pues, que ha habido aquí forma- ción de cristales bajo la influencia de otros cristales de la misma especie, en un medio conveniente, del mismo modo que hay formación de células por otras células en un medio apropiado. Si pasamos á considerar el otro carácter que se ha mirado también como especial de los séres vivos, á sa- ber: el de cicatrizarse ó reintegrarse, veremos que perte- nece igualmente á los cuerpos brutos. Mr. Pastear ha señalado-hechos de cicatrización y reintegración crista- lina, que merecen toda nuestra atención. Ha tomado algunos cristales y los ha sometido á mutilaciones, que ha visto repararse rápidamente y con regularidad. Re- sulta de sus investigaciones que “cuando un cristal se “ha roto por cualquiera de sus partes, si se le vuelve á “colocar en su agua madre, se observa al mismo tiempo “que el cristal se.agranda en todos sentidos por un de- pósito de partículas cristalinas, desarrollarse en la “parte herida ó deformada un trabajo muy activo, re- sultando conseguida al cabo de algunas horas, no solo “la regularidad del trabajo general sobre todas las par- “tes del cristal, sino también el restablecimiento de la “parte mutilada.” En resumen, después de estas ligeras apreciaciones se comprueba que no pueden distinguirse precisa y ri- gurosamente corno hemos sentado ya, las propiedades dichas vitales, de las físicas ó químicas de los cuerpos. El problema es así como debe plantearse hoy, no dudan- do que en porvenir no muy lejano, los fenómenos que reveíanla irritabilidad en sus múltiples manifestaciones, sean considerados por todos los fisiólogos como hechos de naturaleza física, química, ó físico-químicas tal cual nosotros pensamos y nos permitirnos sostener para mayor abundamiento con las consideraciones siguientes; Como á los elementos anatómicos referirnos siempre la razón, el principio, lo esencial de los fenómenos de la vida y corno estos elementos no poseen más que propie- dades físico-químicas, es en el orden, la sucesión, la bar- monia, el concierto de las manifestaciones físico-químicas elementales en la que consisten, á no dudarlo, las mani- festaciones vitales. No queremos ni podemos negar lo evi- dente, no podemos negar que las manifestaciones de la vida del individuo constituye algo de característico, de especial, esto no necesita demostración, pero lo que que- remos establecer es que, todas esas apariciones fenome- nales especiales, se producen por el juego y las leyes de las propiedades elementales. Los edificios vivos están constituidos con ios mismos materiales, obedecen á las mismas leyes físicas, pues al descomponerlos se encuen- tran las mismas sustancias con las propiedades fisico- químicas. Las leyes son las mismas, las propiedades últimas, las mismas, solo los procedimientos cambian, solo la coordinación es distinta, solo el complecsus es di- ferente. Establecer estas ideas no solo es hacer brillar la ver- dad, objeto desinteresado de todo espíritu científico, si- no también tender á un fin más práctico y quizás más noble. El hombre pide ála ciencia la acción, el domi- nio sobre la materia. Pues bien, esta doctrina se lo da- rá y por ello nosotros demostraremos que los fenómenos vitales, tienen por resortes elementales las propiedades de la materia, sin que ninguna otra causa venga de fue- ra, á determinar los referidos hechos vitales. Haller con sus estudios sobre la irrita!idad ha dado los primeros fundamentos para el sostenimiento de las ideas que pro- fesamos, pues ella expresaba el fenómeno elemental del músculo activo. Las experiencias fisiológicas hechas en las fibras mus- culares, prueban que la contractilidad es realmente un fenómeno, pero no una propiedad irreductible, pues ella se encuentra bajo la dependencia de las manifestacio- nes físico-químicas, todo lo que altera á modificar la sus- tancia productora, altera ó modifica en el mismo senti- do el fenómeno de la contractilidad. Que la tempera- tura, que el estado de la sustancia cambie y al momento la contracción recibirá la influencia de este cambio. E! 70 lazo entre la contractilidad y las condiciones físico-quí- micas es tan estrecho, que se debe considerar el fenó- meno, no corno una manifestación independiente, sino al contrario, como la expresión de un cierto estado físi- co-químico de la materia contráctil. Si la temperatura se eleva sobre determinados límites, el hecho de la con- tractilidad desaparece, así en la fibra muscular, corno en cualquier otro elemento contráctil, porque la sustancia que lo constituye, se transforma y sufre un principio de coagulación. Él frío produce análogo efecto, cuando el decenso de temperatura es bastante considerable y se produce gra - dualmente, se ve progresivamente también atenuarse el fenómeno de la contractilidad, hecho demostrado en el ser vivo; en los animales invernantes, en donde las fi- bras musculares reaccionan con menos energía, hasta el punto de no responder de una manera perceptible á los estimulantes habituales,.á los cuales obedecían antes de hallarse en las condiciones á que nos referimos. El calentamiento y el enfriamiento no son los únicos procedimientos por los cuales se puede influir sobre el estado material de la sustancia contráctil. Igual re- sultado se obtiene perturbando la nutrición del mús- culo probándolo á satisfacción plena, la célebre expe- riencia de Preyer que por su importancia no podemos dejar de esponer. Tómese una rama en buenas condi- ciones de desarrollo, y ligúense en ella, los miembros posteriores, al extremo de impedir por completo la cir- culación en esa porción del organismo del animal; hecho esto; abandónese el bactracio observándolo no obstante de vez en cuando, al cabo de algún tiempo, demuéstrase en las patas ligadas señales evidentes de la alteración del músculo, se pone rígido y la contactilidad desapare- ce, determidándase una rigidéz isquémica que es en un todo análoga ála verdadera regidéz cadavérica. Prepa- rada así la rana, quítense las ligaduras para dejar vol- ver la sangre, é introdúscase al mismo tiempo debajo de la piel de una de las patas, una solución de cloruro de sodio u 1 ó 2 por 100,.el que produce el efecto de mo- dificar el estado físico de la sustancia muscular y volverla al fluido. Entonces se ve reaparecer al punto la contactilidad en el miembro así tratado, mientras que el otro queda inerte. Entre les músculos de las dos patas no hay mas que una sola condición distinta, el cloruro de sodio, que ha modificado de una manera pu- ramente química, los músculos, que han recuperado su contractilidad. La unión estrecha, íntima, de la contactilidad con las condiciones físico-químicas según acabamos de com- probar, parócenos que nos autoriza, para sostener con Claudio Bernard, que la contracción es un fenómeno físico que solo puede manifestarse en la sustancia orga- nizada del músculo ó del surcodes, esto es; que el fenómeno nada tiene de extra-físico ó de vital, y que bastaría para que pudiera producirse en otra sustancia que en las indicadas, reunir en una materia cualquiera las condiciones físico-químicas de la misma sustancia con- tráctil. Las consideraciones precedentes nos preparan para estudiar mejor el fenómeno de la sensibilidad, conside- rado también como propiedad vital, ó mejor como la propiedad animal' por excelencia. Para nosotros la sensibilidad que referimos al ele- mento anatómico, como la contractilidad, no es más que un fenómeno vital, no una propiedad vital, fenómeno complejo que consiste en una reacción cornentiva ó una impresión, dejando de existir, cuando falta esta. La sensibilidad es la espresión mas elevada de las condicio- nes ó propiedades físico-químicas de la materia organi- zada, es un fenómeno complejo resultado de propieda- des simples ó de condiciones del orden físico. Las condiciones físico-químicas de la sensibilidad encuéntrame sobre todo reunidas en la sustancia orga- nizada nerviosa, como las condiciones de la contractili- dad lo están en el músculo, por lo que la una es distin- ta de la otra, hecho que Haller intentó comprobar en sus inmortales estudios, y que los clásicos modernos admiten, después de importantísimas experiencias. Dis- tinción necesaria, por cuanto la constitución molecular del nervio es otra de la del músculo y por consiguiente sus actividades, puestas de manifiesto por las propieda- des físico-químicas de su sustancia organizada deben naturalmente ser diferentes é independientes. Si la sensibilidad fuese una propiedad vital, distin- ta de las físico-químicas, se la podría aistar, y como esto no sucede, como no lia conseguido mostrarla como individualidad ningún vitalista, no es dable darle otro carácter que el que le asignamos, como hemos de demos- trar después, cuando más adelante con la extensión que el asunto requiere, nos ocupamos de la psicología celu- lar, que nos dará elementos para ello y nos permitirá por tanto comprobar, que no hay nada de extraño y fan- tasmagórico en el fenómeno esencial de la sensibilidad. vida de las células es por otra parte muy variable y difícil de determinar, dadas las condiciones y modo de ser de las mismas. Para algunas como las glandulares y entre éstas, las productoras de la leche, es sumamen- te corta, al extremo que puede asegurarse que apenas nacen, mueren, sucediendo de modo análogo con las epi- teliales de los intestinos que son de muy corta duración entre las demás unidades vivientes de la misma clase que las que acaban de ocuparnos; las hay, según el Doc- tor Beaunis que viven de 12 á24 horas. Parecen exis- tir algunos meses los glóbulos epidérmicos de la piel conforme manifiestan los Dres. Viault y Jolyet, creyen- do que de igual modo pasa para con los que cubren mu- chas mucosas. El estudio del crecimiento, de las uñas ha demostrado á Berthold, que sus elementos anatómi- cos duran cuatro meses en el estío y cinco en el invier- no. El profesor de Nanoy, refiriéndose á las cartilagi- nosas, expone que permanecen activas probablemente tanto cuanto dura la vida del organismo, del que for- man parte integrante, y los Dres. Yiault y Jolyet mani- fiestan á su vez que una larga vida caracteriza á los ele- 73 méritos nerviosos, oseos, tendinosos,musculares, etc.,los cuales existen el tiempo que se prolonga la vida del ser animal á que pertenecen: en cambio, ignórase la duración, de otros muchos organismos elementales sucediendo esto con el hematíe, ó glóbulo rojo de la san- gre que no se sabe hasta hoy, cuanto tiempo vive, para cumplir debidamente con la importante misión que le está encomendada, como parte constituyente del medio interno. Expuesto nuestro modo de pensar y la manera y forma como debemos considerar los fenómenos vi- tales, rechazando todo aquello que pudiera aproxi- marnos al arqueo, espíritu vital ó alma fisiológica, como asimismo referida la duración de la vida de las cé- lulas, para terminar, y en honor de la época presente, diremos con el genio que fué agregado á la vez como in- terno al servicio médico de Magendie y como preparador á su cátedra del Colegio de Francia que “La evolución natural del espíritu humano y de la ciencia ha cambia- do el modo de ser del objeto que nos ocupa, haciendo desaparecer esas entidades metafísicas funestas siempre para el verdadero progreso, por que todos los esfuerzos se dirijían en pos de las referidas visiones, alejándose del terreno experimental, y luchando por lo tanto en el vacío.” LECCION VI / (./' En todos los tiempos, el hombre ha tratado de re- ducir las diferentes formas de la creación, á un reduci- do número de partes primitivas simples, y de examinar á continuación el origen de estas mismas. Hipótesis primero y hechos más tarde, sirvieron de base á diver- sas y encontradas teorías, así pues, los elementos de los antiguos, los átomos de Epicuro, las monadas de Leibnitz, la molécula orgánica de Buffon, los sistemas tan variados de generación, etc, constituyen pruebas históricas irrefutables, de esa tendencia particular del entendimiento humano. Dirección análoga se manifies- ta más tarde, en las observaciones anatómica. En efecto; aunque los antiguos observadores habían visto que determinadas partes reaparecían en todas las re- giones con las mismas propiedades y los médicos de edades remotas habían supuesto la identidad de ciertos tejidos diferentes, en cuanto á la forma y situación, es Falopio, quien en 1575 exige estas ideas en sistemas y establece las reglas para la clasificación de aquellos. Con Leeuwenhoek y algunos otros observadores del pasado siglo se perfeccionan dichos conocimientos que fueron más bien de tanteo que continuados y perseve- rantes, contribuyendo á ello, aunque por distintas vías, Haller en 1756 y Pinel en 1798. Inspirado el célebre médico de Thouret en los an- teriores estudios, da á conocer en 1801 su clasificación de los tejidos y diez y siete años más tarde Treviranus se propuso reducir dichos tejidos á sus elementos anató- micos. A partir de esta época, principia una doble serie de investigaciones, las unas relativas á la extructura íntima histológica y las otras concernientes al desarrollo de las partes elementales que aunque erróneas, tuvieron la ventaja de dirijir á los hombres de la ciencia en ese sendero. Los trabajos de Home y Bauer en 1818 contribuye- ron al adelanto en el sentido indicado, como también los de Prévost y Damas, y los de Daellinger en 1821, haciéndolo de igual manera los de Milne-Edwards y Delle Chiage en 1823 y los de Dutrochet y Mayer y Heusingen en 1824. • En 1827 aparece Raspad con su teoría de histogene- sis vegetal que estiende luego á los animales y en ella expone que “la molécula orgánica en el instante de su formación y reducida á su más simple manera de ser química, resulta de una asociación íntima de hidrógeno con seis veces su peso de carbono; es líquida y oleagi- nosa; en el agua y en el alcohol toma la forma esférica en tanto que se encuentra en suspensión, y dicha forma se reproduce en cada uno de los grados á que se lleva la subdivisión molecular; el núcleo de esta esfera es siempre redondeado, más esta molécula goza ya de la fa- cultad de aspiración y absorbe los gases que se encuen- tran en el aíre atmosférico (especialmente el oxígeno) en una constante progresión; en esta época el corpúscu- lo adquiere los caracteres y propiedades de la molécula organizante de la goma, suponiéndola en su mayor es- tado de pureza; al mismo tiempo tiende á combinarse con las bases inorgánicas, y una vez efectuada ésta y hecha íntima, se compone de esfera de una cubierta ve- sicular permeable á ciertos fluidos y susceptible de crecer, y de un líquido que continúa organizán- dose en su seno; entonces la vesícula es un órgano do- tado de vida y de la facultad de reproducirse hasta el infinito, organizándose en relación con su tipo, el conte- nido que la llena y anima.” Según Mandl, el glóbulo 77 adiposo en los animales y el almidón en los vegetales han transformado esta teoría en una realidad, lo que en verdad no es así. ■ * f En tanto que en Francia se daban á luz estos traba- jos, en Italia y Alemania diferentes clásicos hacían pu- blicar también sus observaciones, conociéndose por ello las de Rolando,.por una parte, y por otra, las de Wagner, Valentín, Muller, Purkinge y RaschkowenlB3s; apare- ciendo en 1835 la teoría de la formación libre de las cé- lulas, la cual concibió Schleiden para los vegetales y Sehwann para el reino animal. Según estas anteriori- dades científicas, los elementos anatómicos pueden na- cer de una manera expontánea en un líquido más ó me- nos amorfo sin proceder de ningún glóbulo preexistente, dándole á ese líquido generador el nombre de citoblas- tema. o.■ ■ ; .... • r. ... c ■; vj' . ¿Qué es el cistoblastema y cómo se constituyen las células en él? Son los puntos que pasamos á examinar. El líquido intercelular, es el citoblastema de Schlei- den, llamado por Mirbel y Burdach blastema, por Va- lentín exudante primitivo ó plástico, por Hunter linfa plástica ó medio unitivo, por Blainville, humor plástico y por Burdach, masa orgánica primordial. Ese líquido que contribuye á formar la masa blanda intercelular, es la sustancia primitiva, en la cual se multiplican las granulaciones, hasta que al fin se vé aparecer en él una configuración orgánica embrionaria; este produc- to es el que Gerber conoció con el nombre de sustancia de formación que es distinta de las exudaciones y del plasma. Para Sehwann el citoblastema, formaba, por decirlo así, la primera capa del tejido y las células no se desarrollaban sino después, cuya opinión fué por al- gún tiempo admitida en la ciencia por los más de los histólogos; pero como al principio del período embrio- nario no se demuestra la sustancia intercelular entre los elementos formadores de los tejidos, no es ella por lo tanto la que aparece primero, sino la que viene des- pués; circunstancia por la que han cambiado en. su mo- 78 do de pensar con justificado motivo muchos que antes opinaban de ese modo. Por otra parte asegura también Schwann, refirién- dose á la composición del cistoblastema que está cons- tituido por el agua, teniendo en disolución combinacio- nes albumminoideas y grasicntas. Expuesto lo que es el cistoblastema, veamos como se forman los elementos anatómicos según la teoría que examinamos. Para Schleiden el mecanismo del naci- miento de la célula vejetal es el siguiente: en la sustan- cia generadora amorfa de que acabamos de hablar vense aparecer cierto número de granulaciones que pri - mero aisladas, se aglomeran después, y reunidas forman el núcleo celular, efectúase luego un nuevo depósito de granulaciones sobre un punto de la superficie del núcleo bajo forma de ampolla, que aumentando de volúmen, concluye por envolverle completamente, quedando en- tonces constituida la célula. Según Schwann, las células animales nacen entre las ya existentes en medio del cistoblastema, el cual en el momento de la reproducción presenta, puntos opacos y muy pequeños, denominados granulaciones elementales formados probablemente de grasa y de una cubierta de proteina, entre los que se encuentran algunos de mayor volumen de contornos perfectamente limitados, ordina- riamente transparentes en su centro, que son los nucléo- los, formados éstos, al rededor de cada uno de ellos, se depositan luego un número variado de granulaciones que constituyen una cubierta irregular, primero, y de con- tornos circunscritos después, por la acumulación suce- siva de nuevas moléculas entre las ya existentes, que- dando de ese modo constituido el núcleo y por un me- canismo análogo formarse la membrana de comboltúra y el protoplasma, quedando en definitiva formada con tal procedimiento la nueva célula animal. El expontáneo nacimiento de las células en el cisto- blastema, es comparable por lo que acabamos de expo- ner, á una cristalización ó séase á la formación de cris- tales en un líquido que contiene la materia cristalizable en disolución, fijándonos en este símil, hecho por Ras- pad, según Küss, fácil nos será recomendar siempre las ideas consignadas. - La teoría celular de que nos ocupamos, era al mis- mo tiempo para su autor Schwann, al contrario de lo que ocurre en los vegetales, la que contribuía á la constitu- ción del mayor número de las células animales, al paso qúe las nacidas de otras células eran la excepción. Este sistema de exposición histogenésica fue con- trariado por Purkinje, el que hizo notar que la teoría dé Schleiden, aceptada por Schwann, no podía ser apli- cada al organismo animal, sino con ciertas restricciones, ampliando esas ideas uno de sus más distinguidos dis- cípulos, el profesor Rosenthal. ' En cambio, la admitieron clásicos distinguidos entre los que figuran Ascherson, Henle, Libert, Yogt Danforth de Chicago y otros, siendo esta la causa de que gran número de los trabajos histológicos publicados hayan si- do inspirados en el espíritu de la referida teoría celular, y como prueba de ello, recordaremos las obras de Bruns, Krause, E. H. Weber, Valentín, Husehke, Wagner, Todd y Bowmann, Hannover, Muller, Mandl y algunos más que pudiéramos citar. En 1849 prohijó también Carlos Robín las ideas que hemos expuesto, difiriendo, sin embargo, en muchos pun- tos, de Schwan, por lo que se creó otra teoría conocida desde entonces con el nombre de Teoría de la sustitución. Los medios en que se produce la génesis, creía Ro- bín que eran el producto de células preexistentes, de manera que los elementos nuevamente formados provie- nen, en suma, de células anteriores, no directamente, sino por el intermedio ó sustitución de un líquido; en una pa- labra, sin precedente inmediato figurado; á dichos me- dios los denomina blastemas, los que existen siempre en cantidad suficiente para que puedan ser vistos, cualquie- ra sea su composición y no difieren al microscopio, sino por un grado mayor ó menor de consistencia, tienen el 80 aspecto de sustancias líquidas amorfas, interpuestas á los elementos persistentes y casi siempre mezcla dos de elementos de nueva generación, sonde ordinario páli- do, siendo la homogenidad, uniformidad de aspecto y transparencia, las principales causas de las dificultades que se tienen para estudiarlos experimentalmente, ocu- rriendo á veces que no pueden determinarse sus canti- dades, sino por exclusión en muchas regiones de la eco- nomía. Queda, pues, por lo expuesto, derrostradas las dife- rencias que existen entre el blastema de Eobin y el cis- toblastema de los Sres. Schleiden y Schwann. Ahora bien, el primero de los autores citados explicaba la gé- nesis, diciendo que consistía en la aparición expontánea del núcleo, el que después se rodeaba de blastema espe- sado, ó bien que la masa generadora se dividía en is- lotes globulares, en cuyos centros aparecen colocados los núcleos nuevamente formados. Para Eobin el núcleo que puede constituirse enseguida, es un elemento se- cundario en la génesis, ririentras que Schwaun hacía de él el punto de partida de las nuevas unidades vivientes, diferencia notable entre la teoría de la formación líbre y déla sustitución que nos empeñamos en señalar, con el objeto de legalizar la existencia de la una y de la otra, que si pun- tos poséen análogos, otros muchos tienen distintos. Considerada la génesis en la forma que lo hemos he- cho, es pues una generación expontánea, pero una ge- neración expontánea heterogénica, es decir, cumplién- dose fuera de la economía y dando nacimiento á cuer- pos de semejan tes, no * ella es una generación expontá- nea homogénica; es decir, dando nacimiento á elementos anatómicos semejantes á aquellos seres preexistentes á los cuales, son debidas las condiciones de cumplimiento del fenómeno, por que la génesis tal cual la hemos ex- puesto, está caracterizada, por el hecho de que en el seno de un líquido, entre los glóbulos ó células, ciertos principios inmediatos se unen casi súbitamente molécu- la á molécula y forman elementos anatómicos. Estos 81 no proceden, por lo tanto, de ninguno de los elementos que los rodean; son individuos nuevos y surgen comple- tos por generación nueva; pero para nacer han tenido necesidad de los que los preceden ó de los que los ro- dean en el momento de su aparición, por que se forman con ayuda y ú expensas de los principios suministrados por estos últimos. Ira doctrina de la evolución expontánea resucitada en 1858 por Poucliet y sostenida después vigorosamen- te por el profesor H. Claviton Bastían en su célebre obra del principio de la vida, es desechada actualmente por autoridades muy notables, y en tal virtud, tam- poco la podemos admitir en cuanto á la formación ce- lular. En tanto se compartían el campo científico las teo- rías expuestas; en 1840 aseguraba el Dr. Reichert que en ninguna de las partes del embrión había encontrado el cistoblastema y los Sres. Remak y Bergenann un año después demostraban la importancia de la segmentación en la producción de los focos de vida. Por otra parte, las observaciones de Graaf, Baer, Meckel y Alien Thomson, sobre la extractara del hue- vesilló y la segmentación del mismo, contribuyeron tam- bién á encaminar la cuestión por sendero cierto y á ello se debe, el que en 1852 Remak creyera que toda célula nace de una célula madre; que las células blastodérmi- cas mismas, llamadas primarias, resultan de la segmen- tación del vitelus, siendo esta debida á la división del óvulo en células, y que el óvulo, en fin, no era sino una célula desarrollada en otra ovarica, añadiendo al terminar su trabajo, que la ley del desarrollo endógeno á expensas de organismos elementales preexistentes, di - rijía también la formación de las neoplasias, cuya doc- trina reasumió en la forma siguiente: Omnis cellula in cellula,—El Dr. Yirchow adopta la precedente teo- ría, admitiendo además de la generación endógena, la fisipara, conocida ya antes de él y la por botones ó ye- mas, circunstancias por las que tuvo que modificar la 82 fórmula anterior, con el siguiente aforismo: Omnis ce- LLULA É CELULA. Veamos, pues, en resúmen, las ideas del sabio Doc- tor Berlinés: 10,Io, toda producción normal ó patológica procede de células; 20, toda célula proviene de otra cé- lula por vía de proliferación, ninguna sustancia amorfa tiene la propiedad de organizarse; 30, en el adulto como en el embrión existen en todos los tejidos células ó gér- menes de células que en el estado normal presiden al crecimiento y nutrición de los tejidos, y que en el pato- lógico engendran por proliferación los elementos de las producciones accidentales ; 40, el tejido conjun- tivo encontrándose en todas las partes del cuerpo, es el elemento germinativo por excelencia; 5?, en todos los casos ciertas producciones elementales provienen de la proliferación de las células epi abales y o°, no existen elementos heteromorfos. Ahora bien, dos procederes generales emplea la na- turaleza en la construcción de las células, según la teo- ría que estamos exponiendo, la división y la fusión, ó en otros términos, formación celular por escisión de un ele- mento celular preexistente y formación por conjugación de dos elementos anteriores. El primero de estos procederes es general á todos los elementos anatómicos, el segundo es patrimonio exclu- sivo de las células ovillares de los dos reinos. La división celular comprende dos formas principa- les: la segmentación directa y la indirecta. Llámase simple ó directa á la división de la célula, no precedida ni acompañada de modificaciones en la textura del nú- cleo, é indirecta ó kario-kinesis ála división celular pre- cedida de curiosas alteraciones extructurales del núcleo, agregándose á estas formas por algunos clásicos la de- nominada Renovación de que también nos ocuparemos. Conocido lo expuesto, después de agregar que las unidades vivientes parecen no poderse dividir, sino cuan- do poseen un protoplasma contráctil y de admitir que todo glóbulo nace de otro glóbulo (omnevivum ex ovo), 83 examinemos las tres formas á expensa de las cuales tie- ne lugar la multiplicación celular directa. Estas son: la.Ia. por división endógena ó endogenesis; 2a, por exci- sión ó segmentación; 3a, por yemas ó brotes. Cuando el contenido es el único que se divide, sin que la mem- brana de cubierta tome parte, será endogenesis, si lo hacen la membrana y el contenido será una segmenta- ción, y si el contenido se acumula en un punto antes que la división tenga lugar, será por brotes ó yemas. Virchow conoce estas tres forma s de la generación ce- lular, son los nombres de endoparidad, fisiparidad y gem- niparidad equivaliendo la endoparidad á la endogenesis, la fisiparidad á la excisión y la gemniparidad á la repro- ducción por brotes ó yemas. La fórmula de Remak, Omnis cellula in cellula abra- za la endogenesis ó endoparidad, y la de Virchow, Om- nis cellula é cellula, comprende á la vez la excisión ó fisi- paridad y la gemniparidad ó reproducción por brotes, pues según Küss esta última es solo una variedad de la anterior. Los glóbulos que se parecen todos en cuanto á su forma primitiva que es esférica , se parecen también en cuanto á su modo de origen. Cumple ahora á nuestro deber examinar cada una de las tres formas de multiplicación que hemos indicado. Generación celular endógena ó endoparidad de Virchow. En el periodo de desarrollo de los organismos, la más frecuente es la formación endógena; el germen de las plantas y los animales es en un principio una célula, bien un óvulo (animales de reproducción sexual), ora una célula germinativa (organismos de reproducción no sexual, ó ya una vesícula germinativa (plantas fanero- genas); el desarrollo ulterior de este germen, principia por una división del contenido, precedido siempre de la desaparición del núcleo; la división del contenido da origen á distintas células deprovisias de cubierta y do- tadas cada una de ellas de su núcleo, que es lo que en el huevo se llama la segmentación del vitelas. Colócase, por consiguiente, en este proceder los casos en los cuales 84 las células de membrana resistentes producen nuevas células en su interior, á esta categoría de hechos per- tenecen en el orden fisiológico la segmentación y la multiplicación de las células de cartílago. La segmentación es un fenómeno que se observa en la época del primer desarrollo en el huevo de la ma- yor parte de los animales, y hay necesidad de consi- derarla como el preliminar á la formación de las prime- ras células del embrión; así, pues, teniendo el huevo la significación de una simple célula, entra la segmen- tación en la endoginesis celular. La segmentación tie- O O ne lugar de la manera siguiente; después que la versí- cula germinativa, núcleo originario de la célula del lluevo, ha desaparecido á consecuencia de la fecunda- ción, las granulaciones vitelinas dejan de formar un conjunto compacto, y se extienden en todas las partes de la célula, á la que llenan completamente; entonces aparece en el centro del vitelas y como primer indicio del desarrollo incipiente, un nuevo núcleo, provisto de un nucléolo, este núcleo obra como centro de atracción sobre el vitelas, que reúne de nuevo al rededor de si en una masa redondeada formando la primera esfera de segmentación; un poco después el núcleo se divide en dos, que se separan algo y obran ¡í su vez como cen- tros sobre la sustancia vitelina, siendo de este modo como la primera esfera de segmentación se divide en dos partes. La multiplicación de los núcleos yde las esferas de segmentación continúa de la misma manera, hasta que se forman en gran número de pequeñas esfe- ras, que llenan en totalidad la cavidad celular. El fe- nómeno que acabamos de dar á conocer se denomina segmentación completa; la hay también parcial, la que difiere de la anterior, en que una porción solamente del vitelus se agrega al rededor de los núcleos que apare- cen. Por excepción no se dividen las esferas sino luego que los núcleos han llegado al número de tres ó cuatro, de modo que en lugar de dividirse en dos, cada esfera produce inmediatamente tres ó cuatro porciones. 85 Cuando la segmentación llega á cierto grado, las es- feras, cuya superficie están desnudas, se rodean todas de una membrana, ora simultáneamente, ó bien por ca- pas sucesivas, constituyéndose en células completas, lo cual autoriza á colocar este fenómeno entre los de formación endógena, y cuya manera de ver se halla tan- to más justificada, cuanto que las células que resul- tan de la transformación de las esferas de segmentación continúan todavía por mucho tiempo multiplicándose por simple excisión, y en su virtud el fenómeno de la segmentación puede ser considerado como una especie de excisión endógena de células, en la que vista la ra- pidez con la que se multiplican los núcleos no han teni- do tiempo de rodearse de una membrana las primeras generaciones de los segmentos vitelinos. Estos fenómenos son más complicado en las células de cartílago, atendiendo á que en ellas las células hijas reciben generalmente membranas de más resistencia. Cuando los glóbulos del cartílago se multiplican, obsér- vase desde luego que el núcleo se divide en dos, después los dos núcleos se separan entre sí y el protoplasma se contrae al rededor de ellos, finiquitando por dividirse en dos masas completamente distintas, que cada una con- tiene un núcleo yla mitad del contenido. El desen- volvimiento posterior se hace del modo siguiente: cada uno de los segmentos que primero tenían la naturaleza de los protoblastos sin membrana, se rodean de una cu- bierta, constituyéndose en verdaderas células, mas es- tas sin embargo no parecen pertenecer generalmente á las formaciones puramente limitadas, puesto que sus membranas se confunden mucho y con la de la cé- lula madre. Esta división del contenido celular se repite ordinariamente en los cartílagos con regulari- dad, y un gran número de veces, de tal suerte que siem- pre las células hijas después de su formación segregan las membranas exteriores, que se reúnen con las de la célula madre y forman al mismo tiempo un tabique entre ellas, á continuación de lo que se dividen de 86 nuevo. Las cápsulas de estas células madres persisten cierto tiempo, pero más tarde desaparecen como forma- ción histológica distinta, y se funden según Kaelliker, en la sustancia fundamental que une entre sí las células del cartílago. En los cartílagos costales yen los ar- ticulares enfermos sucede, sin embargo, que las células madres persisten mucho tiempo y se llenan de numero- sas generaciones de células hijas, en cuyo caso ora estas se hallan rodeadas aún de cápsulas secundarias ó ter- ciarias, ó bien forman una masa compacta ocupando la grande cápsula. Espuesta la multiplicación celular por endogénesis, pasemos ahora á estudiar el nacimiento de los glóbulos por segmentación. Multiplicación de las células por simple excisión ó Fisi- paridad. Este modo de reproducción tiene lugar según Kselliker en las células de membrana muy delgada; la fisiparidad como la llama Yirchow, sobre todo se obser- va en los protoblactos, y puede estudiarse fácilmente en las células libremente suspendidas en el seno de un líquido, tales como en los glóbulos blancos de la sangre de.los mamíferos, de las aves y anfibios, de igual ma- nera que en los hematíes de los embriones de los ma- míferos y de las aves. El mecanismo de la multiplicación por simple exci- sión explícase del modo siguiente; los glóbulos sanguí- neos de los jóvenes momíferos, por ejemplo, que regu- larmente ofrecen la forman redondeada presentan un núcleo esférico, á pesar de haberlo negado en 1850 Billroth, en el momento de la reproducción, este núcleo se hace oval presenta enseguida una extrangulación trasversal; y adquiere entonces la forma de un ovoide, en tanto la célula antes esférica va cambiando de for- ma y toma la del núcleo: el surco trasversal del núcleo se hace cada vez más profundo, por lo que no tarda en dividirse en dos partes, las que primero adheridas entre si, y tangentes, se separan después; el cuerpo de la cé- lula no es indiferenre á este trabajo; y por eso se le ve, extrangularse tan luego el núcleo se ha dividido en dos. siendo cada una de sus partes, centros distintos de atracción para el cuerpo celular, por estas circunstan- cias adquiere el glóbulo primero, la forma ovoidea, luego la de un biscdcho, y más tarde la de un ocho de guarismo, entonces las dos porciones que constituyen esta figura, se redondean cada vez mas y mas, haciendo por ello dos esferas tangentes, las que terminan á ex- pensa del mismo desarrollo por separarse, resultando así dos células en lugar de una, las que rápidamente se desarrollan y adqueiren el volúmen de la madre. En otras ocasiones no se verifica de un modo tan regu- lar el fenómeno de que nos ocupamos, la extrangulación del cuerpo, celular, no se hace á la vez en todo él, sino solo por un lado, quedando pasivo el otro, por lo que, las formas que toma la célula no son exactamente las descritas, aunque el desarrollo termina en este caso co- mo en el anterior, por la constitución de dos nuevas cé- I nías nacidas ;í expensa de la progenitura. En los embrio- nes del pollo, vese muy distintamente dividirse el mí- delo en primer lugar en el núcleo de los glóbulos sanguíneos. El Dr. Frey asegura que no siempre se hace la seg- mentación de manera tan sencilla y Remak describe otro modo observado en la rana, en donde el glóbulo no se divide solamente en dos, sino de repente en tres, cua- tro ó seis células, sin que por ello cambie el proceso de formación, de como pasa en los casos ordinarios. Por último en 1886 Conil en la Academia de Ciencias de París, manifestó haber visto dividirse las células en tres porciones en vez de dos, esponiendo al mismo tiempo que si el organismo elemental se divide en dos es de forma ovoidal, y si lo hace en tres es esférico. Multiplicación ele la* células por yemas, geminación ó yemmiparidad. Distínguese este modo de reproducción de los precedentes, porque es solo un punto determina- do del foco de vida el que se desarrolla primero, antes que la división tenga lugar; obsérvase según Meissner, en los huevos del gordius y de algunos ascárides aseguran- 88 do el Dr. Beaunis ser muy frecuente en los organismos inferiores, comprobándose también no obstante en al- gunas células del vaso del hombre, en contraposición del parecer de Frey que opinaba, que en el hombre, lo mismo que en los animales superiores, no tenía lugar, la reproducción en brotes de los elementos anatómicos. La reproducción de las células por geminaciones per- fectamente estudiada por Robin en los óvulos del Linna> flagnalis, comienza siempre como en cualquiera otro ca- so, por el retraimiento en un punto dado, de los granu- los del vitelus, que regularmente tiene poco más ó me- nos cinco centésimas de milímetros de extensión, formando lo que se llama glóbulo palar, de manera que en ese lugar queda solo la sustancia hialina, traslucida; al cabo de algunos minutos, la circunscripción descrita se pronuncia, crece, tómala forma cilindrica, se estrangula al nivel de la parte unida á las otras porciones del or- ganismo madre, el estrechamiento se hace cada vez ma- yor, en tanto que la cilindrica va tomando la forma conoidea y redonda, hasta que por último, la hija y la madre son dos esferas completamente tangentes que después en virtud de las mismas leyes de evolución, concluyen por separarse y formar dos organismos dis- tinto uno del otro, con vida propia é independiente. Espuesto el mecanismo de reproducción por yemas que acabamos de describir, debemos agregar también con el profesor Beaunis, que otras ocasiones la célula productora, puede presentar muchos botones á la vez, con diferentes grados de desenvolvimiento, como sucede en la evolu- ción del Venus decussatse, donde es fácil comprobar lo que acabamos de exponer: pero que no por eso deja de obedecer á las leyes naturales de la evolución como pa- sa, cuando una célula madre, produce una sola célula hija. Conocidos ya por nosotros los tres procesos de formación directa de los glóbulos según la teoría que exponemos, debemos ocuparnos ahora de la indirecta, ó séase de aquella, en la cual, la génesis va precedida de 89 curiosas alteraciones en el modo de ser del núcleo y la que adquiere de día en día más importancia, pues se observa en el óvulo de los articulados, en casi todas las células de los tejidos larvares de los irrodelos, en muchos elementos de los mamíferos, en los órganos florales de las plantas, etc. etc. La división indirecta que constituye la caríolisis, ca- riomitosis ó séase la karioquinesis de Flemining, fué ob- servada por primera vez el año de 1873 por Schneider y después de él, se han ocupado detenidamente de tan importante como curiosísimo estudio autores de nota entre los que figuran Auerbart, Eimer, Balbiani, Buts- chli, Strasburger, Yan-Beneden, Sehenk, Pillacher, Maizel, Heitzmann, Arudt, Hahn, Flemining, Paremes- chks Balfour y otros, caracterizándose la kariokinesis por los seis períodos siguientes, durante los cuales, va el núcleo presentando diferente aspecto estructural. En el primero llamado de descanso, el mesoblasto conserva su aspecto normal y ofrece su red cromática constituida por filamentos de variable grasor y con nu- dosidades que le dan la apariencia granulosa. En el segundo denominado de espira ú ovillo, las hebras de la red cromática precedente, así como los pedazos suel- tos de cromatina que se hallaban en la masa nuclear durante el período anterior, se concretan para formar un largo filamento cromático arrollado en espiral, ó en- marañado en forma de ovillo. Pero poco después, se fragmenta este filamento, incurbándose, á la manera de horquillas, y desaparece á la vez la cubierta nuclear. En el tercero, estelar ó áster de Flemining, los frag- mentos horquillados, se unen en la parte central del núcleo por los vértices de los ángulos que cada uno de ellos representa, quedando libres, excéntricas y radia- das sus extremidades, por lo que forman una verdadera estrella, llamada equatorial ó madre. En tanto esto sucede, se dibujan en el protoplasma, unos hilos delga- dos, acromáticos, cuyos extremos van á encontrarse en los dos polos de. la célula, á la manera de meridianos, 90 cortando perpendicularmente á los radios de la estrella madre que están tendidos en el plano, equatorial, y los que se han observado casi únicamente en los vegetales. En el cuarto; que es, el de escisión de la estrella ecua- torial, ó metaquinesis de Fiemming, las horquillas de la estrella madre se dividen longitudinalmente, de lo que resultan dos estrellas ecuatoriales paralelas, pero bien pronto se van incurvando los radios de cada una de estas estrellas, para hacerse paralelos al eje mayor del núcleo; y como al propio tiempo cada uno de los centros de es- tas dos estrellas hijas, se va aproximando á cada uno de los polos de la célula; resulta de ambas una especie de tonel trozado per los rayos estelares cuyos extremos casi se afrontan. En el quinto de separación de las cé- lulas hijas ó diaster de Fiemming, cada una de las es- trellas hijas se dirije hacia su polo respectivo déla célu- la madre, engrosando á la vez sus radios ó filamentos hor- quillados, representan entonces estrellas perfectas cuando se mira ála célula por uno de sus polos. Por fin en el sexto período nugleogénico ó dispiren de Fiemming, ca- da estrella hija se transforma, por la anastomosis de sus filamentos horquillados en un filamento continuo, grueso, y ondulado, que es el filamento cromático, ó de nueleina de los dos nuevos núcleos, terminándose la for- mación de las dos nacientes unidades vivientes con la extrangulación primero y escisión más tarde del proto- plasma, cada una de cuyas mitades envuelve á cada nue- vo núcleo representado por aquel filamento que entre- cruzándose, constituye la red nucleal cromática obser- vada en el periodo de descanso de la célula. Por lo expuesto, estamos, pues, autorizados para opi- nar que en la karioquinesis se distinguen pues, dos ór- denes de hechos distintos, progresivos los unos, regre- sivos los otros, los progresivos comprenden los cuatro primeros períodos, y los regresivos los dos últimos. Finiquitado el estudio de la reproducción celular por división directa ó indirecta, pasemos ahora al examen de la formación por fusión, en la que dos ó más focos de 91 vida se compenetran y reúnen, con el fin de construir un solo corpúsculo, el cual, siendo la suma de otros dos, re- sulta mayor que sus progenitores. Según los Sres. Yiauít y Jolyet, la formación délos organismos elementales por fusión, puede tener lugar de dos maneras distintas: ó bien por anastomosis ó bien por conjugación. La reproducción poranatomosissebace de la manera siguiente: Los células, provistas cada una de ellas de su membrana de cubierta, se ponen en contacto; en este punto tangente, se reabsorben las membranas y los dos cuerpos protoplasmáticos se reúnen en uno solo, constituyendo así el nuevo individuo, siendo muy fre- cuente ver lo que exponemos en los tallos de los cham- piñones. Por igual mecanismo se forman las redes lactíferas de diversas compuestas, Aroideas etc. como asimismo el plasmodio de los misomixetes, que es pro- ducido por la reunión de numerosos glóbulos desnudos amiboides procedente de la germinación de esporos. La génesis por conjugación tiene lugar cuando dos células desnudas, desprovistas de membrana de embol- tura y más ó menos diferentes, se unen, se coopenetran recíprocamente hasta perder su individualidad y se fun- den en una masa esférica más pequeña que la suma de los volúmenes de las células engendradoras, cubriéndo- se en general la nuevamente formada, de una membra- na de emboltura que no se hace esperar. La coopene- tración á que nos hemos referido indica que existe entre los elementos productores una combinación íntima y ex- plica la aparición de caracteres nuevos en el individuo que aparece, que lo es realmente. Siempre por eonjución se forma el huevo, es decir, la célula madre de la planta y del animal. El fenómeno es bastante obscuro aunque real en las fanerógenas, y muy claro y exacto en las criptogamas, en donde sepueden dis ■ tinguir dos casos: la conjugación igual, yla diferencial ó sexual, ocurre la primera, cuando los dos cuerpos proto- plasmáticos que se combinan para formarla célula gérmen ó zigosporo, son en apariencia iguales, y la segunda cuan- 92 do ios dos cuerpos protoplasmáticos son desiguales, el uno llamado masculino ó anterozoide y el otro femeni- no ú oosforo; se comprueba la igual, en las Espiroziras, Sirogonium, Mesocarpus etc. y la diferenciada en las algas y en todos los animales, desde los pólipos, al hombre, en donde el huevo fecundado que constituirá el nuevo ser, está formado por la conjugación de dos células desiguales, sexuales, el espermatozoide, la una y el óvulo, la otra. Para terminar, réstanos hablar por último de la re- novación, proceder de formación admitido por unos, aunque negado por otros. Consiste la renovación, cuan- do el protoplasma de la célula madre es en cierto modo metamorfoseado, no siendo por tanto el nuevo indivi- duo más que el antiguo rejuvenecido, en una palabra, otro Fáusto. Dos formas diferentes puede haber de re- novación, la total y la parcial. Es total la renovación, cuando el conjunto de la célula madre es rejuvenecido, y toda ella por consiguien- te, constituye al nuevo individuo, como pasa en ía for- mación de los zoosporos, de los Ocdogenium, Yaucherio etc. y para la germinación de los esporos de muchas criptogamas; y parcial, cuando sólo una porción más ó menos grande, déla célula madre, es únicamente trans- formada, quedando la otra bien para nutrirla en los primeros momentos de su nueva existencia, ó bien para desempeñar algún papel más ó menos útil en su desarro- llo. La producción de los anterozoides, y de las crip- togamas vasculares, nos ofrecen buenos ejemplos de lo que acabamos de describir. Terminada la exposición de la teoría de que toda cé- lula nace de otra célula, si nuestro propósito fuera no el estudio de la reproducción celular, sino el de la sus- tancia organizada, nos veríamos precisados entonces á examin a* también las doctrinas granular y de los plastídulos, pero como no es ese el ideal que persegui- mos, nos creemos dispensados de hacerlo, para no incu- rrir en disgreciones perjudiciales por mil conceptos al 93 íin que nos proponemos alcanzar, pero si esto es cierto, no menos lo es también, que nos encontramos en cam- bio obligados á designar entre las que nos lian ocu- pado, cual es la que mas satisface las exigencias siem- pre crecientes de la ciencia contemporánea. El fundamento de la teoría de la formación libre de las células y el de la sustitución de Robín consiste en la existencia del líquido generador, en el que, según he- mos visto aparece un granulo que es el nucléolo, que se rodea de pequeñísimas porciones y forma el núcleo, envolviéndose este en una capa de nueva sustancia que es el protoplasma, circunscrito á su vez por una mem- brana aisladora, que es la cubierta celular, que completa la génesis de la célula perfecta. El líquido generador, es pues, lo capital en la teoría blastemática y por lo tanto, ante que todo, debemos inquirir si existe ó no tal fluido, pues de no comprobarse, será bastante esta poderosa razón, para no poder admitir la teoría de que es base primordial. Los clásicos que del particular se lian ocupado con decidido empeño de inquirir la verdad, están contextes en que el blastema no es un humor fíbrinoso, que no es el plasma sanguíneo, que no es un producto celular, ni una sustancia intercelular, y no siendo nada de esto, ¿dónde se encuentra ese líquido generador? En parte alguna; porque realmente jamás se ha observado un hu- mor límpido que precipite moléculas organizadas, con de- finida individualidad, hecho de verdadera cristalización que sólo se realiza en los cuerpos inorgánicos. ¿Y no existiendo el blastema, puede admitirse la teoría blas- temática? indudablemente que no, pero á mayor abun- damiento, la referida teoría nos ofrece un pecado original, pues el hecho que le dió existencia y que la inició, fué mal interpretado y en consecuencia deleznable cuanto después sobre él se edificó. En efecto, lo mismo Behwann que Schleiden se inspiraron en la descripción ovogénica que dió á conocer Raer en 1829, en la que su autor suponía que el huevo se forma apareciendo pri- 94 mero la vesícula germinativa, la cual obra á la manera de centro de atracción para rodearse de moléculas que forman la masa del vitelos, y por fuera de esta se conglomeran otros granos más densos que constituyen la membrana vitalina. Siendo pues innaceptable esta noción sobre el desenvolvimiento del huevo, queda sin base la teoría del blastema, á la cual vamos á dirigir una última objeción, Los partidarios de la histogenesis blastemática ase- guran que el primer elemento morfológico delineado en el líquido matriz, es un pequeño gránuío que constituye el núcleo de la futura célula, y por lo tanto, aparece aquel antes que ningún otro componente celular, debien- do considerársele como uno de sus principales factores. Más, lejos de ocurrir así, sabemos que muchas célu- las carecen de nucléolo*, y lo que todavía es más impor- tante, es que, en las células cuyos núcleos poséen nu- cléolo, suelen estos presentarse cuando aquellas son ya adultas, ó están próximas á su caducidad, luego el nu- cléolo en vez de preceder á la formación del núcleo, pa- rece .más bien que le subsigue en su aparición. La teoría omni cellula é cellula et in cellula, aceptada por los autores clásicos en el orden normal, así como en el patológico, es la que para nosotros satis- face las exigencias de la ciencia actual, desde que Kselliker, Yankempen, Morel, J. Beclard, Franz.Leydig, Wunt, Frey, Danforth de Chicago y otros muchos, han demostrado su excelencia, porque todo ser dotado de vi- da, obedece á una rigurosa generación continua que ja - más se interrumpe, y esta sucesión genética, realizán- dose de padres á hijos, de individuos productores, ;i individuos producidos, encarna en los organismos ele- mentales que son las células. Nada pues de intermedios líquido entre glóbulo y glóbulo; nada de autogénesis ó generaciones espontáneas; nada, en fin, de partes or- gánicas que se produzcan ó nazcan sin derivar de otros organismos anteriores. El desarrollo es continuo, es ley eterna la del cons- 95 tíinte desarrollo de elementos vivos, derivados de otras individualidades, que á su vez procedieron de otras anteriores, sin que jamás pueda haber la falta de un so- lo eslabón en esa gran cadena, pues si una vez se cor- tase quedaría abolido el mundo organizado, puesto que una generación por sí misma es incapáz de 'comenzar una serie de nuevos desarrollos. Así comprendemos el fundamento de la teoría histo- génica celular con cuya esencia estamos desde luego con- forme y á sus banderas nos hayamos afiliados, aunque disentimos un tanto, en no concederle la gran importan- cia que le da á la membrana de cubierta de las células, ni en considerar al núcleo como factor indispensable del organismo celular y en asignarle un papel secundario al protoplasma, porque muchas células carecen del esto- blasto conforme está demostrado desde los estudios de Dajardín, Max Schultre, Reklinghausen Külme yßeale, y porque cuando existe no parece tener papel especial en la reproducción celular y no sigue sino pasivamente al contenido del glóbulo, según afirma Maestre de San Juan, por que hay algunos focos de vida, aunque po- cos, que sin núcleo se reproducen, y porque el proto- plasma es interesante á la génesis al extremo, que si pierde su contractilidad, no hay generación celular po- sible, siendo el elemento principal de las unidades vi- vientes, pues pueden faltar todos los otros, y existiendo él, tenemos lo bastante para estudiar aun así, las ma- nifestaciones de la vida. En suma: nos permitimos afirmar que toda materia viva, nace de otra viva, Onme vivum ex vivo, y que siendo la célula un organismo de materia viva, ha de nacer precisamente de otro organismo de materia viva como ella. LECCION Vil Nacidas é individualizadas las células ó glóbulos, tiene lugar en las unidades vivientes, un considerable y variado número de actividades, verdaderos actos funcio- nales, que lo mismo que los de cualquier otro organismo, se dividen en vegetativos, y animales, comprendiendo los primeros, los que se refieren indispensablemente á la existencia y desarrollo de los focos de vida, designán- dolos con la denominación de nutrición y crecimiento, y los segundos, todos aquellos otros que ponen á los individuos de primer orden en harmonía con el medio en que encuentran la razón de su existencia, los que se distinguen con los nombres de movimientos y actos psiquicos, constituyendo los dos primeros, la nutrilidad, y evolubilidad, de Robín; funciones de nutrición, y los dos últimos, la motitidad y la neurilidad del mismo au- tor, funciones de relación. Sosteniéndose la vida á expensas de constantes usu- ras, que exijen el pronto reparo de lo gastado, porque to- do acto fisiclógico, es en síntesis, una oxidación ó séase una verdadera combustión, las funciones con que debe- mos dar comienzo á nuestro estudio, serán las nutritivas, por ser ellas capitales para la existencia y constituir el carácter distintivo más culminante de la sustancia or- ganizada. Los cambios materialés de todo organismo elemental, se descomponen constantemente en cuatro actos, que se repiten siempre en todo el mundo organizado determi- 98 nando la circulación de la materia. Los cuatro actos de referencia son: primero, entrada de ciertas sus- tancias de fuera al interior de la célula; segundo, Meta- morfosis de la materia que lia penetrado haciéndola si- milar y asimilable, tercero, Elaboración de ciertos pro- ductos incapaces para su mantenimiento; y cuarto, Eliminación de estos productos y de los cuerpos que lian penetrado en exceso que son inútiles también. Estos cambios sucesivos para cada molécula que penetra en el interior de los focos de vida, considerados como manifestaciones funcionales, con relación al orga- nismo en que se verifican, son simultáneos y coexisten- tes, se hallan harmonizados entre sí, y aun son los unos dependientes de los otros, determinándose en cierto modo. La naturaleza de los hechos que nos ocupan, según el profesor Wundi, presentan diferencias ridiculas, así es que él agrupa, el primero y cuarto, con el nombre de mecánicos, aunque se verifican en virtud de afinidades entre las sustancias situadas por fuera y por dentro de la célula y los segundos y terceros .con los de químicos porque consisten ya en la formación de combinaciones complejas, por medio de sustancias más simples, ya, por el contrario, en la reducción de estas combinaciones en productos menos complicados. Ahora bien, los fenómenos nutritivos que abrazan tan distintos actos, convienen estudiarlos separadamen- te entre sí, por lo cual los examinaremos ordenada- mente, bajo los nombres de Absorción, Digestión, Res- piración, Circulación, Nutrición propiamente dicha ó Asimilación, Escreción y Secreción celular, y como con- secuencia del trabajo nutritivo, el desarrollo de calor de luz y electricidad. Verifícase la absorción silenciosamente en los mi- croscopios séres que nos ocupan, y nos sirve para mostrar el trabajo, tanto el aumento de volumen del glóbulo, como el fenómeno que después estudiaremos de la escreción celular. Es un hecho la penetración de 99 sustancias en el interior de los organismos elementa- les. ¿Pero, cómo tiene lugar esa penetración? ¿Cómo se verifica la absorción? Tal es el problema que pasa- mos á resolver. Los cambios moleculares de la célula por vía mecánica, pueden ser de dos maneras, ó estando la célula cubierta de membrana, ó bien encontrándose des- provista de emboltura, mas supongamos que siempre ten- ga membrana; pues de este modo nos será fácil comprender ío que pasa en las que-no la tienen, eliminando para ello, todos los actos que caracterizan el paso de los líquidos ó gases á través de ectoblasto y dándonoslo ya en con- tacto con el protoplasma mismo. Cuando una célula completa de Eemak, Eeichert, Yirchow, Kólliker y Donders, se encuentra colocada en medio propio para su vida, ocurre entonces que, en esas favorables condiciones, se deja empapar, penetrar de los líquidos que la rodean, siendo las puertas de entra- da, para los fluidos, los poros de su cubierta ó emboltu- ra, en las incompletas los poros del protoplasma deter- minan el fenómeno. Hechos físicos, la imbibición prévia, y la capilaridad son los determinantes de la absorción, en muchos casos favorecidos de modo notable y evidente por los movi- mientos del protoplasma. Ejerciendo por otra parte, influencia capital en su cumplimiento, la duración del tiempo de contacto, la temperatura, la presión y la cla- se de disoluciones que se ponen en relación con las cé- lulas, ó séase la naturaleza de los líquidos. Según el Catedrático de Nancy, conforme hemos di- cho en otra oca sien y recordamos en esta, las unidades vivientes solo son permeables á los líquidos, que se pres- tan á su imbibición, así se dejan penetrar por el agua y las soluciones aguosas, pero no por el aceite ni demás grasas líquidas. Compruébase fácilmente la permeabi- lidad que nos ocupa, poniendo en contacto con los ele- mentos anatómicos agua destilada, ó una solución saturada de de una sal indiferente, en el primer caso hay aumento de volumen en el glóbulo por el agua que 100 penetra en sn interior; en el segundo, por el contrario, disminuye en virtud del agua que cede á la solución sa- turada. Las células son, pues, asiento continuo de fenó- menos de cambio, de verdadera endosmosis y osmosis. En concepto de Brücke, los fenómenos de difusión en los glóbulos como en cualquiera otra parte, son debidos á la atracción del agua por los conductos porosos del cuerpo celular, por lo cual varía la atracción, según sean mayores ó menores las dimensiones de los conductillos, contribuyendo á dar poderosa luz en estos hechos los estudios de Graharn sobre las sustancias coloides y cris- taloides. Wundt cree asimismo que solo fuerzas físicas y quí- micas intervienen en este primer fenómeno de la nutri- ción de los organismos y considera como cansas de la endosmosis, la atracción de los líquidos, la, que ejerce la membrana sobre ellos, la estrechez de los poros por donde se dirijen, y la disminución de la adherencia del líquido á la pared del conducidlo por la elevación de la temperatura. Resulta, por tanto, que la absorción en las unidades vivientes, se realiza por inhibición preliminar, viniendo después los fenómenos de endosmosis y de difusión á completar el primer tiempo del proceso nutritivo. Es la digestión otro de esos importantes actos, y en efecto existe en las células como expone el célebre bo- tánico Van Tieghem, pues muchas de las sustancias formadas por síntesis en el interior de los organismos elementales son insolubles y por tanto no asimilables, tal acontece con el almidón, el aceite, la celulosa, etc., las cuales requieren la acción de un fermento, de la diastasa, saponasa, celulolosina, pepsina, para que hi- dratándose puedan disolverse, lo que constituye una verdadera digestión intercelular, en tanto otras aunque solubles en los jugos celulares, como la sacarosa, los glucósidos para integrarse en el glóbulo exijen el ser simplificadas y desdobladas asimismo por hidratación á expensas de las diastasis correspondientes, la invertina, 101 la emnlsina, lo cual constituye también fenómenos di- gestivos característicos, así es que la digestión como fun- ción se comprueba desde luego en los focos de vida y tiene los mismos fines que en los organismos superiores. Estudiadas la absorción y digestión, el acto que de- bemos examinar ahora, según el orden por nosotros esta- blecido es la respiración, que en principio existe desde luego en las células, aunque en ellas no hay un aparato especial para su cumplimiento, ni órgano alguno para la entrada y salida del aire, como pasa en los organismos complejos, por más que en unos, y en otros, el oxíjeno juegue igual papel: del mismo modo que penetran sus- tancias líquidas en el glóbulo, hócenlo también las ga- seosas por absorción, obedeciendo ó las leyes generales de la materia , pues es ya hoy la absorción de gases pol- las unidades vivientes un hecho perfectamente demos- trado; así las células de clorofila absorven bajo la influen- cia de la luz, ácido carbónico y eliminan oxíjeno, y las llamadas por Wundt de reducción absorven oxíjeno y eliminan ácido carbónico, siendo esta la causa por la cual, en todos los líquidos interticiales, de los organis- mos constituidos por confederaciones celulares, se hallan gases en disolución, destinados al fenómeno respiratorio de esas mismas células confederadas. Los Sres. Yiault y Jolyet inspirados en las ideas ex- puestas, aseguran que el protoplasma respira, que ejecu- ta cambios con los gases del medio, absorbiendo oxíjeno y eliminando ácido carbónico y que por virtud de las acciones comburentes respiratorias, producen calor, co- rrientes eléctricas y el fenómeno de la fosforescencia; en concepto del profesor Beaunis, es de tanta importancia la respiración, la presencia del oxíjeno en los organis- mos elementales, que dejan de tener lugar todas las ma- nifestaciones biológicas, cuando falta el gas de Priestley ó es sustituido por otros indiferentes. Vivir y respirar son dos voces sinónimas, ha dicho con razón el erudido L. Figuie, porque todo lo que vive respira, y por ello se detiene la germinación como ha 102 demostrado Claudio Bombar, cuando falta el oxíjeno pa- ra la respiración de las células (pie constituyen los gra- nos, y vuelve á presentarse tan luego como se le súmistran nuevas cantidades del cuerpo comburente, y la fermentación por otra parte, según asegura el sabio benefactor de la humanidad, Mr. Pastear, no es mas que la imposibilidad en que se encuendan los elementos ana- tómicos de respirar, de vivir sin oxíjeno. Por tanto la respiración es un hecho sancionado en el organismo ce- lular. Las sustancias, fluidas, líquidas y gaseosas, absorvi- das por los focos de vida, no permanecen en estado es- tático en el interior del glóbulo, son por el contrario transportadas á las diferentes porciones del mismo, á la vez que sufren múltiples metamorfosis, lo cual nos ofre- ce el esboso de una función que rudimentaria aquí, es completamente desenvuelta en otras organizaciones; la función á que nos referimos es la circulación, indispen- sable como la que más, para la existencia, pues sin ella, no es dable el acarreo del cuerpo comburente de la periñrie al centro de la célula, para las diferentes osci- daciones que mantienen el estado dinámico, y del cen- tro á la perifirie de los productos nuevamente constitui- dos que deben ser colocados en las más plausibles condiciones para que sean devueltos al exterior del orga- nismo elemental, por las mismas causas qne le dieron entrada. La circulación se cumple en las células, de igual manera que hemos visto que acontece con la res- piración, sin que haya para el caso, aparato determina- do, ni órgano especial, en algunas, y sobre todo en las vegetales; se ve perfectamente comprobado el fenómeno, entre otras, en la de ciertas plantas de la familia de las comelíneas, en la efémera de Virginia, en la que las cé- lulas son alargadas bastantes grandes, y su protoplasma se haya, agrupado en parte sobre el núcleo y en parte en contacto con la cara interna de la membrana de cu- bierta, habiendo entre uno y otra prolongaciones, que unen la porción limítrofe con la supra nuclear, las cuales 103 se anastomosan :í veces entre sí, formando una es- pecie de red, en donde se ven fácilmente corrientes centripectas y centrífugas, que simulan esas mismas corrientes que con direcciones siempre fijas, se manifies- tan constantemente en los organismos animales supe- riores, en donde existe un aparato vascular arterial, y otro venoso encargado de su producción. Según Haustein los filetes prot opla,smáticos de las células, son tubos cerrados que contienen una corriente líquida y por tanto permiten opinar con algunos obser- vadores, que constituyen un sistema de vasitos, compa- rables á las redes capilares. Al examinar más adelante el movimiento de corriente del protoplasma celular, ten- dremos nuevas ocasiones para que quede grabado en nuestro ánimo, el hecho de que en los glóbulos hay una verdadera circulación de materia en todo su organismo. La circulación aparece, pues, del mismo modo, y al mis- mo tiempo que las demás funciones orgánicas, siendo primitivamente una actividad obscura, que por desenvol- vimiento de los organismos en que la vamos inquiriendo, se va perfcecinando, se va haciendo de una manera más acabada ; pero tanto en los unos, como en los otros, po- demos asegurar que se realiza siempre y constantemente obedeciendo á las leyes generales de la hidrodinámica. Los materiales del medio en que la célula se encuen- tra y que han penetrado en su interior, sufren en él múltiples trasformaciones provocadas por acciones quí- micas; á expensa de las cuales, se convierten en sustan- cia propia del glóbulo, ó son utilizadas para los fenó- menos biológicos del mismo; este conjunto de actos constituye la asimilación, la que comprende, como dice el profesor Beaunis, dos séries de fenómenos bien distin- tos, y que importa sobremanera no confundirlos; en los primeros, el organismo elemental trasforma las materias y las hace utilizadles; en los segundos, estos productos formados vienen á hacer parte integrante del mismo or- ganismo, hay pues formación de materia orgánica y constitución de sustancia organizada. La primera fase 104 de la asimilación, la formación de materia orgánica, muy notable en la célula vegetal, es por el contrario rudimentaria en la animal que se encuentra en presen- cia de ellas ya formadas en la planta. La segunda, la integregación ó vivificación, existe á la vez en la célula vegetal como en la animal, pero es mucho más impor- tante en esta última, en la que la usura es más apre- miante y exije mayor reparación de sustancia viva. Para explicar estos tan importantes, como numero- sos cambios, ideó Schwann una fuerza metabólica que radicaba en la célula, y Wirchow, la irritación nutritiva que hoy solo recordamos como datos históricos, pues basta la potentosa ciencia de Lavoissier para darnos de ellos satisfactorio conocimiento, por tanto lejos de no- sotros misteriosos fantasmas y preguntemos á la quími- ca ¿Qué ocurre en el interior de la célula para que ten- gan lugar esas tan variadas como distintas metamor- fosis? Fenómenos de síntesis, para la formación de las pri- meras sustancias en los glóbulos y la fermentación pa- ra la constitución de las mismas ó de otras, son en la actualidad los medios que nos explican el porqué de la asimilación, como la fermentación y las oscidación de los productos nacidos de ésta, el acto de la desasimila- ción. Se ha avanzado ya bastante con relación á la sínte- sis de los gases en los elementos anatómicos, que es como dicen los Eres. Viault y Jolyet, el fenómeno fundamental de la creación orgánica, pudiendo deducir de tan importante estudio consecuencias capitales para la explicación de los más interesantes hechos. Es pro- bable, que en todas las células vivas varíe más ó menos la intensidad de la absorción y la eliminación del oxíje- no y del ácido carbónico; muchas toman el gas silvestre de lo que las rodea y segregan oxíjeno, asimilándose el carbono bajo forma de combinación orgánica; otras, por el contrario, absorben oxíjeno y eliminan ácido carbó- nico, producido por la combustión lenta de los compues- 105 tos orgánicos. Las células de la primera categoría se llaman de reducción; tienen la cualidad de asimilar las de la segunda de oxidación y gozan la propiedad de descomponer, por aquéllas se verifica generalmente el aumento de las sustancias orgánicas, por crecimiento y multiplicación de las células, en tanto que por las úl- timas, la cantidad de las referidas sustancias orgánicas disminuyen, los elementos celulares se distinguen y se transforman poco á poco en productos inorgánicos. En las células vegetales, que poséen la materia colo- rante verde, la clorofila, los fenómenos de reducción están relacionados con la existencia de ese producto y los elementos anatómicos que la tienen, son los que ab- sorven ácido carbónico, fijan el carbono al agua, y eli- minan el oxíjeno, cambios que solo se verifican á la luz, pues en la obscuridad lo mismo que todas las demás ab- sorven oxíjeno y eliminan ácido carbónico por falta de afinidad. Sírvele, por consiguiente, la luz para sus reac- ciones, y á expensa de ella, la clorofila da lugar á la formación de un cuerpo ternario, el almidón, aunque al- gunas veces se forma también el azúcar; la fécula se constituye en este caso, sin que sea necesaria la exis- tencia en el protoplasma, de las células, de sustancia hidro-carbonada alguna capaz de transformarse en almi- dón, bastando solo las circunstancias que favorecen en los glóbulos la eliminación del oxíjeno, se comprueba esta acción porque bajo la influencia de la luz, se ven aparecer en medio de la clorofila, pequeños granos de almidón. En las células sin clorofila se produce el almidón sin eliminación de oxíjeno, debiéndose entonces el fenóme- no á que todas las sustancias hidrocarbonadas vegetales pueden transformarse en el referido cuerpo. La fécula, por consiguiente, puede aparecer en las células por dos procederes distintos, ó se forma por sín- tesis, sin que en el elemento anatómico haya sustancias hidrocarbonadas precedente que puedan constituirla, haciéndose tan solo por la clorofila y la luz sobre el 106 agua y el ácido carbónico, absorvidos ó se constituye por la existencia de principios hidrocarbonados que se desdoblan y dan origen al cuerpo ternario que nos ocupa. Una vez formado el almidón, en cualquiera célula, puede dar lugar al nacimiento de toda la serie de cuerpos amilo - azúcar a dos, pasando á ser amidulina de Nasse, ó amilodestrina de Naegeli, eritrodestrina de Brücke, acrodestrina, alfa, beta y gamma, maltosa, glucosa, sa- corosa, levulosa, pectosa, manita, goma pectina, etc., productos que combinándose unos, desdoblándose otros, producen considerable número de sustancias distintas en el organismo celular, como pasa por ejemplo con el azúcar de uva, que puede dar origen tanto al alcohol y ácido carbónico, como á los ácidos láctico, acético y butírico, los cuales una vez construidos, ó bien tienen afinidades con otras sustancias orgánicas del mismo elemento ana- tómico, ó bien se combinan con bases inorgánicas que han penetrado en la célula di sueltas en el agua ya en el estado básico ya formando sales, cuyos ácidos son susti- tuidos por algunos de los expuestos. Los cuerqos grasos nacen en el interior de la célula vegetal, de los hidrocarbonos que en ella se forman y cuya producción hemos visto hacerse, á expensa de las reacciones de que nos hemos ocupado, asegurando Lie- big que los ácidos grasos encuentran origen en acciones de desdoblamiento, en fenómenos de fermentación y de reducción, y las bases en verdaderas oxidaciones, per- diendo también constituirse las grasas á expensas de las sustancias albuminoideas, pues la fermentación de estas da siempre lugar á cuerpos pertenecientes á la serie de los ácidos grasos. El origen de las materias cuaternarias ó proteicas en el interior de las células vegetales es, según todas las probabilidades, resultado de la combinación de una sus- tancia ternaria, ó no azoada, con una sal amoniacal, ó amoniaco, ó cuerpo azoado orgánico á los que quita el nitrógeno apoderándose de él; conclusión á la que han llegado por una parte Pasteur, observando que los gra- nos de fermento vegetal, crecen en una disolución de azúcar y de amoniaco y por otra Rochbeder, que consi- dera muy fácil crear sustancias proteicas combinando una liidrocarbonada, con otra azoada que no tenga amo- niaco, de donde deduce, que el origen de los productos nitrogenados vegetales revelan un período más avanza- do de la vida de las células, como también así lo opina el Dr. Wundt. El ázoe en estado libre no es nunca asimilado por la célula vegetal, no necesitándose ni de la clorofila, ni de la luz para la síntesis de los cuerpos albuminoideos, por lo cual en todos los organismos elementales que ve- nimos estudiando se producen los cuerpos cuaternarios. De lo expuesto, á manera de resumen, podemos afir- mar que la célula vegetal es un aparato de síntesis más que de oxidación, sin que por eso deje de haber en ella verdaderas combustiones. Estudiadas las mutaciones nutritivas de las células vegetales, pasemos ahora al examen de lo animal, ele- mento más que nada de oxidación, sin que deje de serlo de reducción. En efecto, la transformación de los hi- drocabornados en ácidos grasos, lo comprueba satisfac- toriamente; sucediendo en este caso, como en otros más que pudiéramos citar, que la reacción no se destaca con toda claridad, porque se encuentra un tanto oculta por las oxidaciones que pasan á la vez que ella y por- que los productos recién aparecidos se queman tan lue- go como se producen. La nutrición de las células que ahora principian á ocuparnos, ofrecen en general reacciones; fenómenos de afinidad más variados que los que nos entretuvieron antes, porque recaen casi siempre sobre elementos más complejos, no obstante, algunas sustancias pasan por las células animales sin sufrir cambio alguno. La ma- yor parte del agua que forma el elemento anatómico, llega y sale de él íntegra, una pequeñísima porción es solo la que se descompone, y otra más importante, aun- que no mucho, es formada en su interior y de igual mo- 108 do que sucede con el agua, puede decirse que sucede con las sales inorgánicas que las constituyen y atravie- san. Las, células animales como las vegetales fabrican hidrocarburos, por lo cual es fácil comprobar en su com- posición la presencia de la sustancia glicogénica, del azúcar de leche, y la materia azucarada de los múscu- los y del cerebro, formándose los cuerpos amilo azuca- rados indicados, bien directamente de los hidrocarbonos nacidos en el glóbulo mismo, ó bien por desdoblamiento de los albuminoides, opinión del célebre profesor de Heidelberg que nos parece admisible, porque es indu- dable que esos dos orígenes pueden tener los productos que nos ocupan; debiendo agregar, que entre los cuer- pos azucarados de las células animales pasa una meta- morfosis del mayor interés que no debemos olvidar aquí, y esta es la trasformación de la sustancia glicogénica, ó del azúcar de leche en glucosa, la que desdoblándose á su vez, puede dar lugar á toda la série de cuerpos que hemos enumerado al tratar este particular en el estudio de las células vegetales. Las grasas pueden constituirse también en el seno de los glóbulos naciendo, ó bien directamente de los hidrocar- buros ó bien por desdoblamiento de los alburninoideos, do- ble origen que se asemeja al modo como se forman en las células vegetales, siendo el último de los procederes in- dicados, el que parece constituir mejor las referidas sus- tancias. En cuanto á los cuerpos cuaternarios proteicos, tenemos que exponer que las células animales no poséen el poder de formar materias albuminoideas, fijando di- rectamente el ázoe sobre los hidratos de carbono, pero sí, como dice Weiske, utilizan la esparragóla, producto de la descomposición de albuminatos vegetales para re- construir con ella la albúmina, por lo cual, aunque no por un procedimiento sencillo pueden dar origen al pri- mero de los cuerpos cuaternarios. Ahora bien, aunque las células animales pueden pro- ducir las sustancias enunciadas, casi todas estas pene- 109 tran para su asimilación, ya constituidas en el interior del elemento anatómico, y por tanto el mayor número de las acciones químicas que en su seno se verifican, so- io determinan desdoblamientos que, simplificando los cuerpos introducidos, los hace pasar por evoluciones su- cesivas hasta convertirlos en sustancias orgánicas muy simples, ó en cuerpos inorgánicos que se espelen como productos de desasirailación; no obstante en el interior de las células animales hay reacciones complicadas que tienen por objeto la reunión de los elementos existentes para constituir diferentes principios inmediatos, así es que pueden observarse combinaciones de amido con los cuerpos grasos, á la vez que ver en ellas, fijación ó pér- dida de uno ó muchos equivalentes de agua, combina- ciones poliméricas y modificaciones isoméricas. Los principios que á causa de las reacciones indica- das nacen en el interior del glóbulo, en su interior mis- mo se descomponen, preparando los elementos de desa- similación por medio de desdoblamientos sucesivos, que como hace poco indicamos, van lentamente simplificán- dolos y mineralisándelos, debiéndose los más de estos fenómenos, sino todos á las combustiones determinadas por el oxíjeno, pues en efecto, el cuerpo comburente, en el glóbulo animal combinándose con los albuminatos da lugar á la leucina, tirosina y glicosa, la creatina se transforma en sarcosina y urea, el ácido úrico determi- na también la urea, más la alantoina y el ácido oxálico, y todas ellas por nuevas y más perfectas oxidaciones se transforman en finiquito como ha dicho Reclam, que acontece, como productos últimos de las combustiones orgánicas, en agua, ácido carbónico y amoniaco. De lo expuesto podemos afirmar, que las células ani- males son aparatos de oxidaciones, verdaderos hornos, en donde todo se quema lentamente, sin que por eso de- jen de hacerse en ellas, importantes y trascedentales síntesis. . ' y )0 n/oqlíí j-aopmrjrf so I onr Comparando los cambios materiales operados en el interior de las células vegetales y animales, quedará 110 comprobado lo que hemos dicho antes, pues se ve que en general, las primeras eliminan oxígeno y las segun- das lo absorven, que las primeras asimilan y las segundas desasimilan, es decir, que las unas aglomeran elementos y crean sustancia orgánica, y las otras restan y desor- ganizan; pero todo .esto solo, y únicamente, como carác- ter general y preponderante. La célula vegetal posée una materia colorante verde encargada principalmente de la reducción y la animal una roja, cuyo objeto capital es la oxidación, sin em- bargo, ya lo hemos designado, tanto en las unas como en las otras, hay actos que hacen excepción á esta re- gla, que por lo mismo hemos significado de general, toda vez que se comprueban fenómenos de oxidaciones constantes en las células vegetales, enmascarados por el predominio de los de reducción y en las animales, es- tos últimos, en las mismas condiciones inversas que aquéllos. Los productos elaborados por el protóplasma celular en uno y otro reino, demuestra satisfactoriamente que no existen diferencias acentuadas como se había creído durante algún tiempo, entre los vegetales y animales; los primeros fabrican la celulosa y sus derivados, las materias colorantes (clorofila y distintos pigmentos), fécula ó almidón y sus isoméricos (imilina etc.), las ma- terias azucaradas (sacarosa, glucosa, levulosa, manida etc.), las gomas, el tanino, los ácidos, las materias gra- sas (aceites, ceras, las esencias, las resinas, las sustan- cias azoadas) (gluten, legumina, caseína, asparragina etc.), y alcaloides numerosos; las segundas forman la celulosa, las materias colorante hemoglobina, hemoxia- nina, pigmentos diversos, los productos anúlaseos, gli- cogénica, destrina etc., las materias azucaradas, glucosa, lactosa, inoxita, los cuerpos grasos neutros, cera ani- mal, los ácidos minerales y orgánicos, unos azoados, co- mo los huricos, hipouricos, aspártico etc. y otros no nitrogenados como el fórmico acético, butírico etc., las sustancias azoadas, albúmina, febrina, caseína etc, y los 111 cuerpos comparables á los alcaloides como la urea, creatina, leucina, tirosina etc. y en las unas como en las otras la creación de fermentos particulares de importan- cia considerable para los fenómenos íntimos de la quí- mica biológica. Por último, Lácese más intima la analogía con los es- tudios de los Sres, Rey Pailliade (de Tolosa) y Jacquet (de Basiiea), los cuales han encontrado en todas las cé- lulas vivas, esparcido en las diferentes partes délos or- ganismos elementales, un mismo principio inmediato que ha sido denominado por el primero de los señores men- cionados con el nombre dejüotion, y al cual ha atribui- do á tenor de sus propiedades químicas, una acción es- pecial como fermento de oxidación. No todos estos principios desempeñan igual papel en los organismos elementales, entre ellos, los unos están destinados á servir de reserva para la nutrición y el de- senvolvimiento de las células, y los otros son productos intermediarios y transitorios que acompañan los fenóme- nos de desasimilación. No hay, pues, radical antagonismo entre la célula vegetal y animal, cuando se estudian comparativamente unas con otras, en cuanto á la manera de ser de las ac- ciones de afinidad que determinan, y mucho menos exis- te cuando se ponen en parangón los productos de des- composición de ambos organismos, pues como hemos de ver bien pronto, son los mismos y determinados por idén- tica causa. ¿Serán fenómenos de fermentación los más de los actos nutritivos de las células? Hemos visto en el transcurso del estudio que venimos practicando, que las materias que entran y salen de las células, experi- mentan profundos cambios, y hemos señalado á la vez que durante cierto tiempo, estas materias una vez asi- miladas, constituyen íntegramente á los glóbulos, sin modificar su naturaleza íntima; pero influyendo, no obs- tante, y cambiando la de las sustancias que con ellas se ponen en contacto. Más aún, hemos visto que aumen- taban de volumen y á veces se multiplicaban sin dejar 112 de imprimir las modificaciones indicadas, manteniendo en sn crecimiento y multiplicación su manera de ser constante. . Hay pues, en el cambio de materias de las unidades vivientes, actos químicos de asimilación ó desasimila- ción, en los que las acciones mutuas entre la materia celular y las que con ella se pone en contacto, hacen que aquélla cambie de naturaleza; pero hay también otros en los que ésta permanece constante; por tanto existen en el interior de las células, fenómenos de fermentación durante los cuales éstas hacen el papel de fermento, puesto que tal debe llamarse una sustancia que posee la propiedad de modificar, las que se encuentran en sn contacto, sin sufrir modificaciones ellas mismas, y, co- mo por otra parte, se ha notado también que los fomen- tos tienen la propiedad de multiplicarse cuando se ha- llan en presencia de otros productos, sobre los que ejer- cen su acción fementida y así sucede cabalmente en las células; podemos desde.luego referir á la fermenta- ción, la mayor parte de los fenómenos nutritivos de las unidades vivientes. Todos los fermentos tienen marcada afinidad para con el oxígeno y ora se apoderan del atmosferio, ora del de otras sustancias, al cual reducen. En el primer caso el fermento se llama de oxidación, en el segundo de re- ducción. El poder reductor es muy variable en los fermentos, todos ofrecen la propiedad de reducir el bióxido de hi- drógeno, los más enérgicos, descomponen el agua en sus elementos y la clorofila más potente, además del agua, puede desdoblar el ácido carbónico, por lo que hemos dejado sentado, se operaban en las células ve- getales, nacimiento de sustancia anulo azucarada sin más precedentes que el agua y el ácido carbónico, é in- dicando que todos los organismos elementales pueden transformar y transforman su almidón en azúcar ó en otros hidrocarburos; que los productos albuminoideos se descomponen en sustancias azoadas y otras que no lo son, délas cuales se les suponen teóricamente formadas; metamorfosis que se realizan en la misma forma que las que producen, por tanto, la fermentaciones glncólica, lác- tica, alcohólica, butírica, acida, etc.,cuando los fermen- tos obran sobre sustancias no azoadas; y pútrida, cuando ejercen su acción sobre materias albuminoideas; seme- janzas notables existen, por consiguiente, entre muchos de los fenómenos de nutrición de las células y las fermen- taciones; pero lo que justifica más esta analogía, según di- ce el profesor Wnndt es que, en lo sucesivo todo descubri- miento hecho en el estudio de la fermentación, servirá para ilustrar los fenómenos celulares y recíprocamente. Sean las que fueren, las reacciones químicas que tengan lugar en los organismos elementales, resulta siempre que el protoplasma es el asiento principal de las mismas; en él se observan la mayor parte de las transformaciones que sufren las sustancias que han lle- gado al interior de la célula y de él parten á la vez las excreciones y secreciones que pasamos á estudiar. En concepto del profesor Beaunis, la desasimila- ción celular consiste en una oxidación, ora de las sus- tancias propias de los glóbulos, ora de los materiales transformados por ellos y no empleados en su repara- ción, predominando la oxidación unida á la producción de fuerzas vivas en las células animales. La elimina- ción de los productos, transformados por la usura de la vida y de las sustancias que contienen en su interior las células, materiales propios, que no han sido integrados al foco de vida aunque sí metamorfoseados, consti- tuyen la excreción celular. La producción de princi- pios, que no son inmediatamente utilizados, ni para formar la sustancia organizada, ni para cumplir deter- minados actos en el organismo elemental, pero que sir- ven para acciones especiales fuera de él, constituyen las secreciones celulares. Los productos de eliminación formados en el interior de los glóbulos, representan una fase regresiva descen- diente de las sustancias constitutivas de los mismos que 114 nacen para ser devueltos al exterior sin que sea necesa- rio sus últimas transformaciones por efecto de desdo- blamientos químicos para constituir cuerpos inorgá- nicos; asi sucede entre otras con las leucomáinas consi- deradas por Grautier como alcaloides fisiológicos que por su parentesco con la creatinina, están destinados á ser desalojados de la economía de los organismos elementa- les, de igual modo acontece también con la luxeina, ti- rosina, glueócola, la sarcosina, la urea, el ácido úrico, la alantoina y otros productos de que nos hemos ocu- pado hace poco, cuando estudiábamos los cambios ex- perimentados por los albuminoideos en el trabajo de nutrición celular, y así también acontece con las sustan- cias hidrocarbonadas y sus derivados, ya pertenezcan á la clase de las amilo azucaradas, ya á las de las grasas. Estos productos, unidos á los minerales, que son es- cretados por las células, constituyen en parte las sus- tancias intesticiales, las que pueden dividirse en dos cla- ses distintas, teniendo en cuenta sus formas definitivas, y son las sustancias intesticiales líquidas, ó líquidos interticiales que comprenden el plasma de la sangre y del quilo, los jngos glandulares y parenquimatosos, cuya producción se puede atribuir en parte á los elementos celulares, y las sustancias interticiales, sólidas ó inter- celulares, á las que corresponden las materias interti- ciales de la sustancia conjuntiva simple y de todas las especies del tejido conjuntivo. La salida de los productos que deben ser devueltos por los organismos de primer orden, la excreción celu- lar, es un acto de naturaleza física, debido las más de las veces á la doble corriente de difusión, que tiene lugar entre el líquido del glóbulo y el que le rodea, por lo cual las sustancias no solo penetran en las unidades vivien- tes, sino que también salen de las mismas, pudiendo la evaporación y la presión dar cuenta de la excreción. Como consecuencia de las reacciones químicas que se verifican en los focos de vida, para la asimilación de sus- tancias y para la formación de los productos que han de 115 ser devueltos al exterior, tiene lugar el desarrollo de fuerzas moleculares, que producen fenómenos de calor y de electricidad, y algunas veces, aunque pocas, de luz. El cambio molecular de la célula consiste, como hemos visto, sobre todo en fenómenos de síntesis y de fermen- taciones. Ahora bien, tod s las acciones á que nos re- ferimos son elementos productores de calor, y por tanto en los actos nutritivos de las células es natural que se desarrolle el agente que nos ocupa cuando el desen- volvimiento del calor es considerable, entonces no solo se manifiesta éste, sino que también se produce luz, hecho que nunca es determinado por las células vege- tales, pues la de la madera podrida se debe probablemen- te á la oxidación de la celulosa; pero no así sucede con las animales en donde las cosas pasan de una manera distinta, como acontece en los lampiris, algunos de cuyos elementos anatómicos tienen una grasa fosforada, que al oxidarse, da lugar a producciones luminosas; los infu- sorios suministran también luz y á ellos se debe la fos- forescencia de los mares, como hemos dicho al ocupar- nos de las propiedades físicas de las células. Los glóbulos de todos los órganos eléctricos deter- minan corrientes intensas y de igual modo los elementos nerviosos y musculares, la desarrollan también aunque mucho más débiles. Imposible es hoy para la ciencia actual, el justipre- ciar ó medir la intensidad del calor, la luz y la electrici- dad, desenvueltas por los organismos elementales, por lo que tan solo tenemos que contentarnos con la observa- ción de los hechos. Por último, para finiquitar diremos que la célula vi- va labora, que no permanece pasiva, que su actividad que constituye en gran parte la nutrición, son acciones físico-químicas, sin que se vea en ello virtud específica alguna, y que si como ha dicho Claudio Bernhard, los vegetales y animales por el modo de ser de su nutrición, forman organismos completos en sí mismos, las unida- des vivientes, por análogas razones, también lo son. LECCION VIH El eminente sabio inglés Huíley ha dicho después de meditadas observaciones, que ningún ser viviente con- serva las mismas é iguales dimensiones en el transcur- so de su existencia, que todos crecen, que todos se de- senvuelven en el tiempo, y como la célula durante su estado de vida es un organismo completo, autónomo, no puede sustraerse á la acción de las inmutables leves del desarroyo, cuyo estudio constituye uno de los capitales más interesantes de la ciencia que nos proponemos co- nocer. Trátase de una propiedad que corresponde á los fo- cos de vida, porque es común á la sustancia organizada en vía de renovación molecular, por la que cambian bajo distintos aspectos, de volúmen, de forma, de ex- tructura y demás manifestaciones de orden biológico, hasta la determinación de metamorfosis tales en su cons- titución, que todos esos actos cesan, y entonces tiene lugar la muerte. Con frecuencia se emplean como sinónimos por al- gunos autores los términos, desarrollo y evolución; pero ambas voces no deben confundirse, pues la primera de- signa el aumento en masa, la extensión en las tres di- mensiones de los elementos anatómicos y la segunda las fases del desenvolvimiento que forma una especie de curva en la cual se elijen ciertos puntos como escalas ó grados en el estudio y comparación de las referidas fases. 118 Es la nutrición condición sineqna nom para el de- sarrollo, no hay evolución sin nutrición, por lo que se encuentra aquélla bajo la dependencia de ésta de un modo acentuado, sin que sea sucesión necesaria, pues se concibe que un cuerpo organizado puede existir indi- huidamente sin desarrollarse, nutriéndose solamente, á expensas de cambios equilibrados entre las partes que entran y salen del mismo. La nutrición y evolución, son pues, dos propiedades biológicas distintas que no deben confundirse jamás. La cualidad que poséen los elementos anatómicos de aumentar ó disminuir su conjunto, modificando su modo de ser en el transcurso del tiempo, es un hecho que no puede compararse al que consiste en una renovación con- tinua de molécula por molécula, de los principios que constituyen su sustancia, ya por combinación ó descom- posición, por lo que no hay parecido alguno entre los dos fenómenos, tomar éste por aquél ó considerarlos como si fueran uno solo y designarlo con igual nombre, seria, á no dudarlo, un grave error. Las células, como cualquiera otro ser viviente, cre- cen mientras tanto prevalecen en ellas el movimiento de asimilación sobre el de desasimilación, y decrecen ense- guida que dicha relación se hace á la inversa. Todas las funciones celulares, tanto las vegetativas 6 de nutrición, como las de relación, están sujetas á las invariables y constantes leyes del desarrollo, ninguno de los actos dinámicos de los elementos anatómicos se cum- plen con igual precisión durante las distintas edades de las unidades vivientes, al principio son menos visibles para hacerse completamente netos cuando el glóbulo ha llegado á su perfecto desenvolvimiento, ó en otros tér- minos, cuando ha alcanzado la edad adulta. El punto de partida del desarrollo de los elementos anatómicos, es el momento que sigue al de nacimiento ó aparición de los mismos, hasta que el individuo adquie- re todas las propiedades que corresponden á los de su clase ó raza. Al nacer todas las células presentan el 119 mayor grado de simplicidad orgánica, la cual aproxima unas especies á las otras, por más que ellas sean en sí diferentes, los cambios sucesivos que experimentan en el transcurso de la vida á expensa del desarrollo, hacen que se vayan separando, haciéndose distintas, especiíicánde- se sus variadísimas clases. Las diferencias que existen entre un foco de vida que ha llegado al último grado de evolución, y lo que era al principio de su existencia individual, son siempre mayo- res que los que separan los diversos elementos en el mo- mento de su aparición. Si bien son continuas las variaciones que experimentan los organismos de primer orden durante el crecimiento, no son infinitas, ni indefinidas, se cumplen en un senti- do que es constantemente igual para cada especie de ele- mento de un mismo ser y con ligeras variantes de un género á otro en los animales como en los vegetales. En ningún caso el desarrollo en condiciones fisiológicas, ha- ce perder á los focos de vida sus caracteres específicos, ni lo transforma jamás en elementos de otra especie, ase- gurando Mr. Pvobin que de igual manera sucede en cir- cunstancias anormales ó patológicas. Todas las células, por consiguiente, crecen, pues es ley general la del desarrollo, pudiendo llegar á tener un volumen considerable corno sucede con las fibras del cristalino y en el huevo, por lo que se observa, que las células jóvenes, tienen menor tamaño que las que han adquirido completo desarrollo, por más que siendo distintas las tallas de los elementos anatómicos de los diferentes tejidos pueden encontrarse algunos glóbulos que en razón de esta diferencia, son más grandes al na- cer que las de otros completamente desenvueltos. El problema del desarrollo es desde luego más sen- cillo cuando se circunscribe á los organismos elementa- les, que cuando se refiere á los compuestos, á los vege- tales y animales más ó menos perfectos, porque en las células no hay la complexidad de estructura que en es- tos últimos, sin que deje de existir por eso verdaderos 120 escollos, dificultades considerables para la ciencia con- temporánea. Á medida que los distintos productos celulares se forman ó metamorfosean en los organismos elementales para satisfacer las exijencias de la vida, tiene lugar. eJ acto de la integregación, el cual, si es más intenso que la usura, según hemos expuesto determina necesaria- mente el crecimiento de los glóbulos, aumento de volu- men que exije, por lo tanto, un acumulo notable de productos asimilables en las unidades vivientes, pues de no ser así, no sería dable el desenvolvimiento por falta de materiales para ello, por lo cual, dicen los Señores Yiau.lt y Jolyet que el desarrollo de los elementos ana- tómicos se hace á expensa de los materiales de reserva con la intervención de fermentos particulares. La síntesis que producen los materiales de reserva y la nutrición para la vida y crecimiento, son simultáneos las más. de las veces; pero en otros no sucede así, pues en- tre las síntesis que determinan las reservas y lá asimi- lación nutritiva, hay completa separación, verificándose alternativamente ambos actos. Durante el día una cé- lula de Spirogira fabrica y amasa su reserva, pero no la asimila ni crece; durante la noche asimila y crece, pero no las fabrica, ejemplo que patentiza lo que tratamos de dejar sentado con el objeto de comprobar, que no siempre se pasa el acto de asimilación y crecimiento en las cé- lulas, á medida que se van obteniendo los materiales pa- ra ello, por lo que en tales circunstancias, el desarrollo no se hace á la vez que las síntesis creadora de elemen- tos, sino cuando aquella ha terminado y fabricado pro- ductos en notable cantidad. Es indudable que lo fundamental del desarrollo ce- lular deriva del cambio de materiales y del predominio de los que penetran, sobre los que son expulsados. ¿Pe- ro de qué depende este predominio? Tal vez sea ley de la absorción celular, que la cantidad de materias asimi- ladas represente una cifra mayor que la eliminada y de aquí el cumplimiento que se cumple dentro de detirmi- 121 nadas condiciones, por lo cual hemos indicado que en ma- nera alguna podía ser indefinido y verificarse adlibitnn. En los organismos elementales como en los compues- tos, el crecimiento hace que se desarrolle la superficie como el cuadrado y la masa de los mismos, como el cu- bo; de aquí que al cabo de cierto tiempo, no sea bastan- te la superficie envolvente, para suministrar materiales capaces de suplir á los que se eliminan, y proveer al crecimiento, y que este se detenga dando lugar á un pe- ríodo de equilibrio, y por último, á otro de retroceso ó regresivo del que más adelante nos ocuparemos. Para estudiar convenientemente el desarrollo celular debemos observar todas las fases por las que va pasando el glóbulo, desde los primeros instantes de su vida,has- ta que adquiere su más completo crecimiento, esto es, seguir paso á paso á la unidad viviente, desde el momento que nace de la madre que le da origen por cualquiera de los modos de generación enunciados antes, hasta verla llegar al tamaño de su progenitura. Difícil es examinar los diferentes aspectos que el desarrollo físico de las células ofrece, no obstante mu- cho relativamente se ha conseguido y es lo que nos pro- ponemos inquirir, viendo cuales son los cambios de volumen, de forma, de consistencia, de reacciones quími- cas y de extractara que experimentan por el desarrollo, para estudiar después el mecanismo del crecimiento, en las diferentes porciones de las completas de Remak, Reichert, Yirchów, Kolliker y Donders. Cualquiera que haya sido el modo de individualizar- se de los organismos elementales, una vez nacidos, ex- perimentan desde ese momento, un aumento constante de volumen hasta su completo desarrollo. Las células jóvenes como hemos indicado, y por tan- to todavía más, las recién nacidas tienen un tamaño mucho menor que las adultas de las clases á que ellas pertenecen, lo cual es lógico suponer, porque los orga- nismos que vienen á la vida son generalmente más pe- queños que sus padres, pero esto, que era fácil de 122 concebir por la imaginación, ha sido satisfactoriamente demostrado, hecho tangible en el porta-objeto del mi- croscopio, por Mr. Harting, valiéndose para ello del mi- crómetro, con el cual ha medido las dimensiones de los organismos elementales en diferentes épocas de su de- sarrollo, desde el momento de su formación, hasta el de su mayor volumen. En efecto, usando del accesorio indicado, basta colocar las células debidamente en el aparato de amplificación para comprobar en él, que los glóbulos á medida que se desenvuelven, van haciéndose cada vez más y más grandes.. El aumento de proporciones es distinto para las dife- rentes especies celulares, tiene lugar de una manera análoga en las tres dimensiones, en las células epitelia- les poliédricas, en los leucocitos, en los glóbulos del cris- talino, del cartílago, en los meduloceles, en las nerviosas de los gánglios, de los centros y en otras. Regularmente se verifica el crecimiento en todas di- recciones de un modo igual, cuando el elemento anató- mico, se encuentra colocado en el interior de una sustan- cia intercelular blanda, sin embargo, algunas existen que no se desarrollan á la vez en todos sentidos, en las condi- ciones del medio enunciado, pues no se hacen esféricas, sino antes bien, ofrecen prolongaciones ó deformidades características y específicas, debiéndose á circunstan- cias dadas, de interés reconocido, como hay otras que desarrollándose en un medio consistente, adquieren una talla, que no es la que corresponde á las presiones que sufren. En muchos casos, tanto normales como accidentales, el aumento de las unidades vivientes, solo se hace en dos sentidos, mientras que las otras porciones conser- van su espesor, ó disminuyen en comparación de lo que eran antes. En gran número de especies de elementos anatómicos durante sus evoluciones, el aumento de ta- maño se hace más en la dirección de uno de sus diáme- tros que en los otros, como sucede para las células epi- teliales prismáticas, y con los filamentos cilindricos, los 123 que pueden ser más ó ménos aplastados; acontece igual hecho en el desarrollo de las fibras laminosas, elásticas, musculares, estriadas y musculares lisas. El aumento es tal para algunas como acontece con las laminosas y muchas elásticas, que su largo no puede determinarse. El desarrollo de uno ó muchos elementos, puede á veces no alcanzar sus límites ordinarios, pues llegados á cierto grado cesan de crecer, entonces la asimilación no sobrepuja ula desasimilación, habiendo en cambio igualdad entre ambas, la que puede durar más ó menos tiempo. En estos casos hay lo que se llama detención de desarrollo, lo que frecuentemente se observa en mu- chas células vegetales y animales siendo buena prueba de ello, las de los epitelios, de los óvulos, etc. Este caso accidental del crecimiento de los elemen- tos anatómicos, ha recibido el nombre de Atrofia cambio en la evolución que se coloca, según las condiciones de medio en que se observa, ya entre los últimos fenóme- nos del desarrollo ó seniles, ya entre los hechos anor- males ó teratológieos, ó yíi entre los fenómenos movidos ó patológicos. Como la atrofia puede ser la depresión de desarrollo en los postreros instantes de la vida de los glóbulos, ó la manifestación de hechos teratológieos, es que hemos creído de nuestro deber consagrarle algunas palabras, como asimismo lo haremos con la hipertrofia después que dejemos fuera de toda duda, que no es dable con- fundir la detención en el desarrollo, con la atrofia; en efecto, cuando los elementos anatómicos son detenidos en su crecimiento, se puede reconocer en ellos los ca- ractéres de extractara que presentan los bien conforma- dos, en la época de desarrollo en que aquellos se han paralizado, mientras qne en los casos de atrofia, sea esta determinada por la vejéz ó producida por un estado anormal, hay constantemente modificaciones constitu- cionales, modo de ser distinto, entre las partes que en- tran en la composición anatómica de las unidades vivien- tes, por este motivo las versícuias adiposas adelgazadas, 124 ofrecen una convoltura plegada separada por un liquido incoloro de su contenido aceitoso, lo que no se encuen- tra jamás en las referidas versículas detenidas en su desarrollo, en ninguna de las épocas de su evolución ascendente. Cuando el crecimiento de una célula ha terminado, cuando su volumen ha alcanzado sus límites habituales, ella lo conserva tanto tiempo cuanto dura su grado igual, la asimilación y desasimilación nutritiva, pero el aumento gradual de su volumen puede sobrepasar los límites que son habituales á tal ó cual especie y este ex- ceso de desarrollo es lo que se conoce con el nombre de hipertrofia. Es llamada esta anómala ó teratológiea cuando tiene lugar desde la época en que el elemento alcanza sus dimensiones ordinarias, y mórbida ó pato- lógica cuando se presenta como repetición más ó menos tardía de las manifestaciones de la evolubilidad en las condiciones accidentales. El estado hipertrófico es fácil de observar en los leu- cocitos del pus, en los mieloplaxas, en las células epite- liales y en otros elementos anatómicos más, que por no hacer larga la enumeración no consignamos. Sí puede, con frecuencia, comprobar en una misma preparación y algunas veces en el mismo pedazo de epitelio, todas las fases intermedias entre el grado normal de tamaño y las dimensiones más exageradas. En la evolución normal, los elementos anatómicos, no solo cambian de volumen, sino que también lo hacen en su forma, es decir, que no todas las células conser- van durante la vida, las figuras ó contornos que tenían al nacer. Los cambios de forma más considerables son conse- cuencia del aumento en masa de los elementos, tenien- do lugar bien en todos sentidos, bien en una dirección más que en otra, por lo que se ve entonces á éstos ad- quirir los caracteres de prismas ó fibras, sucediendo con las esféricas que van sucesivamente haciéndose ovoides, más ó menos alargadas, ó más ó menos deprimidas, al- 125 ¿amas individualizadas con la forma poliédrica, van pau- sadamente esferodizándose sin cambiar notablemente de volumen, mientras que otras toman una figura más ó me- nos regularmente estrelladas por prolongaciones gradua- les en uno ó varios puntos de la perifiria, concluido ó no el desarrollo celular se ve que algunas unidades vivien- tes toman una conformación particular, en lugar de ha- cerlo uniformemente, por lo que la evolución se pronun- cia más en una parte que en otras, se dice entonces que hay deformación. Estas aberraciones de forma pueden encontrarse ya teratológicamente ó bien constituirla ex- presión de un estado patológico. Los ejemplos de de- formación délos focos de vida, son muy numerosos, se los puede comprobar tanto en los de tamaño natural co- mo en los que nó lo han alcanzado, así como también en las hipertrofiadas; pero son más frecuentes en estas úl- timas que en las que llegan á tener la talla que le co- rresponde, según clase. Las fibras, células, los hacesillos estriados, los gló- bulos ganglionarios y sobre todo los epitelios, nos pre- sentan con frecuencia casos de individuos deformados, en número variable, según condiciones determinadas en las cuales se hayan desarrollado, bastando para esto la sola influencia de la presión del medio, de la tempera- tura ú otras causas generales, que provocan modifica- ciones más ó menos acentuadas en el ejercicio de sus funciones, para que los organismos elementales se nos manifiesten en las circunstancias qiie nos ocupa. En condiciones patológicas, y en los productos mór- bidos, el número de células deformadas es considerable pero no siendo nuestro objeto este estudio sino el exa- men de la manera de ser normal de las unidades vivien- tes, no nos detendremos en el análisis minucioso de ta- les condiciones, conformándonos, como lo hacemos, con solo indicarlas. Los cambios de forma, como el aumento de volu- men de las células á expensas del crecimiento constitu- yen actos biológicos de la mayor importancia, siéndolo igualmente las modificaciones de consistencia, de reac- ciones química y de extructura que pasamos á exponer. A expensas de la evolución, la consistencia de los organismos elementales cambia notablemente, espesán- dose por lo regular cuando han alcanzado su tamaño normal; en estos casos se forman en el interior de la ca- vidad celular, masas de materia celulósica y el ectoblas- to aumenta de espesor en la dirección del rádio, en vez. de hacerlo superficialmente, cuanto mayor es el creci- miento en el sentido indicado, tanto más se retrae la cavidad y por ello tiene que espesarse el protoplasma en cuyo caso se adelgaza, reduciéndose finalmente á un cuerpo pequeñísimo, el cual desaparece casi del todo en las células viejas, muy consistentes, siendo su ausencia total, expresión de la muerte. En algunas células á consecuencia del desarrollo, la fluidez de todo el organismo elemental se acentúa, dis- minuyendo su consistencia, como en otras á expensado pérdidas más ó menos considerables de agua, aumenta su espesor á tal extremo, que la membrana de envoltura suele entonces tomar el aspecto del corcho. Con el crecimiento varían notablemente las reaccio- nes micro-químicas de las células, determinadas por las afinidades que tienen lugar en los organismos elemen- tales, á expensas de las usuras de la vida, las cuales son distintas en las diferentes edades de los mismos. Los elementos anatómicos de inmediata formación encierran como contenido, el protoplasma normal en mayor ó menor grado homogéneo, siendo todas las de- más materias que luego en ellos se encuentran produc- tos de la evolución en el tiempo. Esto sentado, veamos cuales son las principales sus- tancias que caracterizan el cambio químico de la s unida des vivientes, y los hechos que demuestran que sus aparicio- nes se efectúan realmente en el curso del desarrollo. El primer indicio de los cambios químicos que expe- rimentan los focos de vida, se patentiza en la mayor ó menor facilidad conque el protoplasma se une al agua. verificándose con energía en los jóvenes y con marcada lentitud en los viejos. El protoplasma de formaciones recientes, se tiñe de ■color violeta cuando es tratado por una disolución acuo- sa de sulfato de cobre, ó bien cuando es colocado bajo la acción de una legía de potasa cáustica, demostrando dicha reacción según los Sres. Piotrowski y Czermak que contiene principios albuminoideos. Por el contra- rio, los mismos productos puestos en relación inmediata con las células un tanto desenvueltas, no manifiestan la coloración indicada. Cuando los organismos elementa- les cuentan algún tiempo de existencia, ofrece su conte- nido, un color amarillento si se le trata por el iodo, y de rosa si se emplea el azúcar ó el ácido sulfúrico, des- prendiendo (dores amoniacales durante la cremación así como evidencian las demás reacciones que atesti- guan la presencia de cuerpos nitrogenados, pero no aquellas que corresponden á los ante citados principios albuminosos, pues estos han ido desapareciendo, con- servándose solo en las partes interiores menos expues- tas, á las alteraciones consiguientes, á los gastos preci- sos para el estado dinámico. Los principios albuminosos que permanecen forman- do masas más ó ménos extensas, se hallan en condi- ciones susceptibles de coagularse, debiéndose á dichas coagulaciones el aspecto granuloso que ofrece algunas veces el protoplasma. Encuéntrase en el contenido ce- lular, ó séase en la base física de la vida, como conse- cuencia del desarrollo, algunos productos que si bien no son necesarios para lo vida individual de las células, lo son y mucho para la colecticia del ser de que aquéllas forman parte, encontrándose entre éstas como principales la hemoglobina alojada en los glóbulos hemáticos; lake- ratina, en las córneas de la piel, la sintonina en el fas- cículo muscular, la globulina en los prismas del cristali- no, la melanina en las células pigmentáreas, la foto- estesina en los conos retiñíanos, la mielina, cerebrina, neuroqueratina etc, en los tubos nerviosos. Mas no se circunscriben solo á lo expuesto las dito- renciáciaciones químicas que estudiamos, pues se, ha in- vestigado y comprobado satisfactoriamente quede las sustancias que por la evolución se constituyen en el protoplasma, unas se hallan íntimamente mezcladas con él, mientras que otras están alojadas en los sitios del interior celular en que no se encuentra aquel, pro- porcionando una ú otra disposición condiciones especia- les muy distintas á los elementos histológicos. En las células epiteliales de las glándulas sebáceos y en las íibro-plásticas, se produce grasas por el crecimien- to, por lo cual se perciben en ella, gotas aceitosas que forman una cavidad en el lugar que ocupan, determi- nando el aumento y distinción del glóbulo, evolución productiva que continúa hasta que sobreviene por dis- tinción la ruptura déla célula, ruptura que es condición esencial del cumplimiento de su papel en el acto de la secreción sebácea, pues pone en libertad el contenido y abandona la pared como residuo inútil. El núcleo es también asiento de importantes cam- bios en su manera de ser química, ó séase en su com- posición molecular, en las unidades vivientes recién cons- tituidas, es uncopúsculo lleno, rico en productos distintos que le hacen completamente visible en el medio en que se encuentra colocado; pero á expensas de la edad como consecuencia de la evolución, no pocas veces se vuelve en apariencia hueco por el paso al estado fluido de la s sustancias que le componen, ó por las sustitución de sus productos semi-sólidos por materias líquidas que pene- tran en su interior, todo lo cual solo se hace por accio- nes de afinidad en extremo notables. En las células sebáceas de que antes hemos habla- do, desaparece el núcleo por los cambios que experi- menta, pudiendo decirse de éstas, como de todas aqué- llas en que tal fenómeno tenga lugar que son elemen- tos caducos, cuando no muertos, pues la ausencia total de tan interesante porción de los organismos de Brücke anuncia que la célula ha finiquitado, dejando de ser 129 sustancia organizada, para pasar á formar productos or- gánicos primero, é inorgánicos, después. La membrana de envoltura es también asiento de cambios íntimos á consecuencia del desarrollo, pues cuando es joven, posee reacciones distintas de las que ofrece después que es un tanto avanzada en edad, según hemos dicho en otra ocasión, siguiendo en este particu- lar, los importantes estudios de Donders. Los nuevos caracteres debidos desde luego á las transformaciones físico-químicas que la membrana experimenta son de suyo valiosos, figurando entre ellos, el aumento de tena- cidad del estoblasto de Agassis, que le hace más resis- tente á las causas que tienden á destruirle, perdiendo á la vez casi siempre sino siempre, en gran parte su per- meabilidad, condición que difi culta, cuando no impide más ó menos completamente los cambios éntrelos elementos del medio, con los productos propios del elemento anató- mico de que antes detalladamente nos hemos ocupado. Las transformaciones químicas que experimenta la cutícula limitante, son a veces de tal magnitud, que por ellas se solidifica en ocasiones, mientras que en otras se liquida, ó bien se cambia en goma ó en "sustancias aná- logas, observándose que no pocas veces suele incrus- tarse de sales calcáreas, ó de sílice, como asi mismo de algunos otros productos. Examinadas las metamorfosis de consistencia y mo- dificaciones químicas que sufren sucesiva y gradual- mente los focos de vida en el curso de su existencia; producidos en cumplimiento de las inmutables leyes del desarrollo, veamos ahora consecuentes con el método que nos hemos impuesto, cuáles son las transformaciones que experimentan en cuanto á su constitución extractara!. Al nacer las células, presentan en tal estado, pareci- dos ó casi semejantes caractéres anatómicos, como análo- gas actitudes fisiológicas; pero tan luego el crecimiento se inicia, principian á diferenciarse hasta hacerse distin- tas, adquiriendo en la edad adulta tal manera de ser, así como en las otras épocas de su existencia, que cree» mos posible distinguir las diferentes etapas ó períodos de la vida de los glóbulos, si paso á paso se ha seguido su evolución. El contenido de los órganos celulares recién forma- dos es más ó menos homogéneo; pero á medida que el protoplasma celular aumenta de volumen y absorve agua, ésta que le empapa, divide á aquél en porciones de densidades distintas, entonces ú la menor dilatación de su masa disminuye la resistencia en uno ú otro sitio, acumulándose en éstos, las partes más fluidas bajo la forma de gotas redondeadas que constituyen lo que ge- neralmente se conoce con el nombre de vascuolas que son, por tanto, expresión fiel del crecimiento, y por las cuales se cambia la extractara de la base física de la vida, pues al principio de su constitución no existían. Las vascuolas determinadas por simple consecuencia mecánica de la imbibición, se constituyen después en centro de corrientes osmóticas, haciéndose de este mo- do, nuevas é importantes partes celulares. En gran número de organismos elementales del rei- no vegetal, encuéntranse las vascuolas, siendo entre otras, en las que mejor se observan y pueden estudiarse convenientemente su generación y crecimiento, las cé- lulas madres de los esporangios de Pottia Phascum y luego las masas homogéneas procedentes de las células de Niteila, Charas y otras. Cuando una vascuola ha nacido, sigue recibiendo agua por endosmosis al travás del protoplasma que la circunscribe, haciéndose su volumen cada vez mayor, la presión que ejerce entonces sobre las partes limitantes, aumenta, distendiendo á ésta, la cual se adelgaza, for- mando una pared cuyo espesor disminuye, hasta que se rasga, sucediendo entonces que si la célula es desnu- da, se mezcla el líquido de la vascuola, con el que se halla en el exterior, y si es completa, si posée membra- na de envoltura, la comprime fuertemente. En la producción de estas acciones se nota constan- temente que el saco protoplásmico no se adelgaza por 131 igual en todas direcciones; hay siempre una determina- da en la que el espesor es menos considerable y desde allí crece éste hasta los sitios, colocado en oposición á aquélla, que son los que la presentan mayor; excusado parece indicar que la ruptura final se verifica por el pri- mer punto, donde es menor la resistencia. En ocasiones existen en una célula varias va señólas, lo cual sucede cuando la acumulación de las porciones más fluidas del protoplasma se verifica por separado en dos ó más sitios en relación con el número de éstos. Cuando se comprueba la presencia de varias vascuo- las en una célula capas, ó láminas más ó menos delgadas separa una de otras, disminuyendo proporcionalmente el espesor de los tabiques limitantes á expensa de la tensión de aquéllas, hasta qúe rompiéndose las referidas divisiones, se unen las vascuolas en una sola masa. Al producirse este hecho se ve siempre que la resistencia mecánica que presentan los tabiques, cuando ya son muy delgados, es mucho mayor de lo que podría creer- se, y que hay como necesidad de vencer una gran fuer- za para que se confundan dos vascuolas que se encuen- tran ya casi en contacto, hecho que concuerda perfecta- mente con lo observado en todas las esférulas líquidas, sometidas únicamente á sus fuerzas propias ó molecula- res que deben ser empujadas con energía cuando se en- cuentran casi juntas para que se engloben en una misma masa. Las vascuolas constituyen una disposición importan- te de las células animales y vegetales; pero más en és- tas donde adquieren tal desarrollo que concluyen por extenderse por todo el cuerpo celular como hemos visto, obligando á los restos del protoplasma con el núcleo, á formar una capa finísima por--4obajo de la membrana de cubierta, encerrándose en esas grandes vascuolas los leu- citos y los materiales debidos á su actividad secretoria, á saber; la clorofila, el almidón, las grasas, etc. Pero no son las estudiadas las únicas modificaciones extructurales que experimenta el protoplasma en virtud 132 del crecimiento, pues diáfano al principio en muchos ele- mentos anatómicos de uno ú otro reino epitelúrico, ofre- cen después aspecto granuloso y una coloración más obscura, llegando de modificación en modificación has- ta el verde que es propio de las células que poseen clo- rofila, ó al rojo peculiar de los glóbulos sanguíneos. Las inclusiones que no existen en los corpúsculos em- brionarios ó jóvenes, se encuentran, en cambio, en tan gran cantidad en los elementos adultos, bien diferencia- dos, que impiden muchas veces la visión del núcleo y del retículo. La disposición fibrilar del protoplasrna aceptada hoy para todas las unidades vivientes, después de los estu- dios de Fiemming y Carnoy, no se demuestra tampoco en las células que nacidas, se desenvuelven hasta que llegan á la edad adulta ó séase á su completo desarro- llo, en donde pueden observarse directamente, cuando las granulaciones de que hemos hablado antes no son muchas, ó en este caso, haciendo uso de reactivos, co- mo el alcohol y los ácidos crómico y ósmico que destru- yen las partículas sólidas, se patentiza, pues el retículo que resiste á tales productos sin descomposición. En los elementos anatómicos que tienen la forma prismática, es decir, en aquellos en que una de sus di- mensiones sobrepasa mucho á las otras, se ve normal- mente ó en condiciones accidentales producirse como dice el Dr. Robin, un fenómeno evolutivo importante por el que conservan durante toda su existencia, la mis- ma constitución. Consisten estos cambios en que sin que su extructura varíe de modo notable, aumentan gra- dualmente de longitud por adición formatriz de molécu- las nuevas á las que existían. En las fibras nerviosas y en los haces primitivos musculares, compruébase satis- factoriamente lo que decimos, siempre que las compare- mos en el niño y en el adulto. Las cuatro partes que ordinariamente componen el núcleo no se evidencian de un modo claro y completo sino cuando ha llegado aquel á su perfecto desarrollo ó 133 séase á lo que hemos llamado la edad adulta, entonces ■es cuando pueden verse de manera satisfactoria el arma- zón fibrilar, la sustancia ó jugo interfibrilar, el nucléo- lo yla membrana, hasta esos momentos, las diferentes porciones indicadas confundidas en un principio, se van individualizando hasta que se hacen verdaderamente dis- tintas. Cuando aumentan de edad las células, en mu- chas la demostración del filamento de nucleína se hace difícil por la presencia de granulos de inclusión que to- do lo obscurecen, destruyéndose paulatinamente á me- dida que la vejez se aproxima, por lo cual en muchos núcleos profundamente transformados de ciertas células muertas no existe, como acontece con los glóbulos pavi- mentóse» superficiales de ía mucosa bucal y en otros es indicio también de ancianidad de los elementos anatómi- cos la fragmentación de la nucleína, como asimismo su estado amorfo, es señal de vetustez, según puede demos- trarse en las células epiteliales viejas, en las hematíes, en iguales condiciones, y sobre todo, en la cabeza de al- gunas especies de zoopermos. Las paredes globulares de poca densidad al consti- tuirse, van aumentando de espesor, con el crecimiento, en estas condiciones, se hacen cada vez más porosas pa- ra que el protoplasma no quede enterrado, y aislado del medio extra celular, los poros de las distintas capas del extoblasto se corresponden y forman así tubos que penetran al través de toda la membrana limitante, los cuales son los que se denominan canales porosos. En ciertos elementos, la cubierta por el desarrollo ofrece espesamientos locales, mientras permanece uniforme en todas sus demás partes, estas placas corresponde á la superficie globular necesitada de mayor protección co- mo pasa entre otras, con las células del epitelio intesti- nal y vibrátiles de la tráquea, en ocasiones la- cubierta se desenvuelve considerablemente adquiriendo una re- sistencia notable á los agentes destructores, como otras por el contrario se adelgaza cada vez más y más, hasta que dislacerándose deja escapar el protoplasma al ex- terior con los demás componentes que constituyen los- organismos elemental es. Para algunos, las cejas víbrales, son producidas por el desarrollo de la. membrana de envoltura, aunque en el estado actual dé la ciencia, no es posible señalar cu- tícula alguna en las pestañas por más que considera- ciones fisiológicas hacen probable su existencia, por lo que, nosotros pensamos con Klein, que son porciones de! protoplasma según hemos venido sosteniendo. En fin, hay células en las cuales los cambios evo- lutivos de extractara consisten en una atrofia parcial, hasta la desaparición completa, ya sea de las granula- ciones, ya del núcleo que poseen en las primeras fases de su desarrollo. Tales son las epidérmicas en donde el fenómeno ocurre en la forma y modo que hemos indicado, de igual manera que en los glóbulos rojos de la sangre. Expuesto los cambios de volumen, de forma, de con- sistencia de reacciones químicas y extiaicturales que experimentan las células por el crecimiento, veamos cual es el mecanismo del desarrollo, para proceder con determinado orden en este estudio, vamos á examinar- lo por separado en cada una de las distintas partes constitutivas del elemento completo de Remak, Rei- chert, Yirchow, Kolliker y Donders y por tanto á in- quirir el modo de la evolución en la membrana de en- voltura, en el protoplasma, en el núcleo y en el nu- cléolo. El crecimiento de la membrana tiene lugar por dos procederes distintos, que si bien en realidad son simul- táneos, deben ser examinados separadamente, para po- derlos conocer en la forma didáctica que nos es indis- pensable, Estos dos procederes son: el uno, desarrollo en superficie; el otro, desarrollo en espesor. El crecimiento en superficie puede ser ó uniforme ó parcial, es el primero bastante frecuente y por él se ve á la membrana aumentar de extención de una manera igual, presentando la misma manera de ser por cual- quier lado en que se la examine, así es que la célula 135 por tal causa aumenta toda ella de grosor sin cambiar •en lo más mínimo sus contornos; en una palabra, la ve- sícula celular se dilata en todos sentidos, lo que se com- prueba en el aumento de volumen del óvulo y en mu- chas nerviosas; en otras ocasiones se localiza el creci- miento en ciertos puntos determinados déla membrana, y por eso es que si el crecimiento se verifica solo en una parte, la células adquieren variadísimas formas distintas, por lo que, cuando la parte equatorial crece, las porciones polares se separan notablemente una de otra y el glóbulo se hace cilindrico ú ovoideo. El crecimiento en espesor puede también tener lu- gar de dos modos diferentes, el uno llamado creci- miento por acción centrífuga, el otro por acción cen- trípeta. En el crecimiento centrífugo las nuevas capas se depositan en el exterior de la membrana ya existen- te, en el centrípeto las nuevas capas son interiores al. estoblasto; pero en uno como en otro puede acontecer que el depósito, el crecimiento, se reparta uniformemen- te ó se localice; este último, determina si es centrífugo, la salida de levantamientos ó de crestas en la surpeficie de las células y si es centrípeto prominencias en el inte- rior de la cavidad. Simultáneamente con el mecanismo del desarrollo de la membrana celular, acontece otro hecho importan- te, este es, fenómenos de reasorción, los que si se esta- blecen, en ciertas regiones, pueden dar nacimiento á los poros y canales de que nos hemos ocupado, como se vé sobre todo, en ciertas células vegetales. El espesamiento ó aumento de la membrana se pro- duce habitualmente, cuando la célula ha adquirido todo su tamaño por absorción de sustancias nuevas venidas del exterior, debiéndose el crecimiento en extensión y espesor á que los líquidos que la atraviesan dejan preci- pitados moleculares que se justa ponen á las moléculas va existentes. Cuando el crecimiento ha, sido centrífugo ó centírpe- to, manifiéstase el ectoblasto constituido por capas su- 136 perpuestas que parecen estar depositadas unas en otras, distinguiéndose perfectamente entre sí por su aspecto; pe- ro no son porciones distintas aplicadas unes sobre otras, las que constituyen la membrana desarrollada, como muchas hojas de papel de diferentes matices, colocadas unas encima de las otras, no, la sustancia que constitu- ye la membrana, es idéntica en todos sus puntos; sus partes diversas, no se distinguen más que por la canti- dad de agua que contienen, de lo que resulta una dife- rencia de densidad, que le da el aspecto á que antes nos hemos referido. La riqueza de agua de ciertas capas de la membrana de cubierta puede ser á veces considerable, lo que hace disminuir la cohesión de las partículas de aquéllas, ha s- ta tal punto, que la membrana pierda su solidez propia y se convierta en una sustancia gelatinosa ó liquida. El mecanismo del crecimiento del protoplasma es de naturaleza físico-químicas, suministrando los elementos para su realización, ios materiales de alrededor que vie- nen á sumarse á los que ya la formaban, su desarrollo se halla pues íntimamente asociado á la absorción activa de que disfruta, que le permite apropiarse en cantidad bastante, los principios necesarios, ya para aumentar su masa sin transformarse aquéllos, ya variando de modo de ser para constituirse en sustancia organizada. La série de metamorfosis que los cuerpos sufren para engendrar materia viva, ya nos son conocidos, por tanto, debemos limitar nuestras inquisiciones en el particular que nos embarga, á exponer que cuando la a cumulación de mo- léculas en la base física de la vida se hace por igual en toda su extensión, no cambia de contornos, pero que cuando el protoplasma se contrae, la precipitación de aquéllas en determinado sentido, es la causa de las múltiples formas de que hemos tratado. En el interior del protoplasma las molécula s se unen estrechamente entre sí y al encontrarse en proporciones definadas se combinan dando lugar á la aparición de cuerpos nuevos. Los productos de mayor densidad agrúpanse hácia la periferie terminando en ella su organi- zación . La entrada de los elementos del medio en la célula y los constituidos en su interior, dan lugar á las meta- morfosis estructurales que como cambios de ese orden, he- mos explicado hace poco, en comprobación de las modifica- ciones que experimenta el protoplasma por el crecimiento. El mecanismo del aumento de volumen del enqui- lema es fácil de comprender porque se verifica sobre todo, á expensas del agua que penetra en el cuerpo ce- lular, ó de la que se forma en el mismo en virtud de sín- tesis, de igual manera pasa para con los productos or- gánicos é inorgánicos que le constituyen pues, muchos penetran disueltos y otros nacen en el interior de la porción del protoplasma que estudiamos; el enquilema por ello representa el pábulo nutritivo de los elementos anatómicos, encontrándose en él, tanto las materias con- sagradas á la asimilación de que nos ocupamos, como las destinadas á la eliminación. Los corpúsculos inertes de dimensiones varias, de forma generalmente esférica, de composición química diversa, alojados en el equilema y que se llaman inclu- siones, se forman en la base física de la vida, ó bien á expensa de las actividades propias del glóbulo y por tanto de origen interior, ó bien sus materias penetran disueltas y por afinidades entre sí, ó con los productos propios de los organismos elementales, dan lugar á la producción de esas porciones sólidas, solo visibles en los casos en que las unidades vivientes, según hemos sentado, han entrado en el curso de una edad más ó mé- nos avanzada. El mecanismo de producción de estas porciones se debe á la solidificación de determinados productos, bien por pérdida de agua, por haber nacido á consecuencia de afinidades, pues sabemos, gracias á la ciencia de Lavois- sier, que cuando dos ó más cuerpos se combinan, nacen de ésta, casi siempre productos insolubles, que por tal cir- cunstancia permanecen en estado sólido en un medio líquido de mayor ó menor concentración. El trabajo por el cual aumenta de volumen ó crece la membrana nuclear, se debe á la precipitación de las moléculas que la atraviesan, fenómeno que es bastante análogo á lo que acontece en el ectoblasto; podiendo desarrollarse por agrupación de partículas en su super- ficie externa ó cara interna. El modo como aumenta el jugo nuclear, es también parecido á la manera como aumenta el enquilema pro- toplasmático y por tanto, lo que hemos manifestado con relación á éste, nos es suficiente para explicar el creci- miento de aquél. El mecanismo de producción de la armazón fibrilar no ha sido toda vía investigado debida - mente, lo que no debe llamar la atención dado que solo por medio de reactivos puede darse á conocer, pues en tanto no se utiliza la acción del verde metileno acetifi- cado ú otro agente de la misma clase, no es posible com- probar su presencia. El proceso que sirve para el desarrollo del nucléolo es semejante ó análogo al del núcleo, ó séase parecido también al de la cubierta ó protoplasma celular, lo cual demuestra que en su evolución, las diferentes porciones de las células obedecen á las mismas leyes físico-quí- micas, la que dada la manera de ser de las partes de los organismos elementales sobre que obran, se modifican un tanto, pero nunca en un grado tal, que parezcan dis- tintas, y mucho ménos para inducirnos á sospechar qué causas misteriosas sean la razón de ser del aumento de volumen de los focos de vida, pues en la ciencia con- temporánea, para la debida explicación de los fenóme- nos biológicos, no hay necesidad de recurrir á fantasmas, ni á concepciones imaginarias de clase alguna, cuando las leyes generales de la materia son suficiente para ello, Evidénciase por el desarrollo la trasmisión teridita- ria, pues aunque las células que nacen, lo hacen siem- pre con materiales de sus progenitores, necesitan con- diciones de evolución para determinar en épocas da- das, las propiedades fundamentales de la que le dieron el ser. 139 E] problema hereditario es más sencillo en las uni- dades vivientes que en los organismos complicados, en- contrándose en aquéllas, todas las clases de herencias admitidas por el sapiente Hseckel, la conservadora v la progresiva, ó en otros términos, la propiedad de trasmi- tir un ser á otro las facultades que de sus padres reci- bieron, ó la actitud de comunicar á sus descendientes las cualidades adquiridas individualmente en el transcurso de la vida. LECCION IX Los organismos elementales, seres completos en sí mismos y autónomos, viven en un medio dado, en que encuentran la razón de su existencia, y como para que és- ta tenga lugar, se necesitan determinadas acciones eje- cutadas por las unidades vivientes, Ipie lás ponen en con- tacto con los objetos que las rodean, verifican, por tan- to, los glóbulos una serie de actos que constituyen verdaderas funciones de relación. Las actividades que con este fin tienen lugar en el elemento anatómico, son las más importantes y capitales de todas, porque en ellas se funda principalmente, la, doctrina de la individualidad fisiológica de la célula. Comprenden los actos de la vida de relación de los focos de vida, el estudio de determinados movimientos por ellos ejecutados y la neurilidad con la cual liemos de examinar las distintas manifestaciones psíquicas de tan importantes séres. En la naturaleza todos los fenómenos que nos impresio- nan son en último término, la expresión de un movimiento por lo que encontramos en los elementos anatómicos, las múltiples clases que la física estudia, que pueden dividir- se en movimientos enmasa y movimientos moleculares, y como cualquiera de los mismos, ya sean de esta ó aque- lla forma, revela una fuerza que los produce, reitérense los primeros á las llamadas mecánicas, y los segundos, íí las moleculares, denominándolos á todos como el sabio 142 Wundt hace con el nombre de fenómenos de las fuerzas vivas. Los movimientos mecánicos de la£ células que son ahora los que nos van á ocupar, porque de los molecu- lares ya liemos hablado, se dividen para su estudio, pri- mero, en movimientos internos que pueden ser de co- rrientes y brownianos; segundo, en movimientos de de- formación ó amiboides y tercero, en movimientos en masa que comprende los de traslación y los vibratorios. Buenaventura Corti, tras meditadas observaciones descubrió en 1772 los movimientos de la cavidad celu- lar; pero en verdad no fueron éstos tomados en conside- ración hasta 1806 en. que Traviranns los comprobó sa- tisfactoriamente, no dejando la menor duda en cuanto á su existencia. El primero de estos movimientos, según el orden por nosotros estab* cido* es el de corriente, el cual es más fácil de observar en el interior de las células vegetales, y sobre todo en algunas de ellas, como acontece con las semi-transparentes de las hojas y raíces de los náyades y de muchas hidrocarideas, valisneria, oloideas, etc., co- mo asimismo en la chara, nitella y otras. En el reino animal, según los Sres. Yiault y Jolyet, encuéntrase el movimiento de corriente bien acentuado, al extremo de no dejar la menor duda su presencia, en las del cartílago, en las pigmentarias, en el óvulo fecun- dado y en otras varias más. Colocando una célula de las mencionadas en el porta objeto del microscopio, se observa en ella, corrientes más ó menos ámplias de granulaciones que se dirijen de una parte á otra del elemento, en distintas direcciones, regu- larmente consiste el fenómeno en una marcha progresi- va del enquilema que circulan por tos cordones del pro- toplasma, dirijidas, en unos, desde el núcleo al utrículo primordial, y en otras, desde el utrículo al núcleo, sien- do bastante enérgica sü velocidad, al extremo de arras- trar á su paso las granulaciones del enquilema, y cuan- do su fuerza es todavía mayor, se lleva también consigo 143 las inclusiones más gruesas, como los granos de clorofi- la y otros. En cada cordón protoplasmático, el número y dirección de las corrientes es muy variable, en algu- nos se ven tres corrientes: dos marginales que se dirijen de la periferie al núcleo y que por eso llamaremos cen- trípetas, y nna central del núcleo a la periferie que de- nominaremos centrífuga , en otros, en lugar de tres, exis- te]! dos corrientes, una de ida al núcleo y otra de retor- no al utrículo primordial, ósea á la capa de protoplasma periférico, extendido por debajo de la membrana celular; al llegar á éste, el líquido se derrama, dice Hanstein, co- mo si saliese de un estrecho canal sobre el ancho espa- cio de la membrana pvotoplasmática, á la manera que i*i riachuelo al abandonar su apretado cánce, se esparce por la llanura, corriendo con más lentitud, formándose ¡í veces pequeños torrentes que se encaminan en diver- sas direcciones y en otras, extiéndese en nna gran su- perficie del retículo primordial, originando sus movi- mientos mareas y aun pequeños torbellinos. La velocidad de la corriente protoplasmática depen- de en mucho, del peso de los coorpúsculos que mueven pues cuanto más gravitan aquellos, ó más gruesos son, más tardan en recorrer un espacio dado y más tiempo exijen también para ser arrancados de sus sitios. A ve- ces las partículas circulantes, se detienen, reúnen y agrupan; y luego de repente, se separan y son llevadas rápidamente, como acontece, á las piedras y cantos ro- dados en el estrecho cauce de un torrente. En tales circunstancias, las granulaciones se encuentran deteni- das en su curso por obstáculos que no pueden vencer al principio, hasta que haciéndose mayor la potencia de la corriente, se sobrepone á aquéllos y continúa la. cir- culación interrumpida. La rapidéz de la corriente como expone Beaunis, va- ría, no solamente para una misma especie, sí que también de una á otra, y bajo este concepto se encuentran múlti- ples velocidades, desde la del protoplasma del didimium serpula que avanza diez milímetros por minuto, hasta las 144 células de las hojas del potamojeton crispus, que solo pro- gresan en el mismo tiempo nueve milésimas de milímetro. Las corrientes que existen en los filetes protoplas- rnátieos han sido objeto de numerosas discusiones cien- tíficas. Los que no cononocen bien la organización propia y delicada del protoplasma, no ven en dichas corrientes, más qne movimientos determinados por fenómenos físi- cos ó químicos, por ejemplo: la temperatura, que produ- ce en los líquidos de las células cáuces que arrastran las partículas sólidas en cierta dirección, como acontece con las corrientes del océano que se mueven en un sen- tido constante. Otros autores por el contrario, especialmente los dispuestos á encontrar en todas partes analogías en los séres organizados, comparan los filetes protoplasmáticos. á los vasos capilares del aparato de la circulación de la sangre en los animales. Ahora bien, la verdad se encuentra entre ambas opi- niones, sin que pueda por tanto admitirse en absoluto ó por separado, cada una de ellas. La morfología, por otra parte, comprueba á su vez por qué se verifica el movimiento que estudiamos tal cual lo hemos descrito, puesto que ella parece confir- mar que los filetes protoplasmáticos son tubos cerrados que contienen líquidos, estando circunscritos exterior- mente por una película membranosa y divididos en el interior por delgados tabiques en el sentido de su longi- tud, por lo cual la existencia de corrientes aisladas, pa- rece ser también que el utrículo primordial está separa - do de la cavidad de la célula por una pequeña capa membranosa, y como el referido utrículo está formado por muchas capas de protoplasma, una de las cuales, la más exterior, está adherida á la pared celular, entre es- ta más superficial y la más interna circulan las corrien- tes de granulaciones en ámplio cáuce, separados unos de otros, por tabiques de sustancia más densa. La causa determinante, el motor de las corrientes 145 protoplásticas que nos vienen ocupando, es muy proba- blemente, la contracción más ó menos enérgica del retículo, según opinan los más de los clásicos contem- poráneos, y su objeto difundir regularmente por todo el elemento anatómico, los jugos nutritivos, los materiales indispensables para reparar las usuras de la vida, regu- larizando la asimilación y haciendo, por tanto, que los fenómenos biológicos de los organismos elementales, se cumplan de un modo preciso en el estado normal ó fisio- lógico. El núcleo celular que se encuentra en medio de las corrientes delicadas que lo circunscriben, hayase tam- bién sometido á su vez, á un movimiento rotatorio bien manifiesto, pues no solo es agitado por las referidas corrientes de los filamentos protoplasmáticos, sino que es solicitado asimismo por éstos que por todas partes le rodean, pues se hallan en caso análogo de un cuerpo del que se tirase por distintas porciones de su superficie, por lo que no solo cambia de lugar para ir ya contra la pared, ya hácia un punto cualquiera de la cavidad celu- lar, sino que marcha á veces alrededor de la membrana de envoltura., siguiendo otras una dirección tortuosa. Cuando se contempla con verdadera atención el mo- vimiento rotatorio nuclear, se adquiere la certeza, de que el dominio de éste, es la célula entera, que recorre en todas direcciones como si estuviese encargado de ins- peccionarla. Esto sentado, pasemos pues al examen del otro mo- vimiento intercelular ó séase del browniano. Las partículas sólidas, de menos de un milésimo de milímetro, flotantes en un líquido acuoso, ó de muy poca densidad, ofrecen vistas al microscopio, un movimiento especial, un temblor á manera de danza, que por haber- lo señalado por primera vez R. Brown lleva el nombre, de movimiento browniano. Distínguese este estado dinámico porque las granu- laciones que lo presentan, si bien están en constante agitación, apenas se desvían de su sitio y nunca recorren 146 más de un círculo de dos ó tres milésimas. Algunos cuerpos vivos aunque están en análoga conmoción, tales como las bacterias, vibriones, etc, se distinguen, porque son susceptibles de trasladarse á grandes distancias en el campo del microscopio. Es poco frecuente el movimiento browniano en las granulaciones celulares, sin embargo, se observa en las inclusiones de las vascuolas del protoplasma vegetal y los gránulos de algunos elementos anatómicos anima- les, como pasa con los leucocitos, los glóbulos de moco, los pigmentarios y otros, siempre y cuando son someti- dos á la acción del agua. El movimiento que nos ocupa no es un acto biológi- co, toda vez que lo presentan á menudo las partículas colorantes insolubles, y los gránulos ó pequeños cuerpos inorgánicos que flotan en los líquidos. No es un acto biológico porque no cesan nunca tratando las prepara- ciones con venenos violentos, ó sustancias corrosivas, pero sí con la condensación del vehículo donde tienen lugar, lo cual se logra con facilidad, agregándole á éste, O ’ O " O O 7 bien glicerina, goma, ó azúcar. La presencia del mo- vimiento browniano en el protoplasma celular, prueba la existencia de un enquilema líquido y de gránulos in- dependientes. En los organismos elementales se cree que sea la causa del movimiento browniano, las corrientes oxomósica y endosmóticas que atraviesan la membrana de envoltura. El movimiento de deformación ejecutado por las cé- lulas, es el que 13ujardin conoció con el nombre de sar- códico y Schultze designó con el de amiboideo, por haberlo observado en los amibos, diminutos séres mo- nocelulares pertenecientes al reino de los proteistas de Hseckel. Preséntase con notoria claridad este estado dinámico en muchos zoosporos de las algas, en los plasmodios de los misomisetes, como asmismo en todas las células jóvenes y elementos sin cubierta, tanto de las vertebra- dos, como de las invertebrados. 147 El movimiento amiboideo es, según Beaunis, más im- portante en la célula animal que en la vegetal, habien- do sido perfectamente estudiado en ciertos elementos anatómicos, como en los glóbulos blancos de la linfa y de la sangre, en los del tejido conjuntivo, en los del pus y en otros. Cuando se observa por algún tiempo en el porta- objetos del microscopio un amibo, y sobre todo cuando por medio de la cámara clara, se toman algunos dibujos, se demuestra satisfactoriamente, que el individuo celu- lar presenta múltiples formas y movimientos bien acen- tuados, se ve entonces, que el protista al principio más ó menos redondeado, ofrece en su superficie una ó más prolongaciones, que se extienden considerablemente, en otros casos, su superficie se hace completamente desigual á manera de dientes dispuestos como para un engrane, en otros movimientos, las prolongaciones son tan iguales y simétricas que forman casi una verdadera cruz; sien- do considerables las figuras distintas que nos ofrecen, por cambiar de contornos á cada momento sin que sea dable las más de las veces, seguirle con la vista por la rapidez conque se verifican, al extremo de no poderlos sorprender sino por comparación, entre dos instantes al- go separados de tiempo. Uno de los estudios más curiosos es examinar un amibo en una infusión y contemplar como se comporta con los corpúsculos que en la misma encuentra, lo cual le hace ejecutar los más distintos movimientos; según Cienkowsky, el glóbulo se presenta entonces con los contornos más variados, ofrece prolongaciones, que aprisionan las granulaciones si estas le pueden servir para su alimentación, corno por ejemplo; si son granu- los vegetales, lo envuelve completamente con su ma- sa y después de cierto tiempo, por un proceso me- cánico inverso, devuelve al medio, los productos no asimilados. Los movimientos amiboideos pueden presentarse di- ferentes en la forma, pero el mismo en el fondo, en el 148 actinofris Eichkornü, en el protogenes primordialis y en otros protozoarios. Los fenómenos amiboideos que acabamos de exponer, se comprueban también en los glóbulos blancos del hombre conservados vivos en la cámara húmeda y bajo una temperatura de 37°, como asimismo en los leucoci- tos de los otros animales. Los glóbulos blancos, lo mismo que los amibos se comportan de igual manera con los corpúsculos que se ponen en su contacto, siendo esta la causa por qué se les ve atrapar las porciones diminutas coloreadas, de ver- mellón, de cinabrio, de azul de anilina, etc., inyectadas en el sistema circulatorio de los animales ó en los sacos linfáticos de la rana, y que en el vaso se encuentren los glóbulos blancos conteniendo á los rojos, enteros, ó en fragmentos, lo que como dice Beaunis, no es otra cosa sino el leucocito en vía de digestión. Nótase de vez en cuando en el protoplasma del gló- bulo blanco en movimiento, unos espacios claros, redon- dos, correctamente limitados, sin granulaciones en su interior, los cuales aparecen y desaparecen en el inter- valo de algunos minutos. Estos espacios son las vas- cuolas, es decir, porciones huecas producidas ó por la retracción de un punto del protoplasma, ó por las anas- tomosis de los apéndices sarcódicos. Así como el protoplasma, el núcleo de algunas célu- las, poseen también el movimiento amiboideo, pues se les ve sufrir cambios activos dentro del protoplasma, con independencia de los movimientos de éste, lo cual distingue el acto dinámico que tratamos de dar á cono- cer, del movimiento de rotación del núcleo, dentro del elemento anatómico, producido como hemos visto antes, por las corrientes del protoplasma, y la acción de los filamentos. No cabe duda acerca de la movilidad amiboidea del núcleo, pues ha sido debidamente estudiada por Hans- tein en las células vegetales, comprobándolo á la vez Schleicher, en los glóbulos cartilaginosos, en' donde ha 149 observado ligeras dislocaciones y metamorfosis del nú- cleo movimiento que ha sido también señalado por Stricker en algunos leucocitos constituidos por un nú- cleo casi libre, es decir, envuelto en delgada ó invisible capa de protoplasma, en donde las variaciones morfo- lógicas activas que presenta, suponen desde luego, cier- to grado de contractilidad nuclear. Examinados los movimientos internos y de deforma- ción de las células, réstanos ahora dedicarnos al estudio de los llamados en masa, los que pueden ser ó de tras- lación, ó vibratorios, los primeros, son todos aquellos, por los cuales el organismo elemental, hace verdaderas progresiones, que le permiten cambiar de lugar, los que se dividen á su vez en dos clases, de raptación y de contracción, los de raptación acompañan generalmente á los amiboideos, habiendo sido comprobados por Hoff- meister en el plasmodio del misomisete, después de haberlo demostrado hacía ya tiempo en los amibos. En 1863 los examinó también V. Re cklinghausen en los glóbulos del tejido conectivo y en la córnea, en donde patentizó que la excitación de los elementos anatómicos de este tejido, aumentaba la manera de ser del acto di- námico que nos ocupa, lo que ha sido confirmado por Engelmann y algunos otros micrógrafos. El mecanismo de esta progresión parece hacerse por medio de las prolongaciones contráctiles de las células, ó pseudópodos, que actúan de modo análogo á los bra- zos ó ventosa de los pulpos, como exponen los seño- res Yiault y Jolyet. Comienza el fenómeno por fijarse uno de los apéndices más largo y grueso sobre el cris- tal, que sostiene la preparación que se examina y una vez bien inserto, tira hácia sí, ó absorve el resto del protoplasma que se quedó rezagado. Removido éste y trasladado á la porción del primer apéndice, surgen otros en igual dirección, repitiéndose indefinidamente el mismo hecho en tanto dura el estado dinámico. La movilidad á que nos referimos no es una progresión cie- ga, sin objeto determinado, pues se verifica casi siempre 150 en dirección de los bordes de la preparación, ó de las burbujas de aire que esta pueda tener, por lo que deben atribuirse á la necesidad que sienten las células por el oxíjeno, a causa de la no renovación de este gas, en el plasma del preparado, impregnado de ácido carbónico. En los plasmodios dice el Sr. Serrano Fatiga ti que la parte exterior de su membrana hialina exuda un lí- quido mucilaginoso, durante la raptación, mediante el cual se adhieren á su sustratum los cuerpos que nos- ocupan, y que cuando el plasmodio cambia de lugar, de- ja en pos de sí el líquido á que nos hemos referido, á la manera que queda igualmente el fluido musilaginoso de los caracoles en los sitios que éstos han recorrido. El movimiento amiboideo perfeccionado, agrandado por la célula del músculo, es el qué verdaderamente to- ma el nombre de contracción, la cual en concepto de Claudio Bernard, es un fenómeno elemental á expensa del que cambian de forma las células que lo poséen acor- tándose en un sentido mientras se ensanchan en otro. El movimiento de contracción se demuestra, por tanto, en el elemento anatómico del tejido antes aduci- do, aparato destinado á ejecutar los -más importantes actos dinámicos. Difiere la contracción del movimien- to amiboideo en dos notas principales. Primero; en que el moviente amiboideo se hace en todas direcciones, mientras que el de contracción de la célula muscular se produce en un solo sentido, y segundo; en que el movi- miento amiboideo es libre y responde á toda clase de es- tímulos, al paso que el muscular es un acto disciplinado y subordinado al sistema nervioso, que posée durante la vida, el exclusivo privilegio de excitarlo. La sustancia contráctil á más de constituir el ele- mento muscular, puede manifestarse ora amorfa como en los ocados, ora en forma de célula y la misma sus- tancia muscular, siempre envuelta por una membrana dando origen á fibras ó células, preséntase ya difluente ó ya condensada, así como pueden ser también las fibro- células indicadas unas veces lisas y otras estiradas. 151 Caracterizándose estas formas por que todas son sucep- tibles de entrar en actividad, bajo la influencia, de aná- iogos excitantes y por ofrecer alternativas de dilatación v contracción. Fundamentalmente es una misma la substancia con- tráctil, semejante en efecto en su composición, por lo que, puede por tanto asegurarse que todas sus distintas modalidades, son solo grados diversos del desarrollo, pareciendo á veces por la manera especial de manifes- tarse, ser ella misma, la excitante y la excitable y en -otras, como sucede con la fibra muscular, que es la de más elevada gerarquía, exigir para cumplir sus funcio- nes motora, la intervención de un excitante exterior y propio. El lazo entre la contracción y las condiciones fisico- químicas es tan estrecho, que el fundador de la- Fisiolo- gía General expone que se debe considerar el fenómeno no como una manifestación independiente, sino al con- trario, como la expresión de un cierto estado físico-quí- mico de la materia contráctil. Por último, tócanos inquirir el movimiento vibrato- rio, descubierto por Heyde á fines del siglo X Vll y es- tudiado después por Purkinje y Valentín de igual ma- nera que por el célebre T)r, Yirchow. Llámase movimiento vibratorio al que ejecutan las prolongaciones filiformes permanentes del protoplasma que presentan en su superficie exterior, muchas células animales y algunas vegetales. Demuéstrase el estado activo que nos preocupa, en los esporulos de gran número de algas y hongos, ó en los espermatozoides de ciertas criptogamas. En los ani- males, en donde son más frecuentes, conforme hemos indicado hace un instante, hay séres como los tricorne- nos, constituidos por una sola célula, que ofrecen una ó varias pestañas vibrátiles, cuyos movimientos son inte- resantísimos para relacionar el individuo con el medio, Existen otros, los vorticelas, que representan una pe- queña aglomeración celular, con notable agrupación de 152 prolongaciones vibrátiles abiertas en forma de embudo, en donde el fenómeno dinámico no es menos impor- tante. En los invertebrados se observan las cejas vibrátiles, en las cavidades de los órganos internos v en algunas O » o superficies externas, se encuentra también cubierta de esos apéndices, los acalefos y los pólipos los presentan en el interior del aparato vascular, encontrándose en gran número en los moluscos, en donde constituyen membranas, á veces, de bastante amplitud que cubren partes más ó menos extensas, siendo en los insectos se- gún Dnjardín donde no se han demostrado. En los animales superiores se hallan las pestañas víbrateles, unidas á las células epetiliales tapizando las vías aéreas, cubriendo los senos que con ellos están en relación, en la mucosa délos órganos genitales internos, en algunos del aparato digestivo y hasta en la superfi- cie de los ventrículos del encéfalo; por último, los óva- los y embriones de los susodichos animales superiores se hallan revestidos también de los mismos apéndices, de tal manera, que ciertos animales amorfos parecen re- presentar un estado embrionario permanente de anima- les superiores en la escala zoológica. El movimiento vibrátil afecta diferentes formas, se- gún sea la manera de ser de las pestañas que lo verifi- can, los que pueden reducirse á tres que son los funda- mentales. Estos son: de vaivén ó pendular, en que las prolongaciones filiformes se dirijen alternativamente de un lado al contrario, ejecutándose con mayor intensidad en un sentido y en otro, ofreciendo muchas veces una corvadura la extremidad libre de las pestañas en que tienen lugar, pudiendo variar de velocidad y dirección según los tejidos en que se examine. Infundí huliforme, en el que la porción libre de la prolongación gira tra- zando una circunferencia á la que le sirve ella misma de rádio, y. como la otra extremidad, ó séase la base, es- tá fija ó inmóvil, el todo representa una figura cónica, y ondulatorios ó deflexiones, que partiendo de la base, 153 se dirijen al vértice de las prolongaciones filiformes, las que describen por ello verdadero zic sac, qne caracteri- zan la manifestación dinámica qne estudiarnos. Cuando al microscopio se observan los movimientos vibrátiles, el fenómeno que inquirimos bien puede com- pararse, con los cambios que se manifiestan en un campo sembrado de trigo azotado por el viento, como oportuna- mente expone el Sr. Quesada, distinguido Catedrático que fué de la Universidad de Granada; en efecto, entonces se ve á las pestañas inclinarse más en un sentido que en otro como pasa al trigo que oscila en dirección marcada, hacia donde la corriente del aire se dirije cuando ésta es bastante enérgica y constante, se arremolina otras cuando la potencia tiene ese carácter y dobla la terminación libre de las espigas, cuando su intensidad es considerable. El movimiento que inquirimos sirve para la locomo- ción en los infusorios y séres análogos, en los que pare- ce hállase en concepto del profesor Wundt, bajo la de- pendencia de la voluntad, asimismo sirve para batir y renovar la atmósfera líquida que circunscribe á los or- ganismos elementales, produciendo otros, torbellinos aspirantes que atraen las partículas alimenticias, como á veces la agitación del líquido nutricio en el interior de ciertos aparatos circulatorios, que según hemos visto poséen células vibrátiles. En los animales superiores no deja de tener también el movimiento que nos ocupa importancia reconocida, pues originan corrientes favo- rables en determinadas membranas mucosas para rete- ner ó expulsar ciertos productos. La rapidez de los movimientos vibrátiles es variable siendo de ordinario tan vivos que se hace casi siempre imposible el medirlos. Con tal objeto Selliburces ideó un curioso aparato, con el que ha podido justipreciarlos cuando no son demasiado intensos, y el cual consiste en una delgadísima lámina de aluminio, que recibe la acción de las cejas, la que trasmite acto continuo á un cuadrante. Cuando son débiles los movimientos, se necesitan tan solo dos á ocho décimos de segundo para 154 su cumplimiento. Nageli por otra parte, utilizando el empleo de potentes microscopios', que hacen desde luego aparentemente mucho más rápido el movimiento, asig- na al de los esporulos, ocho centésimos de milímetro por segundo. Distínguese el movimiento vibrátil por su continui- dad, pues una vez iniciado, permanece haciéndose visi- ble, en tanto las condiciones del medio lo permiten, sin presentar las intermitencias que hemos señalado á la contracción. Caracterízase también, porquetas células vibrátiles aisladas del todo dé que formaba parte y has- ta sus pestañas separadas del elemento anatómico del que eran porciones integrantes, son suceptibles de mo- vimientos conforme ha expuesto Donne. Ofrecen ade- más de particular, los glóbulos que nos ocupan, que aun cuando forman parte de organismos superiores, su acti- vidad es al parecer independiente del sistema nervioso, pues hasta hoy no se ha podido demostrar relación di- recta entre las últimas ramificaciones de este y las cé- lulas á que nos referimos, en donde la manifestación dinámica tiene tanta importancia. Para explicar el por qué del movimiento vibrátil, ó en otros‘términos, para dar á conocer su causa produc- tora, ideó Eheremberg una teoría, en la que suponía, que el referido acto se debía á la presencia de la sus- tancia muscular en la constitución de los organismos elementales, apollándose para expresarse en tales térmi- nos en la observación de determinadas células vibráti- les, en donde parecen existir estrías, que hacían sospe- char la posibilidad de descomponerlas en fibras. Pero como la teoría indicada, discutida por Müller, no ha si- do, que sepamos, confirmada por ninguno de los clásicos contemporáneos, dedicados con notable ahinco á ese es- tudio, no es dable en manera alguna poder sostener la opinión de Eheremberg, haciéndose preciso, por tanto, referir el movimiento vibrátil, á las contracciones del protoplasma, el cual, según la mayoría de los micrógra- fos constituye las prolongaciones vibrátiles. 155 El movimiento vibrátil continúa aún después de la muerte habiéndose confirmado en guillotinados, trans- curridas algunas horas déla ejecución, de la misma ma- nera que Valentín los observó en una tortuga que hacía treinta horas que había fallecido, pero este carácter no es peculiar al movimiento que examinamos toda vez que se patentiza también en diferentes células, lo cual com- prueba que á las contracciones del protoplasma y no á otra causa, debe referirse el movimiento vibrátil, pues Visconti ha visto el movimiento del protoplasma, des- pués de acaecida la muerte en las células contráctiles del cordón umbilical y Lieberkühn, en curiosos expe- rimentos los ha demostrado satisfactoriamente; en efec- to, recójase directamente sangre en los tubos capilares de la salamandra, examínense repetidamente con la ma- yor atención y estúdiese en tanto se comprueben los movimientos de los leucocitos; si esto se hace, se verá que aún á los ochenta y cinco días después de ser ais- lado el baso que se observa, los glóbulos blancos pre- sentan íntegros sus movimientos y lo que es más, con- tienen varios núcleos y fragmentos de glóbulos rojos; lo que explica el que Bizzozero haya trasplantado debajo de la piel de las ranas, células de la médula osea y los halla encontrado con movimientos, al cabo también de ochenta y cinco días. Los movimientos celulares producen en ciertos ele- mentos anatómicos, cambios de coloración bien acentua- dos, ocasionados por las contracciones del protoplasma que modifica la forma de los glóbulos y su refrangibili- dad como es consiguiente, haciendo, por tanto, que ab- sorvan y reflejen diferentes rayos luminosos; estas va- riaciones de tintes, si bien son difíciles de estudiar en las células aisladas, son muy fáciles de comprobar en la superficie exterior de algunos animales, como suce- de en ciertos peces y en distintos bartracios, llamán- dose las células á que nos contraemos, con el nombre de cromoblastos. La mayor ó menor densidad del cuerpo celular, es 156 capital importancia, para la manifestación é intensidad de sus movimientos, así es qne las que tienen escasa densidad, es decir, las que son muy fluidas y poco vis- cosas, son más accesibles á cualquier variación de me- dio y se mueven con más facilidad que las qne por sus condiciones específicas ó el transcurso del tiempo son es- pesas y glutinosas ó han ido adquiriendo estos caracte- res, de lo que puede lógicamente deducirse, que en las células existen movimientos, en tanto qne el protoplas- ma posea cierto grado de fluidez y que cuando éste des- aparece cesan inmediatamente aquéllos. Los datos experimentales que la ciencia tiene hoy, debidos á diferentes clásicos, acerca de lo que acaba- mos de decir, prueban satisfactoriaiñente la doctrina enunciada, por lo cual puede aceptarse en la actualidad como una verdad demostrada. La substancia organizada como hemos expuesto con el insigne maestro Claudio Bemard, es por sí misma inerte; para entrar en actividad, requiere la acción de los excitantes y como las células vivas son sustancia organizada, no pueden demostrar sus facultades sin el concurso preciso de un estímulo, bien exterior, bien in- terior, por lo que el medio influye poderosamente en la manifestación biológica de los organismos elementales, marcándose sus acciones en los glóbulos de una manera sumamente variada, de aquí, que sean más ó menos fá- ciles los movimientos, según qne el medio ofrezca á ellos mayor ó menor resistencia. Los excitantes fisiológicos del protoplasma capaces por sí mismos de despertar las manifestaciones dinámicas, pueden dividirse en dos clases distintas para proceder con cierto orden en su estudio, estas dos clases, son, las lla- mados físicos y los denominados químicos, según su na- turaleza y manera de obrar en el referido protoplasma. Los físicos, son todos aquellos que actúan sin modi- ficar la constitución íntima del protoplasma, los cuales se hallan representados por la gravedad, las acciones mecánicas, el calor, la luz y la electricidad y los quími- 157 eos, los que ejercen su influencia mediante la afinidad, encontrándose entre éstos, el agua, el aire, los ácidos, los álcalis, el alcohol, el opio, y algunos otros productos que examinaremos y los anestésicos. Esto expuesto, cumple á nuestro deber entrar en ma- teria examinando detenidamente, en el orden enumerado, tanto los agentes de una, como de otra clase, advirtien- do, antes que los primeros, sin embargo de ser físicos, pueden también obrar químicamente. La gravedad como fuerza, influye en los. movimien- tos que hemos examinado, por lo que tenemos que ver como se comporta con éstos, aunque su acción según el profesor Beaunis, no se encuentra perfectamente deter- minada. Obsérvase en los misomisetes, que cuando sus plas- modios son muy fluidos, ofrecen todas sus corrientes en dirección paralela al plano de sustentación, en tanto que los que poséen mayor resistencia suelen presentar algu- nas de esta s que van desde la base á la parte superior de la periferie, esto es que ofrecen el geotropismo negativo, ó séase la tendencia de ir en sentido opuesto á la pesante. En los primeros, su gran movilidad les hace obedecer dócilmente á la fuerza de gravitación, y deprimirse con- tra su soporte; en los segundos, hay ya alguna conser- vación por sí mismo de su forma y las corrientes se encuentran en parecidas condiciones que las que reco- rren la masa de un líquido que se halla encerrado entre paredes resistentes. En este caso, como en otros que pudiéramos aducir, la influencia déla gravedad es poderosa y por tanto, de- bemos considerarla, como una de tantas causas, que pueden modificar más ó ménos, el movimiento en los or- ganismos elementales. Las acciones mecánicas, tales como el contacto, la presión, la tracción, cuando se hacen obrar convenien- temente, sobre células completas ó incompletas que presenta el movimiento protoplasmático producen en té- sis general la paralización momentánea de la manifes- 158 tación dinámica, determinando nn estado particular qne puede compararse á una especie de tétanos, como el que se observa en el tejido muscular; pasado cierto tiempo, este estado desaparece, el movimiento suspendido vuel- ve á manifestarse y toma poco á poco la actividad que presentaba antes de haber sido sometido á la causa qne modificó notablemente su modo habitual de ser, suce- diendo otras, ó que el movimiento no se hace tan poten- te, ó que adquiere mayor intensidad. El calor, como agente, influye también en los movi- mientos celulares, estando estos sometidos á dos impor- tantes leyes que son las mismas' que presiden á toda función en cualquier organismo en que se examine, es la primera que existen ciertas temperaturas en las cua- les se realizan los actos dinámicos que nos ocupan mu- cho mejor que en ninguna otra, la segunda, que en cada caso la influencia del calor se ejerce siempre ' entre dos límites de temperatura fija. Para el movimiento de corriente el grado de tempe- ratura más favorable parece ser la de 37 á 38 centígra- dos, pues llegando á ésta, el movimiento intercelular que nos ocupa presenta una velocidad mucho más mar- cada, verificándose de una manera intensa. Los repe- tidos y concienzudos estudios de Nsegeli, hacen creer que el movimiento se inicia en algunos focos de vida de 0a en adelante, hasta los 37 á 38 indicados, principiando á disminuir desde entonces, á medida que sube la temperatura hasta que desaparecen por comple- to, según Sachs, el estado dinámico que examinamos no se hace visible en algunas unidades vivientes sino cuando la temperatura llega á 10 ú 11° y desaparecen si la preparación está sumergida en agua de los 47 á 48 y de 49 á 50° cuando se halla en el aire. Para el movimiento amiboideo de las células de la linfa, puede considerarse como la temperatura más conveniente, la más propicia, la de 36 á 37° siendo los límites entre que se ejecuta de 12 á 14° hasta 40 ó 41 en los que proceden de séres hemacrimos y de 20 á 40 159 ó 41 en los hematermos; en efecto, tómese linfa de nn animal de sangre fria y convenientemente dispuesto llé- vese al porta objetos del microscopio, caliéntese paulati- namente el ambiente desde 0o en adelante yse verá en- tonces que los movimientos de los leucocitos no se mani- fiestan hasta que llega el calor á ser igual á la primera de las cifras por nosotros indicadas ó séase 12 ó 14 gra- dos y que desaparece á los 40 ó 41 centígrados, pero si la linfa no es de nn animar de sangre fría, sino de san- gre caliente, entonces se comprobará que la temperatura de 12 á 14 grados no es bastante para despertar sus ac- tividades, pero que basta, que llegue á 20 para que des- de luego se manifiesten los movimientos que solicitamos para desaparecer tan luego como el calor ascienda al extremo límite de 40 á 41 grados, para no volverse á presentar más, ni en los unos ni en los otros, esto es, ni en los glóbulos blancos de los hemacrimos, ni en los de los hematermos, sin embargo, en determinados elemen- tos y circunstancias, pueden traspasarse estas tempera- turas sin que por ello desaparezca la vida, así Schenk ha enfriado á menos de 7o bajo cero los glóbulos blancos ó leucocitos de la sangre de la rana, y mantenidos du- rante una hora á esa temperatura á los corpúsculos sa- livares, sin que por eso al volver á encontrarse en calor suficiente para sus manifestaciones dinámicas, hayan dejado de presentarse éstas en la misma forma que existían antes del experimento, haciéndose ostensibles las manifestaciones amiboideas. Para los movimientos vibrátiles es la temperatura de 37 á 38 grados también la más propicia para sus ac- tividades y según Callibursi, las altas y bajas los destru- yen por completo. La máxima en la cual se verifican es de más de 50o-y la mínima varía entre ménos 2,5° para las pestañas de animales de sangre fría, y de mé- nos 12,5 para los espermatozoides de los animales de sangre caliente. Cuando la temperatura va acercándo- se á estos dos puntos extremos, y más que todo, al máxi- mo, el movimiento va haciéndose cada vez más lento, 160 hasta que por último, desaparece completamente del todo. Expuesto lo que hemos indicado con relación á la in- fluencia de la temperatura en la producción de los dis- tintos movimientos que el protoplasma celular puede ejecutar, podemos decir que los referidos actos tan va- riados como interesantes desaparecen, á cero grado ó ha muy poco por debajo de este límite, como de igual ma- nera sucede siempre que pasa de 50 grados, pues enton- ces se leve reunirse enmasas globulares separadas ó en pequeñas gotas. La influencia de la luz sobre los diversos movimien- tos celulares no es siempre la misma, varía su acción como dice Beaumis, según los casos. En tanto que en las corrientes de la masa funda- mental y los movimientos que producen la segmenta- ción, parece no tener participación de clase alguna, po- séela en cambio, señaladamente en la distribución del protoplasma, en los elementos anatómicos y en la direc- ción de las nataciones de los zoosfóros, volvocíneas y anterozoides que se verifican, á no dudarlo, en íntima y perfecta correspondencia con ella; en efecto, los prime- ros fenómenos sabemos que se cumplen lo mismo en la obscuridad que á la luz del día, sin embargo, los plas- modios que se desarrollan á la luz, tienen sus ramas grue- sas y apretadas, poseyéndolas, por el contrario, débiles y delgadas los que se encuentran en la obscuridad; con relación á los segundos, debemos exponer que el proto- plasma acompañado de sus masas clorofilianas en los vegetales, se acumula siempre en los sitios más ilumina- dos de cada célula, apesar de las observaciones en con- trario de Borodin y Marguard. Cuando los elementos anatómicos se encuentran cons- tituyendo tejidos, viene á depositarse el contenido en contacto con las partes de la membrana que se hallan libres en la superficie del órgano á que aquellos perte- necen, como sucede en las células epidérmicas y cuan- do forman órganos constituidos por solo una capa de 161 células, se le vó agruparse en todas las porciones libres al contacto de la luz. En la obscuridad suceden los ecos de un modo dis- tinto, pues en esas condiciones, el protoplasma en lugar de acumularse en los puntos indicadoslo hace en las par- tes de las cutículas por donde los elementos se sueldan unos á otros. En la natación de los zoosporos influye la luz de dos maneras distintas, en unos, hace que la dirección de és- tos se verifique en sentido contrario al punto de mayor iluminación, en tanto que en otros, la natación se hace dirigiéndose hacia la porción en donde los rayos presen- tan más grande intensidad. Según Engelmann y con él opinan de igual modo muchos de los clásicos contem- poráneos, se demuestra la acción enérgica de la luz co- mo excitante del protoplasma, sometiendo á éste á cambios bruscos de iluminación que permitan desde luego la comprobación de los hechos, los que confirman cuanto hemos dicho y que por tanto debe considerárse- le como uno de los variados elementos, que son capaces de despertar la irritabilidad de la base física de la vida. Digamos además, para terminar el estudio que esta- mos haciendo, que los efectos de la luz sobre los movi- mientos protoplasmáticos se deben principalmente á la acción de los rayos más refrangibles. El verde, el azul, el violado y el extremo ultravioleta, son las partes ver- daderamente activas del espectro solar; las radiaciones que se extienden desde el rojo hasta el color primera- mente citado obran de igual manera que actúa la obs- curidad, por tanto, no son todos los colores componentes de la luz solar, los que determinan la acción excitante, sino solo algunos de ellos, lo que comprueba que sus ac- tividades, se deben á verdaderas acciones de afinidad, á completos actos químicos. La electricidad obra también sobre las actividades del protoplasma que constituyen acciones de movimien- to, siendo interesante su modo de actual. Hace tiempo que llama la atención de los hombres de ciencia, el modo como se comporta la electricidad en presencia del protoplasrna vivo y por tanto, en condicio- nes de funcionar, así Becquerel lo estudió detenidamente sobre las charas de igual manera que lo hizo Jürgensen con la vallisnería espiralis, en época posterior; los auto- res modernos lo han investigado á su vez, figurando entre éstos Heidenhain, Kükne, Frommann y otros de cuyos estudios se deduce que las corrientes débiles no tienen acción alguna sobre el protoplasrna en las células ya sean estas completas é incompletas, como asimismo su- cede con las constantes, sin embargo, dice el Dr. Beau- nis, que suelen tanto las unas corno las otras, determinar en ocasiones retardo en los movimientos. Las corrientes de moderada intensidad así continuas como intermitentes, favorecen por el contrario dentro de ciertos límites, los actos dinámicos que en los orga- nismos elementales nos ocupan, determinando un esta- do de contracción tónica, de tétanos, que se traduce por la forma globular del protoplasrna; y en las pestañas vi- brátiles concluyen por producir determinada fatiga que cesa tan luego se suspende la acción del estimulante. Cuando la electricidad tiene cierta energía que es distin- ta para los diferentes organismos elementales, animales ó vegetales, suspende las corrientes protoplasmáticas y los demás movimientos, produciendo antes contraccio- nes irregulares que hacen aparecer en forma varicosa las prolongaciones celulares. Los investigadores que han ejecutado sus experi- mentos con fuertes corrientes, han comparado sus resul- tados, á los que se obtienen con las temperaturas límites. El infatigable profesor Kühne con objeto de poder estudiar con más amplitud la acción del agente que nos ocupa, sobre el protoplasrna, ideó el curioso experimento que vamos á exponer; tomó un intistino de hidrófilo, lo rellenó del protoplasrna de misomisete y lo sometió á la influencia del agente cuyas acciones deseaba conocer, concluyendo de sus observaciones que sobre esta fibra contráctil artificial actúa la electricidad de la misma manera que lo hace sobre la fibra muscular; con todo, otros clásicos sostienen que aun cuando á primera vista parece existir cierta analogía entre la acción que la elec- tricidad ejerce sobre el protoplasma celular y el propio de la fibra muscular, hay la diferencia de que cuando este fluido obra sobre el protoplasma común, empieza quizás un movimiento de descomposición, lo que no su- cede para con el muscular. Examinados los excitantes físicos del protoplasma, pasemos desde luego á la exposición de los químicos que hemos de estudiar en el orden en que aparecen antes enumerados, por lo cual el primero que debe ocuparnos es el agua, la que ejerce marcada influencia en los dis- tintos movimientos, asi según el estado de concentra- ción del plasma sanguíneo, las contracciones de los gló- bulos blancos son más ó menos activos; Tomsa, agre- gándole agua al plasma ha visto acelerárselos movimien- tos de los leucocitos, mientras que disminuían y cesaban al fin, á medida que se concentraba, hechos que se han comprobado á su vez dentro del organismo vivo, con inyecciones del líquido practicadas, en el interior de los sacos linfáticos de la rana. Se sabe también que las nataciones de los esperma- tozoides se debilitan y desaparecen á medida que se concentra el líquido en que se producen, lo que de igual manera sucede con multitud de bacterias. En tales casos cuando no ha transcurrido mucho tiempo de la pérdida del movimiento, basta agregar alguna cantidad de agua á la preparación, para que vuelvan á manifes- tarse en sus primitivas condiciones las actividades anu- ladas. Semejantes hechos han sido también comprobados en los zoosporos, volvocineas, zigoosporos y anterozoides todos los que, nos hacen poder establecer como conclu- sión lógicamente deducidle de los hechos, que los me- dios más fluidos, los menos densos, facilitan considera- blemente los movimientos del protoplasma de las célu- 164 las; en tanto qne los líquidos espesos, glutinosos, se oponen á su realización. Tanto corno el agua, es el aire otro de los agentes de la actividad motriz de las células, probado hasta la evidencia con el hecho siguiente, una hoja de Nitella colocada en el aire enrarecido de la máquina neumáti- ca, sufre al cabo de poco tiempo la paralización de las corrientes que surcan el interior de sus elementos ana- tómicos. Lo mismo que pasa para con el vacío aconte- ce también privando al agua de aire y manteniendo en ella convenientemente á los glóbulos, las corrientes de las células de la efemera de Virginia disminuyen y es- tinguen, según lo ha demostrado Kühne cuando se las coloca en las condiciones antes expuestas, sustituyendo el medio aire por el aceite, determínase igual hecho en la chara, del mismo modo que acontece cuando se reem- plaza el aire por el hidrógeno óoí ácido carbónico. Si la acción de las sustancias indicadas se prolonga, es imposible restituir á los organismos elementales las pri- mitivas condiciones, pero si la duración ha sido menor de cuarenta y ocho horas, vuelve en general á ser agita- do el protoplasma tan pronto como cesan, y obra nueva- mente el agente que examinamos. Los glóbulos de la linfa se dirijen todos hacia los lí- mites de la laminilla ó cubre-objetos en las diversas preparaciones de aquel líquido que se han hecho algún tiempo antes. Si las preparaciones se han cerrado por la parafina, finiquitan más pronto los movimientos ami- boideos; en las que no lo son de tal modo, terminan también, pero se vó que los primeros leucocitos que de- jan de moverse son los situados en los puntos céntricos y más luego los que están en contacto con los bordes. La acción del aire sobre la actividad motriz de las células débese, á no dudarlo, á uno de sus componen- tes, pues así lo coiúprueban los datos preciosos que la ciencia hoy posée, este componente es el cuerpo simple descubierto en Io de Agosto de 1774, en efecto, el oxígeno es la parte activa, pues cuando actúa puro y no debilita- 165 do por su mezcla con los otros gases del aire, precipita, hace más enérgicos los movimientos de los glóbulos. Tómese una preparación que acabe de hacerse, su- mérjase en un frasco en que se encuentre el gas combu- rente, colóquesela inmediatamente después en el porta- objetos del microscopio y los elementos anatómicos se verán entonces más movibles que en otra preparación igual que no haya sido sometida á la acción del gas de Priestley. La influencia del aire, en la generación de los mo- vimientos del protoplasma celular, es, según opina Ran- vier, algo parecida á la que ejerce la respiración en el desarrollo de fuerzas en los animales. Para que el aire ejerza el importante papel que como agente químico cumple en presencia del protoplasma, es necesario que se encuentre á cierta y determinada presión, siendo la más conveniente la del medio en que existimos, pues las de 3-6 atmósferas ha comprobado Tarchanoff que paralizan su actividad motriz. Los cuerpos ácidos en disoluciones, puesto en con- tacto con el protoplasma vivo, actúan sobre él química- mente y por eso debemos examinarlos como agentes que por afinidad pueden modificar más ó menos su modo na- tural de ser, así se ve que los ácidos principian por dis- minuir la acción motriz del protoplasma hasta extin- guirla del todo, hechos comprobados con las prepara- ciones de Spirogiras en las que al lado de los filamentos cilindricos celulares de estas plantas, se ven nadar rá- pidamente á las zigoporas, si así las cosas, se agrega á la preparación una gota de ácido sulfúrico bastante con- centrado, se comprobara, por una parte la cesasión casi instantánea de las espiras del protoplasma, y por otra su intensa concentración al mismo tiempo que la desa- parición cada vez más determinada de la diáfana y del- gada membrana que las envuelve. En los espermatozoides prodúcense también modifi- caciones parecidas, pues basta agregar una gota de áci- do á la preparación en que se cumplen de modo preciso 166 los movimientos que les son propios, para ver como és- tos desaparecen, y el estado estático más pronunciado, sigue á las rápidas agitaciones que observábamos antes. Las bacterias que poseen á su vez notables movi- mientos en condiciones de medio adecuado, pierden des- de luego, sus actividades en presencia de los ácidos, por tanto estos cuerpos apagan y aniquilan el movimiento del protoplasraa celular debiéndose tal acción, á la des- organización que determinan en contacto con la sus- tancia organizada. Los álcalis en disoluciones concentradas actúan de un modo parecido á los ácidos, dice el profesor Beaunis toda vez que retardan y hacen desaparecer el movi- miento protoplasmático, pero no sucede de igual mane- ra con las disoluciones ligeras ó débiles, entonces la ac- tividad motriz aumenta, y no pocas ocasiones las refe- ridas disoluciones, vuelven el movimiento cuando éste había desaparecido á expensa de la influencia de los áci- dos. Los espermatozoides, las bacterias yen general todos los demás cuerpos que pueden deslizarse por un líquido más ó menos albuminoso y son ellos mismos de esta naturaleza, experimentan en primer término, las in- dicadas influencias, En las pestañas vibrátiles obsérvase análogo hecho y por eso Yirchow ha comprobado que cuando por ex- ceso de fatiga ó la acción de los ácidos han dejado de agitarse, basta agregarles una disolución débil de pota- sa ó sosa para revivir de nuevo su excitabilidad, porque tanto en este caso como en los anteriores, los álcalis se oponen á la coagulación del protoplasma y les coloca en condiciones de medio necesario para su existencia. El alcohol y el opio retardan y extinguen el movi- miento del protoplasma, aunque las más de las veces reaparecen nuevamente después de un tiempo mas ó menos variable; los estudios de Brinz con la química, los de Scharzenbroich con la vera trina y la coneina y los de Oehl con el curare, demuestran que estos distintos productos disminuyen siempre la actividad motriz del 167 protoplasma, lo que ha sido perfectamente comprobado en los glóbulos blancos y en los corpúsculos salivares. Réstanos, por último, para finiquitar el que nos dedi- quemos al examen de la acción de los anestésicos, estu- dio perfectamente llevado á cabo por el maestro de los maestros, el insigne sabio Claudio Bernard, el cual ha demostrado hasta la saciedad que los cuerpos de aquella clase, suspenden la exitabilidad motriz del protoplasma, tanto vegetal como animal, ya se encuentren formando células con cubierta ya constituyéndolas desnudas. Hágase obrar á los anestésicos sobre las células vege- tales situadas en los engrasamientos perciolares de la sensitiva y se verá que una vez que éstas son atacadas, suspenden sus funciones relativas á los movimientos de las hojas. El proceso de la germinación que se hace á expensa de acciones dinámicas, se detiene asimismo cuando las semillas son sometidas á la influencia del éter ó del cloroformo, para continuar después de suspendido el contacto de dichas sustancias, como se verificaba an- tes de que aquel tuviera lugar, lo cual acontece igual- mente con la mimosa púdica, la que vuelve de nuevo á contraerse cuando ha pasado la acción de los anesté- sicos. Los movimientos amiboideos disminuyen de inten- sidad y acaban por desaparecer cuando las células que lo poseen son sometidas á la acción de los anestésicos, siempre que su contacto se haya hecho más ó menos completo, como es fácil comprobarlo en los leucocitos y con los corpúsculos de la saliva. Suspéndanse también los movimientos vibrátiles bajo la influencia de los agentes que exponemos, como puede confirmarse en cualquier glóbulo de esa clase, así se com- prueba en el tejido vibrátil que tapiza interiormente el esófago de la rana, en el que las pestañas de sus ele- mentos anatómicos se mueven sin cesar, transportando en sentido inverso á la gravedad, lijerísimos cuerpos que por ellas son arrastrados, ahora bien, si en tales condi- ciones se somete el tejido aludido á la acción de los va- pores de éter ó cloroformo, al momento, instantáneamente se detienen para comenzar de nuevo cuando desapare- cen las sustancias que como agentes químicos influyen. Esto sentado, nos permite, pues, afirmar que los ex- perimentos expuestos son de suyo tan concluyentes, que creemos el que no sea dable dudar, acerca de la acción de los anestésicos, considerándolos como agentes acti- vos, para aniquilar temporal ó perpétuamente los movi- mientos celulares. Terminado el examen de los agentes físicos y quí- micos que influyen en la excitabilidad motriz de los or- ganismos elementales, dos cuestiones nos quedan por resolver, es la primera, inquirir si los movimientos des- pertados por los excitantes son ó no vitales, es la se- gunda, el conocer la causa real y efectiva de los actos dinámicos que nos han ocupado. El primero de los problemas que parece ocioso á primera vista, ha sido sin embargo, objeto de vivas discusiones entre distinguidos hombres de ciencia, defendiendo unos, que el movimien- to no tiene lugar durante la vida, y otros, que es un acto puramente biológico. Los que han pensado que los mo- vimientos son independientes de la vida, lo atribuyen á una especie de coogulación, y de corrientes aun mal determinadas, provocadas por los agentes exteriores, pe- ro que en todo caso no son más que fenómenos cadavé- ricos, en apoyo de lo cualßottcher ha dicho que los mo- vimientos del protoplasma no se manifiestan enseguida, sino solamente al cabo de cierto tiempo de solicitados, la objeción que acabamos de señalar que parece de pronto te- ner algún valor, carece no obstante de él si se tiene en cuen - ta que el retardo en la aparición de las contracciones se explica fácilmente por la inmovilidad titánica que las acciones mecánicas ejercen sobre el protoplasma, accio- nes mecánicas que son casi imposible de evitar al prac- ticar la operación. Por otra parte, son idénticos los movimientos del pro- toplasma y las contracciones de los glóbulos blancos, con los movimientos y contracciones de séres á los cua- 169 les no se les puede negar la vida como pasa con los ami- bos cuyas progresiones en el porta-objeto del micros- copio, ponen su vitalidad fuera de toda duda. Existiendo también en apoyo de que el movimiento es un acto bio- lógico y no cadavérico las interesantes y concluyentes observaciones de Bering y Lieberkuhn, que lian demos- trado las contracciones amiboideas de los leucocitos en el interior mismo de los vasos sanguíneos, por tanto el movimiento que hemos estudiado es una expresión de vida y no una manifestación pos morten. La causa del movimiento del protoplasma,.del que en algunas de sus formas hemos indicado algo, es muy difícil de conocer y por tanto de explicar. Hofmeisterla atribuía á la imbibición y suponía para ello que el protoplasma es constituido por partículas microscópicas diferentes dota- das de variable poder de imbibición, estando todas envuel- tas por una capa acuosa, si la disminución ó aumento en el poder imbibitorio alternan regularmente sobre series continuas de moléculas, el agua absorvida y lanzada por las más inmediatas, pasa de nuevo á ser absorvida por las segundas y será así puesta en actividad, podiendo un arreglo conveniente de las dichas moléculas, hacer posi- ble el movimiento de toda la masa del protoplasma. Sachs parece aceptar también la teoría enunciada, aunque con algunas reservas, insistiendo con razón sobre el hecho de que no hay proporcionalidad entre la fuerza de impulsión visible yel efecto producido. Las moléculas del protoplasma se encontrarían, pues, en un estado de equilibrio inestable y sometidas ú cierto número de fuer- zas que se neutralizan recíprocamente, bastando que una acción interior actúe por débil que sea, para que el equili- brio desaparezca, y las fuerzas neutralizadas puestas en libertad, obren á su vez sobre las moléculas vecinas, y es- tas en las más cercanas, produciendo un sacudimiénto que se comunica á toda la masa, sin embargo no debe olvidar- se á pesar de lo expuesto, que en el protoplasma, el movi- miento está ligado á las acciones químicas, al calor y á diferencias de tensión eléctrica. * LECCION X Si desde los tiempos del ilustre filósofo de Esta gira se sabe, que corresponde al fisiólogo el estudio de las manifestaciones anímicas, no debe parecer extraño que tratemos nosotros de conocer la neurilidad y con ella, los distintos fenómenos psíquicos de los glóbulos, pe- queños organismos elementales, según Brücke en los cuales Hcnckel lia estudiado lo que él ha denominado el alma de las células. Llámase neurilidad, al poder que tienen los elemen- tos anatómicos de trasmitir por el retículo, á la totalidad de sn ser, las impresiones determinadas por un estímu- lo exterior, que los ha impresionado más ó menos pro- fundamente, y por el que plenamente excitados, entran en reacción. El movimiento que ahora recorre las he- bras protoplasmáticas y conmueve al núcleo, es desde luego probablemente de otra naturaleza que el que obró en el ectoblasto. El impulso mecánico, la influencia calorífica ó la acción luminosa redúcese á un movimien- to ondulatorio particular, análogo en sí mismo, al que ha dado en denominarse fluido nervioso. Esta propiedad que con el erudito Er. Cajal, no va- cilamos en considerarle como general de todos los pro- toplasmas, constituyan ó no células y éstas completas ó incompletas, la facultad de transformar los más distin- tos movimientos en ondulaciones especiales y trasmitir- las á grandes distancias, se localiza y perfecciona en el cilindro eje y en las células nerviosas; protoplasmas que tienen por objeto poner en conjunción y harmonía los te- rritorios más apartados del organismo, haciéndolos en- trar en acción como si estuviesen en contacto, en con- flicto recíproco. Dice el Dr. Hoeckel en sus Ensayos de Psicología Ce- lular que en todo organismo elemental debemos admitir un alma celular, y siendo este un problema de suyo in- teresantísimo, de considerable importancia y trascenden- tales resultados, cumple á nuestro deber invertigar las propiedades que distinguen al alma de las unidades vi- vientes, si bien estamos obligados á exponer antes, que la manera de ver respecto del particular que nos ocupa, ha sido combatido enérgicamente por hombres eminen- tes, entredós cuales figuran verdaderas notabilidades. Pero cómo quiera que la concepción del sabio profesor de Jena, está apollada en los sólidos fundamentos de la teoría actual de la evolución, reformada por el irnortal Darwin, nos es permitido creer que la admisión del alma celular es una consecuencia lógica, necesaria, precisa, de la concepción monística de la naturaleza, el estudio de ciertos seres inferiores constituidos por un sólo glóbulo, es el más preciado testimonio de la teoría del alma celu- lar, confirmada aun en los grados primeros de la escala en cuerpos inferiores á las células, en las morieras y otros citodos en donde existen las propiedades funda- mentales de toda sustancia viva, desde la nutrición has- ta la sensibilidad y los movimientos voluntarios. La sensibilidad, una de las condiciones indispensa- bles del alma, existe entre los focos de vida, pues los clásicos dan ese nombre á la propiedad que poséen éstos, de entrar en acción, bajo la provocación de los es- tímulos. Demuéstrase el hecho, según Robín, en los volvos, monadiados, colpados y amibos, fenómeno con- firmado también en éstos últimos por los señores Yiault y Jolyet, pues exponen que cuando son colocados en un vaso, buscan la luz, dirigiéndose á los lugares más cla- ros, evitando otras veces los efectos de una iluminación intensa que los hiere profundamente; colocando el vaso 173 á que nos referimos en parte en la obscuridad y en par- te no es, como se comprueba satisfactoriamente lo que liemos dicho acerca de la sensibilidad. Admitiendo con Bernard que la sensibilidad es un fe- nómeno biológico, encuéntrasela necesariamente en di- ferentes grados en los séres vivos, por lo que es inútil buscar en las células, la sensibilidad de los organismos superiores, pero si consideramos la sensibilidad de éstas, como un grado más alto de lo que se llama irritabilidad, claro, evidente es, que existe en los organismos elemen- tales y si todo movimiento supone en la materia viva algo anterior que lo determina, hecho perfectamente compro- bado para la ciencia actual, quedará confirmada la exis- tencia de la sensibilidad en los glóbulos, porque á no ser sensibles á su modo, no pudieran traducir en actos de movimientos las impresiones diversas que reciben. En los amibos, los pseudopodos proteiformes que aparecen alternativamente, sirven á la vez para la loco- moción y como de tentáculos para las sensaciones, y co- mo ellos son análogos á las células de la linfa y á los leucocitos de existencia nómada, ocurre otro tanto en éstos; existiendo también hechos de sensibilidad com- probados en las células ovillares de los animales. En los cilios organismos unicelulares, los movimientos son tan vivos, las funciones físicas se desempeñan con tanta energía, que el célebre Ehrenberg que ha hecho profun- dos estudios sobre los infusorios, sostiene que deben existir en estos séres, nervios y músculos, un cerebro y órganos de los sentidos, y sin embargo, no hay en su or- ganización mas que el protoplasma del cuerpo y el nú- cleo celular como órganos de la vida física, Muchos vegetales presentan también fenómenos de actividad que deben considerarse á causa de su íntima relación con los estímulos exteriores, como manifesta- ciones de la sensibilidad y así podemos llamarlos, sin que por ello existan células y tubos nerviosos. Las plan- tas que cojen insectos, son buena prueba de lo que ex- ponemos, pues solo con un tacto exquisito, pudieran 174 ejecutar operación tan interesante para sn existencia, asimismo la sensibilidad vegetal se haya confirma- da en la mimosa púdica que á la acción de un cuerpo, siente, trasmite la sensación y la transforma en movi- miento. Los hechos enunciados, sean cuales fueren, despiér- tanse y ponen en evidencia por la irritabilidad de las cólulas, luego en el fondo la irritabilidad y la sensibili- dad son idénticas, la diferencia surge de la complicación orgánica, de la composición del elemento anatómico, del órgano, del aparato, del sistema. La disposición de los elementos, la diferencia de textura de éstos, traen la di- ferencia en el modo de manifestarse la irritabilidad, pero el hecho capital es que, todo elemento anatómico responde á los excitantes, porque siente, y trasmite su impresión. Ahora bien, ¿es la sensibilidad una propiedad dis- tinta de las físico-químicas? Si en la materia donde se manifiesta la sensibilidad hubiese una propiedad vital diferente de las físico-químicas, se la podría desde lue- go aislar. Veríase entonces que las manifestaciones sensibles no obedecerían exclusivamente á las modifica- ciones de aquellas propiedades, que habría en ellas un elemento extraño cuya intervención aparecería en algún momento, y sin embargo, no hay más que un medio, único de obrar sobre la sensibilidad, y éste es, ó las in- fluencias físicas, ó bien las acciones químicas. El modo de actuar de los anestésicos justifica ú la vez lo que acabamos de exponer y las consideraciones que hemos sentado precedentemente, según las cuales, la sansibilidad no es más que la misma irritabilidad que se va diferenciando á medida que se manifiesta en seres más complicados. Esto expuesto, ¿cómo obran las sus- tancias anestésicas? ¿Ejercen su acción sobre alguna entidad metafísica que se llame propiedad de sensibili- dad? No disponiendo nosotros de agentes capaces de obrar sobre el mundo metafísico, sus acciones son pura- mente físico-químicas, las que en concepto de Bernard 175 son moleculares y consisten en la coagulación de la ma- teria semi-fluída de las células por el éter ó el clorofor- mo, que hacen desaparecer la pretendida entidad vital y por ello cuando la influencia de los anestésicos cesa y el estado fluido vuelve, la sensibilidad momentánea- mente suprimida reaparece. Como la constitución propia de las unidades vivien- tes de Darwin es distinta según hemos dicho de la de los. organismos complejos, como es diferente la de éstos entre sí, y como las actividades se deben solo á las pro- piedades físico-químicas de la sustancia organizada, de aquí que la sensibilidad celular se manifiesta más sim- ple en su modo de ser que en los organismos superiores. Las sensaciones prnsentan también el hecho parti- cular, de poder quedar conservadas como en estado la- tente en todas las células, para manifestarse en condi- ciones dadas y como este fenómeno constituye la memoria, otro de los atributos del alma, existe por tan- to, dicho acto en los focos de vida de Yirchow; pero la memoria que en ellos hay, es una memoria en las mis- mas condiciones que la sensibilidad arreglada á sus li- mitadas facultades, la admisión de esta cualidad atri- buida no sin razón por Elsberg y Eheckel á toda la materia viviente, nos explica algunas de las actividades peculiares de los organismos elementales, que de otro modo serían incomprensibles. Tal es el hecho de que las células neoformadas repro- duzcan constantemente la extractara y actividades fisiológicas predominantes de sus elementos progenito- res. Así, por ejemplo, todos los corpúsculos nacidos de la hoja embrionaria mesodémica, persisten en su carác- ter funcional originario, que es la actitud formatriz de materias amorfas y colágenas. Todos los corpúsculos dependientes de la hoja estodérmica ó epitelial conser- van los rasgos típicos de su raza que son: no engendrar materias amorfas, vivir en recíproco contacto y entre- garse á la producción de síntesis químicas. Obran, pues, estos elementos anatómicos como si se acordaran de las 176 tradiciones anátomo-fisiológicas de los suyos y procuran conservarlas incólumes, á despecho de las influencias de los medios orgánicos que tienden á modificarlas. La actitud para recordar la memoria organizada, falta á las moléculas inorgánicas, es patrimonio de las moléculas vivas, y se debe, á las combinaciones ó cam- bios, que en las mismas se operan por las acciones fisico- químicas, como acontece con la sensibilidad. En la célula, la memoria explica la trasmisión de ca- racteres propios de padres á hijos. La herencia es la Causa para que sus formas orgánicas sean estables, en tanto no le disputa su imperio, la adaptación. Según Ewaíd Hering, la memoria inconsciente es la cD O ’ propiedad característica más importante de la materia organizada, ó hablando con más propiedad, de los pías- tidustos organizados. El perfeccionamiento de esta memoria con nuevas mejoras y desarrollos, constituye las funciones de cier- tos glóbulos, llamados por el sabio profesor de Jena, las células del alma, las cuales dedican su actividad á con- servar y poner á la disposición de otras individualidades más superiores, los clichés ó representaciones dinámicas de las cosas, representaciones invisibles que se revelan bajo la influencia de la atención, de igual manera que se desenvuelve la imagen latente fotográfica en una pla- ca de bromuro de plata, bajo la acción del baño reductor. Existe en las células, del mismo modo que la sensi- bilidad y la memoria, atributos voluntarios, movimien- tos regidos y dominados, verificados para el cumplimien- to de un fin propuesto que el organismo celular trata de realizar. Los casos de movimientos apropiados á un objeto da- do, abundan entre las células vegetales, así los antero- zoides, los zoosporos de las algas, se mueven libremente, se trasladan nadando de un punto á otro, recorren espa- cios más ó menos considerables en cuya marcha, al en- contrar objetos que pudieran oponérseles, los salvan des- viándose de la dirección que llevaban, hasta dar con otros obstáculos que también libran fácilmente, para realizar su pretendida carrera, en tales casos parecen que tienen conocimiento de la presencia de los impedimen- tos que encuentran ylo evitan enseguida en virtud de movimientos precisos que por su manera de verificarse son actos de carácter voluntario. En las células ovillares de los animales, comprué- banse también satisfactoriamente los movimientos vo- luntarios, haciéndose igualmente patentes en los ami- bos, en donde no dejan la menor duda. En efecto, cuando uno de estos seres monocelulares, nada en un líquido donde encuentran partículas apropiadas para su nutrición, hemos dicho antes que se apoderaban de ellas v con el distinguido observador Cienkowky visto opor- tunamente que sus actividades se dirijen todas hacia el lugar del cuerpo alimenticio, que hacían la prehen- ción del mismo con sus pseudopodos proteiformes, que lo introduce en su interior y terminado el trabajo diges- tivo devuelve al medio los residuos no asimilados; todos estos hechos dinámicos, toda esta serie de movimientos ¿no comprueban la voluntad dominando los actos ejecu- tados? Es indudable que sí, y por eso es que sostene- mos la existencia de los referidos movimientos. En los glóbulos déla linfa y en los leucocitos de la san- gre cúmplense también análogos actos estudiados por Li- berkühn en sus experiencias hechas con las capilares de la salamandra, en donde demostró á los glóbulos blan- cos conteniendo en su interior fragmentos de hematies. La voluntad existe, pues, en las células, pero es una voluntad incipiente, que principia, si bien no ya en el estado de completa confusión, en una especie de caos, como pasa en los moneras y otros cytodos, es una vo- luntad relativamente más perfecta, pero no por eso en condiciones bastantes para poderla comparar con la de organismos superiores, es una voluntad determinada, su- ficiente tan solo á las exigencias de la vida del organis- mo más simple, y por tanto, como él simple también, porque las funciones como ha dicho el sapiente Herbert Spencer están siempre en relación constante con la dis- posición del organismo que las ejecuta. Los movimientos voluntarios celulares, se deben co- mo la sensibilidad y la memoria solo á reacciones ó cambios físico-químicos y se cumplen obedeciendo en un todo á las leyes de la mecánica en general, aunque subordinados á las condiciones del medio en que se ve- rifican que influyen notablemente en la realización de tales actos. Los datos expuestos, las facultades anímicas exami- nadas en el primero de los organismos, la sensibilidad, la memoria y los movimientos voluntarios, prueban evi- dentemente la existencia del alma en los elementos ana- tómicos. El alma celular, es pues, un fenómeno general de la vida orgánica como lia dicho Hoeckel, en tanto que la célula física del alma es un fenómeno particular, atri- buto de organismos complejos, de gerarquía superior, en donde ellas forman el gobierno central de todo ani- mal policelular. El alma parece un hecho en las unidades vivientes de Darwin, por más que eminencias reconocidas por sus múltiples valimientos como Yirchow y Du Bois Kaymond sostengan con notable empeño que la ausencia del siste- ma nervioso en los seres organizados, señala los límites de su existencia, pues en los focos de vida, hemos de- mostrado satisfactoriamente las potencias de lo que ha dado en llamarse alma. En todas las células hay, pues, un alma, pero como faltan en ellas los órganos particulares de la misma, sus instrumentos, porque las más complicadas en constitu- ción ó naturaleza, solo tienen una membrana de envol- tura, un protoplasma, uno ó más núcleos y uno ó más nucléolos, nos es indispensable saber ¿cómo existe una función sin órgano, un alma sin aparato físico? No siéndonos dado poder comprender ningún fenó- meno complejo sin descomponerlo en sus más simples elementos y someter éstos á riguroso exámen, nos es preciso para la resolución del problema planteado, 179 considerará las célalas como lo lia ce Hoeckelcualun com- puesto harmónico de elementos, lo que legitima el nom- bre de organismos elementales que le ha dado Bríicke. El glóbulo si bien es la unidad viviente, un individuo de primer orden, no es el último grado de extructura, el último factor á que puede reducirse la materia organi- zada. La cubierta es distinta del contenido, el proto- plasma es diferente del núcleo, y este de constitución particular que cuando existe le hace dar á los organis- mos elementales el nombre de células y cuando falta el de cytodos, se separa también por su naturaleza de las otras partes, como asimismo sucede para con el nucléo- lo. Cada una de estas porciones si bien son distintas en extructura, preséntanse constituidas por sustancias que como la que forma el cuerpo de las moneras están compuestas de pequeñas partículas, que tienen la mis- ma composición y propiedades que el todo al cual co- rresponden, las que á su vez están constituidas por el oxijeno, el hidrógeno, el carbono yel ázoe, estas par- tículas son, las moléculas orgánicas ó plastidulos que representan el último concepto al cual se puede reducir la materia de esa índole en su análisis ó descomposi- ción. Ahora bien, estos últimos factores morfológicos de la organización son para el Dr. Hoeckel lo que los gra- dos de extructura, lo que los individuos fisiológicos, lo que las especies en el sentido de que la mayor parte de las doctrinas y teorías científico-naturales son de lleno aplicables á ellos. El modo como se agrupan ó como se diferencian, la herencia y adaptación, la lucha por la vida, la selección natural y una gran serie de fenó- menos que todos ellos se han referido hasta aquí, á los organismos ó á las especies y géneros se encuentran aplicadas á la Perigénesis de los plastidulos, á las mo- léculas orgánicas. Se dirá al fin que todo esto no tiene otro objeto que servir de pedestal á una hipótesis, pero quizás esta que hoy no alcanza otro grado de confianza, puede mañana considerarse como una teoría, ó doctrina, 180 ya que hoy por hoy, tiene el mérito de no verse susti- tuida por otra mejor cimentada. Tratar de explicar los fenómenos anímicos celulares por la teoría del Dr. Hceckel no es por tanto arrojar el misterio sobre el misterio, ó la obscuridad sobre el caos, no porque el autor procede guiado siempre de la lógica más inflexible, de lo particular á lo general, de los he- chos á sus leyes, del fenómeno á su causa, entendiendo por esta, solo las cosas naturales, nada incognosible ó mitológico, sino que mira corno causa de un fenómeno, otro fenómeno que le antecede y determina su produc- ción. Hoeckel es el autor que más trabajos ha realiza- do en favor de la Psicología Celular, como dice el señor Soury y por ello recurrimos á él para inquirir el cono- miento del alma de las unidades vivientes. En las células toda su materia organizada, es el ins- trumento del alma y claro es que si los factores de ésta son sus moléculas ó plastidulos y la actividad de un compuesto se debe á la de sus elementos, podemos ad- mitir que las funciones anímicas residen primitiva y fundadamente en los plastidulos y que el alma cesa de dividirse y fragmentarse cuando se llega á ellos; despo- seer á los plastidulos de tales facultades, equivaldría á despojarlos de todas las propiedades dinámicas de la organización. El monismo de Hoeckel lejos de ser un vago panteís- mo, es, estrictamente mecánico, con él no aparece el alma en un instante dado de la creación, pues la hace eterna como el átomo, así entre las diferentes hipótesis la del profesor de Jena, tiene mayores probabilidades de certeza toda vez que puede apreciarse con ella más cum- plidamente las manifestaciones anímicas en los diferen- tes estados de la materia viva. Las propiedades de la sustancia organizada, hemos dicho que se deben á las de los plastidulos que la for- man, que repetimos no son más que moléculas constitui- das por átomos de carbono, de oxigeno, de hidrógeno de ázoe, etc., por lo que la vida con todas sus manifes- 181 taciernes, aún las del pensamiento, es producida poruña combinación tan compleja y maravillosa como la del hi- drógeno y oxígeno cuando por afinidad se unen y pro- ducen el agua, Los caracteres del agua difieren tanto de las de sus componentes, como las del protoplasma difieren de las del ácido carbono, de las del protóxido de hidrógeno y de las del amoniaco que las forman. En tal virtud ha dicho Huxley, si los fenómenos que nos presenta el agua son las propiedades del agua, las que nos ofrece el protoplasma serán también las de ese pro- ducto; ellas no existían antes de la combinación y dejan de ser, cuando desaparecen las condiciones de su for- mación, por lo cual, solo se manifiestan en condiciones dadas obedeciendo á principios fijos. Cuando se re- flexiona un tanto sobre los estrechos límites de presión y temperatura entre que oxila la vida y la conciencia, no podemos menos que aceptar las ideas expuestas. Uno de los mayores servicios prestados á la ciencia por la teoría celular, es el haber demostrado que el pro- toplasma tiene las mismas propiedades fundamentales en un infusorio unicelular, que en una célula vegetal ó animal. La más importante de estas propiedades, la de sentir y reaccionar, es general para la base física de la vida, la unidad del protoplasma animado nos permi- te, por tanto, admitir la hipótesis de que los últimos fac- tores de la vida física, son los plastídulos, es decir, las partículas moleculares, los elementos invisibles, cuya infinita variedad, forma las innumerables células. La hipótesis de la periginesis de los plastídulos es científica, pues las tendencias generales de las ciencias, de la Física, de la Química, de la Biología y de la Socio- logía, es reducir todos sus problemas á simples cuestio- nes de física molecular y ella está fundada en los cono- cimientos mecánicos de la comunicación del movimien- to molecular y de la conservación de la fuerza. Los factores del alma en los organismos superiores, son varios órganos de diferentes sistemas, cuyas activi- dades se suman y combinan, si las propiedades aními- 182 cas de estos órganos derivan de los elementos celulares, si las de éstos dependen de la energía de los plastldnlos, que á su vez la deben á los elementos químicos, la uni- dad del alma, su individualidad é independencia se rom- pe en múltiples fragmentos, en millones y millones de almas secundarias que á su vez son relativamente autó- nomas, el alma del órgano, el alma celular y el alma del plastídulo. Nuestros medios de exploración son dema- siado groseros, para sujetar á medida los fenómenos aní- micos; pero la lógica más inflexible, nos conduce á ad- mitir que si el alma es una manifestación biológica , allí donde arda el soplo de la vida por más obscura que pa- rezca, allí existe indudablemente la conciencia, la volun- tad y el pensamiento. El alma, por consiguiente, aparece, según hemos di- cho, para otras funciones, al mismo tiempo que las de- más, bajo las mismas formas y condiciones, siendo pri- mitivamente obscura, indeterminada, para cuya realiza- ción no se necesita más que un protoplasma indiferente. La existencia del alma no supone la presencia de órga- nos, aparece antes la nutrición que el aparato digestivo y la generación precede á los respectivos órganos; así se explica el problema que nos preocupaba, la existencia de una función sin órgano que la ejecute, de alma sin aparato físico. Lo que no debe sorprendernos, pues, desde 1878, el inmortal maestro Claudio Bernad afirmó que la vida comienza antes que la forma y que aquella puede hallarse ligada, no á un molde fijo, sino áun sim- ple arreglo físico-químico. La división del trabajo fisiológico es la que engendra elementos anatómicos, anímicos, primitivamente neuro- musculares y nerviosos, es la que da origen á esos siste- mas complejos de cuyo enlace resultan tan admirables funciones. Las células del alma no existen en el proto- plasma informe del amibo, ó del monera, ni en ningún otro foco de vida, aparece en las medusas, esos organis- mos tan curiosos y tan bien estudiados por Hoeckel, en donde por primera vez se manifiesta una base física di- ferenciada del alma. Es interesante, en alto grado, ver los elementos anatómicos del sistema muscular y ner- vioso que forman una disposición especial mixta, muy bien observada por Klecnemberg en la Hidra de agua dulce, representar la función de los dos sistemas, con la presencia de células neuro-musculares, como indicando la primera diferenciación de los dos agentes del alma,