PRESENTADA AL PROTOMEDICÍTO -DE— , PARA LA LICENCIATURA f'> POR €tts{\útl $alen¿itek IXTEBMO DE fITE ROlPIfAL OEXCBAL. EL 9 DE DICIEMBRE DE 18Gt. > j:.üj ¡1 M,l .' .H.l VS^ fcSfcfc^^^, IMPRENTA DE LUÍSA, CALLE DE LA PROVIDEiNCIA N.» 2. ^ ,'l ^. m.q&a¿Mi ob cal ah a* Mi;. u-f^ri INDIVIDUOS Oh.-ú^u- SEÑORES: t, ,,. {Dr. D. José Luna, Catedrático de Clínica Protomedico... j MédicR y Jubilado de Medicina. [De. D. Elijio Baca, Catedrático de Me- Vocales exa-j dicina Operatoria. minadores..... i Dr. D. José Farfax,1 Catedrático de Cien- ^ V ciás Naturales. r. (Lie. D. Máximo Soto, Catedrático de Me- Censor.........1 dicina Legal. Secretario...... Dr. D. José,Benito Vasconcelos, Catedrá- tico de Medicina.'J¿, "/ Q<\\ )8¡c'-i EXAMINADORES ESPECIALES. SEÑORES: Lie. D. Manuel Contreras. Lie. D. Cáelos Bonilla. OS) Por acuerdo del Protomedicato, solo los candidatos son responsables de las doctrMttafe cdáfeignadas en las Tesis. hj] \L SR. LICENCIADO í\ II ¡llí /i\ (HVflUllj VXt Mi Í'U Mí -**^R><#í"*»- lí/lfmet Ptatelnal u a latitud. «KÍ/.n/.TU.í II, ■ y »*.»W--~~~ •-. ~..... •* p« -••$•*.*■•*■''; .• *sv.. • O habiéndome sido dable, durante el curso ¿le mi pasan- tía, encontrar una materia sobre la cual pudiera decir algo de nuevo, en mi Licenciatura en Medicina, me vi en la necesidad de pedir al Protomedicato un sujeto para mi presente Tésis^cu- yo Gn es llenar en lo posible un requisito legal; y habiéndose- me presentado tres por mano de su Jefe Dr. Don José Luna, elejí el "de los flujos^ purulentos de las orejas," punto que he procurado tratar según permite el estado actual de mis faculta- des. Si ellas son bien limitadas y muy escasos mis conocimien* tos, no hay que esperar gran cosa de mi presente trabajo. Sin embargo, la Sociedad Médica encontrará en él, sino un resumen perfecto de la doctrina de los maestros, al menos mi deseo de formarle, en satisfacción del último deber que como aspirante á la Licenciatura tengo que cumplir. De los flujos purulentos de las orejas en jeneral. f|i 1áMOS flujos purulentos de las orejas se muestran en todas las épocas de la vida, desde la mas tierna infancia hasta una edad muy abanzada. Pocos son los prácticos que no hayan sido con- sultados para estos flujos mas ó menos abundantes y constante- mente de una duración indeterminada. Existe aun entre los médicos, una preocupación que tien- de á mirar estos flujos como un emuntorio saludable, sobre todo en los niños. Si este flujo tubiese su asiento en cual- quiera otro punto que sobre las membranas delicadas de la ore- ja, nada se diría sobre este descuido; mas como la estructura de la oreja es muy luego comprometida y mas ó menos des- truida por estas supuraciones prolongadas, y los enfermos pue- den quedar mas ó menos sordos, y por lo común de una ma- nera irremediable, á consecuencia de estos flujos crónicos, es necesario que tal preocupación desaparezca ya que á su som- bra se verifican tan funestos resultados, y que se jeneralicen ciertas ideas que tienden á destruir las añejas creencias de que ha sido víctima la sociedad. Los flujos de las orejas, como se ha dicho pueden muchas veces, por corta que sea su duración, causar en el aparato del oído desórdenes muy graves. Las membranas tan tenues que forman este órgano se inflaman al contacto prolongado del pus, se reblandecen, se perforan y pueden ser rpidas por la acrimo- nia de los humores, como decian los antiguos. Se comprende muy bien por esto que la función importante del oído es mas ó menos comprometida y muchas veces perdida sin esperanza de recuperarla. Si el enfermo es un niño, que es lo mas oomun, el sentido del oído, una de las puertas de la inteligencia si pue- do espresarme así, se encuentra desgraciadamente cerrada, y el paciente privado de uno de los centinelas de su conserva- ción, y casi reducido á la condición del sordo-mudo. Y no se crea que hay exajeracion en este modo de hablar, que no es sino un bosquejo imperfecto de lo que en realidad sucede. En el Hospital se han averiguado casos en que algunos individuos, á consecuencia de flujos de orejas largo tiempo descuidados, han _7— venido únicamente á recibir la pena de su incuria, esto es, la sordera. Y ¡cuántas veces no se han visto también, con bastan- te disgusto, madres que se oponían á que se tratase, en sus ni- ños, por los remedios convenientes, la curación de semejante enfermedad que, abandonada así misma, se los ha devuelto ca- si enteramente sordos! Estas reflexiones, (aunque un poco estensas), eran sin du- da indispensables para demostrar la importancia de la mate- ria de que paso á ocuparme. CAUSAS. Los flujos purulentos del oído se manifiestan en la mayor parte de las afecciones de este órgano y constantemente en cir- cunstancias en estremo diferentes. \.o En las inflamaciones catarrales, flegmonosas ó periósti- cas del conducto. 2.° Como complicación casi frecuente, de los cuerpos estra- ños, vivos ó inanimados que han permanecido por algún tiem- po en el interior del conducto auditivo; y también concrecio- nes ceruminosas de los exóstosis etc. 3.° En las flegmacias de la membrana del tímpano, especial- mente la flictenular, en la otitis gotosa y sifilítica. í.o En el catarro de la oreja media, el ffegmon de esta cavi- dad, las celulns masloideas, la caries, la necrosis de las partes oseas de la oreja y aun de la misma roca. 5.° Se observan aun y muy constantemente los flujos puri- formes y sanguinolentos del órgano auditivo, durante los exan- temas febriles y las fiebres graves, scarlalina, sarampión, vi- ruela, fiebre tifoidea, ericipela de la cara etc. 6.° Es un síntoma premonilor de los mas importantes de la evolución principiante de los pólipos, de fungus de la roca y de la duramadre etc. 7.° Y en fin, se han visto absesos de las amygdalas y de la faringe darse paso al esterior por la trompa de Eustaquio" v des- tilar por el conducto auditivo después de haber dislacerado d tabique timpánico. Estos casos no son muy raros y en el Hos- pital se han presentado algunos. Una observación muy importante y que parece dominar to- das las otras ha sido demostrada de la manera mas evidente por la esperiencia, y es que todos los flujos crónicos cualquie- ra que sea su asiento están sostenidos, en la mayor parte de casos, por el elemento escrofuloso. Ahora bien, las afecciones catarrales crónicas de las orejas tienen una analogía notable con las pérdidas que se encuentran en las inflamaciones puro-mn- cosas de los párpados- de las fosas nasales, del útero, de la uretra etc. ■8— Con esta esplicacion de causas do es difícil comprender la tenacidad de ciertos flujos del oído y de la resistencia que pre- sentan á la terapéutica. Se comprende así mismo, que en la mayoría de casos no es sino una de las formas larvadas por las cuales se manifiesta la escrófula en un sujeto joven. Estas con- sideraciones servirán de mucho cuando se trate de formar un pronóstico y de instituir un tratamiento. Examinemos pues es- tos flujos en sus síntomas y sobre todo veamos la manera de distinguir los unos de los otros. SIXTOMAS. Los síntomas son anatómicos y fisiológicos. í.o Los síntomas anatómicos son primitivos y secundarios. Síntomas anatómicos primitivos: 4.° enrojecimiento, 2.o tu- mefacción, 3.° flujo, 4.° costras, 5.° veccículas, 6.° pústulas, 7.° pequeños absesos, y 8.° las ulceraciones del conduelo audi- tivo, de los bordes de la concha, del cuello etc. Secundarios son: El reblandecimiento de las membranas, la perforación del tabique, la caida de uno ó de muchos huese- sillos, osteitis, caries de la roca, necrosis, granulaciones, poli- pos, fungos que aparecen casi constantemente á consecuencia de otorreas crónicas y sobre todo en los sujetos linfáticos ó es- trumosos, el engurjitamiento de los ganglios del cuello y de los submaxilares. 2.° Los síntomas fisiológicos son: el dolor, el olor, el erec- tisrao, el entorpecimiento del oído, los sumbidos, sordera mas ó menos completa y siempre en relación con las lesiones ana- tómicas del órgano enfermo, parálisis facial debida á esta mis- ma supuración, cuando ha desorganizado las partes profundas de la oreja, llega á la trompa de Eustaquio y ataca el nervio fa- cial que le atraviesa: entonces la flegmacia del nervio impide que su influjo de movimiento llegue á las partes en que se distribuye. Observaciones generales sobre cada uno de estos síntomas. El enrojecimiento en todo flujo de las orejas, por poco crónico que sea, se nota, á una época mas ó menos larga, cierta rubi- cundez del conducto auditivo, producida, ya por la inflamación primitiva que aun no ha sido apagada, ó ya solamente entre- tenida por la estagnación de pus acre y fétido en las anfractuo- sidades del conducto. Y es muy raro también, que el contorno de la oreja no presente un tinte mas ó menos rosadoT rojiso y algunas veces azulado; pero el punto ma* importante es averi- guar el asiento mismo de este enrojecimiento, en los diferentes —9— flujos de la oreja. Así, en el flujo debido al catarro de la oreja esterna, la rubicundez ocupa, sobre todo, el orificio del con- ducto, el tragus, la cara esterna de la membrana del tímpano, la parte superior del helix que está rojo y luciente. En la ore- ja media, coloración insólita de la membrana del tímpano de un rojo subido desde luego, trasformado en seguida en un co- lor plomiso y muchas veces apizarrado: el enrojecimiento ocu- pa principalmente la apófíce mastoidea. Este enrojecimiento es franco en el catarro del conduelo y fijo á un solo punto: azul y difuso en el flujo de la otitis flictenoidea. En las flegmacias profundas, ó de la oreja interna, esta rubicundez es muy seme- jante á la de los flegmones. La tumefacción ocupa las mismas regiones que la rubicun- dez, y también presenta las mismas modificaciones y solamen- te se hace notar que en ninguna otra es mas intensa que en la catarral ó blenorrájica: en estas, ella puede determinar la obli- teración momentánea del conducto por consecuencia del engur- jitamiento de sus paredes. El flujo presenta algunas particularidades que merecen no- tarse. Unas veces se presenta francamente purulento, otras amarillo, muy poco abundante, poco odorífico en el catarro; se- mi-ceroso, fluido, blanquesino, horriblemente fétido en la otor- rea escrofulosa, mesclado de grumos etc. üe un amarillo ver- doso y mesclado de mucosidades filamentosas semejantes á la clara de huevo, cuando la materia viene del interior de la caja. Es casi siempre estriado de sangre, mas ó menos rojo, si es el síntoma de granulaciones, de pólipo de fungo en el estado na- ciente. En fin, se le ha visto remplazado por una hemorrajia al- gunas veces considerable, constantemente mortal, en niños con- valecientes de fiebre grave, la escarlatina sobre lodo; y tam- bién en la caries y la necrosis de la roca, euando una esquirla ó un secuestro ha ulcerado la carótida interna á su paso en el canal carotidiano al centro de la roca. Se ven flujos catarrales de la oreja remplazados por una pérdida de sangre suplimenta- ria en las jóvenes mal regladas: en aquellas, sobre todo, que sin ser cloróticas, la evolución era penosa é irregular. Constantemente la materia del flujo se concreta y se forman costras en el conducto y sobre los bordes del orificio del mea- to auditivo, de manera'que vienen á determinar la obstrucción por la aglomeración mas ó menos considerable de que dichos puntos vienen á ser el asiento. El asiento de las vexículas y pústulas, son todos aque- llos puntos de la oreja en que el pus siendo acre ó el epi- telium muy suceplible, se deja atacar por aquel, y es lo mismo para los pequeños absesos que no pudiendo evacuar el pro- ducto de una inflamación que acaba, tienen que formarse fo- cos en puntos mas ó menos selectos, según el asiento de la —10-* enfermedad. , Las ulceraciones suceden á las veccículas o a las pústulas, cuando el flujo secretado no es tan fuerte que destruya inme- diatamente la superficie sobre que se ponga en contacto. Se las observa en toda la estension del conducto auditivo, durante to- do el tiempo que exista el flujo. También debe notarse la des- camación del epitelium de este mismo conducto, como uno de los accidentes primitivos determinados por la otorrea. Los síntomas secundarios son, como ya se ha dicho, el re- blandecimiento de las membranas, especialmente la membrana del tímpano, la perforación del tabique, la caída de los hue- sesillos, la osteítis, la caries, la necrosis de la roca etc.; la caí- da de los cartílagos, las granulaciones, pólipos, fungos, engur- jitamiento de los ganglios sub-maxilares, parotidianos y ser- v if*íi Ipq Los síntomas fisiológicos son: (el dolor que casi nunca falta, ni en los flujos agudos, ni en los flujos crónicos. Su lugar de elección es invariable) \.° El tragus para el flujo catarral del conducto: el helix, para el flujo escrofuloso: la apófice raastoi- dea para la otorrea consecutiva á una flegmasía de la caja y de las células etc. 2.° El olor que, en estos casos de flujos, se exhala de las orejas, es verdaderamente repugnante, y cuyo carácter pudie- ra tenerse como patognomónico. 3.o El ereclismo, los sumbidos, no tienen nada de particular. 4.«> La sordera está en relación directa con las lesiones anatómicas que, por consecuencia, deben ser tomadas en gran- de consideración, especialmente, la integridad del tabique, de los huesesillos, del promontorio, y aun la misma conservación parcial de la función ó su abolición mas ó menos completa. DIAGNOSTICO. El diagnóstico del flujo de las orejas se forma naturalmen- te á la vista del pus que se escapa, en mas ó menos abundan- cia, de la oreja; pero el diagnóstico diferencial de los diversos flujos entre sí. no es tan sencillo. Que un individuo joven, de buena constitución y gozando de todos los caracteres de la salud, sufra una contusión, ó se exponga á un viento fuerte, á la impresión de un aire frió recibi- do sobre las orejas, y que estas ó una de ellas solamente, pre- sente un flujo purulento, este es un flujo catarral. Que un enfermo haya padecido anteriormente de tumores en el cuello, las axilas, las ingles, ó en cualquiera otro punto de elección de los tumores estrumosos, ó ya sea que presente solamente, todos los signos de un temperamento linfático, y que luego sienta un dolor violento en el oído, después una —n— otorrea cerosa ó caseosa, debe inclinarse á creer que esta oti- tis es de naturaleza escrofulosa y decidirse á que lo es sí á la ayuda del especulum ó del reflector, se nota sobre el tabique una ó muchas flictenas. Sin embargo, cuando un flujo de ore- jas exista después de mucho tiempo en un sujeto escrofuloso, seria útil para completar el diagnóstico, introducir con suavi- dad en el conducto auditivo, un estilete obtuso, á fin de notar, {>or una exploración prudente si existe ó no algún punto de a roca cariado y necrosado. Que un enfermo gotoso sea afectado de otorrea, bien pron- to se notará la eliminación de uno ó muchos huesesillos al través del tabique perforado. En un individuo sifilítico el flu- jo de las orejas, coincidirá ya sea con una úlcera indurada ó ya con una blenorrajia virulenta, del mismo modo que pu- diera hacerlo con placas mucosas á la garganta, vejelaciones en las partes genitales, sifilides en el cuero cabelludo, en el tronco etc. Como se acaba de decir, el diagnóstico de la otitis catarral ó de la oreja esterna ofrece pocas dificultades. Sin embargo pudieran cometerse errores trascedentales; y en efecto, se miran como sordos incurables individuos que quiza por con- secuencia de una otitis superficial, tienen en el fondo del mea- to auditivo un conjunto de materia ceruminosa mas ó menos endurecida, y que mesclada con costras y con pelos cortos y rijidos forman un tapón que vuelve la función de este órgano difícil y muchas veces imposible. Para descubrir este cuer- Eo estraño y el estado anatómico del conducto y de la mem- rana, basta por lo regular tirar la oreja hacia arriba y hacia atrás, para enderezar el conducto, y esponer el fondo del tím- pano á los rayos directos de la luz; y aun seria mejor servir- se del especulum auris para descubrir la causa de la sordera. En la otitis interna el enfermo esperimenta, al principio, una comezón en la oreja que le exita á llevar el dedo al con- ducto auditivo esterno, se esperimenta una sensación incómo- da en el fondo de la garganta, hacia la trompa de Eustaquio, debida sin duda á la estension de la inflamación á la trompa de Eustaquio, la farinje y aun de la rejion tonciliar, las amyg- dalas se tumefacen: hay esputos espesos que se desprenden difícilmente, pulsaciones, zuzurro y algunas veces parece que una cascada existe cerca del enfermo. El conducto auditivo esterno está libre y sano lo mismo que la membrana del tím- pano. Si el enfermo después de haber cerrado la boca y la na- ris, como para escapar el aire por la oreja, tose fuertemente, el dolor al nivel de la apófice mastoidea aumenta y el enfer- mo parece oir un silbido particular: el aire no entra con li- bertad en la caja. La eliminación del pus se verifica por la membrana del tímpano que de antemano ha perforado; pero —12— no es raro verle salir por la boca al través de la trompa de Eustaquio, y muchas veces sale al esterior, despuesde perfo- rar la a pólice mastoidea. PRONOSTICO. El flujo purulento de las orejas es grave en todos los ca- sos, aun en el simplemente catarral, porque tiene mucha tendencia á durar indefinidamente y á destruirlas membranas importantes de la oreja, después de haberlas reblandecido por una maceracion prolongada en el pus que las baña. Y la en- fermedad toma un carácter mas alarmante en los flujos liga- dos á un estado escrofuloso de la constitución, por la dificul- tad, en que al presente se está, de combatir con buen éxito esta diátesis casi indomable. Y no sucederia lo mismo en la otorrea sifilítica, cuyos síntomas son jeneralmente mejor co- nocidos, y á causa también del remedio que se lo opone, que podia llamarse especifico para dicha enfermedad. La grave- dad es relativa en los viejos, golosos etc. Las complicaciones mas eomunes de la enfermedad de que se trata son, la menínjitis, y los estancamientos de pus en el cráneo, que vuelven el pronóstico mas grave todavía. TRATAMIENTO. Desórdenes grandes podrían producirse rápidamente, si no se tratase de combatir la inflamación, que muchas veces los produce, y prevenir estos desastres. Cuando la inflamación ha invadido la caja, se debe siempre comenzar por la sangría ge- neral, á menos que se trate á un tísico ó á un niño muy tier- no: en seguida convendrían las saguijuelas aplicadas en la rejion mastoidea y sobre la oreja. Si la inflamación es muy viva y sobre todo, si se manifiestan síntomas cerebrales, se podría volver esta sangría local, permanente, renovando las sanguijuelas á medida que ellas caen. Si se presume que la inflamación se limita á la trompa de Eustaquio, seria conve- niente sanguijuelas en el ángulo correspondiente del maxilar. No seria prudente hacer inyecciones por el conducto audi- tivo, y sobre todo por la trompa, durante la fuerza de la in- flamación, porque el líquido mas suave, el vapor mas inocen- te podria estimular estos órganos y agravar la flegmacia, en este periodo se deberá recurrir á los pedilnbios, sinapismos, lavativas, purgantes y pildoras de calomel. Mas tarde, si existe inflamación en la trompa de Eustaquio, se hará uso de garga- rismos emolientes, de vapores de la misma naturaleza, que se tratará de hacer penetrar en el conducto auditivo cerrando la boca y la naris al mismo tiempo que hacien- —13 do esfuerzos de inspiración. Se reconoce que la trompa de Eustaquio está estrechada, por la dificultad que el vapor en- cuentra para penetrar en la caja del tímpano y por la ausencia de un ruido particular que en el estado sano, seoyeen estas es- periencias. También son aplicables en este caso los eméticos, de. los cuales el tártaro estitiado y la ipecacuana han dado muy felices resultados. Mas no bastan estos medios, algunas veces, para obtener los resultados que se desean; mnchas ocaciones fracasan to- dos, y la flegmacia existe, y con mas frecuencia, si se halla afectada la caja del tímpano: es necesario entonces tratar de eliminar sus productos y minorarlos desórdenes que esta otor- rea pueda causar. Esta última indicación será en parte llena- da, si la primera hubiese sido cumplida, si fuese menester per- forar la membrana del tímpano para evacuar el pus contenido en la caja, como precepto dado por la mayor parte de los prác- ticos principalmente por Saunders é Itard (') Pero otros como S. Cooper y Kramer, no son del mismo parecer. Kramer pien- sa que esta perforación es inútil, que se hace espontáneamen- te sin tener necesidad de los recursos del arte. Estas son las dificultades de diagnóstico que hacen retroceder á Cooper. En efecto la presencia de pus en la oreja no es hasta entonces mas que presumida, ningún signo físico nos la indica. La viva- cidad de los dolores, la fiebre, la duración de los accidentes son probabilidades mas ó menos ciertas, pero que no son su- ficientes para autorizar una operación que debe necesariamente debilitar el oido, y que puede algunas veces exasperar el do- lor y aumentar los accidentes. Se ha pretendido establecer el diagnóstico, introduciendo una cantidad de aire en Ja trom- pa, y por este medio producir el gorgoteo; pero la maniobra sola, de esta operación, agravaría los síntomas de la enferme- dad, por mucha habilidad que se le suponga al operador: seria mejor cual Kramer esperar la perforación expontanea de la membrana del tímpano. Pero si alguno se propuciese practi- car esta operación, no obstante estas reflecciones, seria prefe- rible servirse de un perforador de metal que del estilete de cuerno de M. Itard. > Las membranas perforadas, ya sea por el Cirujano ó ya es- pontáneamente, se recurrirá á las cataplasmas y á las inyeccio- nes emolientes sobre la oreja. Si el flujo purulento es rebel- de y no se cura con las fórmulas que anteriormente quscau indicadas, ni con la potasa caustica en una disolución de agua de rosas, la decocción de hojas del nogal; es muy probable que se haya descuidado el diagnóstico y que la otorrea esté sos- tenida por una diátesis. (") Tratado de las enfermedades de las orejas 1842. tit. 1. -í 39 El tratamiento de la otorrea no difiere del que reclaman las diferentes causas que han producido este flujo- asi, en el simplemente catarral deben aplicarse los medios hijiénicos convenientes á tales causas, y ademas las inyecciones desin- fectantes detersivas, suslitutívas etc. El coaltar, el cloruro de sodio, el sulfato de cobre, de nitrato de plata etc., llenan estas indicaciones. Si fuere de cobre está muy recomendado y se usa en esta fórmula. N.o \. Sulfato de cobre \ ochava. Agua de rosas 25 onzas. M. N.° 2. Piedra divina 2 J¿ ochavas. Agua destilada 25 onzas. M. Las fumigaciones aromáticas, balsámicas y astrinjentes son constantemente útiles, y son justamente la parte mas importan- te del tratamiento. En los sujetos escrofulosos la medicación general debe marchar de frente con el tratamiento local. Asi, un buen ré- jimen y casi esclusivamente azoado, tal como la carne, los huevos etc.: la insolación, la frecuentación de la gimnasia, el ejercicio, acostarse á las ocho de la noche y levantarse á las seis de la mañana etc. Cuanto á los medicamentos oficinales sucede á este flujo lo que á la enfermedad de que es síntoma: hay una lista de remedios que por su número mismo demues- tra, de una manera segura, la poca eficacia de cualquiera de ellos. Sin embargo hay entre estos algunos bastante re- comendables y que deben referirse, por los buenos resultados que han dado en esta tenaz enfermedad, son tales el iodo los ioduros, los amargos como la quina etc., los ferruginosos, el antimonio, el agua de cal, el sulfuro negro de mercurio, el carbonato de potasa y el cloridrato de barita, el aceite de hí- gado de bacalao, y el de canilla, etc. La meninjítis ó la meningo-encefalilis, que algunas veces complica la otorrea, será tratada por los medios ordinarios; pero el estancamiento de pus en el cráneo es un accidente mortal, contra el cual los recursos del arte son impotentes, y es por esto que el práctico debe fijar siempre la atención á este respecto para tratar de prevenirle. PROPOSICIONES. Física.—¿Cómo podremos hacer pasar un cuerpo sólido á cualquiera de los otros dos estados? Química.—¿Por qué una gota de agua deja mancha en la hoja de un cuchillo? Geología—¿Cuáles son los caracteres de los terrenos ter- ciarios? Botánica.—¿El algodón qué parte es de la planta que lo produce? Zoología.—¿Cómo se esplica la digestión en los ru- miantes? Anatomía.—¿Qué diferencias de estructura existe entre las arterias y las venas? Fisiología.—¿Qué diferencias existen entre los animales con respecto á la respiración? Higiene.—¿Cuáles son las condiciones principales que se deben buscar en una nodriza? Patología general.—¿Qué diferencia nos ofrece el organis- mo funcionando, considerado Patológica y Fisiológicamente? ¿Qué utilidad nos ofrece este estudio para el Diagnóstico? Patología interna,—¿Cuáles son los síntomas que carac- terizan la enfermedad de Brigth? Patología esterna.—¿Habrá fracturas que no den crepi- tación? Anatomía Patológica.—¿Cómo puede el periosteo formar un tejido capaz de reemplazar al hueso? Partos.—¿Se puede dejar de ligar el cordón sin que cau- se perjuicio al recien nacido? Medicina operatoria.—¿Es solo con la sierra con lo que pueden cortarse los huesos? Terapéutica.—¿Qué condiciones deben tenerse presentes para emplear con exactitud un medicamento? Farmacia.—¿Cuál es la preparación á que debemos dar la preferencia, de las que ordinariamente se le hace sufrir al Sulfato de quinina para su administración? Medicina moral.—¿Hasta qué punto las afecciones morales influyen en las dolencias físicas? Medicina legal.—¿Cuál será el verdadero cuerpo del deli- to en los envenenamientos? Moral Médica.—¿Estará el Médico obligado á delatar an- te la ley, á un cliente suyo criminal? QUE EL SR. PROTOMKPICO DIRIGIÓ AL LIC. VALENZTJELA, EN EL ACTO DE PRESTAR EL JURAMENTO DE LEY. «3*% O Y, dejando aquella tranquilidad que reina entre con- discípulos y que solo puede ser agitada por mutua emula- ción, vais á recibir un documento que os coloca en mas al- ta categoría, vais á poneros al nivel de aquellos^ que con mas esperiencia y anterioridad ejercen el ministerio de la salud, con quienes debéis guardar perfecta inteligencia y recto proceder. Tratad de distinguiros entre ellos; pero que nunca sea marchitando su honor, ni ajando su amor pro- pio; pues una verdadera y digna reputación médica no pue- de estar basada, sino en el estudio de la ciencia y en la nobleza del carácter. Os felicito por la conclucion de vuestros estudios y por el tino y esmero con que habéis desempeñado vues- tra última tarea. * 4