wc \835 ■X-- "4fe^; ■-'■ ^.^jldlWititó!^ SlilÉ Siüi 4m mw. í'.'ÜJÍS ém Y\m m ¿m l*IÜ.Ií.S ai p w m ^ MEMORIA SOBRE vrrr <&& o> , SUS CAUSAS, PROGNOSTICO Y CURACIÓN: ^ J»or el 1#.1*. ,J. tWanuel Valdes CATEDRÁTICO DF PRIMA DE MEDICINA EN LA UNIVERSIDAD DE S. MARCOS, PROTO-MEDICO JENERAL de la REÍ* VREICJl PER UJ1JYJI, DIRECTOR DEL COLEJIO DE LA INDEPENDENCIA, v socio de la real academia de medicina de madrid: Publicada para instrucción de los Alumnos de dicho Colegio en esta Ciudad. ■ Y ,,¿« Ott*, $\ U4iÁAá¿ : ;■?r * i t> v « ítm^renta He la ©tótír, POR J03E MAS I.AS, 1835. l(ül| llt Süíll 11* w m m 4M II -^ US i Oís Jfe )! ^^'líjii^t/lifííjíi1 Wi'^i?¥|i;;w^'tíV^r^^f'i''W¡%' %;:vñrjlr wY YY'■■■■•■ ^ '^- !S ifii .•DI* liüli ii Y Quid ipsemet viderim, et quam ipse sortem in sanandis dysenteriis sim expertus, quam denique morbi notionem ex mei solius observationibus abs- traxerint, narrabo,aliorumque judicio submittam. Stoll. Rat. medend. tom. 3, Sect. 4, de Dysenter. lA/d V? I o 0-^ ■ 2 r- 2S- 3 $@$&@$;$®@®®®@@*§^&®*HH§*@$@$ WlA A disenteria es una enfermedad tan antigua como^e- ligrosa. Todos los autores médicos la describen con exac- titud, y todos indican su gravedad. Y exeptuando algunas epidemias, en las que como cualquiera otra enfermedad, se ve acompañada de síntomas anómalos, ella aparece de or- dinario en todas partes con los que esclusivamente la ca- racterizan. Estos son las excreciones del vientre repetidas, moco- sas ó biliosas, y por lo común mas ó menos cruentas, con tenesmo, dolores al tiempo de cada evacuación, con un pe- so acia el eno como si descendiesen á él los intestinos, y el pulso las mas veces febril. Según lo espuesto, es fácil distinguir la disenteria del flujo hemorroidal, del hepático, y de la diarrea ó flujo hu- moral. En el primero destila el eno sengre sincera, y no se altera notablemente la digestión de los alimentos: en el segundo se perturba esta función, las deyecciones son san- guíneas y copiosas, con poco ó ningún tenesmo, y por lo co- mún precede á dicho flujo obstrucción ó inflamación cróni- ca del higado; y en la diarrea no hay sangre ni tenesmo. Mas aunque la disenteria se distingue de estas afecciones morbosas por sus síntomas esencieles, se comprenden en ellos especies tan notables^ que cada una constituye distinta 4 enfermedad en cuanto al diaguoMtie.:■, ¡.r¡>L'n^ t¡ejo y cura- ción. Estas diferencias dependen del carácter de la fiebre, V del de las evacuaciones. Y como sean di\ers;s las ca- lenturas, cada una de ellas puede acompañará la disenteria, y formar especie diferente. Asi se lee en los escritos de medicina, la historia de disenterias malignas, adinámicas, ataxicas y tifoideas, por la complicación de la disenteria con alguna fiebre de esa naturaleza. Mas casi nunca se obser- va entre nosotros disenteria complicada con esas calentu- ras, las cuales son tan frecuentes en el antiguo mundo, á ve- ces por la insalubridad del clima, y por la penuria ó mala calidad de los alimentos, y comunmente por la asociación de muchos mulares de hombres en los campamentos y en las escuadras marciales de las naciones belicosas. Siendo pues nuestra disenteria casi siempre ó simple excrementicia (1), con poca ó ninguna fiebre; ó inflamato- ria, con la fiebre de ese carácter; ó biliosa sin fiebre, ó con la meningo gástrica; ó complicada por la reunión de las es- pecies dichas, yo me contraeré solamente á tratar de la disenteria que se padece por lo común en nuestro clima. Esta proviene siempre, sea cual fuese su naturaleza, de le irritación que sufre la membrana mucosa de los in- testinos. Pero de la edad, temperamento del paciente, in- flujo atmosférico y causas antecedentes, depende el que se note con fiebre ó sin ella; como también el ceiacter de es- ta y el tiempo de su duración. Por eso en unos la hay des- de la invasión del mal, y en otros en su progreso, ó se disi- pa y aparece de nuevo; cuyas variaciones influyen frecuentemente en el termino do la enfermedad saluda- ble ó funesto. Las evacuaciones ó son sumamente mocos-as con es- trias sanguíneas, y en pirte excrementicias; ó bilioso-san- guineas, ó del todo cruentas, y á las veces semejantes al agua en que se lava la carne. Las mocoso-sanguineas y excrementicias con fiebre benigna ó sin ella, y sin grande dolor en el abdomen, constituyen la primera especie, princi- palmente s¡ la lengua está sucia, y ha precedido indigestión de los alimentos. Cuando las evacuaciones están acompa- ñadas de fiebre aguda, con pulso pleno y duro, y mucho do- lor en el vientre, la disenteria es sin duda inflamatoria: bi~ liosa, si la bilis sobreabunda el moco, sin que se note fie bre, 6 si habiéndola, es la remitente rneningo- gástrica, con los signos de irritación en los órganos biliarios, como nau- seé, amargor de boca, amarillez de la lengua y apetito á los ácidos; y complicada, cuando se reúnen todos estos sín- tomas, 6 lu mayor parte de ellos, y se espele la sangre en mucha copia. Mas esta complicación no se observa siempre des- de el principio de la enfermedad, si no en su progreso; y especialmente cuando no se han administrado en tiempo los auxilios convenientes. Entonces les deyecciones mu- dan de color con mes ó menos prontitud, y de simplemen- te mocosas ó biliosas, se expelen sanguíneas; aparece le fie- bre que no había, ó de biliosa se hace aguda inflamatoria; el vientre se hincha y duele el tocarle; su inflamación se estiende no solo á los intestinos tenues y el estomago, sino también al hígado; la lengua blanca al principio, húmeda y cargada de saburra, se pone roja y árida; la sed es insacia- ble; y si no calman estos síntomas, las evacuaciones adquie- ren un olor fétido y cadaveroso, se arrojan trozos de mem- brana, y sobreviene el hipo, precursor casi siempre de la gangrena y la muerte. No obstante suelen ceder estos ominosos sintonías á los remedios adecuados; en cuyo caso ó la enfermedad termina pronto y felizmente, ó se muda en un tenesmo crónico, al que á veces acompaña fiebre len- ta, estrema relajación del esfínter del eno, y por fin el ma- rasmo funesto; ó después de varias alteraciones de mejoría y peligro, la digestión se perfecciona, y el enfermo se nutre y restablece. Creyeron los antiguos que esta enfermedad provenia de estar ulcerados los intestinos (2); y los modernos, de una inflamación en ellos [3]. Les pocas disecciones ana- tómicas que se hacían en los siglos remotos, por un respeto religioso á los despojos de le muerte, no permitió á nuestros antepasados advertir su engaño; pues aunque á las veces se ha visto ulcerado el intestino, como le aseguran Morga- gui y Bichat [4], la exulcerecion ha sido producto de la en- fermedad, y de ningún modo su ceuse. Mes no es discul- peble el error de los modernos que hacen depender la di- senteria de una flegmacia intestinal, puesto que centenares de disentéricos no febricitan, y suelen curarse prontamente 6 por ía actividad de los purgantes, como severa después Cullen cree que proviene de una constricción en el colon, cuya opinión es muy probable, por que en esta enfermedad las evacuaciones son repetidas, el coneto ó tenesmo fuerte, y losexcretos en muy corta cantidad: y también se com- prueba por el alivio que sienten los enfermos con las eva- cuaciones excrementicias y copiosas, asi en el principio, co- mo en el progreso y termino feliz de la enfermedad. Supuesta esta doctrina petolojica , pudiera preguntar- se, ¿por que siendo ten grende en el cólico la constricción del intestino, que aun permenece en el cadáver, casi nun- ca termina el cólico en disenteria? ¿Y por qué la constric- ción que hey en esta no produce el cólico? Esta cuestión no propuesta por ningún autor, pudiera resolverse diciendo ser tan fuerte la constricción en el cólico, que sofoca é in- vierte la acción peristáltica del intestino [5], lo que no su- cede en la disenteria; o que la constricción en esta es al- ternativa, como la convulsión clónica, y continua en aquel, como en la tónica, llamada comunmente pasmo. Probada de algún modo la verdad de la causa próxima, espondré las remotes. Como esta enfermedad es epidémica ó esporádica, de- ben ser diversas las causas que la producen. Y como en Lima y en todos los países del mundo, le pedezcan á un mis- mo tiempo muchos individuos á la salida del estío y entra- da del otoño, según se lee en Hipócrates y en todos los que la han descripto, es indudable que alternándose el calor y el frió en ese tiempo, se predisponen los cuerpos á producir- la por suprimirse súbitamente la exelecion de la cutis, y por la simpatía de esta con los intestinos. Mas también hay personas propensas á sufrir este mal en cualquiera estación por su temperamento bilioso, por pasiones violentas, y por todos los desordenes en el régimen de vida, que habrán per- vertido y alterado de antemano la acción de las potencias digestivas. Con esta predisposición general ó particular, cualquie- ra causa moral ó física, produce la disenteria, como an exe- so de ira, los alimentos inmoderados y acres, las bebidas es- pirituosas, la acción del frío principalmente sobre los estre- ñios inferiores, estendo el cuerpo acalorado y digiriéndose la comida, y todo lo que puede irritar y constreñir los in- testinos. m 1 No numero al contagio entre las causas remotas, por- que nunca ha sido contagiosa nuestra disenteria. Los mé- dicos europeos disputen mucho en pro y en contra del con- tagio; y esta discordancia depende de que los unos se han halledo en epidemias de disenteria contagiosa, especialmen- te en los hospitales militares por las razones diches, y otros en epidemias de disenteria común, la que á la verdad carece de contagio [6]. Le constricción ó fruncimiento dicho resiste á la par- te superior del intestino, cuya acción se dirige á descargar- se de los materiales que la irritan por su peso ó acrimonia, y de aqui los retortijones, el tenesmo repetido, y las deyec- ciones escasas, mocosas y sanguineas. Si por tos conatos de sola la naturaleza ó ayudada del arte, cesa la constric- ción, la enfermedad termina en pocos dias [7]: no asi cuan- do la constricción es rebelde, y por la disposición indivi- dual, ó por las causas excitantes se asocia desde el princi- pio á la disenteria, la fiebre inflamatoria, ó le sobreviene después; porque entonces crece el peligro á par de la du- ración: y no es menos uno y otro cuando la fiebre es biliosa, y padece el hígado por consentimiento ó simpatía. ¿Mas por qué de pocos años hasta el presente se obser- va la disenteria con mas frecuencia en Lima que en los tiempos pasados? ¿Y por qué siendo mas regular y benig- na entre nosotros que en el antiguo mundo, donde se com- plica muchas veces con fiebres de pésimo carácter, es cre- cido el número de disentéricos que mueren en esta ciudad? Espondré las causes de uno y otro resultado. En mi Memoria sobre las enfermedades que se pade- cieron en Lima, cuendo fué sitieda en el año de 1821 por el ejército Libertador, dije que desde el año de 1818 se ha- bían hecho mas comunes las enfermedades biliosas, y tam- bién que por las causas morales y físicas que puso en acción el trastorno político de ese tiempo, se habian observado * muchas fiebres pútridas y ataxicas, las que eran muy ra- ras anteriormente. Por desgracia continúan hasta ahora las mismes causas morales, por las sucesivas revoluciones, las cuales hen ocasionado en los espiritus grandes contrastes y amarguras. Las pasiones exaltadas de los que han re- presentado en el teatro de cada época, y de los que por in- terés, amistad ó parentesco dependían de cada persona cir- b conscripta en ia órbita de la revolución, han contribuido k la mayor frecuencia y gravedad de la disentena en este be- nigno pais. Entre la causas físicas puede ser que hubiese alterado y. viciado notablemente nuestra atmosfera, el fuerte terre- moto que se sintió en este ciudad el 30 de marzo del año 28 a las siete y media de la mañana, y los (pie después se repitieron. Esto no debe parecer estreno á los que sepan que los frecuentes terremotos de los años pasados en Chi- le, produjeron enfermedades pútridas y malignas, las cua- les nunca ó rarísima vez se habían observado en ese deli- cioso clima. Sea por esta causa, ó por otras que ignore- mos, en los tres años últimos se ha prolongado el calor en Lima hesta el corazón del invierno: el otoño ha sido un verdadero estío en algunos días; v en otros le temperatura atmosférica ha variado muy notablemente tres ó cuatro ve- ces al die. También debe atribuirse la propagación de le disente- ria por todo el año, el mal pan de harinas podridas que se ha vendido y eun vende de cuando en .cuando en algunas cesas de abesto, como referí en mi citada Memoria; siendo los pobres los mas espuestos el peligro, porque las mas ve- ces no pueden proporcionarse el pan bueno que los ricos. Lo mismo puede decirse de los elimentps que nutren poco, y se digieren con dificultad; pues como la indigencia comprende hoy á cesi todes las clases del estado, son mu- chas las persones que se privan por necesided, del sustento saludable áque.estaban acostumbradas. Tempoco debe omitirse el exesivo uso del café y de los licores espirituosos. Pues atribuyendo los médicos muches veces á este desorden el origen de la disenteria, aun en los climas frigidisimos de Europa, ecostumbrandose sus habitentes desde niños á ese cíese de bcbides, ¿qué di- remos de nuestros peisanos en un clima ardiente, y sin ese habito adquirido desde los primeros años? [8]. Si estas causas aumentan el numero de disenterias por todo el año, no son menos poderosas las que hacen su curación mas di- fícil. Entre estas reputo la primere. ¿1 error popular sobre le que se llama empacho, esto es, las heces detenidas en los in- testinos crasos. Concibiendo los pacientes que su deten- 9 cion es siempre la causa de la disenteria, no llaman al médi- co sin que primero por algunos dias procuren sacar el empa- cho con lavativas de varios simples, y con bebidas laxantes. De lo (pie se sigue que, si la enfermedad exijia prontamente otros auxilios, los inutiliza la demora en administrerlos: y si acaso se ocurre oportunamente al médico, y este ordena nangrie, se desecha su dictamen, ó se le despide con des- precio, sostituyendole tal vez un ignorante que autorice su desproposito. Conviene desvanecer esta preocupación, por In que han perecido en Lima millares de disentéricos, y de otras enfermedades. Kn el estado de salud están siempre los intestinos era: so< uias ó menos cargados de exerctos; y estos son el esti- mulo que sostiene su propia función, como lo es la sangre para el corezon, arterias y venas, el aire para los pulmones, y cada humor pare el órgano que lo segrega de la masa ge- neral: por cuya razón sucede frecuentemente el deliquio á la súbita y completa descarga de los intestinos por cual- quier ájente moral ó físico que precipite su acción. De esta verdad incontestable se deduce, que depen- diendo inmediatamente la disenteria de la constricción del intestino, querían sobre ella encarcerados por lo común al- gunos exerctos producto de la digestión antecedente; y que cuando estos se espelen por la naturaleza ó el arte, el alivio ó sanidad del paciente no se debe tanto ala excreción, cuanto a la relajación que ella supone. Y como dicha cons- tricción puede aumentarse rápidamente, pasando del estado espastnodü o al inflamatorio, en cuyo caso la sengria es el medio mas eficaz para aflojarla; ella por lo tanto facilita la ■salida de lo que se llama empacho, ó á lo menos disminuye la irritación, y entonces pueden administrarse sin peligro los evacuantes que convengan. En años pasados empezé á curar á un disentérico que se hall iba con fiebre inflamatoria, deyecciones cruentas, y agudísimos dolores. Ordené (pie se sangrase, á lo que se ne»;ó le familia por el temor del empacho. Consultóse á dos médicos jóvenes, los (pie tan preocupados como los pa- rientes, se opusieron á la sangría, y recetaron varios reme- dios inútiles. Visitándole de nuevo después de algunos días con otros médicos, noté que la fiebre innVmetona y los do- lores se habían incrementado mucho, v que el paciente es- 9 10 taba muy inquieto con intensísima sed. Resolvimos san- grarle hasta tercera vez, y la sangre se manifestó tan coriá- cea como la de un pleuritico. Mas fué tardío este auxilio; pues descargándose súbitamente el higado inflamado, de muchas libras de sangre que Huyeron por el ano, pereció el miserable con un sincope funesto. Omito otros casos de este naturaleza, en los que le omisión ó demora de le san- gría, precipitó á muchos al sepulcro, y á otros puso en el mayor peligro. Siendo tan erróneo el concepto de este pueblo con respecto e la sangría, á ceuse del imaginario empacho, no lo es menos con respecto el aceite de almendras dulces secado por espresion. Fundase su temor e este remedio, en que lo suponen muy caliente, y quedé tarbadillo al que lo tome [9]. Ni basta decir á los preocupados, que el ecei- te por espresion es lo mismo que orchata, la cuel se ordena á los febricitantes, pleuriticos, enjinosos este órgano, sin el auxilio de las prepara- ciones mercuriales. Los efectos perniciosos de estas prepa- raciones sobre la salud en je ñera l y las fuerzas vitales, son demasiado conocidos, y han sido je ne raímente muy espera mentados, para necesitar otras observaciones de mi parte: y UU. pensarán como yo, que este descubrimiento seria un grande servicio para la humanidad. Hablo con la autori- dad de uno de los primeros médicos de este puis, cuando aseguro, que á su juicio no hay medicamento del cual se abuse ?nas que del calomelano. Todos los socios aproberon el Discurso, y se mandó imprimir por todos ellos, á cuya frente se hallabe el Señor Barón D. Henrique Helford, Gran Cruz de la Orden de los Guelfos, Presidente del Colejio Real de los médicos, y medico del Rey. Después de esta ingenua confesión de los sabios me* dicos de Londres, no sé en qué puedan apoyarse los que usasen en lo sucesivo el celomelano en la disenterie. Si en su razón y en su conciencia pesan mes las observen- ciones de la India, que el desprecio con que las han mirado u Zimmerman y Stoll en Alemania, Carminati y Burserio en Italia, Pinera en Espeñe, le Kscuela de Mompeller y de León, los principales médicos parisienses Bosquillon, Pinel, Alibert. liroussais &.a, A:a; y si tampoco los convencen ni los muchos disentéricos que hen perecido en Lime por el calomelano, cuya desgracie lamentemos; ni tampoco el fe- liz resultado que siempre tuvieron nuestros antepasados, y que yo he tenido en le curación de esta enfermedad, sin el uso de ese remedio; ye no les queda ni nación alguna, ni médicos esperimentados de este mismo peis, que justifiquen su opinión. Hay otra razón bien poderose, pera que mis compro- fesores sean muy circunspectos en el uso del calomelano, especiehnente en la disenteria; y es le de que e>te remedio no se trebeje como entes en nuestras boticas, sino se com- pra á los estrenjeros, los cueles están haciendo de él, co- mo de otros, un ramo de comercio. ¿Y, qué confianza deberá tenerse de una medicina, que no estando bien preperede, es un veneno corrosivo? ¿Quien responderá de sus funestos efectos? En pruebe de esto referiré lo que me ha confiado hece pocos dies, un farmacéutico instruido. Compró cierta cantided de celomeleno en el almacén de la calle que llamen de los Judios; y queriendo por una opera- ción química, saber si esteba bien preparado, mezcló cierta centided con agüe de cel, la que se convirtió luego en agua fagedenice, porque el celomeleno nohebia sido bien subli- medo, y conserveba le ceusticided del solimán, que entre en su composición con el mercurio. ¡Cuentos enfermos hebrán perecido por este causa! Por lo que á mí toca, aun prescindiendo de esta intere- sante noticia, jemes administraré el calomelano á los disen- téricos, porque en ninguno lo juzgo necesario; en muchos mortífero, y en todos muy peligroso. Y si merece alguna consideración de sus paisanos, el dictamen de un médico viejo, ocupedo mes de 40 eños en el estudio y practica de su profesión, no se dejarán seducir por los jóvenes que opi- nen en contrario. * Finalmente la contradicción de los escritores médi- cos en la curación de este enfermedad, induce en error á los profesores poco experimentados, y que juran en la doc- trina del autor que reputan mes inteligente. Y para que se 15 haga mas palpable le discordancia de los médicos sobre el uso de los principeles remedios que se recomienden en este enfermeded,á saber le sengrie, los purgentes, los vomitivos, los astringentes y el opio, citeré los autores que han obte- nido mayor reputecion Desde la cune de la medicine se ha disputado entre sus profesores si le sengrie era útil ó nocive en le disenteria. Los Egipcios experimenteron sus ventejas, según refiere Próspero Alpino [12]: Alexandro Traliano recomendó su importencia [13]: Sennerto enseñe en pocas palabras los cesos en que conviene [14]: Lázaro Riverioy Hoffman son del mismo sentir; y el nunca bien elogiado Sydenhem prin- cipiebe le curación sangrando [15]: Por el contrario, Celso no la mencione: Celio Aurelieno le reprueba; y otros anti- guos condenaron también su uso, apoyados ciegamente en une doctrine de Galeno, que prohibe le sengrie cuendo hay evacuaciones [16]. Entre los modernos se ha renovado le misma disputa, y aunque los mes juiciosos se deciden por ella en la disenteria inflamatoria, la creen perjudicial en la biliosa [17]. Mes pocos son los disentéricos de esta ciu- dad, en quienes no sea útil le sengrie, y en algunos es el principel remedio. Los purgentes han tenido mes pertidarios en todos los pueblos y en todas las edades, por le fundada presunción de que en esta enfermedad hay casi siempre materias feceles encerceredas por el espasmo intestinal, lasque por su volu- men y acrimonia aumentan la irritación. Digo que es fun- dada esta opinión, no solo porque muchas veces precede á la disenteria algún exesoen los alimentos, sino también por- que cuando termina felizmente, arrojan por lo común los enfermos excretos compactos, residuo de las digestiones an- teriores. Y siendo este hecho observado con frecuencia por todos los prácticos, como yo lo he visto muchas veces, es de estrenar el que Mr. Broussais impugnando casi absolu- tamente en esta enfermedad, el uso de los purgantes, dige lo siguiente: Los purgantes son casi siempre inútiles, porque el primer efecto de la irritación disentérica, es desembara- zar el intestino de todos los materiales que contenia [18]. Cunn sensible es el que un profesor de distinguido mérito, con'rarie une doctrine apoyada en innumerables hechor, jeneralizando demasiado su sisteme, por derrocer el de sus lo predecesores v contemporáneos. A la verded, los médi- cos antiguos usaban purgentes algo fuertes; y desde Alexon- dio Traliano hasta estos últimos tiempos, se ha preferido el ruibarbo, aunque algunos lo reputan nocivo [19]: y como ye he dicho, los ingleses purgen en le disenteria con el ca- lomelano en alte dosis. Asi es que cuando la Francia v la Inglaterra parecían disputarse el imperio de la Europa con sus inmensos recursos, también combatían con la pluma la preferencia de su respectivo método en la curación de le disenteria. Nosotros sin alucinarnos por los sistemas que se suceden unos á otros en Europa, examinamos no solo le es- pecie de disenterie, y síntomas que le acompañen, sino tam- bién el temperamento del paciente &a., y aunque en todo disentérico recetemos purgantes suaves, en unos casos pre- ferimos el aceite de almendras, en otros los tamarindos y crémor, en otros el maná &a. No se puede decir de los eméticos lo mismo que de los purgantes; pues aunque Hipócrates y todos los médicos an- tiguos conocieron su eficacia para cohibir les evacuaciones [20], !#s creyeron perniciosos en el principio de le disente- ria; y solamente los usaban cuando provenía de algún vene- no, que tomedo por le boca, aun permanecía en el estoma- go [21]; cuya doctrina debe observarse escrupulosamente. Mascón el descubrimiento dele hypecacuana, se despreció este juiciosa circunspección délos pedrés de le medicine; y creyéndolos médicos que ésta raiz era un especifico pan curar la disenteria [22], la administraban desde su princi- pio. Persuadidos después á que los buenos efectos de le hypecacuana, dependien solamente de la revulsión que cau- saba el vómito, inviniendo el movimiento peristáltico de los intestinos, prefirieron el tártaro emético, y el vidrio de antimonio con cera. Y aunque los mas ilustrados los omi- tían en le disenteria inflamatoria, casi todos comenzaban por un emético la curación de las demás especies, princi- palmente de le biliosa. Por este razen los colaboradores del articulo disenterie en el Diccionario de las Ciencias Medicas, recomendando el emético desde el principio, di;.s razón, que he sido por mas de 50 años seguidos, el triunfo del pernicioso sisteme, que ha hecho perecer á milla- 17 res en el ant'guo mundo y en el nuevo. Admira cier- tamente tamaño error en los mas acreditados prácticos de la Europa. ¡Y que mucho se fascinasen también los de América! La escuela Boerhaaviene se opuso constante- mente áeste método, como lo prueben las Instituciones ano- tedas por llaller, los Comentarios de Yanswieten, y sobre todos Heen en su Ratio medendi. ¡Con qué refleccíones tan sólidas, comprobadas con une practica feliz, combatía este sabio y juicioso medico el pernicioso sistema de los no- vadores adoptado poreusi todas las naciones! Su método curativo consistía en el largo uso de los emolientes por be- bidasj enemas, fomentos y cataplasmas, sin que por el es- pacio de cinco años que era primer medico del grande Hos- pital de Viena, fundado por le Emperatriz María Teresa, hubiese dedo ni une sola vez emético en les disenterias, ni en las demos enfermedades agudas, de cuya verdad fueron testigos los médicos y practicantes que observaban sus aciertos [23]. Mas por desgracie Maximiliano Stoll, que le sucedió en el cargo, siguió un rumbo opuesto. Haen veía en las inflamaciones, y en las enfermedades biliosas, la irritación del órgano afecto (pie aumentaba la secreción de su peculiar humor, é indicaba le sangrie y los emolientes; y Stoll la policolie ó redundancia de bilis que preexistia a la e ifermedad, y la causaba irritando elgune viscera,y que por lo tentó indicaba ¡os eméticos. ¡Cose estrañe! Cuando la Escuela de Mompeller procuraba eclipsar les glorias de la de Leiden; cuando se declamaba altamente contra la teoría mecánica y humoral de Boerhaave y de sus discípulos; y cu indo el vitalismo se enseñoreaba de todas las escuelas, y especialmente de les de Mompeller y París; en ese mis- mo tiempo con imprudente entusiasmo, rindieron home- naje á le imejin:\rie policolie de Stoll, principiando con el emético la curación de las inflamaciones internas, de les fiebres biliosas, de las disenterias &e. La secta Boenia.viana jamas desconoció el est.ido de los orgenos afectos, p^tra reglar según él su método curativo, ni prodigó los estimulantes en los casbs de sobre-exitacion morbosa, orno los prodigaron St >ll y Brown, cuya practica incen- diaria causó cu todo el mundo incalculables.perjuicios. Asi es que h gloria de Broussais consiste en haber pu- blicado una luminosa historie de las Phlegmacias crónicas. 18 tintadas superficialmente entes de él, y en haber desperta- do e los médicos de su profundo letargo, haciendo retrogra- dar une parte de le medicine practica á los felices tiempos que precedieron al Alemán defensor de le policolie. y al Es- cocez de la astenia. .¡Qué tranquilo reposaría hoy Brous- sais, sin que nadie oscureciese su mérito, si envanecido con ese verdadera gloria, no hubiese aspirado á otre fentes- ticá! Se propuso renovar le medicine desde sus fundamen- tos; atacó á todos sus predecesores, sin perdonar al oráculo de Coo; y muy satisfecho de sí mismo,, roncibió un nuevo sisteme, sobre el cual.quiso fundar el edificio de su predice. Por esto he merecido no soio le deserción de sus mejores dis- cípulos, sino también el que muchos le impugnen con amar- gura, asi como él acibaró con su espere y descomedida en- tice, los últimos días del ancieno y respetable Pinel. Mes pelpable es el deño que causen los estringentes, aunque los antiguos los usasen en la declinación de esta en- fermedad, apoyados en dos falsos conceptos: el de que la disenteria consistía en une exulceracion de los intestinos, como llevo dicho, y el de que esos remedios curarían la ulcere que suponían en todo disentérico. Mas ye hemos probado que les excreciones senguinees provienen sola- mente de le membrana mucosa intestinal, como se observa en otros órganos por le irritecion de elle misma: y aun cuendo estuviese ulcerado el intestino, serien siempre per- niciosos los estringentes. Ellos frunciendo el órgano irrita- do, aumentan le inflamación, ó la producen; y suspendien- do le secreción y excreción de los jugos ye degenerados de su índole natural y saludable, acarreen los síntomas funes- tos, precursores de la muerte, ó trasmuten la disenteria en otro mei mes rebelde [21]. Y como estos perniciosos efectos se hayan observedo constantemente, reprueban su uso los prácticos juiciosos. En Lima solo los charlatanes y curanderas se valen de astringentes en la disenteria. Siendo tan jenerel y segura esta doctrina, admire qué' el ilustrado Brousseis se dejase seducir del sistema Brow- nieno que habí, n adoptado otros médicos franceses. Por es- te error de Broussais perecí1') de disenteria Boucher, y pro- bablemente perecieron otros muchos, á quienes admimstró astringentes y p nicos, según el método de Brown, por cuyo funesto efecto los ebandonó en edelante [25]. Mes 19 aunque es notable este error en un médico tan acreditado, le es muy honrosa la ingenuidad con que lo confiesa; pues como dice Vanswieten elojíendo á Sydenham: todos los nf,edicos publican sus aciertos, y solo Sydenham sus yerros. Permíteseme decir en honor de los médicos li- meños, que por su circunspección y prudencie, no re- nunciaron en esa época les máximas consegredes por la observación y esperienciu de los clasicos escritores; pues cuando gran numero de médicos en todes las naciones, se declararon sectarios de Brown, no tuvo un partidario entre nosotros [2í>]. Y del mismo modo, eunque Brousseis ha hecho une revolución favorable en parte á le medicina prac- tica, la jeneralidad de su sistema es desechada justemente por nuestros ilustrados profesores. Si es tan grande le contradicción de los médicos acer- ca de los remedios dichos en la curación de la disenteria, aun es mucho mas notable sobre el uso del opio en ella. Después de mes de veinte siglos, unos lo creen útilísimo, y otros muy pernicioso, apoyándose todos en la rezón y en le esperiencia. Sydenham esegura su provecho, sin que jamas hubiese esperimentedo el menor mei, aun continua- do por muchas semanas (27): Brunnero llama remedio di- vino el opio en la disenterie, y que sin él son inútiles los demás medicamentos [28]: Wepfero escribe, que solo con el láudano señó á seiscientos disentéricos [29]: Wedelio escleme poniendo á Dios por testigo de la eficacia del opio en esta enfermedad; de le confianza con que debe admi- nistrarse, y de haber sanado felizmente con él á mes de cuatrocientos disentéricos que se hallaban sumamente pos- trados, y próximos á le muerte [30]; y Juan Godofredo Ra- demecher es tan decidido por el opio en le disenteria, que prohibe en su curación les sangrías, vomitivos y purgen- tes, asegurando que con solo el opio usado desde el prin- cipio, ha curado innumerables disentéricos con el éxito mes feliz [31]. Por el contrario, Alejandro Tralieno, Senner- to, Heredia con otros grandes precticos de la antigüedad, y entre los modernos Degnero, Pringle, Tissot, Zimmer- man, Alibert, y otros muchos, condenen el uso del opio, y dicen que solo ocasione un alivio pesagero y falaz, después del cual ó vuelven les evacuaciones con mes frecuencia, ó perecen los enfermos gangrenados por la intempestiva su- 20 presión de aquellas: por lo cuel solo puede tener lugar eí opio después de espurgado bien el vientre con los vomiti- vos y purgentes [32]. Esta opinión es la mes segura, exepto cuendo los dolores son muy agudos desde el'princi- pio, en cuyo caso conviene el opio mezclado con los pur- gantes oleosos. Tanta divergencia de opiniones en médicos respetables por su seber, probidad y dilatada practica, sobre el uso de los principales remedios que convienen en Je disenteria, pruebe claramente la circunspección y tino con que deben ser administrados, y que aprovechen ó deñen según la es- pecie de disenterie en que se ordenan, y según el tiempo» de le enfermedad, y circunstancias del paciente. No es1 por lo tanto de estreñer que mueran muchos disentéricos^ por el uso intempestivo ó inoportuno de cualquiera de es- tas medicines; ni el quede los jóvenes-que curen solo por los libros, y que no tienen une guia luminosa que los esele- rezca, unos sangren á todo disentérico, y otros á ninguno;. receten el ruibarbo, el calomelano, el vomitivo y el opio, ó se abstengan de estos auxilios. Y no se cree que este con- tradicción de doctrinas influye solo en Américu sobre la cu- ración de esta enfermedad; influye lo mismo, y tal vez mes en la culta Europa depositarie de las ciencias y las artes; pues cada uno de los autores tiene su época en la que do- mine millares de prosélitos. Véase loque dice sobre esto un medico francés moderno: Nada hay mas incierto que la curación de la disenteria; ni nada mas difícil que su trata- miento. La naturaleza es casi siempre impotente, y los re- medios no bastan las mas veces, porque cada autor hasta el presente, ó ha enseñado un método opuesto al de su antece- sor, ó le lia copiado. Raro ha sido el médico que no haya recomendado un especifico para esta enfermedad, mas todos se han engañado [33], Se evitaran ten graves males entre nosotros, adoptan- do el método curativo que Voy á establecer después de un continuo estudio y dilatada practica; y después de haber observado escrupulosemente el efecto de todos los remedios que recomienden los autores en esta enfermedad. Pero antes hablaré ligeramente del prognostico, siguiendo al pa- dre del presegio Hipócrates, cuyas doctrines en este parte sen casi siempre seguras é inmutables. n Pare pronosticar con acierto el éxito de los que pa-*-' decen. disenterie, conviene conocer su especie, y los sínto- mas que le acompañen desde el principio, o qu*1 le sobre- vienen después. Según esto es indudable (pie la primera especie es mes bemgue que les dern ís, y que rarísimo mo- riría de elle, si se medicinesen todos con el método opor- tunri. También és fu-.il-de curar la segunda especie cuan- do la inflamación no es intense; pero cuando lo es, el exi. to es dudoso. La mismo puede decirse de la disenteria biliosa, pues todos deben sanar de ella, cuando no hay fie- bre, y cuando este es lijera. En el caso opuesto es peligró- se,, y mucho mas, si le irritecion gestro intestinal se ha pro- pagado al hígado, y si las evacuaciones son repetidas con fuertes retortijones. La disenteria oomplicuda es peligro- sísima, y exije en su curación la atente perspicacia de un practico ilustrado. Entre ios síntomas debe considerarse en primer Iiio"a!" le fiebre; porque no siendo esencial en esta enfermedad, la agrava cuando la hay, y tanto mas. cuanto es mes conside- rable como se he dicho. El vomito bilioso en el principio es de mal agüero, según Hipócrates 3T sus sabios comenta- dores, los cueles conocieron mejor (pie muchos modernos,' que el vomito en este'caso, cuando n > era de alimentos in-. coctos, sino de pura bilis, provenia de la irritación propaga* da simpáticamente'al .es-tomego y visceras inmediatas, por la cual ere pernicioso el emético [34]. Son también peli- grosas las evacuaciones sinceres, esto es sin mezcla de otro humor, ni de excreto*, como les que son puramente bilio- sas, senguinees &a. porque ó suponen grande irritecion, ó le exciten prontamente [35]. Según Hipócrates son signo mortal las concreciones al perecer cernosas, que arrojan algunos disentéricos, cuando la enfermedad se ha prolonga. do [36]. Sin embargo conste por observuciones fidedig- nas le sanidad de algunos después de heber expelido no so- lo concreciones poliposas, sino trozos de membrana; y bajo mi dirección se han selvado algunos que las arrojaron. Uno de ellos fué en el uño anterior D. Casimiro Guillen, á quien curé en consulta con el Dr. Heredie y D. Francisco Mas- cote. Tenia el paciente disenteria inflamatoríecon mucha fiebre y agudísimos dolores; y al terminar le enfermedad, arrojó pedazos de membrane, y se restableció prontamen- )) ***** te. Pero el caso mes notable es el de un sobrino del fina- do D. Jos- Ramón Salduondo. Ilellendose aquel en el mayor conflicto, se le desprendió como un canuto hueco y blenco, cuya lonjitud era de una tercia, firmemente adheri- do por un estremo al ano, y colgando, acia {\.\cyü. por el otro. Ligué este tubo por su parte superior, y cayó poco después, quedando seno el paciente. Conservé el tubo en espíritu de vino, y exeminedo prolijamente, no tenia ni le mes leve abertura entre los dos estromos, de modo que cerrada una de elles, podía llenerse de cuelquier liquido sin que se ver-r tiese. Este curiosa observación se opone á la doctrina de muchos médicos que desde Sennerto hasta el presente, nie- gan la posibilidad de desprenderse la túnica interior del in- testino, persuadidos é que dichas membranas son formadas por la concreción del'moco intestinal, ó por le parte fibrosa de la sengre que se detiene en el intestino. Mes por he- chos análogos al que cito, se ve obligado el gran Morgegni á confesar que puede separarse y espelerse una porción de la membrana intestinal [37]. El hipo ó singulto siempre es ominoso; mas no lo es tanto en el principio y eumento de la enfermedad, como en su terminación. Esta diferencia depende de que en el primero ó segundo periodo, el hipo suele ser simplemente espasmódico, por irritecion simpatice del estómago ó dia- fragma;1 mas fuera de este caso, indica el gangrenismo oca- sionado por la intensa inflamación, ó por el abatimiento de las fuerzas, y degeneración pútride de los meteriales que ya no vivifica la expirante vitalidad de los órganos que los se- gregan. Suele la disenteria curarse con el parto, según lo he observedo, y lo asegura Hipócrates [38]; mas si esta no termina prontamente, se aumente su peligro en el puer- perio [39]. En las disenteries crónicas es signo funesto el hastio a todo alimento, principalmente si hay fiebre, según Hipó- crates [40]. Exponiendo este aforismo el sabio Hollerio, dice con mucho juicio, que en el principio de la disenteria, no debe dar cuidado le anorexia ó desgena; pero que pese- do lergo tiempo, es peligrosa, y mucho mes sobreviniendo con fiebre, después que el enfermo hebie recobrado el epe~ tito, porque esto índice una muerte próxima precedida de suma postración y sudor frío [41]. 23 . Por ultimo, asegura el Padie déla Medicina, que álos enfermos del bazo aproveche la disenteria, si dura poco tiempo; pero.que les es peligróse, si se prolonge: en cuyo ceso mueren por lo común hidrópicos ó lienténcos [42]. Sobre lo cual debe saberse que por enfermos del bazo, no entiende Hipócrates en este lugar, toda afección morbosa du esa viscera, sino solo la obstrucción antigua, por la cual pe ha entumecido lentamente sin inflamación ni cirrosidad. No fueron por lo tentó de este numero, los dos enfermos Plulisco y Hierofonte, que tuvieron el bezo inflemado con fiebre aguda, de los cuales el primero murió y el segundo sanó, cuyas histories se leen en el libro primero de las epi- demias. Concluido el prognostico, peso á la curación. La causa próxima de le disenteria es, como ya dije, la constricción de un intestino, y casi siempre del colon, por la irritecion de su membrana mucosa. Mes esta irri- tación se sostiene y prolonga á las veces, ó por materias fecales detenidas en el trayecto del tubo intestinal, ó por la inflamación aguda de sus membranas, ó por la sobre-exi- taciqn de los órganos biliarios, que derramen en el mis- mo tubo copia de bilis acre degenerada de su índole natu- ral , ó por la acción simultanea de estas causes. Dije también que cada especie suele pesar del estado agudo al crónico, y (pie entonces ó conserve su ceracter primi- tivo, ó adquiere por diversas circunstancies, el de otra es- pecie distinta. Según esto aunque toda disenteria por su carácter esencial indique el uso continuado de remedios relajantes, que aflojen y calmen la irritación gastro-intes- tinel, fomentándose esta por varias causas, que producen especies distintes, conforme á estes debe arreglarse preci- samente el tratamiento. Por lo tanto espondré primero el método curativo de coda especie, después el de su com- plicación, y por último el de su cronicided. Pero antes de los medios terapéuticos, diré algo sobre los dietéticos apli- cables á to la disenteria. En primer lugar se cuidará mucho de la limpieza en el lecho y habitación del paciente, alejando todo lo posible los va>os en que excrete, y teniendo abierta una puerta ó ventana pera que el aire se renueve. Mes nunca se queme- rán en le pieze plentas aromatices, ni vínegre, ni hebra luz en-en lida cuando no see preciso; pues por todos estos me- dios se impregna de acido carbónico el aire que se respira; 21 y también debe evitarse le impresión del frío, abrigando al enfermo s< gun la estación, la edad y le costumbre. En cuento al régimen de bebidas y alimentos, aque Has sedarán casi siempre tibias, y estos sumamente del- gados, y poco nutritivos. Por lo común se prefieren los cocimientos de pan, erroz, cebade y de otros farináceos, á los caldos gelatinosos. No obstante pueden permitirse es- tos en le disenteria excrementicio, y aun en las otras es- pecies, cuando los pacientes repugnan los primeros; tem- bten el día en que se purguen, y cuando disminuida la agu- deza del mal, y abatidas les fuerzas, apetecieren el caldo» tuvieron presente la observa- ción de Sydenham, de una moger que padeció de disenteria crónica por tres años, la qwe por todo este largo tiempo conservó su carácter inflamatorio, sin embargo de que no tenia calentura sensible, y de que ejercía con regularided les demás funciones, exepto el flujo disentérico. Sydenhum la sanó perfectamente mediante las sangrías, dejando largos intervalos entre una y otra, y la sangre se cubrió en toda» ellas de la costra flogistica [45]. Grimeud prueba igual- mente que la disenteria crónica es muchos veces inflamato- ria (46). Broussais enseña lo mismo [47], y yo lo he ob- servado varias veces. No habiendo pues mas diferencia entre k disenteria aguda y la crónica, que la de la duración, debe conocerse por los síntomas á qué especie pertenece, para acertar en su Curación. En la inflamatoria convendrán la sangría y los antiflogísticos; en la biliosa las bebidas sub-acidas, y los purgantes de la mismo especie; en la excrementicia el ma- ná, los oleosos, y en algunos casos el ruibarbo: y cuando no haya síntomas inflamatorios, y se haya depleido el vientre, la hypecacuana y el Opio como se ha dicho, ó en dosis re- fracte, formando pildoras de uno ó dos granos de hypeca- cuana y medio grano deopio, délas que se tomará una pil- dora dos veces al día, hasta que cese la evacuación. Solo debe añadirse, que como por la duración del rnal, está es- puesto el paciente á repetidas recaídas, deberá observar por largo tiempo una dieta estricta, respirar el aire del campo, beber agua de nieve, y tomar baños de mar en el estío, cuan- do no se hayan disipado del todo los síntomas de irritación y de escandescenoia visceral; y por el contrario, hacer ejer- cicio á Caballo y beber leche sola ó con la infusión de qui- na, si el estado de debilidad exijiese un rejimen roborante y lohico. HJEC EGO SCRIPSI Perlirevis et rara intervalla quietis, Et curas ínter, perturbaiitesque querelas. Si qüis in adversnmjadex injurius arti. Probra meditrinoe tribuens, altaría fnorbó, Commoda confundens nocuis, et recta returvis, Expuat ampullas, ventis mandamuset undis. 'Pars errare xolens% errel. Pa«L. &OTTLIE9: 37 NOTAS. [l] Ningún autor, según me parece, ha dado este nom- bre á le disenteria con repleción de excretos; y tal vez no agradará a los rígidos Nosologistas, ni á los nuevos refor- madores que se arrogan exclusivamente el titulo de fisiólo- gos. No la llamo saburral, para distinguirla de la biliosa, y de cuantas saburras puede haber en el estomago é intesf tinos, por la perversión de los jugos naturales. Y asi co- mo se llama biliosa, aquella en que predomina la bilis, me ha parecido justo llamar excrementicia, á la que se fomen- te por la detención de las heces en el colon. Ojalá se clasi- ficasen las enfermedades de modo, que la denominación de cada especie indicase el método apropiado para su curación. Y á los que les pareciese impropia la distinción de esta espe- cie, no obstante lo que conduce para el acierto en la prac- tica, les diré que mes impropias son las numerosas especies que describe el francés Nosologista Sawages, entre les (pie refiere hasta la disenteria fingida, como si existiese real- mente, y reclamase los socorros terapéuticos. [2] YEgrotat [in dysenterid] intestinum, et raditur ac exulceratur. Hippoc. de affectionib. Intlus intestina exulce- rantur. Cels. Dysenteria est ulceruvi species. Aret. Dys¿n- teria est intestinorum Rheumatismus cum ulcera. Celius A.ureL £3] Pinel Nosograf. Broussais Phlegmqsies chro- niques. (4) Scepe quidem exulcerantur intestina, non lamen semper........ Satis ex his cunctis observationibus appa- ret, in his dysentericis in quibus habitae sunt, exulcérala fuisse intestina. Morgagn. De sedibus et causis morbo- rum. La autopsie cadavérica ha mostrado diversas alte- raciones de la membrana mucosa: tales son la rubicundez mas ó menos grande, la hinchazón, y algunas veces peque- ñas ulceras. Biehat Anatomía Patológica, art. 13 de la Di- senteria. (5) Cuando el espasmo intestinal es exesivo en el có- lico, ó se extingue súbitamente la vitalidad, sin que prece- da inflamación manifiesta, como suele acaecer en la, Her» 08 nía estrangulada, ó se invierte el movimiento perístoltíco, y produce e¡ volvulo, al que también denominan miserere, ó posion ilieco. [6] Magni interesse puto, non ignorare dysenteriam contagio carere. Stoll Rut. medend. pars terlia cap. 8. (7) Pinel dice en su Nosografía, que la disenteria sim- ple consta de tres periodos, y que termina entre los 20 y 25 dias. No dudo que osi lo hoya observado en su Hos- pital de Bicetre. Mes yo he notado siempre que esta en- fermedad es irregularisime en su cerrero y terminocion. Dura muy pocos dios en algunos, y en otros mas tiempo; se calman e incrementan alternativamente sus síntomas; y el médico solo puede pronosticor su duración en le prime- ra especie, cuando es llamado al principio, y la cura con acierto. A mas de eso, Stoll refiere una epidemia de disen- teria simple y benigna, que dureba un solo dia á beneficio de los díeforetícos y el opio. Dicto modo intra nychtemeron cunt perseveranlia sanabantur, si modo nondum invaluerat viorbus, aut perversam medicinam fuerat expertus* Rat. medend. ubi supra. [8] Potus liquorum fermentescibilium dysenteriae pro- ducendae quam aptissima sunt. Dissert. de dysenteria in Universit. Vindobonens. Liquores Spirituosi {dysenteriae) causae ocasionales esse possunt. Dissert. in Luduvic. Me- die. Monspel. [9] Aunque los médicos españoles llaman tabardillo so- lemente á la fiebre petequial, el pueblo español, según re- fiere Amor en su tratodo sobre esta enfermeded, aplica ese nombre á toda calentura con fuerte dolor de cabeza ó de- lirio; y aun á las tercianas con estos accidentes, las llaman atabardilladas. Sin duda este error se comunicó de la Península á la América; y se ha radicedo tonto en esta ciudad» que si alguno muere derepente, dice el vulgo, mu- rió de tabardillo: y cuando un enfermo fallece hobiendo to- mado oceite de almendras, se atribuye la desgracia á este remedio. ' • [10] Ha llegado á tal exeso el desorden en este asun- to, que todos los Departamentos de la República están pla- gados de charlatanes, según me participan mis Tenientes. Y lo mas estreno es, que haya en esta capital una nriuger habilitada para curar de medicina y cirugía, por un aboga- 39 do cuando era juez de derecho. El finado Protomedieo mi antecesor, procuró cortar este abuso, citando les leyes que prohiben severamente egercer le focultad el que no la he estudiedo, ni obtenido la aprobación del proto-medicato, á quien esclusivemente compete celificar la suficiencia en ella. Mas el juez falló contra el proto-medico, apoyándo- se en que según nuestra carta, la medicina es profesión in- dustriel, y puede egerciterla el que quiera. ¡Inmenso res-. ponsabilided grave sobre ese juez! ¿No está del mismo modo declarado industrial el egercicio de la jurisprudencia? ¿Y por cpié en los tnbuneles de justicia no se admiten re- cursos que no autorize un jurisconsulto exeminado é incor- porado en su colegio? ¿És menos interesante equella pro- fesión que esta? Y aun cuando se crea que es igual su importando, hay mucha diferencia en el egercicio de una y otra; pues los jueces pueden corregir los yerros del abo- gado, mes los del mal médico nadie. A mas de eso el ar- ticulo constitucional está concebido en estos términos: Es libre todo genero de trabajo, industria ó comercio, á no ser que se oponga á las buenas costumbres, ó á la segundad y salubridad de los ciudadanos, ó que lo exija el interés na' cional, previa disposición de una ley. ¿Y se creerá que por este articulo tiene cualquiera derecho para curar publi- camente? ¿No se opone á la salubridad de los ciudadanos el que sin remordimiento de conciencia, y con arrojo teme- rario, se encargue de reparar su salud uno ignorante im- postora? Yo he sido testigo de sus exesos y criminales errores: por ella hen perecido algunos enfermos, de cuya curación se encergó el mismo tiempo que los medicinabon profesores inteligentes; y en la actualidad hay otros qué por ella se hallen en gravísimo peligro. ¿Y nuestros inte- gerrimos megistrados no revocarán ese auto tan ilegal co- mo funesto? ¿No loverán prontemente eso feo mancha que deshonro á este poder judiciel, ante las naciones civiliza- das? Si contra toda probabilidad, dejasen que Da. Doro- tea Salguero repita impunemente y con descaro sus gra- ves y frecuentes desaciertos, el Proto-médico no compro- meterá mas su eutoridad con inútiles redemos: su zelo en cumplimiento del cargo que obtiene, le justificerá en todo tiempo; y le execración receerá sobre los que pudiendo y debiendo evitar el mal, lo autorizan con su silencio. 40 [11] Asi los denomina Mr. Broussais repetidas veces en el Examen de las doctrinas medicas. [12] Optimum itaque esse remedium dysentericis, mo- dicam saviguinis evacuattonem existimo. De medicina JEgiptiorum, cap. VII. [13] Si juvenis Ule fuerit, tempusque et vires per- mittant, vence sectione in brachio adhibita ^u(ciirrimusy non minus sanguinis quam heminas duas detrahentes. De Dysenter. cap. VIII. [14] Si magna adsit vel metuenda sit iuflammatio intestinorum, aut Dysenteria ex phlegmonode intestinorum dispositione ortum habeat, dolorque sit vehemens, autfebris Continua sit conjuncta, aut hepar mole affectum, vel valde calidum materiam Jluxioni suppeditet, aut consueta aliqua evncuatio sit suppressa; omnino venae sectione opus est, modo vires eam permittant. De Dysent. Lib. 3, cap. VII. [15] Quo primum accercebar die, venam cubiti tundem- dam suasi. Sect. IV, cap. 3, de Dysent. [10] Fluente alvo sanguinem non detrahes. Lib. IV de victus ration. in morbis acutis. [17] En esta especie [la biliosa] la sangría será siem- pre dañosa, y frecuentemente funesta. Dicción, des Scien- ces medicales Art. Disenteria. [18] Histoire des phlegmasies chroniques. Tom. 3, Traitement de 1' Enterit pag. 125. [19] Cullen, Bosquillon y otros. [20] Longo alvi prqfluvio laboranti, spontaneus vomi- tus superveniens,morbum solvit. Hipocrat. sect. 6, aphor. 15. Holler. in Coment. Coac. pag. 878. (21) Vomitoria habent quidem locum quando fármaco maligno vel veneno dysenteria ortum habet, et cum materia venenatce portio aliqua adhuc in ventrículo hceret. Verum si ab aliis causis dysenteria proveniat, caute hic agendum. Sennert. de dysent. (22) Radix hipeeacuanhae est especificum, aeferme infa- Uibile remedium in fluxionibus dysentericis. Begliv. El grande remedio de estaenfermeded es el emético. Tissot Aviso al Pueblo. (23) Curatio inviscans et demulcenes mirum quam nos* tris in Nosocomio dysentericis profuerit, uthinc vel integre curarentur, vel induciis primo impetratis purgans tuto da- 41 retur, et opiata cum oleosis reliquam postmodum curam ab- solverent. Ret. medend. p. 3, cop. 2. Provoco ad omnes, aut médicos, aut medicinas studiosos, ut dicant num ex ne- glecto emético, sed adplicata nostra methodo, vomilus, nau- seasqtie supe?stitesobservaverint? ídem p. 3, cap. 1. (24) Dysenteria intempestive suppressa abscessvm fa- oit in lateribus, visceribus, vel articulis. Hippoc. in Co'ac. (25) Histoire des phlegmasies chroniques. Tom. 2. Observ. 15. (26) La doctrine de Brown hace estragos considerables en la curación de los enfermos. La obre de este eutor de- bia solo ester en menos de los médicos ejercitedos, porque en la de los jóvenes es uno espede de dos filos. Disertación propia sobre la eficacia del bálsamo de copayba en las con- vulsiones, de los niños, impresa en Lima año de 1807, y reimpresa en Madrid en 1816. (27) Nec vel mínimum quidem incommodi á tam fre- cuenti medicaménti narcotici repetitione mihi adhuc viaere ■ contigit [quamtamlibet noxam inde seculuram comminiscan- tur inesperti] licef plures noverim qui in morbo contunia- ciori idem ad septimanas aliquot continuas quotidie usur- paverint. Cap. 3 de Dysent. (28) Incassum laboratur nisi opiata succenturientur, remedia plañe divina in hoc morbo. Miscelan. natur. Deced. 2, observ. 195. [29] Dissertatio de Dysenteria, paj. 46. [30] Bone Deusl vidimus in dysenteria statím in prin- cipio 40-50-60 intra nyctemeron [incredibile dictu]! cegros fuisse maceratos, dejeclos que sedibus. Dato convenienter opio, statím pacatiori rivo malí sentina effiuxit. Nec flu- xum tam sistit opium, quam moderatur, et corrigit, dolores minuendo, morbumque quod sapius repetimus, in centro de- tinendo, ut affluxus et effluxus fiat moderador. Sante tes- tar, me ómnibus dysentericis, quorum ultra quadringen- tos curandos habui, cum felicissimo successu propinassé opium. Opio!, p. 121. 122. [31] Libe.ll de Dysenteria. [32] De opialis quce alii ínter specifca antidysen- terica numerant, specialim dico, illa in morbo nostro mi- hi. admodum suspecta fuisse, nam singularem poscebam lapphcalionem; nec unquam incaute aut proniiscue erant 6 42 fratscríbendá, ne sensun et 'vitam dbtundendo, tnalum inttus augeretur et latius serperet. Ancipitem imofatalem eventüm prcemalurum et largum eorum usum habuisse obser- vatúm est: sedium enim et dolorum inducía?, quas affere- bant, admodum fallaces erant. Reddebant cegrum et medi* cum solummodo securum, ut inimico malo minusquam opor- tebat, obviam irétur, interea alterum sempitemus somnus oppfessit, alter inflammatione correptus interiit, aut alvi fiuxus ad aliquod horas, vel dies suppressus dein copiósiot reddibat. Ut taceam quod caput gravabant, et vires sensi- biliter iñfringebant. Fateor me nunquam ex iis talem effec- tum percepisse, qui ad eorum usum animum mihi faceré po* tuisset, si. quidem in gravirioribus casibus validiora non erant alus remediis mitioribus. Cum vero evacuata jam satis materia morbosa cegri conditio eorum auxilium sua- dere videbatur, nunquam ulterius processi, quam ad P. de Cynoglosso. Syr. papao. Elect. Diasc. et theriacam. Dsgner. D? dysenteria biliosa cap. 3. Si enim prius de* sistatur (a purgantibus) antequam materia evacuata sit, ac fiuxus intempestive sistatur, multa mala sequuntur, materia detenta deteriore reddita, ac majore cum ímpetu el periculo fiuxus reddit. Et quamvis satis ante excernere videalut ceger, tamén hoc non Suflicit. Hceret enim subinde áliquid de materia in intestinis, imo quicquid vel cibi etpotus etiam boni assumpsit corrumpitur, et in vitiosam materiam con* vertitur. Sennert. Med. proct. Lib. 3, pert 2. [33] Vitet Tom. 3. pag. 541. [34] Dysentericis vómitio biliosa initio grave fnalum. Hippoc. in Coac. Vornitib bilis jlavce spumantis et mera quam sursum deorsufnque incahdescens hepar effundit, ac sinilitercurn dysenteria cietur circa initia, est grave ma- lum, quiá dysentericis nulla inde íevatio est, sed gravio- ruin malorum accessio: nuntia enim est pravce affectionis inttus inclusa. Duret. in Coac. pag. 317. Vomitus bilio- susmalum est initio dysenteria», tum quia humor sursum fertur, qui per inferiora vacuari debet, tum quia in princi- pio nihil bene excernitur á natura, el semper pravum est stomachuní per sympathiam intestini in dysenteria. Desid. Jacot. in Coac. pa*. 878. Omnes dysenteriae, qua inci- piuntcum nausea, etdeinde supervenit vomitus, omnes pene lethales fuerunt ut s&pe observavi in Nosocomiis Jtaliae, et in urbe urbiumprcecipue, Bugliv. de Dysent.. 43 *35} A sincera dejectione, dysenteria mahum. Ifippoc. Aphor. 23 Sect. 7. [36] Si dysenteria laboranti, veluti carúncula deji* tiantur lethaleest. Sect. 24, Aphor. 26. [37] Credo, posse interioris tunicce intestino} um par- te/u aliquam morbi vi separari, atque excidére haud aliter' ac saspe videmus ídem contingere a frvidiorum alimenta*- rum contactuei membranulce qua oris partes convestiuntur. De Sedib. est caus. morb. Lib. 3, Epist. 31. ' ' [38] Epichatini uxori, antequam pareret, dysenteria erat, dolor vehemens, secessus, recrementa subcruenta, mucosa. Ubi pepcrisset, statím sanata est. De morb. popular. Lib. V. [39] Ilipp. 2: prcediction. [40] Aphor. 3. Sect. 6. [41] Si dysenteria est, et circa initiafat anorexia, non est mirandum. Sed si quis longo, dysenteria laborarit. et cum antea semper appetierit aliquid, tándem cibos omnes fastidiat, periculo- sum est......At si fastidiat cibos et deinde sequaturfebris, tum salus omnino desperata est. Nam dtssohentur vires, succedet tán- dem sudor frigidus, et ita morieniur. Holler. in hoc. aphor. [42] Lienosis dificultas inteitinorum superveniens bonum. Aphor. AH. Sect. 6. Quilienosi dificúltate intestnorvm corri- piuntur, iis supervenientem longam dysenteriam, aqua tnter cutem, aut intestinorum favilas excipit. et moriuntur. Apor. 43. Sect. 6. Dysenteria lienosis non tonga quidem utilis; longa vero mala. Nam quiescente illa, si vel hydropes veniant, vel etiam lienteria mortiferum est. In Coac. [43] In primis igitur lactis calefacti, et ínter coquendum sos- pius agitati, cyaihos tres cxhibemus, et post horas duas, ianlun- dem rursuspotui damus. Quibusdam etiam tertio qferimus, ut integra hemina absumalur... .Hoc igitur modo bilis educitur, et humores corrupti modice purgonur, mifiganturque... .Febrici- tanfibus non tan fucile lac dandum est, utquod m ventrículo aces~ cat, et corrvmpatur, aid ex calore in caseum coalcscat: unde ma- jores cruciatus, viscerum tensiones, ca]>itis dolorer», et cilifasti- dium excitat. Alexand. Traban. Edit. de Hallcr. Tom. 6. cap. 8 de Dysenter. [44] Aunque outores respetebles de medicino hen creí- do peligrosos les sangries del brozo en las menstruantes y poridas, temiendo que suprimiesen el flujo sanguíneo ó puer- peral, hace muchos años que despreciando esta doctrina por H suponerla infundado, he mendedo sangrar del brazo á iea menstruantes y puérperas en los ínflomaciones agudos de' la garganta, del pecho ó del abdomen, sin que jemas haya no- todo la supresión que se temia. Y octuelmente aceba de sonar une religiosa pleuritica, á la que hice sengrar cuatro veces del brazo estando con lo menstruocion; la que lejos de suprimirse, continuó por todo el tiempo de la enferme- ded heste su termino venturoso. En una palabra: he cura- do á dichas enfermos como si no fueran ni menstruantes ni puérperas; y el feliz resúltedo en todas ellas me he confirma- do mes en el concepto que me obligó á este procedimiento. [45 [4<¡ [47 Cap. 3 de Dysent. Cours des fiebres Tom. 1, cap. Phlegmasies chroniques. V. FEE DE ERRATAS. PAJINA LINEA DICE LÉASE 5 24 36 35 Morgagui solidos Morgagui. algo solido». NATIONAL LIBRARY OF MEDICINE nlm 03E77t,n a NLM032776190