TRABAJOS DE PSICOLOGIA NORMAL V PATOLÓGICA / 1 Reunidos y publicados con motivo de los Congresos Científicos del Centenario de la Independencia (18J6-1916) POR EL Dr. HORACIO G. Pl Ñ ERO (Segunda edición, publicada por el Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras) Buenos Aires Talleres Gráficos de Arnujo Hnos. - Rivadavia 1731 1918 Enseñanza actual de la Psicología en Europa y ¡América ■Curso del Dr. Horacio G. Pinero en la Facultad de Filosofía y Letras-1902 Cátedras, laboratorios y congresos de psicología La ciencia marcha, podemos decir los que asistimos a la evo- lución actual de la psicología, que fijando un objetivo propio y* perfeccionando sus métodos de estudio comienza a reunir he- chos para determinar sus leyes; despliega su bandera de inde- pendencia y se hace ciencia de observación y ciencia experi- mental. Dos hechos de importancia primordial señalan definitivamen- te sus rumbos en 1878: Charcot y sus estudios sobre la histeria y el hipnotismo, y Wundt fundando en Leipzig el primer Labo-* ratorio de Psicología experimental. Si a estos hechos agregamos que Ribot funda la Revue Philosophique en esa misma época, podemos decir que de este trío surge: la observación clínica, la investigación experimental y la divulgación científica, que dan a la Psicología su preciada autonomía. Desde entonces se han multiplicado los laboratorios, así como han aumentado en proporción notable las publicaciones perió- dicas sobre psicología experimental y mórbida y las monogra- fías sobre esta ciencia. Conviene, pues, dar a conocer cuáles son los principales de estos laboratorios,- que constituyen el comple- mento indispensable de toda enseñanza de psicología, tal como nosotros la entendemos en la actualidad. ALEMANIA cuenta hoy con cuatro laboratorios: el de Leipzig cuyo director es el profesor Wundt; el de Goettingen, de Mülier; el deTleidelberg, de Kraepelin; y el último en Berlín, de Stumpf. El laboratorio de Leipzig se halla lujosamente instalado en las dependencias de la Facultad de Filosofía y Letras, en el pro- pio edificio de la Universidad, que es una imponente construc- ción moderna de gran amplitud, dividida en varios cuerpos, que 4 llevan el nombre de "Albertinum, Johannaeum, Paulinium", reli- quias de las designaciones latinas que, en muchas ciudades atér- manas, sirven para designar lugares de carácter científico. No está demás hacer notar que este laboratorio depende exclusiva- mente de la Facultad de Filosofía y Letras. El instituto de Wundt es muy vasto y muy concurrido; pre- dominan en él las pequeñas salitas, en número de nueve, dando sus puertas tonas a un corredor al que convergen igualmente la biblioteca, a la cual concurre un público numeroso compuesto de estudiantes de medicina, de ciencias y de filosofía; el salón del direétor y el del primer asistente. Estas piezas están todas liga*- das por tubos acústicos y tienen además comunicación entre sí por una red de hilos eléctricos terminados en cada pieza, en la cual una tabla con dedales llenos de mercurio, permite estable- cer las conexiones necesarias. De estas nueve salas, dos están destinadas al estudio de los fenómenos de óptica: una de ellas es una cámara obscura en que permanece durante un tiempo fijo el sujeto que debe ser so- metido a experimentos; permanencia que responde a la necesi- dad de sensibilizar la retina y darle la adaptación condicional que iguala a todos. Las piezas destinadas a los aparatos de medición encierran cronoscopios de Flipp, cronoscopios comunes, diapasones, polí-r grafos, conmutadores, llaves tecladas de seis u ocho señales, etc. En el cuarto de galvanometría están los aparatos de Thomp- son. Wiedemann, de 'd'Arzonval, algunos reóstatos, reductores de potencial. . . aparatos de uso común en fisio-psicología. La cámara de acústica, a dobles puertas, posee un sistema dd tubos de vidrio envueltos en algodón para analizar distintos to- nos y otros aparatos para medir la altura, intensidad y timbre de los sonidos. Otra pieza está reservada a los pletismógrafos, ergógrafos, y en general a los aparatos destinados a medir la fatiga muscular e intelectual y la influencia del trabajo mental sobre la circu- lación. La biblioteca abarca todo cuanto se ha escrito hasta hoy sobre psicología; recibe un gran número de revistas y encierra colec- ciones completas de cuerpos plásticos y todo aquello que pueda aportar algún contingente a la psicología y sus ciencias auxi- liares. 5 La tendencia general del Instituto de Wundt, es la de enseñar, más bien que la de investigar; procura difundir la psicología ex- perimental, dejando en segundo término la investigación perso- nal. Es un centro de propagación más que de especialización, como deseamos que sea el nuestro en su primera época, a fin de? vulgarizar esta ciencia y ponerla al alcance de todos los estu- diosos. Como todo laboratorio de importancia, tiene su mecánico es- pecial : Zimmermann, quien ha modificado muchos aparatos y ha ideado otros, especialmente de óptica y órganos de los sentidos. El personal del laboratorio se compone, por lo general, de una veintena de personas, entre profesores, ayudantes y sujetos de experimentación. Los alumnos están divididos en grupos encar- gados de alguna sección experimental, pero antes de iniciar un trabajo, deben ofrecerse como sujetos de experimentación du- rante un período de seis meses, para ponerse al corriente de las nociones más elementales de psicología experimental y familia- rizarse con los aparatos que se les enseña en un curso especial. Los trabajos hechos en el laboratorio se publican en los Philo- sophische Studien, que forman una colección muy voluminosa. Estos trabajos tienden, en primer lugar, a la verificación de las leyes de Weber y Fechner y su aplicación posible a las sensa- ciones visuales, auditivas y de presión; después se dirigen a la psicometría para estudiar tiempos de reacción simple, duración de los actos psíquicos más complicados, como ser tiempo de elec- ción, de reconocimiento y de asociación. Todos estos fenómenos, en su investigación y fijación, han de servir a establecer las bases de una descripción científica de los estados de conciencia más sencillos; es un paso entre la fisiología y la psicología. Del laboratorio de Wundt, han salido psicólogos de talla como Münstenberg, de la universidad de Harvard, y Krsepelin di- rector del laboratorio de Heidelberg. Laboratorio de Stumpe, en Berlín. - El laboratorio de Berlín ha sido fundado por el profesor Ebbinghaus y en la ac- tualidad su director es el profesor Stumpf. En su principio, ocupaba tres habitaciones modestísimas en un anexo de la Universidad (Dorotheenstrasse número 5). Aca- ba de trasladarse a un extenso departamento alquilado en una casa particular por la Universidad, como sucede en Berlín para 6 muchas instituciones universitarias, y se halla instalado en el tercer piso de Dorotheenstrasse, números 95 y 96. El laboratorio es rico en aparatos, sobre todo de acústica, ra- ma que cultiva Stumpf con marcada preferencia. Existen allí los siguientes instrumentos: Ojo esquemático de Kühne, de Heidelberg, que tenemos en nuestro laboratorio y cuya descripción y uso son conocidos; oróptero, para determinar los puntos simétricos de ambas reti- nas; varios estereoscopios de refracción, uno de reflexión (Ca- zés), tablas de Zeulner, planchas con varillas col ocables en posi- ciones diversas para producir ilusiones de verticalidad y horizon- talidad ; aparatos de Wieddemann para estudio e inscripción de rápidos contactos eléctricos; ergógrafos de Mosso; conmutado- res, llaves de Morse, de Pohl, metrónomos, bobinas de induc- ción, aparatos de Schumann para inscripción de los movimientos inconscientes de los dedos; polígrafos de Balizar; un kimógrafo de Rothe, de Praga; péndulo eléctrico de pared; reloj de segun- dos, etc. Además, cronoscopios de Hipp, cráneos, cortes de oído, oja de Auzoux, estesiómetros, pesos diversos; microscopios, prisma para hacer gran espectro, colección de pilas de varios sistemas,, etcétera. La sala de acústica encierra un magnífico órgano construido por Stumpf, en el cual un fuelle, en conexión con el teclado de un piano, envía aire por tubos de plomo, que corresponde cada uno a una nota, a unos globos de vidrio, no sólo de tamaños dis- tintos, sino de diferente capacidad, merced a una cantidad mayor o menor de parafina encerrada en ellos; cada globo corresponde a una nota distinta, pudiendo éstos combinarse a voluntad. Hay también una colección curiosísima de acordeones fijos, construí- dor por Appun (de Hanau), para dar notas de vibraciones diver- sas ; gran armario que contiene una magnífica colección de dia- pasones, colección de pitos para dar todos los tonos; otra colec- ción de diapasones con llavetas tales que, variando su altura, pueden combinarse sonidos desde 18 hasta 400 vibraciones por segundo; diapasones con sus cajas de resonancia para las voca- les, originales de Helmholtz, en los cuales éste hizo todos sus es tudios; un pito de Galton, que produce vibraciones desde 4.000 á 50.000. o sea hasta el límite en que los sonidos dejan de ser per- 7 ceptibles; una colección de tubos para el estudio de la resonan- cia, dos fonógrafos, etc. Dos piezas están dispuestas para servir de cámaras obscuras, con persianas arregladas de modo que sus vidrios largos y an- gostos a guillotina pueden cambiarse por vidrios mates o por vi- drios de diferentes colores. En una de estas cámaras hay insta- lado un aparato de proyecciones de Zeiss, para diapositivos, que puede, por medio de un espejo, convertirse en episcopio, de mo- do de proyectar al auditorio la esfera de un reloj, o un cronos- copio de Hipp. El resto está destinado a sala de recibo del director y a la bi- blioteca, dividida en tres secciones, que comprenden la coleccción completa de casi todas las revistas especiales, desde su funda- ción, cuya lista se halla en nuestro programa de psicología; las obras clásicas de psicología, antiguas y modernas; y las relativas a las ciencias auxiliares, divididas en Lógica, Historia de la Fi- losofía, Medicina, Fisiología. No existe texto oficial, dándose, sin embargo, la preferencia a Sandford, Cours de psychologie experiméntale, a Münsterberg, a Wundt y a Titchener. La característica de los trabajos ejecutados en el laboratorio de Stumpf es la investigación paciente y completa de un orden de fenómenos; cada alumno se especializa en un estudio; no si- guen, pues, el propósito de divulgar la ciencia, como en el labo- ratorio de Wundt en Leipzig. Laboratorio de KraepEein, en Heideeberg. - Este labora- torio está instalado en tres habitaciones a dobles puertas, para evitar el ruido. Los aparatos que hay en él son pocos, pero muy interesantes, exactos y simples, ideados casi todos por el mismo profesor Krsepelin. Entre ellos, citaremos: cronoscopio de Hipp modificado, ergógrafo, igualmente modificado, instrumentos es- peciales para estudiar la presión, balanza para la presión de la escritura, aparatos para el estudio del sueño normal y'del sueño hipnótico. Kraepelin tiene a su lado a tres sabios de gran renombre: Nissl, histólogo de fama mundial, Privatdozent de la Universi- dad, quien por un método especial de coloración, ha estudiado y evidenciado las modificaciones de la substancia cromática (cro- mofila) del núcleo de la neurona, en estado normal y patológico; Gaupp, cuyos estudios acabados sobre la anatomía patológica del 8 sistema nervioso han despertado la admiración de los entendidos en la materia, y el doctor Schroeder, autor de un excelente tra- tado sobre psicología experimental. En este laboratorio no se hacen estudios sobre psicología de la infancia; el texto adoptado es el de Wundt, completado por la obra de Ebbinghaus (Psicología experimental, primer tomo) y la de Külpe (Psicología experimental). Estas dos últimas obras no han sido aún traducidas. Los trabajos se publican en los cuadernos de los Psychologische Arbciten, bajo la dirección del mismo profesor Krsepelin. Laboratorio de MüelER, En Goettingen. - Fué primera- mente privado de Müller, que lo instaló en 1869. Menos importante y menos concurrido que los anteriores, este laboratorio está aún en vías de formación, su instalación es muy semejante a la de los otros ya citados, pero el número de sus alumnos es muy reducido. Müller y su discípulo Pitzecker han publicado en LfAnnée Psychologique, de Binet, de 1901, un inte- resante trabajo sobre nuevas investigaciones referentes a la me- moria. Es, como dice Binet, el mejor trabajo de psicología expe- rimental que haya visto la luz durante estos dos últimos años; complementa el trabajo de Müller y Schumann, de 1898, por el método de Ebbinghaus; son 20.000 experiencias hechas en 7 años, y los resultados obtenidos son de gran importancia por la precisión de las medidas experimentales empleadas y el análisis minucioso de los fenómenos estudiados. Francia ha seguido de cerca el movimiento de evolución que se produjo en Alemania hace treinta años. La acción oficial se hizo sentir en 1889. en la creación del primer laboratorio de psi- cología, instalado en París bajo la dependencia de la escuela práctica de Hautos Études. Su director fué un fisiólogo, el pro- fesor Beaunis, de la Facultad de Medicina de Nancy; el reputa- do psicólogo A. Binet, fué nombrado director agregado. Este laboratorio se halla dispuesto en el cuarto piso de la Sor- bonne, ocupando cuatro piezas muy modestas. Allí se halla la mayor parte de los aparatos fundamentales e indispensables en todo laboratorio; la lista se puede leer en la obra de Binet, In- troduction a la Psychologie expérimentale, capítulo I. Los trabajos hechos en este laboratorio tienden casi exclusiva- mente a la investigación personal sobre tiempos de reacción sim- 9 píes y compuestos, medición del tiempo con o sin atención, estu- dio del cálculo mental; investigaciones psicométricas sobre la atención y la distracción en sujetos normales; localización táctil, estesiométricas, etc. Su característica, muy marcada, es la ten- dencia al estudio de los fenómenos psicológicos en el individuo sano, dejando de lado al anormal, al tipo mórbido. De los dos géneros de psicología individual que pueden cultivarse, normal y mórbida, los psicólogos de la Sorbonne sólo se dedican a la pri- mera, con exclusión casi completa de la segunda. Binet es doctor en ciencias, no es médico; no se halla, pues, en condiciones favo- rables para el estudio de los tipos mórbidos, que, sin embargo, constituyen la fuente más rica de datos para la ciencia mental, desde que el campo de la vivisección en el hombre está vedado al investigador por razones de moral humanitaria. Das publicaciones que salen de la Sorbonne son: el Bulletin des travau.v du Laboratoire, desde 1893, y numerosas monogra- fías que han visto la luz en la Revuc Scientifique ; L'Année Psy- ehologique, que tiene ya ocho años publicados. Los textos que se consultan con mayor frecuencia son los de Sandford, de Titchener y de Sergi. En el hospicio de la Salpétriere existe otro centro de estudios psicológicos bajo la dirección del eminente profesor Fierre Ja- net, sucesor de Ribot en la Sorbonne, profesor en el Colegio de Francia y director del laboratorio de psicología en el hospicio mencionado. Fierre Janet dicta semanalmente una clase de psicología apli- cada a la ciencia; el laboratorio es algo deficiente, pero el Museo anexo de anatomía patológica es rico y encierra una valiosa co- lección de piezas y fotografías. La característica de la enseñanza de la psicología en la Salpé- triere es la tendencia bien definida a los estudios de los casos clí- nicos; para mostrar bien, lo importante es el sujeto de hospital, en que los fenómenos psíquicos son más aparentes, porque están exagerados. Janet no busca otro elemento de demostración que el sujeto enfermo, porque los niños no son muy apropiados, son infieles y de resultados poco seguros; un alumno que se examina presenta pronto una emotividad que puede hacer malograr el experimento; al contrario, un neurasténico, un histérico en sus rmütiples variedades, son sujetos mejor dispuestos a las demos- 10 traciones; los fenómenos de la memoria en un sujeto sano y un enfermo, ofrecen diferencias de tal índole, que el estudio del segundo arroja una luz mucho más viva que el primero y le sirve de complemento obligado En el asilo de alienados de Villejuif, cerca de París, Toulouse, ayudado por Vaschide y Vigoroux, dicta un curso completo de psico-fisiología, con histología del sistema nervioso. En este asilo está igualmente instalado un laboratorio bastante completo de Psicología. Allí se estudian especialmente las sen- saciones (táctiles, térmicas, estereognósticas, del olfato, gusto, vista, oído). Toulouse se dedica a investigaciones sobre sujetos sanos y enfermos con el fin de establecer, por medio de cuadros gráficos, la demografía clínica; es igualmente el iniciador de una serie de publicaciones editadas por la casa Doin, de París, bajo el título de Bibliothcqite i)iternationale de psychologic experi- méntale, nórmale et pathologique, cuyo propósito es presentar el resumen de los conocimientos actuales en psicología normal (funciones intelectuales), comparada, social, mórbida, (hipno- tismo, locura, crimen, etc.) Los estudios ya publicados son seis: P. Bonnier, Audición; G. L. Duprat, La Moral; G. Sergi. Las Emociones; J. V. Bervliet, La Memoria; Pitres y Rejis, Les ob- sessions et les impulsions; Malapert, Le caracterc; Paulhan, La volonté; estos últimos muy buenos. Los que aparecerán sucesi- vamente salen de la pluma de los psicólogos más notables, como Baldwin, Paulhan, Morselli, Grasset, Pitres, etc., etc. En Suiza, Ginebra es la única Universidad que tiene un curso de psicología en la Eacultad de Ciencias. El titular del curso es Flournoi; el sustituto encargado de cursos complementarios es Ed. Claparede. Los cursos son: teóricos en el anfiteatro, y prácticos en el la- boratorio anexo. A los cursos teóricos acude una concurrencia crecida, formada por médicos y estudiantes; al laboratorio sólo concurren veinte alumnos que trabajan en grupos de a dos, tur- nándose cada media hora. No hay guía oficial de estos trabajos prácticos, siguiendo casi exclusivamente a Sandford. Cada se- mana el profesor toma un capítulo de Hoffding (Esquissc d'une Psychulogie fondee sur l'expérience) u otro autor, y lo discute con sus alumnos. Los trabajos se publican en L'Année Psycholo- gique; pero actualmente se están coleccionado en archivos pro- 11 pios, (Archives de Psychologie de la Suisse romande), de los que han aparecido cuatro fascículos. El laboratorio es de los más completos que hoy existen, "des- pués de haber pasado cuatro años, desde su fundación, modesta- mente inaugurado con un cronoscopio de Hipp y algunos estu- diantes llevados por una curiosidad efímera más bien que por el fuego sagrado de la ciencia", como dice su director; su biblio- teca es igualmente rica. El profesor Flournoi ha editado unos cuadernos de trabajos prácticos para uso de sus alumnos, que formar un programa completo, y cuyos capítulos principales nos permitiremos indicar. Sistema nervioso - Cerebros diversos, preparaciones microscópicas, protocolos de autopsia, sensibilidad cutánea y general. Tacto-Cosquilleo, localizaciones táctiles, dermografismo, fueiza del tacto, etc. Dolor. - Retardo de la sensación del dolor sobre la táctil. Térmica.-Variación según las regiones, puntos fríos y calientes, tatiga, ley de crecimiento, etc. Sensibilidad kinestésica. Sensaciones de equilibrio, sentido estático. Sentido del oido.-Calidad y altura del sonido, localización de los sonidos. Sentido de la vista. - Sensaciones visuales, luminosas y cromáticas; mezcla de colores, colores complementarios, faces de la exitación retiniana, simpatía de las dos retinas, modificaciones y anomalías del sentido cromático, teoría de la visión, percepciones especiales vi- suales. Visión monocular, binocular, etc. Ilusiones ópticas. Ideas-Su asociación; imágenes mentales, tipos de memoria, ima- ginación; palabra interior, asociaciones despertadas por la percep- ción. Sinestesias. Atención. Trabajo intelectual. Movimientos y emociones ■ Ejecución de movimientos voluntarios. Tiempos de reacción. Dinamometría. Influencias dinamogénicas. Fenómenos inconscientes. Automatismo. Sentimientos estéticos elementales. Estética visual. En Bélgica existe un laboratorio de psicología instalado en tres piezas de la Universidad libre de Bruselas, bajo la direc- ción de Kasimir, al que concurren los alumnos de primer año de medicina. Hay en él algunos de los aparatos e instrumentos usua- les, pero no ofrece ninguna particularidad digna de mención, a no ser ios trabajos en el ergógrafo de Mosso, en el cual la seño- tita Joteyko, alumna del laboratorio, realizó un interesante estu- die sobre las relaciones existentes entre el esfuerzo nervioso y la fatiga muscular, trabajo que fué presentado al último Congreso 12 imei nacional de fisiología, celebrado en Turín en septiembre pró- ximo pasado y publicado en UAnnée Psychologique, de Binet, de 1901. Italia cuenta hoy con algunos psicólogos de nota, pero creo que existen allí sólo dos laboratorios, exclusivamente destinados 4 la especialidad, dirigidos: uno por Sánete de Sanctis, profesor c'e Psicología en la Universidad de Roma, cuyo libro sobre los Sueños revela un psicólogo de no común erudición; y otro, el del ilustrado profesor Tamburini, en Reggio, a dos horas de Bo- logna, como dependencia del principal manicomio de Italia, diri- gido por Ferrari, traductor de James. Son conocidos los trabajos de Mosso, Guiciardi, Buceóla, Kiesow, Patrizi, Treves, sobre es- tesiometría y fatiga nerviosa y muscular. Tamburini, director del Instituto de psiquiatría de Reggio-Emilia, y Morselli, profe- sor de clínica de las enfermedades mentales y de neuropatologia y director del Instituto de psiquiatría de la Universidad Real, se dedican especialmente al estudio de las perturbaciones men- tales : son psiquiatras antes que psicólogos; no obstante, la in- troducción de Morselli a su obra sobre Manual de diagnóstico de las enfermedades mentales, es notable del punto de vista psi- cológico. Lombroso se inclina hacia los estudios de antropología y cri- minología; Sergi, que es un psicólogo y antropologista de nota, goza de la más justa reputación en Italia y fuera de ella. Conviene hacer constar que el último Congreso internacional de fisiología (sección de psicología), celebrado en Turín (sep- tiembre de 1901), ha sancionado, a iniciativa de Mosso, el si- guiente voto: "que la enseñanza oficial de la psicología sea expe- rimental, organizada como instrucción distinta y autónoma en las universidades; que se suministren a esta enseñanza los re- cursos necesarios para el funcionamiento de laboratorios de psi- cología experimental que complementen las cátedras oficiales." Viena tiene a Hoefler, que ha transformado la Psicología de cátedra enseñándola de una manera sencilla y práctica en los gimnasios, que son nuestros colegios nacionales, y ha ideado una colección de instrumentos en cajas especiales para las experien- cias, que vende a precios muy accesibles su mecánico Rohrbeck. Ha producido un tratado fundamental de 700 páginas, muy nu- 13 trido, que es muy recomendado en Alemania, y con Witaseck han confeccionado un programa explicativo de experiencias, que pone la enseñanza al alcance de todos sin exigir laboratorio, y que me propongo hacer conocer oportunamente, cuando estu- diemos el instrumental que tenemos en nuestro laboratorio (i). En Inglaterra, la psicología subjetiva ha tenido su carácter definido; ha sido siempre asociacionista. En Oxford existen laboratorios de psicología, a semejanza de los demás del conti- nente. La tendencia general de la psicología inglesa contemporá- nea es el estudio de las percepciones, sensaciones, memoria y asociación de ideas, muy especialmente siguiendo ese paralelis- mo psíquico-fisiológico del que no se aparta Bain en sus dos her- mosos libros: Les sens et l'intelligence y L'émotion et la volonté. Los psicólogos de mayor fama son: Bain, en Aberdeen; Myers y Sidgw:ck, y James Sully, en Londres. Scripture, Director of the Vale Psychological Laboratory, tiene una interesante obra, The ncw psychology, de psicología práctica y experiencias de labora- torios, que es bastante completa. Rusia está iniciando, pero a pasos muy lentos e inseguros, la nueva senda, á causa de la oposición sistemática que parte de las esferas oficiales. La mayor parte, la casi totalidad de los psicó* logos rusos profesan sus opiniones fuera de su patria y son ads- criptos a los laboratorios extranjeros: Setschenow debió aban- donar su cátedra por exigirle el gobierno modificar sus doctrinas científicas. Sin embargo, la psiquiatría tiene allí notables repre- sentantes, como ser Korsakow en Moscou, Lauye en Odessa y Grote, presidente de la nueva sociedad psicológica, que hacen psicología mórbida. Existe un solo laboratorio de psicología experimental; está instalado en Moscou, bajo la dirección del profesor A. Tokars- ky: reune la mayor parte de los aparatos conocidos, que han sido construidos en Leipzig y en Moscou mismo, por mecánicos ru- sos. El salón principal puede contener cincuenta personas; los trabajos son de dos clases: los hechos en común, bajo la vigilan- cia de Tokarsky, que indica los temas; y los individuales, sin nin- gún control por parte de la dirección. Además de los sabios ya '1; Sfi ha publicado en un folleto «Psice-fisiología experimental de las sen- saciones». Curso del doctor Pinero en la Facultad de Filosofía y Letras. A. Btchepar borda, editor. 14 citados, es justicia nombrar a Ivan Setschenow, cuya especiali- dad es la psicología; Sikorsky, que ha dedicado atención prefe- rente a las investigaciones en las escuelas y a los efectos del alco- holismo ; Arschausky, que se ocupa de las teorías sobre la heren cia; N. Marine, autor de un buen estudio sobre la influencia de la fatiga en la percepción del espacio; Sokolow, que ha escrito sobre la audición coloreada, y Tschige. que ha emprendido la tarea de refutar las teorías de Richet sobre el dolor. Todo estos estudios, como se puede ver, son de detalle, y no existe aun ninguna obra rusa de conjunto. En Dinamarca, Hoeffding, si bien no tiene laboratorio espe- cial de Psicología, puede considerarse con Libbern, sus dignos representantes en Copenhague. En el Japón, la existencia de la psicología como ciencia autó- noma es muy reciente y presenta tres fases de desarrollo: la primera empieza con el profesor Niche y sigue las tendencias norteamericanas; la segunda adopta los métodos de la escuela asociacionista inglesa y difunde los trabajos de Bain, Spencer y Sully, merced a los esfuerzos del profesor Toyama; el último período responde a la tendencia alemana. Hoy se preocupan es- pecialmente de la psicología del niño y de las multitudes. El último Congreso de psicología celebrado en 1900, en París, ha contado entre sus miembros al profesor Toméri Tamimoto, cate- drático de la escuela normal superior de Tokio. En Estados Unidos se ocupan con especialidad de psicología individual, siguiendo de cerca el plan general de los estudios in- gleses y franceses principalmente. Hay actualmente en Norte América 44 laboratorios, que tienden casi todos a la vulgariza- ción de la psicología científica. Debemos citar entre los numero- sos psicólogos norteamericanos, en primera línea al ilustre dis- cípulo de Wundt, el profesor Münsterberg, profesor en la Uni- versidad de Harvard, que ha hecho notable figura en los congre- sos de psicología; William James, profesor en la misma univer- sidad, autor del tratado de Psicología, traducido por Ferrari; Titchener, autor de un manual muy estimable de psicología ex- perimental; Mark Baldwin, profesor de psicología en la Univer- sidad de Princeton, autor de varios tratados sobre psicología del 15 niño; Stanley Hall, de la Universidad de Worcester (Massa- chusets). Creemos que entre las naciones sudamericanas, la República Argentina es la única que cuenta boy con laboratorios de psico- logía experimental, que tenemos la oportunidad de instalar en el Colegio Nacional y en nuestra Facultad de Filosofía, como complemento indispensable para el estudio científico de la mate- ria, que está a nuestro cargo desde hace cuatro años en aquel establecimiento y desde el año próximo pasado como curso libre y este año como curso oficial en esta Universidad. La descripción de nuestros dos laboratorios, así como la clasi- ficación y estudio de los aparatos ó instrumentos que contienen, será motivo de un trabajo especial que aparecerá una vez quedos alumnos hayan comenzado las clases prácticas. Puedo desde ya adelantar que contaremos con todo lo necesario para iniciar nuestra práctica experimental, debido al concurso decidido de nuestra Universidad, que me complazco en agradecer. Congresos de Psicología. - El día 6 de agosto de 1889, re- unióse bajo la presidencia de Ribot, por primera vez, en París, un congreso de psicólogos de Europa y América, afirmando su solidaridad por un acto público. Los principios fueron modestos: cuatro secciones especiales fueron creadas, para el estudio de los trabajos presentados so- bre: alucinaciones, hipnotismo, herencia y sentido muscular. En 1892 tuvo lugar en Londres el segundo congreso presidido por el profesor Sidwick. El número de comunicaciones fue ma- yor ; instaláronse nuevas secciones destinadas a la anatomía y fisiología cerebrales, a la psicofísica y a los órganos de los sen- tidos. En 1896, un tercer congreso, en Munich, bajo la presidencia de Stumpf, ensanchó notablemente el campo de los estudios psicológicos, proclamando la resolución de no excluir nada de todo aquello que pudiera instruir al psicólogo, cualquiera que fuere el origen y el método empleado. Dividióse en cuatro sec- ciones principales: psicofisiología, psicología normal, psicología patológica, psicología comparada. Ciento cincuenta trabajos fue- ron presentados y su conjunto formó un grueso volumen que no hemos podido conseguir, pero que debe estar en circulación. 16 El cuarto tuvo lugar en 1900; se congregaron en París, bajo la presidencia del profesor Ribot, que presidió el primer congre- so, los psicólogos de casi todo el órbe. Los trabajos fueron dis- tribuidos en siete grupos distintos, colocado cada uno bajo la dirección de comisiones especiales. El Congreso de 1900 señala sobre los anteriores un progreso notable. El puesto de honor, como trabajos presentados, corres- pondió a lá anatomía y fisiología del sistema nervioso, primando entre los múltiples tópicos que a estas ciencias se refieren, la teoría de los neuronas, teoría admitida por unos, combatida por otros y que deja la puerta abierta a la hipótesis sobre los movi- mientos amiboides de las células nerviosas, que permite explicar, por alternancias de contacto e interrupciones de conducción, gran número de manifestaciones de la vida psíquica, sea normal, sea mórbida. Las varias secciones de este último congreso han tenido a es- tudio los trabajos 1 dativos a los órganos de los sentidos, a las percepciones, a la comprobación de la ley de Weber-Fechner, a la memoria y asociación de ideas, a la atención, a la teoría de las emociones de James y Lange; pocas, muy pocas sobre operacio- nes lógicas, al juicio, al raciocinio, y en fin, a la psicología de la infancia, que ha revestido una forma más sistemática y se ha transformado en un estudio embriológico y genético del estudio humano. Pocas han sido las comunicaciones sobre psicología patológica y psicología social; estas ramas de la ciencia mental general, no han quedado sin embargo estacionarias y tienen su representa- ción en otros congresos especiales. Ha sido igualmente notoria la deficiencia de trabajos experi- mentales sobre las operaciones especiales del espíritu. Entre las numerosas monografías presentadas a este congreso, recordaremos las siguientes: Héger y Demoor (de Bruselas), Contribución a la fisiología de la cortesa cerebral. Es un estudio sobre los neurones cortica- les en los animales superiores. Patrizi y Casarini (de Módena), Tipos de reacción vasomo- triz con relación a les tipos mnemónicas y a la ecuación personal. Flournoy (de Ginebra), Observaciones psicológicas sobre el espiritismo. 17 Ferrari (de Reggio Emilia), Adivinación del pensamiento. A. Tambuiini (ídem). Aberraciones de la conciencia visceral. Mme. y M. Oscar Vogt (de Berlín), La anatomía del cerebro y la psicología, en el que se demuestra que la más fina anatomía no basta para conocer la función de los elementos nerviosos. Patrizi (de Módena), Ergografia de los miembros inferiores; un ergógrafo crural. Sollier (Boulogne), Emociones localizadas. Este tópico for- ma parte del programa de psicología de nuestra Facultad de Filosofía y Letras para este año, bolilla XIT. Marro (Torino), Profilaxia de las emociones (como el tema anterior), en el mismo programa, bolilla XII. El congreso de 1900 ha resuelto que el quinto congreso ha de celebrarse en Roma, bajo Ja presidencia del profesor Luciani, rector de la Universidad de Roma y el más erudito de los actua- les profesores de fisiología del reino. Es de esperar que la evo- lución seguirá su marcha progresiva y que la asamblea de 1904 será el exponente de los grandes progresos que la psicología científica va alcanzando en estos últimos años y tendrá una sec- ción especial para estudio de los fenómenos supranormales. En fin, ha surgido el concurso de los particulares en la funda- ción de centros de estudios psicológicos. Gracias a la iniciativa de los señores Murray, del National Li- beral Club, de Londres, y Yourievitch, agregado a la embajada rusa en París, se ha fundado en iqoi, en la capital francesa, el Instituto Psicológico Internacional, bajo la presidencia del pro- fesor Fierre Janet, con el propósito de establecer un centro de información y de estudios sobre psicología que reuna todas las publicaciones del mundo y estreche los vínculos de solidaridad y fraternidad entre los que se dedican a la ciencia mental, para que la nueva ciencia ocupe el puesto de primera fila que le co- rresponde por su objeto en las ciencias biológicas, médicas y filo- sóficas. En su reunión del 3 de Diciembre del año pasado, el co- mité de organización, formado por Herbet, D'Arsonval, Marey, Bouchard, Ribot y Lisard, afirmaba los progresos del Instituto en Francia, sus proyecciones en el extranjero y su definitiva organización. Para responder a tales expectativas ha debido también crear una sección de estudios de fenómenos psíquicos, que se propone 18 estudiar esa región situada en los confines de la psicología, de la biología y de la física, donde se ha creído constatar manifesta- nes de fuerzas no definidas aún: sugestión mental, telepatía, me- diumnidad, levitación, etc., cuyos trabajos serán examinados por una comisión de control experimental formada por profesores de la talla de d'Arsonval, Brissaud, Marey, Duclaux, Weiss Begron. Con todos estos elementos ilustrativos estamos, pues, al día en la forma j condiciones de la enseñanza de la materia. La Fa- cultad de Filosofía, que me ha hecho el honor de encargarme de la cátedra oficial, y los doctores Rivarola y Matienzo. que me han precedido en la enseñanza, han comprendido e iniciado la reforma, o mejor, la evolución que la ciencia exige hoy en el estudio del espíritu. El programa de nuestro curso sigue los puntos fundamentales de los anteriores, procurando sólo mayor base anátomo-fisiológica, experimental, normal y patológica. Disponemos de un hermoso anfiteatro con su alumbrado eléc- trico; han llegado ya los instrumentos y aparatos para el labo- ratorio, que estamos habilitando, y tenemos a nuestra disposi- ción el valioso contingente de maestros y colegas para tener su- jetos de estudio. Poco o nada nos falta para seguir los progre- sos de la enseñanza europea, y en ese sentido dividiremos nues- tros estudios como sigue: haremos los lunes, por ejemplo, expo- sición doctrinaria y pedagógica que nos permita conocer la evo- lución histórico-crítica de los conocimientos psicológicos desde ab initio, como preparación a la psicología moderna y contem- poránea, ilustrándola con libros y publicaciones que reunire- mos en una biblioteca especial, que facilite su estudio. Proyec- taremos la formación de un modesto museo psicológico, como Janet ha pedido para el Instituto Psicológico Internacional, análogo al museo de Lacassagne de antropología criminal en Lyon y al Museo Antropológico que el profesor Mantegazza tie- ne en Turin, en los que se reunen todos los documentos que se refieren al crimen y a la antropotecnia. Nuestro museo, co- mo lo concibe Janet, tendría: una sección de antropología, otra sección de iconográfica con dibujos,'cuadros, fotografías de actitudes, fisonomías, costumbres, etc., que ofrecería un inte- resante estudio histórico de la psicología. Se reunirían también 19 objetos, instrumentos, alegorías, etc., que representen actos, creencias, supersticiones de pueblos o individuos. Destinaremos una clase por semana a los trabajos de psicome- tría en el Laboratorio, que desgraciadamente no puede estar abierto para todos, al que deben concurrir los alumnos oficiales y que podrá tener, con el tiempo, tres secciones: física, que reu- nirá aparatos eléctricos y una pequeña sección de gráfica y foto- grafía para enriquecer las colecciones de fotografías, dibujos, es- quemas, dispositivos de proyección, mapas murales, etc., Otra sección de vivisección y fisiología, para anatomía e histología del sistema nervioso, antropología, fisiología operatoria y clínica sobre respiración, circulación e inervación, órganos de los sen- cidos, etc, etc.. Por fin, la tercera sección comprendería eJ esfu- *''io especial de los sentidos en el estada normal y patológico, psi- cometría, fenómenos mórbidos del sonambulismo y diversos trastornos mentales, en su verificación experimental. Seguiremos a Fierre Janet, haciendo clínica los miércoles, co- mo hacíamos en nuestro curso libre el año próximo pasado. Traeremos enfermos que analizaremos desapasionadamente y con criterio médico, aportando así el concurso irreemplazable de la patología nerviosa y mental. Estos enfermos son estudiados en los hospitales bajo otro punto de vista; el nuestro será siem- pre el estado mental en primer término, y el físico en segundo, buscando el enfermo en la unidad del sujeto. Tendremos, muy pronto, un servicio especial como quiere Janet; y también maes- tros, colegas y amigos que nos ayudan en nuestra tarea y espero encontrar en los que me oyen su valioso concurso. El sujeto en observación, sano o enfermo, es una de las bases científicas de la psicología actual. Este es nuestro programa y estos son los elementos de que disponemos para nuestros estudios, que nos permitirán contri- buir modestamente al progreso de la instrucción en general y de la enseñanza universitaria en particular. La forma y la vida Curso del Dr. Horacio G. Pinero, en la Facultad de Filosofía y Letras.-Con- ferencia de 4 de Abril de 1902.-Versión taquigráfica publicada en la «Re- vista Jurídica y de Ciencias Sociales».-1902. Todos los cuerpos de la naturaleza obedecen a leyes de carác- ter universal, quedando a ellas sometidos, a pesar de las condi- ciones particulares que pueden diferenciarlos. Los cuerpos or- gánicos, cuya composición íntima nos es perfectamente conocida, tienen en combinación una serie de cuerpos simples que no pueden separarse, ni pueden considerarse independientes de ciertas leyes universales que rigen todos los fenómenos que en ellos se producen. Esos sesenta u ochenta elementos simples, muchos de los cuales pueden encontrarse en la composición de los cuerpos brutos, ofrecen combinaciones y formas especiales en su estabilidad, formas y combinaciones que dan a cada cuer- po una modalidad sui géneris, una fórmula por decirlo así, den- tro de la cual no se han de modificar, si no interviene la acción de fuerzas Otros cuerpos, los vivos, están igualmente constituidos por series de elementos simples, cuyas'combinaciones y condicio- nes de presencia ofrecen particularidades especialísimas; se rigen por leyes que realmente corresponden también a los cuer- pos inorgánicos, pero su disposición molecular es tal, por su instabilidad, que los individualiza y los separa del grupo de los inorgánicos. No aparece, en los cuerpos vivos, ningún elemento nuevo o extraño, porque la vida no es el producto de elen en- tos extraños; ella no nos promete, en los organismos, ninguna modalidad química especial, alguna característica física ajena a los inorgánicos; la disposición misma de los átomos, de las moléculas orgánicas constituidas por los mismos elementos que se ven en los inorgánicos, eso es lo que aparece c.«mo particu- laridad oe la materia viva, del protoplasma no diferenciado, de ese plasmodio de moximicetas, masa informe de materia viva, como el Bathylius de los mares. 21 Ese plasmodio ofrece todos los elementos inorgánicos, qui- zás muchos de los cuerpos simples. En la composición de los cuerpos orgánicos, entran sales minerales y substancias ter- narias, con carbono, hidrógeno y oxígeno; también hay subs- tancias cuaternarias, albuminatos, por medio de la agregación del ázoe que es la característica de los cuaternarios. Pero es- tos cuatro elementos: carbono, hidrógeno, oxígeno y ázoe, pue- den hallarse también en los cuerpos inorgánicos; y las modah- cades especiales de los primeros, esa disposición molecular, nc la naturaleza íntima del átomo, sino el perpetuo movimientc de sus elementos simples en átomo vivo, es lo que caracteriza esa particularidad de la substancia, particularidad que se tra- duce ocr la reacción a los agentes exteriores, reacción propia, típica, que la saca de lo íntimo de su masa, de sus propios ele- mentos. El hecho de que las fuerzas exteriores actúan sobre los cuerpos de la naturaleza, es un fenómeno aceptado por las ciencias naturales: la acción de una fuerza cualquiera, de una energía sobre un cuerpo determinado, modifica el estado de es- te cuerpo. Las leyes universales que rigen los movimientos de estos cuerpos y los fenómenos que en ellos se producen, se apli- can tanto a los orgánicos como a los inorgánicos. La ley de la conservación de la energía, la ley de la inercia, se aplican a todos los cuerpos; toda fuerza que se ejerce sobre un cuerpo, modifica su resultante lo mismo en el mundo orgánico como en el inorgánico. Todo movimiento producido en un cuerpo debe sufrir la acción de otro movimiento que venga en sentido igual al primero, o contrario o perpendicular, para que aparezca esta resultante; los cuerpos que están en la naturaleza deben so- meterse a todas estas fuerzas y en particular a aquellas que son de carácter universal, como el principio de la inercia y el prin- cipio de la conservación de la energía. No encontramos en esa serie múltiple de cuerpos que cons- tituyen el elemento inorgánico, ni en los cuerpos vivos, ningún elemento nuevo; es únicamente la combinación y la instabilidad vn su constitución, que permitió a Huxley considerar al proto- plasma capaz de reaccionar a la acción de los agentes exteriores, v ser la base física de la vida. 22 La materia viva, en su origen, esa especie de gelatina amorfa que, calentada o sometida a la acción de un pequeño calor, expe- rimenta alteraciones, contracciones, dilataciones, según la tem- peratura ; ese trozo de gelatina que tiene en su interior vacuolas o lagunas llenas de líquido, empapando y reabsorbiendo este mismo protoplasma; esa masa informe, que no tiene caracteres definidos, que tiende a acercarse a la luz y a alejarse bajo la acción de un calor determinado - esta es la manifestación de la vida y la manifestación inmediata de actividad, mediante el in- flujo de una fuerza o energía exterior. - Este protoplasma muestra la posibilidad de reaccionar de motu proprio, cambian- do de forma, transportándose de un lugar a otro, asimilándose las substancias que se bailan próximas v que pueden servir para su nutrición y su actividad; él se apodera de pequeñas partícu- las alimenticias, incorporándolas a su propia substancia para hacerlas su carne y aumentar su volumen de dentro afuera y no por yuxtaposición, como acontece en los cristales. Esta propiedad de acaparar substancias nutritivas y de reac- cionar a los agentes exteriores, ya vengan éstos en forma de luz, de calor, electricidad, etc., ya bajo otra modalidad, esta es otra de las características de la vida. Además, esta substancia viva goza de la posibilidad de res- taurar los elementos perdidos, de proceder por proliferación especial o por brote, si se quiere, o por un proceso cualquiera, a la renovación de una parte viva de ese protoplasma, que ella restaura de golpe y de su mismo cuerpo. Los cristales sumer- gidos en las aguas madres son capaces de restaurar trozos per- didos por cualquier accidente; pero la reintegración del cuer- po vivo, hecha por su propia substancia, constituye una de las características de la vida. Este protoplasma, en estas condiciones, no es un protoplas- ma diferenciado, no tiene los caracteres de vitalidad como enti- dad viva que necesita para lograr su independencia y autono- mía; necesita otra forma, otros caracteres; necesita una cutícu- la que le permita erigirse en una entidad zoológica; que le per- mita separarse del tronco común y vivir y subsistir satisfacien- do sus propias necesidades dentro de sus propios recursos. Lle- ga a diferenciarse y a tener en su interior una estructura casi fibrilar, como dice Schultze, y hasta formar un ovillo; en estas 23 condiciones, el protoplasma, esa base de la vida, está ya dife- renciado y es capaz de constituir una entidad viva. No quiere decir esto, que los únicos cuerpos vivos hayan sido siempre los vegetales y los animales. Los exámenes profundos de estos últimos tiempos, los estudios especiales de los natu- ralistas modernos, permiten ya sospechar que la vida puede ser una característica universal; que esos cuerpos, que hoy apare- cen sin manifestaciones vitales, que, como los minerales, se nos presentan mudos e inertes en las entrañas de la tierra, esos cuerpos han tenido su vida propia; que todo producto calcáreo, para precisar, depositado en el fondo de los mares o en los ya- cimientos de una montaña, ha procedido sin duda alguna, de cuerpos vivos. Por otra parte, ¿quién nos dice que esas leyes, a que obede- cen los cuerpos todos, que esos fenómenos físicos intensos que se perciben en las moléculas de los cuerpos inorgánicos, no tie- nen un carácter oculto de vida potencial ? ¿ Quién nos dice que esa atracción entre las moléculas de un cuerpo, esa cohesión entre los átomos, no es, como decía Haeckel, lo que llamamos atracción vital de las dinámidas o plastídulas, unidades compo- nentes de los cuerpos vivos? ¿Quién nos dice que esos fenóme- nos de cristalización en los cuales un trozo de cristal, que ha sufrido un desperfecto, una fractura, una vez sumergido en sus aguas-madres, experimenta una recomposición que lo deja cual era antes; quién nos dice que esa cristalización no encierra en sí la característica de una vida en estado potencial? ¿No habrá en estas cristalizaciones algo que no podemos explicar llamando en nuestro auxilio todas las leyes físicas y químicas conocidas hasta ahora, no habrá algo que se aproxime muy de cerca a las peculiaridades de la vida general? En su obra sobre transformismo médico, Héctor Grassét llama la atención de los curiosos sobre el nuevo giro que tiende a tomar esta cuestión del concepto de la vida. Los cuerpos orgá- nicos se hallan dotados de propiedades tales que ninguna ley física o química alcanza a explicar satisfactoriamente una larga serie de fenómenos de transformación, de atracción y de repul- sión. Si se pone en presencia sobre una planchita de vidrio y se mezclan dos substancias de coeficientes distintos de evaporación, como el xilol y el alcohol absoluto, pronto se observa que el 24 xilol queda sólo, por evaporación del alcohol, y que en él se produce una cantidad de cambios que el microscopio sólo pue- de denunciar: fórmanse pequeñas esferas, luego prodúcese una serie de descargas recíprocas que tienen por resultado el acercamiento de estas esferitas y en fin, un aumento en su diámetro. Otro fenómeno, el de la cristalización del azufre con el sulfuro de carbono, no puede igualmente hallar una explicación plausible en las leyes de la física y de la química: estas no pueden darnos la solución de este problema, a saber: que una molécula por ínfima que sea, de una sal cualquiera puesta en presencia de una solución saturada de la misma-sal, provoca la cristalización y la formación de una masa compacta. ¿Qué diferencia existe, pregunta Grasset, entre esa pequeña partícula que por su sola presencia produce esa transformación, convirtiendo en cristales una masa líquida, y aquellas albúmi- nas que se hallan disueltas en la sangre y son capaces de coa- gularla, en un momento dado en presencia de una mínima can- tidad de fermento? Si colocamos un grano de pólvora en frente de una semilla, aislada de todo contacto con la tierra, privada de humedad, calor, luz, etc., ambos cuerpos estarán días, meses, años, com- pletamente inertes, sin vida, sin ninguna manifestación exterior. ¿Qué derecho tenemos para decir que en el uno hay vida y en el otro no? En los dos puede haber vida en potencia: de la se- milla surgirá, puesta en condiciones favorables, un vegetal; del grano de pólvora, brotará calor, trabajo mecánico. ¿No son fuerzas en ambos casos? ¿No existe un principio general que afirma que, en la naturaleza, nada se pierde, que todo se trans- forma? Entre el grano de pólvora que da fuerza, calor, traba- jo mecánico, y la semilla que produce combustiones, transfor- maciones de fuerzas exteriores, substituciones de unas fuerzas por otras, de movimientos, no hay más diferencia que la exis- tencia de la energía activa en la una, y la energía potencial en el otro. Preciso es confesar que al hombre no le es dado penetrar muchas veces, no ya los primeros principios o las primeras cau- sas, sino en la intimidad de los mismos fenómenos: - existe un límite, más allá del cual no nos es lícito pasar. ¿Por qué no admitir, entonces, que la vida universal obedece a leyes genera- 25 les que extienden su dominio sobre todos los cuerpos, tanto los orgánicos como los inorgánicos, suponiendo que estos últimos constituyen el primer escalón de la vida universal? La ciencia no puede hoy establecer los límites precisos entre el cuerpo orgánico y el inorgánico; no puede decir: "aquí em- pieza la vida y aquí termina lo que puede llamarse la materia inerte", porque las leyes universales actúan en unos y otros, demostrando el principio de correlación de todas las fuerzas. Así nacen, así se constituyen los dos reinos de los cuerpos vivos en un punto de convergencia, en el vértice del ángulo ocu- pado por el reino de los protistas (Haeckel) y cuyos lados ven- drían a ser los reinos vegetal y animal. Investigando cuáles podían ser las diferencias entre ambos reinos, Haeckel llegó a establecer sus semejanzas y la necesidad absoluta de recono- cer la existencia de un tercer reino, común a los dos, el reino de las protistas. - Entre los protófitos y los protozoarios, no exis- ten caracteres suficientemente distintos para poder fijar: "dón- de está la línea divisoria entre dos cuerpos vivos". En efecto, los protozoarios, los primeros animales de la escala zoológica, y los protófitos, o primeros vegetales, ofrecen caracteres tan comunes que todo lo que se refiere a una diferenciación efecti- va no existe; - y tanto es así que durante mucho tiempo, el reino de los microbios (bacillus, coccus, etc.), ha sido conside- rado como reino animal, como protozoarios, y que naturalistas de la talla de Schultze, han creído ver en ellos órganos espe- ciales. Sin embargo, las clasificaciones últimas, aceptadas hoy como expresión de la verdad, colocan a los microbios entre los protófitos y en el género de las oscilarías, entre los hongos. Infiérese, pues, de lo anteriormente expuesto, cuán difícil es establecer distinciones entre los diversos cuerpos de la natura- leza; no las hay entre orgánicos e inorgánicos, no puede ha- cerse una división exacta y matemática que permita señalar donde empieza el vegetal y donde el animal. En una palabra, entre el cuerpo bruto y el cuerpo vivo, son tantos los caracteres análogos, que podemos decir, con Aristóteles, que la naturaleza no da saltos: nattira non fácil saltas. ¿Dónde está el origen de la materia viva? ¿Dónde aparece la vida? 26 Este es uno de los problemas (pie las ciencias experimentales no abordan: estamos en plena metafísica. Preguntarle a un fisiólogo hoy: cómo aparece la vida, es co- mo interrogar a un químico sobre el origen de la materia o pe- dirle a un matemático la esencia del número. El fisiólogo actual toma los fenómenos cual se le presentan; el psicólogo estudia las manifestaciones del espíritu, cual se le ofrecen. Claudio Bernard establecía ya, que no es posible preguntar a la fisiología dónde aparece la vida, cómo es y qué es. Por otra parte, definir la vida es una pretensión. El espíritu, dice Pascal en sus Elementos de geometría, define las cosas que pues son creación de él, y asi definirá un ángulo, lo que es un número par; se ha convenido por todos que el número par sea un número divisible por dos. Pretender definir la vida, que no es una creación del espíritu, no deja de ser una tentativa inútil como es pretensión también encontrar el concepto matemático exacto de la línea recta. Los hechos naturales no son suscepti- bles de definición, debemos tomarlos tal cual se presentan y lle- gan hasta nosotros. Esa serie de fenómenos que acompaña la manifestación característica de la vida .eso es para nosotros la vida misma; es decir, una manifestación, nada más. Los grandes maestros han tropezado todos con insuperables dificultades, cuando han procurado establecer el concepto de la vida. Los espiritualistas como Stahl, establecen este carácter mezclándolo con el alma y dicen que toda manifestación de mo- vimiento y de sensibilidad, es- la vida, es el alma. Los materialis- tas, como Epicuro, sostienen que todo es materia, que todo está subordinado a ella, que no hay vida sin materia. La ciencia con- temporánea no puede ni debe hacer cuestión de substancia y de esencia, no discute estos conceptos. Para la psicología, para nuestras actuales investigaciones, no hay escuelas, no hay ma- terialismo ni esplritualismo; la vida no surge de la materia ni del espíritu; para nosotros, ella es sólo una manifestación. Otros filósofos han querido solucionar esta cuestión metafí- sica, colocándose en una situación especial. Descartes, como filó- sofo era espiritualista; como fisiólogo, cayó en el materialismo más acabado. Leibnitz, en su filosofía pura, es espiritualista;- en fisiología, se le puede llamar un mecánico perfecto; para él. ia vida es simplemente un engranaje, es cuestión de mecánica. 27 Para Descartes, el alma es el pensamiento; para Leibnitz, es tan distinta del cuerpo, que nada tiene que ver con éste. Es éste un dualismo llevado basta su último límite. En presencia de esta disparidad de opiniones en pensadores de tanto vuelo, ¿qué camino nos queda hoy a los que deseamos proseguir estas investigaciones? La ciencia se limitará a admitir los hechos; provocarlos, estudiarlos, fijarlos e interpretarlos, si fuere posible; la psicología de hoy es una psicología de he- chos ; ella reemplaza a la psicología antigua que era sólo una psicología de palabras, de doctrinas. Los primeros cuerpos constituidos, pues, son los protozoarios y los protófitos; y es su protoplasma el que les da la substancia, la vida para crecer, para multiplicarse y adaptarse al medio. El protozoario y el protófito obedecen a la ley de la adaptación al medio (Spencer) y hallan en su mismo protoplasma los recursos necesarios para alimentarse, nutrirse y transportar estos alimen- tos, de la periferia al centro del cuerpo; devuelven, desasimi- landola, aquella parte de sustancia que ellos no pueden transfor- mar o que les es inútil; arrojan al exterior las partículas inade- cuadas a la vida. Este principio que rige la nutrición, y el desa- rrolo creciente de los cuerpos vivos, es la piedra de toque de la existencia de la vida en los organismos. Este protoplasma del animal unicelular, del protozoario y del protófito, que constituye grandes células con su membrana, sigue perfeccionándose y llega al segundo y tercer tipo de los animales invertebrados, trazándose ya en los celenterados un pequeño surco que va a ser el vestigio de lo que en adelante será el tubo digestivo. El primer órgano que debe aparecer, es aquel que co- rresponde a la conservación del individuo, su permanencia; será el tubo digestivo. La primera silueta de órgano que aparece en los animales, es un tubo en forma de botellón; la apertura será la boca, el vientre de la botella, el estómago. Los infusorios nos presentan este surco, en medio; este surco tiene un estrecha- miento en la parte superior, por cuyo orificio entran las subs- tancias que le servirán para su nutrición; y por la pared, por la membrana es absorbida la substancia Así se nutren el rotífero y toda esa serie de protozoarios superiores que constituyen el primer tipo de los invertebrados. 28 ¿Y la vida de relación en estos animales? Se hace por el mis- mo protoplasma: el calor lo contrae, si es suave lo dilata y faci- lita sus reacciones físicas; un choque eléctrico lo paraliza y la humedad favorece sus funciones; la luz le atrae, el frío produ- ce su contracción. Estos fenómenos, que son modificaciones del cuerpo del animal, son la respuesta a la acción de las fuerzas exteriores, como sucede en los celentrados y los equi- nodermos; en éstos, el tubo digestivo viene a transformar- se en un sistema de tubos que comunican con un anillo cen- tral o aparato aerífero, que lleva agua en esta serie y que en los animales superiores contiene la hemolinfa (de hemos, san- gre y linfa, sangre empobrecida). Cada uno de estos tubos, co- locados en forma de rayos saliendo del anillo central es un con- ductor del nutrimiento, desde el centro a la periferia; este ani- llo central es, pues, el receptáculo de las substancias alimenti- cias que manda la periferia y como en él estas substancias su- fren transformaciones, puede considerársele como un verdade- ro estómago que lanza a través de sus paredes todo este líquido apto a la nutrición del animal. En los gusanos se perfecciona el aparato de la nutrición. El tubo digestivo presenta cavidades y ensanchamientos, en for- ma de estómagos rudimentarios que llegan a la cifra de n en los hirudinios (sanguijuela). Hay adaptación perfecta del ór- gano a la función, y es por eso que el tubo digestivo de la san- guijuela ofrece tantas cavidades y ensanchamientos necesarios hasta para formar un jugo anticoagulante de la sangre que es su alimento; así sucede en el ensanchamiento del tubo digestivo de las aves, llamado buche; así también en el de los rumiantes, con sus cuatro estómagos, para que permanezca largo tiempo en ellos el alimento, por exigirlo así la clase de alimentos de estos animales y su transformación. En una palabra, es la función la que hace,al órgano. A medida que nos elevamos en la escala zoológica, este tubo digestivo va complicándose; en los artrópodos, hallamos una serie de pliegues en forma de ovillo, que constituye el intestino, y apéndices que forman el ciego, así como pequeños tubos fili- formes que van a desembocar en estos intestinos y que repre- sentan los primeros elementos de las glándulas en los animales superiores (hígado, páncreas, riñón). 29 Así se va complicando el tipo, y cuando se ha formado el aparato definitivo, entonces surge otra serie de órganos desti- nados a la conducción del alimento hasta los depósitos y dis- tribución a las distintas partes del cuerpo. Mientras el animal era unicelular, su forma externa era por lo general redonda; todas las partes de su organismo podían nutrirse por simple endósmosis o absorción directa; pero cuan- do su estructura evoluciona en sentido progresivo, cuando, en vez de un radiado se trata de un ser con organización más com- pleja, de un insecto, por ejemplo, entonces el alimento elabo- rado en el tubo digestivo no puede llegar a todo el cuerpo que debe nutrir; se forma, pues, un segundo aparato, con tubos, canales o acequias, cuya misión es transportar los elementos nutritivos a los tejidos del organismo; aquí está la silueta, de lo que viene a ser el aparato circulatorio. Estos canales, que atraviesan por todo el organismo, no bas- tan luego a la conducción del alimento, y es necesario además garantizar el retorno, desde un punto a otro, de las substancias alimenticias; aparece un órgano contráctil, un tubo que no con- serva siempre el mismo calibre, una especie de bomba impelente y aspirante, que es el vaso dorsal de los artrópodos y que, más adelante, será el corazón de todos los invertebrados y vertebra- dos más superiores, que por diferencias de presión provoca el movimiento constante de la sangre. Del mismo modo, se van perfeccionando los sistemas, apare- ciendo paulatinamente el aparato urinario de eliminación. . ., etc. Las leyes de la evolución y de la adaptación al medio no ad- miten excepciones. En virtud de estas leyes, se forma después, en todas las es- pecies animales, la puerta de entrada que da ingreso en el orga- nismo al oxígeno, al comburente, fuente de todas las combus- tiones del carbono. En efecto, el orificio del aparato respirato- rio, no es más que una verdadera puerta de entrada de aquel comburente; así como una máquina tiene, para dar acceso a su hogar, una entrada abierta al paso del aire. Las substancias ali- menticias de los animales son a base de carbono; el tubo diges- tivo, en su parte superior, constituye esta puerta de entrada del combustible y el aparato circulatorio no es otra cosa que el vehículo destinado a transportar el carbono con el oxígeno v 30 ponerlos en presencia de las células orgánicas, de la misma ma- nera que en una máquina, el foguista remueve el carbón para ponerlo en contacto con el aire y su oxígeno. Las fuerzas en tensión, contenidas en los trozos de carbón, son transformadas en fuerzas vivas, desde que la locomotora recorre un trayecto cualquiera; en los cuerpos vivos, la com- bustión del carbono en presencia del oxígeno, es la base de toda la energía que mueve estos cuerpos, por más perfeccionados que ellos sean. Respiración, circulación y digestión, son tres elemen- tos de una sola función: la nutrición. La digestión no consiste sólo en la ingestión de los alimentos ni en las transformaciones químicas que sufren en el estómago; no se limita la respiración a la simple entrada del oxígeno y a la ventilación del carbono disuelto en la sangre; la circulación no concluye con la inyección de los 100 gramos de sangre que el corazón arroja a los vasos en cada contracción; estos tres fenómenos son los elementos necesarios de la gran función que se llama la.nutrición y que se desenvuelve, no en los aparatos, pero sí en la misma intimidad de los tejidos, en la punta de un pelo como en la extremidad de una uña; allí van a parar los compuestos de carbono que la sangre lleva, sin consumir un solo átomo, pues la sangre es un vehículo muy fiel. La activi- dad celular es la que se encarga de quemar estos compuestos carbónicos; créanse entonces fuerzas en tensión que luego se modifican en fuerzas vivas, nutrición, asimilación, desasimila- ción, lo que en términos precisos la fisiología general llama el metabolismo de los tejidos, o sea el conjunto de los fenómenos físicos y químicos que se producen en la intimidad de las céle- las. El anabolismo es el acto en virtud del cual la célula incor pora a su propia substancia lo que le hace falta para su man- tenimiento y trabajo; el catabolismo es el acto por el cual esta misma célula arroja al exterior las partículas que le son inútiles o perjudiciales. Esta propiedad electiva se observa en la acción de los medi- camentos. Los anestésicos, p e., actúan sobre los elementos su- periores del sistema nervioso, la digital sobre las fibras car- díacas. etc. La desasimilación no sólo arroja las substancias que la célula no debe incorporarse, sino que arroja también substancias pro- 31 pias: porque es preciso tener en cuenta que las células de nues- tro organismo pueden ser comparadas, con sobrada razón, a los operarios de una fábrica; se nutren, se alimentan, crecen, au- mentan de volumen, pero también trabajan, producen, ejercen su profesión u oficio; células y jornaleros deben nutrirse, mul- tiplicarse, reparar las pérdidas sufridas; pero deben trabajar, y este trabajo consiste, no sólo en la producción de elementos de nutrición, sino en la transformación de la materia prima en pro- ductos nuevos. En cada célula del organismo hay un jornalero, que lanza productos nuevos o elabora substancias que, si bien a ellos no son útiles, pasan a otros grupos para su transformación en nuevas substancias quizá útiles para todo o parte del orga- nismo. Esta creación y esta transformación cooperativa caracte- rizan el organismo individual como el social. Pero esta diferenciación, esta división del trabajo fisiológica que apreciamos en el estudio progresivo del perfeccionamiento de la organización, no pueden hacerse armónicas, no pueden responder en todas sus partes a un fin, a un objetivo, a un pro- pósito determinado, sin que exista un sistema, un conjunto, un grupo de órganos, un tejido que ofrezca la particular misión de hacer solidarios funcionalmente a cada uno de estos grupos de jornaleros, a cada uno de estos grupos de órganos; y en aque- llos animales que hemos examinado en su origen como una ma- sa informe, que hemos seguido paso a paso hasta la formación de los aparatos respiratorio, circulatorio, etc., etc., vemos que todo se hace por el protoplasma hasta la armonía orgánica. El aparato circulatorio de las especies inferiores está ligado al tubo digestivo, como también está aquel que sirve a su locomoción: el aparato nervioso y muscular, y que se halla constituido por células contráctiles, aptas a facilitar y dirigir el movimiento. Y en esta disposición, en esta tendencia al movimiento, debe- mos ver el esbozo de lo que siguiendo el proceso evolutivo, será el aparato muscular y nervjoso, que es el encargado de dirigir la adaptación al medio. En efecto, uno de los privilegios del ser animal es la facilidad de que goza para transportarse de una parte a otra, con el propósito de buscar lo que le hace falta, fa- cultad de que carecen los vegetales, salvo raras excepciones, co- mo las algas marinas, que pueden ir de un punto a otro, por medio de sus cillas vegetales ento, helio e hidrófilas. La carac- 32 terística del vegetal es estar sujeto al suelo, como el feto en el claustro materno: e! vegetal es un feto ligado a la superficie de la tierra, en la cual encuentra los elementos necesarios a su vida. Ya encontramos antes de los gusanos el boceto del sistema neuro-muscular, aún no diferenciado. Aparecen pequeños grupos de células con caracteres nuevos, formadas por una substancia contráctil; a la periferia van fibras que salen de estos grupos de células nuevas y, ponién- dose en comunicación unas con otras se reunen hacia el centro para presidir allí a todas las funciones de este organismo: así nace, así se forma el sistema nervioso, con ganglios, descentra- lizado en los invertebrados y centralizado en los animales más superiores. En todo el cuerpo del animal, considerado en su conjunto, hay grupos de células centrales y grupos también alrededor de la boca, o sean ganglios circumbocales; allí en donde empieza la función digestiva, hay ganglios y células nerviosas, y cuando aparece el aparato respiratorio, también existen otros grupos de células encargadas de abrir o entornar la puerta de entrada del comburente. En fin, en toda la serie de los vertebrados, hay grupos de células formando fibras y ganglios para constituir el sistema nervioso. La irritabilidad, que es la característica de la vida, ofrece su mejor expresión en este sistema de orden fisio- lógico superior. En su origen era propiedad del protoplasma contráctil e irritable, y en su definitiva evolución crea un siste- ma de regulación para toda la economía. Así el glóbulo blanco de la sangre, que es uno de los elementos más importantes de defensa para el organismo, porque puede luchar directamente con el microbio y no tiene membrana de cubierta, es irritable; la irritabilidad de su protoplasma es la que le permite consti- tuirse en defensor de los elementos orgánicos. Impónese, para el mejor resultado de la vida, una armonía perfecta entre todas estas funciones. El organismo es una célula a la que posteriormente se agre- gan colonias; los tejidos, órganos, aparatos y sistemas no son más que agrupaciones de células capaces todas de realizar tra- bajos, de nutrirse, multiplicarse, de cooperar con sus elementos y su fin a la vida general del individuo; para esto hácese indis- 33 pensable un sistema, un aparato, un algo que presida a esta armonía necesaria entre los grupos de células; si el cerebro ne- cesita sangre, es preciso que vaya una reserva que pueda su- ministrar una mayor irrigación sanguínea; allí donde surja una función nueva, como en la niña núbil, o en el joven púber, es necesario que exista un sistema capaz de provocar el despertar de ciertos órganos, de proveer la cantidad de los elementos nu- tritivos indispensables al establecimiento de la nueva función; puede imponerse la obligación de una mayor irrigación sanguí- nea o de un drenaje más abundante; esto, sólo puede dirigirlo un sistema que armonice y coordine "el trabajo de todos para uno y de uno para todos" en el concierto orgánico, y este siste- ma coordinador y regulador es el sistema nervioso. Psicología y Pedagogía Curso del Dr. Horacio G Pinero, en la Facultad de Filosofía y Letras.-Con- ferencia del dia 22 de Mayo de 1901.-Versión taquigráfica publicada en la «Revísta Jurídica y de Ciencias Sociales» . - 1901. La antigua psicología estudiaba solo el alma humana - a tra- vés de su propia conciencia - con absoluta exclusión de la na- turaleza, para remontarse después al estudio de Dios. Para esa psicología filosófica, el hombre constituía un reino aparte digno de privilegios que la ciencia discute hoy. La Psicología que vamos a estudiar no es tan estrecha ni exclusiva: no fija límites a su objetivo y bajo su amplia bande- ra de independencia caben todos los estudios y trabajos que tengan cualquier punto de contacto con la vida en todas sus manifestaciones; su objeto esencial es el estudio de la vida y costumbres de los animales superiores y del hombre solo y en sociedad - objetivo que no tiene ciencia alguna. Tiene su mé- todo natural de estudio: de observaciones y experimentaciones que ha incorporado de las ciencias naturales, de la anatomía y fisiología, y por último ha acumulado un sinnúmero de hechos analizados y comprobados con rigor científico, que pueden ser bases de teorías y doctrinas documentadas por el contralor exte- rior y que sólo esperan su clasificación para establecer las leyes biológicas que puedan regirlas. Esta psicología, sobre estas bases, tiene derecho a ser autóno- ma, porque sus cimientos son los de las ciencias positivas y está en condiciones de iniciar la construcción de un bien armado edificio. Veamos ahora cómo la Psicología actual puede orientar el estudio de una Pedagogía Científica y fijar la forma en que esta nueva ciencia contribuya al perfeccionamiento del estudio del hombre, constituyendo uno de los capítulos más importan- tes de lo que se llama hoy la Antropotecnia. Los grandes problemas educacionales, que se agitan hoy en todo el mundo civilizado y más aún en las grandes capitales, 35 se puede afirmar que son estudiados y resueltos con un criterio que no puede ser sino efímero, desde el momento en que la ciencia no ha dado aún las bases firmes que le permitan deter- minar conclusiones. La Psicología, en esta evolución que la acerca a la Biología, ha tratado de incorporar a los elementos de su estudio, la expe- rimentación y la observación exterior que le dan las otras cien- cias, particularmente su hermana mayor: la Fisiología, y ofre- ce, en el estudio del hombre, abundantes elementos de juicio, aunque dispersos aún, que son muy importantes para todo lo que se refiere a la materia educacional en general. Se ha demostrado la insuficiencia del método subjetivo, usa- do como exclusivo por la Filosofía antigua, el examen de con- ciencia, el nosce te ipsum, y se ha dicho también, que en esas condiciones, sólo era dado estudiar al hombre instruido, al sa- bio, al literato, al hombre de ciencia. De manera que entonces no era posible conocer al niño; co- mo no era factible tampoco hacer psicología del salvaje, ni psicología mórbida; y por último, se ignora, bajo este método, absolutamente todo lo que se refiere a la psicología de los ani- males. De manera que-es indispensable agregar a este método los métodos genéticos: esto es, el estudio del desarrollo del sistema nervioso, en todas las especies vivas, y seguir desde su origen, su perfeccionamiento, estudiando su fisiología y aportando to- dos los elementos indispensables para el conocimiento de ese otro orden de fenómenos que aparecen de carácter superior y que constituyen 1c que se denomina fenómenos de la mente o del espíritu. Estos métodos genéticos han sido desconocidos de esa psico- logía a que nos referíamos antes; y aun los mismos psicólogos contemporáneos, como Wundt y como el propio Fechner, el fundador de la • Psicología experimental, aún éste, repito, hace un estudio separado de estos métodos genéticos: critica el mé- todo subjetivo, es cierto, pero dice que deben estudiarse estos problemas, siguiendo dos caminos: uno, el método de observa- ción, de auto observación; y otro, el método de experimentación, dejando a un lado provisoriamente el estudio y desarrollo de los fenómenos psíquicos en los niños, en los salvajes, en los anima- 36 les, etc., etc. De manera que no aportan todos los elementos de- mostrativos que necesita la Psicología de hoy, denominada cien- tífica, que investiga con verdadero criterio superior, amplio y no de escuela, bajo cuya bandera caben todos los trabajos que se refieran a los fenómenos psíquicos de cualquier origen y proce- dencia que ellos sean. Esta Psicología, que no es- egoísta, que toma, por ejemplo, al niño desde la cuna y que le sigue paso a paso en su desarrollo orgánico; y aún podríamos decir que toma a ese niño antes de su nacimiento, cuando discute si en el claustro materno tiene el feto vida; esa Psicología que se confunde en su origen con la Fisiología que sigue al hombre (repetimos) desde su niñez, en todos los accidentes, en todas las faces de su vida, cuando bal- bucea las primeras palabras, cuando da sus primeros pasos y sorprende los primeros destellos de su razón; cuando le sigue en la adolescencia y juventud; cuando estudia todas sus moda- lidades psíquicas y físicas en sus distintas edades; esta Psicolo- gía, repito, tiene que suministrar tal suma de elementos para el estudio del hombre, en todos sus detalles, que realmente su calificación: científica, viene a establecer muy bien la amplitud de sus horizontes. El estudio de las facultades del niño, para la Pedagogía, es algo que se impone. La Pedagogía antigua, que no tenía más fundamentos que doctrinas y sistemas de las escuelas filosóficas trascendentales, sin bases sólidas, Pedagogía que no se adaptaba al niño, sino que exigía que éste se adaptase a ella; esa Peda- gogía que ni siquiera partía de las informaciones elementales que se estudian en Ciencias Naturales, en Anatomía y Fisiolo- gía generales; que ignoraba esa ley primera de la Biología que: el órgano no hace la función, sino la función hace su órgano; esa Pedagogía no tiene, no ha tenido, ni ha podido tener una base científica. La ■enseñanza, el maestro, el educador, etc., en todas las for- mas de la educación deben tener por mínimo capital de ciencia, conocimientos generales, del desarrollo fisiológico, físico y psí- quico del niño. Sin ir a la Pedagogía científica y colocándonos sólo en la enseñanza de la educación física, estamos viendo sus progresos en todos los pueblos de Europa; cómo el perfecciona- miento del hombre, físicamente considerado, exige conocimiea 37 tos de ciencia, y que la mayor parte de los maestros y profeso- res de gimnasia ignora!» esto, porque no tienen nociones de Fi- siología ; y los vemos presentar a sus discípulos, con los brazos y músculos muy desarrollados en formas atléticas y acrobáti- cas, en posiciones más o menos académicas y todo esto exhibi- do en profusión de fotografías; pero no nos presentan, porque no las aprecian, las perturbaciones de tales o cuales órganos, porque ésta no las deja ver la fotografía. El acrobatismo, el coreografismo teatral, la morbidez de las formas, etc., etc., todo esto no es científico, no es ejercicio físico bien entendido, por- que no se puede llamar así a aquel que perfecciona las formas sacrificando la vida, la salud del individuo. El ejercicio físico útil, bueno, científico, es aquel que busca el desarrollo armóni- co, paso a paso, sin apresuramiento, sin excesos, que procura dar destreza, vigor, valor, fuerza, agilidad al individuo para que empiece por ser útil a sí mismo, a su familia, a su patria y pueda ser temido y respetado por todos; pero todo esto, dentro de sus condiciones fisiológicas, de su bienestar y de su salud. Estos rumbos equivocados de la educación física, han hecho surgir ia necesidad de la reforma que en Bélgica, Inglaterra, Italia, Alemania y Francia, han motivado investigaciones y es- tudios de gran aliento, por comisiones profesionales nombradas por los gobiernos, apercibidos del peligro que una mala educa- ción física representan para el perfeccionamiento del tipo nacio- nal. Allí se ha creado la enseñanza física superior, para preparar maestros de Gimnasia y Profesores de ejercicios físicos. Demeny y Marey, el creador de los estudios sobre Mecánica Animal, dirigen la Estación Fisiológica del «Pare des Princes», en los alrededores de París, en donde se preparan los maestros y estudian, en dos años, la Anatomía y Fisiología del aparato locomotor y la higiene del ejercicio, buscando en la actividad del sistema muscular, los tres elementos que caracterizan el ejer- cicio científico: un efecto estético, un efecto higiénico y un efec- to económico, porque la fuerza no se usa de una manera cientí- fica, sino dentro de este postulado, que es una necesidad : el míni- mum de la fuerza gastada y el máximun de trabajo útil produ- cido. No es éste el criterio que se sigue entre nosotros, en la. en- señanza 'de nuestra juventud. Pero actualmente nuestro país, nuestro gobierno, notificado de estos ejercicios, estas enseñan- 38 zas, podían orientarse también por rumbos nuevos, ha nombra- do una comisión para que estudie la forma y proponga su regla- mentación de la que tengo el honor de formar parte. Me permito esa digresión porque me parece oportuna. La edu- cación física, científicamente dirigida, toma al niño a los 6 u 8 años, cuando su aparato motor, sus músculos y sus huesos, están en pleno crecimiento, cuando las extremidades de los huesos es- tán empapadas en sangre, porque están en plena actividad; cuan- do el músculo recién está formando sus fibras y va a nutrirse tomando de la sangre, la materia prima, para su trabajo, atra- yendo y exagerando esa circulación para lavar ese músculo-y trabajando-se desarrolle, circulación muscular que es 9 veces mayor en el trabajo que en reposo; de ahí que el ejercicio mus- cular apresure la circulación en general y exagere el trabajo del corazón. No le demos al niño, cuando las extremidades de sus hue- sos no son sólidas y cuando sus músculos están en pleno des- arrollo, no le demos ejercicio de peso, o de paralelas, o de tra- pecio, sino démosle ejercicios de marchas, carrera moderada, de saltos, etc., etc., porque la Fisiología nos enseña que a esa edad el aparato locomotor está en plena formación. Necesita el niño prepararse a ser hombre y desarrollar la amplitud de su tórax para garantizarse la entrada del oxígeno, del comburente al organismo, cuya actividad no es más que una combustión; ese desarrollo del aparato respiratorio y esa amplitud del tórax, debe hacerse desde que el niño es niño, por jarreras, marchas y saltos, por ejercicios de brazos, según regles científicas, y no pretender que un niño se levante a pulso, sin ayuda de sus piernas, porque el hombre es el mamífero que tiene la pelvis más pesada: la pelvis del mono es menor que en el hombre y los brazos de palanca con los que el mono puede le- vantar su cuerpo, son mayores que los del hombre. Así, pues, no se puede exigir al niño, que haga lo que no puede ni lo que no debe hacer. Los ejercicios físicos deben adaptarse a la anatomía y fisio- logía del niño; este es un dato que conviene fijar, porque con- viene fijar todo lo que la ciencia puede hacer en el perfecciona- miento del hombre. Deja al niño y toma al adolescente y en- cuentra que las extremidades de sus huesos son más sólidas, 39 que sus músculos están formados y su tórax y pulmones respi- ran en condiciones mejores; y que ya tiene su aparato óseo y muscular bien constituido; y entonces, a esa edad, se pueden hacer ejercicios de peso, de paralelas, de trapecios, barras y carreras de velocidad mayor. Y por último, esta ciencia toma al hombre de 20 á 25 años, cuando el músculo está ya con su volumen y espesor completos y su nutrición muy bien garan- tizada, y al hombre en estas condiciones le indica los procedi- mientos perfeccionados de marcha, de salto con obstáculos, de carreras a grandes velocidades, de levantar grandes pesos y de trabajos complicados en las paralelas y trapecios; y le indica los ejercicios más o menos difíciles o artificiales, porque ya en estas condiciones, no hay que temer un retroceso en el per- feccionamiento, en el desarrollo del esqueleto y del individuo. Así, pues, la educación física, fundada en estos principios, va cambiando los rumbos de la actual enseñanza y para obtenerlo, empieza, como han hecho en Francia, con planes de enseñanza obligatorios a todos los maestros que deseen enseñar ejercicios físicos, científicamente aplicados. Sólo así, sólo en estas con- diciones, se puede buscar el perfeccionamiento del hombre físi- co ; sólo así podríamos contar con que nuestra raza ha de ad- quirir mejores aptitudes; sólo así podríamos nosotros obtener modificaciones favorables de nuestro tipo nacional, de nuestro criollo. Se dice que nuestra raza si no degenera, se retarda en su perfecionamiento, quizás por falta o por mala educación físi- ca; la influencia de razas, el cosmopolitismo, no contribuye a este perfeccionamiento, sino mediante el ejercicio físico y las condiciones de vida, fáciles, que ofrece nuestro país. En todas partes del mundo, los caracteres exteriores se cam- bian, como dice Sergi, pero los interiores (los esqueléticos), esos no se modifican fácilmente. Las clases pobres, en todos los países, son inferiores a las clases ricas, como la clase conquistadora superior a la conquis- tada; nuestro país no hace excepción a esto. El tipo nuestro, nacional, es un tipo bien conformado y bien hecho, desde la Capital de la República hasta Jujuy; y si a ese tipo le encami- namos bien en su crecimiento y desarrollo, le damos ejercicios bien dirigidos y aplicados desde niño, obtendremos hombres sa- nos, fuertes, diestros, ágiles y titiles al país y a los suyos. 40 Esta es la importancia que tiene la ciencia aplicada en una de las ramas de la Antropotecnia. Veamos ahora qué da la Psicología a la Pedagogía. El perfeccionamiento del hombre físico debe buscarse para- lelamente al del hombre intelectual. En Italia, Sergi, catedrático de Antropología de la Universi- dad de Roma, ha obtenido de su gobierno la autorización co- rrespondiente para establecer en todos los colegios y escuelas normales, un Boletín biográfico, una ficha personal de cada alumno, en donde consta el examen físico y psíquico del sujeto. De modo que mediante una fórmula antropométrica se tiene la expresión de las aptitudes físicas de un niño; y del otro lado el examen psíquico, pero no ya tan concreto como reducido a fórmulas. La mayoría de los antropologistas han fijado en seis, los elementos que puede tener una fórmula física; pero los Psi- cólogos no se creen aún autorizados a establecer una fórmula física siquiera aproximada. No obstante, Sergi no se intimida por la dificultad e indica 6, 8 ó 10 elementos para poder apre- ciar las aptitudes mentales del niño al entrar en la escuela. Nosotros vamos a hacerlo también; hemos pedido la autoriza- ción necesaria para iniciar estas investigaciones en el Colegio Nacional y estudiar al niño física y psíquicamente: cuando en- tre el niño en la escuela, a la edad determinada, cuando pasa su primer año, tendrá tal fórmula física y psíquica; en segundo año, ofrecerá tal crecimiento anual en sus distintos diámetros, como aparecen el juicio, la razón y demás operaciones mentales superiores; porque la asociación de ideas se inicia en esta o aquella forma. La psicología científica, en estas condiciones, aportará a la enseñanza un capital tal de hechos y de leyes, que, puede decir- se, le dará la clave para su mejor aplicación. Múltiples cuestiones son hoy materia de discusión: los hora- rios, si han de ser continuos o discontinuos; ¿ con qué criterio el maestro, el pedagogo, las autoridades, deben resolver el pro- blema? ¿a qué edad está el niño en condiciones de recibir tal o cual enseñanza? No es la Pedagogía la que va a poder resolver todos esos puntos; ni la Anatomía ni la Fisiología pueden, por sí solas, fijar la edad en que la corteza cerebral del niño tiene tales o 41 cuales condiciones para asimilar estos o aquellos conocimien- tos. El peso del cerebro, en relación con el peso del resto del encéfalo - 78 % en el hombre, y sólo 70 % en el mono, el animal más próximo a aquél - único criterio de carácter cien- tífico que permite apreciar sus aptitudes psicogénicas, no es suficiente. Los 1.400 gramos que pesa el cerebro de un niño de ocho o diez años, por ejemplo, son los mismos que pesará cuando ese niño llegue a los 25 años. El niño de 10 ó 14 años tiene el cerebro del mismo peso que el del adulto - de 1.370 gramos a 1.450; - y en verdad es exacto que el cerebro de los grandes hombres ha sido de mayor peso, salvo el de Helmholtz, que no llegaba a 1.300 gramos (1.224). , El detalle fino de la Anatomía microscópica, que bajo el mi- croscopio descubre, observa atentamente el elemento anatómico de la corteza cerebral, el ncurón; que sigue la delicadeza de la malla que forma en la substancia gris sus numerosas prolonga- ciones de formas variadas y variables, nos muestra las modifi- caciones objetivas que estas prolongaciones sufren, según su actividad, sorprendiendo nuevas afinidades de coloración arti- ficial, según las aptitudes funcionales de los elementos, como la coloración negra de las fibras que se mielinizan, que se cargan de la mielina, substancia aisladora de la fibra nerviosa. No obs- tante, no es fácil saber si en el niño a los 8 ó 10 años, por ejem- plo, estas coloraciones van indicando ya en su corteza cerebral los surcos por los cuales ha pasado, pasa o pasará la corriente nerviosa. Flechssig, célebre fisiólogo alemán, estableció su gran teoría de los centros de asociación y de proyección, fundada en que, allí donde hay mielina, allí hay función; de modo que haciendo cortes en el cerebro de un niño de 10 años, por ejem- plo, se puede decir: a esta edad, tal es el estado de desarrollo de la corteza, y estos son los centros psicomotores o psicosen- sorios ya formados o en formación. Este es todo el fundamento de la teoría de Flechssig y de los principales neurologistas ac- tuales; y éste parece ser un gran error. La Anatomía micros- cópica, por más delicada y fina que ella sea, y por grande que sea el poder del microscopio, no podrá explicarnos, jamás, el pasaje de una fuerza, de una energía nutritiva formatriz o fun- cional, de los elementos anatómicos; en una palabra, la Ana- tomía anatómica, nunca evoca la función, porque el dinamismo 42 orgánico, el pase del influjo nervioso, es algo como la estela de la nave en el mar, o el vuelo de un ave en el aire, que tras de ellos, desaparecen los indicios de su pasaje. No pretendamos seguir el trayecto del influjo nervioso, cos- teando las fibras conductoras cargadas de miclina, para plantar jalones que nos indiquen su pasaje, como pretende Flcchssig, porque ahí están los trabajos de IVcstphal, citados por el pro- fesor Granáis, nuestro ilustrado jefe de trabajos prácticos de Fisiología, que invalidan las conclusiones de Flcchssig, mos- trando que en los cefalópodos, las fibras nerviosas no están mie- linizadas, y tienen aptitudes funcionales definitivas. Luego la anatomía finísima de la corteza cerebral no puede aún indicar sus aptitudes psicogénicas. No hay anatomía que pueda explicar la mecánica ocular, las expresiones emotivas y fisonómicas, los tics, etc. Por eso la escuela de Montpellier, ha demostrado la necesidad de crear otra anatomía, que no sea puramente anatómica, una anatomía fisiológica que estudie y describa los órganos en función, los órganos en actividad, en movimiento, para enseñar, no solo la nota personal de cada órgano, en la sinergia funcional, sino las vinculaciones fisioló- gicas de órganos distintos y distantes, en una función aislada o solidaria. Todo ese material de estudio que la anatomía micros- cópica aporta al examen de las funciones del sistema nervioso, es deficiente, como lo es todavía la misma Fisiología, con sus actuales métodos, que no revelan aún, los fenómenos biológicos, en sus múltiples modalidades; pero la anatomía fisiológica, nos ha de permitir reunir hechos dispersos, para ir echando las ba- ses del estudio científico de la ciencia mental, que hoy busca, por la observación exterior e interior, conocer los fenómenos fisio- lógicos que acompañan los estados de conciencia, y en este pa- ralelismo, encontrar la demostración de la verdad. Es enorme la tarea que se impone esta Psicología, al tomar de todas las otras ciencias, la inmensidad de hechos y de estu- dios que le aportan, para su perfeccionamiento actual; y esta Psicología, con todo este material debe ser la base única de la Pedagogía realmente científica. Los grandes intereses de la educación, de la enseñanza, en todas su formas, exigen, pues, en estos momentos la acción com- binada de estas ciencias, biológicamente fundamentales, para 43 establecer el criterio científico único que puede resolver en ade- lante, cuestiones de tanta transcendencia. Podríamos indicar, a mayor abundamiento, las discusiones provocadas en todas par- tes, por la cuestión de los horarios y de la fatiga intelectual, en las escuelas. Los trabajos publicados en nuestro país y las dis- cusiones del Congreso Pedagógico, parecen demostrar la bon- dad del horario discontinuo; pero ¿es posible demostrarlo cien- tíficamente ? Aun no existe material suficientemente ordenado y clasificado que permita a los educadores, a los pedagogos y a las autoridades, resolver definitivamente un asunto de tanta trascendencia, como categóricamente contestó Ebbinghauss a la Municipalidad de Breslau, que en 1885 le nombró Presidente de una Comisión que debía estudiar la fatiga intelectual en las es- cuelas. La fatiga intelectual y el trabajo mental, han sido mo- tivo de estudio sólo de diez años a esta parte: los franceses y los alemanes, sobre todo Binet, Vaschide y Kraepelin, profesor de Psicología de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, han presentado varios métodos para el mejor estudio de la fa- tiga mental. Todos estos estudios parten de un postulado necesario: el tra- bajo intelectual, es un trabajo activo de la corteza cerebral y como es un trabajo orgánico, debe producir materia excremen- ticia, cuya calidad podrá indicar el órgano en actividad y cuya cantidad expresará la suma de trabajo realizado. Pero, si es posible establecer, por el dosaje completo de los elementos que componen la orina, la cantidad y calidad de las combustiones orgánicas en conjunto, es muy difícil especificar cuál es la can- tidad de substancias que corresponden a cada órgano, en par- ticular, y más aún, al cerebro, por ejemplo, por un trabajo men- tal exagerado. Hasta hoy, no es esto realizable en la práctica, máxime cuando aparecen por momentos, elementos nuevos de información en los líquidos evacuados, que son apreciados dis- tintamente por químicos y fisiologistas, no ya referentes al sis- tema nervioso, sino al metabolismo de tejidos más elementales. El fenómeno de la fatiga intelectual debe buscarse como lo busca Kraepelin, por el estudio de la percepción en todos-sus grados. Si la atención y percepción que interpretan las sensacio- nes, son los dos primeros grados del conocimiento, de la inte- ligencia, las aptitudes intelectuales del niño, estarán en razón 44 directa del número de sensaciones que perciba, fije y retenga. Ahora bien, si es posible estudiar y determinar la calidad y can- tidad de sensaciones y percepciones que el niño hace o puede hacer por la mañana y a la tarde, antes y después de un trabajo fisico o mental cualquiera, se podrán apreciar aproximadamen- te, siquiera, sus aptitudes psíquicas, siempre que la investigación se refiera a las operaciones elementales del espíritu. El niño, en efecto, no trabaja a la tarde, como lo hace por la mañana: si es capaz de hacer, por ejemplo, doscientas sumas de dos cifras por la mañana en cinco minutos, no podrá hacer por la tarde más que ciento cincuenta; y este trabajo hecho el sábado por la tarde, es menor aún; mientras que el lunes, por la mañana, es mayor siempre, como se ha comprobado en estos cuadros en donde están anotadas todas estas observaciones hechas por mi. en el Colegio Nacional Preparatorio. Kraepelin y Ebbinghauss usan este método, que había sido ya aplicado en el estudio de la fatiga intelectual, de las escuelas de A'cmania. Es, pues, un procedimiento aceptable y el único posible den- tro de las exigencias de esa psicología moderna, en que no basta ni la Anatomía más perfeccionada, ni la Fisiología más experi- mental. Con estos elementos y cuando tengamos, por ejemplo, diez mil cuadros análogos, podremos decir a las autoridades y a los educadores: sí, señor; el recreo debe ser siempre de me- dia hora, porque al cabo de este tiempo, la substancia cerebral restaura sus pérdidas: he aquí el cuadro gráfico o estadístico que lo demuestra, según el cual, el niño, después de media hora de reposo, ha sido capaz de percibir seis o siete sensaciones, entre diez, lo mismo que por la mañana antes de todo trabajo. En cambio, cuando el reposo ha durado un cuarto de hora, enton- ces se ha observado que el niño no ha descansado lo suficiente y que su percepción no es ya de seis, sino de dos y de tres, so- bre diez. La percepción que significa su inteligencia, disminuye pues, cuando el trabajo mental aumenta, y si son tres horas de trabajo seguido, se necesitará después un reposo, quizás de dos horas, para recobrar sus aptitudes normales. Véase, pues, la importancia que tiene la investigación dentro del rigor científico y experimental; y el poco valor de esas dis- cusiones académicas, de pura dialéctica, como aconteció en la 45 Academia de París, en 1887, en donde estaban los hombres más notables de la Francia médica, sosteniendo grandes debates doc- trinarios, teóricos, sobre el surmenage escolar, con motivo del aumento de la cifia de ciertas enfermedades de la población escolar: neurastenia, tuberculosis y fiebre tifoidea, por el exceso del trabajo mental en los niños de diez a catorce años, y una sola voz, la de Lancereatix, se levantó diciendo: "hace tres años que soy médico de las escuelas, y no he podido comprobar ese número ni esos enfermos de meningitis, de raquitismo, ni de tuberculosis a que se refieren mis colegas; no creo que haya survnencge ni físico ni intelectual, sino mal-menage por defecto de calidsd, no de cantidad en la enseñanza". He asistido a reuniones de los maestros; he oído hablar en el Congreso de Montevideo, en 1a Sección de Ciencias Peda- gógicas (porque ya tiene tal importancia esta rama del saber, que se especializa) y pienso que se inicia la reforma de la anti- gua Pedagogía, sobre bases científicas en el seno mismo de sus más fervientes cultores. Luego, entonces, esta ciencia, esta Pedagogía, que recibirá de la Psicología las indicaciones de oportunidad para enseñar tal cosa a tal edad, así como los informes sobre las aptitudes del niño para recibir esa enseñanza, esa ciencia nueva que nace, entre la Psicología científica y la Pedagogía antigua, es lo que llama hoy Blum, en su trabajo del Anuario Psicológico: la Pe- dología, la nueva ciencia de la educación (que podría también llamarse Pedología, en relación con la Pediatría). Esta ciencia no toma otro rumbo, ni otro camino, que aquel que previamente le va trazando la Psicología científica. Tenemos, pues, establecida la importancia de la Psicología, como base de esta nueva Pedagogía, y se infiere que el perfec- cionamiento de estos estudios exija la preparación previa de los maestros, para llevar adelante la reacción científica. Así como no podemos nosotros perfeccionar el hombre físi- co, indicándole sólo los ejercicios que debe hacer en sus distin- tas edades, sino que es preciso preparar a los maestros que di- rigen esa enseñanza, así la Pedagogía científica debe registrar los hechos y estudios de la Psicología científica; pero debe an- tes, preparar al maestro, que debe guiar al niño en su perfec- cionamiento intelectual y moral, para no provocar ningún re- 46 tardo y llegar a ser su causa. Ilustremos a los pedagogos, a to- dos los educadores, por la fisiología y la psicología y entonces tendremos el perfeccionamiento conveniente. Así, en estas con- diciones, se presenta hoy la Pedagogía como ciencia. Así como el neuropatologista, y el médico mismo, necesitan conocer muy bien el sistema nervioso, también el alienista, el psiquiatra, para ratificar la fórmula mental de un loco, debe conocer muy bien la de un hombre normal. Esa tarea es larga y difícil aún, porque la Psicología científica está en sus comien- zos; recién con aparatos prestados de la Fisiología crea Ga- binetes, funda Laboratorios, porque se apercibe que no es po- sible conocer una perturbación mental, sin conocer antes la función normal: para conocer el síntoma, que no es más que una función desviada, debe conocerse previamente la función primero, después, la fórmula mental; y no pretender que para cada examen de un loco, o de un cuerdo, sea menester hacer un estudio médico y psicológico, como el que hizo Toulouse a Zola, empleando en ese estudio dos años, tiempo que bondado- samente concedió el célebre literato a ese examen. De éste re- sultó para Toulouse que Zola era un genio; y todo su estudio demostraba, más bien, un epiléptico, como afirmaba posterior- mente Lombroso, al censurar a Toulouse, la falta de ciencia y de conciencia con que había procedido al examen de Zola. No nos es posible, todavía, llegar a concretar en cuatro o en seis elementos, como hacen los antropologistas, estas fórmu- las; pero día llegará en que el maestro podrá establecer divi- siones y clasificaciones, en su clase, según los tipos psíquicos de sus alumnos: por ejemplo, los que sean motores; otros, visua- les, otros auditivos, etc.; clasificaciones que indicarán sus mo- dalidades psíquicas; alumnos que aprenden la lección moviendo los labios y leyéndola en voz muy baja son motores; otros, le- yéndola repetidas veces: estos son visuales; y otros que recitan en voz alta; y éstos son los auditivos. Dos palabras sobre la denominación de experimental a la Psi- cología que vamos a estudiar. Ha sido bautizada con este nom- bre, por exigencias reglamentarias, pero no olvidemos que los dos últimos Congresos de Psicología, reunidos en Munich y en París, han resuelto que no debía llamarse experimental, porque de esta manera se presentaba estrecha y dentro de un círculo 47 que podía restringir la serie de trabajos que pueden ser objeto del estudio. El Congreso que se reunió en París, bajo la presi- dencia de Ribot, se ha llamado en consecuencia, Congreso de Psicología. Por fastas razones, este curso no debía llamarse de Psicología experimental: va a ser experimental, porque es un complemento de la Cátedra oficial. Esta Psicología de hoy empieza siempre por la autoobserva- ción, hace clínica psicológica y es completada por la Psicología experimental, es decir, por la verificación y el control de los fenómenos fisiológicas que acompañan a los estados de con- ciencia. No excluye el método subjetivo; muy al contrario, todo examen psicológico, parte siempre del examen de conciencia, del examen subjetivo. El título de experimental, debe comprender la Psicología fisio- lógica; porque si fuera sólo el estudio experimental de los fenó- menos psíquicos el objeto de la Psicología fisiológica, muy poco haríamos cuando sólo los fenómenos más elementales del espí- ritu, son los que pueden someterse a la experimentación; sólo 1as sensaciones, algo de la memoria y la atención, pueden ser objeto de una experimentación psicológica. Pero cuando a la experimentación de los fenómenos de la mente se agrega la experimentación fisiológica, entonces el material de estudio es muy rico y esto será nuestra mayor contribución al estudio de la Psicología científica. No llamamos Psicología práctica a esta ciencia, si por este calificativo se pretenden estudiar los fenómenos del espíritu, precediéndolos de los estudios de anatomía y fisiología del sis- tema nervioso, porque hace setenta años, en la Universidad de Buenos Aires, hubo dos profesores que dictaban esos cursos: el doctor Luis J. de la Peña y el doctor Diego de Alcorta. El doc- tor don Vicente Fidel López, declara en su autobiografía que, entre esos dos profesores, optaba por el doctor Diego Alcorta. porque su enseñanza de Psicología empezaba con el estudio del sistema nervioso; y el doctor López comentaba (con el doctor Alberdi) el tino con que en sus explicaciones, el doctor Alcorta se mantenía siempre en el terreno de lo inteligible y de lo útil. De este curso de Psicología del doctor Alcorta, quedan dos ma- nuscritos, uno de los cuales está conservado en la Biblioteca Nacional. 48 Por último, la amplitud de horizontes que la Psicologia cien- tífica tiene a su frente, no excluye ninguna escuela, ningún sis- tema, ninguna teoría y ninguna doctrina. Nosotros no hacemos escuela, ni pertenecemos a ninguna de ellas; no somos ni ma- terialistas ni espiritualistas, porque no hacemos cuestión de substancias: el alma la tomamos como un conjunto de fenóme- nos. Dejamos el problema de su esencia a la Metafísica. Nos- otros aceptamos todo, de cualquier procedencia que venga; has- ta el espíritu y el sentimiento religioso, porque la religión mis- ma nunca ha estado en pugna con la ciencia. "Hay que buscar la ciencia de la religión, por la religión de la ciencia", como dice el ilustre Rector de la Universidad de Salamanca, don Mi- guel de Unamuno. La ciencia de la religión ha seguido la misma evolución que las otras ciencias y la religión de hoy es, a la Teología tradicio- nal, lo que la Química de hoy es la Alquimia antigua. Sólo estudiando las leyes de la naturaleza, conseguiremos do- minarla; y sólo dominando a la naturaleza con ella misma, po- dremos llegar a ser libres. Sólo el saber permite la libertad y sólo el que sabe puede ser libre, porque es libre el que obtiene cuanto quiere, y nadie lo obtiene mejor que el que sabe querer. La religión de hoy se ha hecho también científica; y es la ciencia de la religión la que ha de emancipar a los pueblos la- tinos de su esclavitud religiosa o antirreligiosa, porque católicos y anticatólicos, están en lucha perenne en un mismo campo; y de este campo tienen que levantarse si han de conquistar la libertad de conciencia. Psicología Normal y Patológica (1) (Sumarlo del curso de 1914) EL MOVIMIENTO FILOSÓFICO ACTUAL EN EUROPA Y AMÉRICA 1. La filosofía antigua y las ciencias naturales. El método positivo y el determinismo científico. La ciencia y la religión. La filosofía y la fé. La enseñanza de la filosofía y de la psi- cclogía entre nosotros. 2. Resttrgimiento filosófico.-La ciencia y la filosofía; el es- píritu simplista no llega a la cultura necesaria del hombre social, del hombre de gobierno. Necesidad de las humanidades y la filosofía en la enseñanza media y superior. Nuestros maestros y sus épocas. Insuficiencia actual de la alta cultura del espíritu. La filosofía de Boutroux: El eclecticismo de comienzo del siglo XIX nos enseñó que para filosofar no era menester cono- cer las ciencias ni la vida, sino analizar y dividir los sistemas de los filosofes antiguos, aislar algunos trozos, reunirlos y expo- ner los resultados de este trabajo en elocuente lenguaje (Bou- troux). Otros, ignorando sistemáticamente el mundo exterior y a la sola luz de la conciencia, se limitaron a observar, clasi- ficar y coordinar entre ellos los fenómenos del mundo exterior. Comte y Taine demostraron, entonces, que la filosofía no po- día aislarse de las ciencias sin degenerar en la escolástica, pues en aquéllas se encuentran las raíces de la verdad. Después La- chelier, De Biran, Ravaisson, muestran el espíritu-in vivo y en acción en el seno de la ciencia misma, en las construcciones de nuestra conciencia. Entonces la filosofía fué considerada como el esfuerzo del pensamiento para comprender las ciencias y la vida. Así se hicieron filósofos los sabios, haciendo de la filo- sofía un instrumento circulante del espíritu crítico y ciencia creadora. Hoy, la inteligencia y la dignidad humanas, la cien- (1) Apuntes de cíese reunidos y publicados a pedido de los alumnos. 50 cia, como dice insistentemente Boutroux, y la filosofía ponde- ran al cientismo sistemático y excluyente, fijando sus límites y autorizan despejar de nuevo aquella senda del ideal moral; por- que la ciencia no es nada sin: sentimiento, corazón, voluntad, pensamiento, libertad y conciencia. Después que los enciclope- distas sólo pensaron en la Razón, vino el credo de la Ciencia y hoy se piensa en la vida; pero sin limitarse sólo a los hechos, sino también a las ideas, que tienen su ciencia en otros objetos, otros métodos y otras leyes (Boutroux). 3. La moral de nuestra época no es menor que la de otras épocas anteriores (G. Ferrero). La renovación filosófica actual con Boutroux y Bergson es producto de la atmósfera moral de nuestro siglo. La filosofía de Boutroux va contra el egoísmo excluyente de la ciencia; sostiene el principio de discontinuidad e irreductibilidad de los hechos naturales entre sí, pues, dis- puestos en capas superpuestas requieren principios especiales que los substenten y métodos también especiales que los estu- dien. No hay una ciencia, la que sería una abstracción, sino muchas ciencias con un común denominador: lo real, que tam- poco es uno. (Bourget). La contingencia de las leyes de la naturaleza no es para Bou- troux otra cosa que la independencia que existe entre las leyes entre sí, porque, entre otras razones, hay más en lo real que lo que ven las ciencias positivas, así como hay más en el espí- ritu de lo que conoce la conciencia. Boutroux no rechaza las ciencias, sino pondera su alcance; no declara su fracaso, sino hace su balance; no reniega de la inteligencia, sino que la ubica entre la razón y el sentimiento; pues la razón, como un servidor entre deux maitres, se une a los sentidos para apreciar el mun- do exterior y hace ciencia, y al corazón para ponderar las cosas divinas y es la fe (Bourget). La historia de la filosofía nos muestra siempre dos formas de una misma tendencia: generalizar sobre hechos o cosas y sobre ideas, o sobre relaciones entre cosas o entre ideas, para fijar un principio de explicación universal. Plotin, con el pensamiento griego, aceptaba la primera: las cosas- derivadas de Dios; Laplace y Dubois Reymond, la se- gunda, es decir, las relaciones entre las cosas para llegar al me- 51 canismo universal, la conservación de la energía, etc.: lo in- cognoscible y el ignorábimus. La filosofía de Bcrgson: Bergson no niega que el determi- nisnio se aplica a la materia y triunfe con frecuencia; pero sos- tiene que la libertad es lo propio de la conciencia. Esta, su doc- trina, se llama filosofía de la intuición, que significa la percep- ción inmediata de la realidad y de la verdad, y parece oponerse al razonamiento discursivo y al análisis; pero desde que pro- cura explicar esta intuición en palabras, se hace abstrusa y pe- netra en un absolutismo místico. L'élan vital de Bergson se di- vide en dos grandes corrientes: instinto e inteligencia, de na- turaleza diversa, porque sólo a la segunda acompaña la libertad y la conciencia (Colonna). La vida es una onda que sube, y la materia una corriente que baja; ambas se penetran y la libertad domina a pesar de una evolución sin fin. La libertad, principio de la filosofía bergsoniana; pero prin- cipio y libertad se chocan porque el primero significa determi- nar y explicar, y la segunda es indeterminación. Bergson critica las pretensiones de la ciencia y construye sobre sus restos su metafísica de lo absoluto; aristocrática, ne- bulosa, poética, manejable sólo por los elegidos del genio y del talento e inaccesible hasta por su lenguaje sur mesure a las aptitudes comunes. La metafísica de Bergson exige un acto de fe, como dice el padre Colonna, pues afirma que la vida, la libertad y la con- ciencia conducen los mecanismos que nos son necesarios, pero no explica cómo se hace la conducción. Boutroux con su idealismo no deja de hacer la apoteosis de la libertad y Bergson con su libertad e intuición va del esplri- tualismo transcendente, en lenguaje poético, al misticismo abso- luto. Bergson es un filósofo poeta, del momento, personifica y viste el traje de moda en filosofía; pero su -sistema no hará es- cuela, porque la brillantez de la forma, la elegancia del lenguaje, en la explicación de sus actitudes, si atrae y fascina, no basta para crear sistemas y conmover la concepción real del universo. Así, las bases sobre que construye en moral: la libertad y la conciencia del Yo libre, pueden hacer decir a Spinoza que sos- tienen el hombre frente a Dios, porque el que se cree libre no 52 será un ateo; pero siempre será un impío. Bergson, como Kant, se encanta en la metafísica de la libertad para restablecer como éste la creencia en Dios y en la inmortalidad. Así resurge la pretendida neofilosofía y la vida no vale sino como un instrumento del saber, según Nietzche, justifiquemos nuestra existencia por la acción y el pensamiento. Frente a esta escuela y en el mismo colegio de Francia, en el que Víctor Brochard fué el precursor de este resurgimiento con su filosofía idealista y su moral cristiana, sigue Fierre Ja- net, con su espíritu científico y médico, su enseñanza teórica y experimental de la psicología, y Georges Dumas, en la Facul- tad de letras, continúa en su cátedra v en el Laboratorio je psicología su enseñanza objetiva, sin sentirse molestos en ¡o más mínimo por los aplausos y el entusiasmo del gran pubbc x INTRODUCCIÓN BIOLÓGICA AL ESTUDIO DE LA PSICOLOGÍA LA VIDA, LA ORGANIZACIÓN Y EL MEDIO El resurgimiento filosófico actual declara estrecha, unilate- ral y limitada la ciencia de hoy. No obstante, las ciencias físi- co-químicas y biológicas perfilan una evolución próxima hacia la futura síntesis de los átomos, previa su desintegración que liberta modalidades nuevas de la energía, como dice Moreu. Lavoisier creó la noción de los cuerpos simples: indestructi- bles, indescomponibles en otra especie de materia, capaces aqué- llos de reunirse entre sí para formar otros compuestos sin pér- didas ponderables y reproduciéndose en totalidad en la combi- ración: esta fué la base de la química. Actualmente, con estos cuerpos simples, que pasan ya de cien, reproducimos la mayor parte de los cuerpos naturales en el mundo vivo y en el mundo inorgánico. No hay, pues, cuerpos simples, porque sus partículas consti- tutivas, los átomos, no son inmutables, según los trabajos de Bequerel, Curie. Berthelot, Rhote, Ramsay, Soddy y otros. El átomo de rádium y de los cuerpos similares se disgrega y da: calor, electricidad y rayos análogos a los rayos Roentgen; son fuentes de energía que surgen con nuevos átomos; como entre el uránium y su último derivado parecido al plomo se co- nocen más de catorce átomos intermediarios, y el gas hélium, 53 residuo inerte de transmutación de otros átomos, denuncia di- ferencias y nuevos cuerpos. La radioactividad de la materia, propia de algunos cuerpos, podemos apreciarla hoy. El con- cepto actual del átomo, constituido por más simples partículas en perpetua actividad, hace pensar en un organismo complejo (electrogénico). Para Lavoisier, Berthelot y Davy, los cuerpos ■especiales, que constituyen los cuerpos vivos, se formaban por la fuerza vital y nunca el hombre podria reproducirlos; error grande que la ciencia ha salvado con la demostracón de la sín- tesis orgánicas. Wohler (1828) carbonato amonio igual a úrea; Berthelot (1854-1866) : hidrocarburos, alcoholes, ácidos. Des- pués la sintesis de la alizarina por Gueve. Acido tártrico por lungfleich; la cicutina por Landerburg, y la glucosa por Fi- scher (1890). Asi fué que, demostrada la unidad de las fuerzas de la na- raleza, se autorizó a proseguir la fabricación de los productos de la célula viva. Producción sintética de compuestos orgánicos y obtención artificial de cuerpos radioactivos, dos problemas solucionados por la ciencia de hoy, sobre los que la filosofía puede ponderar la concepción del universo y fuerzas que lo gobiernan. El dinamismo energético no es otra cosa que la desintegra- ción y reintegración sintética de los átomos. La física moderna es la que penetra hoy en la estructura esencialmente dinámica de los átomos; dueña de la energía, po- dría descubrir fuerzas capaces de dislocar el edificio atónico de la química. ¡ Cuánto promete para el futuro la liberación de la cantidad de energía que almacena el átomo, sean cuerpos nuevos, con propiedades a descubrir, o cuerpos conocidos con nuevas aplica- ciones a dar! Esta evolución científica, profunda, ha de hacer más sólida la evolución económica y social y mayor la satisfac- ción del hombre, libertándose de la servidumbre de la materia paia conquistar la energía creadora de la naturaleza y de la vida (Moureu). La vida, la organización y el medio La materia y la forma; la unidad de la energía y la diversidad •de las modalidades de la fuerza. 54 Caracteres comunes y diferenciales entre los cuerpos inorgá- nicos y orgánicos. Continuidad de los hechos naturales; transformación experi- mental de la energía (experiencias). Génesis del calor, luz, elec- tricidad, movimiento, fuerza química, etc., energía fisicoquímica en energía nerviosa. Irritabilidad; excitabilidad y finalidad de la energía nerviosa;, demostración en el conejo y en el hombre. La función y el ór- gano : las leyes de osmosis y la génesis del aparato circulatorio. La célula y sus movimientos: los amibos y los leucocitos; los microbios. Tactismos y tropismos. La aparición de la vida. Protistos; protofitos y protozoos. Los amibos y su vida de relación. - Esquema general de los seres pluricelulares. La división del trabajo fisiológico; la diferencia- ción orgánica; fisiogénesis y morfogénesis. La organización y la adaptación por el recambio interno y externo caracteriza la vida. La función nerviosa.- La excitabilidad y la conductibilidad primitiva en el sistema neuromuscular. La diferenciación de las neurocélulas en músculo y en nervio y su irrigación sanguínea. Irrigación unitaria o de nutrición e irrigación (federal) dinámica de función. Dinamogenia e inhibición como modos de funcionar el siste- ma nervioso. Demostración experimental de inhibición fisioló- gica en el conejo. Vida y organización; las formas y leyes órganogenéticas en la construcción de los organismos. La función y el medio. Nu- trición, crecimiento y perpetuación. División del trabajo fisioló- gico y diferenciación orgánica dentro de la unidad del sér. Función de relación y defensa. Estokinesias y función ner- viosa. Recepción, conducción, retención de la energía nerviosa. Dinamogenia e inhibición según Roland y Oddi. EISIOGENIA Y SISTEMA NERVIOSO EN EA SERIE Primera ley: Cuando los animales superiores adquieren mor- fología y funciones nerviosas nuevas, conservan siempre no só- lo estructuras elementales, sino también la morfología gruesa y 55 funciones de los inferiores (ley de estructura y función). Así en el hombre se explica el tropismo y los instintos primarios. Segunda ley: Filogenéticamente los segmentos cerebrales de formación reciente heredan las funciones más nobles desempe- ñadas por los segmentos cerebrales de más antigua formación; pero no tanto que no reciban de éstos alguna aptitud para rea- lizar algo de sus viejas funciones lejos del control de la concien- cia. Asi el tectum loborum opticorum de los vertebrados infe- riores corresponde a los lóbulos bigéminos antecedentes y a las ■''unciones del telencéfalo de los vertebrados superiores. De aquí la proyección en la corteza de todas las funciones debidas a formaciones nerviosas inferiores y la sede en ésta de los fenó- menos psicofísicos (Sánete de Sanctis.) La ley biogenética fundamental y la ontogénesis humana de Haeckel demuestran que existe una conveniencia proportionis entre el desarrollo del sistema nervioso y el desarrollo psíquico. (De Sanctis.) La función sensoriomotriz. Las vías de conducción y centros de reflexión y coordinación. Las leyes de estructura y de función en la ontogénesis huma- na es afirmada por la ley biogenética fundamental de Haeckel. La enfermedad detiene el desarrollo y crecimiento del indi- viduo, mferiorizándolo en la serie zoológica. La función osmótica primordial y las sinestesias viscerales; sus órganos y mecanismos en los vertebrados inferiores y su- periores. La vida instintiva es anterior a la vida intelectual. A más son formas de la vida de adaptación. El medio, la energía y la función nerviosa que surge del principio de la estokinesia. Génesis y desarrollo del sistema nervioso en los invertebra- dos y vertebrados. Formación de las vías nerviosas de recepción o centrípetas exógenas, y de las vías de restitución o centrífugas endógenas en las especies superiores. (Véase H. G. Pinero, Anatomía fisio- lógica del sistema nervioso, 1902. La médula espinal y los ganglios nerviosos como centros de reflectividad y coordinación. 56 La médula y sus vías de conducción; metamería y radicula- ción medular. El bulbo como estación intermedia entre la médula y el ce- rebro ; sus núcleos grises y los pares craneanos; sus relaciones con la inervación yegetativa y de la expresión. La función sensoriomotriz a través del sistema nervioso cere- bro espinal y simpático; tonismo medular, simpático visceral y cerebral. Constitución y estructura del sistema nervioso. Sus células y sus fibras; la unidad anátomofisiológica y trófica; el neurón. La cronaxie de Lapicque y la acronaxie o discronaxie fun- cional en la conducción. La función sensoriomotriz y la conducción centrípetocentrí- fuga a través del sistema visceral simpático y cerobromedular. Las leyes de los reflejos de Pflüger y las reglas de Sherrig- ton; su poco valor actual. Clasificación de los grandes aparatos nerviosos dentro de la unidad del sistema. La formación y desarrollo de las vías y centros nerviosos en las funciones viscerales: nutrición, circulación, respiración, digestión y secreciones. Tonismo simpático y vago tonismo visceral; tonicidad cere- bro medular. Demostración experimental en ranas y en perros, de la con- dución nerviosa y su coordinación en la médula. Excitación, sec- ción de raíces y ablación de centros nerviosos cerebrales. El neurón y sus agrupaciones en los distintos plexos y cordo- nes de la médula; acción recíproca y múltiple de los diversos grupos que explican las pretendidas leyes de los reflejos. La substancia gris constituida por sistema de neurones y la substancia blanca por fibras de conducción; aquella es centro y origen o terminación de nervios; ésta forma cordones y vías que van o vienen a o de la primera. Cuatro sistemas de neurones y nervios son así constituidos en relación con la sustancia gris. 1. Visceral o periférico, en los ganglios viscerales. 2. Substancia gris de la médula y del bulbo; 3.0 Substancia gris del cerebelo, protuberancia y ganglios op- toestriados; 57 4-° Substancia gris cerebral (centros del psiquismo superior). Los verdaderos aparatos nerviosos son definidos por la fun- ción y por sus centros y no por aquella disposición en cuatro pisos, que no es más que anatómica y topográfica. Asi demues- tran algunas enfermedades (que son funciones desviadas) : en- fermedad de Thomsen, astasia, abasia, apraxias, etc. No es ya admisible dividir la fisiología del sistema nervioso en funcio- nes por sus órganos separados, pues todos los aparatos nervio- sos son sensitivomotores y centrípetocentrífugos. La función sensoriomotriz en la estática, cinemática y dinámi- ca de la marcha, de la orientación y del equilibrio; sus órganos y mecanismos nerviosos; sus trastornos funcionales y orgáni- cos. Experiencias en perros y palomas. Tanto la sensibilidad general de las visceras como la especial del aparato locomotor y la específica-sensorial de los sentidos son definidas y recién caracterizadas, por su origen y proceden- cia, en los grandes ganglios encefálicos de la base del cerebro. Estos totalizan e integran las unidades sensitivas y sensoriales que condicionan la sensación, así como precisan, ponderan y fijan el destino de la acción motriz; son, pues, importantes cen- tros nerviosos centrípetocentrífugos, cuya función primordial es también, como la de todo el sistema, la sensoriomotricidad o estokinesia. La función sensorial específica; sus órganos y mecanismos esenciales. Psicofisiología general de los órganos de los sentidos. (Véase: H. G. Pinero, Psicofisiología general de las sensacio- nes, 1901.) Sensorialidad y perceptividad La sensación, percepción e imagen son actos cerebrales. Las funciones generales primordiales de psiquicidad: su uni- dad funcional sensoriomotriz en el encéfalo que caracteriza y condiciona la reflectividad y coordinación de los actos cerebra- les simples. . La función cortical totaliza, por un proceso energético de ■cierta estabilidad y tensión neurónico y asociativo, actos cere- brales parciales (Ziehen, Jacob). 58 Los reflejos condicionales son específicos porque dependen de la representación primordial que contiene todo o parte de la sensación primera, provocada por el estímulo fisiológico sen- sorial. La excitación o causa psíquica del trabajo glandular, según Pawlow, es la percepción evocatris y la imagen afectiva que provoca asociaciones anteriores como impresiones-recuerdos en estos actos cerebrales. Así se produce el apetito psíquico y el reflejo sialógeno y se explica la importancia mayor de les re- ceptores sensoriales, predominando la audición y la olfacion en el perro, y en el hombre la visión. La sensitividad general visceral, locomotriz y sensorial, es la condición previa de la psiquicidad primordial general. El cor- tex - por memoria asociativa - hace la sensación-percepción y crea por trabajo propio, la imagen afectiva y perceptiva con o sin coumotividad orgánica que condiciona la psiquicidad. Este distingo es necesario a la doctrina de Pawlow para fijar la faz intelectiva de la cerebración localizada en la corteza y la faz ac- tiva general del organismo. Psiquicidad general a base de sensaciones generales y comu- nes diferenciadas: el reflejo sialógeno y la sensorialidad y per- ceptividad específica. La sensorio-motricidad especial de la loco- moción y la perceptividad en el sentido estereognóstico (obser- vaciones). Los mecanismos nerviosos cerebrales en la psiquicidad gene- ral, en la expresión, en la mímica y en el lenguaje (subcorteza y corteza). LA EUNCIÓN PSÍQUICA Y EL CEREBRO Los actos psíquicos primordiales: sensación-percepción: per- cepción-imagen, representación, expresión y emoción. El desarrollo de las funciones psíquicas es proporcional al desarrollo del sistema nervioso; pero la histoarquitectura de la corteza no autoriza aún una localización psíquica histológica sensorial específica, sino alguna/ diferenciación funcional de ciertas zonas fundamentales sensitivas y motrices (Cajal, Brod- niann, De Sanctis). No hay células corticales especiales y exclusivas: acústicas, ópticas... y menos psíquicas (Brodmann), y hoy la tendencia 59 general es, con Meynert y Cajal, atribuir a la célula nerviosa su diferencia funcional, no según su morfología, sino según sus conexiones con las puertas de entrada de las excitaciones del mundo exterior. El hambre global y el hambre parcial diferenciadas y especí- ficas en los mamíferos y en el hombre. El hambre puede ser sentida como una necesidad confusa del instinto - sin objeti- vación o como un apetito bien definido y concreto - o como un deseo bien definido de cosa determinada; en el primer caso es más instintivo y en el último representativo. Funciones psíquicas primordiales y desarrollo del cerebro. Condiciones (centrales) cerebrales de la sensación-percep- ción, imagen, elaboración y expresión. La corteza cerebral gris es la que elabora las sensaciones y percepciones, especializándose esta función en aquellas zonas in- mediatas a la entrada de las vías receptrices sensitivosensoriales y a la salida de las vías restitutrices motrices y secretorias. Es- tas son las zonas de proyección de Flechsig. La corteza gris en- granada e intermediaria entre aquellas zonas, que no tiene orí- genes ni terminaciones de los mecanismos receptores o emiso- res, es la zona de retención, asociación (de Flechsig) y elabo- ración psíquica. . Gall decía que el cerebro se componía de tantos sistemas par- ticulares cuantas funciones distintas ejerce (1808). Flourens, que el cerebro concurre en todo, en conjunto al ejer- cicio de sus funciones (1842). Broca decía que el cerebro constituye un grupo de órganos (pues tiene centro del lenguaje, pie de la tercera circunvolución frontal izquierda) diferentes que corresponden a funciones dis- tintas (1861). (Véase: H. G. Piñero, El lenguaje de los sordo- mudos, afásicos e idiotas. 1903, y La cuestión de las afasias, 1900). Fritz e Tlitzig descubren los centros motores en perros. Hit- zig, el centro cortical de la visión en el lóbulo occipital; consi- derado hoy como muy reducido. Las experiencias y la clínica demuestran que ¡as zonas cerebrales visivas son más amplias aún que las fijadas por Muñir, para la esfera visual corticoocci- 60 pital posterosuperior. Goltz, contradictor de Munck, niega las localizaciones; pero al fin reconoce que los lóbulos occipitales tienen cierta relación con la vista y los frontales con el movi- miento, y da los ganglios subcorticales como centros sensitivos y motores y los hemisferios cerebrales como órganos de la me- moria, comprehensión e inteligencia. Loeb y Bechterew, como Pawlow y toda su escuela, comenza- ron por las ideas de Goltz; pero localizaron la visión, el gusto (por los reflejos sialógenos) y el oído... etc. La sensación, la percepción y la imagen tienen las mismas condiciones genéticas corticales (escuela rusa). Por tanto, la ablación parcial de la corteza suprime el órgano o la aptitud de reconocer la excitación periférica que queda como impresión sensación bruta: así persiste la luz; pero desaparecen los movi- mientos y las formas. Pawlow, con sus mecanismos nerviosos analizadores que na- cen en los receptores periféricos y terminan en la corteza, pare- ce admitir (i) que ésta, por sus planos estratificados de las zo- nas de proyección, pueda diferenciar sus aptitudes funcionales, porque nada indica, al fin, que todas las capas celulares cortica- les tengan una misma función (2). La corteza cerebral no está diferenciada funcionalmente ni anatómicamente en los mamíferos inferiores, ni en los superio- res y el niño recién nacido. Las zonas de proyección y de asociación de Flechsig no difie- ren substancialmente por su histoarquitectura. No hay células exclusivamente especializadas en una función determinada (Cajal). La corteza cerebral es sensoriomotriz y el cerebro, como un órgano en este mecanismo nervioso, obedece al principio esto- kinético, como todo el sistema, y su reflectividad básica no hace excepción, salvo el retardo, la complexidad y la inhibición, que retienen, acumulan, o transforman la energía nerviosa. Por es- to la intervención del cerebro se caracteriza por menor motri- cidad en general. (1) Articulo «Les Sciences naturelles et le cerveau, en Journal de psycolo gie». Janvier-février, 1902. (2) Matisse, «L'intélligence et le cerveau». 61 La corteza cerebral comienza a diferenciar su función cuan- do los estímulos fisiológicos sensoriales excitan las zonas corti- cales en las que terminan sus vías centrípetas (visión, audi- ción, etc.), a su vez excitan las zonas inmediatas al origen de las vías centrífugas del movimiento. Estas son las zonas de proyección. La diferenciación fisiogénica del cerebro va despertando apti- tudes especializadas de algunas zonas, que la herencia nos ha legado y que ponemos en acción por experiencia individual. Así los lóbulos occipitales, en los que terminan las vías ópticas, y las temporales, donde terminan las acústicas, reciben mejor es- tas sensaciones y provocan movimientos de acomodación en los órganos receptores periféricos (analizadores de Pawlow). To- das las impresiones-sensaciones de sensibilidad general o espe- cial estimulan la actividad de la corteza en su función motriz y la zona de origen de esta vía puede retener y acumular la ener- gía, provocando más tarde movimientos que aparecen espontá- neos. Así se diferencian las zonas corticales motrices y senso- riales en los mamíferos superiores y en el niño, que más tarde establecen vías de comunicación entre sí, multiplican sus neu- rones especiales: la función crea vías y zonas'con neurones de asociación entre aquéllas y es en esta intermedia donde la fun- ción se diferencia una vez más, agregando a las sensaciones su nota personal: la perceptividad. La diferenciación funcional sensorial y motriz de la corteza cerebral es muy primitiva en los retardados mentales llamados fisiológicos y muy lenta en producirse. En los retardados pato- lógicos, agenésicos o disgenésicos, más lenta aún o no se rea- liza, pues la mielinización de las vías de conducción queda re- ducida a las zonas inmediatas a la recepción sensitiva, senso- rial y kinetógena, encontrándose pocos neurones en la zona de asociación, que es la psíquica propiamente dicha. La retarda- ción no compromete la función sensoriomotriz general del ce- rebro; exagera, por el contrario, la motricidad, que se hace más animal por falta de inhibición, base fisiológica de la psi- quicidad. Las disgenesias y agenesias de la epilepsia, demencias orgá- nicas, idiocia, imbecilidad, etc., deforman o detienen el desarro- llo normal del cerebro y su función, fijando como definitivos 62 tipos morfogénicos inferiores, que en la ontogénesis del cere- bro del hombre deben ser etapas transitorias de su elevación. La función de la corteza cerebral unifica y sintetiza las acti- vidades primordiales de los centros o zonas que son sensitivo- motrices conjuntamente, pues cada estímulo provoca reacción sensoriomotriz, siempre mixta. Los actos corticales resultan asi de la combinación de varios actos mixtos (a base visceral, locomoción, sensitividad, senso- rialidad, motricidad y excitación o inhibición), en un único proceso energético de cierta estabilidad y tensión por el meca- nismo asociativo o nemónico de la zona de asociación o de toda la corteza. (Jakob.) Los centros corticales primordiales, son: olfativo, visceral y tacto-muscular que existen en todos los vertebrados con cortex. Los centros secundarios o tardíos: óptico, acústico, estokinético, frontal indirecto, existen en los vertebrados más diferenciados y especialmente en los mamíferos, según Jakob. Después, aún hasta el hombre, no aparecen otros centros más nuevos, pues aquellos diferenciados llegan a un completo desarrollo y a co- nectar mejor y multiplicar sus relaciones. La cerebración nor- mal responde, pues, a un único proceso energético integral que unifica las actividades parciales primitivas. La junción psíquica general. Síntesis de la vida psíquica Disociación en la histeria La sensación-percepción es la unidad primera del conoci- miento y la perceptividad es la expresión primera de la función propia del cerebro. No obstante la unidad sensoriomotriz de la corteza, hay estados fisiológicos (sueño, distracción) en los que la sensación-percepción existe como actividad parcial del cerebro, sin acompañarse de la síntesis cortical total que hace consciente y personal el acto cerebral. Estos estados de disociación psíquica, normales en nuestras oscilaciones diarias del nivel mental, suelen persistir y hacerse permanentes en la epilepsia, histeria, parálisis general, etc. Grasset fundó su teoría de los dos psiquismos en esta disocia- ción que puede explicar: en automatismo locomotor y psicoló- gico: hipnotismo, sugestión, mediunnidad, etc., etc. 63 Janet explica así también las amnesias y anestesias histéricas a que atribuye las parálisis, agnosias, asimbolias y apraxias (no orgánicas) funcionales de la perceptividad. Los dos psiquismos de Grasset el automatimo psicológico de Janet y la disociación funcional de la corteza cerebral, so*' for- mas o estados análogos de la pí.quicidad. La atención es la expresión de la unidad del tonismo psíqui- co y su condición fisiogénica necesaria. La distracción fragmen- ta, desintegra la unidad y síntesis del proceso mental. La pre- ocupación concentra la tensión neuropsíquica en una parte sola de la corteza (Véase: H. G. Pinero, Psicofisiología de la aten- ción y de la conciencia, 1904). Los estados histéricos son estados neuropáticos de distrac- ción o aprosexia; pues la histeria es una enfermedad (hoy un sindroma) psíquica. Sus síntomas objetivos principales: anes- tesias, amnesias, abulias, parálisis, sean sistematizadas, locali- zadas o generales, transitorias o continuas, pueden ser expli- cadas por la disociación funcional de la corteza en el proceso único, sintético e mtegral de la cerebración personal consciente. Los estados sonambúlicos son modificaciones, desviaciones de la memorización asociativa, análogos al siieño, a los sueños y ensueños. La memoria alternante y recíproca se observa en es- tos estados sucesiva o retrospectivamente. Así también se re- produce el olvido o el recuerdo. Estas variaciones de la memo- ria, más o menos sistematizadas, no se hacen idénticas sino cuando la repetición y su contenido de sensibilidad se ha hecho equivalente. En el caso de los hebefrénicos (Cecilia X: procaz e insolente en un ataque, sumisa y mística en el siguiente, etc.), y éxcitomaniacos (María G., de nuestro servicio en el hospicio de alienadas). Los estados superiores e inferiores de sonambulismo de P. Ja- net, corresponden a los dos psiquismos: superior e inferior de Grasset. En la histeria hay incapacidad, impotencia de poder centra- de síntesis psíquica por la conciencia personal, para la constitución y función del yo. Tres leyes psicológicas se constatan en las histéricas: i.a El sujeto ha perdido el poder de ejecutar conscientemente actos nuevos (abulia) como el amnéstico ha perdido el poder de evo- car conscientemente el recuerdo de hechos recientes; 2.a El 64 enfermo ha conservado el poder de ejecutar conscientemente ac- tos antiguos ya organizados (abulia), como el amnéstico tam- bién conserva el recuerdo consciente de hechos antiguos; 3.a Conserva el abúlico, como el amnéstico, el poder de ejecutar todos los actos, aun nuevos, inconscientemente. Estas tres leyes se explican porque el histérico tiene gran retraimiento del cam- po de la conciencia (como del visual) y debilidad por falta de tonismo de su percepción personal (Pierre Janel). La sugestión y la sugestibilidad en los histéricos La sugestibilidad es fácil en los histéricos porque conservan sus complexos psíquicos más coherentes en la unidad perceptiva inicial y los reproducen íntegros d'emblée (lo que es difícil en la percepción normal consciente que discrimina, reduce y co- rrige), sin referirlos al medio exterior ni a su personalidad. Así aparece el automatismo psicológico, involuntario, impersonal, no real y subconsciente, como un estado de la mentalidad de los histéricos, a base de imágenes libres, sin contenido ni apoyo en sensaciones-percepciones, ciertas, acordes con el ambiente. Esta última es la perceptividad voluntaria, consciente y personal, que vincula el pasado al presente y concibe el futuro sobre el mundo real. La sugestión es el déclanchement automático de aquellos com- plexos, provocado por una idea que el enfermo exagera o de- forma, y que actúa como una llave que los pone en movimiento, sin participación de la voluntad, de la personalidad y sin actua- lización, e independientes de las circunstancias presentes (caso de Margot). Las anestesias, amnesias y abulias de los histéricos, que son disociaciones de su poder de síntesis psíquica, engendran la psi- cosis de duda, escrúpulos, fobias, impulsiones, ideas fijas y des- doblamiento de la personalidad con o sin negativismo; pero por impotencia de actualización. Es el pasado que domina. t>or falta del self-control presente, como estado habitual en los histéricos. Así es también el viejo, y como dice Bergson del hombre nor- mal, es: con nuestro pasado que deseamos, queremos y senti- mos (Evolución creadora, pág. 6), y agrega Durkheim: "en la función en que vivimos". La personalidad se forma por etapas 65 contiguas, sucesivas, de relaciones internas y externas que tota- liza y unifica la síntesis psíquica. La histeria, como una neurosis psíquica, permite la vivisec- ción psicológica en el estudio de las funciones psíquicas. No es posible aceptar con Babinsky que toda la histeria es sugestión (Pitiatismo), ni con Charcot que todos los histéricos son hipno- tizables y viceversa; pero la clínica enseña que: en la histeria la disociación funcional psíquica es su característica psicológica, como dice P. Janet, es la formación y disgregación en el espí- ritu de dos grupos de fenómenos: uno constituyendo la persona- lidad común, el otro susceptible de dividirse formando una per- sonalidad anormal diferente de la primera y completamente ig- norada por ella. Así, dice Janet, aparece el desdoblamiento de la personalidad, incompleta la primera por sus taras histéricas (amnesias, abulias, etc.), y la segunda dominándola y mostrán- dose brillante y única. Son los estados hipnoides de Breuer y Freud, y la disociación consciente en una doble existencia de algunos casos célebres. En el proceso Caillaux, el defensor La- bori ha invocado el desdoblamiento de la personalidad, certifi- cado por un distinguido alienista francés, para irresponsabilizar del crimen pasional a la procesada y el jurado ha absuelto. La disociación funcional de la corteza no permite, pues, la síntesis psicofísica del pasado en relación con las circunstancian del presente, que es la base y condición de la personalidad cons- ciente capaz de actualizarse en todo momento. La perceptividad sensorial del niño, como de los histéricos y otros, es: fragmentaria, aislada en una zona específica que la atención parcial ha acomodado o dispuesto con sus unidades - percepciones, representaciones pasadas - para interpretar, pro- yectar y objetivar la sensación recibida, en el espacio y fijarla por la memoria asociativa entre aquellas unidades que la repro- ducción por el recuerdo ubicará en el tiempo. La histeria retrotrae el proceso perceptivo sintético superior al perceptivo sincrético inferior, que no depende de un proceso tensivo único integral de la corteza, del que surge tínica la sín- tesis consciente del yo. El niño, como el histérico, sienten y per- ciben ; pero impersonalmente como los animales. No tienen su self-control para poder decir: yo siento, yo veo, etc. 66 Clasificación de las funciones y actos psíquicos en general (Janet, Grasset, Dumas) Actos psíquicos [de recepción y de representación. • l.o Sensación y tensión. 2.o Percepción e idea. Funciones psíquicas generales Actos psíquicos de elaboración in- telectual y reflexión l.o Atención. 2.0 Memoria, 3'0 Asociación e imágenes. 4.o Imaginación. 5 o Comprensión. Juicio.Razonamien to. Actos psíquicos de volición y ex- presión .4 l.o Voluntad y decisión. 2.o Ejecución y movimiento. Individual l.o Percepción. Ideas. 2.o Voliciones, l.o Actos psíquicos sociales 2.0 Actos psíquicos colectivos. l.o Actos psíquicos vida sexual. 2-o Actos psíquicos vida en familia. Funciones psíquicas particulares Actos psíquicos de con-1 servaelón y desarrollo/ de la vida. Sociales, El hombre en sociedad y sociedad' de hombresI De la especie La psiquicidad instintiva y sensorial. Génesis de la personalidad La emoción La vida afectiva es la primera, con sus sensaciones viscera- rales, cuyas raíces orgánicas contituyen el núcleo fisiopsíquico de las necesidades y apetitos (o tendencias) del instinto de con- servación (nutrición y perpetuación). Dado su contenido orgá- nico visceral, estas tendencias, y su satisfacción necesaria y fa- tal. se acompaña de energía en potencia que provoca a la acción con sacudida y conmutividad de todo el organismo (Spencer), como un coeficiente tonal que los caracteriza. El hambre, la sed, la fatiga, la sexualidad, son estados orgánicos de necesidad, tanto más tiránicos en su ejecución, cuantos más resistidos son. A medida que se intelectualizan, la conmoción-sensación es me- nor, la necesidad pasa a ser deseo y su satisfacción puede quedar en proyecto y no ser ejecutada. Son estas sensaciones viscerales de la vida instintiva, que se fusionan en un eco subconciente, la base fisiológica de nuestra noción de existencia física, que la enfermedad disocia o deforma; se exageran o deprimen en la vida normal, creando estados emotivos (conmoción) por la desarmonía funcional o el dolor, que provoca la atención, la conciencia del malestar, la preocupación, la aprehensión, el mie- do a la enfermedad y a la muerte, porque en la vida orgánica 67 sana la inteligencia no percibe percepciones-sensaciones internas sin contral real exterior. Son unidades o complexos psíquicos desconocidos que provocan la duda y el temor. De aquí la ce- nestomanía de los sujetos aprensivos y la cenestopatía que lleva o no al delirio hipocondriaco, etc. La cenestesia es el sentido de nuestra existencia física; es la conciencia de nuestro yo físico y comprende todas las sensa- ciones de nuestro cuerpo y de nuestros órganos, que en el estado normal nos da la noción de bienestar. Estas sensaciones son bási- cas, como que son orgánicas, en la formación de nuestra perso- nalidad ; pero que no son únicas. Las unidades sensoriales, percepciones-representaciones e imágenes forman los comple- xos psíquicos propiamente dichos del yo psíquico, complemento del primero, y la síntesis que totaliza y unifica estos estados de conciencia hace el yo total: la personalidad. Son unidades todas que constituyen el contenido del conocimiento, de la psiquis, movido por la inteligencia para mezclar, combinar y asociarlas entre sí, restando de ellas, modificando o agregando otros com- plexos psicológicos antiguos o recientes, que engendran nuevas unidades por cerebración propia. Así, en la vida instintiva del niño, la entrada en función de sus órganos de prehensión y masticación que estimulan el gusto y el olfato, crea nuevas sensaciones en la alimentación y nutrición que serán núcleos de percepciones-representaciones e imágenes y después unidades psíquicas y excitantes de las mismas funcio- nes que las engendraron. Lo propio puede ser dicho en los esta- dos afectivos de las crisis fisiológicas de desarrollo (pubertad) e involución (biopraxias) en los que los órganos nuevos en fun- ción originan sensaciones-emociones ignoradas hasta entonces, y éstas, a su vez, emociones-sentimientos desconocidos, que mo- difican la vida psíquica y física de la niña que se hace mujer y del joven que se hace hombre. Las necesidades, apetitos y deseos, que podemos llamar ten- dencias e inclinaciones, constituyen una fuerza; la energía acti- va, orgánica, de formaciones y complexos fisiopsicológicos. Ribot admite la diferenciación e integración evolutiva de las tendencias e inclinaciones biogénicas de nutrición, con el agregado de las tendencias biodinámicas o biopsíquicas de la 68 vida de relación (nutricidad y sensorialidad), las que reunidas a las primeras engendran a su vez sin desaparecer ni unas ni otras, las inclinaciones propiamente psíquicas. Así, dice D'Allon- nes, se dispone la conciencia en mecanismos especiales: la afec- tividad mueve los sentimientos por aspiraciones afectivas, la emoción tierna; la actividad por el juego de necesidades de mo- vimiento; el conocimiento o mejor la inteligencia por el juego de la perceptividad y las unidades sensibles que incorpora en su función; el pensamiento por el trabajo de elaboración de ideas generales, orientaciones intelectuales, conocimientos, etc. Este conjunto fisiopsíquico forma la base de la personalidad subjeti- va, condiciona la voluntad y su conducta en la relación externa y permite fijar el momento de nuestra existencia... por la con- ciencia del tiempo afectivo en la sucesión del ritmo de nuestra vida (D'Aollonnes). (Estudio de la enferma de D'Allones, Alejandrina. Ver: Les inclinations: leur role dans le psichologie des sentiments, página 164 y siguientes.) Estos enfermos, que no tienen emociones por su insensibili- dad visceral, pierden también la percepción afectiva de la suce- sión de su vida diaria; pero pueden conservar la aptitud de cons- truir artificialmente, por su inteligencia, una noción abstracta de su tiempo con percepciones-representaciones pasadas y pre- sentes, sin conmoción sensible de real actualidad. Los estados emocionales son radicalmente afectivos, orgáni- cos. viscerales y subsidiariamente representativos. Su contenido fundamental son las sensaciones-conmociones de las visceras y de los órganos de la vida de relación en las actitudes, gestos, lenguaje y mímica de la expresión. Complementan a éstas las percepciones, imágenes, ideas y to- talizadas todas en un complexo fisiopsicológico, se crea el esta- do emocional consciente y personal. Las teorías fisiológicas: centralistas de Lange y de Sollier, así como las periferistas de James y Sergi; las teorías cerebrales y neuropsíquicas de Binet y Lapicque. y la visceral de D'Allonnes. son todas derivadas del concepto de los mecanismos nerviosos que condicionan las pasiones humanas y los sentimientos, de Descartes y Malebranche. Las reglas de Spencer: de la conmot1' - vidad orgánica, los principios de Darwin y de Wundt, que pre- 69 tende regir la expresión de las emociones en los animales y en el hombre, si no excluyen, colocan en segundo plano la cerebra- ción genética de la idea que inspira la teoría intelectualista de Herbart, lo que no es exacto, porque ocupa el primer término. Las experiencias de Schcrrigton, Bechtrew, sobre perros anes- tesiados total o parcialmente, por sección de vías nerviosas cen- trípetas o centrífugas y excerebraciones previas o posteriores; la excitación y destrución de ganglios de la base en el perro, de Gemelli y Pagano, tienden a invalidar, como quiere F. Frank, el exclusivismo de las teorías fisiológicas periféricas, por cuan- to: si puede haber centros nerviosos que dirigen la expresión somática, ésta no constituye por sí solo la emoción pues la idea, la representación cerebral y la conmotividad visceral y locomo- triz, unificadas en síntesis consciente y personal por el proceso psicológico integral, único y estable, es lo que determina el es- tado de conciencia emocional. Así lo demuestran las enferme- dades mentales que disgregan estos estados en sus complexos componentes, como veremos en los enfermos alienados o sim- plemente afectados de trastornos psíquicos.. PSICOSIS DE LA VIDA AFECTIVA; CARACTERES PSICOLÓGICOS (Clases clínicas en el Hospital nacional de alienadas) La cenestesia, hemos dicho, es: el conjunto de sensaciones de nuestras visceras y aparato locomotor que, unificadas en el ce- rebro. nos dan la conciencia de nuestro yo físico. La noción de bienestar y de salud es la resultante de la armonía funcio- nal de nuestro organismo y nos damos cuenta de ella por la ne- gación de existencia de nuestros órganos (Schopenhauer). En el estado normal no alcanzamos a discernir las sensaciones espe- cíficas de cada órgano, en reposo o en trabajo; pero desde el momento que éstas se imponen a nuestra atención y nos dan una sensación persistente y ansiosa de nuestro cuerpo, aparece la cenest apatía: es la nota discordante en el registro cerebral ar- mónico de la fisiología de nuestros órganos (como dice Ziehen). Para Richet, la noción vaga de nuestra existencia corpórea no sólo depende de las visceras por vía del simpático y del vago, sino de excitaciones periféricas de la vida de relación. Kensis establece como normal la eucenestesia; la hipercenestasia o eufo- 70 ria: sensación exagerada de bienestar físico, como en la paráli- sis general, ciclotimias, etc. Hipocencstcsia y acenestesia: de- presión o déficit de la sensación de vida física como en los me- lancólicos, hipocondriacos y en el delirio de negación. Paracenestesias, las más comunes, son las desviaciones de la personalidad cenestésica, la metamorfosis de la personalidad físi- ca, como en las zoopatías, demonopatías, etc., que se observan frecuentemente en la debilidad mental, estados demenciales, psi- cosis maníaca depresiva, etc. Las cenestopatías constituyen un síndrome que puede presen- tarse solo o al lado de otros signos de psicosis o psiconeurosis o cubriendo los signos clásicos de un ansioso, obcecado y un de- lirante (Austregésilo). Estos estados depresivos y ansiosos de la vida vegetativa son más frecuentes en la mujer, en sus crisis de evolución y de involución; en la vejez, arterieesclerosis, en- fermedades abdominales y aparecen más en las grandes ciuda- des que. en el campo, en los latinos más que en los sajones, en los traumatismos morales, en las infecciones e intoxicaciones crónicas de sujetos predipuestos. Son enfermos que empiezan por sentirse tales por la cabeza, el vientre o el tórax (Dupré y Camus), y su preocupación es tal que no hablan, sienten ni pien- san otra cosa: llevan su vientre en la cabeza, se ha dicho... porque las sensaciones de sus plexos abdominales son mal inter- pretadas y aunque sin delirio viven gimiendo y atormentan su vida, pues sienten anormalmente su cuerpo, dudan de sus órga- nas y niegan su existencia, fija y persistentemente. Así se cons- tituye la hipocondría física y el delirio de negación (Cotard), a base sensitivo-psíquica, que en sus comienzos ha podido ser: aprensiones exageradas, splcen tenaz, rarezas, escrúpulos pue- riles de orden instintivo, etc., cuyos lamentos los llevan en cons- tantes consultas médicas. Los cenestópatas son neurópatas ta- rados - no son delirantes - porque su desequilibrio se hace en la esfera de la sensibilidad y pueden ser curables por el aisla- miento, la psico y clinoterapia que les alivia y consuela siempre. Todas las psicosis de vida afectiva (melancolías en general) tienen sus raíces orgánicas en la vida visceral, conmueven el to- nismo instintivo, deforman o anarquizan la sensibilidad interna o desorientan, confunden, trastornan la psiquis y hasta pervier- ten sus actos (moral insanity, de Prichard). Más tarde, a veces conjuntamente con las cenestopatías aparecen falsas interpreta- 71 ciones, ilusiones y alucinaciones viscerales, ideas delirantes: de metamorfosis, grandeza, enormidad, como en la hipocondría fí- sica y moral, en el delirio hipocondríaco, en el que la conmo- ción orgánica es mínima, y abundan, en cambio, las imágenes e ideas de autoculpabilidad, ruina, damnación, persecuciones, me- galomanía en mezcla contradictoria, ridicula o absurda, como las pretensiones de inmortalidad, fabulación angélica, etc., o su an- títesis : la muerte, el enterramiento y la creación de otra perso- nalidad sin el mismo o con el mismo cuerpo y alma que tuvo la primera. La cenestesia es, pues, la base física necesaria de nuestra per- sonalidad ; su desviación, por la enfermedad, constituye un sín- drome de trastornos mentales, que puede ser transitorio o defi- nitivo en la alienación, a coeficiente tonal afectivo intenso; ésta es su esencia y carácter psicológico que la define. He aquí cinco enfermas: cenestómana, cenestópata, hipocon- dríaca física y moral y con delirio hipocondríaco, que demues- tran la importancia de las cenestopatías en el desequilibrio mental. PSICOSIS CONJUNTA DE LA VIDA AFECTIVA Y DE LA VIDA INTELEC- TUAL, CON O SIN CONCIENCIA. SUS CARACTERES PSICOLÓGICOS. LA EMOCIÓN MÓRBIDA. El delirio emotivo (de Mo. el) ofrece signos ? r.) y caracte res psíquicos propios de la vida afectiva y de la vida intelectual, como las ansiedades, angustias, obsesiones, fobias e impulsiones que en forma episódica pueden acompañarle. Desde una con- moción intensa de desesperación irreductible hasta la obsesión ideativa, con o sin repercusión emotiva irreductible se observa graduaciones crepusculares que se confunden o estados intelec- tuales aparentemente puros como: las ideas fijas, ideas incoer- cibles, imperativas, etc., que persisten en forma estática sin ten- dencia motriz y sin la menor revivicencia emocional. A la in- versa, en otros casos la idea sola provoca la explosión motriz en un acto único que es ejecutado en todo o en parte, aparen- temente irresistible, del que se da cuenta el enfermo y avisa, re- teniéndose ansioso, desesperado por su contensión, o lo realiza muy a su pesar, o no se opone y siente pena o contento después, (1) Considerado por éste como una neurosis especial de la emotividad y no eomo una psicosis 72 con sensación de alivio y hasta bienestar, por haber pasado el ataque Este complexo psíquico consciente, lúcido, formado por: la idea-fuerza y los actos de relación pensados, primero en proyec- to sin ejecución o ejecutados, sentidos en su génesis, desarrollo o finalidad fatal o contenida, constituye un conjunto de fenó- menos somáticos kinestésicos de la vida de relación, provocados por la idea fija, obsédante de los estados de emotividad y emo- ción mórbida. La enfermedad, que desvía o deforma, deprime o exagera las cenestesias y las kinestesias o sensaciones de la vida de relación, creando u obedeciendo a ideas falsas y de cu- yo conjunto tenemos o no conciencia parcial o íntegra, nos de- muestra la base sensitiva motriz afectiva o instintiva de las psicosis depresivas, melancólicas, egocéntricas, sosteniendo ideas v representaciones delirantes, subsidiarias, las que a su vez actúan sobre la vida afectiva y cierran el círculo vicioso que provoca y mantiene el mal. Morel y los franceses (Pitres, Seglas, etc.), hacen de la ob- sesión una perturbación esencialmente emotiva, a localización sobre el simpático y sus plexos abdominales (centro abdominal de Bichat) ; mientras Westphal y los ingleses (Mickle y otros), ven en la obsesión un acto puramente intelectual al que acom- paña o no una pequeña reacción emotiva provocada por la idea obsédante. Para Morselli. Tamburini y la escuela italiana en general, la base es la idea fija que provoca alteraciones intelec- tuales (paranoia rudimentaria ideativa) o impulsiva (paranoia rudimentaria impulsiva ) ; pero la emotividad es siempre secun- daria. - Krat-Ebbing y los alemanes piensan también que la emoción es consecuencia de la idea dominante y Freud, de Vie- na, admite el predominio de la emoción sobre la obsesión, crean- do una neurosis especial, la neurosis de angustia, la que es un caso particular cuya patogenia, para Freud y su doctrina, es ce- nestopática, lo que es discutible. Para nosotros los estados emocionales, normales o patológi- cos, constituyen: un complexo psicológico a base orgánicoafca- tiva con representaciones o ideas, es decir: elementos intelectua- les que anteceden, acompañan o siguen a la conmotividad, pre- dominando aquéllos o ésta en el proceso integral de la emotivi- dad e idealidad mórbida, que la enfermedad disocia, fragmenta 73 o deforma en el todo o en sus partes constituyentes. Esta vivi- sección psíquica que hace la enfermedad, permite al psicólogo conocer la variedad de unidades o elementos fisiopsíquicos que forman y constituyen nuestros estados de conciencia. Y si se piensa que esas unidades, principios básicos del conocimiento, son fabricadas por aptitudes hereditarias o adquiridas en el me- dio vivido, se tiene la nota personal de cada tino en su psicogé- nesis normal o mórbida. Según las tendencias afectivas, del ins- tinto o intelectualidad, así será el temperamento fisiopsíquico propio a cada sujeto y.su vida psicológica normal ha de orien- tar en todo momento sus estados de enfermedad. La ¡dea, pues, producto de la cerebración sobre sensaciones- percepciones presentes o pasadas, representaciones e imágenes, inicia en general la conmotividad cuando domina exclusivamen- te 1a conciencia sin otro contralor: es la idea fija, el estado mo- noideico, que no da entrada a ninguna otra percepción o reduc- tor antagonista que fija la verdad objetiva y real. La percepción, la noción y el proceso cerebral de la ideación Psicosis y trastornos de la vida intelectual (i) Las unidades que constituyen nuestro contenido mental o conocimiento, y que mueve, cambia y elabora la psicogénesis con su función inteligencia, se forman: con las sensaciones vis- cerales y somáticas de relación, con las sensaciones especiales de los sentidos - tan completas que son casi percepciones - y con las percepciones-representaciones e imágenes, modificacio- nes o transformaciones de aquéllas y de estas últimas principal- mente, persistiendo más o menos reducido el núcleo sensorial como su esiroma real. Si las cenestesias y kinestesias han cons- tituido las impresiones-sensaciones que, reunidas por una sínte- sis perceptiva, nos dan la conciencia de nuestro cuerpo; las im- presiones sensoriales de los sentidos, reunidas o aisladas por una perceptividad más precisa y discriminativa, nos dan la no- ción y conciencia del mundo exterior, de lo real. Aquéllas son la base física de nuestra personalidad; éstas el apoyo dinámico que afirma nuestras relaciones, nuestra actividad, con todo lo que nos rodea, penetrándose unas y otras por la síntesis psíqui- ca de nuestra conciencia personal. (1) Véase H. Gr. Pinero, «Atención y cerebración». 1902. 74 Por otra parte: nuestra cerebración subconsciente o conscien- te, elabora con la inteligencia en nuestro conocimiento, otra cla- se de unidades psíquicas, diferentes de las dos primeras, por carecer oe núcleo o sensorial, aunque hayan entra- do en su composición: restos de sensaciones-representaciones pasadas o elementos fragmentarios de una o más percepciones actuales, a <as que la inteligencia agrega algunas otras antiguas, propias del conocimiento, con una cohorte de imágenes que mo- difica, ce forma. reduce o exagera las nuevas unidades que son incorporadas al contenido mental como producto propio de re- ciente o actual elaboración. La cerebración inteligente y la psi- cogénesis normal trabajan con estas tres clases de unidades psí- quicas v las múltiples y variadas combinaciones, mezclas, subs- tituciones y creaciones nuevas que la memorización asociativa condiciona y la imaginación enriquece bajo el contralor selectivo de la atención que aísla, abstrae, enfoca, para facilitar el dis- cernimiento- la comparación y clasificación razonada de la que surge la noción y más tarde la idea, son las distintas etapas del proceso cerebral de la ideación - proceso fisiogénico único, in- tegral, estable bajo una tensión ponderada de la corteza que engendra el estado consciente y personal. Como todo proceso fisiológico es orgánico y tiene sus apara- tos y mecanismos que requieren irrigación sanguínea de nutri- ción y de trabajo y drenaje que los depure; su actividad consu- me materia y energía especiales y engendra residuos también especiales que deben ser eliminados, aunque no ha sido posible definitivamente clasificarlos. La función psicogénica mal o bien desarrollada, procede de la especie y su dinamismo requiere la experiencia individual y el medio como estímulos fisiológicos que la diferencien y la activen. La instrucción da la materia pri- ma para la elaboración intelectual en el conocimiento y la edu- cacinó metodiza, consolida y hace fisiológico y económico el tra- bajo mental. Ahora bien1; en toda percepción nuestra inteligencia agrega a la sensación presente una serie de unidades del conocimiento con las que construye la percepción-objeto; la cerebración ubi- ca y localiza en el espacio y clasifica en el tiempo-bajo el con- tralor consciente de lo exterior, de lo real y en función de nues- tra personalidad-que vive en sí y por sí en familia y en socie- 75 dad. Si, presente una sensación, la serie que agregamos no co- rresponde o la percepción la deforma, tenemos la ilusión. Y si no habiendo sensación presente, nuestra inteligencia exteriori- za una percepción con unidades puramente sensoriales, que objetiva y acepta como reales, tenemos la alucinación. Por último, si la cerebración inteligente se hace con unidades ela- boradas en el conocimiento-producto de percepciones y represen- taciones pasadas o presentes-que han sido despojadas de su traic sensorial originario, en todo o en parte, tendremos, las ideas y las interpretaciones, que serán exactas, falsas o deliran- tes, si corresponden o no las relaciones internas o externas del sujeto con el medio en que vive. . .La interpretación cierta es una operación intelectual que tiene por base esencial unidades sensoriales- percepciones rea- les; mientras que la interpetración falsa tiene, como la ilusión, un mínimo de percepciones sensitivas-sensoriales y un máximo de unidades psíquicas, sin núcleo sensorial ni perceptivo real. Cuando desaparece aquel mínimo de unidades sensoriales ac- tuales y la inteligencia trabaja con unidades permanentes repre- sentativas o imágenes, surge en el conocimiento la idea, que, como la alucinación, no tiene contenido sensorial presente. Por esto se ha dicho: la interpretación delirante es a la ilusión como la idea delirante es a la alucinación. Hay, pues, en la vida de la psiquis, en su función intelectual, dos factores importantes: uno estático que es el contenido men- tal o conocimiento formado: i.° con unidades de la vida afecti- va o instintiva - cenestesias y kinestesias - somáticas que nos dan la noción de nuestra existencia corpórea; 2.° unidades per- ceptivosensoriales que nos dan la noción de nuestras relaciones con el medio; 3.0 unidades psíquicas que, si bien tuvieron o tie- nen un germen sensitivosensorial, son transformadas en pro- ductos nuevos elaborados en el conocimiento por el proceso de cerebración consciente o subconsciente. Sensaciones, percepcio- nes, representaciones, imágenes e ideas son las unidades del co- nocimiento, que las retiene por la memoria y asocia y compara por la inteligencia, el gran factor dinámico y psicogénico de nuestro juicio y razonamiento. 76 PROCESO cerebral de la ideación mórbida, psicosis sistema- tizadas GENERALES y parciales (Clases clínicas en el Hospital de alienadas) La enfermedad, así como compromete la vida afectiva, puede desviar la vida intelectual y perturbar el funcionamiento regu- lar de la inteligencia en sus operaciones de adquisición, inter- pretación y elaboración de las unidades del conocimiento, sea en los comienzos de la psicogénesis, haciendo un mal contenido mental (enfermedades congénitas y juveniles), un conocimien- to insuficiente o pictórico, con unidades confusas, irregulares, no bien elaboradas; sea trastornando el dinamismo cerebral cuando e! conocimiento está constituido y bien provisto de bue- na calidad y cantidad de unidades psíquicas (enfermedades men- tales adquiridas), que pueden deformarse por la viciación mis- ma del proceso que las trabaja, desigual o irregularmente. Así surgen los trastornos mentales y de alienación: alucina- torios, delirantes, confusos en las psicosis intelectuales, sin ma- yor conmoción orgánica; expansivos en general, egolífugos en su gran mayoría, que suelen ser puramente intelectuales como en la psicosis parcial, en la locura razonadora y delirios de in- terpretación ; mientras que en las psicosis de la vida afectiva, en las que el instinto de conservación está comprometido, son las cenestesias desviadas, cenestopatías, las que deprimen, preo- cupan y desesperan al melancólico en su delirio egocéntrico, con ilusiones y alucinaciones viscerales, a las que se agregan ideas de negación, de ruina, autoculpabilidad, etc., etc. (Ver psicosis afectiva). Estos son enfermos tristes; aquellos expansivos, ale- gres o indiferentes: pero locuaces y bulliciosos. La vida de la mujer, más afectiva e instintiva que la del hom- bre, no sistematiza tampoco su vida de relación exterior por el trabajo especializado, como éste que debe subvenir a las nece- sidades de los suyos. De aquí que los trastornos mentales y la alienación en la mujer sea principalmente en el orden afectivo, en su instintividad más que en el orden intelectual (salvo la mu- jer instruida, superior, etc., que desvía su psiquis en ambos ór- denes) ; es más tranquila su psicosis, más confusa, menos es- pecializada que en el hombre, tiene mucho de la imaginación del 77 niño, es sentimental y si las ideas delirantes pueden ser indivi- dualizadas, no perduran dentro de un sistema, se mezclan y combinan generalmente con otras diversas y contradictorias. La sistematización de la psicosis en la mujer no es, pues, precisa, sino en sus comienzos, se hace la ideación muy pronto polimorfa y la desorienta, confunde y anarquiza su psiquis, pri- vándole de su conciencia personal, de su apoyo sobre el medio que la rodea, hasta que cae en un estado demencial transitorio o definitivo. He aquí seis enfermas de psicosis sistematizadas, de delirios crónicos sin evolución sistemática. Todas con alucinaciones e ideas delirantes, apuntando en dos de éstas la demencia vesá- nica. Esta otra alienada es una razonadora, con delirio de in- terpretación y concepciones absurdas, delirantes, sin alucina- ciones; es la psicosis parcial, paranoia así llamada porque sor- prende comprobar conjuntamente la razón, la inteligencia y el buen juicio alternando o concurriendo con la locura, como es la paradoja: verdad que parece incierta. Son éstas precisamente las que abundan en la sociedad y de ellas se ha dicho: no son todos los que están, ni están todos los que son. .. porque viven libres con sus manías, caprichos y ra- rezas; conservadores sempiternos, solistas sistemáticos, refor- madores, apóstoles o víctimas, genios ignorados, etc., que, en general, no incomodan ni son peligrosos. Otros son vanos, pen- dencieros, discutidores, agresivos, perseguidores, procesivos, querellantes (políticos, diplomáticos, poseídos, grafómanos), que suelen ser molestos y peligrosos y deben ser internados. Desde el simple discutidor por placer e ignorante vanidad, hasta el perseguidor-procesivo que vive en perpetua gestión judicial acusadora o reivindicatoría, la psicología estudia los matices crepusculares por los que pasa insensiblemente el flujo y reflujo de la razón a la locura. Estas oscilaciones del nivel mental, que muestran la existencia de la psicosis y el juicio, se observan en las locuras comunicadas familiares, como en esta observación personal en mi servicio: una madre con tres hijas solteras alie- nadas, que juegan tres roles diferentes: protagonista, apunta- dora del delirio, directora de escena, un hermano que las sos- tiene y padece trastornos mentales sin ser un verdadero alie- nado; pero que las abandona para no enloquecer y vuelve más 78 tarde para llevar su familia a Europa, después que sus herma- nas mejoran por el aislamiento y cuidado de esta casa. Ver Psicología clínica. La locura en familia. Psicosis comunicada familiar. Revista Renacimiento, número 7, por H. G. Piñero). "Entre la razón y la desrazón, entre la salud y la enfermedad mental, se observan oscilaciones de nivel psíquico de tenue colo- rido, transiciones imperceptibles muy difícil de precisar entre la razón y la locura, coexistiendo muchas veces una voluntad ponderada y un juicio inteligente con conceptos e ideas deliran- tes, razonamiento lógico, que absorbe el espíritu y rechaza todo contralor real... Así aparecen las locuras razonantes y delirios de interpretación (antiguas monomanías de Esquirol), en los que los signos ciertos de alienación mental no son constantemen- te visibles, sino aparecen y desaparecen, con caracteres no siem- pre iguales o variados, en plena lucidez intelectual u obscure- cidos por la penumbra de la alienación que muy rara vez ter- mina aquí en la demencia. Concepto médicopsicológico y médicolegal de la alienación Es loco el sujeto que siente o piensa o quiere en habitual y continuado desacuerdo con su medio y con su vida y conducta anterior individual, familiar o social. En la psicosis parcial, en las monomanías, los interpretado- res o razonadores son sujetos que deliran en ciertos momentos y sobre ciertas cuestiones, fuera de lo cual conservan un equi- librio psíquico casi normal. Son inteligentes, ilustrados, escri- tores, filósofos, hombres de acción y de trabajo regular, útiles a los suyos y a la sociedad; pero en los cuales una contrariedad o emoción intensa, que despierte sentimientos e ideas de simpa- tía o repulsión que representan una parte de su vida, de sus acciones y tendencias, hace estallar un delirio vivo, inteligente, lógico, razonado o pasional, con sus interpretaciones y concep- ciones absurdas, erróneas, invenciones y fábulas en las que creen con sinceridad indiscutible y motivan en éstas sus actos hasta acordar su persona a su locura... Así suelen ser los fa- tuos de la ley, ególatras imbeciloides y perversos. En cambio, los estados de confusión mental primitiva, cons- tituyen una o más formas de afección mental en los que apare- cen: aluciaciones, ilusiones, ideas delirantes poco abundantes, generalmente tristes y el enfermo muestra, sobre todo: una 79 dificultad evidente en: mover su inteligencia, en reconocerse, en comprender lo que se le dice, en ubicarse, en encontrar las pala- bras para las repuestas, en despertar sus recuerdos, sus gestos, aptitudes, con la agilidad que le era habitual. Estos estados confusos de la mentalidad son causados por intoxicaciones, sur- menage, infecciones, agotamiento fisico, etc., y son curables en general, a pesar de ser ruidosos e impresionantes y constituir los verdaderos locos (psicosis generales) para el público, es- pecialmente si la confusión acompaña la excitación maníaca pol- la sonoridad de sus palabras, la abundante y explosiva actividad y la descompostura de su indumentaria y de su persona. Actualmente se procura precisar el concepto médico y el con- cepto legal de la alienación mental, sobre las informaciones últi- mas de la psicología mórbida y de la psiquiatría clínica. (Par- lamento francés y Academia de medicina, 1913-1914.) Las expresiones "enfermos atacados de afecciones mentales" y "enfermos alienados", no son sinónimas y no deben ser em- pleadas indiferentemente. La primera comprende a la segunda; pero ésta no comprende a aquélla; la primera tiene un sentido médicopsicológico y la segunda un sentido médicolegal. Los alienados forman un simple grupo entre los enfermos de afecciones mentales: todos los alienados son enfermos de afec- ciones mentales; pero no todos los atacados de afecciones men- tales son alienados. Lo que caracteriza al alienado no es la existencia ni la natu- raleza de una afección mental, sino: los actos, su conducía y comportamiento, que imponen medidas necesarias para asis- tirlo y protegerlo por la incapacidad parcial o total demostrada en el cuidado de personas y bienes propios o ajenos, medidas que le pueden privar de su libertad o darle asistencia y protec- ción legal de su fortuna en forma tal que constituya el testimo- nio oficial de su estado de decadencia mental. (Bull. Académie de médecine, mayo 1914, París.) Este criterio inspira la refor- ma de la ley francesa de alienados de 1838; domina el proyecto de la ley Dubief, 1904, y de la cámara y proyecto Strauss en ei senado, 1913. El gobierno francés consultó a la Academia de medicina de París y a las sociedades médicas y psicológicas, de psiquia- tría, etc., cómo debía ser denominada la nueva ley, y la contes- 80 tación, por gran mayoría y casi unánime en la academia, fué que: "la nueva ley no puede ser llamada ley de alienados, sino ley relativa a los enfermos de afecciones mentales o psíquicas (sinónimas según la academia), entendiéndose que comprende los enfermos de afecciones psíquicas simples y aquellos que pueden ser tenidos por alienados; ley que no es de policía, sino de asistencia. El legislador debe tener menos en cuenta la naturaleza médi- ca de la afección mental que las formas de reacción-conducta, que constituyen el hecho objetivo jurídicamente apreciables: ( saisis sable ). Las afecciones mentales o psíquicas constituyen un término jurídico que comprende y es aplicado a todos los estados pato- lógicos o síntomas psíquicos; mientras que alienación mental es un término que responde a un concepto especial, preciso, ais- lado, alienas, y debe ser reservado psicológica y legalmcnte a las afecciones mentales (que no son las menos), que, además, de síntomas psíquicos, se acompañan de manera durable y ha- bitual de reacciones de conducta que requieren medidas de asis- tencia y protección muy especiales de la ley. Psicología de la vejes. La demencia y los estados dcmencialcs La decadencia de la psiquis se observa en los viejos, en la forma común de chochera, sensiblerie, etc., sin estado de alie- nación, por exaltación de la afectividad y falta de contralor in- telectual. Se presenta con una evidente reducción de activida- des, sentimientos, inteligencia y voluntad notorias, si se compa- ra con la vida y costumbres anteriores del sujeto. Los viejos se hacen egoístas, reacios a lo nuevo porque viven de lo pasa- do; resisten nuevas relaciones; eligen sus preferidos entre hijos y nietos a los que colman de regalos a expensas de los otros. . . o prefieren favoritos entre los sirvientes. Suelen ser autorita- rios, ir-itables impulsivos: son desconfiados y sus amnesias les hacen olvidar personas y objetos que reclaman, acusando de se- cuestración o robo. Son incapaces de cuidar y refrenar sus instintos, que resurgen con desigual e irregular vivacidad. De- jan de ser justos y ecuánimes con los suyos y con sus bienes, a pesar de exagerarse a veces en el instinto de propiedad (co- leccionistas ridículos); todos han sido héroes o tenorios... y aun viejos no declaran nunca su fisiológica decadencia, no tie- 81 nen memoria presente y viven éstos encantados con el recuer- do de su juventud. Sus preferencias caprichosas, su fácil sugestibilidad provo- can desaveniencias y cuestiones de familia, que dan intervención al médico para comprobar el estado mental, sin haber demen- cia de la ley; pero sí incapacidad relativa, que otras legislacio- nes hacen beneficiar de un consejo de familia, no admitido en- tre nosotros, y sin embargo, tan necesario ante la psicología y psiquiatría legal de la actualidad. La demencia vesánica es un estado de alienación mental ca- racterizado por el debilitamiento o pérdida parcial o total de las facultades (funciones psíquicas) intelectuales, morales y afectivas, sin posibilidad de restauración (Seglas). Es una afec- ción no congénita, adquirida, que se hace permanente y denun- cia el aplastamiento global y definitivo de la psiquis; este es el concepto médicolegal de la demencia. Pero no corresponde la afección a un proceso anátomopatológico único y exclusivo; por ésto, para la psicología y la psiquiatría, es un síndrome psíquico, por distintas lesiones cerebrales y variadas formas clínicas que se presenta como esencial por toda la enfermedad: demencia se- nil, parálisis general progresiva, demencia orgánicovasal, o acom- paña, ir oculta o disimula otros estados de alienación: demen- cia precoz, vesánica, etc. Así, pues, hay estados demenciales que no son absolutamente permanentes o habituales, que no corres- ponden entonces al concepto jurídico y legal de la demencia que supone: inferiorización, decadencia, aplastamiento, caída más o menos lenta ; pero global y definitiva de la inteligencia, de los sen- timientos y de la voluntad. . . comparado con el estado psíquico y la personalidad individual, familiar y social del sujeto ante- rior al estado de enfermedad. Los idiotas, imbéciles y débiles mentales de nacimiento, no son, pues, dementes vesánicos; pero sí son alienados. El demente vesánico ha sido un rico que ha perdido su fortuna mental; mientras nunca tuvo nada el idiota (Esquirol). ■Etimológicamente dis-mentia significa debilitamiento, desarre- glo o extinción de la psiquis. Es un estado mental incurable que puede reconocer diferentes orígenes, pero que se caracteriza por 82 la ruina irremediable de la razón (Ball) ; es primitivo y esen- cial y no secundario, como el debilitamiento mental que una emoción puede provocar en un maniaco exaltado o en un melan- cólico delirante, que seria transitorio; mientras que el aplasta- miento psíquico de la demencia "no es sólo en caliente, sino continuado en frío". La demencia es en muchos casos el final de algunas enfer- medades mentales, como los delirios sistematizados, alucinato- rios; es la asinergia psíquica en la vida de relación - como la asinergia cardiovascular es la caída final de los enfermos del corazón, de la circulación: irrigación y drenaje - y ésta como aquélla tiene varios orígenes que deben ser determinados para su clasificación: demencias orgánicas por alteraciones materia- les del encéfalo (senil; enfermedad de Alzeimer, por hemorra- gia, reblandecimiento y la demencia paralítica) ; demencias tó- xicas, el embrutecimiento total, habitual y definitivo de las gran- des. funciones psíquicas: alcoholistas, opiómanos y cocainóma- nos, saturninos; demencias ncuropáticas por histeria, epilepsia, y demencias vesánicas por alienación mental anterior... (Ball). Los viejos, los débiles psíquicos, la mujer predispuesta, los viciosos, el salvaje y el ignorante, caen más fácilmente en la de- mencia que el joven fuerte, robusto, sano, que el inteligente bien instruido, etc., que sale equilibrado después de uno o más ata- ques mentales; mientras que el vulgar sucumbe fácilmente. En general la demencia es tranquila: las exageraciones de ac- tividad disminuyen; las alucinaciones pierden su claridad, las ideas se hacen confusas, las obsesiones menos tiránicas, las ilu- siones e interpretaciones falsas aparecen desteñidas y opacas, las cenestopatías menos molestas y las funciones vegetativas mejoran; el enfermo empieza a comer por sí solo, a dormir, a darse con los demás, expresa algún contento y manifiesta re- signada adaptación; vive al día, olvida su vida anterior y los suyos; se mueve y anda en la misma forma y por los mismos sitios, trabaja y se ocupa en quehaceres inferiores maquinal- mente y después como autómata... es incapaz de algo nuevo en el hacer y en el decir, como en el pensar y sentir... ; no retiene los hechos y sus actos recientes... puede conversar des- pacio y bien; pero se fatiga su atención rápidamente y dice zon- zeras, y si escribe comete faltas de ortografía, sintáxis, omisio- 83 nes de sílabas o palabras que son características. Sus sentimien- tos todos, como sus actos se debilitan: no quieren ni odiaq co- mo en sus delirios; hablan de sus enemigos con moderación; se hacen obedientes, no discuten, son más manejables y dejan de ser peligrosos. .. Como pierden la memoria, pierden, con ésta, sus habilidades: aparece la incoherencia; son versátiles en largas e insulsas char- las, sucediéndose las palabras y frases sin orden, encadenamien- to, ni lógica, sin sentido alguno - por pobreza o indigencia de juicio; ■- mientras que el maníaco, lleno de ideas exuberantes, no tiene tiempo de exteriorizarlas, pasa de un sujeto a otro, por pensamientos discordantes que le orientan a través y no en línea recta. Así vive indiferente, inafectivo, ininteligente, inconscien- te. adaptado al medio, conservando un buen físico, a veces obe- so, contrastando con la debacle y la miseria psíquica, hasta que la degradación se acentúa: descuida y ensucia su persona, la sa- liva cae y la cabeza doblada sobre el pecho oculta la estupidez de la cara, con tics o gestos antifisiológicos que preceden o acom- pañan el balanceo animal que se observa también en los idiotas. Muy de tarde en tarde surge un resto velado del delirio que tu- vieron y terminan en gatismo, somnolientos, alimentados por otras manos, pues la amencia se completa, no hay voluntad ni iniciativa aun para la satisfacción de los instintos. Por otra parte, hay estados demenciales que son formas de debilitamiento psíquico, observados en la evolución de ciertas afecciones mentales; no son globales, ni definitivos, ni incura- bles, como en el delirio religioso crónico, en el delirio polimorfo de los degenerados, en el alcoholismo subagudo, en el de las per- secuciones, etc., sobre todo en las mujeres. También en la de- mencia precoz el estado demencial puede ser incompleto y tran- sitorio; pero a recaídas múltiples. (Ver: Sánete de Sanctis, Tipos mentales inferiores, y H. G. Piñero, Niños retardados. Congreso y curso de 1910). Clasificación psicológica de los tipos mentales inferiores Idiotas, imbéciles, débiles mentales, epilépticos y vesánicos, retardados patológicos y fisiológicos, atrasados pedagógicos y comunes (Sánete de Sanctis - H. G. Piñero opers. cits.) 84 La idiocia es una monstruosidad psicológica extrasocial; la imbecilidad es una deformidad antisocial (Sollier). Los idio- tas viven aislados consigo mismos, en la satisfacción incons- ciente de su instintividad animal; los imbéciles buscan acompa- ñar hombres y animales para satisfacer sus instintos destructores o pervertidos. En los primeros, el desarrollo de los centros ner- viosos superiores es anormal, es monstruoso porque se ha agre- gado elemento extraño en la arquitectura histológica o se han infiltrado elementos normales en sitios no correspondientes, como heterotopias de substancia gris en la substancia blanca. En la imbecilidad el desarrollo lia sido deformado y la desar- monía de la función es su consecuencia. En el débil puede haber una histoarquitectura nerviosa que no ha terminado toda su evo- lución final - he aquí la deficiencia de la función de relación individual, más visible que el retardo o deficiencia de la función social - que es más específica que personal. Por esto, el défi- cit se nota menos en la vida familiar del débil mental y.en la vida en sociedad. La retardación mental es la detención o falta de diferencia- ción de la función psíquica; es una forma insuficiente de la vida de relación superior, susceptible, en muchos casos, de ser me- jorada por la instrucción y educación científica. No basta hoy el criterio cuantitativo de los clásicos para clasificar las formas psicológicas de los agenésicos y disgenésicos del sistema ner- vioso- conviene agregar un criterio cualitativo médico-psico- lógico que permita apreciar la vida y costumbres del sujeto y ponderar aptitudes para hacerlos útiles, de lo que nos ocupamos en nuestro curso de 1910. (Ver: H. G. Píñero, Niños retarda- dados. Clasificación y psicoterapia, en opúsculo citado.) Psico-fisiología de los órganos de los sentidos Curso del Dr. Horacio G. Pinero de la Facultad de Filosofía y Letras.-Confe rendas del 20 y 27 Julio de 1902. El sistema nervioso vegetativo está subordinado fisiológica- mente al sistema nervioso cerebro-espinal en las especies ani- males, en las que están bien diferenciados. El primero, el vago simpático, preside la sinergia orgánica funcional, dirige el me- canismo interior del motor: hogar, calderas, cajas de distribu- ción del vapor, válvulas, etc.; regula la combustión del carbón en presencia del oxígeno, que hace entrar y salir, según las ne- cesidades de la máquina, y, por último, dispone el alejamiento de las materias no quemadas o que han servido ya y deben sa- lir por inútiles y perjudiciales: las cenizas. Así se conserva en condiciones de trabajo; pero puede aún desarrollar otra activi- dad. Encendidos los fuegos y levantada la presión necesaria bajo la dirección subordinada del simpático, nuestro motor ani- mado entra en actividad, se mueve y realiza su vida de rela- ción, pero dirigido por los centros nerviosos superiores, la mé- dula y el cerebro, en busca de la correspondencia perfecta con el medio. En las especies animales inferiores, la ley de adaptación se cumple por la irritabilidad del protoplasma, sea que existan órganos diferenciados y especiales, sea sólo por medio del tegu- mento externo, cuyas células forman un epitelio apto a recibir las impresiones exteriores y a transformarlas en movimiento. Si bien la fuerza que actúa es una, existen modificaciones de ésta, debido al medio y a las transformaciones de los cuerpos mismos; éstos deben recibir la luz, el sonido, el calor, etc., que son fuentes de energía, por no decir la energía misma, y el or- ganismo debe acumularla y transformarla en sus tejidos. Para ello necesita centinelas avanzados de otro tejido de orden supe- rior, que es el sistema nervioso, y preside la vida de relación, 86 disponiendo sus elementos de modo que no entre nada que no se pueda asimilar y que no salga nada sino aquello que no puede ya prestar ningún beneficio. La piel se continúa con el tegumen- to interno del tubo digestivo: es tejido celular que envuelve el cuerpo entero como una doble funda, formando barrera, y lleva desde su origen, en su textura misma, elementos nerviosos que le permiten funciones no comunes, que hacen del tegumento externo de todas las especies animales una membrana sensible, origen de la vía centrípeta, puerta de entrada de excitantes ex- teriores. En los animales inferiores, esta membrana sensible es capaz de adaptarse a la función que va a desempeñar: un infusorio recibe por su cutícula las impresiones luminosas y sonoras, pue- de responder a una sensación térmica, y sin embargo, no posee otro órgano que esta misma cutícula endurecida de su protoplas- ina; la irritabilidad, origen de lo que es la sensibilidad, puede disponer las células en tales condiciones de adaptación en el te- gumento externo de los animales, que un grupo de éstos se dispone con sus facetas, a recibir la luz; otro, el sonido; otro, las sensaciones gustativas y olfativas. La diferenciación funcio- nal y electiva de estos elementos receptores obedece a los estí- mulos exteriores, y allí donde caiga la luz, allí se operará la transformación parcial del tégumento para que pueda responder a la excitación luminosa. En los gusanos, existen ya pequeñas bolsitas llenas de un lí- quido en el cual fletan unos cuerpos duros (otoconios) que sa- cuden lo que va a ser la endolinfa de los animales superiores; hay, pues, un líquido en vibración, y en la bolsa que lo contiene el origen de los nervios receptores. Este es el oído de estos in- vertebrados, que más perfeccionado es todo un aparato en los vertebrados superioresuna membrana facetada y brillante en la parte anterior de la extremidad cefálica, recibe los rayos lu- minosos ; es el boceto de la pantalla retiniana de las especies más adelantadas. Oídos, ojos, superficie de la piel son, en estos gusanos las avanzadas del sistema nervioso. En artrópodos, con sus ojos compuestos, facetados por miles de córneas fotoscópicas, se precisan aún más esta adaptación del sistema nervioso, y este perfeccionamiento sigue creciendo 87 a medica que recorremos, en marcha ascendente, la escala zoo- lógica. El origen de los órganos de los sentidos no es, pues, sino el perfeccionamiento del sistema nervioso, que necesita sus fuen- tes de toma de energía exterior para transformarla en energía nerviosa o dinámica, si se quiere, y acumular reservas en los centros que rigen la vida de los tejidos, que es la vida del in- dividuo. Son aparatos construidos con tejido nervioso, y pode- mos considerarlos muy bien como apéndices, como tentáculos del mismo. En ese corte de una cabeza de embrión que debo a la gentileza del Profesor Jakob, se ve que la retina de la mem- brana sensible del ojo, no es más que la continuación de la corte- za cerebral; ésta no se proyecta al exterior sino por estos órga- nos de los sentidos, que vienen a ser así puertas de entrada de todas las impresiones. Cada uno de estos órganos es una puerta especial por donde solo pasará cierto y determinado excitante para cada una de ellas; propio para responder a éste, está cons- truido el aparato a base del sistema nervioso. Es este otro corte de embrión, también del Profesor Jakob. (Diaspositivos de em- briones de ovejas.) Se ve que la corteza, apenas diseñada, es la continuación de la de los ganglios de la base, tálamos ópticos y cuerpos estria- dos casi ya formados, como que son centros primitivos en re- lación con los hemisferios del centro. En realidad, pues, los órganos de los sentidos son aparatos dependientes del sistema nervioso central; en todos ellos encon- tramos neurones sensitivos periféricos de recepción, es decir, el origen de una vía centrípeta. Tanto en el fondo del ojo co- mo en el oído, en la epidermis como en las papilas de la len- gua, la estructura del receptor es menos complicada en los ani- males en general que en los antropomorfos y en el hombre; pe- ro el elemento esencial es siempre el mismo: un neurón con su cabellera protoplásmica hacia el exterior, siempre en su centro el punto-origen de la vía centrípeta. Este neurón receptor existe en el fondo de la retina, en el oído, en la lengua, en la superficie tan extensa de la piel, en la membrana pituitaria, etc. Los cilindro-ejes de la membrana re- ceptora, de cualquier órgano que sea, se reunen en un manojo, constituyendo los nervios especiales, llamados sensoriales; es- tos cilindro-ejes, elementos de transmisión hasta los centros, de 88 las impresiones que ha recibido el neurón de donde surgen, van articulándose con el segundo neurón, la segunda llave de paso de la corriente nerviosa, neurón que se encuentra en la médula o el bulbo; y llega al tercer neurón, tercera llave de paso en el tálamo óptico, tubérculo cuadrigémico, terminando en el cere- bro. El organismo todo posee así un conjunto de aparatos re- ceptores, distribuidos en la periferia, como también los tiene en su interior, aunqqe de inferior cualidad, dependencias de los centros nerviosos superiores a los que en definitiva llegan las impresiones internas y externas como el eco de la existencia física y psíquica. La vía centrípeta reune todos los excitantes de nuestro cuer- po y los que vienen del mundo exterior y nuestra existencia no es más que el comercio que se establece entre estas impresio- nes externas e internas que recibimos y nuestra actividad animal y orgánica. Los neurones receptores forman, pues, el elemento sine qua non de todo órgano de los sentidos, y éstos son los que modifi- can su forma solamente para hacerse aparatos que están dis- puestos de distintas maneras: con depresiones y eminencias, ca- vidades, etc., según el fin a que están destinados; pero el prin- cipio es el mismo. El aparato sufrirá variaciones; el factor in- dispensable, nunca. La manera de transformar y aprovechar la energía puede ser diversa, el principio del funcionamiento y de la conducción es el mismo. Así como en el teléfono todo se reduce a las vibraciones de dos membranas y su transmisión por un conductor, así también en los órganos destinados a los sentidos, el principio anatómico y fisiológico es el mismo; es un agente a o b que impresiona la periferia, ésta reacciona provocando modificaciones físico-quí- micas o fisiológicas en sus órganos, de los que la energía ner- viosa va a los centros con su modalidad especial: luz, color, so- nido ; la energía es una. no la creamos: viene del exterior, entra a nuestro organismo como impresiones sensoriales y sale como movimiento. Ahora bien: ¿ Cómo ha dispuesto la naturaleza estos aparatos ? En las condiciones del medio en que están llamados a actuar. Para las impresiones luminosas, desde que la luz se propaga 89 ■en línea recta, existe una cavidad que recibirá también en línea recta los rayos luminosos; pero es necesaria la presencia de una lente que coloque la imagen precisamente en el punto sensi- ble del aparato: entonces el ojo será construido como una cáma- ra obscura, con su orificio de entrada para los rayos luminosos, con sus lentes, el cristalino y la córnea. Al entrar por un orificio reducido a una cámara obscura, la luz pinta las imágenes inver- tidas, y sin embargo nosotros las colocamos en su posición nor- mal. ¿ Por qué ? Porque la propiedad de proyección y rectificación es una función especial de estos órganos. En efecto, el ojo pro- yecta la imagen retiniana al punto donde está el objeto porque al impresionarse su aparato receptor con los rayos que parten de éste, dispone sus lentes, movidos por músculos especiales, de tal modo, que su foco cae en la pantalla retiniana y el obje- to se ve distintamente; de ahí es exteriorizado, objetivándolo y localizándolo en el espacio por hábito y experiencia. Esta imagen reflejada puede impresionar placas fotográficas muy sensibles, como pretenden los norteamericanos, que según hom- bros o (quien personalmente nos daba estos datos en Turín, en 1896), han publicado trabajos en los que sujetos que durante un tiempo fijaban una estampilla obscura sobre fondo claro, retirada ésta y reemplazada por una placa ésta era impresionada ligeramente. La propiedad de referir las sensaciones percibidas a los ob- jetos exteriores, exclusiva de los órganos de los sentidos, la tie- ne por lo tanto el oído al reflejar las ondas sonoras que recibe en la dirección de donde proceden; la tienen también los demás sentidos, aun los que exigen inmediato contacto del objeto estí- mulo, como el gusto y el tacto, los que refieren las impresiones a la periferia al punto de entrada del excitante, como pasa en la conocida ilusión de los amputados, golpe en el codo, etc , etc. Pero la luz tiene además una acción química distinta, y por tanto el aparato debe ofrecer a estos rayos substancias sensibles a esta acción; en efecto, la luz descompone el púrpura retiniana y la retina misma se encarga de restaurarlo. Es así que una ra- na colocada delante de una ventana con rejas, conserva en su retina, una vez que haya sido sacrificada, la imagen exacta de la reja; es un optograma. 90 Esta reacción que la luz provoca en una membrana sensible como la retina, formada casi exclusivamente por la abundante cabellera protoplasmática de los neurones receptores, da origen a una corriente nerviosa, que pasando por el nervio óptico, llega al cerebro, a la zona de la visión cortical. El aparato llamado ojo está dispuesto, pues, a responder al estímulo luz; pero el perfeccionamiento del órgano presupone el estímulo; si no hay luz, no hay visión. Allí donde el medio impide entrar la luz, los ojos tienen proporciones microscópi- cas; el topo los tiene muy pequeños, pues vive lejos de la luz; los animales aéreos los poseen muy grandes, porque la función estimula el perfeccionamiento del órgano, cuando no lo crea. También le es dado al aparato disponer de lentes destinados a corregir posibles defectos de óptica: el músculo ciliar en el que está engarzado el cristalino tiene fibras de tal naturaleza que puede aumentar o disminuir su índice de refracción y curvatu- ra, según que la visión sea próxima o lejana; acomoda, tiene el iris que es un fotómetro, un diafragma, que colocado delante del cristalino, gradúa la entrada de los rayos luminosos, para que la imagen sea distinta; este fotómetro funciona sin necesi- dad del cerebro; se abre o se cierra según la cantidad de luz que recibe la retina; y en fin, la coroides membrana pigmentosa desainada a absorber los rayos excesivos o dispersos Pero lo que merece una mención especial, es la presencia de una tibia almohadillada de sangre en la coroides, que permite al elemen- to nervioso vivir en una atmósfera cálida y uniforme, como conviene a su exquisita función. Por último, todo esto ence- rrado en un estuche blanco-nacarado y resistente, la esclerótica, que le da forma y protección. El oído, destinado a recibir vibraciones de otro orden, es un verdadero instrumento de música, con seis mil cuerdas, desde las más delgadas hasta las más gruesas, desde las más cortas hasta las más largas. En el interior del peñasco, el aparato de Corti no es otra cosa que la cabellera protoplasmática del neu- rón receptor; si muchas cuerdas son agitadas por el líquido in- terno, muchas vibraciones se transmiten por esta cabellera, van a los ganglios de la base, el tálamo óptico y en fin a la segun- da circunvolución temporal para que el cerebro las interprete. Una parte del oído tiene por objeto hacer más nítida la impre- 91 sión recibida; disponiendo membranas y huesecillos en condi- ciones de acomodación especial para recibir mejor sonidos gra- ves o agudos. Acomoda el oído como el ojo; recibe la impre- sión y proyecta la sensación para objetivar y localizarla en el espacio. 'Podo el aparato está protegido por un hueso resistente y tiene también la calefacción sanguínea que exige su fun- ción. Agréguese a esto los canales semicirculares, llenos de lí- quido v orientados según las tres dimensiones del espacio, y tendremos hasta un nivelador que establece el equilibrio nece- sario para la mejor recepción de los sonidos. Los órganos de los sentidos son, pues, aparatos de recepción convenientemente construidos para el agente físico que deben recibir. La inmensa tela sensible que envuelve nuestro cuerpo es toda ella un extenso aparato especial cuya misión es perfec- cionar las impresiones recibidas; sus órganos que cubren como una funda estas extremidades, se llaman corpúsculos del tacto, de Krause o de Pacini, Dogiel, Rubini, etc. Los corpúsculos de Pacini afectan la forma de un ovillo, den- tro del cual está la cabellera protoplasmática; se cuentan por millones en la superficie del cuerpo. Al ejercer una presión en la punta de uno de estos corpúsculos, se produce la compresión de la cabellera nerviosa que se halla en el centro, y esta com- presión da la sensación del tacto. Los corpúsculos de Krause son de forma distinta, pero obran de igual modo. Las papilas, que sobresalen en ciertas partes de la epidermis y que se dejan excitar por un simple movimiento vibratorio del aire, tienen una distribución topográfica de acuer- do con las necesidades del tacto activo o pasivo y aparecen en gran número en las yemas de los dedos, en la punta de la len- gua, etc. Estos aparatos diminutos tienen su calefacción, como la tienen los demás órganos. Las papilas de la lengua son muy delgadas; son células cilindricas muy diferenciadas; en la base forman una especie de V y tienen la forma sea de huso, sea de hojas, cáliz, etc.; pero el neurón receptor existe siempre. En la lengua, la parte que ofrece la sensibilidad más desarrollada es la punta; el órgano entero goza de los mismos privilegios que los sentidos de la vista, del oído y del tacto, pero tiene además un movimiento propio. Es el órgano del gusto, insaliva el bolo alimenticio y modula la voz. Las papilas se ponen en contacto 92 con los cuerpos disueltos en la saliva; se yerguen para acomo- dar mejor a la impresión, disponiéndose de modo de recibir la mayor cantidad de impresiones del cuerpo sápido. El órgano propio al olfato, la nariz, es el encargado de reci- bir las partículas flotantes emanadas de los cuerpos olorosos; tiene su construcción especial, en forma de campana, a propó- sito para llenar su cometido; en ésta aparece un tejido nuevo, cartilaginoso, que le da su forma permanente, porque el tejido óseo sería demasiado pesado y molesto. En el fondo existen tres cornetes tapizados por la mucosa pituitaria, constituida por células cilindricas y pavimentosas, entre las cuales existen cor- púsculos especiales que se adaptan a recibir las partículas olo- rosas ; son húmedas, salientes y con irrigación propia; son las células de Schultze o células olfáticas, en las cuales nace el neu- rón sensitivo. La nariz es la puerta de entrada del aparato res- piratorio; debe, por lo tanto, gozar de una temperatura eleva- da y constante, para que el aire que va a los pulmones llegue a su destino limpio y caliente. Resumiendo, pues, cada órgano, cada nervio, recibe tal can- tidad de sangre, tal calidad de elementos de nutrición, que es preciso reconocer la sabia disposición de la naturaleza para asegurar el perfecto desarrollo y la completa conservación de estos aparatos. Hemos visto, igualmente, los elementos de protección: cada órgano está colocado en un dispositivo sui géneris. El ojo tiene su cámara obscura con una cubierta negra, semejante a la que que protege la máquina fotográfica: la coroides, llena de célu- las pigmentarias, lo envuelve y absorbe todos aquellos rayos luminosos que están demás y podrían entorpecer la acción de los destinados a la visión; la esclerótica o blanco del ojo da al aparato la forma especial que reviste y lo protege contra los golpes fortuitos, conservándole al mismo tiempo *d grado de calor que es indispensable a su funcionamiento El órgano de Corti, el arpa con sus seis mil cuerdas, sus cla- vijas y sus células, se halla colocado en las profundidas de un hueso, como en una caja, en un estuche que lo preserva contra toda acción nociva venida del exterior y contra los cambios de equilibrio; un agregado le permite orientarse y avisarle cuando se producen modificaciones peligrosas para su estabilidad. 93 El sentido del tacto tiene su asiento en las profundidas del dermis; una capa protectora, la epidermis, lo recubre; capa formada de varias superposiciones de tejidos, de epitelios, de mosaicos destinados a desempeñar el papel de una coraza de- fensora. % La base de la lengua aparece recubierta también de una en- voltura protectora, el epitelio cilindrico, al cual agrega su acción de defensa la saliva. Las membranas más profundas de la na- riz, igualmente provistas de su epitelio conservador, reciben humedad del mucus nasal; no pueden por su posición tan in- terna sufrir las ofensas del mundo exterior y para funcionar necesitan el estímulo suave de esa corriente aspirativa con que se inicia siempre la entrada en acción del sentido del olfato. Los órganos de los sentidos son las puertas de entrada de los agentes exteriores; ellos nos sirven para adaptarnos al medio, para nuestra vida de relación, para hacer efectiva nuestra or- ganización superior. Tomándolos en conjunto, sintéticamente, reunimos los elementos necesarios para apreciar su valor. Estos aparatos, superiormente construidos, admirablemente calentados y protegidos, tienen cada uno sus vías especiales de transmisión a los centros superiores, del agente que reciben; pero el prin- cipio general de recepción y de conducción es el mismo para todos ellos. En nuestro organismo se realizan las leyes de la co- rrelación : todo agente exterior es transformado por nuestros aparatos en corriente nerviosa, y esta transformación se efec- túa antes de los órganos de los sentidos. La variación de eos AGENTES DE NUESTRO CONOCIMIENTO EN GENERAL, DEPENDE DE LAS DISTINTAS PUERTAS DE ENTRADA: EL OÍDO, EL OJO, LOS COR- PÚSCULOS DEL Tacto, etc. Estos hacen de la impresión la sen- sación que se completa por otros elementos propios del objeto exterior que recibe el sentido, y agrega a la sensación, la que no es simple, como se ha pensado, sino compleja, tanto como la percepción, que es función cerebral. No hay entre los psicólogos uniformidad de creencias en el papel que desempeña cada órgano del sentido en cuanto a su especificidad; Wundt niega esta particularidad, que el nervio óptico sea el transmisor de las sensaciones luminosas y cromá- ticas únicamente y que el acústico sólo conduzca las impresio- nes sonoras, como hecho innegable; pero también es cierto que 94 este nervio óptico no nace en cualquier parte, sino en una cá- mara obscura, en una membrana impresionable por la luz; si ésta no existe, el nervio no conduce nada; sólo transmitirá aque- llo que el estímulo le remita: por tanto, para que haya especi- ficidad de órganos de los sentidos, se impone la especificidad del estímulo; si el ojo de un niño recién nacido no es apto a recibir la luz, no podrá conducir esta impresión hasta que su órgano especial se adapte al agente; si el niño no recibe las sensaciones sonoras, no las transmitirá hasta que su órgano responda al agente; el estímulo funcional es el que hace surgir las propieda- des del órgano. La ley de especificidad es, pues, una ley de es- tímulo ; el aparato receptor puede existir; pero necesita el agen- te especial al cual debe responder. Ya hemos dicho que los órganos gozan también de la pro- piedad de prepararse a la función, propiedad que sobresale es- pecialmente en el aparato de la visión por la facilidad natural con que los músculos del ojo aumentan o disminuyen la curva- tura del cristalino, para que su foco caiga sobre la retina siem- pre y la visión sea clara y representa un esfuerzo de los múscu- los ciliares mayor para la visión próxima, mínimo, hasta nega- do por algunos, la visión lejana. La membrana del tímpano, es tendida o relajada por múscu- los también especiales: músculos del martillo y del estribo, se- gún tenga que recibir sonidos agudos o graves. Estos prepara- tivos de los órganos de los sentidos para realizar sus funcio- nes, estas contracciones de los músculos que preparan los ór- ganos para recibir mejor las impresiones, es una propiedad su- perior del tejido nervioso, del neurón receptor, que al recibir la impresión primera, reacciona y la refleja, como movimiento preparatorio, sobre músculos que disponen el órgano en condi- ciones de ser bien excitado. Esta propiedad, se llama acomoda- ción ; los órganos de los sentidos acomodan, pues, para recibir las impresiones y transformarlas en sensaciones. Los músculos que preparan los órganos de estos aparatos receptores, tienen a su vez elementos nerviosos que los mueven y dirigen (nervios motores), así como también fibras nerviosas que nacen en ellos y van a los centros (bulbo, protuberancia o cerebro), llevando las impresiones de sus movimientos para dar la noción del tra- bajo realizado. 95 El esfuerzo de la acomodación, que nos revela la cantidad del trabajo realizado por los músculos, es un elemento primor- dial, importantísimo para nuestras percepciones: esta sensibili- dad muscular, llamada por unos sentido muscular, por otros sensibilidad kinestésica, es la que permite coordinar los movi- mientos de la marcha y la estática del equilibrio; es la sensibi- lidad de los músculos que mueven los ojos la que nos permite adquirir la noción de la tercera dimensión del espacio y el re- lieve de los cuerpos, sentido estereognóstico, etc., etc. Podríamos ahora preguntarnos, si la causa determinante de estos preparativos de acomodación es externa o interna; es de- cir : si el excitante que impresiona el sentido determina los pre- parativos por reflejo, simplemente, o si la voluntad, que quiere ver u oir bien, es la causa de la acomodación. Eo uno no ex- cluye lo otro, aunque la propiedad de adaptación al excitante, principio de lo que más tarde es acomodación, es patrimonio del tejido nervioso, aun el más elemental y en los animales que no tienen órganos de los sentidos especializados, todas las excita- ciones las reciben por un solo aparato y éste tiene formas varias de adaptación a cada excitante, hasta que la multiplicidad y variaciones del medio va trazando la división del trabajo fisio- lógico y la creación de órganos nuevos. Luego la acomodación, en su origen, no necesita más que el neurón receptor sensitivo, central y el neurón productor motor; es un simple reflejo. El acto reflejo, la reflectividad de la sen- sación. es condición primera para la acomodación, aunque no sea todo en los organismos superiores. Así el ojo puede acomo- dar a la luz, aun destruidos los hemisferios cerebrales, hecho experimental bien comprobado. Es el excitante exterior, pues, el que impresionando el órga- no receptor del sentido, determina la acomodación, y es esta actividad, también del órgano sensorial, que estimula al cerebro porque irradia la corriente nerviosa desde la base a su corteza. El cerebro, estimulado por una irritación o excitación senso- rial, recibe la corriente nerviosa que a su paso hace entrar en acción los neurones de recepción, cuyas cabelleras, articuladas por simple contacto entre sí, propagan el excitante, le transfor- man a-su paso por los centros de proyección y de asociación y la corteza toda yergue sus elementos que, a manera de puen- 96 tes, establecen articulaciones que la corriente nerviosa recorre en todo sentido, por múltiples vías sensorio-motrices, ya por las más inferiores en gerarquía fisiológica, como los centros poli- gonales del psiquismo inferior, o pasan a los elementos más su- periores, más nobles del sistema: los centros corticales del psi- quismo superior. En ambos casos el cerebro es activo y solicitado por el estí- mulo sensorial, prepara sus órganos, centros de percepción, pro- voca sus conexiones y se dispone a recibir mejor la sensación. Estos preparativos, esta disposición determinada por una sen- sación, es también una propiedad del sistema, la misma que reconocida y demostrada en los órganos de los sentidos, pode- mos también admitir en el cerebro: la acomodación. Esta disposición preparatoria de los órganos sensoriales la realiza también la corteza cerebral para percibir, pues la atención no es otra cosa que la acomodación mental. (Véase Psico-fisio- logía de la atención y consciencia.) Anatomía Fisiológica de los centros nerviosos CEREBRACIÓN Y AUTOMATISMO Curso dal Dr. Horacio G. Pinero, en la Facultad de Filosofía y Letras -Con- ferencia del 24 de Julio de 1901 -Versión taquigráfica publicada en la «Revista de la Sociedad Médica Argentina».-1901. Después de nuestro estudio experimental del sistema ner- vioso en los animales, es de oportunidad exponer, en esta con- ferencia, una sintesis de lo que hemos hecho en el Laboratorio de Fisiología de la Facultad de Medicina, a fin de fijar hechos que han de ser indispensables, más adelante, para el estudio de los fenómenos del psiquismo, y aun de los estudios superiores del espíritu. Al considerar la organización, hemos visto surgir el sistema nervioso, como un sistema de armonía y de regulación de todas las actividades orgánicas; vimos que en el perfeccionamiento sucesivo de las especies vivas, la división del trabajo fisiológico llega a tal grado que se hace necesario un aparato, un sistema, una función que presida a la sinergia general, es decir, a ese acuerdo recíproco que debe haber en todas y cada una de las partes constitutivas del organismo. Este es el sistema nervioso que hemos visto aparecer y diferenciarse en los animales infe- riores, después de haberse formado otros aparatos (digestivo, circulatorio, respiratorio, etc.) ; hemos seguido su perfecciona- miento progresivo y observado que en los animales superiores, particularmente en los vertebrados, existen órganos nuevos, de los que sólo hay como un simple boceto, en los animales infe- riores. La anatomía del sistema nervioso, esa descripción pro- lija de los órganos y aparatos in situ, aun en el cadáver, esa anatomía anatómica, como la llama Grasset hoy, es insuficiente para conocer la fisiología general y especial. No es, pues, una tarea provechosa para nosotros, que somos psicólogos, el estudio detallado del sistema nervioso; el detalle 98 anatómico de cada órgano, de cada aparato, de cada tejido, no sólo no basta para explicar la función sino que aun el análisis más minucioso, muy poco ha de ilustrarnos sobre el particular. La descripción de los centros nerviosos, con todos los detalles que la anatomía microscópica da hoy y los conocimientos gene- rales, adquiridos mediante esa disección fría hecha en el cadá- ver, comparado todo esto con una anatomía nueva, que toma a los órganos en conjunto, en ese apoyo mutuo que se prestan unos a otros para determinadas funciones; en estas condicio- nes, la anatomía fisiológica debe prevalecer siempre sobre la anatomía descriptiva, sobre la anatomía anatómica. La fisiolo- gía de nuestros días, con la suma de hechos experimentales que hoy cuenta en su Inter, se apercibe cada vez más de que es indispensable estudiar los órganos en plena actividad, en plena función, y que, toma ídolos así, en conjunto, buscando la siner- gia funcional, es como se hace mucho más fácil su estudio y mucho más comprensible esta máquina humana, más accesibles todos ios fenómenos que en ella se producen y más evidente el mecanismo de cada una de las fuerzas que la componen. Si consideramos ¡a anatomía de la médula espinal, estudiada en todos sus detalles, es casi inabordable; si pretendemos cono- cer cada una de las partes que constituyen el encéfalo, con sólo la disección en el cadáver, abandonaríamos bien apronto la em- presa que exige algo más que buena voluntad para terminarla. Pero si prescindimos de la descripción anatómica por el mo- mento, y consideramos principalmente el mecanismo funcional de los elementos que la forman y sólo fijamos la unidad ana- tómica que constituye el elemento noble del sistema nervioso, el estudio se hace más fácil y la interpretación de los fenómenos es, a su vez, más sencilla. Weigert, Golgi y Ramón y Cajal, en sus trabajos de la más fina histología, han establecido que la unidad anatómica del te- jido nervioso es el neurón, la célula nerviosa; y si comparamos la descripción anatómica pura de antes con la investigación fisio- lógica de hoy, nosotros, que debemos estudiar y conocer el sis- tema nervioso como base fundamental de la psicología cientí- fica, hemos de apreciar la importancia y la necesidad de seguir estos nuevos rumbos. 99 La Psicología, los fenómenos psicológicos, el espíritu, sur- gen, tienen que surgir del conocimiento previo del sistema ner- vioso; el fisiólogo que conoce las propiedades de las células ner- viosas, su simples modificaciones morfológicas y sus múltiples reacciones químicas, - que analiza el intercambio de substan- cias, entre el encéfalo, o sus partes, con la sangre, para estudiar todas las modificaciones dinámicas que se producen en la textu- ra de sus órganos, es el que puede sospechar, es el que está en aptitud de comprender, cómo un estado de conciencia puede ser acompañado por modificaciones del cerebro, de su corteza, que exteriorizará su actividad, y por qué de la fisiología del sistema nervioso, es de donde puede y debe salir la psicología científica. El conocimiento del sistema nervioso es lo primero que im- porta al psicólogo; pero en una forma especial: no la filigrana de la preparación microscópica, sino la anatomía fisiológica, la anatomía clínica, como la denomina la Escuela de Montpellier y que nosotros podemos llamar Anatomía psicológica. Hemos visto ya cómo se forma el sistema nervioso en los vertebrados; cómo el neurón, que es la célula nerviosa con su fibra, nace entre la piel; allí donde están las prolongaciones pro- toplasmáticas de su cabellera, como las raíces de un árbol, cuyo tronco sería el cordón nervioso medular (en los animales que tienen médula) y sus ramas, las terminaciones de sus cilindro- ejes. En estas condiciones, cuando las raíces están en la peri- feria y las ramas tocan la corteza cerebral, el influjo nervioso se propaga de la periferia al centro: parte sensitiva del sistema que recibe las impresiones del exterior, trasmitiéndolas a los centros, ganglios nerviosos, médula y encéfalo, según la espe- cie, donde otras prolongaciones, otras raíces, las reciben y pro- pagan por otros troncos, cuyas ramas no son ya centrales sino que salen a la periferia y terminan, no en la piel sino en otros órganos activos, músculos o glándulas. Esta última es la parte motriz del sistema nervioso que está en relaciones de contigüi- dad, solamente, con la parte sensitiva, formadas siempre por neurones, que se articulan; pero que no se unen entre sí. Borzi, botánico italiano, pretende que los movimientos de la sensitiva ('mimosa púdica) dependen de la irritabilidad de su tejido que se propaga quizás por fibras, lo que haría sospechar en los vege- tales la existencia de un tejido irritable especial como rudimen- to de un tejido nervioso. 100 De manera que, el primer neurón sensitivo está en la peri- feria del cuerpo; es decir, en la superficie de la piel, en los órganos de los sentidos, en las visceras; y el primer neurón motor está en la corteza cerebral o en la médula misma; en- tonces, sensibilidad significa: corriente nerviosa centrípeta, que entra por la médula y queda allí o va al encéfalo; y movimien- to, motricidad, significa: corriente nerviosa centrífuga que sa- le de los centros hacia la periferia. En los animales inferiores, en los vertebrados inferiores, ca- da sección transversal de su cuerpo nos muestra, claramente, elementos nerviosos en tal disposición que el neurón sensitivo, recibiendo las impresiones del exterior, y articulándose (di- rectamente o por intermedio de otro neurón de asociación) con el neurón motor, transforma la impresión-sensación, en movi- miento. Tengamos presente que los animales articulados y anillados, como los artrópodos y gusanos, por ejemplo, están constituidos por piezas yuxtapuestas, unas delante de otras (metámeros) y en estos anillos existen elementos nerviosos quizás aún no dife- renciados; pero en aptitudes de neurilidad, capaces de realizar su función, como los ovillos de tejido nervioso que Apathy ha encontrado en algunos moluscos, elementos anatómicos que quizás reemplacen el neurón. En los animales superiores, en el hombre mismo, en el embrión, por ejemplo, el sistema ner- vioso se forma por yuxtaposición de vesículas, por piezas que nunca se fusionan, aunque se articulen y más tarde se diferen- cian en forma y función; es la metameria de Brissaud. Esta indica que el organismo es, originariamente segmentado o per- manentemente segmentado (anélidos) como los gusanos, y que cada uno de sus metámeros tiene el elemento receptor y trans- formador o productor de energía nerviosa que es el neurón, como tiene además otros órganos diferenciados (proglótidos de tenia). La disposición metamérica va acentuándose cada vez más en la médula, y en los animales superiores encontramos el neurón sensitivo y el neurón motor, bien definidos como unidad anató- mica ; y se forma la médula con sus cordones anteriores, cons- tituidos por cilindro-ejes de neuro-nes corticales y cordones pos- teriores con cilindro-ejes de neurones periféricos sensitivos. Asi 101 forma, pues, el sistema sus órganos centrales: por metámeros, que en la base del encéfalo llegan a ser un inmenso ganglio, co- mo la cavidad craneana es una inmensa vértebra que le encie- rra y le proteje. Todo, en el sistema son metámeros y como la función hace el órgano, llega un momento en que la masa encefálica tiene ne- cesidad de una cavidad para alojarse y ensanchará de dentro afuera, progresivamente, las paredes primeramente cartilagino- sas, que serán después las cubiertas óseas de la cavidad del crá- neo; pues el contenido (cerebro) modela su continente (cráneo). En el cerebro mismo, encontramos una parte que es sensiti- va, el tercio posterior; otra que es motriz, el tercio medio an- terior ; y otra parte que es intermediaria, porque vincula, asocia las dos primeras; y siempre el neurón, siempre su cabellera pro- toplasmática, siempre su cilindro-eje. De manera que al psicólogo no le es necesario conocer, en detalle, cada una de estas partes; y el criterio antiguo del ner- vio y del órgano central, es reemplazado hoy por el criterio mo- derno del origen terminal; tanto nos interesa que el nervio ter- mine en una glándula o en una superficie epitelial, como impor- ta saber dónde nace y cuál es el neurón que le da origen. La médula, hemos dicho, recibe las raices de neurones peri- féricos y forma cordones, ascendentes y descendentes, cerebe- losos, intermediarios, bulbares, corticales, que se van ensanchan- do, hacia arriba los centrípetos, y hacia abajo los centrífugos, y los dos posteriores: los cordones de Goltz y de Burdach, no son nada más que la prolongación de los cilindros ejes de los neu- rones sensitivos de la periferia que conducen la sensibilidad, porque sabemos que la cabellera del neurón sensitivo está colo- cada hacia afuera y que la conducción se hace de fuera aden- tro. Este neurón sensitivo va a terminar en la parte exterior del cerebro, ramificándose en la corteza cerebral en su parte poste- rior y allí se articula con la cabellera protoplasmática del neu- rón motor cuyo cilindro-eje vuelve a descender por la médula, por sus cordones anteriores y anterolaterales directos y cruza- dos, sale por el nervio motor para terminar en los órganos del aparato locomotor. Luego, pues, el concepto psicológico del sis- tema nervioso consiste: en recepción : neurones sensitivos pe- riféricos, cordones posteriores de la médula y parte posterior 102 de la corteza cerebral; transformación y producción de energía: parte anterior del cerebro, cordones anteriores de la médula. Esto es, origen en la superficie de la piel y terminación en los músculos o glándulas, es decir, sensibilidad y movimien- to. Este es el arco reflejo medular, en el que puede no intervenir el cerebro, porque las relaciones entre los neurones sensitivos de la médula y los motores, existen allí mismo. Hemos visto una rana decapitada, a la que habíamos destrui- do el cerebro (los lóbulos cerebrales), transformar las impre- siones en movimientos; hemos visto que se defendía al ser irri- tada en sus extremidades; y si la hemos pinchado o cauterizado una pata y si se ha continuado excitándola, ha movido la otra pata, ha llegado a move- todo el cuerpo y a saltar: se defendía y se defendía sin cerebro, porque en su médula existen meta- meros, y allí donde haya un órgano capaz de transformar la impresión en movimiento, habrá reflejo defensivo; el animal ha de tratar de huir de todo lo que le haga mal. Un anillo aislado de la lombriz solitaria, por ejemplo, tiene todos los órganos ne- cesarios para su vida, para su reproducción y para su resisten- cia; un proglótido se hincha y se mueve; si se le calienta en un vidrio, se aleja; aquí está el elemento defensivo primordial, el acto reflejo. Los movimientos que realiza la rana decapitada, tienden a un fin que es su defensa; un pollo sin lóbulos cerebrales se mueve y trata también de defenderse; hemos dicho también que a este pollo era necesario alimentarlo para provocar un reflejo: el re- flejo de la deglución. El acto de comer, el acto de moverse, el acto de huir de la causa que le produce mal, son actos coordi- nados que el animal realiza con el primer plano, digámoslo así. del cerebro, o solo con la médula. Y por último, vimos que en los mamíferos, la extirpación de todo el cerebro es compatible con su vida, y así, por ejemplo, hemos observado un perro que se le había extirpado todo un lado del cerebro y a los pocos días estaba perfectamente normal. ¿Por qué? Porque el movimiento de sus miembros se realiza en estos animales de una manera sinérgica: las cuatro extremidades necesitan la unión funcional para la marcha, sin la necesidad de la intervención del cerebro, y como las extremidades de los cuadrúpedos están asociadas en sus movimientos, resulta que el animal coordina con su médula, 103 sin intervención del cerebro. Mientras que cuando una de esas extremidades se especializa en una serie de movimientos nuevos, cuando como en el mono, por ejemplo, la pata de un lado ha sido enseñada a hacer movimientos especializados, la destruc- ción del centro que anima esa pata, produce su parálisis. Hemos visto también dos enfermos, dos ejemplares que he podido presentarles, de hemiplégicos del lado opuesto a aquel en donde estaba la lesión, los que al recobrar el movimiento, éste había reaparecido por la pierna; es decir, el movimiento asociado de una y otra pierna, para la marcha, esto es: sinergia funcional de la médula sin necesidad de cerebro; pero persistía la parálisis del brazo contracturado y de la mano, ambos inúti- les para todo trabajo por la absoluta imposibilidad de combinar un movimiento. Por esta especialización de los movimientos que crea aptitudes cerebrales también especiales, la parálisis del brazo por lesión cortical es en el hombre casi siempre definitiva. En el cerebro, como en la médula, se forman también centros especiales por localizaciones especiales y entonces existe pro- yección de la periferia con sus centros, así como la proyección de los centros en la periferia. Estos reflejos, estos movimientos defensivos, perfectamente garantidos por la médula, están ligados a la vida en todas las especies. La constitución de la médula, con todos sus nervios, es garantía de que se han de efectuar todas las funciones pri- mordiales; por eso, el gran simpático, que no tiene intervención en la vida de relación, está en íntima relación con la médula; de manera que basta la médula para todo lo que sea vida vege- tativa. vida afectiva, para la conservación del individuo y con- servación de la especie: mientras que en el sistema nervioso ce- rebro-espinal, encargado de la vida de relación, exige cerebro y exige diferenciación funcional en sus relaciones con la médula, que se complican por la multiplicidad de sus vías de. comuni- cación. Pero siempre es el neurón el elemento que encontramos en todas estas partes; siempre es la misma disposición de conti- güidad, y como las leyes a que obedecen todos los cuerpos vivos son: la evolución y adaptación al medio, el cuerpo vivo se adap- ta al medio por los movimientos que produce, en relación con las sensaciones que recibe; no hay vida posible si no hay adap- 104 tación del individuo al medio: el cuerpo vivo, recibe por sus neurones, las impresiones exteriores, las transforma y se mue- ve, buscando la adaptación. A este fin dispone de neurones especiales colocados en cavi- dades o excrecencias que constituyen órganos, también espe- ciales, que son los órganos de eos sentidos, aparatos que la anatomía descriptiva no alcanza a explicar debidamente en su mecanismo cuando nos dice que: el ojo es un aparato de dióp- trica común, que tiene un sistema de lentes centrados de Gauss, que la pantalla del ojo, la retina, tiene once capas, que hay 6.000 cuerdas en el aparato de Corti, en el oído; y nos dice también que en la membrana pituitaria (Schneider) existen las papilas de Schultze y que en la lengua hay una serie de papilas caliciformes, fungiformes, circunvaladas, etc., que reciben dis- tintas sensaciones del gusto. Y los fisiologistas, que buscamos la unidad de la disposición, sola y exclusiva, del elemento prin- cipal, diremos a la anatomía: la retina será un neurón sensitivo periférico; las papilas de la lengua como las cuerdas del oído, no serán sino cabelleras protoplasmáticas de neurones sensitivos periféricos; porque si se llaman órganos de sentidos, órganos de sensibilidad, deben ser aparatos de recepción perfeccionados con su neurón especial y no nos interesa que la retina tenga once o veinte capas, sino el elemento esencial de la visión: el neurón sensitivo periférico receptor. Pero en el embrión humano, piel y sistema nervioso, es todo un tejido, porque es un desdoblamiento del ectodermo; el ojo, el oído y todos los órganos de lo sentidos, no son nada más que involucraciones de la piel, y si éstos son órganos nerviosos, los órganos de los sentidos no son nada más que sistema nervioso; y las relaciones del organismo con el mundo exterior, han de depender del funcionamiento de ese sistema nervioso. Luego en toda la superficie exterior de la piel, el sistema nervioso tiene su representante, que es el neurón sensitivo periférico: los órganos de los sentidos no son nada más que las avanzadas que tiene el sistema nervioso para su adaptación al mundo exterior: son aparatos receptores perfeccionados. Es decir, que ese neu- rón sensitivo periférico, que en el ojo constituye la retina, es el mismo que el que constituye el órgano receptor de la sen- sibilidad en una viscera cualquiera, con la diferencia que, en 105 vez de tener la cabellera con sus extremidades terminadas por fibrillas entre las células, está dispuesta en órganos adaptados a la clase de estímulos que debe recibir. Otro neurón estará en la membrana pituitaria de la nariz, otro en los órganos de Cor- ti, del oído, etc.; y allí reciben la excitación del exterior, exci- tación que transforman y llevan al cerebro, único que interpre- ta y percibe la sensación. Estos aparatos receptores, tan bien construidos, con natro- nes de cualidades fisiológicas muy especiales, no pueden recibir sino cierta clase de impresiones; no responden sino a aquellos excitantes para los que están dispuestos. La especificidad con- siste en que cada aparato tiene órganos adecuados para un ex- citante determinado y exquisitamente sensibles, por ejemplo, la retina a la luz; el aparato de Corti, a las vibraciones sonoras: la membrana de Schultze, a los olores, etc.; aunque, por otros órganos y otras vías, pueden recibir otras impresiones genera- les : calor, dolor, etc., a los que no son tan sensibles porque no son de su especialidad. Así, pues, si cortamos el nervio óptico, tendremos luz; y si cortamos a un individuo la pierna, por ejem- plo, durante el tiempo de irritación y excitación de los nervios, se nos presentarán esos fenómenos de ilusión de los amputa- dos: la sensación de una pierna que no existe. Charcot presen- taba a sus alumnos, un Martes de la Salpetriere, a un sujeto amputado de un brazo con muñón doloroso y éste tenía la ilu- sión de los movimientos y dolores de sus dedos cortados casi un año después de la operación. Los órganos de los sentidos, como tales, no reciben sino las impresiones especiales para las cuales están construidos, y nunca se equivocan; el que puede equivocarse es el que interpreta; el error o la ilusión dependen de la falsa interpretación de la sensación recibida, error que comete el cerebro y que no pue- de existir en el órgano. ¡ Qué distinto es este concepto psicológico del sistema nervio- so, de la descripción anatómica de sus órganos y aparatos! ¡ Qué distinto es este conocimiento sintético de la médula y de sus cordones, del cerebro y de sus centros! Así es fácil el estudio porque visto de conjunto, nos permite apreciar, en distintos gru- pos (fisiológicos siempre), la división funcional del trabajo que r esponde a varios órganos. La anatomía pura, no basta para ex- 106 plicarncs las piezas complicadas de la máquina animal: ¿cómo explicar el movimiento de los ojos? ¿cómo comprender el ca- lambre de los escritores, esa imposibilidad dolorosa para escri- bir, de algunos sujetos que lo hacían constantemente, que, sin embargo, pueden mover sus dedos y manos en todo sentido, pero no para escribir? La escritura exige una serie de movimientos coordinados de mano y dedos que, el que aprende a escribir dirige con su cen- tro gráfico cortical; pero este movimiento coordinado de todos los dedos es mecánico, funcional, y la anatomía fisiológica nos dice que la enfermedad es una perturbación dinámica del cen- tro gráfico. La anatomía pura no explica los casos de astasia abasia, esto es, de íiquellos enfermos que por momentos no pue- den caminar, y sí saltar, hasta trepar a los árboles y colocados en una cama, gozan de todos sus movimientos. El no poder caminar estos individuos, obedece a una pertur- bación funcional del centro coordinador de la marcha; y esto no lo enseña la anatomía descriptiva. De manera que, lo que nos importa a nosotros es la anatomía fisiológica: los tics, el parpadeo, el movimiento involuntario de los hombros, etc., etc.; todo esto, no lo puede explicar la anatomía fina; esa anatomía clínica o fisiológica, que nosotros podemos llamar Anatomía Psicológica, porque hacemos también Psicología Clínica. El estudio en esta forma, nos permite llegar hasta la base del cerebro, para ver cómo se constituyen estos ganglios, más arriba esos centros cerebrales, pues hemos visto cómo la médula del niño de tres años empieza a transmitir sus corrientes ner- viosas a la corteza cerebral, y que el primer sentido que apa- rece, el sentido del tacto, inicia la adaptación al medio, trans- formando las impresiones de la periferia en movimientos desor- denados, al principio, sin coordinación eficaz, ni mesura alguna, hasta que la creación de centros medulares, regula y fija el me- canismo de su actividad. Así se han formado ya los centros que presiden el trabajo de las visceras, que regulan la temperatura y preparan la irrigación sanguínea, la función de los tejidos y su drenaje, así se forman los núcleos de origen de los pares nerviosos craneanos y raquídeos, el gran simpático y su cadena de ganglios, etc. La doctrina de las localizaciones cerebrales, cuyo estudio cri- tico nos ha ocupado anteriormente; las teorías de Gall y Spurz- 107 hein; la Frenología, que fijaba 20 ó 30 zonas especiales en el cerebro con funciones propias y atribuía al cerebelo una acción que hoy no se acepta ya; así como tampoco esa topografía cra- neana, algo así como una cerebrocospia; todo esto, que es teó- rico, tiene, sin embargo, un mérito: haber establecido la ver- dadera importancia de la cortesa cerebral y de la substancia gris. Goltz, fisiólogo no frenologista, y Flourens, no fueron más científicos, como anti-localizadores, que sus opositores, has- ta que Bouillaud, Charcot y Broca, fijaron los primeros centros corticales por el método anátomo-clínico. Hemos dicho ya, que la escuela italiana ha creado y difun- dido la teoría del engranaje, según la cual, la parte de la cor- teza cerebral, que lecibe la sensibilidad, está en contigüidad con la que transforma y produce el movimiento; está engranada la parte sensitiva y la parte motriz, por neurones intermedios,, de asociación, como demuestra este esquema (véase esquema). Todo lo que es rayado vertical y en guiones (en esta figura), representa movimiento y todo lo que es horizontal y punteado, sensibilidad. Así como la parte posterior de la médula conduce las impresiones sensitivas, la parte posterior del cerebro, es la encargada de recibirlas en sus lóbulos occipitales y temporales para propagarlas hacia adelante, hacia la zona motriz, lóbulos parietales y circunvoluciones frontales que limitan detrás y de- lante la scisura de Rolando. Apareciendo primeramente el sen- tido del tacto, se forma el centro de sensibilidad general, y éste, a su vez, irradiando la corriente nerviosa a la parte motriz, for- ma el centro kinético, centro del movimiento general, ambos en relación inmediata alrededor del surco de Rolando (S y R). Las sensaciones visuales, que siguen el mismo proceso, van al cerebro después de las transformaciones que sufren en los ganglios de la base: capas ópticas y tubérculos cuadrigéminos forman su centro en la primera circunvolución occipital exter- na (V). Sucede lo propio con las sensaciones sonoras, que localizan su centro en la parte media de la primera temporal (A), y las del gusto y olfato, cuyos centros no están aún definitivamente ubicados en la circunvolución del hipocampo. De estos centros de la audición y de la visión (Ay V, de proyección), va la corriente nerviosa por fibras de asociación, CENTROS PSÍQUICOS POLÍGONO DB.L AUTOMATISMO Esquema de centros cerebrales del lenguaje y escritura. 109 hacia adelante, a estimular la zona motriz que hace entrar en acción los neurones de origen de los nervios que mueven la laringe, los miembros, los músculos de la cara y cabeza, etc., por simple asociación y sin intervención aún de la corteza superior de los centros psíquicos. El niño, forma en la primera temporal su centro auditivo (memoria auditiva), que estimula a la vez el centro que mueve los órganos de la palabra movimiento y de la palabra sonido (sordomudos), porque la corteza de esa parte tiene aptitudes para especializarse así. El lenguaje, al principio, es puramente mecánico; el niño habla porque oye; por eso el sordo-mudo, es mudo, porque es sordo, y si siendo ya un joven pierde el oído, también a la larga perderá el lenguaje, porque éste está regu- lado y controlado por la audición. (Véase conferencias del 31 de julio y 7 de agosto). También así se forma el centro de la escritura, que el niño adquiere generalmente, por el de la visión (memoria visual y gráfica). Hemos presentado un enfermo que hablaba dos idiomas: es- pañol y portugués, y que por efecto de un ataque cerebral que- dó hemiplégico y afásico, perdió la palabra y cuando empezó a recuperarla, gradualmente, sólo hablaba un idioma: el por- gués, que era el idioma que oía, pues estaba en el Brasil; y había olvidado el español, siendo éste su idioma nativo. Ahora que hace algún tiempo que está entre nosotros habla bastante bien el español, lo que hemos explicado en las clases anteriores cuando nos ocupamos del lenguaje en los políglotas (to y 17 de julio). De manera que estos centros de la audición y de la palabra, de la visión y de la escritura, son centros solidarios, que fun- cionan sinérgicamente: el niño que oye, habla, y el niño que ve, escribe. Y lo curioso es esto: que parece que los centros sen- soriales del oído y de la vista, fueran resortes que ponen en movimiento algo como un aparato armado cuyo mecanismo die- ra la palabra y la escritura. La reunión de los centros de la visión, audición y de la sen- sibilidad general, con los otros centros del movimiento, escri- tura y de la palabra, todos en comunicación entre sí, por neu- rones de asociación, como se ve en la figura esquemática, cons- 110 tituye lo que la escuela de Montpellier llama, polígono cerebral, es decir: centros de los actos psíquicos inferiores, de los actos que no son dependientes de operaciones del espíritu de orden superior, como el juicio, la razón, la voluntad libre; de una serie de actos que pueden no ser voluntarios, pero que pueden ser, en cierto modo, conscientes, perfectamente coordinados y tendientes a un fin bien determinado; pero que ignora, general- mente, el sujeto que los ejecuta. Los actos poligonales que, según la escuela de Montpellier, se denominan actos del psiquismo inferior, son tan mesurados y tan bien hechos, que muchos psicólogos diseuten la responsabi- lidad de su ejecución. Es interesante analizar estos hechos, estos Centros poligona- les, que constituyen el psiquismo inferior, para estudiar sus relaciones con los centros superiores y entonces establecer si los lóbulos frontales, son o no centros únicos de" inteligencia, como dice Munk, porque no es posible que estos grandes nú- cleos de corteza, rica en células, puedan estar destinados sola- viente a los movimientos voluntarios, tanto más, cuanto que es- ta interpretación de los fisiólogos alemanes, es muy discutida, casi batida, por la escuela italiana. Para la escuela italiana, con Luciani a la cabeza, la intelec- tualidad es: cerebración, es toda la corteza cerebral, es la subs- tancia gris, son los neuronas de asociación cada vez más abun- dantes y más ricos en recíprocas vinculaciones, que permiten trazar nuevas vías para el recorrido del influjo nervioso, nue- vas relaciones de las distintas capas en el psiquismo superior e inferior, ésta es la posibilidad de la facultad de aprender: la inteligencia, como dice Le Dantec en su Determinismo bioló- gico y se concibe que la instrucción consista en multiplicar esas nuevas vías de la corteza superior y que la educación consolide las vías trazadas para el recorrido del influjo nervioso. Esta es también la interpretación de la generalidad de los fisiólogos en la actualidad; así como de neurologistas como Raymond, Grasset, Brissaud; psiquiatras como Joffroy y Gilbert-Ballet; psicólogos como Pierre Janet y hasta Binet que sólo la discute en algunos de sus términos, en su libro último sobre Sugesti- bilidad 111 El centro de percepción superior de la Escuela de Mont- pelltEr. el de la intelectualidad, está, pues, en toda la corteza cerebral y solamente por no hacer confusa la figura, lo estable- cemos en los lóbulos frontales. A este centro van fibras centrí- petas de los centros inferiores y vienen a éstos fibras centrí- fugas. Todo este primer piso de la cortesa, digámoslo así, tie- ne relación o comunicación con el piso superior; todos los cen- tros : de la palabra, de la escritura, del oído y de la vista, en- vían sus irradiaciones nerviosas al centro de percepción supe- rior, que las recibe e interpreta. Así. pues, las sensaciones auditivas recibidas, primeramente, en el centro de la audición (A) siguen hacia el centro superior que pen-ibe (centro O), y éste transforma la sensación-per- cepción. en energía viva, movimiento que baja al centro de la palabra (P) ; la palabra sonido se transforma en idea y ésta vuelve otra vez a salir fuera transformada en palabra, movi- miento o signo. Cuando no interviene el centro de percepción superior, la palabra oída (A) se trasmite al centro de articu- lación verbo-motriz directamente; se repite lo que se oye, es decir, ecolalia. Pero hay más aún; del centro de la palabra (sig- no), vuelven fibras centrípetas al centro de percepción (idea), y éste puede tener noción de si la transformación de la idea en palabra o en gesto fonético, se ha hecho bien; o lo que es igual: si el lenguaje corresponde al pensamiento. Este contralor de la corteza sobre las funciones de sus centros inferiores, le he- mos visto realizarse en aquel afásico Marini de la sala del doc- tor Wernicke, que tenía idea, pero que no podía transformar un signo ni hablado ni escrito, y se indignaba por los errores de su incipiente lenguaje. Lo propio sucede en la escritura; el individuo que ve (V), copia por el centro gráfico (E) y puede recibir la sensación del movimiento de la mano, por las fibras centrípetas, que van de (E) al centro de percepción superior (O) y sabe, por lo tanto, si escribió mal o bien. Marini, que no podía leer lo escrito por otro, si se le hacía escribir llevándole la mano y tapándole los ojos, sabía lo que él escribía. De modo que el polígono localiza en centros la memoria de los movimientos que constituyen la palabra, centro verbo-motor de articulación; la memoria gráfica de los signos que constitu- 112 ESQUEMA GENERAL DE LOS CENTROS AUTOMÁTICOS Centros psíquicos in'eriores (grasset) Centro 0. de la ideación K. Kinético-Movimiento P. Palabra E. Escritura S. Sensibilidad A. Audición V. Visión 113 yen la palabar escrita, centro verbo-gráfico; el centro de la me- moria visual y el centro donde las impresiones sonoras nos dan la sensación de la palabra hablada: centro auditivo. Cada uno de éstos tiene en si una forma de memoria, que también puede ser llamada memoria poligonal. Pero todos estos centros, pueden funcionar separadamente, sin necesidad del centro superior (O), y esto es lo importante para nosotros; pueden entrar en acción recíproca o en conjun- to, y funcionan tan bien, que los actos que realiza el sujeto, sin intervención de su centro de percepción, reunen todas las condiciones fisiológicas como en la distracción, por ejemplo. En los casos de mal comicial (epilepsia) ambulatorio, sonambulis- mo espontáneo y provocado, hipnotismo, etc., es el polígono el que preside toda la mecánica locomóvil del sujeto, no intervie- ne la corteza superior. Estos fenómenos de disgregación mental, se realizan también en el sordo-mudo que empieza a hablar y sobre todo, de una manera muy curiosa en el magnetismo, mesmerismo, onofrofis- mo, adivinación del pensamiento, mesas parlantes, etc., que no son nada más que actos poligonales sin el control ni el freno del centro superior de percepción, que por esto mismo exageran y excitan la actividad del psiquismo inferior y mantiene en inconsciente movimiento, músculos, órganos, etc., etc. Así, un sujeto con los ojos vendados, conducido de la mano por otro, que le ordena, procura adivinar un objeto escondido. El médium o adivinador, fija su pensamiento en otra cosa para disgregar su centro supetior del polígono; mientras que el guía, que generalmente ha escondido el objeto, preocupado con el he- cho, mantiene su cerebro ordenando y excitando sin quererlo, a su polígono, y éste, estimulando movimientos en sus miem- bros, que e.1 adivinador siente, especialmente cuando acercán- dose al punto donde está el objeto, el guía, emocionado, denun- cia su estado por movimientos de manos que el médium no deja escapar y adivina así donde está el objeto. Este automatismo de los centros cerebrales inferiores, puede explicar muchos hechos que el espiritismo, ocultismo, etc., re- fieren a fenómenos supra normales, y que la anatomía fisioló- gica reduce a la verdad científica. P§ico-fisiologia del lenguaje EN ÉL SORDOMUDO, EN EL IDIOTA Y EN LOS AFÁSICOS Curso del Dr. Horacio G. Pinero, en la Facultad de Filosofía y Letras.-Con- ferencias del 31 de Julio y 7 de Agosto de 1901.-Versión taquigráfica pu- blicada en la «Revista de Derecho, Historia y Letras».- 1901. El estudio de las localizaciones cerebrales, que acabamos de hacei* experimentalmente en los animales, y clínicamente en el hombre, nos ha permitido establecer la formación de los cen- tros motores y sensorios del cerebro, creados por la actividad de los órganos de movimiento y sensibilidad, de cuya inerva- ción o dirección están encargados. Así hemos establecido que: los centros que dirigen los miembros del lado derecho están •en el hemisferio izquierdo y que el hombre derecho allí ubica sus centros, entre los cuales va también el centro del lengua- je- como el zurdo los ubica en el hemisferio del lado opuesto. Definitivamente constituidos y en-plena función los órganos de los sentidos, que aparecen con el tacto; las impresiones del mundo exterior transformadas por éstos en sensaciones, van al cerebro para hacerse percepciones y despiertan gradualmen- te la actividad de la corteza, cuya división funcional comienza a establecerse. La sensibilidad general, trasmitida por los cor- dones posteriores termina en los dos tercios posteriores del cerebro y hace allí sus centros. Las corrientes nerviosas aquí producidas se irradian hacia la zona media peri-rolándica-zona motriz-y la sensación es transformada en movimiento. Como cada impresión procede de un punto del cuerpo o de un órgano, el movimiento se produce en ese punto o en ese órgano. Fórmase así, en las circunvolu- ciones frontal y parietal ascendentes los centros de los movi- mientos de las piernas, del tronco, de los brazos y de la cabeza. Las impresiones luminosas, hechas percepciones en la pri- mera circunvolución occipital, allí donde terminan las fibras de sus nervios, y las sensaciones sonoras que van a la circun- 115 volución temporal irradiaran, como todas, hacia la zona mo- triz, la zona anterior; esta es la ley general del funcionamiento del sistema nervioso. Cada segmento del cerebro podría ser un órgano, por sus aptitudes especiales que dependen de sus relaciones con ele- elementos receptores de la periferia, y esta federación de órga- nos, esta división del trabajo fisiológico garantiza la especifi- cidad de sus funciones. No obstante, no hemos aceptado las localizaciones como doctrina, sino tal como la entiende la es- cuela italiana. Bien: los centros sensorios son los primeros que se estable- cen en una capa cortical que, fisiológicamente, puede conside- rarse inferior a aquella que más tarde va a ser asiento de la actividad cerebral compleja, las funciones psíquicas. Antes, pues, de ser psico-sensorios o psico-motores, estos centros son simplemente de sensibilidad y de movimiento, algo más perfec- cionados que los de la médula, dando lugar a acciones nerviosas que son algo más que reflejos; pero mucho menos que actos voluntarios. Son actos automáticos, con sus centros respectivos en relación funcional: este es el polígono del psiquismo infe- rior. Posteriormente, la actividad del polígono solicita la acti- vidad de la corteza superior del cerebro y el estímulo de cada centro va creando otros más complejos de percepción, de idea- ción y de asociación.. La formación del lenguaje exige primeramente la integridad del órgano fonador: la laringe, cuya doble función requiere mús- culos y nervios especiales a cada una de ellas. Colocada a la entrada de las vías respiratorias toma parte, aunque pasiva- mente, en esta función y su parte estrecha: glotis, dos lengüe- tas elásticas y delgadas como cuerdas, sufren la presión del aire a su entrada y salida de los pulmones. La glotis y los músculos respiratorios de la laringe funcionan con los pulmones en la aspiración y espiración del aire que regenera la sangre, pero tiene otros músculos y otros nervios que funcionan también con los pulmones en su trabajo especial: la fonación, en la que el pulmón hace las veces de fuelle o porta-viento, la glotis de apa- rato fonador, y la boca, nariz, etc., de porta-voz. La respiración, función de necesidad, es la primera y su ner- vio dirigente, el pneumo gástrico, es nervio del bulbo, - cen- 116 tro a su vez del nudo-vital o centro respiratorio. Pero la respi- ración y sus órganos hacen entrar en acción la laringe como aparato de fonación; el niño grita, fona, desde sus primeros momentos, pero no habla aún; hay voz, pero no palabra que requiere otros órganos y otros nervios y otros estímulos de orden especial. El niño que oye forma su centro cerebral de la audición e imita lo que oye; así como ve e imita siempre, repite lo que oye y hace lo que ve hacer. El centro de la audición estimula las aptitudes nativas del cerebro, de su zona motriz, en el punto de la corteza de donde salen los nervios que van a los órganos de la voz y se forma allí el centro de la palabra, es decir, el cen- tro de los movimientos de los órganos que producen la voz y más después la palabra. Oye, pues, el niño y aprende a hablar repitiendo lo que oye. Si no oye no habla, por eso el sordo-mu- do es mudo porque es sordo-todo es mecánico aún; no hay es- pontaneidad psíquica alguna. La Psicología científica prescinde de esas disquisiciones on- tológicas sobre la verdad del versículo del Evangelista; no dis- cute las distintas teorías de Heráclito, Demócrito, Epicuro, etc., etc., sobre el origen del lenguaje. La tarea nuestra en este pun- to no es otra que aportar a estos estudios de Psicología, los ca- sos de observación clínica, porque es una Psicología clínica lo que nos corresponde. En las clases anteriores hemos visto constituirse y asociarse distintos centros: visuales, auditivos, gustativos, de sensibili- dad general o de sensibilidad especial; hemos plantado esos ja- lones y hemos estudiado cómo se forma el lenguaje, y cómo el lenguaje, una vez adquirido, es posible perderlo y después de perdido es posible recobrarlo. Instalada la respiración con todos sus centros de inervación y los elementos nerviosos que la dirigen, es posible entonces su función suplementaria, la fonación, que exige en su estado de actividad normal la integridad de sus vías naturales, las fosas nasales, faringe, laringe, tráquea y pulmones. Cerrando cual- quiera de estos conductos no está libre-(vegetaciones ade- noideas del naso-farinx, p. ej.) -la respiración se hace irregu- lar. retarda y hasta es insuficiente y la fonación, como la articu- lación del lenguaje, son defectuosas, como en la tartamudez. 117 En los sordo-mudos, la regularización obtenida por enseñan- za previa de los movimientos respiratorios, casi siempre incom- pletos, permite crear, a veces, desde el primer sonido, el timbre y la modulación de la vos. Puede significar esto que los múscu- los y nervios de sus aparatos fonadores no están educados para esta función y sólo trabajan en la función respiratoria, cuyos órganos son comunes con los de la voz. He aquí cuatro o cinco sordo-mudos que hablan, merced a la enseñanza recibido en el Instituto Nacional, que dirige el señor Airolo, aquí presente. La primera educación del sordo-mudo debe ser: procurar ob- tener la división de la función y aprovechar una función que ya existe para hacer aparecer otra, que no existe; es decir, en la respiración y fonación, aprovecharse de la inervación de la primera y de sus músculos, para crear la segunda. En este Ins- tituto se alojan 89 sordo-mudos, 40 de sordera congénita y 49 de sordera adquirida; es decir, son 40 sordo-mudos de naci- miento que no han tenido oído y que, por lo tanto, no han ha- blado, no han formado su centro de lenguaje. Este niñito, que tengo el gusto de presentarles como caso de estudio, no tenía voz, no funcionaba su laringe cuando ingresó al establecimiento; su gesticulación era simplemente labial, sin expresión, la modulación se hacía en el porta-voz; pero nada de aparato fonador, ni porta-viento, y hoy el señor Director me lo trae con voz y ya dice: ma-má; hace tres días no decía nada. Hay voz, pues, que nace provocando movimientos del tórax, apretándolo suavemente, como si se apretara un fuelle; cada compresión del tórax da más aire al porta-viento y la glotis em- pieza a funcionar, emitiendo sonidos. Primero se vigoriza la respiración, se perfecciona ésta para obtener la entrada en fun- ciones de un órgano que es mecánico, como la laringe. En el Instituto de sordo-mudos, formar el centro del lengua- je representa toda una tarea de ciencia, y la tarea de su Direc- tor es, no sólo la enseñanza de los alumnos, sino la preparación del personal; de modo que el Director es profesor de los profe- sores de los sordo-mudos. Esta es la verdadera enseñanza cien- tífica. En cuatro períodos se divide la enseñanza del sordo-mudo: I 0 Periodo preparatorio, es decir, regularizar la respiración, 118 perfeccionar el porta-viento para preparar la fonación gradual- mente por la educación de los órganos, que van a modificar el sonido vocal. 2.° Período de articulación de la palabra. Esto es mecánica aun, y a tal punto mecánica, aunque la tarea del pro- fesor consiste en hacer producir el sonido en la laringe, modifi- cando su timbre, actuando sobre las partes blandas del órgano, y de sus anexos: levantando el suelo de la boca para las silabas dentales, apretando un lado de la nariz para las nasales, cerran- do los dientes, endureciendo los labios, etc., y enseñando la voz grave, la voz de pecho por las vibraciones de las paredes del tórax para evitar y corregir la voz de falsete, a la que tienen tendencia los sordo-mudos. Mediante esta enseñanza imitativa se logra crear el sonido, crear la sílaba, la palabra, empezando no por las vocales y con- sonantes, sino por las letras explosivas primero y semi-explosi- vas después; guturales y nasales más tarde y enseñar al sordo- mudo a perfeccionar su sensibilidad táctil, recibiendo las im- presiones sensitivas por sus manos aplicadas en la laringe, en el pecho y en la nariz de su maestro, si la sílaba a pronunciarse es nasal, como jar-din, p. ej. Estos son ejercicios fundamenta- les que con la modulación labial y gesticulatoria del maestro frente al niño constituyen el método usado. Este niño es sordo, absolutamente; pero si pone la mano en el cuello y siente la vibración de la laringe del que le habla, re- pite el sonido. Las impresiones que en nosotros entran por los oídos, a los sordos deben entrar por otras que ya hemos de determinar. Es tan exquisita la sensibilidad en estos niños, cuando están en su aprendizaje, que, sin ver, son capaces de re- petir la palabra, con sólo recibir las vibraciones de la palabra en el dorso de su mano, como en las palabras: papá, mamá, etc. La sensibilidad por un lado y la visión por otro, les permite crear su centro del lenguaje. Cuando los profesores enseñan a que el niño entone una voz baja o alta, procuran que el niño reciba las impresiones centrí- petas, para que tenga conciencia de esa sensación; al mismo tiempo, ven el movimiento de los labios y de la fisonomía del profesor, y reciben, por su mano, las vibraciones vocales del tó- rax y laringe de quien les habla. 119 Nuestro objeto, al presentar estos niños, consiste en mostrar cómo hablan los sordo-mudos; cómo es posible que el centro de la palabra se forme sin el oído. Como sistema de educación es el más perfecto que hoy se conoce, y en el Instituto está prohi- bido el uso del lenguaje por gestos a tal extremo, que deseando yo conocer algo de sus expresiones mudas, por medio de ges- tos, he tenido que mezclarme en sus juegos para poder sorpren- der un cambio de gestos fisonómicos entre ellos. Y esta prohi- bición está bien justificada, cuando el objeto que se debe per- seguir y se persigue, es que. hablen, que la función haga mover el órgano. Después viene el tercer período de la formación del vocabu- lario, y después el 4.0, la transformación del signo en idea, es decir, el primer esbozo de lo que va a ser cerebración después. El polígono, una vez que tiene formado el centro de la palabra, inicia la transformación de ésta en idea para llegar al último período, que es el de la cerebración, de la asociación de ideas. Todos estos niños sordo-mudos, no sólo crean el centro de la palabra, sino que aprenden y se educan bien; reciben todas las nociones de los grados elementales: gramática, aritmética, geo- grafía, historia, etc.; saben escribir y leer con bastante correc- ción. Demuestran deseos de aprender, se siguen en sus deberes y se corrigen entre ellos los errores de su lectura o de su escri- tura. Hoy el Director de este Instituto tiene el placer de poder decir, que varios de sus discípulos han salido del Instituto nacio- nal de sordo-mudos, y han podido ingresar como empleados en la administración nacional; lo que es una verdadera satisfacción. Estos niños que he presentado, son del primer grado. Veamos otros más adelantados. Este, por ej., dice: co-ra, mal dicho, pero si el Director le toca la garganta, indicándole así sonido gutural, dirá bien: go-rra. En este punto de mecánica fonética, cuando ya funciona el cerebro, entonces la transformación en idea se hace bien: una vez que el niño conoce la expresión sin- tética, que el signo poligonal ha ido más arriba, lo archiva, lo guarda y asocia el objeto (la gorra) con la manera de decir y pronunciar: go-rra. Empieza haciendo sustantivos aislados: Zi- qo-rra, etc., y después, poco a poco, empieza a hacer tra- bajos de unión, ligando frases, adjetivos, más después prepo- siciones que establecen relaciones; pero muy tarde palabras abs- 120 tractas; primero objetivan lo que ven, este es el primer periodo de la formación del centro del lenguaje. Así empica a formarse el archivo mental de cada sordo-mudo, como lo hacemos nos- otros; y el que tenga más vocabulario será el que mejor hable; como el que tiene más ideas tendrá seguramente más palabras. (Jiros detalles interesantes es enseñarles a acentuar las síla- bas ; si este niño dice: telegrama, para hacerle decir: telegrama, es preciso comprimirle el abdomen bruscamente cuando va a pronunciar la sílaba correspondiente, para que el mayor aire espirado y la aprobación expresiva del maestro le den la sen- sación de que ha dicho bien. En los Estados Unidos se representan dramas y comedias con lenguaje géstico-motriz, que está excluido en el Instituto, y no corresponde a las ventajas del método presente. Este joven es un eximio zapatero; este otro es un ex alumno del Colegio y hoy está allí empleado; cuando entró en el Co- legio, hace nueve años, apenas hablaba alguna que otra pala- bra; hoy va a explicar todo lo que ha visto en el Colegio Na- cional, ayer, adonde estuvo con otros varios sordo-mudos a vi- sitarme para conocer el laboratorio, y él ha hecho una especie de memoria, relatando dicha visita, memoria que nos va a leer ahora. (Russo, alumno sordo-mudo, hoy sordo-parlante, lee en voz alta la composición indicada.) Es digna de estudio la forma de la lectura y el metal, diré así, de su voz: todos hablan de igual modo, con la boca más bien cerrada, entonación uniforme, monótona y frases unidas. Algunos con timbre muy nasal y tan acentuado que podrá re- producirse con el fonógrafo. Oyendo hablar sordo-mudos una vez, es posible reconocerlos por la monotonía de la expresión sin tonalidad y la dureza dentó-nasal de la palabra. En Russo, el que más resultados ha obtenido, que acabamos de oir la lec- tura de un trabajo propio, conviene analizar su lenguaje en sus detalles, capaces de fijar las condiciones de la palabra del sor- do-mudo. Hemos dicho ya que, suprimido el centro de la audición ver- bal en el sordo-mudo, no aparece la actividad de su polígono estimulada por esa vía y se forma el centro de la palabra por otras vías - la vista y la sensibilidad general. Así. vemos, que exagerando la modulación de las palabras con los labios frente 121 a este niño, éste las repite. Vemos también que dirigiéndonos a ellos en voz baja, traducen los movimientos y gestos de nues- tras palabras, porque para el sordo-mudo la palabra movimien- to, vale más que la palabra sonido. El más adelantado entre los sordo-mudos presentes, que no pueden llamarse ya desgraciados, es Russo que ha estudiado ya ocho años en el Instituto, habla más, lee, escribe y piensa. Pue- de ganarse la vida y la de los suyos sin dificultad, y llega su perfección visual a tal punto, que es capaz de contestar a pa- labras-movimientos, vistas de perfil, en la fisonomía de su maes- tro, y su sensibilidad es tan exquisita, que aun hablándole (sí- labas explosivas) sobre el dorso de su mano (la boca cerca de la mano) traduce las palabras; pero en todo momento se puede observar esto: la necesidad que tiene el sordo-mudo de repetir lo que ve o lo que siente para interpretarlo; es decir, que repite las preguntas para dar las respuestas y conoce, retiene más la lectura en voz alta, que la lectura visual simple. Pienso que la explicación psicológica es clara: el centro de la palabra (como el de la escritura) lo hace el sordo-mudo, por la vista y por la sensibilidad (le falta el oído) ; son sensaciones nuevas para las aptitudes ordinarias de esos centros y, para que las modificaciones dinámicas del polígono vayan al centro de percepción superior a traducirse en palabra hablada, no basta la sensación visual y táctil, es necesaria otra sensación más: la de los movimientos de los labios y de la glotis del sujeto, que realiza por imitación y entonces tres sensaciones por tres vías distintas, pueden vencer la resistencia del tejido, y quedarán instaladas las vías de conducción más rápida, a falta de la nor- mal para comunicar con el centro superior cortical. Si la pa- labra sonido o movimiento es puramente mecánica, no pasa del polígono y si pasa se mueve con tal retardo, que es notable la lentitud de su transformación en idea, porque debe recorrer tres vías; pero si se evita la repetición, si se obliga al sordo-mudo a que mire y conteste sin repetir la pregunta, se corregirá el re- tardo y la corriente nerviosa ha de propagarse por el camino más corto - del centro visual (V) al centro (O) de percepción directamente. (Véase esquema págs. 108 y 112.) Al sordo-mudo, cuando se le pregunta, por ejemplo: ¿Cómo le llamas? repite la pregunta - Cómo te llamas - y después 122 dice su nombre. Pero hay un tiempo notable de retardo en la interpretación de la pregunta-vista, para ordenar el movimiento de la respuesta-hablada, porque necesita dos sensaciones del po- lígono : una en el centro de la visión, es decir, - mover su cen- tro visual - viendo la palabra en el movimiento de los labios del que habla; y otra el mover sus labios y su glotis y percibir estos movimientos, para que unidas estas dos sensaciones va- yan recién al centro cortical superior. Pues bien, la enseñanza perfeccionada consiste en lo que hace el Director del Instituto: no les permite que repitan, para que manden la onda nerviosa del polígono por víaTlirecta al centro superior.de percepción. Los soi do-mudos, que hablan en el Instituto hoy, todos nece- sitan repetir y todos tienen un retardo de interpretación perfec- tamente apreciabie, que pasa seguramente del triple del tiempo normal (o.io" a 15") y que desaparecerá seguramente en ade- lante. La Psicología ha de perfeccionar también este arte de la en- señanza de sordo-mudos y lo perfecciona a tal extremo, que es muy posible que Russo, el que más habla, procurando no repe- tir y corrigiendo su monótona entonación, pueda disimular per- fectamente la falta de su oído; y hablará rápida y correctamen- te. Entonces la transformación de la palabra en idea no ofrece- rá letardo, no necesitará dos golpes de signo (en el polígono) para dar recién la idea (en el cerebro), cuando én el individuo normal a un solo golpe de signo corresponde siempre una idea. UrbantschiTsch, profesor del Instituo de sordo-mudos en Viena, ha procurado despertar la audición en el sordo-mudo; es decir, desde que ingresan en el Colegio se les hace recibir sensaciones sonoras de distinta graduación, hasta que al cabo de mucho tiempo y con una paciencia, que debe ser única, con- seguir que, algunos de ellos, puedan oir. Aquí no se ha cultiva- do todavía el oído, y creo, como el Director de nuestro Insti- tuto, que el procedimiento es lento y quizás sea más realizable después de haber obtenido la palabra por otras vías. El sordo de nacimiento carece del centro auditivo porque ño lo forma su oído: pero los que se hacen sordos por enfermedad infecciosa, con manifestaciones cerebrales, como son la mayo- ría, pierden poco a poco el lenguaje aunque le tengan comple- tamente formado. (29 sordo-mudos del Instituto desde la edad 123 de 2 años hasta la de 9, se encuentran en estas condiciones). A pesar de esta carencia del oído, forma, pues, el sordo su len- guaje por la vista y por el tacto, porque su corteza cerebral tiene aptitudes psicogénicas propias de la integridad anatómica de sus células nerviosas, lo que le permite adquirir el lenguaje, instruirse y educarse para ser hombre útil. Veamos otros sujetos (he aquí dos de éstos, que no hablan, que nunca han hablado y que jamás hablarán por falta de ele- mentos nobles del cerebro que les permitan adquirir esta facul- tad). Son sujetos que ven y oyen, que sienten y que se mueven; pero en los cuales sus centros corticales se forman aislados y permanecen sin vinculación funcional. No existen esos neuronas de asociación, que son la expresión anatómica de la función su- perior del cerebro y del espíritu, que dan al sujeto la conciencia de su entidad psíquica, y establece la sinergia de actividad de todos y cada uno de los territorios cerebrales; estos elementos no existen en los sujetos degenerados que padecen de aplasia cortical, de agenesia cerebral; no existen en la idiotez o en la idiocia, admirablemente estudiada por BournevillE y Ham- mErbErg en sus diez formas anátomo-patológicas, con admira- bles fotografías de cerebros y minuciosas preparaciones micros- cópicas, de las que hay hermosos ejemplares en el Hospicio de las Mercedes, que prueban de una manera concluyente la rela- ción entre el número de células piramidales y fusiformes y el carácter de la insuficiencia mental. Así nos dicen que: "en la idiotez profunda, estas células están en menos cantidad y au- mentan gradualmente con la inteligencia, aunque siempre son poco abundantes aun en los casos de menor insuficiencia men- tal." La agenesia idio pática o primitiva parece dudosa según Phi- lippE, oue en su trabajo sobre histología patológica de la idio- tez del Congreso de Medicina, del año pasado, establece: la fre- cuencia de lesiones esclerosas difusas de vasos, fibras, nevroglia, células, etc., y no sólo del elemento cortical celular, como que- ría StrümpEEL. Estas atrofias o degeneraciones del cerebro, nada tienen que hacer con insuficiencias de su actividad por fal- ta de órganos que provean a su nutrición especial, como la ítZío- tez del cretinismo, del mixodema, que depende de la atrofia o hipertrofia degenerativa de la glándula tiroides. 124 Magnan clasifica los degenerados mentales en cuatro gru- pos, según el desarrollo de su inteligencia: idiotas, imbéciles, débiles de espíritu y degenerados superiores o degenerados sim- ples. - Esquirol, teniendo por criterio de la intelectualidad, el lenguaje, divide los degenerados inferiores de Magnan en tres clases: i.° pobres o débiles de espíritu, cuyo lenguaje es casi fisiológico; 2.° imbéciles, inferioridad evidente de expresión; 3.0 idiotas de i.°, 2.0 y 3 er grado, según que hablan o no hablan nada. El idiota es el tipo más pobre en la escala de la mentalidad, y el estado embrionario de su intelectualidad se acusa por falta de desarrollo del cerebro en peso y en volumen, en cantidad, en calidad (microcefalia) y generalmente por lesiones gruesas ma- croscópicamente constatables. El imbécil no se diferencia del idiota sólo por grados; pare- ce ser, según GilbErt BalliíT, un degenerado funcional con estigmas de insuficiencia, aunque no con deformaciones y mons- truosidades como el idiota; es una debilidad mental, mientras que la idiotez es síntoma de una afección orgánica de los cen- tros nerviosos. La degeneración física es la regla en la idiotez y su signo evi- dente y vulgar es la pequenez del cráneo, en el que se ha ence- rrado el cerebro antes de su completo desarrollo, con gruesas suturas y resistentes paredes que le impiden la menor expan- sión. Esto microcefalia congénita y la atrofia consiguiente del cerebro pueden tener distintas graduaciones, que se acompañan también por modalidades especiales del lenguaje. La idiocia se observa en la primera infancia, debida a lesio- nes generalmente distróficas: que no sólo afectan el estado mental de los sujetos sino hasta su físico mismo, su vitalidad en sus formas esenciales. Su vida orgánica suele, en muchos casos, realizarse en condiciones fisiológicas exageradas, asegurada por su médula o su cerebro inferior (ganglios de la base), que su- fren, muchas veces, el choque de esa agenesia o distrofia cerebral. El idiota, aun aquel que físicamente está bien constituido, con un cráneo generalmente pequeño (microcéfalo), encerrando un cerebro que es siempre pobre y miserable en células grises, ca- rece de elementos corticales nobles, que le permitan formar su archivo de percepciones para convertirlas en ideas; dispone de 125 sus órganos de los sentidos receptores; pero no tiene neurones de asociación que vinculan los centros inferiores de percepción por varias vías de asociación, para dar la noción de síntesis y de personalidad. Son a los 18 años, como un niño de 10 y has- ta de 5 años. En 55 que hay en el Hospicio de las Mercedes, se ven todos los ejemplares: de 20 años con una cabeza de 3 años; y es tal la degeneración total que carecen hasta del ins- tinto de su propia conservación. El idiota de segundo o tercer grado, no habla una palabra, es huraño, inquieto, agitado, hace constantemente gestos irregulares; algunos son tranquilos, apá- ticos, miran con aire estúpido como si todo el exterior fuera para ellos un enigma. No tienen espontaneidad ni coordinación motriz bien hecha; sucios, desgreñados, con los dedos en la bo- ca, babeando constantemente, dejando oir ruidos guturales sin expresión, signos inarticulados, generalmente reflejos y pareci- dos a gritos de animales. Todos los actos de su vida son reflejo y automatismo, no tienen conciencia de su personalidad; se muerden, se queman y se lastiman sin comprender que se hacen mal, como aquel idiota de Esquirol que se perforaba la mejilla con su propio dedo. Este caso que presento es el de un niño (Carlitos), idiota completo de tercer grado, según la clasificación de Esquirol: no habla una sola palabra; hace tres años que está en el Hospi- cio de las Mercedes, cuyo director, el doctor Cabred, se ha preo- cupado tanto de mejorar la suerte de estos desgraciados, que hasta les ha dispuesto un hermoso patio con instalaciones para ejercicios físicos; con maestros que les dan lecciones diarias, pa- ra buscar el perfeccionamiento físico de estos pobrecitos, y obte- ner, siquiera algo de ese paralelismo, que la ciencia hoy tiene el derecho de esperar, entre el desarrollo físico y desarrollo mental. Este niño, es uno de esos ejemplares en que, ni la ciencia, ni el trabajo y constancia de los que le cuidan y dirigen, ha po- dido obtener nada. No es un microcéfalo; el volumen de su cráneo no es pequeño y su conformación tampoco es mala; no presenta deformaciones en su cuerpo, y su aspecto exterior no choca ni inspira tampoco repulsión, más bien es simpático y constantemente risueño. No habla, ni siquiera come solo; no reconoce sus compañeros de infortunio, ni tiene afectos por los 126 que le cuidan; no muestra ningún signo fisiológico que de- nuncie una chispa de su inteligencia, de su emotividad, siquiera de su vida afectiva, nada absolutamentsu cerebro es un pára- mo desierto. De 15 idiotas del Hospicio, apenas tres están en estas condiciones. Por eso es que presento este caso, como tipo de un mutismo incurable; no hay lenguaje porque no hay signo, no hay idea, no hay corteza cerebral. Repito que de 55 sólo tres se encuentran en este estado, porque el cuidado, la cons- tancia en la enseñanza, la terapéutica higiénica, el estimulo del medio exterior, la palabra del maestro y la disciplina persisten- te de toda actividad, bien mantenida, todo esto logra algunos re- sultados; pero es poco: en muchos casos fracasa por completo. Este niño, como podemos apreciar, grita; pero, sus gritos estridentes no son gestos fonéticos, expresivos, como todos los que constituyen el lenguaje natural, ni tampoco tienen la menor entonación, el más fundamental de los elementos del lenguaje, porque la articulación es sólo su complemento. La entonación en el lenguaje es universal; hasta los animales la tienen; mien- tras que la articulación es secundaria, porque se refiere a la pa- labra. Pues nuestro idioma no produce un ruido que sea expre- sivo para ser un gesto, salvo una sonrisa, que puede ser risa como llanto, y un aullido casi onomatopeico de los más primi- tivos. Si se le habla contestará con movimientos desordenados, movimientos atáxicos, sin mesura ninguna. Este es el idiota de tercer grado, esta es la expresión de la degeneración verebral con lesiones orgánicas irremediables, contracturas, rigidez de sus miembros, etc., aunque felizmente, no de sus piernas que le permiten la marcha. Teniendo en cuenta las aptitudes fisiológicas generales del sujeto, Magnan dividía los idiotas en: idiotas posteriores, idiotas medulares e idiotas anteriores. El idiota medular es el que rea- liza sus actos reflejos e instintos en condiciones regulares y en el que hay un poco de ideación; el idiota posterior es emotivo, sensorial e instintivo; el idiota anterior es motor e impulsivo. Esta clasificación que no es aceptada en general, es de difícil aplicación en el caso presente. He aquí otro enfermo: su nombre de guerra es Polo, pobre degenerado, que no obstante en el Hospicio, donde hace diez años que está, ha llegado a ser un sujeto útil. Es un imbécil, 127 menos que idiota de primer grado. Cuando ingresó en el hospi- cio parecia un idiota de primer grado, completamente inútil para el trabajo. Fué una criatura bien desarrollada y de cráneo un poco chato, y en diez años que está en Hospicio, siguiendo la práctica de enseñanza para este género de enfermos, ha deja- do de parecer idiota; pero no ha dejado de ser un imbécil, es de- cir, ha progresado porque habla, se hace entender: mientras que a su entrada solo gruñía, y en el Hospicio, de un muchacho com- pletamente inútil e inepto aun para los trabajos más sencillos, han hecho un hombre hábil para cierta clase de trabajo. De ma- nera que en la idiocia hay ciertas aptitudes parciales, si se quie- re ; pero cultivándolas consiguen hacer su centro cerebral in- ferior (en calidad), puede obtenerse un desarrollo progresivo de otros centros cuya exteriorización sean movimientos coordi- nados y destinados a fines útiles. El vocabulario de Polo es completamente reducido, no tiene frases; sólo tiene unas cuantas palabras, las suficientes para ese comercio diario en que está con sus compañeros; pero como ha perfeccionado alguna de sus pocas aptitudes para el trabajo que alguna satisfacción le proporcionan, no quiere estar en la Sec- ción de idiotas y anda por todo el Hospicio; pide trabajo que le permita emanciparse del maestro y del grupo, porque su progre- so mental le permite buscar su independencia. Habla muy poco; pero canta también, casi puede decirse que canta mejor que ha- bla, aunque hace las dos cosas mal. Sin embargo, la entonación de su voz le permite expresarse con sus compañeros y exteriori- zar mejor sus estadosemotivos que con la palabra, como si algo hubiera de cierto en aquello de que: "la palabra ha sido dada al hombre para disimular el pensamiento". Vamos a oirle cantar: no dice muy bien, pero la entonación es buena. ' (El enfermo canta La Verbena de la Paloma). Es asimétrico: lado izquierdo desviado y lado derecho flácido; algo que indica cierto grado de degeneración. (El doctor Piñero dirigiéndose al enfermo:) ¿Cómo .te lla- mas f- Vi-cen-te Po-lo- ¿Cómo te va en el Hospicio? - Bien-¿Tú quieres al doctor Cabred?- Sí; es mi her-ma-nó; y me man-da en co-che - ¿En qué trabajas? - De co-che-ro. (Esto no es cierto, él es caballerizo, ahora pretende ser coche- ro, lo que puede indicar un progreso mental). Tra-ba-jo en las 128 ca-ba-lle-ri-zas - ¿Te pegan allí? - An-to-nio me pe-ga.- En efecto, hay un Antonio, peón también, que es un personaje que dice, le maltrata; pero que no se llama Antonio, aunque él le llama así. Su estribillo es: "Antonio me ha pegado una pa- tada", que no corresponde a la verdad. Este imbécil presenta: asimetría evidente y emotividad excito-refleja risible, que no la modifica aunque se enoje; siempre tiene esta expresión, y no puede pronunciar palabra, ni poner en actividad su corteza sin que haga ese gesto risible, que no corresponde a la actualidad exterior. (Como los idiotas hacen ejercicios físicos, el doctor Pinero pregunta a Polo) : ¿Cuál es el mejor pruebista de todos lo?> idiotas? - El doc-tor Ca-bred - ¿Comes bien en el Hospicio? - Puchero, so-pas, pan. - Y ahora, ¿te quieres ir al Hospicio o quieres quedarte aquí? - Mañana, el jueves voy a salir. Es cierto, porque él tiene estos días sus salidas también. Hace al- gunas frases bastante comprensibles: su vocabulario es muy pobre por su insuficiencia mental. - ¿Quieres cantar otra vez? Donde vas con mantón de Mañiza (i). Donde vas con mantón de Mañiza. Esta es la única frase de su repertorio musical: pe- ro la entona bastante bien. En materia de entonación ha gana- do más que en lenguaje. Se observa con mucha frecuencia, en estas degeneraciones mentales incompletas, en estos tipos de imbecilidad, que los centros complejos que constituyen la facultas signatrix de Kant (el lenguaje en todas sus formas) suelen alterarse en una de sus parte, quedando íntegras las otras; de ahí que, en esas afa- sias corticales, haya, a veces, perturbación pura de la palabra (rara) ; otras, casos de cesación o supresión de entonación, con- servando la palabra: lo que llama Brissaud, afasia de entona- ción o amusia; el sujeto habla poco y en un mismo tono, sin cambiante alguna. En los idiotas de primer grado, probablemente, existe cierta aptitud para establecer estos cestos fonéticos, que tienen por resultado la entonación del lenguaje. Y a este propósito, me decía el doctor Cabred: "entre estos 53 idiotas, hay una media "docena que son capaces de cantar y oue son incapaces de ha- " blar; otros hacen esos ruidos, esos gestos fonéticos, onoma- (1) Manila. 129 " topeicos, que se acercan al lenguaje primitivo: esto es lo que " hace Garlitos y que ha perfeccionado Polo. No siempre son " tranquilos. Cuando hay acumulación de excitabilidad, carga "excesiva de corriente nerviosa, que se deposita en los ganglios " de la base o en los centros inferiores, y aparece en momentos " determinados, se suelen producir descargas, que se irradian " por toda la corteza, y entonces un idiota tranquilo, como Gar- litos, puede ser ofensivo, puede ser homicida y puede tener " un impulso que ponga en peligro su vida y la de los que estén " a su lado." Esta es la emotividad impulsiva excito-refleja sin el control de la inteligencia, sin la acción moderadora o inhibidora de es- tos-cerebros distróficos. Esto y otras cosas muestra la Psiquia- tría a la Psicología, por ejemplo: el estudio del funcionamien- to anormal del cerebro: esa separación ocasional o permanente de los centros superiores (conciencia superior), que asistiendo a la actividad de los centros inferiores (conciencia orgánica), como en la catalepsia, en la histeria, en el sonambulismo y en el letargo, no puede actuar sobre ellos; la disgregación de ese centro de percepción superior con el polígono, el centro de coor- dinación de los movimientos automáticos, que se ve en el distraí- do, en el preocupado en plena actividad inconsciente. Por su parte la clínica nos ha mostrado ya enfermos del ce- rebro con perturbaciones del lenguaje, con lesiones del centro cortical de la palabra, como en este nuevo enfermo que tiene accesos de inhibición cerebral, durante los cuales queda a veces sin conocimiento por espacio de 24 y aun 48 horas; en este tiempo no reconoce a su mujer ni a sus hijos y cuando pasa el ataque empieza a hablar el idioma que menos usa en su mena- je. Es un bearnés, panadero, y tiene tres hijos, perfectamente sanos. Es un individuo trabajador, pero vicioso; alcoholista, bebedor consuetudinario. Corregido su vicio hace un año ape- nas, puede decirse que recién ahora niega con verdad, que sea aficionado a la bebida. Hace dos meses, estaba comiendo, y de repente le sobrevino una especia de síncope que le hizo caer al suelo, balbuceando al- guna que otra palabra: la mujer lo toma en brazos y mediante el auxilio de su hermano lo transporta a la cama. El enfermo perdió el conocimiento y al cabo de 24 horas pareció reconocer 130 a los suyos y dijo algunas palabras en español, idioma que usa- ba solamente en su comercio diario, con sus patrones y en sus relaciones con el público. Pero en su casa, de puertas adentro, el español no era moneda corriente; a pesar de esto y después del ataque (a las 24 horas) habla sólo en español y no habla bearnés ni francés, que es su idioma nativo. Pasan 405 dias, recobra su memoria, empieza a hablar y a caminar, usando poco francés, pero el español, correctamente. Lo curioso es, que en cinco meses ha tenido cinco ataques y en los cuatro últimos no ha perdido el conocimiento: lo único que pierde es la facul- ta! del lenguaje; no habla una sola palabra y él asiste, de cuerpo presente, a esa imposibilidad de hablar: conoce a su mujer y a sus hijos y se desespera porque no sabe llamarlos; y este fenó- meno de inhibición del centro verbo motriz de articulación se produce igualmente en todos los ataques sin otro trastorno en la sensibilidad ni en el movimiento. Es de llamar la atención este único fenómeno que presenta el sujeto, porque no es vulgar el hecho de afasia y amnesia par- cial transitoria, fugaz, sino por el contrario, a evolución lenta, como los casos de Pitres, de afasia de los políglotas, que a la larga recobran la palabra y la memoria. No conozco casos de inhibición temporaria del centro de Broca: conozco parálisis transitoria de la esclerosis en placas y del tabes, que duran horas; la impotencia de un miembro, que sólo dura algunos días; pero inhibición pura y simple del centro motriz de la ar- ticulación de la palabra, es para mí un hecho nuevo, muy inte- resante, y que el propio enfermo refiere con una vivacidad que interesa. Se trata de un panadero inteligente, trabajador, que ya tiene una posición y que, debido a eso, tiene medios que le per- miten hoy buscar su curación. Es un verdadero caso clínico (co- mo decimos en nuestra jerga médica), de esos que se presentan con toda la nitidez y pureza necesarias para demostrar hechos experimentales, que hoy están perfectamente aceptados en cien- cia. Este señor declara: que el ataque, es decir, la perturbación de su palabra se inicia con hormigueos y dolores en la pierna y brazo del lado derecho: de adormecimiento de todo el lado de- recho, de manera que él puede anunciar con alguna anticipación, que le va a dar el ataque. Para nosotros, para nuestra anatomía psicológica, estos he- chos son de gran importancia. El centro motriz de la articulación 131 de la palabra, localizado en el hemisferio izquierdo (3.a circun- volución frontal) tiene aquí su evidente demostración, porque las perturbaciones ligeras de sensibilidad que ofrece el enfermo, tiene su asiento en el brazo, primeramente, y en la pierna des- pués, del lado derecho, cuyos centros cerebrales de inervación son inmediatos al centro de la palabra. (El hemisferio cerebral izquierdo gobierna el lado derecho del cuerpo... etc.). Más aún, examinado bien este enfermo, porque conserva en realidad sus fuerzas, se nota una debilidad manifiesta, en todo el lado derecho (paresia). Conversando sobre este señor con el doctor Aguilar (qué fué el médico que primero lo vió en su primer ataque) me dijo, que tuvo hemiplegia (parálisis de todo un la- do) que apenas duró tres días; es decir, inhibición de los cen- tros del lado que dirigen los movimientos del brazo y pierna derecha (psico-motores) y de la articulación de la palabra (cen- tro verbo motriz) todos juntos en la 2.a y 3.a circunvoluciones frontales izquierda. Esta enfermedad, que desaparece en horas o en algunos días no puede obedecer sino a perturbaciones circulatorias, que re- percuten sobre el dinamismo cortical. Un enfermo, pues, en es- tas condiciones, y que nos presenta estos curiosos ataques, es un enfermo que nos demuestra un hecho experimental: es el caso de tener en experiencia un sujeto en el cual, la fisiología operatoria, habría levantado una cuña de su cerebro, de su cor- teza y vuelto a colocar en su puesto, siquiera por ficción. Asi como el fisiólogo extirpa por partes la corteza cerebral para demostrar la especialidad de las funciones del cerebro in anima vili, la enfermedad nos pone al hombre como sujeto en expe- riencia, y nos es dado estudiar, in anima nobili, la enfermedad y su localización funcional u orgánica por el método anátorno- clínico, al que tanto renombre dió Charcot. ♦ Ahora bien: ¿qué enfermedad puede ser ésta, en que el su- jeto conserva el perfecto convencimiento de su propia persona y del exterior, la integridad de sus sentidos y de sus fuerzas, así como la regularidad de sus funciones generales, y sólo su fisonomía de tristeza y de abatimiento, su apatía evidente, pue- de denunciarnos un enfermo? Cada mes, nos dice, tiene diez días que no puede hablar, pero siempre puede escribir,' copiar, dibujar y cantar como cualquier individuo normal; nos cuenta 132 que, hay días en que no encuentra los nombres de sus hijos, más, que se olvida de su nombre y del nombre de su mujer, y no deja de llajnarles, por dificultad en pronunciar la palabra sino porque se olvida; porque aun hablando otras cosas, no le vienen las ideas. Corticalidad cerebral que da la idea, función de neur oríes corticales superiores; éstos interrumpen sus comu- nicaciones con otros neurones inferiores, que constituyen el po- lígono central; es decir, inhibición del centro O, y de los cen- tros poligonales del psiquismo inferior. Esta interrupción de relaciones del centro de percepción, y de los centros automáticos del psiquismo, puede depender de perturoaciones circulatorias simplemente. El encéfalo y todo el tejido nervioso, entre todos los demás tejidos, son los que más necesitan de sangre para trabajar: exigen la regularidad más perfecta en el recambio de los materiales orgánicos, para cada célula, que no tiene otra existencia posible que su perpetuo dinamismo; y la naturaleza, anticipándose a las exigencias de ese lado del cerebro que más trabaja (hemisferio izquierdo) le ha dado arterias directas (carótida primitiva de la aorta) que no se bifurcan; en cambio, el derecho, aunque más voluminoso y quizás más pesado, como dice Van BiErbriet en el Homme droit, no tiene arteria directa, sino común con la del brazo en su origen (tronco-braquio-cefálico). Mayor peso no significa mejor función y menos en el cerebro en que la substancia blanca pesa más que la gris, según algunos anatomistas: Baistrocchi. Así, pues, el hemisferio izquierdo del cerebro tiene una circu- lación más abundante y perfectamente garantida, en relación con la del lado derecho; las arterias que van al hemisferio iz- quierdo, salen directamente de la aorta, y esto no pasa en el lado derecho, porque aquí salen de un tronco común. De mane- ra que anatómica, morfológica, fisiológica y clínicamente, todo tiende a demostrar que el hemisferio izquierdo prima en sus funciones sobre el hemisferio derecho, porque tiene una provi- sión que le permite una nutrición muy bien hecha y por lo tanto mayor actividad. La irrigación sanguínea del cerebro, a base de un polígono de arterias de mediano calibre y terminales, co- loca a éste en especiales condiciones de provisión de substancias asimilables, así como le da una temperatura que sienta bien a la susceptibilidad funcional de la célula nerviosa. Los interesan- 133 tes trabajos de Mosso están apoyados sobre las diferencias de temperatura y de presión de la sangre en el cerebro (tennome- tría-intracraneana) según la mayor o menor actividad del ór- gano y demuestra el mayor aflujo de ésta a la cabeza, ppr un simple cálculo mental, cón la ingeniosa Báscula. No puede ser más importante este caso, que nos permite co- nocer alteraciones de la palabra ya formada, sin lesiones del cerebro, y ratifica las conclusiones anteriores sobre la afasia cortical-motriz, que estudiamos con dos enfermos poliglotas en nuestras clases de la Facultad de Medicina. El lenguaje es, pues, función de la corteza cerebral y sus cen- tros directores son derivados de los centros sensoriales que de- ben precederlos en su formación. Psico-físiología de la atención Curso de Psicología del Dr. Horacio G. Pinero, en la Facultad de Filosofía y Letras.-Publicado en los «Anales del Circulo Médico Argentino» .-1902. Los órganos de los sentidos, aparatos nerviosos de recepción, formados por elementos anatómicos análogos a los que consti- tuyen los centros nerviosos, pero dispuestos en forma de órga- nos receptores de las excitaciones externas, nos permiten po- nernos en relación y adaptarnos al mundo exterior. Los ojos y los oídos, principalmente, y en segundo término la piel, la mucosa pituitaria y de la lengua tienen entre las cé- lulas de sus tejidos las radículas de la cabellera protoplasmática del neurón sensitivo periférico, receptor celulípeto, que trans- forma en su textura el excitante que estimula su función, dán- dole un carácter especial y único: su especificidad. Por eso la retina y el nervio óptico no conducen al cerebro sino las vibra- ciones luminosas transformadas en ondas nerviosas de longitud determinada; las crestas acústicas y las cuerdas del aparato de Corti, del oído, no llevan al nervio acústico, por su rama coclear, sino excitaciones de cuerpos vibrantes bajo la forma de ondas nerviosas, que son ondas sonoras transformadas; los corpúscu- los de Krause, de Vater-Pacini, de Meisner, etc., de la piel, re- ciben las impresiones y sensaciones del tacto, de peso, de tem- peratura, etc., que se hacen de dolor, según su tonalidad, in- tensidad o calidad, así como las papilas de la lengua y las célu- las pituitarias sólo responden a substancias disueltas en la sa- liva o partículas desprendidas de cuerpos olorosos. Todos estos órganos, pues, están constituidos y adaptados pa- ra recibir cierta clase de impresiones que transforman en sen- saciones por su mecanismo funcional, las que reunen, a su vez, tales condiciones recibidas del excitante que casi son percepcio- nes, por su perfección; así se dice: todas las sensaciones de los órganos de los sentidos, llamados también fenómenos senso- riales, son percepciones. 135 Es decir, que el aparato receptor imprime a la excitación externa recibida los caracteres propios del agente que la pro- duce, propagándose al cerebro que la interpreta, que la per- cibe; esta es la percepción, que indica ya actividad de la cor- teza cerebral, cerebración, o lo que es igual, inteligencia. Pero no termina aqui el proceso que sigue la adquisición del conocimiento, aunque sea incompleto. Los órganos de los sen- tidos, como formados de tejidos nerviosos, tienen la propiedad fisiológica de ser impresionables por los agentes exteriores y como aparatos dispuestos en cavidades o excrecencias, asien- tos de fenómenos fisicos o químicos, gozan de otra propiedad oue también les permiten los elementos nerviosos que los cons- tituyen: la de proyección y. objetivación de la sensación y su ubicación en el espacio. El ojo es una cámara obscura, con sus lentes objetivos cen- trados que refractan la luz pintando la imagen del objeto in- vertida en la retina, sobre los conos y bastoncillos o sea el neurón receptor. Pero esta pantalla refleja los rayos en la mis- ma dirección de su entrada, se refractan de nuevo al salir por los lentes y van a su punto de partida, que es el objeto mismo: se objetiva así la sensación percibida y se ubica, localizándola en el espacio. Esta propiedad se observa también en el oído, que refleja las ondas sonoras en el sentido que le han impre- sionado, y aunque el ojo y el oído son órganos perceptivos por sí mismos, lo propio sucede con las reacciones físicas y quími- cas de los demás sentidos. Ahora bien, la propiedad de impresión de estos órganos no les pertenece: es característica del tejido nervioso en cualquie- ra de sus variedades anatómicas y no tiene nada de especial: pero la propiedad de proyección es única del órgano del sen- tido como aparato nervioso receptor. Proyecta el ojo la ima- gen recibida al punto donde está el objeto, porque al impre- sionarse con sus rayos, ha dispuesto sus lentes, movidas por músculos especiales, de tal modo, que el foco de este lente pin- ta la imagen precisamente en la pantalla retiniana y el objeto se ve distintamente. Este movimiento muscular, que aumenta o disminuye la curvatura del cristalino para que su foco caiga sobre la retina siempre y la visión sea clara, representa un es- fuerzo de los músculos ciliares, máximo para la visión próxi- ma, mínimo, hasta negado por algunos, para la visión lejana. 136 La membrana del tímpano, es tendida o relajada por múscu- los también especiales: músculos del martillo y del estribo, se- gún tenga que recibir sonidos agudos o graves. Estos prepara- tivos de los órganos de los sentidos para realizar sus funciones, estas contracciones de los músculos que preparan los órganos para recibir mejor las impresiones, es una propiedad superior del tejido nervioso, del neurón receptor, que al recibir la im- presión primera, reacciona y la refleja como movimiento pre- paratorio sobre músculos que disponen el órgano en condicio- nes de ser bien excitado. Esta propiedad se llama acomoda- ción ; los órganos de los sentidos acomodan, pues, para recibir las impresiones y transformarlas en sensaciones. JL,os músculos que preparan los órganos de estos aparatos receptores, tienen a su vez elementos nerviosos que los mueven y dirigen (ner- vios motores), así como también fibras nerviosas que nacen de ellos y van a los centros (bulbo, protuberancia o cerebro), lle- vando las impresiones de sus movimientos para dar la noción del trabajo realizado. El esfuerzo de la acomodación, que nos revela la cantidad de trabajo realizado por los músculos, es un elemento primor- dial, importantísimo para nuestras percepciones: esta sensibi- lidad muscular - llamada por unos sentido muscular, por otros sensibilidad kinestésica - es la que permite coordinar los mo- vimientos de la marcha y la estática del equilibrio; es la sen- sibilidad de los músculos que mueven los ojos la que nos permi- te adquirir la noción de la tercera dimensión del espacio y el relieve de los cuerpos, sentido cstereognóstico, etc., etc. Podríamos ahora preguntarnos, si la causa determinante de estos preparativos de acomodación es externa o interna, es de- cir, si el excitante que impresiona el sentido determina los pre- parativos por reflejo simplemente, o si la la voluntad, que quie- re ver u oir bien, es la. causa de la acomodación. Lo uno no excluye lo otro, aunque la propiedad de adaptación al excitan- te, principio de lo que más tarde es acomodación, es patrimo- nio del tejido nervioso, aun el más elemental y en los animales que no tienen órganos de los sentidos especializados, todas las excitaciones las reciben por un solo aparato y éste tiene for- mas varias de adaptación a cada excitante, hasta que la mul- tiplicidad y variaciones del medio va trazando la división del trabajo fisiológico y la creación de órganos nuevos. 137 Luego la acomodación, en su origen, no necesita mas que el neurón receptor sensitivo y el acitrón productor motor; es un simple reflejo. El acto reflejo, la refiectividad de la sensación, es condición primera para la acomodación, aunque no sea todo en los organismos superiores. Asi el ojo puede acomodar a la luz, aun destruidos los hemisferios cerebrales, hecho experi- mental bien comprobado. Es el excitante exterior, pues, el que impresionando el órga- no- receptor del sentido determina la acomodación, y es esta actividad, también del órgano sensorial, que estimula al cerebro porque irradia la corriente nerviosa desde la base a su corteza. El cerebro, estimulado por una irritación o excitación senso- rial, recibe la corriente nerviosa que a su paso hace entrar en acción los acitrones de recepción cuyas cabelleras, articuladas por simple contacto entre si, propagan el excitante, le transfor- man a su paso por los centros de proyección y de asociación, y la corteza toda ierguc sus elementos que, a manera de puente's, establecen articulaciones que la corriente nerviosa recorre en todo sentido por múltiples vias sensorio-motrices, ya por las más inferiores en jerarquía fisiológica, como los centros poligo- nales del psiquismo inferior, o pasan a los elementos más supe- riores, más nobles del sistema: los centros corticales del psi- quismo superior. En ambos casos el cerebro es activo y solicitado por el estí- mulo sensorial; prepara sus órganos, centros de perfección; pro- voca sus conexiones y se dispone a recibir mejor la sensación. Estos preparativos, esta disposición determinada por una sen- sación, es también una propiedad del sistema, la misma que re- conocida y demostrada en los órganos de los sentidos podemos también admitir en el cerebro: la acomodación. Es posible, pues, decir: el cerebro acomoda al estímulo ex- terno, si es un fenómeno sensorial que provoca su actividad; al estímulo interno, recuerdo, idea, emoción-, etc., si es un fenó- meno mental puro que despierta su acción. Pero la condición sine qua non para que la corteza cerebral sea capaz de hacer éstos preparativos, de acomodar, para recibir mejor las sensa- ciones, es la más absoluta integridad de sus elementos anató- micos: los nenrones, cuyas prolongaciones cilindro-axiles deben articularse con las prolongaciones protoplasmáticas del neurón siguiente y así sucesivamente formar puentes, comunicaciones 138 transitorias, que permitan el pasaje del influjo nervioso (el lo- co no acomoda, no atiende, porque su corteza está enferma). Una luz intensa y fugaz hiere la retina (neurón receptor) pro- duciendo en su tejido reacciones químicas que engendran una corriente nerviosa que por el nervio óptico va a los ganglios de la base del cerebro (tubérculos cuadrigéminos y tálamos ópti- cos) donde es transformada y enviada a la parte occipital del hemisferio en cada lado, la que interpreta si previamente los neurones de proyección y los de asociación se han puesto en re- laciones de contacto que permitan la difusión de la corriente excitante y el trabajo de todo o de una buena parte del cerebro. Esta disposición de la corteza, preparada a recibir la sensación, provoca el despertar de otras percepciones, ideas, emociones, etc., que tiene archivadas, y asocia éstas a la recién llegada para establecer comparaciones, abstracciones, en una palabra: rea- liza operaciones intelectuales más superiores. No queremos de- cir con esto que la memoria sea una enorme colección de nega- tivos fotográficos, no; queremos sí explicar la propiedad de fija- ción y reproducción que las células nerviosas, los neurones cor- ticales, tienen de su dinamismo muscular. El neurón, una vez excitado en un centido cualquiera por un estímulo A, se coloca en la condición número i y no vuelve a su estado de reposo completo sino al cabo de mucho tiempo, durante el cual puede en todo momento y por cualquier estímulo A, B o C reproducir su primitivo estado, máxime cuando fuera la misma excitación A que despertara su acción. De modo que la corteza fija las ideas, las retiene, y reproduce ordenadamente en el tiempo y en el espacio, como los músculos y los nervios que mueven los de- dos de un pianista realizan infinidad de movimientos coordina- dos que en el estado de reposo de las manos ni se sospechan. Parece, pues, que la acomodación del cerebro a la sensación es el preparativo obligado para interpretarla y fijar la percep- ción. Si no nos acomodamos a una impresión luminosa, no la interpretamos y quedará siempre como simple sensación, sin tener nosotros noción del agente, de la causa que la produce; pero si, por el contrario, nos preparamos para recibirla, acomo- dando a la vista impresionada, por ejemplo, no sólo conocere- mos la sensación sino conjuntamente el agente u objeto que la causa, su ubicación en el espacio, y hasta su localización en el tiempo. 139 Realizamos instantánea y súbitamente un acto de cerebración, porque adquirimos una idea, la fijamos, y en cualquier momen- to la reproducimos; pero ante todo ha debido prepararse la cor- teza, acomodar el excitante, y esta acomodación es la que elige y determina aquellas sensaciones que merecen interpretación. Podemos decir entonces, con verdad, después de lo que ante- cede, que la atención es la acomodación de la corteza cerebral al estímulo que provoca sti actividad. Ad-tendere es: dirigirse hacia algo, dirigir la mente a un ob- jeto con exclusión de los demás; es querer fijarse en alguna co- sa para saber lo que es, etc., etc. Bien; dirigir la mente por que- rer fijarla en un objeto, supone la existencia previa del objeto- estímulo y si no hay objeto, habrá recuerdo o idea-estímulo, y en ambos casos es un acto cerebral. La corteza en¿ra en trabajo por este excitante y se dispone, con los neLirones correspon- dientes a la clase de estímulo, a recibir e irradiar la corriente nerviosa. ¿La excitación es muy intensa y se ha acompañado de fenómenos afectivos? (corrientes nerviosas de longitud dis- tintas, hondas Herzianas, a, b, o rayos Z quizás), los neurones persisten en su condición de actividad prolongada que se Ir'ce persistente si la emoción ha sido grande. La sensación con gran emoción, perdura mucho tiempo, so- licita constantemente la acomodación mental, que a veces l'i exagera, porque siendo siempre ésta un trabajo, un esfuerzo del que nos damos cuenta, apreciamos el estado emotivo equi- vocadamente por la acomodación forzada que provoca y nos creamos ilusiones por falsa interpretación del acto psíquico ver- dadero: esta es la preocupación. El que está preocupado c?n una idea, más aún si es emotiva, tiene su corteza cerebral en trabajo permanente, acomodada a un estímulo, y el campo de la conciencia no admite, no da entrada a otra excitación, a otro, idea, porque no hay vía libre. De este trabajo de acomodación forzada nace la exageración de la idea-emoción y se establece un círculo vicioso en el sujeto, que necesita un fuerte sacudi- miento, otras ideas, otros estímulos, pero de distinta calidad para hacerla cesar, es decir, necesita distraerse. Pero no se distrae el que quiere, sino el que puede; luego la voluntad no basta sola para despreocuparse, para desacomodar, 140 sino que es necesario un nuevo estímulo externo o interno de intensidad suficiente como para forzar la entrada al campo de la conciencia y dis-traere la ideación o la acomodación cerebral hacia otra cosa, hacia otro estimulante. Distracción significa desacomodarían; los neurones corticales dejan de estar en con- tacto por sus prolongaciones que se encogen, se retraen, e inte- rrumpen la conductibilidad nerviosa. Cuando varían los estí- mulos, los neurones acomodan a las distintas sensaciones, rá- pida y transitoriamente, ya sean fenómenos sensoriales, o psí- quicos puramente, idea, recuerdo, etc., a las que asocia otras ideas y juicios, compara e imagina, es decir, multiplica un tra- bajo mental variado, algo como una gimnasia suave, metódica si se quiere, que pone en juego la agilidad de los neurones, y favorece y vigoriza su mejor nutrición sanguínea. Por eso la distracción es todo lo contrario de la preocupa- ción; la primera es una atención que no se puede fijar, es la falta de acomodación mental; la segunda es una atención que no se puede dejar de fijar, es una contractura de la acomoda- ción, o mejor, es una acomodación forzada, como el calambre doloroso que inmoviliza una pierna por una mala y persistente posición y el movimiento ágil, mesurado de un miembro que alterna con el reposo. Aquél produce fatiga, adormecimiento e impotencia; éste, por el contrario, mayor fuerza y destreza. Así la preocupación fatiga el cerebro por eretismo funcio- nal, reduce el campo de la conciencia a la idea fija, que hace siempre emoción obsédante, y concluye por absorber el sujeto pensante, que pierde la conciencia de su personalidad actual, se aísla del mundo exterior, y termina por caer en un sueño que puede ser normal, en el que todo el órgano entra en reposo, o un sueño hipnótico en que los centros inferiores conservan su actividad. En el sujeto sano, el sueño que sigue a la actividad mental exagerada es siempre reparador, porque permite al ce- rebro restaurar sus pérdidas; pero en el sujeto nervioso, emo- tivo, histérico, neurasténico, etc., suele exagerar y excitar el funcionamiento de los centros subordinados, del polígono, pro- vocando su automatismo éxito-reflejo. La integridad de la corteza cerebral es la condición absoluta de la acomodación mental, pero también lo es su constitución definitiva, el establecimiento de múltiples vías de asociación pa- 141 ra la conducción nerviosa, lo que no pasa en el niño antes de los cuatro o cinco años, en que los neurones de asociación son escasos aún y la corriente nerviosa, dispersa en los centros ais- lados, en territorios parciales, no permite que la corteza inter- venga en su totalidad. Esta es la razón fisiológica de por qué el niño no atiende en sus primeros años, o si atiende es por ins- tantes v sólo a estímulos externos intensos; sus pocos centros de asociación no alcanzan a poner en contacto Jas prolongacio- nes de sus neurones y la corriente no pasa: no hay acomodación total de la corteza, no puede haber, y el niño es distraído, ge- neralmente, o se distrae por cualquier estímulo, por más simple que sea: su atención es puramente sensorial y exclusivamente emotivo como vuelve a ser en el viejo. Como el niño, muy niño, el salvaje y el ignorante no son atentos, porque en *su corteza no ha formado la instrucción vías de asociación para unir centros de acción y de estímulo, y toda su psiquis consiste en la vida afectiva, instintiva, que puede mover centros cerebrales fisiológicamente inferiores: el psiquismo inferior, el automatismo. En estos casos la acomo- dación mental es difícil; un estímulo aún exterior, una sensa- ción aún intensa, no basta para despertar la actividad de la corteza y su acomodación; por eso el sueño hipnótico no es fácil provocarlo en un niño antes de los seis años, ni es posi- ble en los locos, en los idiotas, etc., porque, para obtenerle es necesario la acomodación mental forzada, la fatiga, la retrac- ción de los neurones que produce el sueño. Por el contrario, la sugestibilidad mental suele realizarse con fácil rapidez en los niños y aun en los sujetos inteligentes, porque no es indispensable la acomodación total del cerebro, ni menos su fatiga, sino un estado de pasividad del sujeto cons- ciente, de hipotaxia, que aun en vigilia, ofrece una corteza im- presionable, bien ligada en sus células, cuya actividad puede orientarse en rumbos nuevos, provocando la formación de otras vías de paso o centros de inhibición que puedan determi- nar actos nuevos o modifique los existentes (ortopedia mental). No existe tampoco en el niño, ni en los enfermos de la cor- teza cerebral. la cohesión indispensable de sus elementos celu- lares, para que su actividad fugaz (idea) pueda provocar la acomodación persistente (preocupación), condiciones que se 142 realizan, in totum, en les cerebros mejor provistos de los in- teligentes. El valor de la atención en la interpretación de las sensacio- nes, en la percepción, no es pues, discutible si se tiene presente su condición fisiológica, que dejamos estudiada. La adquisi- ción del conocimiento, aun incompleto, noción, no es posible sin esa acomodación preparatoria del cerebro que en la ideación adquiere su mayor desarrollo. Hemos dicho ya que la instruc- ción forma las vias de conducción nerviosa en la corteza que multiplicarán los estímulos de la acomodación: por eso la aten- ción no es sólo condición previa del conocimiento, sino también una consecuencia. El sujeto inteligente es capaz de atender, porque ha debido atender para ser inteligente, y ha educado su cerebro vigorizando, consolidando esas .vías trazadas por la intrucción, que le permiten acomodar con rapidez y persisten- cia, sin fatigarse, a estímulos muy variados que pueden ocupar simultánea o sucesivamente, el campo de la conciencia. El gra- do y el tiempo de atención que es capaz de desarrollar un su- jeto, puede ser un criterio bastante aproximado para medir su intelectualidad, así como también la posibilidad de atender a varios estímulos a la vez, es propio de cerebros robustos y fisiológicamente superiores, de aquellos que acomodan sólo su corteza cerebral y no producen esa serie de excitacciones, que se acompañan de contracciones de músculos de los miembros, de la cabeza y del cuello, provocando actitudes y movimientos del sujeto que acompañan el trabajo mental, de esos que no abstraen todo su ser en la fijación sola de un objeto o idea, por- que dispone de un vasto campo de conciencia (perceptiva y re- productiva) que permite variedad de ocupantes. No obstante, la atención suele perturbar la realización de ciertos actos, y la perfección con que estos suelen hacerse. Los movimientos coordinados que un pianista ejecuta al tocar una pieza, por música o sin ella, parecen ser más duros y más lentos cuando se preocupa de la agilidad de sus dedos y los mira, que cuando prescinde por completo de sus manos y del teclado, alejando su pensamiento, y se distrae, mirando otra cosa o ta- rareando lo mismo que está tocando. Son movimientos que se han hecho automáticos por su repetición; que al principio han requerido la intervención del cerebro, de la acomodación, para 143 aprender a ejecutarlos, y se les ha adquirido cuando los centros, y los nervios que mueven los músculos han formado vias pro- pias de conducción por caminos cortos y despejados, casi des- tinados a esa sola actividad. Establecidas estas vias, que per- sisten y se perfeccionan por el hábito, deja de intervenir el ce- rebro en el acto maquinal y en el acto automático, no siempre absolutamente inconsciente, cuya coordinación es superior a la del acto voluntario. El canto del operario en su trabajo, no es otra cosa que un estimulo que ocupa su corteza, parcial o total- mente, y deja los centros automáticos del psiquismo inferior trabajar ordenadamente, y el trabajo hecho cantando suele ser, muchas veces, superior (en las artes manuales) a aquel que se hace «con los cinco sentidos», expresión corriente que significa la realización de un acto con toda atención y conciencia, pues en este caso los movimientos maquinales que el artista puede realizar con solo sus centros inferiores, son interrumpidos por la intervención del cerebro superior que acomodando (aten- diendo) modifica la intensidad y dirección de la corrientes ner- viosa sensorio-motriz, habitualmente dirigida por vías especia- lizadas para esos actos. Es un hecho perfectamente demostrado, que la atención mo- difica notablemente la rapidez y la nitidez de las percepciones, como que prepara y estimula la cerebración, pero esta influen- cia es aún más evidente en la duración del tiempo de reacción. Se llama tiempo de reacción la unidad de tiempo que tarda un sujeto en transformar una sensación en movimiento. Por ejemplo: se provoca una excitación eléctrica en la piel de la mano v se encarga al sujeto que una vez percibida la sensación mueva, con la otra mano, una llave de telégrafo, un manipu- lador ; el tiempo que pasa desde el momento que se hace la excitación hasta recibir la respuesta por el manipulador es el tiempo de reacción. Ahora bien; como las unidades cronométricas de los actos psíquicos son muy pequeñas, centésimos y milésimos de segun- do, se hace indispensable fijar exactamente el momento preciso de la excitación, el momento preciso en que el sujeto hace el movimientos y los centésimos de segundo que dura el fenómeno. El procedimiento usado puede ser gráfico, o simplemente obje- tivo con el cronómetro d'Arsonval o con el cronoscopio dp Hipp. 144 En nuestro laboratorio del Colegio Nacional usamos indis- tintamente uno y otro, porque el primero permite conservar el trazado gráfico, y el segundo es mucho más sencillo y más rá- pido en sus preparativos, siendo ambos de igual valor expe- rimental. No describiré el dispositivo experimental que exigen estas experiencias, porque no es posible darse cuenta de la colocación de los aparatos y sus conexiones con hilos y resistencias; pero acompaño con figuras la descripción, por lo menos con esque- mas, que por otra parte, conocen la mayoría de los que han se- guido el curso de psicología experimental. Solo sí diré que prefie- ro el método gráfico en el que se escribe el fenómeno y se mide exactamente el tiempo en centésimos de segundo, cuando se tra- ta de realizar investigaciones especiales comparativas sobre los tres elementos del' tiempo de reacción, pero basta í'1 aparato d'Arsonval: una aguja que se mueve en un cuadrante cuando se hace la excitación y que el sujeto la detiene con el manipula- dor, pira averiguar el tiempo total de reacción. El cronoscopio de Hipp que parece ser el clou de todo laboratorio de psicología, es un instrumento de lujo y hasta cierto punto superfino. Tiene el inconveniente que debe graduarse previamente con un aparato dé Wundt cada vez que ha de usarse, siendo ambos instrumen- tos complicados y delicados, porque está construido el cronosco- pio para dar centésimos y milésimos de segundos, unidad peque- ña, que no nos interesa tanto desde el momento que en los fenó- menos psicológicos las medidas deben ser relativas y no absolu- tas, pues cada suieto, tiene sus ecuaciones personales. Es. desde luego, más ruidoso su mecanismo de engranaje que el del cro- nómetro d'Arsonval y distrae, por esto, al sujeto en experiencia. El tiempo medio de reacción de un sujeto normal que recibe una impresión en la piel y contesta con un movimiento de la mano, es de o"8 a o"i2 (centésimos de segundo). Esta es la me- dia de todas las experiencias realizadas, en igualdad de condi- ciones, con alumnos de 14 a 18 años, del Colegio Nacional, en los tres últimos años. (Existe en el laboratorio la colección de trazados gráficos que serán motivo de un estudio especial. Son las únicas informaciones que tomamos aquí en cuenta). Sentado, pues, el sujeto, al que previamente explicamos oros- so modo la experiencia, recibe la excitación en el dorso de la 145 EXPERIENCIA DE LANGE Y MUNSTERBERG Tiempo de reacción según que el sujeto en experiencia se halle en estado de atención o de distracción. Las diferencias de reacción están ya escritas indicando el estado del sujeto y el tiempo que ha empleado ep reaccionar. La linea ondulada marca centésimps de segundos, Las punteadas separan una experiencia otra. 146 mano izquierda, colocada, por ejemplo, sobre la mesa de tra- bajo, y contesta apretando el manipulador con la derecha, tiem- po que tarda en general, o"io. No hablamos ni decimos otra cosa al sujeto que: "ahora va", con el objeto de provocar su atención, su acomodación mental, haciendo intervenir su cere- bro en el fenómeno y evitar que sea la acción motriz un simple acto reflejo. El sujeto atiende entonces, pero atiende a todo el fenómeno, tan pronto a la sensación que espera recibir como al movimiento que debe hacer, y también atiende al acto mental que le permitirá transformar la sensación en movimiento. Son tres tiempos de actividad nerviosa a los que se puede reducir el proceso de reacción: sensación, transformación y movimiento. Atento el sujeto a los tres tiempos, responde a la sensación diez centesimos de segundo después de haberla recibido. Distraí- do, desatento a la experiencia, desacomodado por otro estimu- lo que se hace concurrir expresamente (por ejemplo, haciéndole hacer una simple multiplicación de dos? cifras con una que ha convenido, previamente, en el momento mismo de provocar la sensación) tarda dos, tres y hasta cuatro veces más. (Véase trazados C, D, E, de los doctores Cranwell, Cárdenas y Possc). Luego la atención, la acomodación mental favorece: i.° la ra- pidez de la sensación; 2,°, la interpretación de esta sensación o sea de la percepción (que puede ser sólo percepción simple sin noción); y 3.0, la transformación sensorio-motriz, que se exterioriza por el nlovimiento de la mano. Clasificando los tres tiempos de que consta el acto total, será el: i.°, tiempo de sensibilidad o sensorial; 2° tiempo de ccre- bración o central; y 3°, tiempo de movimiento o tiempo motor. Bien; vamos a ver que estos tres tiempos pueden caracterizar tres categorías de individuos, cuyo tiempo de reacción será ma- yor o menor, según que atiendan a la sensación, a la cerebra- ción, o al movimiento, y que constituyen tres tipos distintos: sensoriales, mentales, cerebrales y motores. 1.a serie de experiencias. - Repitiendo las experiencias ante- riores, pero encargando a cada alumno de atender sólo a la sen- sación que va a recibir, es decir, acomodando su corteza cerebral a la zona de recepción de la sensibilidad táctil, el tiempo de reacción es de <>"32 en la señorita Mariani (4.a div., 4.0 año) ; 147 EXPERIENCIA DE MUNSTERBERG DIFERENCIA ENTRE EL TIEMPO DE REACCIÓN CON ATENCION A LA SENSACIÓN Y AL MOVIMIENTO S. Sensación.-M. Movimiento.-1. Atención a la sensación a recibir.-2. Atención al movimiento a ejecutar. La linea ondulada indica los centésimos de segundo. 148 DISPOSITIVO PARA ESTUDIAR LOS TIEMPOS DE REACCIÓN A', resistencia; C, corriente de la calle;/,, llave de Dubois-Reymond; B, D, 7?, carrete del mismo; A, /, señal inscriptora; C I, cilindro ahumado inscriptor; A, excitador con corriente seccionada; T, teclado manipulador» 149 o"io los doctores Cranwell y Cárdenas; o"oy el doctor Posse. (Véase trazados A, B, C, D, E, línea número i.) 2.a serie. - Previniendo al alumno que prescinda de la sen- sación y atienda sólo al movimiento que debe hacer, el tiempo de reacción disminuye a la mitad, en término medio (véase trazado A y B, línea número 2) de o"32 a o" 15 en la señorita Mariani y de o"io a o"o6 en el doctor Cranwell. No puede ser más evidente, pues, la influencia de la atención como acto preparatorio de la actividad mental, que dispone las vías de conducción nerviosa empalmándolas, según su número y clase, para responder a los variados estímulos que provocan su intervención, vías que pueden estar bien trazadas y conso- lidadas para el movimiento, si éste ha sido su excitante habi- tual, o abundantemente ramificadas y vigorizadas para la con- ductibilidad sensorial, si la emotividad ha sido el acompañante obligado de las excitaciones. Son dos modalidades, de reacción distintas, que la psicometría revela experimentalmente. La generalidad de los sujetos son motores; su tiempo de reac- ción es menor cuando atienden al movimiento que cuando atien- den a la sensación, porque en este último caso la corteza cere- bral, acomodada a la región sensorial, debe desacomodar a ésta y acomodar a la zona motriz para producir el movimiento: hay, pues, tiempo de más. Mientras que atendiendo al movimien- to, si la sensación a recibir procede de un órgano de los senti- dos, es casi percepción y no necesita acomodar; no habrá des- acomodación; se gana un tiempo, y dispuesta la corteza al mo- vimiento. la rapidez de la conducción nerviosa será mayor; hay, pues, un tiempo de menos. Por eso, cuando atendemos al movi- miento, el tiempo de reacción es la mitad menor que cuando atendemos a la sensación. No hemos encontrado aún tipos sensoriales ni cerebrales pu- ros y esperamos en otra oportunidad presentar algunos. NOTA.-Estas experiencias demostrativas las hemos realizado con alumnos del Colegio Nacional y con los doctores CranwelL Cárde- nas y Posse, que se han dignado seguir nuestro curso experimen- tal en la Facultad de Filosofía y concurrir a los trabajos prácticos del laboratorio bajo la dirección ayudante del señor Mainini. Psico-fisiología de la conciencia Curso del Dr. Horacio G. Pinero en la Facúltad de Filosofía y Letras.-Ver- sión taquigráfica publicada en los «Anales del Circulo Médico Argenti- no.-1902. Acomodación funcional del cerebro--Tonicidad medular y cerebral. -Inconsciencia.-Fugas y automatismo ambulatorio (1er. enfer- mo).-Sensibilidad general y especial como condición del tonismo mental.-Conciencia psicológica.-Síntesis psíquica y concepto del yo-- Ideación fija y emotividad obsédante (2o. enfermo). Al tratar de la atención, primera modalidad de la inteligen- cia, hemos fijado las condiciones fisiológicas generales del teji- do nervioso en la corteza cerebral y en los órganos de los sen- tidos, a fin de fundar el criterio científico de lo que debemos entender por psicogénesis Estudiando la psico-fisiología de la atención, vimos que el neurón sensitivo, el elemento primordial del sistema ner- vioso, tiene su representación perfectamente evidente en es- tos aparatos de recepción, que gozan de la propiedad de pre- pararse a recibir el excitante, es decir, de acomodar. Así, decíamos: que el cristalino por medio de los múscu- los y procesos ciliares; la retina por la cabellera protoplasmá- tica de sus neurones; las papilas de Schultze, en la mucosa pi- tuitaria ; las de la lengua, en sus distintas formas; todos los cor- púsculos táctiles, indispensables para recibir estas impresiones, todos, en fin, por estar formados de tejido nervioso, tienen la propiedad de disponer de sus elementos de tal modo, que faci- litad la acción de los excitantes exteriores y se preparan para recibir mejor las impresiones. Esta propiedad de preparación o de adaptación de los aparatos de recepción que llamamos órga- nos de los sentidos, propiedad que deriva de su constitución nerviosa, eso es lo que en Fisiología se llama acomodación. 151 De manera, pues, que esos cambios de corvadura de las ca- ras del cristalino y del diámetro de la pupila, que aumentan y disminuyen, según que los objetos estén lejanos o próximos; esa mayor o menor tensión de la membrana timpánica y de la ventana oval, que se encogen o se estiran, si los sonidos son agudos o graves, por la contracción de los músculos del marti- llo y del estribo, dependen, como se ha dicho, de que esos órga- nos están provistos de tejido nervioso que forma la parte prin- cipal del aparato receptor, cuyos elementos tienen relaciones directas con los de la corteza cerebral, puesto que esos neuro- nes sensitivos periféricos de recepción, no son otra cosa que apéndices, como si dijéramos prolongaciones de la corteza; to- dos son neurones que representan avanzadas del cuerpo princi- pal y unos y otros pueden tener, como veremos, las mismas pro- piedades, porque están formados por los mismos elementos anatómicos. Además, los órganos de los sentidos, anatómica y fisiológica- mente, responden a dos condiciones que es necesario tener en cuenta: la primera es la propiedad de impresión, de dejarse penetrar por el excitante que produce en él la sensación; es, por otra parte, propiedad general del tejido nervioso; y la segunda, es la oropiedad de proyección, de exteriorización de esta sen- sación. ésta es especial. En el ojo, por ejemplo, los rayos lumi- nosos que vienen del infinito se refractan y concentran en el foco de la lente, pues siendo un sistema de lentes centradas de Gauss, la córnea, el cristalino y el humor vitreo, pueden consi- derarse como una sola lente biconvexa, que pinta la imagen en la pantalla retiniana. Esta lente aumenta o disminuye la cur- vadura de sus caras según la distancia del objeto, propiedad que le permite llevar precisamente la imagen de éste al centro de la retina, membrana nerviosa formada por la cabellera proto- plasmática del ncvrón sensitivo receptor que transforma la im- presión visual y la transmite a los ganglios de la base (tubércu- los cuadrigeminos, tálamos ópticos, etc.), los que la modifican a su vez y envían al cerebro para su interpretación. Pero, esta pantalla que se deja impresionar por los rayos luminosos refle- ja estos rayos en la misma dirección que han traído; de manera que esa llama de gas que veo ahora, por ejemplo, pinta su ima- gen invertida en mi retina, porque la luz se propaga en línea 152 recta y el ojo es una cámara obscura con su diafragma foto- métric. : el iris; y la pantalla retiniana, refleja -nuevamente los rayos, los devuelve siguiendo la misma trayectoria y objetiva la imagen enderezándola y ubicando el objeto en el espacio. No voy a discutir si es exacto, como dice Volkmann, que nosotros "todos vemos dcreeho, porque todo en el mundo está invertido", porque pienso que esa propiedad de proyectar que tiene el órgano, basta para explicar cómo los rayos de la llama del gas, reflejados por la retina hacia afuera, se refractan nue- vamente en las lentes y vuelven a su punto de partida. Esta propiedad que se llama proyección, la tienen los demás órganos de los sentidos, aunque en distinto grado, y se perfec- ciona por el hábito y la experiencia, permitiéndonos adquirir la noción del mundo exterior, orientarnos y hasta ubicarnos en el espacio. Si los órganos de los sentidos acomodan para recibir mejor las sensaciones, el cerebro también acomoda previo el estímulo de una sensación. Las sensaciones deben llegar a la corteza cerebral con la intensidad y tonalidad necesarias para provocar su actividad; la dispersión e irradiación de la corriente en el cerebro, que proviene del órgano sensorial, hará que la corteza cerebral dirija sus elementos hacia el órgano del sentido exci- tado : estímulo, corriente nerviosa que entra por aparatos es- peciales provocando la acción del cerebro le disponen conve- nientemente, le preparan a transformar la sensación. La aco- modación es, pues, la preparación previa de la corteza para la percepción; y esto es lo que se llama atención, ad-tendere: diri- gir la mente hacia un estímulo, tender hacia una cosa, preparar, acomodar, como dicen los psicólogos-fisiólogos, propiedad de los órganos de los sentidos, que es también propiedad de la corteza cerebral. Luego los centros corticales, que pueden ser sensorios y motores simplemente, o psico-sensorios y psico-motores, aco- modan también; y esta preparación de todos los centros, no es otra cosa que la condición anátomo-fisiológica del cerebro en la ATENCIÓN. .. Recepción del excitante que impresiona el aparato sensorial, donde se hace de la impresión la sensación que. a su vez, los centros superiores transforman en percepción. Así, pues, todo estímulo, excitando el órgano receptor, impresiona el tejido ner- 153 vioso que le forma; pero la disposición especial de cada aparato perfecciona esta impresión, agregándole otras excitaciones nue- vas que, sumadas, dan la sensación. Esta no es, pues, simple, sino la resultante de componentes más pequeñas y cuanto ma- yor sea el número de éstas más perfecta será la sensación, co- mo que llega a ser casi percepción si el aparato receptor se deja impresionar por la totalidad de las cualidades del objeto (im- presiones sensoriales, órganos de los sentidos). Los órganos de los sentidos son nuestras puertas de comu- nicación con el exterior; por ellas penetran los excitantes, cada uno de los cuales tiene su entrada especial (el ojo para la luz, el oído para las vibraciones sonoras, etc.), y las reacciones físi- cas o químicas que producen dan origen a la corriente nerviosa que va a los ganglios de la base del encéfalo, y de ahí, irradián- dose, a la corteza cerebral, a estimular su actividad. Cuando hemos dicho que la característica del cuerpo vivo es la adaptación al mundo exterior; cuando hemos establecido que los agentes exteriores, bajo la forma de luz, de sonido, de ca- lor, etc., etc., son los que, entrando por los órganos sensoriales mantienen en actividad permanente nuestro cerebro, nuestra ce- rebración, que nos permite la noción de nuestra existencia, de nuestr¿i personalidad; y cuando hemos visto que faltando la sensibilidad general en un histérico: tapándole los ojos y oídos, se queda dormido, podemos afirmar que las sensaciones provo- cadas por los estímulos exteriores, determinan la actividad de los sentidos, de los centros nerviosos y nos mantienen despier- tos. Esta actividad del sistema nervioso cerebro-espinal, que en la médula se llama tonicidad medular, en la corteza del cerebro podemos, también, llamarla: tonicidad cerebral. Tonicidad de la médula, no significa otra cosa que la propie- dad de este centro nervioso de mantener en actividad perma- nente todos los órganos que de ella dependen; pero en actividad latente, como cargados en tensión, fuerza en potencia que exige un choque, un estímulo como resorte, para transformarse en fuerza viva. Esta carga nerviosa de la médula espinal, es debi- da a la acumulación de todas las excitaciones que llegan del ex- terior y del cuerpo mismo (que forma parte del no-yo) por la sensibilidad general, especial y muscular o lo que es igual, como sensaciones sinestésicas y kinestésicas. De manera que la toni- 154 cidad medular es lo que nos permite mantenernos en equilibrio, porque el sentido muscular nos da la noción de la posición y orientación de las distintas partes segmentadas y unidas de nues- tro cuerpo y la de todo nuestro sujeto, en relación con lo que nos rodea y además, porque esa carga nerviosa de la médula va derivándose en corrientes centrífugas que producen la contrac- ción de los músculos de las piernas, del tronco, de la cabe- za... etc., y mantienen también en trabajo los órganos de los sentidos para recibir las impresiones exteriores. Por eso la luz del día, el sonido, el movimiento y la actividad que nos rodean, hasta nuestras propias funciones orgánicas, son excitantes que desaparecen insensiblemente al caer la noche y provocan el sueño cuando se agregan la fatiga muscular y el silencio general, porque faltando estímulos, la tonicidad de la médula cede, y los músculos, que nos mantienen en equilibrio, dejan de contraerse, se relajan iniciando su reposo, primera- mente, los de la nuca y de los párpados que caen, como cae la cabeza en ese cabeceo y pestañeo tan característico del sueño que empieza. Más tarde se relajan también los músculos del tronco y de las piernas, que no permiten el equilibrio y el su- jeto busca sentarse y recostarse al principio, para acostarse des- pués, colocando su cuerpo de modo de encontrar la mayor base posible de sustentación por el mayor número de puntos de con- tactos con un plano horizontal. En este estado el sujeto se aísla cada vez más del exterior, no hay excitantes que se acumulen en la médula; luego ésta no puede mantener en trabajo los múscu- los de su dependencia: faltando la tonicidad medular, es impo- sible el equilibrio. En la mente, en el cerebro, se producen idénticos fenómenos: el individuo, en vigilia, es consciente de sus actos y de su per- sonalidad, porque mantiene la corteza cerebral con todos sus neurones en plena actividad, están sus prolongaciones protoplas- máticas erguidas y en contacto unas con otras, como puentes que establecen comunicaciones entre sí y permiten el pasaje de la corriente nerviosa. La corriente nerviosa pasa de los órganos de los sentidos, por sus neurones receptores, a los centros de percepción, inferior primeramente, y superior después, los que, en su origen aislados, se vinculan más tarde por neurones de asociación y sus centros respectivos; esta corriente nerviosa cen - 155 trípeta transformada eri los centros aparece, exteriorizándose, bajo la forma de ideación, emotividad, lenguaje, movimiento, tonicidad, etc. Ahora bien, el tonismo mental, la tonicidad cerebral, es el estado fisiológico del cerebro que parece corresponder a la conciencia;-tonismo mental significa unión de todas las prolongaciones protoplasmáticas de los neurones de asociación; significa puentes de comunicación entre un sinnúmero de vias: (cerebro posterior, medio, anterior) ; significa el trabajo activo de todos los centros cerebrales, inferiores y superiores: percep- ción, memoria, asociación y, como consecuencia, la noción pre- cisa del momento actual de la existencia del sujeto, en el tiempo y en el espacio, así como el conocimiento íntimo de su propia personalidad. De manera que la personalidad consciente, la no- ción de ese yo de los psicólogos antiguos, no es otra cosa que el tonismo mental; es la cohesión funcional de todos los elementos de asociación de la corteza,que le permiten recibir las sensaciones de'la periferia, transformarlas y elevarlas a los centros de per- cepción superior, que las reunen y orientan en determinadas di- recciones, siempre que sea un hecho la integridad absoluta del órgano. Habrá conciencia, pues, cuando haya contigüedad de todos los neurones corticales, cuando la circulación riquísi- ma de que está provisto el cerebro no falle; y habrá, por último, conciencia del yo, conciencia psíquica perfectamente normal, cuando los centros corticales estén en inmediatas relaciones con los ganglios de la base, con el polígono cerebral, con los centros de los actos psíquicos inferiores. La tonicidad cerebral es posible apreciarla, experimentalmen- te, como la tenacidad medular se aprecia observando y estudian- do los reflejos. Si se cruza una pierna sobre otra y se golpea se- camente el tendón de la rodilla, la pierna y el pie se levantan súbitamente, fenómeno que tarda sólo algunos segundos en pro- ducirse. Decimos que el tiempo del reflejo es normal, cuando la transformación de la impresión en movimiento se hace en 10 ó 15 centésimas de segundo. Pero en el individuo enfermo, como en los atóxicos, aquellos enfermos de la médula espinal con raí- ces nerviosas destruidas, con degeneración de fibras y cordones medulares, en éstos esa tonicidad está en malas condiciones, ese tonismo no existe, ni es posible la transformación de la impre- 156 sión en movimiento en el tiempo normal: hay un retardo evi- dente y en vez de ser 10 ó 12 centésimas de segundo el tiempo del reflejo, éste llega al doble o triple y puede ser hasta de 40 centésimas de segundo. Destruidas muchas vías de conducción de la corriente nerviosa centrípeta, ésta encuentra en su pasaje resistencias grandes que vencer, de ahí el retardo. La tonicidad cerebral, que significa cohesión de los centros corticales, permite al acto psíquico (el más elemental, transfor- mación voluntaria de una impresión sensorial en movimiento) realizarse en un tiempo determinado, que es el fisiológico: diez centésimas de segundo. Pero si, como en los tabéticos, una in- flamación de los tejidos ha destruido las vías de comunicación entre los territorios cerebrales, habrá retardo también, el tiempo de duración del acto mental se medirá ya por segundos y minu- tos, porque el puente falta, porque el tejido nervioso normal, ofrece resistencia al pasaje de la corriente cuya intensidad tiene que ser mayor para vencerla; por eso el tonismo mental, la con- ciencia, sufre de una manera visible, objetiva, por este proceso que suprime la cohesión fisiológica y con ésta la propiedad de síntesis que tiene el cerebro sano, comprometiendo, además, la atención, ese primer grado de la inteligencia que corresponde a lo que llamamos acomodación cerebral. De manera que la conciencia y la atención, dependen de la integridad de la corteza cerebral y de sus apéndices: los órganos de los sentidos; por eso el individuo que recibe las impresiones del mundo exterior debe, necesariamente, acomodar para per- cibir; así el que es visual acomoda, preferentemente, su vista con el centro psíquico correspondiente de la visión (Zonas ce- rebro-occipitales) ; el que es auditivo sensorial, será también auditivo psíquico, porque su centro cerebral habrá sido perfec- cionado por el mejor funcionamiento del órgano, y habrá un auditivo psíquico, como hay un visual psíquico, etc. Patrizi, discípulo de Mosso, ha publicado (IV Congreso de Psicología) un trabajo muy importante sobre los tipos visuales vaso-motores y auditivos vaso-motores, en el que estudia aque, líos individuos cuyo sistema nervioso cardio-vascular reacciona de una manera más rápida y más objetiva a una impresión vi- sual o auditiva, y llama: visualcs-vaso-motores a aquellos que por una simple sensación visual congestionan su cara y excitan 157 su corazón; y auditivo-vasomotores a aquellos que responden de modo análogo a las impresiones del oído, a los que un ruido más o menos fuerte les produce palpitaciones, palidez o rubi- cundez de la cara, aumento del número de respiraciones, etc., tipos éxito-emotivos cuyo pulso sufre variaciones por las im- presiones de la vista, del oído, del tacto o del olfato y se modi- fica el ritmo respiratorio por unas u otras impresiones prefe- rentemente. No puede ser más evidente la solidaridad funcional del sistema nervioso cerebro-espinal, del gran simpático y de los órganos de los sentidos. Veamos ahora si estos procesos fisiológicos descriptos, co- rresponden a los fenómenos psicológicos que se llaman concien- cia y atención; pero dejemos de lado, por un momento, las dis- tintas doctrinas y las diversas interpretaciones sistemáticas que la ciencia no debe discutir; hagamos observación, vamos desapa- sionadamente, sin prejuicios, prescindiendo de todo lo que he- mos estudiado y de todo lo que sabemos sobre el conocimiento del sentido intimo, como los clásicos llaman a la conciencia; dejemos todo nuestro haber filosófico y tomemos un sujeto pa- ra estudiarle con toda parcialidad, como simples curiosos; ob- servemos y analicemos esos fenómenos de la mente dónde y có- mo se nos presentan. Recordemos, una vez más, que la acomo- dación mental exige integridad de la corteza cerebral y de los órganos de los sentidos, en perfectas condiciones fisiológicas y que su cohesión funcional (propiedad de síntesis psíquica) per- mite la conciencia del yo, de la entidad psíquica, de la existen- cia actual de la personalidad. He aquí un hombre que siempre ha sido muy sano y hoy es un enfermo cerebral. Cobrador de una Compañía de Gas, él no ha dado motivo a ninguna queja en el desempeño de su deli- cado cargo, durante los muchos años que lleva de empleado. Desde principio de este año, dejó de trabajar porque no se sen- tía bien; pero en mérito de sus antecedentes sigue gozando de su sueldo. Casado hace diez años con una buena mujer, han tenido cua- tro niños que gozan de la mejor salud. Todo era paz y alegría en ese modesto hogar hasta que, caído el jefe por su enferme- dad, el llanto y el dolor perturban hoy esa felicidad. 158 La esposa se ha apercibido de que, en los últimos meses, su marido no se ocupa de su casa ni de los suyos, de ella ni de sus hijos, a quienes acariciaba antes con frecuencia, mientras hoy les reprende por cualquier tontera y la increpa a ella porque no les pega. Ha cambiado su carácter: hombre tranquilo, afec- tuoso y bueno, se ha hecho irritable y descariñado, antes buen esposo y excelente padre, hoy indiferente, olvidadizo, distraído y hasta impulsivo; no puede contener "sus arranques de genio" y a la pobre mujer no deja de preocuparle este mal carácter, que trastorna por completo el bienestar de su hogar. La señora ha observado también que muchas veces conver- sando, interrumpe la conversación con ideas incoherentes, o ca- lla y se duerme aún en la silla, rodeado de gente, despierta sólo a un llamado violento, "sacudiéndolo", o continúa el sueño lar- go tiempo si se le deja quieto. La memoria del enfermo ha lle- gado a faltarle de tal modo que: las órdenes recibidas, los pro- pios encargos de su mujer para sus necesidades los olvida, vi- ve y anda distraído; pero no ha cometido errores en sus cobran- zas; - no obstante, el gerente de la compañía ha comprendido que un empleado en estas condiciones no puede desempeñar su cargo, y le ha licenciado, temporariamente, para que se ponga en tratamiento. Es digno de notarse que no puede seguir una conversación; aun cuando la inicie bien cambia de sujeto súbitamente sin que su expresión exterior siga estas variantes de ideación, lengua- je, etc.; su fisonomía parece fija en una forma mixta de llanto y de risa, no hay emotividad objetiva que responda a un esta- do de conciencia determinado, no exterioriza su actividad men- tal, su afectividad, etc., y si lo hace alguna vez, aparece con evi- dente retardo en sus acciones y lenguaje, preocupando a los su- yos últimamente hasta ponerle en manos de médico. Desde hace un mes sufre perturbación en la marcha, que no es solamente una falta de equilibrio, sino que se lleva las cosas por delante, tal vez por no poder coordinar el movimiento. Como el niño que padece de corea (mal de San Vito) al to- mar un lápiz emplea una fuerza muchísimo mayor que la ne- cesaria y cae de improviso sobre el objeto, así este enfermo gas- ta fuerza inútil y no puede coordinar el movimiento; toma las cosas por asalto, lleva por delante los objetos y no es capaz de hacer un movimiento delicado. 159 Hace dos meses, una noche a las 10 p. m., sale de su casa (calle de Moreno y Loria) para ir a la Compañía del Gas: Co- rrientes y Artes, llamando la atención del mayordomo la hora inusitada de la visita, que no sabe explicar. Cambia algunas palabras con su jefe inmediata y vuelve a su casa; pero no llega en toda la noche, ni al otro día, ni al siguiente; pasa cuatro días y la familia desolada, esa madre con cuatro hijos y con grandes necesidades tal vez, va golpean- do a las puertas de las comisarías en busca de su desgraciado marido. Mientras Unto, éste ha tomado el tranvía para ir a su casa; ha bajado no sabe dónde y a las siete de la mañana ha amanecido en el pueblo de Morón, a donde ha llegado des- pués de una marcha continuada de toda la noche. Allí recién vuelve en sí y se da cuenta que está a siete leguas de la capi- tal ; pero como Morón es un pueblo que conoce por sus tareas de cobrador, tiene allí algunas relaciones; pero no busca sino al comisario a quien le dice su nombre y que está en Morón. ¿Dónde vive?, le preguntan: calle Moreno y Rodríguez Peña. Probablemente no se solicitaron más informes, porque los comisarios de los pueblos de campo no averiguan más general- mente, y allí quedó en la comisaría. Al día siguiente encontró a varios amigos con los que fué a jugar a las cartas y a beber, montando a caballo y corriendo carreras de sortijas. . . ¿Y el recuerdo de la familia. .. ? El padre cariñoso que deja abandonada su casa, no tiene conciencia de ello y sigue jugando y bebiendo hasta que por la noche, al verse solo, otra vez en la comisaría, echa de menos a su mujer, a sus hijos y rompe a llo- rar. Pasa otro día, se distrae de nuevo con sus amigos, olvida todo y por la noche se repite lo mismo que la anterior, le asalta de nuevo et recuerdo de su hogar. La mujer, entre tanto, pi- diendo noticias de su marido publica avisos en los diarios hasta que, merced a estos anuncios, sabe a los tres días dónde se en- cuentra y va a Morón, llega a la comisaría y se produce la esce- na consiguiente cuando ve al marido con los ropas sucias, an- drajoso, desgreñado, etc.; era otro hombre el que tenía delante. Hay, pues, movimiento, marcha, locomoción; hay actividad cerebro-medular, porque el sujeto ha caminado durante toda la noche hasta llegar a Morón (como podía haber ido a otra par- te cualquiera) ; pero ha debido caminar en condiciones tales 160 de normalidad que, desde la calle Corrientes hasta los suburbios de la capital, no ha llamado la atención de la policia por su as- pecto, ni por la marcha, porque en este caso le hubieran inte- rrogado y detenido. Pero nuestro sujeto no sabe nada de esto, ignora completamente todo lo que le ha pasado desde su salida de la oficina del gas hasta la llegada a Morón, y aun estando en la comisaría del pueblo, sólo por la noche recordaba a los su- yos. Ha habido, pues, inconsciencia, falta de cohesión funcional de la corteza y por esto pérdida de la noción de su yo, de la entidad psíquica; pero el equilibrio y la marcha normal han debido realizarse regularmente, automáticamente, por la activi- dad de los centros nerviosos poligonales y medulares. Este es el automatismo psicológico, estudiado por Gr\ssET y PiERRE Janet: es un caso de marcha y de ambulación típico, pero raro, rarísimo en esta clase de enfermos; - ha caminado este sujeto desde las 10 de la noche hasta las 7 de la mañana del día siguiente, sin haber llamado la atención de los transeún- tes, ha andado en plena actividad poligonal sin conciencia de su personalidad. Se trata de un enfermo cerebral por un pro- ceso, casi siempre específico, que se llama: Parálisis general progresiva, que atacando el tejido de sostén de los neurones y destruyendo las células de la corteza impide que la corriente nerviosa se irradie uniformemente por los centros de percepción superior, a los que no puede llegar por las resistencias que le opone el tejido enfermo y, en vez de seguir hacia arriba, se de- tiene por las vías más cortas, si bien más sólidas, las mejor in- crustadas de ab-initio que son los centros y vías de comunica- ciones ganglionares, poligonales y subcorticales. En ciertos casos son enfermos autómatas, y en este señor toda su mecánica ambulatoria es presidida por su polígono, y ejecutada por su médula, donde la enfermedad no ha interrum- pido sus conexiones intrínsecas, aunque le haya aislado del ce- rebro superior que queda como independizado y disgregado del primer piso. Además, el proceso destructivo ocasiona el descon- cierto funcional de la corteza, por la que se dispersa una co- rriente nerviosa irregular y desigual, estimulando unos centros e inhibiendo otros. . . etc. En esta asinergia cerebral no hay, no puede haber noción de la existencia personal; no es posible esa propiedad del cerebro sano de reunir todas las impresiones 161 sensoriales y generales que recibe del mundo exterior; del no- yo, y hacer la síntesis de su existencia actual. Esta falta absoluta de vinculación, de cohesión orgánica y funcional de los centros corticales que suelen entrar en acción aisladamente, explica también que el enfermo muestre una ins- tabilidad mental habitual y que no acomode, que no disponga su cerebro ni le prepare para entrar en acción. No puede ser atento, vive constantemente distraído porque la actividad de su cerebro se hace por islotes de corteza sana: la sensación entra a los centros inferiores por vías.que se conservan normales y allí se hacen percepciones simples, si proceden de los órganos de los sentidos, como actos en cierto modo inconscientes o sub- conscientes, automáticos o maquinales, sobre los que no tiene acción la voluntad: Los excitantes normales no bastan para vencer la resistencia de ese tejido enfermo que suprime la aso- ciación funcional de los centros de percepción, y por consiguien- te, toda posibilidad de ese dinamismo cerebral, de ese tonismo mental, condición absoluta de la cerEbración consciente;. La enfermedad de nuestro sujeto, que compromete seria- mente la integridad anatómica de la corteza cerebral, hace difí- cil si no imposible la atención, que es la acomodación mental y la consciencia, que no es otra que la tonicidad cerebral. Fal- tando el contralor y el freno de la corteza sobre los centros in- feriores, se producen esas fugas que llevan al enfermo en mar- cha interminable hacia alguna parte, donde una excitación in- tensa o extraña le despierta, le vuelve a la realidad, como en los epilépticos y los sonámbulos que ofrecen con mucha frecuen- cia en diversas formas el automatismo ambulatorio. Este caso nos permite, pues, estudiar el automatismo de los centros psí- quicos inferiores y la disgregación funcional y orgánica del ce- rebro superior e inferior en sus relaciones con la consciencia y la personalidad, pues son actos de cerebración inconsciente, in- dependientes de las operaciones superiores del espíritu no sus- ceptibles aún de experimentación y de estudio rigurosamente científico. La cara de nuestro enfermo, su expresión fisonómica, su há- bito externo, no marchan siempre de acuerdo con su cerebra- ción parcial: se alegra y se entristece como ríe y hasta llora, no diré sin motivo, pero por simples fruslerías. Hoy parece estar menos emotivo y está más triste cuando está solo; pero 162 habla bien, sin perturbación alguna y en medio de todo su mal, irremediable y fatal, él no tiene noción de su estado, vive, por el contrario, en una especie de satisfacción beatifica. Esta es, precisamente, 'la característica de estos enfermos. Hace tres años, escribía este señor muy bien, tenía letra pe- queña, bien perfilada, regular e igual; hoy, escribe con grandes y deformes letras de líneas temblorosas, suprime letras y síla- bas y la escritura es incoherente como puede verse. (El doctor Pinero muestra cartas del sujeto escritas antes y después de la enfermedad y dirigiéndose al enfermo le hace leer una de ellas en voz alta.) (Lee la carta el enfermo correctamente.) En realidad no puede leer mejor, muy claro, con buena pro- nunciación aunque con un ligero temblor de los labios. -¿Qué dice la carta?-(pregunta al enfermo el doctor Pi- nero). -No lo sé, señor-(dice el sujeto). Es una carta que también ha leído íntegra en mi estudio a las dos de la tarde de hoy, estando un poco menos excitado, pe- ro no sabía, como no sabe ahora, interpretar lo que él mismo ha escrito. Es una carta dirigida a su hermana en el día de su cumple- años; él ve y lee las letras porque entran, diremos así, por su entrada especial, van a los centros poligonales sensorios y mo- tores correspondientes. (Centros de la visión y de la palabra.) Ve y lee en voz alta, liga sílabas y palabras como escribiría co- piando si no fuera el temblor de la mano; pero para saber lo que lee, necesita interpretar y relacionar las palabras como sig- nos del lenguaje, es decir, cerebrar, asociar el centro de per- cepción superior, de ideación a los centros inferiores, hacer la síntesis de esas actividades territoriales del cerebro por vías y centros de asociación que están enfermos o han sido destrui- dos por el mal, lo que no le es posible ya. No puede, pues, recoger e$a infinidad de sensaciones sines- tésicas y kinestésicas que determinan el tonismo mental, la con- ciencia de su personalidad, no puede hacer síntesis final porque su corteza cerebral está enferma y al llegar las sensaciones a un centro perceptor, de ahí vuelven o siguen el camino más 163 corto o de menos resistencia, que es del poligono, cuya acti- vidad se exagera por la afluencia constante y acumulada de corriente nerviosa. Para ilustrar, en lo posible, la explicación fisiológica de estos estados, atención y conciencia, consideremos la corteza y sus neurones a través del microscopio en estos cortes (Muestra el doctor Pinero dibujos en la pizarra): las células de una corteza sana, esas células piramidales, las más importantes y ricas en prolongaciones protoplasmáticas, cuya abundancia y volumen está en proporción con las aptitudes psicogénicas del sujeto (V. psico-fisiología del lenguaje... etc.) son las que permiten la cerebración, la síntesis, la asociación, el juicio, porque se unen y se comunican por vías nerviosas que multiplica la instrucción y vigoriza y consolida la educación haciéndolas definitivas. En cambio, células pequeñas y deformadas, con prolongacio- nes raquíticas e irregulares, formando grupos dispersos y poco numerosos, confundidos y diseminados todos como se ven aquí, como si un explosivo las hubiera hecho estallar y destruido, esa es la corteza del paralítico general, en la que la malla de su tejido nervioso es miserable y permite sospechar la falta de cohesión de sus pocas células que no echarán sus puentes para dar paso a la corriente nerviosa al centro superior y las impre- siones sensoriales sólo serán simples percepciones, ideas aisla- das sin ubicación en el tiempo y en el espacio. Este otro enfermo es también un paralitico general: un sar- gento de policía, cuyos antecedentes como empleado le han permitido llegar desde agente a sargento primero, con dos pre- mios y recomendación especial de sus jefes. En la Comisaría 9.a, donde presta sus servicios, goza de buen concepto: un hom- bre de acción, de toda confianza y responsabilidad. Es casado, tiene dos hijos y una mujer trabajadora, que le ayuda en las exigencias de su modesta casa. Pero hace tres meses que pier- de su memoria y hace tres meses que no fija bien las ideas; tan pronto se ocupa de una cosa como de otra; está abatido, no conversa con sus compañeros como antes, olvida las órdenes 164 que le dan y deja de llevar hasta citaciones de los jueces a su destino, lo que provoca la desconfianza de sus superiores, que le interrogan y no sabe dar explicaciones: "cree que cumple bien y mejor que nunca; pero que rivalidades de sus compañe- ros le quieren enemistar con sus jefes". No obstante, sigue siendo sargento, hasta que un día olvida entregar un telegrama urgente y da esto lugar a la formación de un sumario, averiguaciones y examen médico del pobre em- pleado, que es declarado enfermo, nos dice él: "Por falta de atención en el cumplimiento de su deber y porque dos o más veces ha olvidado órdenes recibidas; porque no lleva el traje con la limpieza y pulcritud exigida y se retrasa en su servicio de guardia, siendo siempre tan puntual y prolijo-que jamás ha sufrido reprensión alguna". En realidad, no se encuentra bien, según la familia, desde que tuvo insolación hace dos años, empezó a perder la memoria y hacerse distraído, incapaz de atender. Pero hay más: los an- tecedentes de este señor no parecen demostrar que su enferme- dad provenga de la insolación, porque ha tenido sífilis a la que, en la mayoría absoluta de los casos, es debida la parálisis gene- ral progresiva. (Congreso de Psiquiatría de París de 1900.) La expresión de su cara nada dice: es algo parecida a la del enfermo anterior, - sus gestos son inexpresivos y aquí, que hay público, podría estar excitado; pero no cambia su actitud ni ese aspecto indiferente que es su habitual expresión, aunque es frecuente en él mover los labios y mirar a todas partes. Este movimiento de los labios en esta forma, como rumiando, es típico de esta enfermedad; mueve los labios, como si algo mas- cara, para evitar un movimiento perpetuo de temblor, hasta de la lengua, que se ve en el caso de moderar o impedir cerrando la boca. A veces aprieta el labio inferior con su mano para que el temblor no le incomode cuando habla, y su palabra no tiene casi entonación, alarga demasiado unas sílabas y suprime otras; no puede hablar bien. Se distrae a cada momento, cambia de objetivo constantemen- te porque necesita estímulos nuevos, sensaciones nuevas, para que el cerebro acomode y haya tonicidad mental, si no pierde la conciencia de su actualidad; no fija las ideas, no puede, por lo tanto, conservarlas y recordarlas para tener la noción de es- pacio y tiempo. 165 Pero en este enfermo, el proceso cerebral ofrece distinta exteriorización que en el otro, puesto que no hay tanta incohe- rencia mental y la inconsciencia no es frecuente; él asiste a las perturbaciones que sufre y se da cuenta de que tiene dificultad de hablar, de que no puede caminar bien; se da cuenta de lo que estoy diciendo en este momento: el estado de su cerebro le permite aún cierta cohesión funcional (tiene reminiscencias, compara, asocia ideas... etc.), aunque aparece, ahora, cierta exageración de sus centros automáticos que hacen sospechar la pérdida de la intervención frenatriz cerebral. Presenta fenóme- nos subcorticales que no son como el automatismo ambulatorio del otro enfermo; pero que dan lugar a expresiones emotivas de llanto y risa, aunque raros, y a movimientos exagerados de su cara que le molestan para hablar porque son temblores en la lengua y en los labios. No puede volver al servicio y se ha puesto en tratamiento. Puede leer y se da cuenta de lo que lee; pero lee en voz alta con mucha dificultad, - todo a la inversa del primer enfermo, que leía correctamente y no sabía lo que leía. Escribe tan mal como habla y no puede dormir, padece de insomnio: después de estar en cama dos o tres horas dándose vueltas, se levanta a media noche o a la madrugada a lustrar su calzado, a limpiar su ropa, asearse, etc., y espera el día para presentarse a tomar servicio aunque esté con licencia. No es alcoholista (como tampoco es el enfermo anterior), pero ambos no duermen, como no duermen los locos por ere- tismo permanente total o parcial de sus centros que tienen y acumulan la corriente nerviosa en los ganglios de la base o en la subcorteza y mantiene el sistema en perpetua excitación. Bajo la acción del tratamiento específico intensivo duerme y se alimenta mejor moderando así esas descargas nerviosas ex- plosivas que, acumulándose en ciertos centros, exageraban su acción, comprometiendo hasta las funciones de la médula en la marcha. Este enfermo ha tenido algo como una hiperconciencia de su yo (i), sí así puede decirse, por preocupación o atención forzada, creando una ofensa donde hay una consideración: preocupación, significa en términos de la Psicología antigua: atención persistente a un estímulo que no se puede dejar de (1) En los «intelectuales», la exuberancia de concepto propio es un hecho de observación vulgar. 166 íijar; para la Psico-fisiología, el estado del cerebro que corres- ponde es la acomodación forzada de la corteza cerebral a un excitante permanente; y aunque nuestro enfermo no acomoda de una manera persistente a una excitación exterior, acomoda, sin embargo, a una idea, a un recuerdo, que le ha impresiona- do ; la idea emotiva, único estímulo que sobrevive, con alguna intensidad, para determinar la actividad del cerebro porque creó una emoción; mientras los demás excitantes exteriores no al- canzan a vencer la resistencia de un cerebro enfermo que hoy no permite ya la emotividad consciente. Estas ideas, que se acompañan de emociones, se hacen obsedantcs cuando la emo- ción es persistente y en el sujeto sano dominan por completo el campo de la conciencia porque el cerebro posee toda la inte- gridad necesaria a su tenacidad funcional. Son estas ideas tam- bién, las que Eouillé denomina ideas fuerzas, productos de la acción de centros territoriales de la corteza que acumulan y transforman la estimulación sensorial en energía mental. En nuestro sujeto no puede haber, en verdad, preocupación, ni tampoco, quizás, emotividad obsédante; es un inconsciente ya, en el que es posible que una chispa de la última idea emo- cional pueda, momentáneamente, provocar la reminiscencia cons- ciente del hecho emotivo (su degradación) y referirse a és- te en su acción y en su lenguaje; pero no tiene su expresión los caracteres ni el colorido de la cerebración normal, ni siquiera re- tiene la más mínima impresión de esas débiles luces de percep- tividad actual que no alumbran más extensión del cerebro que aquella donde se producen. A.sí son los paralíticos generales, a forma expansiva, viven en una dulce beatitud, acariciando proyectos irrealizables y so ñando raudales de oro, reinos y principados que los alejan del mundo elevándoles a regiones desconocidas; reyes que tan pron- to son zapateros como dioses, que alternan con aprendices del más humilde oficio. Así es la megalomanía, el delirio de las grandezas, incoherente, desigual, del paralítico general, comple- tamente distinto del delirio del perseguido sistematizado que no cae en esas contradicciones e incongruencias: éstos son reyes de la luna o descendientes de Júpiter y en esta transformación estereotipada de su persona encuentran el motivo de su perse- cución: .pero no abdican jamás y mueren impenitentes, asesina dos o asesinando entre sus pueblos. INDICE Enseñanza actual de la Psicología en Europa Pag. y América 3 La forma y la vida 20 Psicología y Pedagogía '. 34 Psicología Norma] y Patológica 49 Psico-fisiologia de los órganos de los sentidos.. 85 Anatomía fisiológica de los centros nerviosos.. 97 Psico-fisiología del lenguaje 114 Psico-fisiología de la atención 134 Psico-fisiología de la consciencia 150